INTERREGNUM: Oportunidad para autócratas. Fernando Delage

La pandemia no sólo está provocando una crisis sanitaria, económica y social sin precedente. En el contexto de la recesión democrática que atraviesa el planeta desde hace más de una década, el coronavirus se ha convertido asimismo en una oportunidad para la consolidación de prácticas autoritarias. Líderes elegidos democráticamente, pero poco inclinados a respetar los valores liberales, han encontrado la justificación perfecta para ampliar sus poderes, restringir libertades individuales, y actuar contra grupos opositores y medios de comunicación. Si Hungría es el ejemplo paradigmático estos días, es un fenómeno al que tampoco escapan varias naciones del sureste asiático.

En Filipinas, el Parlamento—controlado por los aliados del presidente—concedió el mes pasado competencias prácticamente sin límites a Rodrigo Duterte, figura ya conocida por amparar decenas de miles de ejecuciones extrajudiciales en su campaña contra las drogas. Duterte podrá recurrir a sus poderes excepcionales para actuar contra sus rivales políticos, así como para utilizar discrecionalmente el presupuesto público. El Parlamento también ha tipificado como delito la difusión de “información falsa” con respecto al coronavirus, lo que sin duda reforzará la afición del presidente a silenciar a la prensa crítica.

El gobierno de Tailandia, formado tras las elecciones de hace un año pero controlado por las fuerzas armadas, también ha invocado un estado de emergencia con el pretexto de combatir el contagio. Las autoridades, que ya internaron a periodistas tras el golpe de estado de 2014, pueden ahora “censurar o cerrar los medios de comunicación si así lo consideran necesario”. Tienen prohibido entrevistar sin autorización al personal médico de los hospitales. Y con un país sujeto a confinamiento, ni siquiera resulta posible—como en otras ocasiones—protestar en la calle contra el gobierno.

En Camboya, Hun Sen—primer ministro desde hace más de dos décadas—ha detenido desde finales de enero a decenas de críticos con su régimen, por “compartir información” sobre la propagación del coronavirus. Varios de los arrestados pertenecen al principal (y prohibido) partido de la oposición. Una ley de emergencia nacional otorga al gobierno la capacidad discrecional de declarar la ley marcial, limitando aún más si cabe los derechos de los ciudadanos. Se han aprovechado las circunstancias, incluso, para difamar a grupos minoritarios: el ministerio de Salud ha insinuado que han sido los musulmanes los responsables de introducir el contagio en Camboya. Tras la crisis financiera global de 2008, pocos previeron sus consecuencias políticas. Fue sin embargo la principal causa de un fenómeno de populismo iliberal, de la fragmentación de los sistemas políticos, y de la consolidación de una serie de regímenes autoritarios una vez emprendido el camino de la recuperación económica. Frente a esta nueva crisis global, los gobiernos, como es natural, se ven abrumados por la urgencia de tener que atender las consecuencias más inmediatas para su sociedad y su economía. Pero así como el contagio del virus no respeta fronteras, sus efectos políticos también se dejarán sentir más allá de cada Estado, y mucho después de haberse superado la emergencia sanitaria. La ampliación de poderes de los gobiernos autocráticos puede ser uno de los más oscuros legados de la pandemia.

THE ASIAN DOOR: Nueva era e-commerce post-pandemia

Como cualquier otro tipo de crisis, la pandemia del COVID-19 va a generar un efecto dominó de cambios en múltiples esferas. Contaremos con una guía de mejores prácticas como parte de la experiencia vivida, pero también construiremos una visión renovada sobre los hábitos que estamos dispuestos a incorporar en una fase post-pandemia. Entre las nuevas incororaciones estará la percepción sobre el e-commerce.

En esta crisis sanitaria, las tecnologías han resultado ser un factor esencial para mantener ininterrumpido el aprovisionamiento de la población. China cuenta con un servicio de distribución a domicilio muy extendido entre la población. Las entregas en 30 minutos, incluso de alimentos frescos,que realizan algunas tiendas, como la cadena de supermercados Hema, propiedad de Alibaba, forman parte del motor de crecimiento de un sector que ya antes de la pandemia se estimaba que representaría el 64% sobre las ventas minoristas en 2023.

Sin embargo, el éxito del e-commerce durante la pandemia no solamente se ha limitado a la distribución de comida. La red de distribución Cainiao de Alibaba ha utilizado tecnología basada en IA para hacer converger el inventario de los entornos online y offline, y poder así abastecer de alimentos e incluso de suministros médicos a la ciudad de Wuhan, epicentro de la pandemia. La iniciativa lanzada por Alibaba ha conseguido el aprovisionamiento de estos productos coordinando el inventario y poniendo en comunicación las plataformas de marketplace B2C (Taobao) y C2C (Tmall), mientras que las donaciones han corrido a cargo de la plataforma de pagos electrónicos AliPay.

La telemedicina también se ha impuesto como una parte más del ecosistema de las compras online en China. Una vez que las empresas del sector ofrecen consultas médicas y venta de medicamentos, ha sido precisamente este último punto el que ha resultado ser clave durante la crisis sanitaria. De ahí, que la competencia entre Alibaba y JD.com se extiende también a la industria de la salud, donde el gigante del e-commerce opera con las aplicaciones AliHealth y Good Doctor, esta última propiedad de su filial de seguros Ping An, mientras que su competidor lo hace con JD Health.

En un mercado e-commerce maduro como el de China, la competencia entre los grandes del sector promueve la incorporación de nuevas innovaciones que los diferencie y les permita mejorar los servicios de entrega. Entre las iniciativas utilizadas por JD.com en algunas regiones del país figura el reparto de alimentos y suministros médicos utilizando robots, incluso drones. Ya antes de la pandemia estaba disponible en las ciudades de Guilin, Shenzhen y Dongguan un servicio de compra de alimentos sin interacción con dependientes en sus tiendas JDX Mart. En este caso, los clientes  adquieren los productos mediante el escaneo de los mismos sin necesidad de pasar por los mostradores de caja. Esta situación de crisis sanitaria ha acelerado el paso de los consumidores al entorno online, un proceso que de otra forma hubiera requerido varios años. De hecho, se espera que el mercado de salud en China alcance los 29.000 millones de dólares en 2020, bastante superior a los 23.000 millones de dólares que se alcanzaron antes de la crisis sanitaria en 2019. Este auge del consumo online favorecerá el crecimiento del e-commerce en China, un mercado maduro que supone el 36,6% de las ventas minoristas en 2019, casi el doble del 16% que supone en Estados Unidos, según eMarketer. En el caso de Europa, solamente Reino Unido dispone de una actividad online importante, con una penetración de las ventas e-commerce del 22,3% en 2019, mientras que el resto de los países europeos se sitúan a años luz de estas cifras, destacando Francia (9,6%), Alemania (8,7%) e Italia (4,1%). En España, el e-commerce todavía no representa un porcentaje importante de las compras minoristas, pero es susceptible que los efectos de la pandemia provoquen un incremento significativo en lo que podría denominarse la nueva era e-commerce post-pandemia.

La guerra por los suministros sanitarios. Nieves C. Pérez Rodríguez

La llegada del COVID-19 fue inesperada, pero en una primera fase parecía un problema ajeno, una situación desafortunada que no despertó una gran preocupación más allá de China y sus países aledaños. Pero pronto los gobiernos del mundo comenzaron a darse cuenta de que habían subestimado el riesgo con la expansión de casos por el planeta a una velocidad también sorprendente -de 2,3 contagios por cada individuo positivo-. Muchas otras complicaciones derivadas comenzaron a surgir y entre las más dramáticas después de los fallecimientos y el colapso hospitalario se constató la escasez de los suministros médicos.

Los suministros médicos como mascarillas, batas de protección, guantes, entre otros, son esenciales para la atención de cualquier paciente; pero un paciente infectado de una enfermedad respiratoria altamente contagiosa requiere de un equipamiento especial y la protección del personal sanitario se convierte en fundamental para poder combatir la enfermedad.

Esta pandemia ha dejado ver otras de las debilidades del llamado primer mundo que, a pesar de contar con empresas locales de suministros en cada país, muchas de ellas tienen sus centros de producción en China y el gobierno chino, desde enero, decidió acaparar la producción interna para uso propio.

Un ejemplo en los Estados Unidos es la empresa de suministros médicos “Dealmed” con sede en New Jersey, que distribuye una alta cantidad de ese tan necesario material y que a principios de marzo se vio obligada a admitir que la producción de sus mascarillas en China está quedándose en el gigante asiático por órdenes del gobierno chino para consumo interno, dejando a parte de la costa este de los Estados Unidos en una situación de alta vulnerabilidad en medio de la peor crisis sanitaria de esta era.

En un intento por equilibrar la demanda, una empresa de producción de mascarillas en el Estado de Georgia ha redoblado la producción por los siguientes nueve meses, pero tal y como sus directivos expresaban ni siquiera así se puede cubrir la alta demanda. Lo que ha hecho que políticos como el gobernador de Nueva York despertara un debate sobre el peligro que representa que la producción de este tipo de productos, así

como muchos de los principios activos de los medicamentos, se fabriquen fuera de los Estados Unidos, pues ello comprometería tremendamente la seguridad nacional de cualquier país.

China es el productor mundial por excelencia de máscaras médicas del mundo y obviamente la demanda de este producto se ha visto exponencialmente incrementada a causa del COVID-19. Pero la escasez de suministros médicos está presente básicamente en todo los países a día de hoy, por lo que en marzo la Organización Mundial de la Salud hacía un llamamiento a empresas y gobiernos para aumentar el 40% de la producción de suministros médicos, reconociendo que la escasez de estos pone en peligro la vida del personal médico y sanitario en primera línea. 

Mientras las grandes economías del mundo buscan mecanismos de supervivencia de esta crisis, China aprovecha el momento para congraciarse y donar el tan codiciado material médico a terceros países, en un intento por ocultar la culpa de sus mentiras y de no haber tomado a tiempo las medidas necesarias, el no haber informado antes de la gravedad del virus y de encubrir sus números, que después de ver lo que está sucediendo en cualquier lugar al que ha llegado el virus, ha quedado demostrado que las cifras – tanto de contagios como de decesos- aportadas por Beijing no son las auténticas.

Esta pandemia va a marcar un antes y un después en la historia del mundo. Aunque aún sea apresurado enumerar los cambios producidos, son inminentemente inevitables. En enero en esta misma columna advertimos del impacto negativo del brote en el sector turístico mundial, así como posteriormente se han visto las tremendas caídas en Wall Street, el inmenso número de empresas a la deriva y el desempleo, Pero más allá de todo esto, el impacto social quedará presente durante varias generaciones. Y el precio que deberá pagar China por no haber sido honesta también le tocará asumirlo, en su momento. Pero por ahora se está dando un debate sobre la guerra de los suministros médicos y la necesidad de buscar alternativas. Tal vez llegó la hora de que países como los de Europa y los Estados Unidos revisen sus lugares de producción como parte de una estrategia de seguridad nacional y supervivencia frente a una emergencia como la que se está viviendo. Una situación en la que a través del dolor y no poder dar respuestas congruentes con su desarrollo se han visto sumidos en un desolador escenario en la que tanto los ciudadanos como los sanitarios están desprovistos de protección frente a la amenaza, no por falta de recursos para adquirir los suministros sino por haberse puesto en las manos de su principal competidor, China.

LA CRISIS DEL CORONAVIRUS Y SU IMPACTO (I: China)

De ser criticada por su falta de transparencia a dar lecciones de gestión de la crisis a escala global. De ser protagonista de la cooperación sanitaria global a usar herramientas de desinformación masiva. China es dual, esto no es nuevo. Lo que sí es nuevo es la crisis del coronavirus, que nos muestra un ejemplo muy claro de esta realidad.  

El Real Instituto Elcano ha organizado un seminario online titulado “La crisis del coronavirus y su impacto: respuestas y escenarios futuros ”. Analistas del think tank y Ana Palacio abordaron el tema desde muchos ángulos. En el caso de China, fue Mario Esteban el  encargado de abordar la cuestión.

Todo el mundo ha observado lo que ha hecho China. Al fin y al cabo, el brote se originó allí. Y, ¿qué lecciones aprendemos? La primera: la falta de transparencia del gobierno chino, porque la respuesta es la de siempre: “es un asunto interno”. Pero esta crisis no es un asunto nacional, la falta de transparencia en este caso -como en muchos otros- tiene un impacto global. El hecho de que las primeras semanas de gestión fueran “deficientes” lo estamos notando en Madrid y lo están notando en Wellington. Ahora bien, las medidas que han tomado desde enero, con el aislamiento y la movilización masiva de recursos del Estado como punta de lanza, se replican a lo largo y ancho del globo.

A nivel sanitario parece que han capeado el temporal, pero ¿Y a nivel socioeconómico? Las medidas pasan tanto por buscar coordinación internacional -esto se presenta muy difícil- como por buscar estímulos fiscales y financieros a nivel interno. China está muy por la labor de reactivar el movimiento económico en ambos niveles. A nivel internacional no hay que olvidar que es uno de los grandes ganadores de la globalización. Cuanto más se minimicen los procesos desglobalizadores y aislacionistas, mejor para Pekín.

Con la imagen internacional de China es la misma historia: una de cal y otra de arena. La cooperación en materia sanitaria no solo es bien recibida, sino que en mucho casos se presenta crucial. Por otro lado hay preocupación por el uso de la desinformación y las teorías conspiratorias. Y las formas recuerdan mucho a las rusas.

Como no podía ser de otra manera en estas circunstancias, los escenarios son inciertos. De momento, a nivel interno, el PCCh no se ha deteriorado. De hecho, se ha incluso reforzado en algunos aspectos. Pero la gran incógnita viene con las medidas para paliar la crisis socioeconómica. No hay que olvidar que base de la legitimidad del Partido hace años que dejó de ser ideológica para ser económica, basada en “garantizar un cierto bienestar social”. Y todas las predicciones de crecimiento dibujan un gran reto. Las autoridades chinas estiman un crecimiento de un 2,6% frente al 6,1% del año pasado. “Habrá que ver como se gestiona socialmente y como se traduce políticamente”.

A nivel internacional, pese a alguna voces naive que consideran que China puede usar esta crisis para mejorar el prestigio internacional. La visión imperante, hasta entre los analistas chinos, es que esta situación no beneficia a nadie. Y, de hecho, lo más probable ahora es que China se centre en la gestión interna, que los recursos financieros vayan al ámbito doméstico. Y que grandes Iniciativas como la de la Franja y la Ruta, que ha permitido a China influir en muchos países en los últimos años se vean recortadas de manera “muy sustancial”. Y es que la opinión pública china no entendería el intento de ejercer un liderazgo internacional teniendo que hacer frente a grandes amenazas internas.

La relación bilateral España-China sirve para ilustrar las fortalezas y limitaciones del papel internacional de China: Un socio necesario en muchas cuestiones, pero también problemático y poco fiable. Una excesiva dependencia se traduce en estándares deficientes o envíos que no se corresponden con lo que se solicita. Es un actor necesario pero aún no está preparado para el liderazgo global: “Aunque se nos olvida frecuentemente, es un país en vías de desarrollo”.

THE ASIAN DOOR: Smart Societies, el modelo de la Cuarta Revolución Industrial

Las nuevas tecnologías, protagonistas de la construcción de la Cuarta Revolución Industrial, son el paradigma sobre el que se basarán los procesos productivos de la próxima generación económica. Una de las principales características, y lo que la diferencia de las anteriores, es precisamente el elevado nivel de componente tecnológica que incorporarán.

En las próximas décadas la denominada como economía digital pasará a ser parte esencial del motor de crecimiento de los países. La Inteligencia Artificial (IA), el cloud computing, el big data, la robótica y las comunicaciones 5G son parte del compendio de tecnologías que serán decisivas para definir el ritmo de crecimiento económico de los países. Un proceso que no solamente aplica a los medios productivos, sino que se trata de una evolución del modelo actual de sociedad a un entorno digitalizado.

Por una parte, la Cuarta Revolución Industrial va a dar paso a la definición de nuevos modelos de urbanización que, gracias a los despliegues de redes móviles 5G, va a propiciar el desarrollo de las conocidas como smart cities. Se trata de un concepto vanguardista de la evolución de las ciudades desde un punto de vista social, económico y de sostenibilidad. Un espacio sobre el que aplicar las capacidades de la IA para crear un diseño evolucionado de organización del tráfico urbano, de servicios de atención médica y de acceso a los servicios de la ciudad.

El nivel de digitalización que está alcanzando China por el proceso de revolución tecnológica que vive el país favorece la transición a un modelo de smart city. Aunque la dimensión de los núcleos de población de China es diversa, el gigante asiático cuenta con 167 ciudades que tienen más de un millón de habitantes, y en total son más de 500 las que pretenden abordar un modelo de desarrollo de smart city en 2018.

En el proceso de evolución hacia modelos de smart cities, existen casos en los que la adaptación de la ciudad surge desde el momento mismo de la planificación de la urbanización. Uno de estos casos es la construcción de la denominada Nueva Área de Xiong’an, situada a 100 kilómetros al sudoeste de Pekín. El nuevo área a las afueras de la capital tendrá una población de unos 5 millones de personas y las conexiones con la capital estarán disponibles a lo largo de 2020. Otras smart cities, sin embargo, ya están funcionando. Es el caso de la ciudad de Shenzhen, que ha pasado de ser un pueblo de pescadores a convertirse en un modelo de smart city incorporando la potencialidad de la tecnología de Huawei en el control del tránsito en el aeropuerto y la conexión con la ciudad, así como la movilidad del transporte público eléctrico que aporta la compañía china BYD.

Los beneficios para China de aplicar la IA a los procesos productivos generará además nuevos modelos de empresas, creando las denominadas como smart factories. Cuanto mayor sea el grado de digitalización del tejido empresarial de un país, mayor será su capacidad de crecimiento económico. En el caso de China, el beneficio de incorporar la IA a sus procesos productivos generará un aporte del 26,1% del PIB en 2030, unos 7 billones de dólares. El doble del impacto que se espera en Estados Unidos, que alcanzará un 14,5% del PIB, unos 3,7 billones de dólares, según un estudio de PwC. Junto con las smart cities y las smart factories, la Cuarta Revolución Industrial generará, asimismo, un nuevo modelo de smart society. Un entorno caracterizado por incorporar una alta componente tecnológica. Seguirá coexistiendo el online con el offline, lo físico con lo virtual, y será imprescindible la actuación humana para crear un modelo renovado de sociedad que incorpore patrones de gobernanza y de crecimiento económico sostenibles y digitales. Un nuevo entorno donde la tecnología generará un nuevo diálogo con la sociedad y en el que se deberán definir las cuestiones éticas que lo regulan.

INTERREGNUM: Pandemia, próxima etapa. Fernando Delage

Tras trasladarse de China a Europa a lo largo de marzo, Estados Unidos se ha convertido en la última semana en el epicentro de la epidemia del coronavirus, con cifras de contagio que aumentarán de manera exponencial en los próximos días. Al drama humano y sanitario se suma la incertidumbre sobre las consecuencias sociales, económicas y políticas de un fenómeno que ha demostrado la vulnerabilidad del sistema global.

            El COVID-19 ha exacerbado las dudas sobre las estructuras de la gobernanza mundial, ha ilustrado la marcha atrás del multilateralismo, y puesto en evidencia la ausencia de liderazgo norteamericano. Al mismo tiempo, ha agravado la rivalidad entre China y Estados Unidos, así como la fragilidad de la Unión Europea. La batalla de propaganda emprendida por Pekín y Washington marca una nueva etapa en la confrontación entre ambos, así como en el impacto de su choque para el sistema internacional. Es una fase que se prolongará en el terreno económico, especialmente si la economía china se recupera con rapidez, mientras las europeas y la norteamericana permanecen paralizadas por la epidemia.

            Pero también a la República Popular le esperan tiempos difíciles. El descontento interno con la gestión de las autoridades resulta tan evidente como el esfuerzo del gobierno por silenciar a las voces críticas. Por otra parte, pese a la hábil promoción diplomática por el presidente Xi Jinping de la “Ruta Sanitaria de la Seda”—a través de la cual proporciona suministros médicos a los países afectados por la neumonía—, el coronavirus ha provocado el parón de numerosos proyectos de la Ruta de la Seda al haberse repatriado a buena parte de los trabajadores chinos. Queda además por llegar la extensión del contagio a no pocos de los países atravesados por la iniciativa, y a Asia meridional y al sureste asiático en su conjunto, regiones donde se pondrá a prueba la resistencia de sus sistemas políticos y económicos.

            El caso quizá más preocupante puede ser India, destinada a convertirse en pocos años en la nación más poblada del planeta. Si fuera cierto—los científicos no lo confirman—que las altas temperaturas y la humedad previenen el contagio, y que los jóvenes se ven afectados en menor medida que los mayores de 60 años, podrá evitarse una catástrofe mayor. Pero el caos provocado por el gobierno al ordenar el 24 de marzo el confinamiento de 1.300 millones de personas—anuncio hecho por el primer ministro, Narendra Modi, a las 8 de la tarde para entrar en vigor a medianoche, es decir, sólo cuatro horas más tarde—puede convertirse en causa, por el contrario, de su rápida propagación al haber provocado la inmediata movilización de decenas de millones de indios en búsqueda de una (más que relativa) seguridad, regresando a sus pueblos y aldeas. La debilidad del sistema de salud, la falta de medios de protección, o la práctica imposibilidad del distanciamiento social hacen prever un panorama nada halagüeño. Sea cual sea el crecimiento de su PIB en 2020—algunas estimaciones hablan del uno por cien—, se tratará en cualquier caso de la peor cifra en más de 40 años; un enorme hachazo a sus posibilidades de desarrollo y a sus ambiciones como gran potencia             Si a India se suman las consecuencias del contagio en África, que empieza a entrar en la fase pandémica, y en los grandes países latinoamericanos, Brasil en particular, los análisis de prospectiva realizados en los últimos años irán a parar a un cajón. El coronavirus ha acelerado la historia, marcando un nuevo punto de inflexión. Aunque la redistribución de poder internacional seguirá su curso, también se impone con mayor fuerza el imperativo moral—y de seguridad—de gestionar de manera coordinada y global el impacto de este cisne negro que puede arrastrar al mundo menos desarrollado y, con él, a los demás.

Pandemia e intereses nacionales, señales de alarma

Los intereses nacionales existen y todas les estructuras e instituciones están adaptadas a esta realidad por más que aparición de instituciones supranacionales tras las II Guerra Mundial hayan creado una imagen atenuada y potenciado la ilusión de que estos intereses nacionales perdían fuerza por compromisos de solidaridad o colaboración entre naciones. Estos compromisos son, y lo seguirán siendo porque no puede ser de otra forma, acuerdos sobre la base de estos intereses nacionales.

Los intereses nacionales de cada país vienen determinados por la geografía y la economía que determinan los accesos a los recursos, la historia de cada país, la demografía y la composición de la sociedad que dibujan parámetros que se mantienen a lo largo del tiempo. Luego están los gobiernos y los regímenes que interpretan esos intereses y cómo deben ser alcanzados o defendidos. Y ahí entra la pugna de legitimidades. Cuanto más democrático y controlado es el poder más garantías existen de que esos intereses son gestionados con proporcionalidad. Lo contrario está en el origen de las guerras.

La pandemia está realzando el aumento de la cotización de esos intereses por encima de los acuerdos de convivencia y esa es mala señal. A caballo de la crisis sanitaria no debe engordarse el egoísmo nacional con el miedo, la incertidumbre y las emociones a flor de piel. Esto está en la base de la guerra comercial en el mercado de los suministros sanitarios de que hablamos en esta edición y en la que han aparecido iniciativas cercanas a la piratería institucional. Ese es otro de los grandes riesgos de la actual situación mundial.