¿Competencia estratégica o peligrosa rivalidad? Nieves C. Pérez Rodríguez

La semana pasada un portavoz del Pentágono usaba la expresión “Competencia estratégica con China” como parte de la nueva narrativa de la Administración Biden. De esta forma entraba formalmente en uso el término acuñado por la Casa Blanca en la “orientación de su estrategia de seguridad nacional” un documento hecho público en marzo de este año, que cuenta con más de veinte páginas que enumera cada una de las prioridades para la nueva administración e identifica los mayores retos a los que se enfrentan.

Como era de esperarse la pandemia, el riesgo de un colapso económico, el cambio climático o la ciberseguridad son parte fundamental de los principales desafíos expuestos en el documento que como comienza diciendo “Nos enfrentamos a un mundo de nacionalismo creciente, democracia en retroceso, creciente revalidad con China, Rusia y otros estados autoritarios y una revolución tecnológica que está remodelando todos los aspectos de la vida”.

La Administración ha venido afirmando desde el principio que entiende la importancia de los aliados para los Estados Unidos. Por lo tanto, aseguran que revitalizarán y modernizarán las relaciones y sus alianzas y asociaciones en todo el mundo. En cuanto a la Alianza Atlántica aseguran que será vigorizada con una agenda con los miembros de la UE y Reino Unido para redefinir las prioridades de este momento. Planifican reforzar y modernizar a la OTAN. Mientras afirman que las alianzas individuales tendrán un peso importante, con países como Australia, Japón y Corea del Sur, así como reconocen los intereses claves que tienen en el Indo-pacifico por lo que se proponen profundizar relaciones con India mientras trabajan paralelamente con Nueva Zelanda, Singapur, Vietnam y otras organizaciones como la ASEAN.

La estrategia de seguridad nacional de Biden concibe la diplomacia como el mecanismo más asertivo para mantener los valores democráticos, esos valores que llevan setenta y cinco años en pie desde la fundación de Naciones Unidas y han sido capaces de mantener un sistema de cooperación global efectivo en vez del establecimiento de una agenda autoritaria.

… “Cuando el comportamiento del gobierno chino amenace directamente nuestros intereses y valores, responderemos al desafío de Beijing. Enfrentaremos prácticas comerciales injustas e ilegales, robo cibernético y prácticas económicas coercitivas que perjudican a los trabajadores estadounidenses, socavan nuestras tecnologías avanzadas y emergentes y buscan erosionar nuestras ventajas estratégicas y competitividad nacional. Nos aseguraremos de que nuestras cadenas de suministros críticas para la seguridad nacional y suministros sean seguras. Continuaremos defendiendo el acceso a los bienes comunes mundiales, incluida la libertad de navegación y los derechos de sobrevuelo, de conformidad con el derecho internacional. Nos posicionaremos para defender a nuestros aliados. Apoyaremos a Taiwán, una democracia líder y un socio económico y de seguridad fundamental.  Nos aseguraremos de que las empresas estadounidenses no sacrifiquen sus valores al hacer negocios en China. Y defenderemos la democracia, los derechos humanos y la dignidad humana, incluso en Hong Kong, Xinjiang y el Tíbet.”…

John Kerry, comisionado especial de Biden para el Clima visitó China el mes pasado, en una visita que no logró en realidad su objetivo, pues a su partida el Ministro de Exteriores de China -Wang Yi- dejaba claro que la cooperación climática “no puede separarse de la situación general entre China y Estados Unidos”.

Así mimo, la semana pasada en Suiza se reunió el asesor de seguridad nacional de Biden -Jake Sullivan- con Yang Jiechi chio, un alto miembro del politburó y diplomático chino. De acuerdo con el comunicado oficial de la Casa Blanca, Sullivan enfatizó a Yang la necesidad de mantener líneas abiertas de comunicación, al tiempo que expresó su preocupación por las recientes provocaciones militares de China contra Taiwán, los abusos de los derechos contra las minorías étnicas y los esfuerzos de Beijing para aplastar a los defensores de la democracia en Hong Kong.  Aunque este encuentro fue cordial y respetuoso, comparado con el primer encuentro del pasado marzo en Alaska donde las acusaciones y duros comentarios anticipaban unas relaciones bilaterales complejas. En esta reunión se acordó el primer encuentro entre Biden y Xi para el final de este año.

China por su parte ha seguido adelante con su agenda y no hace esfuerzo alguno en disimular su postura. Un buen ejemplo lo vimos el primer fin de semana de octubre que, haciendo coincidir con el día nacional de China enviaron un total de 38 aviones militares a sobrevolar la zona de defensa aérea de Taiwán y otros 56 aviones más volvieron a incursionas en el espacio de Taiwán el lunes 4. A lo que el ministro de defensa taiwanés Chiu Kuo-Cheng advertía sobre la posibilidad cada vez más real de que China invada Taiwán en unos cuatro años.

La diplomacia será la vía que seguirá intentando Washington y buscarán dialogar sobre el futuro de Taiwán y el mar del sur de China. Sin embargo, los mismos expertos del Pentágono cuando han sido preguntados sobre la posibilidad real de que se suscite un enfrentamiento con China, ninguno se atreve a desestimar la opción. En efecto, la estrategia de seguridad nacional de la Casa Blanca explica que estamos en un momento de inflexión acerca del futuro de nuestro mundo mientras afirma que explícitamente que Estados Unidos nunca dudará en usar la fuerza cuando sea necesario para defender nuestros intereses nacionales. “Nos aseguraremos de que nuestras fuerzas armadas estén equipadas para disuadir a nuestros adversarios, defender a nuestra gente, intereses y aliados, y derrotar amenazas que emergen”.

 

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