Paisaje ucraniano con China al fondo

China observa el conflicto en Centroeuropa con incertidumbre y  paciencia. Incertidumbre, pues ha sido sorprendida por la agresión rusa y ésta ha desencadenado una inestabilidad que no le conviene ni a sus negocios ni a sus planes, además de poner un punto de duda sobre sus negocios en Europa. Y, a la vez, se está instalando en su paciencia tradicional comprendiendo que cualquier salida del conflicto le va a ofrecer al régimen de Pekín oportunidades de obtener ventaja. Si Putin acaba imponiendo sus condiciones, además de robustecer los planes chinos sobre Taiwán, China aprovechará el fiasco occidental para mejorar sus posiciones. Si, por el contrario, Putin fracasa o se queda a medias, China encontrará oportunidades de aumentar su influencia en Asia Central y puede convertir a Rusia en un vasallo económico. Da la sensación, a estas horas de la película, de que China está en una posición de ganar en cualquier caso.

Pero no debe olvidarse que China tiene graves problemas estructurales, demográficos con el galopante envejecimiento de su población, de fracturas sociales entre la costa superpoblada y el interior aún muy pobre, un sistema financiero menor robusto de lo que se piensa y un retraso, todavía, en desarrollo tecnológico respecto a EEUU. A lo que hay que sumar, al menos hasta ahora, su inferioridad militar en los terrenos navales y aéreos, respecto a EEUU y aiados en el Pacífico. Todo eso constituye palor en la rueda china que podría aspirar a aprovechar la crisis ruso-ucraniana para fortalecer su poder. No va a ser tan fácil aunque esté en su agenda.

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