Japón continúa avanzando a grandes pasos en la transformación de su política de seguridad. La alianza bilateral con Estados Unidos es su principal activo estratégico, pero los erráticos movimientos de la administración Trump (con su atención puesta en Irán a costa del escenario asiático y con una posición hacia China muy distinta de la de su primer mandato), empujan al gobierno de Sanae Takaichi a reforzar sus propias capacidades y a expandir los pactos de defensa con Estados vecinos. Como resultado de ambos esfuerzos, Japón se está convirtiendo en un nodo central de la seguridad regional.
La propuesta de gasto en defensa para el año fiscal 2027 alcanza los 56.000 millones de dólares, una cifra sin precedente. Además de dotarse de una capacidad de contraataque de largo alcance y plantearse la adquisición de un submarino nuclear, Tokio prestará especial atención a la ciberdefensa, a los sistemas no tripulados y a la inteligencia artificial. En abril de este año se flexibilizaron las normas sobre exportación de armamento (lo que reforzará la industria nacional en el sector y facilitará la interoperabilidad con otros ejércitos) y, en julio, se creó el Consejo Nacional de Inteligencia. De manera paralela, el gobierno ha actualizado el concepto del “Indo-Pacífico Libre y Abierto” y –antes de finales de año– habrá revisado los tres documentos estratégicos de referencia: la Estrategia de Seguridad Nacional, la Estrategia de Defensa Nacional y el Programa de Desarrollo de las Capacidades de Defensa.
Durante los últimos meses se ha profundizado asimismo en la cooperación con terceros, entre los que destacan varios socios del sureste asiático así como India, Australia y Corea del Sur. Si con Filipinas ya se firmó el pasado año un acuerdo de acceso recíproco entre sus fuerzas armadas y este agosto entró en vigor un segundo pacto en materia de logística de defensa, en mayo se concluyó un acuerdo de cooperación con Indonesia. Y en agosto, con el fin de ayudar a extinguir los incendios que se propagaron en la provincia de Kalimantan, Japón envió 350 militares y tres helicópteros en lo que constituyó la primera misión de este tipo en el extranjero de sus Fuerzas de Autodefensa. Yakarta también ha expresado su interés en encargar a Tokio la construcción de ocho fragatas de la clase Mogami. Por otra parte, la armada japonesa realizó a finales de agosto los primeros ejercicios conjuntos con Singapur en aguas cercanas al archipiélago.
Las novedades no acaban en el sureste asiático. También en agosto, el ministro de Defensa de Japón, Shinjiro Koizumi, firmó con su homólogo indio, Rajnath Singh, el primer memorándum bilateral sobre cooperación en seguridad marítima; un documento que contempla el acceso mutuo a sus puertos, iniciativas conjuntas de construcción naval e instalaciones compartidas para la reparación de sus buques. Y con ocasión de las maniobras aéreas conjuntas realizadas a finales de septiembre (Veer Guardian 2026), por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial se desplegaron aviones de combate japoneses en India.
Con Australia no existe un tratado de defensa mutua, pero Canberra y Tokio se tratan como cuasialiados. A los acuerdos ya formalizados en los últimos años se han sumado nuevas propuestas en su cooperación. Entre ellas, el gobierno australiano ha anunciado su intención de adquirir una decena de fragatas Mogami (el acuerdo para las tres primeras ya se había firmado en abril), y Japón podrá realizar pruebas de misiles en en territorio australiano. Durante la última visita a Canberra de Koizumi, el 26 de agosto, se celebró además la primera reunión trilateral con sus colegas de Australia e Indonesia. En mayo, con ocasión del Diálogo de Shangri-La en Singapur, ya se había inaugurado otro formato trilateral: el del ministro de Defensa de Japón con los de Australia y Nueva Zelanda.
Por lo que se refiere a Corea del Sur, tras los intercambios realizados a nivel de sus líderes políticos, Koizumi fue, en junio, el primer ministro de Defensa en visitar oficialmente Seúl desde 2015. Tras un paréntesis de nueve años, se han reanudado por lo demás los simulacros marítimos conjuntos de búsqueda y rescate.
Es así como Japón está respondiendo a la alteración del equilibrio de poder en Asia. El ascenso de China como potencia militar, las amenazas que representan Corea del Norte y Rusia para su seguridad, y la incertidumbre creada por la casa Blanca, están redefiniendo las bases de su estrategia. La dependencia pasiva de Estados Unidos es del todo insuficiente para afrontar un mundo multipolar y fragmentado. La construcción de una red de socios en el Indo-Pacífico amplía sus medios de disuasión, a la vez que, pese a Trump, hace de Tokio un socio más indispensable que nunca para Washington.




