Bután: cuando el desarrollo se mide en felicidad. Cristina García.

Cristina García. Redactora de Contenidos Digitales

Durante décadas, el Producto Interior Bruto ha sido una de las principales referencias para medir el progreso de los países. Bután decidió ampliar esa mirada: junto al crecimiento económico, situó en el centro del desarrollo el bienestar de las personas, la protección del medioambiente, la cultura y el buen gobierno.

¿Qué significa que un país progrese? La respuesta habitual suele expresarse en cifras: cuánto produce su economía, cuánto crece cada año o cuál es la renta de sus habitantes. Bután, un pequeño reino situado entre India y China, convirtió esa pregunta en el punto de partida de una concepción diferente del desarrollo.

La respuesta butanesa se conoce como Felicidad Nacional Bruta (FNB) —Gross National Happiness (GNH), en inglés—. Su planteamiento parte de una premisa fundamental: el crecimiento económico es necesario, pero no basta por sí solo para determinar el bienestar de una sociedad.

Esta filosofía se ha convertido en uno de los rasgos más reconocibles de Bután y en un sistema que incorpora dimensiones sociales, culturales, ambientales e institucionales a la evaluación del progreso del país.

Más allá del Producto Interior Bruto

La FNB suele asociarse al cuarto rey de Bután, Jigme Singye Wangchuck, cuyo reinado consolidó la idea de que el desarrollo debía orientarse hacia la creación de condiciones que favorecieran el bienestar de la población y no únicamente hacia el aumento de la producción económica.

Con el tiempo, esta concepción se estructuró alrededor de cuatro grandes pilares: el desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo, la conservación del medioambiente, la preservación y promoción de la cultura y el buen gobierno.

La diferencia con los indicadores económicos tradicionales no consiste, por tanto, en rechazar la importancia de la prosperidad material. El nivel de vida forma parte del propio modelo. Lo que cambia es la perspectiva: la economía se considera una dimensión del bienestar, no su única medida.

De esta manera, cuestiones como la salud, la educación, las relaciones comunitarias, el tiempo disponible, la cultura o la calidad del entorno adquieren también un papel en la evaluación del desarrollo.

¿Se puede medir la felicidad?

La palabra «felicidad» puede sugerir algo difícil de cuantificar. Sin embargo, el sistema desarrollado por Bután intenta precisamente transformar ese concepto en una herramienta de análisis.

El Índice de Felicidad Nacional Bruta se estructura en nueve ámbitos y 33 indicadores. Los ámbitos abarcan el bienestar psicológico, la salud, la educación, el uso del tiempo, la diversidad y resiliencia cultural, el buen gobierno, la vitalidad de la comunidad, la diversidad y resiliencia ecológica y el nivel de vida (Centre for Bhutan & GNH Studies).

Las encuestas nacionales permiten estudiar hasta qué punto la población alcanza niveles considerados suficientes en estas distintas dimensiones y detectar diferencias entre grupos sociales, territorios o entornos rurales y urbanos.

Los resultados sirven, además, para identificar aquellos ámbitos en los que existen mayores carencias y proporcionar información que pueda orientar las políticas públicas. La felicidad deja así de plantearse únicamente como una aspiración individual y pasa a formar parte de una reflexión institucional sobre las condiciones necesarias para vivir bien.

Los datos permiten también observar cómo evoluciona el modelo. Según la encuesta nacional de 2022, el índice de FNB pasó de 0,743 en 2010 a 0,781 en 2022, mientras que la proporción de personas clasificadas como profunda o ampliamente felices aumentó del 40,9 % al 48,1 %. Estas categorías responden a los criterios del propio índice y no equivalen simplemente a preguntar a los ciudadanos si se sienten felices (Centre for Bhutan & GNH Studies, GNH 2022).

Sin embargo, medir el bienestar no significa que todos los desafíos estén resueltos. El propio sistema permite identificar diferencias entre grupos de población y ámbitos en los que todavía existen carencias. La FNB constituye, por tanto, tanto una forma de entender el desarrollo como una herramienta para examinar sus resultados.

De una filosofía nacional a un proyecto de ciudad

La visión butanesa del desarrollo está encontrando una de sus expresiones más ambiciosas en el sur del país: Gelephu Mindfulness City (GMC).

Impulsada por el rey Jigme Khesar Namgyel Wangchuck y establecida mediante Carta Real en febrero de 2024, Gelephu Mindfulness City es una Región Administrativa Especial situada junto a la frontera con el estado indio de Assam.

El proyecto pretende crear un nuevo polo económico capaz de conectar el país con el sur y el sudeste asiático y, al mismo tiempo, trasladar a la planificación urbana algunos de los principios que han definido el modelo butanés.

Su propuesta combina actividad económica, innovación y nuevas infraestructuras con sostenibilidad, naturaleza, identidad cultural y la herencia espiritual budista del país. La intención es que el crecimiento económico no se produzca al margen de estos elementos, sino integrado con ellos.

La propia concepción urbana de Gelephu está inspirada en los nueve ámbitos de la Felicidad Nacional Bruta. El proyecto contempla infraestructuras de transporte y energía, espacios públicos y diferentes sectores económicos vinculados, entre otros ámbitos, a la salud y el bienestar, la educación, las tecnologías verdes, la agricultura y la energía (Gelephu Mindfulness City; Bjarke Ingels Group).

Pero Gelephu representa también un desafío para el modelo butanés: demostrar que es posible atraer inversión, desarrollar nuevas actividades económicas y ampliar las oportunidades de futuro sin dejar de lado los principios que han guiado su concepción del bienestar.

El proyecto todavía debe demostrar hasta qué punto esa aspiración puede traducirse en una realidad. En ese sentido, Bután plantea una pregunta que trasciende sus fronteras: no solo cuánto puede crecer una economía, sino qué tipo de desarrollo quiere construir una sociedad.

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