El Naga: la serpiente protectora de Tailandia. Cristina García

Cristina García, Redactora de Contenidos Digitales

Serpientes de varias cabezas que se deslizan por las escalinatas de los templos, custodian lugares sagrados y parecen emerger simbólicamente de las aguas del Mekong. Pocas criaturas mitológicas están tan integradas en el paisaje religioso y cultural de Tailandia como el Naga. Su presencia revela también cómo las antiguas creencias vinculadas a la naturaleza han sobrevivido y adquirido nuevos significados dentro del budismo.

Entre el agua y el budismo

Los Nagas son seres mitológicos con forma de serpiente a los que se atribuyen poderes sobrenaturales. Vinculados durante siglos con el agua, la prosperidad y las fuerzas de la naturaleza, forman parte de un imaginario extendido por buena parte del Sudeste Asiático y especialmente arraigado en las comunidades de la cuenca del Mekong.

Con la expansión del budismo por la región, estas creencias no desaparecieron, sino que se integraron en las nuevas tradiciones religiosas. Los Nagas pasaron así a ocupar un lugar dentro del universo budista sin perder su vinculación con el agua y el mundo natural.

Esa convivencia ayuda a explicar su presencia en numerosos espacios sagrados. En Tailandia, los Nagas aparecen como guardianes y protectores, una función que puede observarse tanto en la arquitectura de los templos como en los relatos religiosos.

Muchalinda: la serpiente que protegió a Buda

Una de las escenas que mejor representa esa relación es la de Muchalinda, el rey Naga que, según la tradición budista, protegió a Buda después de su iluminación.

Durante la sexta semana posterior a la iluminación, se desató una intensa tormenta mientras Buda permanecía meditando. Muchalinda salió entonces de su morada, enrolló su cuerpo alrededor de él y extendió su capucha sobre su cabeza para resguardarlo de la lluvia. En numerosas representaciones artísticas, esa capucha adquiere la forma de varias cabezas de serpiente que forman un dosel protector.

La escena se convirtió en un motivo reconocible del arte budista y alcanzó una especial popularidad en el Sudeste Asiático. Su representación expresa la incorporación de antiguas figuras protectoras al imaginario religioso budista.

Las luces del Mekong

Pero la presencia del Naga no pertenece únicamente a templos, esculturas o relatos antiguos. En Nong Khai, una provincia del noreste de Tailandia situada a orillas del Mekong, su figura continúa formando parte de una de las celebraciones más conocidas de la región.

Cada año, coincidiendo habitualmente con Wan Ok Phansa, la jornada que marca el final del retiro budista de la temporada de lluvias, numerosas personas se reúnen a orillas del río para contemplar las llamadas Bang Fai Phaya Nak («bolas de fuego Naga»).

Se trata de un fenómeno asociado a la aparición de luces o esferas luminosas que parecen elevarse desde el Mekong antes de desaparecer. La Autoridad de Turismo de Tailandia lo recoge como una de las tradiciones características de Nong Khai y señala la creencia local según la cual las luces son enviadas por el rey Naga en honor a Buda.

Más allá de las distintas interpretaciones sobre el origen de estas luces, la celebración muestra hasta qué punto la figura del Naga sigue presente en las tradiciones populares y en la relación cultural de las comunidades con el río.

Un mito que sigue habitando el paisaje

La permanencia del Naga se explica, en buena medida, por su capacidad para ocupar distintos espacios al mismo tiempo: criatura mitológica vinculada al agua, guardián de los templos y figura protectora dentro de la tradición budista.

En Tailandia, su historia refleja cómo el budismo y las creencias anteriores a su expansión pudieron convivir y transformarse mutuamente, dando lugar a expresiones culturales que siguen formando parte de la vida cotidiana.

Desde las escalinatas de los templos hasta las celebraciones a orillas del Mekong, el Naga continúa conectando religión, naturaleza y territorio. Su presencia recuerda que las tradiciones no siempre desaparecen con la llegada de nuevas creencias: a menudo encuentran otras formas de permanecer vivas.

 

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