Las haenyeo (literalmente, «mujeres del mar») son las emblemáticas buceadoras de la isla de Jeju, en Corea del Sur. Desde hace siglos, se sumergen en apnea, sin la ayuda de botellas de oxígeno, para recolectar abulones, erizos de mar, algas, pulpos y otros recursos marinos, llegando a descender a profundidades hasta 20 metros en algunos casos.
Antes de cada jornada de buceo, las haenyeo elevan plegarias a Jamsugut, la diosa del mar, para pedir protección y una buena captura. Su comunidad se organiza mediante una estricta jerarquía basada en la experiencia, con tres categorías: hagun —principiantes—, junggun —intermedias— y sanggun —veteranas—.
Estas últimas desempeñan un papel esencial en la transmisión de conocimientos. Enseñan a las más jóvenes a interpretar las mareas y las corrientes, a reconocer los lugares donde se encuentran las distintas especies y a calcular el momento preciso en el que deben regresar a la superficie. También transmiten el sumbisori, el característico silbido que las buceadoras emiten al emerger y expulsar el aire acumulado en sus pulmones.
Su actividad no consiste únicamente en recolectar productos marinos. Las haenyeo han desarrollado un profundo conocimiento del ecosistema de Jeju y unas prácticas comunitarias orientadas a protegerlo. Respetan las temporadas de reproducción, evitan capturar ejemplares demasiado pequeños y gestionan colectivamente las zonas de pesca para impedir la sobreexplotación de los recursos.
Durante décadas, fueron además el principal sustento económico de numerosos hogares de la isla. Su trabajo alteró los papeles familiares y sociales tradicionales, al otorgar a las mujeres una autonomía económica poco habitual en la sociedad coreana de la época. En muchas familias, los hombres asumían una parte importante de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos mientras ellas trabajaban en el mar.
Un legado en peligro
Esta tradición recibió reconocimiento internacional en 2016, cuando la cultura de las haenyeo fue inscrita en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de UNESCO. En 2023, su sistema de pesca fue reconocido también por FAO como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial.
Sin embargo, estos reconocimientos no garantizan su continuidad. El principal desafío es el relevo generacional: la gran mayoría de las buceadoras supera los 60 años y su número ha disminuido considerablemente durante las últimas décadas.
La industrialización de Corea del Sur, las nuevas oportunidades educativas y profesionales para las mujeres jóvenes y la dureza física de este oficio han reducido el interés por continuar la tradición. A ello se añade el deterioro del ecosistema marino, que afecta a la disponibilidad de algunas especies y hace que el trabajo resulte todavía más exigente.
Para preservar este patrimonio vivo, el Gobierno de la provincia de Jeju y la Asociación de Haenyeo han puesto en marcha escuelas especializadas, programas educativos y distintas iniciativas destinadas a atraer a nuevas generaciones de buceadoras.
Pero garantizar su futuro exige algo más que enseñar a sumergirse o a contener la respiración. Supone transmitir una forma de comprender el mar, de compartir sus recursos y de organizar una comunidad. Mientras el sumbisori continúe escuchándose frente a las costas de Jeju, las mujeres del mar seguirán manteniendo vivo uno de los legados culturales más singulares de Corea del Sur.




