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4 de Junio de 1989: La Plaza de Tianamen. Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz

El próximo 4 de junio de 2019 se cumplen 30 años de la masacre en la Plaza de Tiananmen, en Pekín. Un acontecimiento que marcó la historia de China.

Durante la época maoísta, China se encontraba en una situación crítica donde se racionaban los alimentos, había hambrunas que provocaban millones de muertes y había un control total de la vida de los ciudadanos. Con la llegada de Deng Xiaoping en 1978, el país comenzó a llevar a cabo una serie de reformas para desarrollarse y aproximarse a los estándares del capitalismo occidental. Estas reformas, como la liberalización de la economía, fueron consideradas como extremas por algunas facciones de la sociedad por causar desigualdad, desempleo e inflación. Otra parte, los intelectuales veían necesario hacer más reformas, sobre todo dentro del PCCh.

Dentro del PCCh existían dos vertientes: la conservadora, dirigida por Li Peng y la reformista, de Hu Yaobang que apoyaba las reformas de los intelectuales. Durante la década de los 80 se sucedieron manifestaciones reformistas que el PCCh aplacó sin ningún problema, pero en 1989, el 15 de Abril, muere Hu Yaobang, un acontecimiento que marcó el devenir de las manifestaciones. Su muerte fue el detonante de la protestas, decenas de miles de estudiantes se reunieron en la Plaza de Tiananmen para honrar su muerte, era considerado un héroe de la revolución estudiantil.

El 26 de Abril el “Diario del Pueblo” publico un artículo que consideraba a los manifestantes como unos revolucionarios, algo que provocó, aún más, a los estudiantes, por lo que comenzaron una huelga de hambre. En un principio, el gobierno fue tolerante con las manifestaciones y no hizo nada contra la protestas, que ya duraban semanas, pero en Mayo cientos de cámaras de todo el mundo grabaron el hambre y el caos en la Plaza de Tiananmen a causa de la visita del presidente de Rusia, Mijaíl Gorbachov, lo que provocó un aumento de seguidores de los estudiantes –sobre todo chinos- en todo el planeta. Este aumento de la tensión popular hizo pensar a los dirigentes que el PCCh podía tener los días contados, por lo que, el 20 de Mayo el PCCh y más concretamente Li Peng, declararon la ley marcial.

El núcleo estudiantil se situaba en el centro de la Plaza de Tiananmen y, a las a fueras, decenas de miles de seguidores contra los que, en la madrugada del 4 de junio, los tanques no tuvieron reparo en abrir fuego con el único fin de acabar con unos manifestantes que solo exigían algo lógico, libertad. Democracia para poder elegir el rumbo de sus vidas y de su país.

El Partido Comunista ha hecho reformas desde 1978 que han situado al país como una potencia mundial y ahora existen mayores libertades que durante la época maoísta. Los ciudadanos chinos han ganado mucho desde entonces, por ejemplo, no hay racionamientos, las ciudades se desarrollan, su renta per cápita o sus salarios han aumentado y se seguirán haciendo reformas para que los ciudadanos tengan mejores condiciones de vida pero, de momento, todas las reformas que se hagan, se harán bajo la supervisión del Partido Comunista Chino. Un ejemplo más reciente de ello, es la Revolución de los Paraguas, en el año 2014 en Hong-Kong, donde miles de ciudadanos salieron a la calle pidiendo más libertad, pero el gobierno aplacó las manifestaciones por la vía dura, con gas lacrimógeno y gas pimienta.

La cifra de las bajas en la noche del 4 de junio no están claras, pero lo que sí está claro es que ninguna persona debe ser privada de su libertad.

BIBLIOGRAFÍA

Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz es Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo CEU de Madrid

INTERREGNUM: “Cuatro de mayo”. Fernando Delage

Es éste un año cargado de conmemoraciones en China. Aunque en pocas naciones circula tanta Historia por sus venas, su sistema político tiende a reinterpretar ciertos hechos, a amplificar otros, y a ignorar unos terceros. Esto último es lo que ocurre con los sucesos de Tiananmen, de los que se cumplirán 30 años en junio, y que resultan desconocidos para los jóvenes chinos pues no aparecen en los manuales de Historia. En octubre se celebrará, por el contrario, el 70 aniversario de la fundación de la República Popular tras la victoria por los comunistas de la guerra civil. Siete décadas después, una de las características del liderazgo de Xi Jinping es su hincapié en describir las bases ideológicas del régimen en el contexto de la continuidad de la cultura china. De ahí la relevancia de una tercera efemérides: el centenario, esta misma semana, del Movimiento del 4 de mayo.

El 4 de mayo de 1919, estudiantes universitarios se manifestaron en Pekín como reacción a la humillación infligida a China por el tratado de Versalles, que dio las colonias alemanas en su territorio a Japón. Las protestas se consideran por ello como punto de partida del nacionalismo chino contemporáneo. Pero las quejas de entonces, como el extraordinario movimiento intelectual que propiciaron, conducían a preguntas de mayor calado: ¿qué significa ser chino? ¿hacia dónde se dirige China? Su monarquía milenaria había caído sólo unos años antes, en 1911, mientras que la derrota ante Japón—en 1895—, ya había agravado el dilema existencial de una nación que, pese a considerarse a sí misma como centro del mundo, no podía competir con las potencias occidentales que aparecieron en su periferia desde mediados del siglo XIX.

A los reformistas de 1919 les movía una misma ambición patriótica: construir una China unificada y moderna que pudiera hacer frente a la inestabilidad política, superar el feudalismo de su sociedad, y contrarrestar las fuerzas imperialistas del exterior. El lema “Doctor Ciencia y Sra. Democracia” resumía el mensaje de los estudiantes. El rejuvenecimiento de la nación es parte fundamental, cien años después, del “Sueño Chino” del presidente Xi, cuando el objetivo tradicional de adquirir “riqueza y poder” se ha conseguido en buena medida: China va camino de convertirse en la mayor economía del mundo y—según esperan sus líderes—en la mayor potencia militar hacia 2049 también, coincidiendo con el centenario del establecimiento de la República Popular. Pero ¿y la modernización política?

Mientras China ocupa una posición central en la economía global, el régimen refuerza su autoritarismo, como indican las instrucciones sobre el respeto a la ortodoxia ideológica, el sistema de crédito social o la reeducación de más de un millón de uigures en Xinjiang. La contradicción no puede ser mayor entre el mundo abierto que los dirigentes chinos dicen defender y lo que practican en casa.

La semana pasada, ante 40 líderes extranjeros en Pekín, Xi intentó ganarse su confianza con respecto a la iniciativa de la Ruta de la Seda, uno de los proyectos más ambiciosos de la Historia y principal instrumento para reorientar el orden internacional a favor de China. Los cien años del 4 de mayo días después sirven de recordatorio de que la modernización china es aún una tarea incompleta. Pero como ilustraron los estudiantes de la universidad de Pekín, en 1919 y de nuevo en 1989, existe una profunda corriente humanista y patriota en la civilización china, que ningún fenómeno de involución política podrá derrotar de manera definitiva.