INTERREGNUM: Ucrania y las relaciones UE-China. Fernando Delage  

La guerra de Ucrania ha colocado a China ante una difícil situación en distintos frentes. Uno de ellos, no menor, es el de sus relaciones con la Unión Europea. La agresión rusa ha incrementado el valor estratégico del Viejo Continente, a la vez que ha impulsado su conversión en actor geopolítico. Ante la transformación europea de las últimas semanas—la de Alemania en particular—, Pekín se encuentra frente a una dinámica muy distinta de la que existía antes del 24 de febrero.

Tanto la sólida unidad occidental como las sanciones sin precedente impuestas a Moscú han sorprendido a China, obligada a valorar si está dispuesta a arriesgar su relación con la UE—principal mercado para sus exportaciones—por ayudar a Putin. Sólo los intercambios con Alemania duplican el comercio chino con Rusia. Las implicaciones económicas del conflicto van, sin embargo, mucho más allá. Por una parte, el alcance y rápida ejecución del proceso de sanciones ha hecho evidente a China (además de a Rusia, claro está) los extraordinarios instrumentos de poder económico de que disponen las democracias occidentales; unas capacidades que—de extenderse a la República Popular—condicionarían en gran medida el margen de maniobra de Pekín.

Por otro lado, convencidos de la necesidad de corregir su dependencia estratégica del exterior—comenzando por el gas ruso—, los Estados miembros de la UE han extendido su reflexión con respecto a sus vulnerabilidades en relación con China. Ucrania puede convertirse así en el factor que acelere el desarrollo de una estrategia europea de diversificación, orientada al mismo tiempo a minimizar los riesgos de coerción económica por parte de Pekín.

Como ha señalado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, la invasión rusa de Ucrania “no es sólo un momento de definición para nuestro continente; lo es también sobre nuestra relación con el resto del mundo”. Y, en efecto, aunque las prioridades chinas sean económicas, Pekín observa también cómo Europa ha despertado de su inocencia geopolítica para dar una mayor prioridad a la cuestiones de defensa, revitalizando la OTAN de manera simultánea al fortalecimiento de las alianzas de Estados Unidos en el Indo-Pacífico; otro resultado en nada beneficioso para los intereses chinos.

Este conjunto de circunstancias obligaba a rebajar las expectativas con respecto a la cumbre UE-China celebrada  el 1 de abril, casi dos años después de la anterior. En septiembre de 2020, la prioridad de los europeos fue la de cerrar un acuerdo de inversiones que permitiera abrir en mayor grado el mercado chino. Desde entonces, una suma de hechos—entre los que cabe destacar, además de la pandemia, las represalias por la violación de derechos humanos en Xinjiang y las sanciones chinas de respuesta a parlamentarios y académicos europeos, así como la presión sobre Lituania por su posición con respecto a Taiwán—hicieron descarrilar dicho acuerdo, además de endurecer la percepción europea de la República Popular. La posición china sobre la invasión rusa de Ucrania ha sido una nueva advertencia para Europa y marcó la cumbre de la semana pasada.

Lo que está en juego en torno a la guerra es, en último término, el equilibrio de poder global. Bruselas y los Estados miembros han entendido la naturaleza de la amenaza que representa el autoritarismo revisionista para sus intereses y valores. También Pekín es consciente del dilema, pero no puede romper con Rusia al carecer de otro socio estratégico equiparable. De este modo, la irresponsabilidad de Putin no sólo transformará la manera en que la UE y China ven el mundo exterior; afectará igualmente al futuro de sus relaciones bilaterales.

The following two tabs change content below.
Subscribe
Notify of
guest
0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments