EEUU quiere estar a la cabeza de la vacunación mundial. Nieves C. Pérez Rodríguez

El secretario de Estado, Anthony Blinken, fue entrevistado el pasado domingo en la cadena NBC y fue interpelado sobre la política exterior de los Estados Unidos con especial foco en China y si se está desarrollando una especie de diplomacia internacional de vacunas. 

Blinken afirmó que Washington está preparando un plan de distribución internacional de vacunas mientras trabajan paralelamente en un plan doméstico de vacunación masiva en el que ya están previendo la inclusión de adolescentes a corto plazo y niños en un plazo un poco más largo. “Una vez que América esté vacunada nos aseguraremos de que el resto del mundo tenga acceso a la vacuna también. Estados Unidos tomará el liderazgo de la vacunación internacional y nos aseguraremos de que el resto de los países pueda ser vacunado”.

El secretario de Estado aseguraba que gracias a la estructura del COVAX (por sus siglas en inglés Covid-19 global Access) y los recursos que maneja se está llevando a cabo una importante labor de avance en el mundo. Estados Unidos es el principal financiador de esta iniciativa, que se ha creado con el propósito de permitir el acceso equitativo a las vacunas a todos los países del mundo. COVAX coordina los recursos internacionales para permitir a los países de bajos a medianos ingresos el acceso ecuánime a las pruebas, terapias y vacunas de COVID-19.

Blinken también afirmaba que Washington está preparándose para comenzar a ayudar a países de manera individual como ya lo han hecho con los vecinos más directos, Canadá y México. En sus propias palabras, “esto tiene implicaciones sanitarias y de seguridad directa para los Estados Unidos por su cercanía”. Aunque también reconoció la necesidad de que el resto de los países sean inmunizados, “pues mientras no sea así estaremos enfrentándonos a nuevas mutaciones del virus”.

Le preguntaron sobre el origen del virus y si él creía que China tenía la respuesta, Blinken sonrió con picardía dejando ver entre líneas que sí. Intentó contestar diplomáticamente explicando que en su opinión Beijín no hizo lo que le correspondía al principio del virus, pues no informó al mundo, no tomó las medidos necesarios con la rapidez requerida y no fueron transparentes, razones por las que el virus se fue de las manos.  Por lo tanto, aseveró que es necesario poder esclarecer el origen del virus para poder prevenir brotes futuros. Lo que índica que Washington continuará con sus esfuerzos hasta llegar a dar con la incógnita.

En cuanto a Taiwán la gran interrogante fue si está Estados Unidos preparado para defender a Taiwán militarmente, a lo que respondió que Estados Unidos tiene un compromiso bipartidista desde hace muchos años con Taiwán y que Washington mantiene y cumple sus compromisos. “Nos preocupa mucho el despliegue militar en la zona y la creciente tensión en las relaciones. Nosotros tenemos el compromiso de mantener la paz y la seguridad en el Pacífico y el que trate de cambiar el status quo de Taiwán a la fuerza estará cometiendo un grandísimo error”.

En relación con los uigures aprovechó la ocasión para mantener su posición sobre que lo que está ocurriendo en Xinjiang es un genocidio, por lo que dijo “es fundamental acercar al mundo para hablar con una única voz en contra de lo que está ocurriendo; tenemos que tomar decisiones concretas como evitar que empresas colaboren con Beijing para mantener control de la población, con equipos y tecnología. También estamos mirando el origen de los productos producidos en esa parte de China para asegurarnos que no puedan entrar en los Estados Unidos”.

En las últimas dos semanas ha estado creciendo el rumor de se estaría haciendo un frente para boicotear los juegos Olímpicos de invierno 2022. China fue seleccionada como país anfitrión en julio de 2015. Como es habitual, los países anfitriones se escogen con anticipación suficiente para que tengan tiempo de prepararse y en la mayoría de los casos construir infraestructura o adecuar la que tienen para el evento.

Los grupos más conservadores están alimentando la idea de dicho boicot, entre ellos políticos, figuras públicas como Mike Pompeo, ex secretario de Estado, y algunos think tanks de línea más conversadora. Pero también hubo un incidente que no pasó desapercibo de boca del portavoz del Departamento de Estado en una rueda de prensa en la que fue preguntado sobre ello y en vez de evadir la respuesta dijo que ese tema estaba en revisión.

El fundamento que sustenta el boicot está basado en la falta de derechos humanos en el país, las persecuciones religiosas a minorías tibetanos, musulmanas o cristianas. La hostilidad a la prensa occidental que se ha agudizado especialmente a raíz de los reportajes del comienzo del Covid en Wuhan y las crónicas sobre los uigures, y el acoso a la libertad de expresión en las redes sociales chinas que, forman parte del minucioso sistema de vigilancia social en el que viven los ciudadanos chinos.

La teoría de que una Administración demócrata sería más blanda con el PC chino parece estarse desmontando. Es cierto que se ha regresado a los usos más diplomáticos y menos bastos pero muy lejos del tratamiento que dio la Administración Obama a Beijing. En efecto, el mismo Blinken lo dijo de manera contundente en la entrevista que reseñamos: “Estados Unidos no puede volver ni cuatro años atrás ni ocho años atrás, este es otro momento y unas circunstancias diferentes”. No hay duda de que el acuerdo bipartidista en este tema es crítico pero tampoco parece haber dudas de que estamos sumidos en una pandemia por el mal manejo chino y que la Administración Biden seguirá buscando hasta dar con los eslabones que descifren el misterio y pedirá explicaciones llegado el momento.

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