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INTERREGNUM: Del G7 a los BRICS-Plus. Fernando Delage

por: 4ASIA
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Nombrada hasta 28 veces en el comunicado final, China fue uno de los asuntos centrales de discusión en la cumbre del G7 celebrada el mes pasado en Puglia (Italia). El apoyo de Pekín a Moscú en la guerra de Ucrania y su agresiva estrategia económica exterior son dos preocupaciones que comparten las democracias industrializadas, aunque no siempre coincidan en la manera de gestionarlas. Ese frente común lleva a China, por otra parte, a aumentar su presencia económica y diplomática entre los países del Sur Global para evitar su aislamiento.

La ayuda a Moscú se concreta en la compra de petróleo y en el suministro, no de armamento, pero sí de componentes y materiales de doble uso. Las cifras hablan por sí solas: las exportaciones de la República Popular a Rusia aumentaron cerca de un 50 por cien en 2023, año en el que los intercambios económicos bilaterales alcanzaron los 240.000 millones de dólares. Estados Unidos y varios gobiernos europeos han amenazado a Pekín durante los últimos meses con la imposición de nuevas sanciones—que podrían extenderse a su sistema financiero—en el caso de no recortar esa ayuda, una advertencia que reiteró el G7. Dadas las dificultades que atraviesa su economía, es probable que China atienda parcialmente esas exigencias (las ventas a Moscú cayeron, de hecho, en abril y mayo de este año), pero no abandonará en ningún caso la asociación con el Kremlin, un socio necesario para sus ambiciones de reconfiguración del orden global. La ausencia de China de la conferencia de paz que se celebró en Suiza no hizo sino ratificar la opinión mantenida por los líderes occidentales.

El G7 también optó por la confrontación como respuesta a la política industrial y las prácticas comerciales chinas. Obligado a sustituir el sector inmobiliario y el consumo interno por las industrias de alta tecnología como principales motores de crecimiento, Pekín aspira a liderar el mercado mundial de vehículos eléctricos, turbinas eólicas y paneles solares. China está creando así un exceso de capacidad que pone en riesgo la sostenibilidad de los fabricantes de automóviles y de productos renovables en Europa y en Estados Unidos. La articulación de una misma política choca, no obstante, con las diferencias entre los socios transatlánticos y entre los propios miembros de la Unión Europea. El giro a la derecha en el Parlamento Europeo permite prever, con todo, una actitud más dura hacia Pekín (y más cercana a la norteamericana).

Conscientes, por lo demás, de la necesidad de comprometer mayores inversiones en las economías emergentes para contrarrestar el activismo diplomático chino, el G7 invitó a la cumbre a los líderes de India, Brasil y Turquía, y de varios países de Oriente Próximo y de África. Fue un gesto, pero quizá insuficiente, como ilustraron otras dos cumbres apenas seguidas por los medios occidentales: el Foro de Cooperación China-Estados Árabes (CASCF en sus siglas en inglés), y la reunión de ministros de Asuntos Exteriores de los BRICS, la primera tras la expansión acordada el pasado año a nuevos miembros (Arabia Saudí, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Irán).

En Pekín, en efecto, se celebró el 30 de mayo la décima reunión ministerial del CASCF, coincidiendo con el vigésimo aniversario de su creación. En su discurso de bienvenida, el presidente Xi Jinping destacó cómo las relaciones chinas con el mundo árabe han dejado de centrarse en el petróleo para extenderse a las inversiones, las finanzas y la tecnología, además de “servir de modelo—añadió—para la promoción de una correcta gobernanza global”. Los resultados más recientes del Barómetro Árabe refuerzan esa idea, al reflejar una opinión de China más positiva que la de Estados Unidos en la región.

Por su parte, los ministros de Asuntos Exteriores de los BRICS-Plus se reunieron en Nizhny Novgorod (Rusia) el 10 de junio para preparar la cumbre de sus líderes en octubre y comenzar a gestionar la veintena de nuevas candidaturas a la adhesión. Entre ellas, llama la atención la de Turquía, Estado miembro de la OTAN y excandidato a la incorporación a la UE. El número de solicitudes obligará a crear un nuevo tipo de estatus en el grupo, pero lo que no cambia es su papel como instrumento de China, además de representar un porcentaje cada vez mayor de la población y del PIB mundial, con la consiguiente disminución en los datos correspondientes del  G7.  

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