China5

The pioneer’s dilemma. Miguel Ors Villarejo

Xavier Sala i Martín told me a few years ago that if the Chinese had told him in 1978 that “they thought to start up a capitalist system, but with limited property rights, I would have thrown them out of my office”. At that time began to crystallize what John Williamson, a researcher at the Peterson Institute, baptized later as the Washington Consensus and that, in one of those traditional pendulums of economic theory, postulated the return to the market after the interventionist excesses of Keynesianism. “Stabilizing, privatizing and liberalizing became the mantra of a generation of technocrats,” writes Dani Rodrik.

If one looks at what has happened since then, progress seems undeniable: in the last four decades, poverty has been reduced by 80%, as my colleague Diego Sánchez de la Cruz explains. However, the reasons for this extraordinary progress are far from clear, because by analysing the results country by country one can see that where there has been growth there has not been so much Washington Consensus and where there has been Washington Consensus there has not been so much growth.

The most notorious example is China. Its success, says Rodrik in another work, “raises many questions.” Liberal orthodoxy prescribes poor patients to dismantling of barriers to imports, the full convertibility of the currency and the rule of law but considering this recipe the Chinese have not been able to do worse: they maintained tariffs and monetary controls and its rule of law is manifestly improvable. How have they managed to grow as they have grown?

Normally, capital avidly seeks cheap labour to exploit, but that cheap labour was there before 1978, and continues to be in many other places in Africa and Latin America where, however, no one considers investing a penny. There is no more coward animal than a million dollars and it is not easy to attract it, because being a pioneer involves many uncertainties. It is very well explained by Reginald, a character from Saki: “Do not ever be a pioneer,” he tells his dearest friend. “The first Christian is the one who takes the fattest lion.”

In the same way, the first investor is exposed to losing all his flows. Only when the adventure succeed others will be encouraged, just like those penguins that wait at the edge of the iceberg for someone else to jump to make sure there are no killer whales. Meanwhile, the pioneer’s dilemma works as a powerful disincentive and no one jumps.

How did Beijing solve it? Unwittingly, probably. Western investors had been operating in Hong Kong for decades. Many farmers crossed illegally to the colony looking for opportunities and, tired of arresting them and the bad publicity that this entailed, the officials thought: why don´t we set up factories on this side of the border and avoid leaks? In Hong Kong they were also running out of land and therefore it made perfect sense to set up a special economic zone (SEZ) in Shenzhen, a neighbouring village of 30,000 inhabitants that today exceeds 23 million.

What came next is a combination of improvisation and good luck. Deng Xiaoping would probably have preferred to generalize the reforms to the whole nation, as Boris Yeltsin did in Russia and the IMF’s technocrats defended, but the resistance of the Communist Party forced him to adopt a gradual strategy. He had to be satisfied with promoting more SEZs, to which he conferred enormous autonomy. This lack of coordination made it possible for local authorities to experience initiatives of all kinds: those that worked were exported to other regions and those that didn´t were closed without remorse. In no other society has Schumpeter’s creative destruction been applied so mercilessly. Only the determination of convinced Marxists could bring capitalism to its ultimate consequences.

Although Joshua Cooper Ramo speaks of a Beijing Consensus, few believe that it is a true model. “There was no architect,” says historian Zhang Lifan. From the academic point of view, the economic script of China is full of bizarre twists and I’m not surprised that Sala would throw out of his office anyone who would have tried to tell him. “No way!” (Traducción: Isabel Gacho Carmona)

gallina ciega

China y Rusia en el escenario latinoamericano. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- América Latina es una región que, por sus enormes riquezas naturales, ubicación y cercanía con los Estados Unidos, representa especial interés para China y Rusia. A pesar de una compleja realidad de democracias débiles, narcotráfico, corrupción, guerrilla y tráfico humano, entre otros, que han facilitado la penetración de los intereses de Moscú y Beijing. ¿Pero hasta dónde llega la interferencia de estos gobiernos extranjeros y cuáles son las implicaciones?

4Asia asistió a un foro organizado por la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad de John Hopkins en colaboración con el Centro de Estudios de la Defensa Willian J. Perry sobre los retos de seguridad en América Latina, en el que se discutió en profundidad por parte de expertos en la región la situación actual. Un punto coincidente entre todos fue que el mayor y más complejo problema que enfrenta la región es Venezuela, que, debido a la magnitud del conflicto, se ha convertido en un problema que trasciende las fronteras y afecta a la región entera.

Moises Naím definió a Venezuela como un Estado fallido, criminal, ocupado por Cuba -que define como una invasión del siglo XXI- además de ser narco-Estado. Mientras que el embajador estadounidense William Brownfield,  con una larga experiencia en narcóticos y en la región, remarcó la idea que Venezuela es un “Estado Mafia”, connotación aún más grave que la de narco-estado, según él, debido a que el gobierno venezolano y sus instituciones está involucradas con todo tipo de crímenes internacionales.

David Smolansky, miembro del grupo de trabajo de la inmigración venezolana de la OEA, explicó la gravedad de la situación de los inmigrantes con números: 208 venezolanos salen del país cada hora, 5 mil todos los días y más de 30 mil se movilizan en las fronteras para adquirir alimentos y medicinas. Y el embajador Juan Carlos Pinzón (exministro de la defensa de Colombia y ex-embajador de Colombia en Washington) explicó que Colombia está atendiendo a los inmigrantes de la mejor manera que puede porque los consideran hermanos. Sin embargo, apuntó que cada individuo que sale de Venezuela favorece al régimen de Maduro, pues es un opositor menos en su territorio.

En cuanto a la influencia de Rusia en Latinoamérica, Julie Gurganus -miembro del Consejo de Inteligencia de los Estados Unidos- precisó los tres objetivos que persigue Rusia en el mundo: 1. Ser percibidos como un gigante y/o poderoso, 2. mantener la bipolaridad mundial y 3. disputarle la influencia a Washington. La Rusia de Putin ha jugado astutamente con esta influencia en la región latinoamericana. Suelen hacer visitas de Estado justo antes de que necesiten apoyo internacional. Un ejemplo, agrega, fueron las visitas de altos funcionarios rusos a países de esta región antes de la invasión de Crimea, que acabó con la resolución de la Asamblea General de la ONU condenando a Rusia con los votos en contra de Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela (entre otros) y con la abstención de Brasil y el Salvador (entre otros).

Así mismo, sostiene que Moscú utiliza la venta de armas para asegurarse de que sus clientes se conviertan en aliados en la zona, y conseguir influencia y dependencia de quien las compre.

En cuanto a China, Margaret Myers -directora del programa de Asia y América Latina en el Inter-American Dialogue- sostiene que la influencia de China en la región es indudable y cada día hay más programas de intercambios, que han aumentado considerablemente en los últimos 5 años. Sin embargo, insiste en que sólo la mitad de los proyectos que Beijing ha anunciado han sido ejecutados.

La motivación que mueve a China, dice, es promover oportunidades para sus empresas. Mientras que Stephen Kaplan -profesor de la Universidad George Washington-, precisa que China es el quinto país en dar créditos en el planeta, aunque lleve poco tiempo en el mundo crediticio. Intentan además diferenciarse de las instituciones tradicionales de crédito. En vez de exigir pagos en dinero, se asegura que el país acreedor comprará materia prima china y usará proveedores chinos y maquinaria china. Con lo que se aseguran parte del retorno. Puso el ejemplo de Venezuela, a quien los chinos han dado muchos créditos y como parte del pago le exigen pagar con petróleo.

Mientras que por un lado gestionan bien una dependencia de sus clientes, por otro no impone condiciones o normas de cómo usar el dinero: sólo le preocupa su retorno, no el uso que dan al dinero.

Siendo Venezuela el mayor reto que enfrenta la región, es un problema que le salpica, y muy de cerca, a Washington. A pesar de que la Administración Trump reconoce el régimen de Maduro como ilegítimo, y se ha observado un incremento de sanciones y presión, parece no ser suficiente.

China tiene una presencia muy activa en este país, así como lo tiene Rusia, que ha otorgado muchos créditos a Maduro, mientras simultáneamente han fortalecido sus relaciones con La Habana, lo que no es de sorprender pues los cubanos tienen fuerte presencia en Venezuela, sobre todo a través de los servicios de inteligencia, que, según expertos, ha sido la razón de la supervivencia del régimen a pesar del profundo descontento social.

La Administración Trump conoce la situación. Sin embargo, parece no entender la dimensión de las consecuencias más allá de la región latinoamericana. A mayor número de inmigrantes saliendo de las fronteras venezolanas mayor el riesgo que esos inmigrantes busquen como destino el norte del continente. Y ya Trump lo tiene complicado con los miles de personas que llegan de Centroamérica.

Tanto Xi jinping como Vladimir Putin saben que controlar Latinoamericana hace vulnerable a Estados Unidos mientras que ambos se hacen con los recursos naturales, con los compromisos de los gobiernos y compran apoyos estratégicos.

Cena

INTERREGNUM: Cena en Buenos Aires. Fernando Delage

Los mercados y el mundo entero han recibido con alivio el acuerdo al que llegaron los presidentes Trump y Xi durante la cena mantenida por ambos al concluir la cumbre del G20 en Buenos Aires el pasado sábado. La amenaza norteamericana de elevar los aranceles a las importaciones de productos chinos del 10 por cien al 25 por cien a partir del próximo 1 de enero ha quedado en suspenso. China, inquieta por los efectos de tal medida sobre el empleo—y, por tanto, sobre la estabilidad social y política—ha prometido aumentar sus compras a Estados Unidos, aunque por un importe que no se ha dado a conocer. ¿Se ha evitado una guerra comercial que parecía inevitable?

En realidad, la administración Trump ha dado un plazo de 90 días a Pekín para evitar esas nuevas sanciones. Washington ha declarado que los dos países comenzarán negociaciones para resolver algunos de los principales problemas en su relación económica, como el robo de propiedad intelectual o las transferencias forzosas de tecnología. La falta de avances conducirá a una nueva escalada de las tarifas arancelarias.

Ambos líderes necesitan una tregua. Trump ha perdido—para el Partido Republicano—la mayoría en la Cámara de Representantes, mientras el fiscal especial sobre sus relaciones con Rusia, Robert Mueller, continúa avanzando en su investigación. En China tampoco faltan las—discretas—críticas a Xi, cuya política de excesivo triunfalismo ha conducido a un contraproducente enfrentamiento con la todavía primera economía mundial. Las dos economías necesitan por otra parte equilibrar su dinámica comercial, y China abrir en mayor grado sus mercados a la inversión extranjera.

Cabe prever que el déficit norteamericano con la República Popular se reduzca en cualquier caso. Esta lleva años fomentando el aumento del consumo interno, lo que parece estar dando resultados: la tasa de ahorro ha caído del 52 por cien de 2010 al 46 por cien en 2017, a la vez que se multiplican las cifras de créditos para las familias. A medida que la clase media china mantenga al alza su consumo, el turismo o la educación en el extranjero para sus hijos, el superávit con Estados Unidos disminuirá. China también corregirá su dependencia de las exportaciones a este último país a través de la Ruta de la Seda—que reorientará buena parte de sus ventas a los mercados de Asia, África y Oriente Próximo—y de su propia estrategia de internacionalización, que llevará a sus grandes firmas a producir desde otras naciones.

Es un error por parte norteamericana por tanto seguir enfocando su déficit con la República Popular como una cuestión bilateral. Trump sólo tendrá una política china eficaz cuando tenga un concepto coherente de la dinámica asiática en su conjunto. Y es este tablero más extenso el que explica que—pese a la tregua de Buenos Aires—la posibilidad de un choque entre los dos gigantes no ha desaparecido del escenario. En último término, los modelos de orden regional que uno y otro país quieren construir en Asia son simplemente incompatibles. (Foto: Haigang Li, flickr.com)

modern china

THE ASIAN DOOR: El legado de Xi Jinping. Águeda Parra

En la era de Xi Jinping, China está adquiriendo un mayor protagonismo con la vista puesta en consolidar su influencia como poder global en 2049, con capacidad de influir en cuestiones mundiales, al estilo de otras grandes economías occidentales. Para entonces, se conmemorarán los 100 años de la República Popular de China, una fecha en la que se espera esté completado gran parte del legado del presidente Xi diseñado sobre cuatro grandes baluartes.

En primer lugar, y desde el punto de vista del desarrollo social, Xi Jinping impulsó la eliminación de la política del hijo único en 2015, dos años después de comenzar a liderar la segunda economía mundial, ante el inevitable desafío de tener que abordar la modernización de la industria y la innovación tecnológica con una población envejecida. Para ello, China necesita una población activa numerosa, pero la realidad es que el número de personas mayores de 60 años ha aumentado en 110 millones desde 1999 que, en magnitud, representa la población de España y Reino Unido juntas. Entre los efectos positivos derivados de la aplicación de esa política en 1979 destaca haber conseguido sacar de la pobreza a más de 800 millones de personas, con la previsión de que quede completamente erradicada para 2020. Entre los retos de Xi Jinping destaca el “rejuvenecimiento de la nación china”, porque solamente con una amplia población joven puede mantenerse la revolución tecnológica que actualmente está liderando el país a nivel mundial en algunos aspectos como el e-commerce, las FinTech y la inteligencia artificial, tres campos en los que China se posiciona como líder mundial.

En segundo lugar, en la transición de China de potencia orientada a la manufactura y a la exportación, a una economía basada en el consumo interno, el sector servicios y la innovación, las nuevas tecnologías se están convirtiendo en el principal facilitador del cambio. No podemos decir que China con una población de más de 1.300 millones de personas tenga una clase media fuerte, ya que apenas alcanza los 132 millones de personas, el 10% de la población, con incrementos de la renta per cápita en las últimas cuatro décadas de media del 10% cada año. De ahí que entre el legado de Xi figure potenciar el crecimiento de la clase media, que podría situarse en los 480 millones de personas en 2030, un 35% de la población. Esto supone, cuadruplicar en poco más de una década el número de personas que pasan a formar parte de una creciente clase media que se está convirtiendo en uno de los motores económicos del país.

En tercer lugar, la innovación a través del “gran salto adelante” en tecnología, representado por una de las grandes iniciativas de Xi Jinping, la conocida como Made in China 2025. Con gran involucración gubernamental, la iniciativa se enfoca en todo el proceso de manufactura y se extiende a todo tipo de empresas. El objetivo es mantener las actuales tasas de crecimiento anual basándose en la innovación y en las nuevas tecnologías para modernizar la industria. Con esta iniciativa, China pretende conseguir una producción de contenido nacional de componentes y materiales básicos del 40% en 2020, y llegar al 70% en 2025.

Finalmente, en cuarto lugar, la nueva Ruta de la Seda. Una iniciativa orientada a potenciar la gobernanza internacional de China y el poder regional en Asia-Pacífico. La iniciativa está considerada como parte del legado de Xi, de ahí que se haya involucrado en primera persona, y tras cinco años desde el anuncio de la iniciativa en 2013, el presidente chino ha logrado incrementar su influencia geopolítica y geoestratégica en los países por donde se extienden las rutas terrestres y la Ruta Marítima al establecer lazos bilaterales más estrechos con los países de la región. Considerada como la mayor iniciativa de desarrollo de infraestructuras mundial, supone una apertura a nuevos mercados para los productos chinos con alto impacto en los flujos comerciales entre China y Europa.

En definitiva, cuatro grandes directrices con las que se relaciona la era de Xi y que reflejan el modelo de una China moderna que el presidente chino espera dejar como legado. Para entonces, será la confirmación de que bajo el lema de una nueva era de “socialismo con características chinas” se habrá alcanzado el “sueño chino” de construir una “sociedad modestamente acomodada”, un “país rico y poderoso” y un pueblo “dinámico y feliz”. (Foto: Mario Vecchi, flickr.com)

war game

Maniobras en el frente

Donald Trump vuelve a mover ficha para intentar tomar la iniciativa en un proceso de replanteamiento de las claves de la escena geopolítica mundial. Así ha decido dos jugadas que no dejan de tener importancia: por un lado, ha ofrecido a China tres meses de tregua en la preparación de la guerra comercial que él mismo anunció, y, por otro, ha anunciado la eventualidad de un nuevo encuentro con el presidente norcoreano, allá por febrero o marzo, para desbloquear la situación y volver a situar la cuestión coreana en el escenario salido de la cita de Singapur.

En realidad, la reunión del G-20 en Buenos Aires fue más un escenario de cómo evoluciona la política exterior de EEUU, China y Rusia, que un encuentro para tomar medidas en el plano económico. El G-20, como lobby y lugar de toma de decisiones ha perdido peso. Así, fueron más importante los gestos de Trump para evitar la foto con el líder saudí Bin Salman, a quien por otra parte no quiere moverle la silla, la escenificación de su enfado con Putín por los incidentes en Crimea y las maniobras chinas para seguir mejorando su presencia en las economías latinoamericanas.

Pero volviendo a las iniciativas de Trump, todo parece indicar que la Administración de EEUU ha entendido que la hipocresía china sobre el libre mercado le está ganando en el terreno de la propaganda y que, además, tras el choque con China el proteccionismo llevará a un desencuentro con la Unión Europea en el que, paradójicamente puede ganar terreno Rusia. De ahí los tres meses de plazo para estudiar el terreno de batalla y analizar posibles consecuencias y, a la vez, conseguir que China favorezca el encuentro con Kim Jong-un. Veremos qué pasa. (Foto: Michael Spring, flickr.com)

China5

先锋的困境. 米格尔偶斯。 Miguel Ors Villarejo。

几年前,Xavier Sala i Martín告诉我,如果中国人在1978年告诉他 “他们想要启动资本主义制度,但产权有限,我会把他们赶出我的办公室”。当时开始了约翰·威廉姆森(John Williamson)所谓的“华盛顿共识”(Washington Consensus),并寻求“稳定,私有化和自由化成为一代技术官僚的口头禅”

如果看一看自那以后世界上发生的事情,进展似乎是不可否认的:在过去四十年中,贫困人口减少了80%。 然而,这一进展的原因尚不清楚,因为当按国家研究这个问题,他警告说,在增长的地方,没有那么多的华盛顿共识,而在有华盛顿共识的地方已经没有那么多增长。

最明显的例子是中国。 它的成功“引发了许多问题”。 自由主义的正统观点规定贫困患者要消除进口壁垒,货币的完全可兑换性和法治,但根据这一方案,中国人无法做得更糟:他们维持关税和货币控制 它的法治显然是可以改进的。 他们是如何做到这么多成长的呢?

原则上,资本总是寻求廉价劳动力来开采,但是那种廉价劳动力在1978年以前存在,并且仍然存在于非洲和拉丁美洲的许多地方,然而,没有人投资。 “永远不要成为先锋”“第一个基督徒得到最胖的狮子”

同样,第一个投资者也会失去一切。 先驱者的困境起到了强大的抑制作用,没有人会过火。

北京怎么走? 可能是在不知不觉中。 几十年来,西方投资者一直在香港经营。 许多农民非法穿越寻找机会,并且厌倦了逮捕他们,官员们想:为什么我们不在边境这边设厂,避免泄漏? 他们在深圳建立了一个经济特区(SEZ).

接下来是即兴和好运的结合。 正如鲍里斯·叶利钦在俄罗斯和国际货币基金组织的技术官僚所做的那样,邓小平可能更倾向于将改革推广到全国,但共产党的抵抗迫使他采取渐进战略。他必须对促进更多的专属经济区感到满意,并为此赋予了巨大的自主权。

只有坚定的马克思主义者的决心才能把资本主义推向极端。

尽管Joshua Cooper Ramo谈到北京共识,但很少有人相信这是一个真正的模式。 “没有建筑师,”历史学家张立凡说。 从学术角度来看,中国的经济剧本充满了奇异的旋转,我不会惊讶Sala会把任何试图告诉他的人扔出办公室。 “没门儿!” (Tradución: Isabel Gacho Carmona)

acelerar

INTERREGNUM: Xi en España. Fernando Delage

En vísperas de la conmemoración de los 40 años de la puesta en marcha de la política de reformas chinas, y de la adopción de la Constitución española, el presidente de la República Popular, Xi Jinping, visita Madrid. En estas cuatro décadas la posición internacional de ambos países ha cambiado de manera notable; también el alcance de sus relaciones, tanto económicas como políticas. Aunque la asimetría entre las dos naciones condiciona el margen de maniobra español, China no es sólo un asunto bilateral, sino quizá uno de los mejores ejemplos de los desafíos del mundo de la globalización.

Cuando, en diciembre de 1978, la tercera sesión plenaria del XI Comité Central del Partido Comunista decidió abandonar el modelo de planificación de décadas anteriores e integrarse en la economía mundial, Deng Xiaoping sólo quería corregir el retraso que arrastraba China y asegurar la supervivencia del régimen político. Nadie podía imaginar cuáles iban a ser los resultados de ese proceso. Desde 2001 —año en que se adhirió a la Organización Mundial de Comercio (OMC)—, su PIB se ha multiplicado por nueve, el porcentaje que representa de la economía mundial se ha quintuplicado (hasta el 20 por cien), y su renta per cápita ha aumentado ocho veces. En 2009 superó a Alemania como mayor potencia exportadora y, en 2013, a Estados Unidos como mayor potencia comercial. Su producción industrial, equivalente en el año 2000 a la cuarta parte de la de Estados Unidos, superó en 2017 la de Estados Unidos y Japón juntos. En el último lustro, China supuso por sí sola más del 30 por cien del crecimiento global. El gobierno australiano estima que, hacia 2030, la economía china será dos veces mayor que la de Estados Unidos (42 billones de dólares frente a 24 billones de dólares).

La España que visita Xi esta semana es un pequeño país por comparación. Pero eso no significa que no resulte atractivo para los dirigentes chinos. La transición española —de los Pactos de la Moncloa al sistema autonómico— y la internacionalización de nuestras empresas ha atraído desde hace años el interés de los expertos del gigante asiático. La influencia económica y política de España en la Unión Europea y, sobre todo, en América Latina, nos proporciona una influencia superior a la que correspondería a una simple potencia media. Por parte española, nuestras multinacionales aspiran a estar en los proyectos de la Ruta de la Seda, pero el gobierno no puede ignorar las implicaciones políticas de la iniciativa ni las dificultades de acceso al mercado chino. Desconocemos al escribir estas líneas si se firmará un memorando de entendimiento sobre el gran proyecto de Xi, como ya han hecho una docena de Estados miembros de la UE pero han rechazado Francia, Reino Unido o Alemania. El presidente chino nos visita sólo días después de que la Unión haya dado el visto bueno a un mecanismo de supervisión de las inversiones extranjeras en el Viejo Continente, diseñado con China como principal objeto de atención.

Más allá de iniciativas concretas, la visita de Xi debería servir de estímulo para reconocer el déficit de conocimiento y atención sobre China y, en general, sobre la región que se ha convertido en el nuevo centro de gravedad de la economía y política mundial. También resultaría conveniente adaptar las estructuras de la administración española, aún marcadas por un excesivo eurocentrismo y atlantismo. No puede entenderse que Asia, un continente que representa el 60 por cien de la población y más del 40 por cien del PIB global, siga sin contar con una dirección general propia en el ministerio de Asuntos Exteriores, por ejemplo.

Prosperar en el mundo del siglo XXI no depende tan sólo de encontrar nuevas oportunidades exteriores de negocio para nuestras empresas o de un mayor proactivismo diplomático. La tarea es más bien interna: se requiere ante todo contar con una estructura económica que prime la productividad—lo que resulta inseparable de la innovación—, así como un sistema educativo diseñado para una era de competencia internacional. En último término se requiere un Estado estratégico, con capacidad para identificar los intereses nacionales a largo plazo y formular la estrategia que haga posible su consecución. Los líderes chinos saben dónde quieren estar a mediados de siglo. ¿Lo saben los políticos españoles? ¿Los de Occidente en su conjunto? (Foto: Marco Bertazzoni, Flickr.com)

CARAS HORIZONTAL

EVENTO: Deng Xiao Jinping: 40 años reformando China

4Asia tiene el placer de invitar a todos sus lectores al evento “Deng Xiao Jinping: 40 años reformando China” que tendrá lugar el próximo viernes 14 de diciembre a las 9 de la mañana en el hotel NH Paseo de la Habana, C/ Paseo de la Habana 73. La inscripción es gratuita a través de 4Asia.es, la dirección contacto@4asia.es y los teléfonos 663 27 17 16 y 668 64 12 53

 

9.00 – 9.30 Entrada y Registro.

9.30 – 9.40 Inauguración de la Jornada.
“Deng Xiao Jinping. 40 años reformando China”
Julio Trujillo, Director de 4Asia.

9.40 – 10.00 “Las tres revoluciones de China”.
Georgina Higueras. Periodista y escritora, posgrado en Historia de las Relaciones Internacionales de China por la Universidad de Pekín.

10.00 – 10.20 “¿Existe el modelo económico chino?”
Miguel Ors. Director Adjunto de Actualidad Económica y colaborador de 4Asia.

10.20 – 10.40 “La modernidad llega a la milenaria cultura china”
Águeda Parra. Doctora en Ciencias Políticas y Sinóloga.

10.40 – 11.00 “Entre el encantamiento y la confrontación; la política exterior china de Deng Xiaoping a Xi Jinping”.
Juan Manuel López Nadal. Exembajador de España en Tailandia, exembajador en misión especial para Asuntos Asiáticos y excónsul general en Hong Kong.

11.00 – 11.30 Desayuno Networking.

11.30 – 12.00 Mesa redonda.
“China, un cambio sin marcha atrás”.

12.00 – 12.30 Debate con preguntas del público.

12.30 – 12.45 Clausura del Evento. Julio Trujillo, Director de 4Asia.

Xi revolution

THE ASIAN DOOR: La revolución de Xi Jinping. Águeda Parra

El próximo 27 de noviembre, y durante tres días, comienza la visita de Estado del presidente chino, Xi Jinping, a España, la primera que realiza a nuestro país. Un año muy especial para las relaciones diplomáticas entre ambos países ya que el pasado 9 de marzo se celebraron los 45 años del establecimiento de relaciones bilaterales entre España y China. Desde que en 2005 visitara nuestro país el anterior presidente chino, Hu Jintao, China ha seguido consolidando un gran desarrollo económico hasta convertirse en uno de los grandes protagonistas de la geopolítica y la geoestrategia mundial.

Con esta visita a España, Xi Jinping pone de manifiesto la buena relación existente entre ambos países con el objetivo de seguir reforzando la colaboración impulsando proyectos de cooperación conjunta. El fomento de la nueva Ruta de la Seda será una de las iniciativas que presente mayor interés entre ambas partes, con el objetivo de que España tenga una mayor participación de la mayor iniciativa de desarrollo de infraestructuras mundial. De esta manera, China busca que los proyectos de la Franja y la Ruta, como también se denomina a la iniciativa en España, se extiendan por toda la geografía europea.

La visita de Xi Jinping se produce además cuando se conmemoran los 40 años de las reformas promovidas por Deng Xiaoping en 1978, con las que China consiguió iniciar una época de reformas económicas y de apertura que supuso la mayor progresión económica y social de la historia para una población de la dimensión de la china, y en tan poco tiempo. A diferencia de Deng Xiaoping, que abordó esta etapa apostando por mantener un perfil bajo, la era de Xi se caracteriza por tomar una actitud de mayor protagonismo en las cuestiones de política exterior, apostando por una China moderna que persigue el liderazgo en temas geopolíticos y geoestratégicos tomando decisiones que marcarán el futuro del mundo.

En la llamada cuarta revolución de China, ésta que ha comenzado con la era de Xi Jinping, el gigante asiático aborda otro tipo de retos a aquellos que tuvo que enfrentar Deng Xiaoping durante la conocida como tercera revolución. En aquel momento, el gran reto era conseguir recuperar la economía de China tras el fracaso del proyecto de industrialización masiva que supuso el “Gran Salto Adelante” ideado por Mao Zedong, y que condujo a la población china a la mayor hambruna conocida en la historia mundial. Bajo la máxima de su famosa frase “No importa que el gato sea blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato”, Deng Xiaoping inició una etapa de reformas promoviendo un cambio de una economía basada en la agricultura a una orientada a la manufactura. Como resultado, se promovió el traslado de las áreas rurales a las ciudades, que comenzaron a albergar las denominadas zonas económicas especiales (ZEE). La primera de ellas en la ciudad de Shenzhen, que pasó de ser una aldea de pescadores en 1980 a convertirse en uno de los más importantes hubs de innovación del mundo. La reducción de la pobreza, el aumento de la renta per cápita, la política del hijo único, son también parte de este gran legado de Deng Xiaoping en su tercera revolución.

En la era de Xi Jinping, en la cuarta revolución, China ya ha consolidado el proceso de transición de una economía socialista planificada a una economía de mercado, para abordar una nueva etapa, si cabe igual o más desafiante que la anterior, con el objetivo de avanzar hacia la transición de una economía avanzada. Eso significará que China habrá alcanzado el estatus de economía de ingresos de nivel medio-alto, un objetivo que, sin embargo, debe conseguir antes de que la población envejezca. Y existe un alto riesgo de que no lo consiga ya que, teniendo una quinta parte de la población mundial, se estima que para 2030 la población mayor de 65 años superará a los menores de 14 años, de ahí que China disponga apenas de dos décadas para conseguir uno de los grandes desafíos que caracterizan esta cuarta revolución de Xi Jinping.

Por ello, a pesar de que China es actualmente el primer exportador del mundo y el segundo importador, el país necesita todavía de ciertas reformas que permitan que el gigante asiático aborde una cuarta etapa de revolución económica tan importante como aquella tercera liderada por Deng Xiaoping. Durante los primeros cinco años de Xi Jinping, la economía ha crecido a una tasa media anual del 7%, y aunque la economía china comienza a mostrar síntomas de desaceleración, registrando un crecimiento del 6,7% interanual en el tercer trimestre del año, el reto para el presidente chino es seguir manteniendo tasas de crecimiento similares que le permitan consolidar la transformación económica y social que pretende China en las próximas décadas.

mayflower

Acción de Gracias, una nación. Nieves C. Pérez Rodríguez

El gran día que agrupa a personas, sin importar sus creencias religiosas y/o políticas en los Estados Unidos; el festejo que moviliza más ciudadanos a lo largo y ancho del país, para dar gracias. Este año en concreto las cifras hablan de unos 54.3 millones de viajeros para unirse a la celebración con sus familias, o en su defecto con amigos para agradecer por todo aquello que forma parte del ser humano. ¿Pero de donde y por qué se dedica un día de Acción de Gracias?

El origen de Acción de Gracias en Estados Unidos se remonta a la llegado de colonos ingleses a Plymouth -Massachusetts-, donde desembarcó el Mayflower a finales del 1620 cargado con 102 pasajeros. Pero que debido a las diferentes condiciones de su lugar de origen, más de la mitad perecieron durante el primer año debido al duro invierno, el desconocimiento del lugar y cómo cultivar la tierra. Cuenta la historia que un indio nativo visitó al asentamiento inglés y al darse cuenta de las condiciones decidió enviarles a Squanto, un miembro de la tribu pawtuxet que les enseñó a sobrevivir en ésta región, y a quien se le atribuye el establecimiento de una alianza de paz que duró más de cincuenta años entre nativos e ingleses.

Una vez que los colonos consiguieron una primera cosecha gracias a la ayuda de Squanto, el gobernador inglés decidió invitar a un grupo de indios aliados a celebrar el éxito en noviembre de 1621. Hecho que inspira que la institucionalizón de la celebración tenga lugar el cuarto jueves de noviembre. Sin embargo, no se convirtió en una fiesta nacional hasta mucho más tarde en la historia.

Sarah Jopeha Hale fue una prominente escritora del siglo XIX, a la que se conoce por la publicación de novelas en las que defendió la libertad de los esclavos, así como también por la promoción del uso de árboles decorados para la navidad, e incluso el vestido blanco para la novia que va al altar.  Fue editora de la revista más importante para mujeres antes de la guerra civil, desde donde defendió el derecho de la educación femenina, pero pegada siempre una línea conservadora, muy distante de la feminista. Hale se convirtió en un referente para la clase media del momento, sobre todo para las mujeres.

Hale dedicó muchos de sus editoriales a pedir la institucionalización de la celebración de Acción de Gracias. En sus artículos explicaba que ya se celebraba en algunos lugares de manera informal y sin tener un día determinado. Además, propuso el protocolo que debía seguirse en vestir la mesa y el menú de la celebración del gran día, que incluía un pavo relleno, una tradición de su lugar de origen -New England- junto con pastel de calabaza que tan bien representa el otoño de la costa este de los Estados Unidos.

Sarah Jopeha Hale en una carta le pidió al presidente Abraham Lincoln la declaración de un día de acción de gracias, misiva que Lincoln respondió con la institucionalización del día nacional en 1863: “invito a mis conciudadanos en todas partes de los Estados Unidos, y aquellos que están en el mar o viajando a tierras extranjeras a conmemorar el día de Acción de Gracias”.

Algunos historiadores sostienen que la razón que llevó a Lincoln a incorporar está fiesta en el calendario de la nación en ese año, en medio de la guerra civil estadounidense, fue enviar un mensaje pacificador y de unión a los ciudadanos.

El mensaje central de esta tradición es “el agradecimiento”. Estar agradecido por la vida, la familia, el trabajo, la salud; en general, las cosas del día a día. En una sociedad como la estadounidense, donde el gran grueso de la población es inmigrante, o al menos pertenecen a algún otro grupo o región del mundo, Acción de Gracias es un día que neutraliza cualquiera de esas diferencias en una identidad única. Una curiosa tradición que tiene un efecto contagioso entre los visitantes y los recién llegados al país, sin importar el tiempo que lleve alguien en Estados Unidos, se incorporan a esta celebración como parte de su nueva vida.

Como ocurre casi siempre, cada grupo acaba haciendo su propia versión de los manjares que se sirven. Por ejemplo, los centroamericanos sustituyen el pavo por un pollo grande relleno, además de incorporar algunos de los panecillos característicos de su región. Los asiáticos incorporan algún platillo con arroz y sabores más del Pacífico. Pero incluso dentro de los mismos estadounidense pueden encontrarse variantes en los alimentos y cómo se preparan.

Un buen ejemplo es que los Estados del sur, en vez de asar el pavo lo fríen en los jardines traseros de las casas en unas cazuelas gigantes cuya capacidad permiten la inmersión de semejante ave cuyo peso promedio oscila 14 kilos.

La comida puede variar ligeramente, pero lo realmente interesante es que una nación entera, con más de 300 millones de habitantes, se paraliza y toma el tiempo de juntarse para celebrar las cosas positivas de la vida. Y, a pesar de que el país se encuentra en un momento de particular división política, Acción de Gracias consigue neutralizar esas diferencias con el propósito de festejar el agradecimiento en compañía. Algo que puede resultar curioso y hasta difícil de comprender en otras cultura.