Afganistán-Pakistán: vuelve la guerra

Vuelve la tensión a la frontera entre Afganistán y Pakistán tras dos meses de alto el fuego técnico logrado en gran parte por la mediación de China. Las agencias internacionales de noticias han informado de que, en los últimos días, cazas paquistaníes bombardearon varios puntos de las provincias afganas de Kunar y Paktika, junto a la frontera común.

El Gobierno de Pakistán sostiene que murieron 28 milicianos. Las autoridades talibanes aseguran que las víctimas fueron civiles, y la misión de la ONU en Afganistán confirmó al menos tres muertos y cuatro heridos. Según las mismas fuentes, La ofensiva llega tras dos ataques contra las fuerzas de seguridad paquistaníes. El viernes 18, un suicida se inmoló en una mezquita dentro de un complejo policial en Kohat, y ocho hombres armados irrumpieron después en las oficinas. El enfrentamiento duró 20 horas y, según las autoridades paquistaníes, dejó al menos 21 muertos, la mayoría policías, y más de 100 heridos.

El conflicto dura desde la primera llegada de los talibán y su secuela de terror gubernamental al poder en Kabul. La amplia base de apoyo que el grupo tenía, y tiene, entre la población pastún, etnia que se extiende pos amplias zonas de ambos países, ha creado redes de apoyo a los talibán en las dos sociedades con la diferencia de que los pakistaníes aliados de Kabul, que cuentan con el apoyo de ministros de origen pakistaní en el gobierno afgano aparecen como más radicales que sus correligionrios afganos. Hay grupos terroristas que operan en Pakistán bajo la bandera talibán entre los que la organización más activa es el Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP.

En este momento, un aumento de la actividad terrorista en Pakistán altera especialmente al gobierno de Islamabad. Pakistán lleva meses esforzándose en aparecer como una potencia regional que quiere jugar un papel importante como mediadora entre Irán y Estados Unidos, aliada de China con proyectos de desarrollo común y estrechando sus largas, y muy complicadas, relaciones con Washington. Pero es China, sobre el terreno, quien más se juega en la reactivación de una guerra que Pekín quiere parar y así lo ha intentado, para mantener toda la estabilidad posible en una región donde juegan sus inversiones en Pakistán e Irán.

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