THE ASIAN DOOR: Punto de inflexión en el decoupling de chips. Águeda Parra

La rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China va cumpliendo etapas. Las restricciones de acceso a tecnología estadounidense se intensifican por parte de Washington para limitar la capacidad tecnológica de China, mientras Pekín, por su parte, están insuflando impulso financiero a las grandes tecnológicas chinas para incentivar la ansiada autonomía tecnológica. Un escenario en el que mientras Washington busca ralentizar la capacidad de desarrollo tecnológico de China, Pekín redobla esfuerzos para desacoplarse de la tecnología estadounidense, estando cada vez más cerca el punto de inflexión del decoupling tecnológica de China de Occidente.

Mientras llega ese momento en el que China consiga estabilizar sus capacidades tecnológicas con producción propia, las sanciones estadounidenses comienzan a consolidarse generando un impacto significativo en la reducción de las exportaciones de chips avanzados y de maquinaria para el desarrollo de semiconductores hacia China. Las importaciones de circuitos integrados cayeron un 21,1% entre enero y abril, lo que supone duplicar la caída respecto al 11,4% registrado un año antes, reflejándose así no sólo el descenso de la demanda global, que sigue cayendo, sino también el efecto de las sanciones estadounidenses.

Asimismo, los datos del descenso de importaciones registran además una tercera variable, que es la consolidación de los efectos de la Alianza Chips 4, creada por Estados Unidos junto con Corea del Sur, Japón y Taiwán para reducir la exportación de chips avanzados y equipamiento para la fabricación de semiconductores a China. La alianza Chips 4 se consolidaba en septiembre del año pasado como otro eslabón más en la estrategia desplegada por Washington, sumándose a las restricciones impuestas a las empresas estadounidenses en su exportación de tecnología a China, y a los esfuerzos por recuperar producción local bajo el impulso que generará la Ley de Chips y Ciencia lanzada en 2022, y que contempla hasta 52.000 millones de dólares para incentivar la fabricación local de chips.

Mientras la nueva política industrial tardará todavía unos tres años en tener efecto, la alianza Chips 4 entre Washington y sus socios asiáticos ha comenzado ya a generar una reducción de las exportaciones de material y equipamiento tecnológico procedentes de estos países hacia China. En el caso de los circuitos integrados, las importaciones procedentes de Corea del Sur descendieron un 35,1% durante el primer trimestre del año en comparación con el año pasado, siendo del 23,6% en el caso de Japón. Similares son los datos que reflejan un descenso en las importaciones de maquinaria para la fabricación de chips procedentes de Taiwán, que se redujo un 26%, según el ministerio de Finanzas de Taipei. En el caso de las máquinas para la fabricación de obleas, el descenso varía entre el 12% del valor de las importaciones procedentes de Japón, y el 50% que registraron las procedentes de Corea del Sur y Taiwán, según datos de aduanas, a pesar de que Seúl todavía no ha anunciado la formalización de restricciones a la exportación, como sí lo han hecho el resto de socios de la alianza.

Para contrarrestar los efectos que las restricciones puedan tener a la capacidad tecnológica, China lleva dos años incentivando el desarrollo de innovación entre sus empresas tecnológicas con subsidios a 190 compañías de semiconductores nacionales que ascendieron a 1.750 millones de dólares en 2022. Aunque el objetivo es dotar de estímulo financiero a toda la industria, las 10 empresas más importantes son las que han acaparado hasta el 45% de los pagos, entre las que destacan la compañía china de fundición de semiconductores SMIC y el fabricante de chips LED Optoelectronics. Los resultados pueden no ser inmediatos, pero los estímulos para seguir potenciando el desarrollo de chips avanzados ya se traducen en la capacidad de China de desarrollar chips de 7nm con recursos propios, aunque todavía no sea como producción en masa.

Por el efecto de las sanciones, China ha pasado de liderar las ventas de equipos de semiconductores en 2022, a mantenerse como segundo mayor mercado del mundo, por detrás de Taiwán, pero por delante de Corea del Sur, apenas un año después. Las restricciones seguirán ampliándose, ya que en julio comenzarán a aplicarse las que establezca Japón sobre los equipos y materiales avanzados para fabricar chips, a las que se sumarán también las que aplique Países Bajos después del acuerdo alcanzado con Washington. Restricciones que, más que reducir la capacidad de desarrollo tecnológico de China, están incentivando el desacople tecnológico del gigante asiático de Occidente, un escenario que puede conllevar una complejidad y unos riesgos geopolíticos mayores si el desacople supone la generación de dos ecosistemas tecnológicos paralelos con reparto de influencia geopolítica a nivel global.

 

 

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