Crisis en Uzbekistán, Rusia a la expectativa

La república centro asiática (ex soviética) de Uzbekistán está viviendo una situación de crisis sin precedentes desde que proclamó su independencia. El proyecto del presidente Shavkat Mirziyoyev de cambiar el estatus de la región de Karakalpakistán anulando la consideración de región soberana y con derecho a la autodeterminación que se recoge en la Constitución uzbeka, ha encendido los ánimos y encendido una ola de disturbios que han causado ya una veintena de muertos.

Karakalpakistán es una extensa región que ocupa cerca del 40 por ciento del país, sus habitantes hablan un idioma propio y son muy celosos de su identidad, muy próxima a la del cercano Kazajistán sociedad con la que tienen lazos familiares.

Rusia, país que ha mantenido una importante influencia en el país, cuyo papel en el cercano Afganistán es discreto pero importante, observa con atención la evolución de la crisis aunque su situación en la guerra de Ucrania no le permite de momento ir más allá de manifestar preocupación.

Ante la crisis, la Unión Europea ha señalado al gobierno uzbeko que debe afrontar la situación conteniendo la fuerza y respetando los derechos humanos mientras, por su parte, el Kremlin ha ignorado las motivaciones políticas que se puedan esconder tras las protestas al norte del país, y ha dejado claro este lunes que los disturbios mortales que han estallado en la región de Karakalpakistán de Uzbekistán son un “asunto interno”. En declaraciones a los periodistas, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, ha asegurado que Rusia considera a Uzbekistán un «país amigo» y no tiene dudas de que su liderazgo trabajará para resolver el problema. De hecho, el presidente uzbeko ha congelado el proyecto y prometido diálogo para bajar la tensión.

Para Rusia, mantener la influencia en Uzbekistán, una región en la que progresivamente avanza China y en la que Moscú mantiene fuerzs militares es fundamental y por eso tutela los servicios de seguridad de la mayoría de los países de la región pero esta crisis ha aparecido en un mal momento para Rusia.

Rusia, agresora; China, la amenaza global

La cumbre del G-7, los países más desarrollados del planeta, celebrada en Alemania bajo la sombra de la guerra en Ucrania, ha tenido sin embargo la mira puesta en China y en cómo está aprovechando el nuevo escenario provocado por la invasión rusa de Ucrania para vender el modelo chino de seguridad internacional, renovar alianzas con los países emergentes y ocupar con serenidad y determinación los espacios vacío que va dejando la actual debilidad rusa y las ausencias occidentales.

Así, al finalizar la reunión EEUU, Francia y Alemania han anunciado que los países integrantes del grupo aportarán 600.000 millones de dólares a un plan de infraestructuras en países de ingresos medios y bajos para contrarrestar el avance de China. De esa cantidad, Washington movilizará 200.000 millones de dólares a través de fondos públicos y privados, a lo largo de los próximos cinco años.

La ofensiva de China tiene varios ejes, entre ellos el reforzamiento de su alianza con el grupo de los BRICS (siglas formadas por los países emergentes Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en cuya reciente cumbre China ha aparecido como el líder alternativo a Estados Unidos. Esta parte de la estrategia China es analizada en esta edición por el profesor Fernando Delage. Además Pekín desarrolla una ofensiva política y comercial en todo el continente africano vendiendo un concepto de seguridad global que pasa por las acusaciones a Occidente y la justificación con leves críticas a la agresión rusa en Ucrania.

Pero, demás, China sigue dando pasos en el Pacífico para estrechar lazos, además de con sus aliados tradicionales, con las mini naciones insulares sobre las que intenta montar una red de apoyos estratégicos que contrapesen en lo que puedan la alianza entre EEUU, Reino Unido y Australia.

Expertos australianas que llevan tiempo estudiando este proceso, explican que no es algo nuevo y que China lleva cultivando sus relaciones diplomáticas con los Estados insulares del Pacífico durante décadas. Con algunas de ellas, como los Estados Federados de Micronesia, los lazos se remontan a más de 30 años. Unas negociaciones diplomáticas que se han intensificado desde que algunos Estados insulares, como las Islas Salomón, dieran en 2019 un giro radical alineándose con China.

El cambio en su política exterior se materializó el pasado abril con un pacto de seguridad entre ambas naciones. El controvertido borrador del acuerdo, que salió a la luz a través de una filtración, ha incomodado a Occidente con puntos como la autorización para que China pueda desplegar sus unidades policiales o soldados en el paradisíaco territorio. Ahora, con el tour de Wang Yi por el Pacífico, China avanza un paso más para consolidar su posición en este territorio. Aunque no han trascendido muchos detalles de las reuniones, el ministro ha insistido en el objetivo comercial y de cooperación al desarrollo de sus visitas. “Nos enfocamos en el desarrollo económico y nos preocupamos por la mejora del nivel de vida de las personas”, declaró en un artículo publicado por el periódico estatal chino ‘Global Times’.

China se ha visto hasta cierto punto sorprendida porque considera que Estados Unidos pasa por una situación de creciente debilidad y calculaba que esto iba a aumentar con la crisis europea y no esperaba que Occidente ratificara y se mantuviera firme en sus denuncias de China como creciente amenaza global y reforzaran sus posiciones militares y diplomáticas en el Indo Pacífico. Y de ahí su apoyo ambiguo a Rusia y su ofensiva en todo el planeta.

China e India, gestos de mediación y negocios con  Rusia

China e India han hecho  gestos de querer bajar la tensión e incluso de postularse como mediadores para un proceso de negociaciones para un alto el fuego mientras, a nivel interno, justifican la agresión rusa y hacen buenos negocios con Moscú que están permitiendo aliviar el impacto de las sanciones occidentales y ofreciendo a Rusia cierto margen para financiar una guerra que cada vez es más cara para Moscú y puede comenzar a crearle problemas graves.

Aunque China no puede reemplazar a Europa en su adquisición de gas y recursos energéticos rusos, Pekín ha ido sustituyendo en los últimos meses a Qatar y Arabia Saudí como suministradores de gas para comprar gas ruso y dar salida a los recortes europeos. Según expertos en el mercado de la energía, el Kremlin ofreció descuentos a Pekín en sus precios por petróleo y gas, lo que le permitió encontrar un mercado para los suministros que no podía vender a raíz de las sanciones económicas por la guerra iniciada por Moscú.

Los mismos expertos subrayan que Rusia también acudió a India con el resultado de que antes de la invasión, un 1% de las exportaciones rusas de petróleo estaban destinadas al gigante asiático, mientras que en mayo, estas ya habían aumentado un 18%.

Así, India y China están suponiendo en la práctica el alargamiento del conflicto y la atenuación de los fracasos militares rusos y con ello, la merma de incentivos para unas conversaciones de paz en las que chinos e indios quieren ser mediadores, aunque no sean tan neutrales como pretenden.

China-Taiwán, provocación permanente

China ha vuelto a anunciar formalmente, por enésima vez, que si Taiwán decide convertir su actual estatus político en una situación de independencia oficial, no dudará en intervenir militarmente en la isla para “garantizar la unidad nacional”.

Taiwán y su actual realidad política nacieron de la guerra civil china de la posguerra mundial que concluyó con la victoria de los comunistas de Mao Zedong y el refugio en la isla de los restos del régimen, que pasó de democrático a autoritario, de Chian Kai Shek. Desde entonces, ambos gobiernos han insistido en presentarse como representantes del pueblo chino y aspirantes a la unidad nacional desde sus respetivos valores. Andando el tiempo, Taiwán se ha convertido es una democracia  ejemplar mientras la China continental ha vivido el terror y la criminalidad revolucionaria y también un progreso material sin derechos humanos ni sociales.

Es verdad que en Taiwán han aparecido fuerzas que creen que es el momento de abandonar la idea de unificar China en un sistema democrático y convertirse en una república oficialmente independiente que han llegado al gobierno pero no hay indicios de que estén avanzando hacia una situación de independencia más allá de algunas manifestaciones verbales.

Entonces, ¿a qué se debe la reiteración de la amenaza china ahora, unida a la presión desde hace meses de las fuerzas aeronavales chinas del espacio aéreo taiwanés?

Esto puede deberse a varios factores. Uno es una cierta ralentización del crecimiento económico chino que trata de envolverse en un discurso nacionalista. Otro es que China ve en el conflicto de Europa una brecha en Occidente y, a la vez, que se refuerzan los lazos entre Reino Unido, EEUU y Australia para hacer frente a la amenaza china. China quiere recordar que la región del Indo Pacífico es su prioridad estratégica aunque no la única, y cree que Occidente es meno sólido en su cohesión interna de lo que parece, y un tercero es que EEUU ha subrayado su decisión de defender Taiwán ante cualquier amenaza china.

China sigue haciendo de su política exterior un ejemplo de ambigüedad calculada y peligrosa. Amenazante en su entorno y comprensiva de causa rusa en Ucrania mientas clama por un acuerdo que no aumente la inestabilidad en Europa y estropee los intereses comerciales chinos.

A la vez, Estados Unidos no se ha visto tan distraído por la invasión rusa de Ucrania como para no aumentar la alarma en el Pacífico, el rearme y la creciente amenaza china, un escenario en el que la Unión Europea va a tener que pensar aunque ahora no sea el mejor momento.

 

India crece como mediador para Kiev

Conforme la invasión rusa de Ucrania se convierte en una guerra de posiciones  en la que comienza a dibujarse un escenario en el que nadie saldrá vencedor y esta situación va a mantenerse durante meses, Moscú y Kiev se hacen a la idea de que se impone algún tipo de alto el fuego durante el que se negocien cesiones en las expectativas de ambos bandos.

Y en ese marco, por ahora hipotético, crece en Ucrania la confianza en que India puede jugar un papel importante. Ucrania sabe que va a ser muy difícil hacer retroceder a las tropas rusas a sus posiciones de antes de febrero y, aunque se queja de algunas presiones occidentales para que asuman algunas pérdidas territoriales, comienza a considerar en serio esta posibilidad mientras su propaganda lo niega y sus tropas intentan en condiciones difíciles llegar a esta negociación con la mayor contención posible del invasor.

India es un país con viejas relaciones con Rusia, aunque sus disputas territoriales con China y Pakistán la están empujando desde hace años a un acercamiento a Estados Unidos y a Australia. India tiene una capacidad industrial y militar no desdeñable y, además, no tiene las ambiciones estratégicas de China que le resta credibilidad como mediador, aunque a Pekín le interese un acuerdo.

Ya hay contactos exploratorios entre Ucrania e India y entre India y Rusia con el conflicto ucraniano sobre la mesa, lo que une este proceso a los esfuerzos del otro gran mediador, Turquía, al que su pertenencia a la OTAN, sus relaciones tanto con Rusia como con Ucrania y su situación geoestratégica en el Mar Negro y en el Mediterráneo oriental otorgan muchos puntos para mediar, aunque hasta ahora sus esfuerzos han sido limitados

¿Negociaciones indirectas?

La invasión rusa se estanca en Ucrania. Tras los fracasos rusos en Kiev, Jarkov y Odessa en su intento de acabar rápidamente con el gobierno ucraniano y obtener una rendición fulminante,  Moscú ha decidido hacer un replanteamiento estratégico consolidando sus posiciones, ya preexistentes políticamente, y desde ahí avanzar posición a posición hasta conseguir dominar toda la zona de la cuenca del Donetsk, conectarla con Crimea y, si no tomarla, sí mantenerse en una situación susceptible de bloquear la ciudad de Odessa y su puerto.

En ese escenario, los aliados occidentales están presionando, discreta pero firmemente, a todos los países que puedan ejercer influencia en Moscú para propiciar un auténtico proceso de negociaciones que permita a Rusia salir airosa de su derrota estratégica con pocas concesiones, a Ucrania reducir sus daños con algún pacto sobre las regiones prorrusas y a la economía mundial obtener un respiro. Y los principales países para presionar en esa dirección son Turquía en Occidente y China e India en el Indo Pacífico.

Ni China ni India han condenado directamente la agresión rusa aunque sí han marcado cierta distancia exigiendo un “alto el fuego inmediato”, obviamente sin ningún resultado. Pero las crecientes dificultades rusas tanto en Ucrania como en la propia Rusia (a pesar de los avances militares de los últimos días) pueden estar creando una situación más propicia a algún tipo de acuerdo porque cada vez parece más evidente que ni Rusia ni Ucrania van a lograr a corto plazo una victoria clara sobre el terreno y  Ucrania, para mantener su resistencia va a necesitar cada vez más ayuda, costosa ayuda, occidental.

Para China, con más dificultades económicas de lo que su propaganda reconoce, es vital lograr una normalidad y estabilidad que le permita profundizar sus negocios con una Europa que puede verse abogada a una crisis económica de grades proporciones. Para India puede significar su mediación un salto en su protagonismo regional, en el que mira de reojo y con recelo a China, y una potenciación de su influencia en en países que no acaban de fiarse de China.

Biden: Una visita y un aviso

Con la visita del presidente Biden al oriente asiático, la Administración de EEUU ha emitido a China un aviso claro de que, aunque Rusia haya ratificado su carácter de mayor amenaza a la estabilidad internacional, no se ha bajado la alerta ante China, sus movimientos expansionistas económico militares y sus amenazas a la China democrática, es decir, Taiwán. De esto se ocupan esta semana nuestros colaboradores Fernando Delage y Nieves Pérez.

Como hemos venido diciendo, la invasión a Ucrania y las agresiones rusas han sacudido todos los escenarios estratégicos del planeta y eso está produciendo realineaciones y fortalecimiento de lazos antiguos producidos por la incertidumbre.

China está también descolocada con la aventura rusa, que ha trastocado sus planes, y está haciendo equilibrios imposibles para mostrar a la vez apoyo a Rusia y gestos de buscar un acuerdo de paz en Europa sin resultados aparentes. Además, China pasa por crecientes dificultades económicas por su política anti COVID y eso obliga a Pekín a extremar la prudencia en sus decisiones.

Y ahora aparece un elemento añadido que puede introducir cambios en el escenario regional: la victoria del centro izquierda en las elecciones australianas tras diez años de gobierno conservador. La que era oposición australiana hasta ahora venía defendiendo una actitud algo más blanda hacia China y su victoria pone interrogantes sobre el estrechamiento militar industrial entre Australia, EEUU y Reino Unido precisamente referido a la creciente amenaza china y a la necesidad de ser más firme ante sus amenazas.

Ucrania: ¿brecha entre Rusia y China?

En la desesperación de las familias de los resistentes ucranianos rodeados en Azovstal, en Mariupol, sus integrantes, apoyados en el gobierno ucraniano, han hecho un llamamiento a Pekín para que medie ante Moscú y permitan la evacuación de los soldados de la acería cercana al puerto de la ciudad.

Pero, aunque estos soldados están siendo evacuados muy lentamente, no parece que China esté teniendo influencia alguna sobre Moscú y las tropas que han invadido Ucrania y que rodean el reducto donde aún resisten soldados ucranianos.

La calculada ambigüedad china puede darle a Pekín ventajas a medio plazo, pero los intentos del gobierno chino de presentarse como intermediario de un acuerdo de paz sin romper sus mensajes de comprensión a la política agresiva de Vladimir Putin no han aportado nada hasta el momento a pesar de la ilusión que despiertan en algunos ambientes políticos y financieros.

Para Pekín, el principal obstáculo para sus gestiones es el empecinamiento de Putin en no reconocer que sus tropas estás atascadas en Ucrania y que corren riesgos de sufrir una derrota histórica. A este respecto, William Burns, director de la CIA, una agencia que ha demostrado estar muy bien informada de los planes y la evolución interna del gobierno ruso, ha explicado que el conflicto ucraniano ha abierto una brecha entre Pekín y Moscú que puede tener importancia a medio plazo. Burns subraya que Pekín sostiene que el conflicto desatado por Putin daña la reputación internacional de China y, a la vez, introduce el factor que China considera más peligroso para sus intereses estratégicos y que es la incertidumbre y la inestabilidad que arrastra.

La guerra de Ucrania provoca tensiones en todo el planeta y algunas de sus ondas pueden profundizar la transformación de las relaciones estratégicas mas allá de lo previsible.

China, Taiwán y las enseñanzas ucranianas

Como ya hemos señalado varias veces, desde que comenzó la invasión rusa de Ucrania China estudia con suma atención cada acción militar de rusos y ucranianos, cada paso político de Kiev y Moscú, cada reacción de Bruselas y de la Unión Europea y cada iniciativa de Estados Unidos. Para Pekín  y sus ambiciones de someter a la autoridad del gobierno y del Partido Comunista chino la isla de Taiwán, es muy útil analizar tácticas militares, el uso y la eficacia de armas nuevas y de las contramedidas, la gestión de la ciberguerra y las reacciones de la OTAN, su solidez interna y su capacidad de burlar la vigilancia rusa y dotar a los ucranianos de recursos para resistir a las fuerzas de la teórica segunda potencia militar del planeta.

Y lo que China ha venido observando es muy decepcionante. El ejército ruso se ha visto, en cuatro semanas, empantanado frente a un ejército de Ucrania que, aunque muy reforzado desde 2014, es sumamente inferior al ruso. Rusia ha revelado una doctrina militar y un uso de sus fuerzas que no parece haber evolucionado desde la última guerra mundial; con prepotencia, sin capacidad logística suficiente, una centralización de órdenes tan burocrática que ha  impedido reoperar sobre el terreno ante la versatilidad ucraniana y la acción de unidades de infantería menores pero más ágiles, con iniciativa y gran potencia de fuego y, sobre todo un fracaso general en sus  intentos de cegar las comunicaciones ucranianas, sus radares, sus enlaces con las fuerzas en combate y su propaganda en el exterior. Y China sabe que repitiendo esos errores ante la maquinaria militar y económica occidental, aunque el escenario sea diferente, una acción en Taiwán estaría condenada al fracaso.

Por eso, China lleva meses provocando, con incursiones aéreas y marítimas, las aguas y los cielos de Taiwán, porque necesita, además de adiestrar a las fuerzas propias, medir la capacidad de detección de los radares taiwaneses y aliados en el escenario teórico de un conflicto que la Inteligencia de Estados Unidos sitúa antes de 2027, analizar la rapidez y capacidad de reacción y medir la solidez de las alianzas regionales en el caso de una conflagración regional.

Esto es esencial para China, además de ocupar el espacio político y económico que inevitablemente va a dejar una debilitada Rusia en su fracaso ucraniano, en el oriente que fue parte o esfera de influencia de la Rusia soviética.

Y aquí está el gran reto occidental y más concretamente de Estados Unidos, que además de demostrar superioridad aparente de sus sistemas frente a las capacidades rusas, tiene que analizar también y así se está haciendo, el escenario del Indo Pacífico y el protagonismo chino a la luz de los acontecimientos en Ucrania y Europa.

Ucrania y COVID reducen el margen de maniobra de China

La vuelta de los contagios  del COVID a China, si es que se habían ido, y la guerra de Ucrania están suponiendo un duro revés para China aunque las autoridades de Pekín están intentando matizar los datos.

Según analizan varios expertos en medios de comunicación especializados en Estados Unidos, la actividad fabril se contrajo a un ritmo más pronunciado en abril, en un momento en que los confinamientos generalizados por el COVID-19 redujeron la producción e interrumpieron las cadenas de suministro al bloquearse el funcionamiento normal del puerto de Shanghai, uno de los más importantes y activos del planeta.

El índice oficial de compras (PMI) de manufactura cayó a 47,4 en abril desde 49,5 en marzo, para un segundo mes consecutivo de contracción, dijo la Oficina Nacional de Estadísticas (NBS). La marca de 50 puntos separa la contracción del crecimiento en una base mensual.

Docenas de las principales ciudades de China están en medio de confinamientos totales o parciales, incluido el centro comercial de Shanghai, llevando a más analistas a reducir las previsiones de crecimiento para la segunda economía más grande del mundo.

Este estancamiento que se está produciendo en China, impacta directamente sobre el margen de maniobra de Pekín para aprovechar a su favor la crisis de Ucrania ejerciendo de teórico intermediario para una paz pactada y ocupando el vacío político y económico que podría dejar Rusia y un Occidente embarrado en el frente europeo.

Este dato va a tener importancia en los próximos meses y en la evolución de los acontecimientos ucranianos en los que Rusia, aunque avance, parece tener cada vez mayores dificultades y puede acabar en una grave crisis de estabilidad interna.