INTERREGNUM: China y la guerra en Irán. Fernando Delage

La guerra de Irán no es un conflicto limitado a Oriente Próximo. Como ya hizo antes en Venezuela, la administración Trump pretende agravar la vulnerabilidad económica de la República Popular China al restringir su acceso a recursos energéticos, y frenar la creciente proyección global de Pekín al debilitar a sus principales socios diplomáticos. La agresión contra Teherán ciertamente pone a prueba la estrategia de las autoridades chinas con respecto a esta parte del mundo, pero mientras Washington actúa como si aún siguiéramos en el mundo de las conquistas territoriales del siglo XIX, China observa con relativa calma cómo la crisis parece escapar al control de Estados Unidos y prefiere mantenerse centrada en la competición global a largo plazo —fundamentalmente tecnológica— entre ambas potencias.

Como los ataques terroristas de Hamás contra Israel, la guerra en Gaza, la caída del régimen de los Assad en Siria, o el ataque del pasado junio a Irán, el nuevo conflicto ha hecho evidente una vez más el desequilibrio entre la notable presencia económica china y su reducido papel en la seguridad regional. Si alguien pensaba que Pekín podía intervenir en apoyo de Irán, desconocía su rechazo a implicarse en operaciones en las que nada tiene que ganar. China nunca ha pretendido, por lo demás, sustituir a Estados Unidos en una zona que no es la más prioritaria para sus intereses. Su juego de preferencia es económico y diplomático, aunque en ninguno de dichos frentes ha dejado de verse afectada por la situación.

Los vínculos entre Pekín y Teherán son innegables, pero mucho más importantes para el segundo que para el primero. Para Irán, la República Popular ha sido su principal socio, y el que le ayudaba a frenar los esfuerzos de Estados Unidos dirigidos a aislarlo. En 2025, China compró más del 80 por cien del petróleo iraní (aunque sólo representa el 13,5 por cien de sus importaciones de hidrocarburos), y en años recientes mejoró su estatus diplomático al facilitar su incorporación a la Organización de Cooperación de Shanghai y a los BRICS Plus. Para Pekín, además de suministrador de recursos petrolíferos, Irán ha sido —por su posición estratégica—un factor clave para el desarrollo de la Iniciativa de la Ruta de la Seda y un espacio vital de interconexión entre Asia y Europa.

China tiene, no obstante, más socios en la región, incluyendo Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, países con los que durante los últimos tiempos ha extendido las relaciones en todos los campos. El destino del actual régimen iraní le preocupa al gobierno chino menos que la escalada regional de la guerra y el bloqueo del estrecho de Hormuz, a través del cual recibe algo más de la mitad del petróleo que necesita su economía. Aunque puede diversificar sus fuentes de suministro (lo que beneficiará a Rusia), dejará de recibir petróleo al precio de descuento que consiguió de Irán, lo que afectará a los ya estrechos márgenes de su industria. Un entorno volátil perjudicará igualmente a sus inversiones y trabajadores en la región.

Si la estabilidad de Oriente Próximo es, por tanto, un imperativo para los intereses chinos, también lo es evitar una confrontación directa con Estados Unidos. El ataque de este último a Irán, como antes en Venezuela, ha revelado la capacidad de Washington para intervenir en cualquier punto del planeta, y para presionar a China al intentar controlar el mercado internacional de la energía. Pekín no quiere obstaculizar, sin embargo, la preparación de la visita del presidente norteamericano, prevista para el 31 de marzo, a la que rodea la expectativa de un acuerdo que permita atenuar las tensiones bilaterales de los últimos ocho años.

La cauta respuesta china no significa indiferencia ni pasividad. Consciente Pekín de que toda crisis regional está ligada a la rivalidad global entre los dos gigantes, la prolongación de la guerra —que absorbería la atención y los recursos de Estados Unidos en Oriente Próximo—, supondrá una mayor libertad de maniobra para la República Popular en Asia oriental.

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