INTERREGNUM: Año de elecciones. Fernando Delage

La evolución de las relaciones entre China y Estados Unidos continuará siendo en 2024 la principal variable determinante de la dinámica asiática, sin que tampoco deba minusvalorarse el impacto de distintos procesos electorales que se celebrarán a lo largo del año. La voluntad de distensión expresada por los presidentes Biden y Xi en su encuentro de noviembre en San Francisco permitió corregir la espiral de enfrentamiento de los meses anteriores, pero no resolver las divergencias estructurales entre ambos países, algunas de las cuales pueden resurgir en función del resultado de las próximas elecciones en Taiwán. Otros comicios revelarán por su parte el delicado estado de la democracia en Asia.

Los primeros del año serán los de Bangladesh el 7 de enero. Las elecciones se celebrarán en un contexto de movilizaciones contra el gobierno, impulsadas por el principal grupo de la oposición, el Partido Nacionalista. Sus líderes, en su mayor parte exiliados o en prisión, han amenazado con boicotear el proceso si la primera ministra, Sheikh Hasina—en el cargo desde hace 15 años—, no renuncia y cede el poder a un gabinete interino que supervise la convocatoria electoral.

Un mes más tarde—el 8 y el 14 de febrero, respectivamente—serán los dos países con mayor población musulmana, Pakistán e Indonesia, los que celebrarán elecciones. En el caso de Pakistán, se tratará de las primeras convocadas desde la destitución por corrupción del primer ministro Imran Khan en abril de 2022. Aunque en prisión, Khan sigue controlando su partido (el PTI). Su destacada popularidad y el deterioro de la seguridad nacional como consecuencia de diversos ataques de grupos separatistas y radicales en las últimas semanas han llevado a especular, no obstante, sobre un posible retraso de la votación. Este escenario de incertidumbre política, el mayor en décadas, agrava a su vez el riesgo de que el Fondo Monetario Internacional retrase la entrega de su segundo paquete de rescate financiero, previsto para mediados de enero.

En Indonesia, la tercera mayor democracia del mundo, más de 200 millones de votantes elegirán un nuevo Parlamento y un nuevo presidente. Aunque Joko Widodo fracasó en su intento de reformar la Constitución para poder presentarse a un tercer mandato presidencial, declaró su intención de seguir interviniendo en la vida política sobre la base de su extraordinaria popularidad y de su influencia en las instituciones. Widodo aspira por ello a conseguir la elección de un sucesor afín y consolidarse como miembro de la oligarquía indonesia, de la elite política, militar y empresarial que, desde la era Suharto (el yerno de este último, Prabodo Subianto, vicepresidente durante los últimos años, va en cabeza en los sondeos), ha controlado la nación.

En abril y mayo (por el número de votantes, más de 900 millones, la votación se celebra durante varias semanas) será el turno de India. En 2014 el Janata Party liderado por Narendra Modi obtuvo la primera mayoría absoluta en el Parlamento indio en tres décadas; una victoria que revalidó en 2019 y previsiblemente repetirá este año. En sus dos primeros mandatos al frente del gobierno, una diplomacia proactiva dio un mayor estatus internacional a India (su papel como elemento de equilibrio de China es cada vez más importante para Occidente), pero al mismo tiempo Modi promovió un nacionalismo hindú que, además de marginar a 200 millones de musulmanes y 28 millones de cristianos, ha erosionado el sistema democrático. Un nuevo triunfo le permitiría completar la que define como su misión personal.

Con todo, las elecciones que en mayor medida definirán la trayectoria de Asia en2024 serán las de Taiwán dentro de unos días, y las de Estados Unidos en noviembre. A partir del 13 de enero, el nuevo presidente taiwanés se situará en el centro de las tensiones entre China y Estados Unidos. El candidato del Partido Democrático Progresista (PDP), Lai Ching-te, defensor de la autonomía de la isla, es anatema para Pekín, mientras que el líder del Kuomintang, Hou Yu-Ih—sólo ligeramente por detrás de Lai en los sondeos—, propugna la restauración del diálogo con la República Popular. Los taiwaneses, ha advertido China, afrontan “una elección entre la guerra y la paz”. Biden puede encontrarse de este modo ante una grave crisis militar a principios de año; un escenario que—sumado a los conflictos en Ucrania y Oriente Próximo—influirá a su vez en la elección, el 4 de noviembre, del próximo presidente norteamericano.

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