La inauguración de los juegos de invierno: geopolítica y propaganda. Nieves C. Pérez Rodríguez

El viernes pasado fuimos testigos del comienzo de los Juegos Olímpicos de Invierno en Beijing que, más allá de un espectacular derroche de luces y tecnología en absoluta sincronía con fuertes restricciones debido a la pandemia, dejaron ver la polarización que vive el mundo y el nuevo escenario geopolítico internacional. Que curiosamente cada vez más recrea memorias de la guerra fría y esa época en la que definíamos a las naciones como alineadas o no alineadas.

Los tiempos definitivamente son otros y los actores han variado ligeramente. El rol principal lo tiene China, que ha aprovechado su momento de gloria, como anfitrión, para recordar al planeta la potencia en la se han convertido y sus planes de continuar por el camino del crecimiento y desarrollo tecnológico, así como también de líder internacional.

China ganó en 2015 la candidatura para ser los anfitriones de estos juegos y en ese momento era imposible anticipar que les tocaría organizarlo en medio de una pandemia mundial y bajo controles sanitarios super estrictos que los llevó a dividir la ciudad en dos áreas completamente separadas, donde los que están en la Villa Olímpica no pueden salir de ella, ni tampoco los que están en la otra parte de Beijing pueden entrar a la ciudad deportiva. Con personal y un sistema de trasporte absolutamente dividido, junto con la repetición diaria de test de Covid a todos aquellos atletas, participantes, periodistas o personal que esté dentro de la ciudad olímpica daban comienzo los juegos de Beijing 2022.

A la inauguración asistieron unos 20 líderes, la mayoría de ellos provenientes de naciones pobres, dependientes de Beijing, vecinos del gigante rojo, o naciones cuyos gobiernos son conocidos por sus restricciones de libertades. Quedando a un lado las naciones más prósperas y democráticas, muchas de las cuales justificaron su ausencia en la pandemia, para evitar así caer en desgracia o confrontación con Beijing. Y por otro lado Estados Unidos, Canadá, Australia, Reino Unido y Lituania se sumaban a un bloque de protesta en contra de las consecutivas violaciones de derechos humanos que tienen lugar en China.

La polémica y el rechazo internacional que han causado estos juegos no tienen precedentes. No solo se ha reunido activistas en derechos humanos y ONGs, sino organizaciones deportivas como la Organización internacional de Tenis que protestó por la desaparición de la tenista china Peng Shuai después de su publicación en Weibo en la que acusó de haber sido abusada por una prominente figura del Partido Comunista Chino. La larga lista de denuncias de violación de los derechos humanos en el Tibet, Hong Kong, y más recientemente de los uigures, ha despertado el interés y la atención internacional de deportistas de distintas categorías y alarma en políticos de una larga lista de naciones democráticas.

En China, la población tampoco ha podido disfrutar de los olímpicos más allá de la compra de souvenirs y las transmisiones televisivas. Ion Jonhson, experto en China del Council on Foreing Relations, sostenía en un artículo al respecto : “la realidad es que estos juegos se han convertido en una carga más que tienen que soportar los chinos. En 2008, cuando Beijing fue sede de los juegos olímpicos de verano, se notaba una sensación de entusiasmo incluso en lugares como Hong Kong, por el orgullo de que se albergara este evento deportivo. Pero en contraste hoy la escena política y cultural independiente ha sido destruida, como parte de la intolerancia de Beijing hacia cualquier pluralismo. Si bien muchos chinos siguen estando orgullosos de su país, estos juegos serán otro capítulo más en el bloqueo permanente que vive esa nación…”

Después de Xi Jinping, quien pronunciaba las palabras de apertura del evento, el segundo gran protagonista de la inauguración, fue el presidente ruso, quien acudía a la cita en un tórrido momento en el que tiene sus tropas en la frontera con Ucrania amenazando invadirla y en la que Xi y Putin aprovechaban la atención mediática para reafirmar su estrecha amistad “sin límites” (tal y como ellos mismo la definieron) e intención de continuar su alianza más fuerte que nunca mientras que, expresaban su rechazo hacia la existencia de la OTAN y el AUKUS.

Xi se mostraba como un gran líder que está dispuesto a ser el contra peso de los Estados Unidos y dejaba claro que tiene la capacidad de serlo. El momento más simbólico de la inauguración, el encendido de la antorcha olímpica también fue micro calculado por el Partido Comunista chino que hizo que un medallista olímpico chino junto con una atleta de origen uigur protagonizaran el momento más esperado. La chica de veinte años ha sido atleta desde los cinco y aunque ha ganado competiciones domesticas de esquí, esta es su primera vez en participar en unos olímpicos.

Pero Dinigeer Yilamujiang centraba las miradas porque mientras el boicot se hizo para recordar los horrores de los que son víctimas los uigures, el Partido Comunista chino usaba a la joven uigur como un mensaje para neutralizar las protestas a las violaciones de los derechos de esta minoría.

Estos juegos exhiben la auténtica esencia de cómo Beijing entiende el mundo. Siempre a través de sus intereses, usando la propaganda y la fastuosidad para impresionar, cubrir realidades y recordar que son la nueva potencia, la gran potencia que resurgió para quedarse.

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