THE ASIAN DOOR: Aspectos culturales, reto de la globalización

A medida que el mundo se hace más global, las naciones, sin embargo, se diferencian por su personalidad, por aquellos aspectos culturales que conforman la idiosincrasia que hace a un país diferente a otro. Todo ese legado que ha moldeado las sociedades durante siglos, es justo lo que lleva a que en casos de máxima alerta, de necesidad imperiosa, nos haga reaccionar tal y como está definida nuestra propia identidad socio-cultural.

La supremacía del yo frente a la comunidad es un rasgo que diferencia a las sociedades occidentales de las orientales. Se trata de poner en perspectiva cómo cada una de las regiones manifiesta la relación entre inviduo y sociedad. Es una cuestión de poner en contexto cómo se articulan los conceptos de sociedad y cultura en Asia Oriental y en el Sudeste Asiático frente a las manifestaciones en otros países occidentales que no comparten su misma herencia cultural ni el legado filosófico. Observar para entender cada sociedad sin que prime nuestra propia perspectiva en el análisis.

No se trata de si los países son más o menos avanzados, de si tienen mayor o menor desarrollo económico, se trata de una cuestión identitaria en la que las sociedades orientales anteponen el beneficio de la comunidad, la familia, el país, el entorno. Frente al colectivismo imperante en Asia, el individualismo es el protagonista en el contexto de las sociedades occidentales. El yo como expresión de una manifestación en la que se anteponen los derechos del individuo, la libertad. Una actitud que contrasta con una herencia confuciana por la que en las sociedades asiáticas el sentimiento de comunidad genera una reacción más homogénea cuando se plantean desafíos que perturban el entorno.

De igual forma a cómo sucede en Occidente, las sociedades en Oriente no son todas iguales. La identidad de los países que forman Asia Oriental difiere de los que se agrupan bajo la denominación de Sudeste Asiático. Sin embargo, la herencia confuciana que todos comparten hace que, al margen del transfondo político que viven cada una de estas sociedades, el discurso confuciano sea una máxima que todos comparten.

Teniendo distintos modelos políticos, tanto la China comunista como las democracias de Corea del Sur, Taiwán y Singapur son ejemplo de cómo la necesidad de mantener estable la comunidad hace prevalecer la identidad colectivista frente al individualismo. Y, por ende, es el patrón jerárquico que forma parte de los aspectos que definen el confucianismo, lo que permite entender cómo las sociedades asiáticas, con independencia de sus sistemas de gobierno, se muestran más disciplinidas ante medidas que la sociedad considera que están articuladas para proteger a la comunidad. En un mundo globalizado, con diferentes idiosincrasias y valores, deberíamos hacer más global el sentimiento de comunidad. Extender los límites del individualismo para construir un modelo de comunidad mundial.

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