India prevé crecer un 6,6 % en 2026/27: el reto de convertir su escala demográfica en desarrollo urbano. Alejandro Hita

El Banco Mundial prevé que la economía de India crezca un 6,6 % durante el ejercicio fiscal 2026/27. Aunque la estimación apunta a una moderación respecto a los últimos años, mantiene al país entre las grandes economías con mayor dinamismo en un contexto internacional marcado por la debilidad del comercio, la volatilidad energética y las tensiones geopolíticas.

La fortaleza de la demanda interna se ha consolidado como uno de los principales factores de resistencia de la economía india. El tamaño de su mercado doméstico permite amortiguar parcialmente los efectos de una desaceleración global, en un momento en el que las exportaciones, las cadenas de suministro y los precios de la energía están expuestos a una mayor incertidumbre.

No obstante, esa capacidad de resistencia no elimina las vulnerabilidades. El Banco Mundial advierte de que el encarecimiento de la energía y las disrupciones comerciales vinculadas a la situación en Oriente Próximo podrían afectar a la actividad económica. Para una economía con una elevada dependencia de las importaciones energéticas, la evolución de los precios del petróleo y del gas seguirá siendo un factor decisivo.

La previsión adquiere una dimensión adicional si se observa en relación con la evolución demográfica del país. India superó a China como país más poblado del mundo en 2023. Esa escala amplía el potencial de consumo, inversión y disponibilidad de mano de obra, pero también plantea una cuestión estructural: cómo traducir el crecimiento agregado en empleo de calidad, productividad, servicios públicos e igualdad de oportunidades para una población de más de 1.400 millones de personas.

El desafío se aprecia especialmente en las ciudades. India atraviesa una transformación urbana acelerada, con una expansión que obliga a reforzar la capacidad de sus áreas metropolitanas para absorber población, actividad económica y movilidad. Corredores industriales, redes de transporte, vivienda asequible, puertos, plataformas logísticas, servicios digitales y conectividad territorial forman parte de una misma ecuación: convertir la escala del país en una estructura económica más integrada y competitiva.

La urbanización puede reforzar el crecimiento, al concentrar empleo, innovación, industria y servicios. Sin embargo, también aumenta la presión sobre el acceso a la vivienda, el transporte público, el agua, el saneamiento, la gestión de residuos y la calidad ambiental. La cuestión no será únicamente cuánto crece India, sino cómo se distribuyen territorialmente los beneficios de ese crecimiento y si las ciudades cuentan con recursos suficientes para sostenerlo.

La previsión del 6,6 % confirma el peso creciente de India en la economía asiática y global. Pero también pone de relieve que el país se encuentra ante una fase decisiva: aprovechar la fuerza de su mercado interno y de su escala demográfica sin que las brechas urbanas, sociales e infraestructurales limiten su proyección a largo plazo.

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