China en Uruguay

China mantiene su mano firme en su estrategia de ganar espacio de influencia y de expansión de sus intereses comerciales a pesar de la delicada situación internacional provocada por las agresiones rusas y a pesar de que la economía china está sufriendo dificultades hasta el punto de que en primer semestre del año su crecimiento podría haber sido negativo.

En último golpe de efecto ha sido la filtración de que es inminente un su acuerdo bilateral con Uruguay, del que este país no ha informado previamente a sus socios de Mercosur aunque todos sabían que se estaba negociando. Este acuerdo, denominado Tratado de Libre Comercio, lo que da un tono sarcástico y provocador cuando uno de los impulsores es un modelo de tiranía en lo político y de intervencionismo en su mercado, además de tramposo en sus operaciones comerciales internacionales, sería un gran paso para la presencia china en la América del Sur, que suma a sus avances en África y la consolidación de sus inversiones en la Europa Oriental que fue soviética y ahora está integrada en la UE.

Uruguay, a pesar de varios gobiernos de ultraizquierdas ha mantenido un tono discreto y prudente en sus reformas, sin romper muchas normas y sin griterío, y sin hacer muchos gestos de complicidad con Maduro o Cuba. Y sin duda tiene necesidad de inversores extranjeros que dinamicen su economía. Pero China no es un inversor corriente y el modelo en que se apoya es oportunista, intenta sortear las reglas, mantiene las empresas chinas bajo estricta vigilancia y control financiero y sus inversiones en el exterior siempre tienen una parte de estrategia de influencia política y estratégica y en algunos casos militar. Y eso viniendo de un sistema totalitario requiere prevención y cautela.

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