INTERREGNUM: Takaichi en India. Fernando Delage  

En 2018, Estados Unidos sustituyó el nombre del Mando del Pentágono en el Pacífico (USPACOM), establecido en Hawái desde 1947, por el de “Indo-Pacífico” (USINDOPACOM). El espacio geográfico del que se ocupaba seguía siendo el mismo, pero se decidió emplear la terminología de la Estrategia de Seguridad Nacional aprobada el año anterior, en un reconocimiento de la creciente interconexión entre ambos océanos y del papel indispensable de India para mantener un equilibrio favorable de poder con respecto a China. El 16 de junio, de nuevo sin modificar el área de responsabilidad del mando, Washington restauró el nombre original. Las razones pueden ser objeto de especulación, incluyendo el cambio de actitud de la Casa Blanca hacia Pekín o el deterioro de las relaciones con India. Que Estados Unidos redefina su posición no significa, sin embargo, que el resto de sus socios abandonen la construcción geopolítica del Indo-Pacífico.

Así lo ha demostrado el viaje a India la semana pasada de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi. Fue Japón quien formuló la idea del Indo-Pacífico como respuesta a la alteración del orden regional que estaba provocando  el ascenso de China, como es su agenda diplomática uno de los elementos dinamizadores del actual escenario asiático. Tras haber visitado recientemente Australia, Corea del Sur y Vietnam –donde anunció la actualización del concepto del “Indo Pacífico Libre y Abierto”–, y haber recibido en Tokio al presidente de Filipinas, el desplazamiento de Takaichi a Delhi ha sido una nueva muestra de la transformación estratégica de Japón.

El discurso y las acciones del presidente de Estados Unidos han convencido a las autoridades japonesas de la necesidad de revisar su política de seguridad, reforzar sus capacidades de defensa, y ampliar sus acuerdos con otros Estados de Asia. La incertidumbre sobre el compromiso de Washington con la región y sobre la arbitraria política arancelaria de Trump es compartida por India, país también preocupado como Japón por el impacto económico de la guerra de Irán –la dependencia energética de ambos es considerable–, así como por la creciente asertividad china.

La primera visita oficial de Takaichi sucede a la realizada por el primer ministro Modi a Tokio en agosto del pasado año, cuando Japón se comprometió a aumentar sus inversiones en India a más de 60.000 millones de dólares en la próxima década, lo que subrayó las cada vez más estrechas relaciones económicas bilaterales. Desde entonces las dos partes han continuado avanzando en su cooperación en otros terrenos. “Lo más importante, declaró Takaichi, es que Japón e India aprovechen sus fortalezas mutuas”. Entre otros acuerdos, los dos líderes firmaron tres relevantes documentos sobre seguridad económica, resiliencia energética e inteligencia artificial, pactos que inauguran, según subrayó Modi, “el comienzo de un nuevo capítulo en la asociación estratégica y global” entre ambos países.

Una mayor coordinación entre Tokio y Delhi permitirá afrontar los cambios en el equilibrio regional de poder, obligando a China a dividir su atención y recursos en dos espacios distintos, y ofreciendo por tanto un mayor margen de maniobra a los dos gobiernos. A Japón e India les corresponde un papel protagonista en la construcción de una Asia multipolar (aún más cuando Trump habla de un G2 de Washington y Pekín), lo que explica que cada uno se haya convertido una variable central para el otro en sus respectivas estrategias de seguridad. La búsqueda compartida de estabilidad les empuja a seguir profundizando en su acercamiento bilateral como uno de los pilares del sistema regional.

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