La tragedia de Tiananmén; Nieves C. Pérez Rodríguez.

Treinta y tres años atrás tuvo lugar la masacre de la Plaza de Tiananmén donde se llevaba a cabo una protesta que duró cincuenta días, pero que acababa abruptamente con un asalto brutal de manos del ejército chino. Ese tristísimo 4 de junio de 1989 dejó imágenes de filas de tanques atravesando la capital y dispuestos a acabar con lo que había sido una larga pero pacífica protesta en la que nunca se dieron a conocer cifras oficiales de asesinados ni encarcelados.

La plaza de Tiananmén tiene hoy con un doble simbolismo pues fue diseñada como parte del plan urbanístico de la nueva China en 1949 con el propósito de tener un lugar para celebrar la creación de la República Popular china. Inspirada además en la Plaza Roja de Moscú debido a la fuerte influencia soviética, la idea fue construir una plaza gigantesca en cuya explanada se pudieran llevar eventos políticos de gran envergadura. Se considera aún hoy una de las plazas más grandes del mundo con unos 880 metros de longitud de norte a sur y otros 500 metros de este a oeste. Los 440.000 metros cuadrados se asientan sobre el centro geográfico y político de Beijing.

El aniversario de esta masacre revive las razones por las que los manifestantes se encontraban allí. Los manifestantes, cuya mayoría eran jóvenes estudiantes, se agruparon para protestar por la falta de libertades. Aunque estaban desorganizados, pues inicialmente fue casi casual, con el paso de los días fueron haciéndose fuertes y creciendo el número de quienes exigían mayor rendición de cuentas, estado de derecho, libertad de expresión y de prensa.

El país venía pagando el altísimo precio de la revolución cultural de Mao que literalmente mató de hambre a millones de sus ciudadanos y mantuvo al país en una gran pobreza y opresión.

Las demostraciones pacíficas comenzaron a mediados de abril y de manera casual fueron incorporando estudiantes de distintas universidades, quienes progresivamente fueron recibiendo el apoyo y simpatía de gran parte de la sociedad civil, por lo que las congregaciones se replicaron en más de cuatrocientos ciudades. Había un profundo descontento social y una necesidad de cambio que fue silenciado con la muerte de miles que son las estimaciones hechas y además sumando otros tantos heridos.

La versión oficial china de lo ocurrido siempre ha consistido restar importancia a la brutal respuesta. En efecto, mientras el mundo se refiere a la “masacre de Tiananmén” en el lenguaje oficial se hace referencia al “incidente del 4 de junio” o “revuelta contra revolucionaria”. Muy en la línea del Partido Comunista chino que busca silenciar y neutralizar cualquier movimiento político que no esté a favor del partido. En efecto, cualquier concentración para conmemorar el hecho está terminantemente prohibida. Hasta hace poco, en Hong Kong se celebraba una enorme vigilia con gran devoción en el Parque Victoria, con velas, pero eso también se prohibió desde que Beijing controla la isla. La policía hongkonesa advirtió antes del día que todas las vigilias, misas, concentraciones u otra forma de expresión de conmemoración del 4 de junio sería una violación de la ley de seguridad nacional del 2020. Ley que ha transformado la esencia de Hong Kong y ha restringido las libertades democráticas que existían.

El parque Victoria fue cerrado 24 horas antes del aniversario hasta doce horas después del día en cuestión, previniendo concentraciones. La ciudad estaba rodeada de cinturones de seguridad y una fuerte presencia policial.  Sin embargo, un grupo de cinco personas que consiguió colarse y encender las luces de los móviles en representación de las velas fue arrestado, según reportó CNN.

Mientras tanto, en el exterior se intentaba recordar la tragedia para honrar las muertes y quienes allí lucharon por sus libertades. El Departamento de Estado emitió un comunicado firmado por el secretario Blinken en el que se afirmaba que “nunca se olvidará la masacre de Tiananmén donde decenas de manifestantes a favor de la democracia se unieron pacíficamente para pedir democracia, en la que innumerables fueron encarcelados y aún hoy se desconoce el número de muertes”.

En la capital inglesa se rendía tributo en la Torre de Londres con la proyección de imágenes de la agresión perpetrada por las fuerzas militares chinas a la sociedad civil y con fuertes mensajes que decían: “nosotros recordamos a los masacrados en la Plaza de Tiananmén, a quienes se alzaron por la libertad y justicia y pagaron el último precio”; también conmemoraron a Hong Kong, a Jimmy Lai quien está privado de su libertad por haber participado en la vigilia de las velas. “El PC chino extingue las libertades”, recordando a todos los prisioneros políticos. “Liberen Hong Kong, Liberen el Tibet, Liberen a los uigures, la represión continua”. Aunque el mensaje lo firmaba el comité por las libertades de Hong Kong (CFHK) el lugar donde apareció es muy simbólico y tuvo que contar con la aprobación del Estado inglés.

También hubo conmemoraciones en distintas ciudades australianas en las que se replicó la vigilia de las velas en honor a las víctimas e intentando mantener el recuerdo lo que allí sucedió. En Australia, Inglaterra y Estados Unidos se han acogido algunos de los activistas hongkoneses por temor a represalias.

Mientras tanto, en China se ignoraba el suceso un año más y se prohibió cualquier manifestación de recordatorio. De hecho, uno de los “influencer” más seguidos en China, Li Jiaqi, quedó silenciado durante la transmisión en vivo en sus redes de la imagen de una tarta que aparentemente tenía forma de tanque militar justo antes del aniversario de la masacre. Los medios occidentales que reportado que la tarta suscitó un gran debate entre los millones de jóvenes seguidores del bloguero. Hasta ahora se desconoce el paradero del chico y sus redes fueron cortadas.

En tal sentido, coincidiendo con el aniversario de la masacre, Benedict Rogers, periodista inglés y activista en derecho humanos, publicaba un artículo en The Spectator que decía “La última década del gobierno de Xi Jinping nos ha proporcionado un claro recordatorio de que el régimen que mató de hambre a decenas de millones durante el Gran Salto Adelante, mató a millones en la Revolución Cultural y asesinó al menos a 10.000 en 1989 es el mismo régimen que ha encarcelado al menos a un millón de uigures y persigue y reprime a millones de otras personas en toda China.

 

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