Entradas

THE ASIAN DOOR: Minerales tecnológicos y transición energética, dinámicas de cambio en un mundo en transición. Águeda Parra.

Las grandes potencias son cada vez más conscientes que necesitan desplegar un rol protagonista en las cadenas de valor tecnológico bien desde la parte del diseño, bien desplegando capacidad en manufactura de chips. Aunque cualquiera de estas dos posiciones confiere una importante competitividad estratégica, el acceso a los minerales estratégicos se va a convertir en el elemento indispensable que las potencias innovadoras necesitan asegurar para seguir manteniendo sus ventajas competitivas en las próximas décadas. Podríamos decir que los chips y los minerales tecnológicos representan dos caras de la misma moneda.

En este cambio geopolítico que estamos viviendo, los minerales estratégicos van a acaparar gran parte de la atención, aunque ya lo estaban haciendo hasta ahora. Por una parte, la disrupción de las cadenas de suministro va a propiciar que se desarrolle una nueva tendencia de producir más cerca, lo que va a suponer acabar con el modelo de globalización que ha estado vigente durante las últimas tres décadas.

Por otra parte, la escalada de precios de estos elementos indispensables para la transición energética y la movilidad sostenible es quizás el aspecto más conocido. Sin embargo, el verdadero reto está en las reservas, que se están agotando a pasos acelerados justo cuando la demanda supera en mucho a la oferta. Y, para complicar la ecuación, Rusia y Ucrania figuran entre los países exportadores más importantes de estos minerales.

Es el caso del aluminio, que se utiliza en multitud de industrias porque no emite tóxicos ni olores, y del que se espera un crecimiento de la demanda estimada de hasta catorce veces más a la actual. También catorce veces más crecerá la demanda del níquel, que se utiliza para fabricar acero inoxidable, y de hasta nueve veces más será en el caso del litio, esencial para la fabricación de los chips y las baterías.

Este exceso de demanda previsto hasta 2030 va a atraer el interés hacia aquellos países que concentran un mayor volumen de reservas, o que generan una alta producción de estos minerales. En este caso, América Latina va a volver al foco de atención de las cadenas de suministro, ya que Chile y Argentina concentran una de las mayores reservas de litio del mundo.

Sin embargo, los elevados precios y los bajos niveles de reservas no son los únicos factores que van a afectar al desarrollo de las baterías y al despliegue de tecnologías de emisiones cero. Un tercer eje va a marcar las dinámicas que van a definir la geopolítica de la tecnología en el corto y medio plazo, y no es otro que la invasión rusa de Ucrania.

Después de tres meses de guerra, la invasión de Ucrania se ha convertido en el integrante inesperado del proceso de transición energética, poniendo presión a la línea temporal de objetivos climáticos comprometidos que se habían marcado los países. El aspecto más negativo de la actual coyuntura internacional es que se está prolongando la dependencia del carbón más tiempo del deseado, y esto repercutirá directamente sobre los objetivos de movilidad sostenible.

Sin embargo, en la otra parte de la ecuación, la necesidad de reforzar la seguridad energética está motivando también impactos positivos. El primero de ellos es que las renovables van a vivir una gran época dorada, con una aceleración del despliegue de energía eólica y solar, aunque el fomento de esta energía verde no va a conseguir sustituir la mitad del suministro del gas natural ruso hasta 2030.

Por otra parte, los mercados internacionales no están siendo ajenos a toda esta tensión energética, y el primer efecto de la invasión de Ucrania ha supuesto que se dispare la entrada de capital en fondos de energías renovables, cambiando la tendencia a la baja que existía hasta el momento.

Estos impactos considerados positivos se suman a las iniciativas impulsadas por la Unión Europea de simplificar los procesos de aprobación de premisos para impulsar proyectos de infraestructuras de renovables durante los próximos ocho años. Una ventaja que los países deben aprovechar para impulsar un mayor despliegue de infraestructuras de tecnologías de emisiones cero y conseguir así que la tormenta perfecta de la invasión de Ucrania no suponga que el hito de alcanzar los compromisos climáticos no sea un objetivo inalcanzable.

 

 

THE ASIAN DOOR: El Indo-Pacífico y los chips en un mundo en transición. Águeda Parra

El Indo-Pacífico se ha configurado como el centro de la geopolítica mundial, acaparando una mayor atención en el caso de la geopolítica de la tecnología. El comentario del presidente Biden en su primer viaje por Asia así lo adelantaba, al afirmar que “El futuro de la economía del siglo XXI se escribirá en gran medida en el Indo-Pacífico”, poniendo foco sobre un fenómeno que ya venía desarrollándose hace tiempo pero que la coyuntura internacional actual ha hecho más evidente.

La región es un hub global que se está beneficiando de que el centro de gravedad de la economía mundial se está desplazando hacia el este. Estos países disfrutan además de una importante integración comercial regional, gracias a haber desarrollado el mayor acuerdo de libre comercio del mundo, conocido como RCEP (en sus siglas en inglés), que entró en vigor a principios de este año y con el que los países del Indo-Pacífico aglutinan un volumen mayor de comercio entre sí que el que generan conjuntamente con Estados Unidos y Europa. Ésa es la dimensión.

Desde el punto de vista comercial, el Indo-Pacífico va a plantear el reto geopolítico de incorporar la región como destino en el radar de exportación para seguir manteniendo competitividad internacional, dado su amplio potencial económico y comercial. Las altas tasas de penetración de Internet, y el elevando uso de las redes sociales, medio esencial para realizar un buen posicionamiento de marca, son algunos de los alicientes digitales que ofrece la región. Sin embargo, el principal atractivo reside en la velocidad de crecimiento de la clase media que registra la zona, con una proyección de que genere hasta el 88% de la nueva clase media mundial.

Asimismo, como epicentro de la geopolítica mundial, el indo-Pacífico va a ser testigo de cómo la geopolítica de la tecnología va a reconfigurar las dinámicas de crecimiento globales, poniendo el foco, principalmente, en el potencial de la región en manufactura e innovación de chips.

Los chips están en todos los dispositivos electrónicos, con mayor o menor complejidad, y presentes en todas las industrias. Y la disponibilidad, o más bien, la falta de disponibilidad de chips, que se ha hecho evidente durante la pandemia, ha mostrado el rol central que desempeñan los semiconductores en el desarrollo de la economía digital, así como la gran fragilidad de las cadenas de suministro.

China lleva años invirtiendo para alcanzar la autosuficiencia tecnológica y esto ha supuesto que sobrepasara a Estados Unidos en inversión en chips en 2018, y que haya sido seis veces mayor en 2021. Esto muestra que la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China ya ha entrado en una etapa decisiva.

De ahí, que un buen posicionamiento en las cadenas de valor tecnológico sea la mejor estrategia para construir ventaja competitiva. Por ello, las grandes potencias innovadoras son cada vez más conscientes de que para mantener una importante posición competitiva ya no solamente es suficiente ser referente en innovación, sino que también va a ser necesario adquirir, o mejorar, la capacidad de manufactura de chips.

Entre las potencias innovadoras, Europa ya es plenamente consciente de que solamente con una mayor autosuficiencia tecnológica es posible mantener ventajas competitivas históricas e impulsar la transformación digital. Una rápida adopción del 5G, al ritmo al que se está produciendo en Corea del Sur y China, permitiría a Europa consolidarse como polo tecnológico y hub global, tanto en diseño como en manufactura tecnológica.

 

 

THE ASIAN DOOR: Protagonistas de un mundo en transición. Águeda Parra

Si repasamos los temas más relevantes de estos días, hay tres grandes titulares que protagonizan el impacto de la geopolítica sobre la actualidad internacional. Estamos ante una de las mayores crisis alimentaria de la historia, con un impacto directo en la sociedad mundial, afectando de forma importante a África. En el plano económico, las sanciones internacionales a Rusia son parte de los efectos que se van a prolongar en el tiempo más allá de cuánto dure la guerra, y, como tercer gran titular, la invasión de Ucrania ha generado mayor presión sobre Europa para abordar la seguridad energética ante el desafío de sustituir el suministro de gas ruso.

Todo ello está generando un mundo en transición más rápido de lo esperado, ya que a estos grandes titulares se le van a ir sumando otras dinámicas de cambio que ya venían siendo evidentes hace tiempo, que ya venían pidiendo paso, y que ahora van a acaparar más rápidamente el interés internacional por el efecto de la invasión de Ucrania. Y estos nuevos titulares van a estar más ligados a la geopolítica de la tecnología, que va a ser la gran protagonista de la coyuntura internacional en las próximas dos décadas, y que va a afectar a todas las industrias, independientemente de cuál sea el sector de actividad, porque la tecnología es parte esencial de todos los procesos productivos.

En la geopolítica de la tecnología, como en la geopolítica, hay distintos ejes a tener en cuenta, y que, de forma general, se pueden agrupar en grandes actores protagonistas, regiones que van a captar el interés internacional, y nuevas temáticas que van a marcar el curso de las futuras dinámicas geopolíticas.

En el caso particular de los actores que van a marcar las grandes dinámicas de cambio en las próximas dos décadas, la geopolítica de la tecnología tiene dos claros protagonistas, Estados Unidos y China. La rivalidad por el liderazgo tecnológico entre estos dos grandes titanes va a marcar cómo evolucione la geopolítica en las próximas décadas, pero también impactará sobre la economía mundial. Además, la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China ha entrado en una etapa decisiva. El tercer protagonista va a ser la aportación de Asia y de la Unión Europea, por la gran relevancia global que van a tener estos dos bloques y, en el caso particular de Europa, la cuestión de mayor impacto geopolítico va a estar más centrada en cómo alcanzar la autosuficiencia tecnológica para posicionar a la región como una gran potencia innovadora.

En este punto, hay que destacar que la Cuarta Revolución Industrial apenas está dando sus primeros pasos, y la incorporación de China en su definición, por primera vez en la historia, va a generar nuevas narrativas que van a impactar en los juegos de poder de la geopolítica.

Por tanto, entre los grandes retos que plantea una geopolítica en transición en un mundo en transición está que la Unión Europea aproveche la gran oportunidad de posicionarse como gran potencia innovadora, como actor internacional estratégico. Para conseguirlo, la propuesta es apostar por el talento digital como mejor estrategia para impulsar la economía digital, y para ello, la rápida adopción del 5G es el mejor medio para consolidarse como polo tecnológico y hub global, tanto en diseño como en manufactura tecnológica.

 

THE ASIAN DOOR: Juego de no suma cero para Asia. Águeda Parra

Transcurrido casi un año y medio desde que se iniciara la presidencia de Joe Biden, la agenda asiática pasa a protagonizar el foco de Washington. Los países ASEAN, por un lado, en un encuentro presencial en Washington, y, por otro lado, Corea del Sur y Japón, como destino del primer viaje a Asia del presidente estadounidense, comparten agenda para reforzar lazos y fortalecer compromisos. Encuentro con aliados y socios para impulsar las relaciones antes de presentar oficialmente la nueva iniciativa para la región, el Marco Económico del Indo-Pacífico (Indo-Pacific Economic Framework, IPEF, como se conoce en inglés).

Una estrategia de renovado enfoque Pivot to Asia por parte de la política exterior de Estados Unidos que podría no despertar el entusiasmo esperado. La percepción entre los países asiáticos de la ausencia de Estados Unidos en la región durante la administración Trump, y las tensiones geopolíticas producidas por la invasión rusa de Ucrania, podrían complicar los esfuerzos de Washington por asegurar un mayor compromiso de los países asiáticos frente al lanzamiento de IPEF.

La invasión rusa de Ucrania ha servido de catalizador para aflorar al espacio de la geopolítica mundial la amplia diversidad de visiones geoestratégicas que están presentes en la región del Indo-Pacífico y que, de forma conjunta, están generando una mayor alineación hacia la configuración de un nuevo orden asiático. Las sanciones internacionales impulsadas por la Unión Europea y Estados Unidos han suscitado pasar de compromisos tácitos a un posicionamiento más explícito a nivel mundial, aflorando la configuración polivalente de Asia, en cierta medida inadvertida por la geopolítica global.

El Indo-Pacífico se ha reafirmado como un escenario geopolítico de considerable transformación durante la última década. La iniciativa Pivot to Asia impulsada por Barack Obama en 2012 inició el reequilibrio estratégico para pivotar los intereses estadounidenses desde Oriente Medio hacia una de las regiones que comenzaba a configurarse como el centro de gravedad económico, fortaleciendo así las relaciones económicas y las alianzas de seguridad. Una década después, el presidente Joe Biden renueva el enfoque Pivot to Asia para contrarrestar la influencia que China ha desplegado en la región con el lanzamiento de su emblemática iniciativa de la nueva Ruta de la Seda, además de la rivalidad que plantea para Estados Unidos el desarrollo tecnológico alcanzado por China en este tiempo.

Mismo enfoque pero bajo otras implicaciones geopolíticas temporales, ya que el reposicionamiento impulsado por la invasión rusa de Ucrania está modulando un orden asiático donde sus miembros persiguen hacer prevalecer también sus ambiciones estratégicas.

La elección de Corea del Sur como primera parada del tour del presidente Biden por Asia refleja el interés de Estados Unidos por fortalecer sinergias, poniendo el foco en la asociación de la fortaleza tecnológica de Corea del Sur en manufactura de semiconductores y la hegemonía en el diseño de chips de Estados Unidos. La cooperación en alta tecnología y en la cadena de suministro será una pieza clave del relanzamiento de las relaciones bilaterales, de ahí la visita a la planta de Samsung, la más grande del mundo en manufactura de chips, cuyo expertise se replicará en la nueva fábrica de 17.000 millones de dólares que construirá la compañía surcoreana en Taylor, Texas, con la que Washington busca reducir la dependencia de China de dispositivos electrónicos y fortalecer su supremacía tecnológica.

En la formalización de la renovada alianza estratégica integral, China también figura en la agenda. Sin embargo, Corea del Sur, como el resto de países asiáticos, busca evitar que estrechar lazos económicos y de seguridad con Estados Unidos le conmine a romper los vínculos económicos que mantiene con China en un juego de suma cero. La región ha sido artífice del mayor acuerdo de libre comercio del mundo (RCEP, por sus siglas en inglés), que aúna las aspiraciones de sus miembros de una integración regional económica, superando la incertidumbre creada por la retirada de Estados Unidos de las conversaciones sobre el acuerdo comercial regional TPP (Trans-Pacific Partnership, en inglés).

La futura adhesión de Corea del Sur a la iniciativa IPEF como miembro inaugural para implantar un nuevo esquema de relaciones comerciales y de seguridad en el Indo-Pacífico va a requerir un amplio ejercicio de diplomacia estratégica para que las ambiciones regionales no se vean amenazadas por la intermitente priorización de los asuntos asiáticos en la agenda de Washington. El tono cauto de Corea del Sur busca además integrar al país a los mecanismos de seguridad que Estados Unidos lidera en la región, como el Quad, del que sí participa Japón, próximo destino en la gira de Biden por Asia.

La afirmación de Biden de que el futuro se escribirá en el Indo-Pacífico va a requerir de un rebalanceo de los juegos de poder de la región, integrando las reivindicaciones y ambiciones regionales con los intereses de las potencias occidentales para que estén en sintonía con la arquitectura de poder asiático.

 

 

THE ASIAN DOOR: Tormenta perfecta para las tecnológicas chinas. Águeda Parra

Después de un año desde que el gobierno chino comenzara un intenso período de regulación sobre las compañías de Internet, los mercados dan muestra de cómo las tensiones geopolíticas y un ritmo de crecimiento menor están afectando a las tecnológicas chinas. Y las perspectivas no son muy positivas.

Coincidiendo con el escrutinio del órgano regulador, que comenzó con Didi Chuxing, siguió sobre algunas grandes del e-commerce como Alibaba y Meituan, y terminó con la decisión de eliminar la industria de tutorías privadas online en verano de 2021, el descenso de la actividad de financiación se ha hecho más notable desde la segunda mitad del año pasado. El nivel de incertidumbre generado sobre el futuro de las tecnológicas ha lastrado desde entonces la financiación recaudada, quedando reducida a una quinta parte. La caída en la recaudación ha pasado de los 15.000 millones de dólares en el primer trimestre de 2021 a los 3.510 millones de dólares en el mismo período de este año, según la Academia China de Tecnologías de la Información y la Comunicación (CAICT en sus siglas en inglés).

La cotización de las acciones de los grandes titanes chinos, que comenzaron a caer con la fallida salida a bolsa de Didi Chuxing en la bolsa de Nueva York, no ha conseguido recuperarse desde el colapso que sufrieron hace casi un año. Reflejo de esta situación es la caída en el número de ofertas de financiación realizadas en la industria de Internet en China, que ha descendido un 38,3% interanual, teniendo un mayor impacto sobre el volumen de financiación, que se ha desplomado un 76,7% interanual.

El atractivo que generaba entre los inversores internacionales que las tecnológicas chinas optaran por el parqué de Nueva York para salir a bolsa ha dejado de tener efecto. El escenario ha cambiado, los titanes se enfrentan ahora a una tormenta perfecta en la que confluye un mercado de Internet maduro, un menor crecimiento económico, una creciente tensión geopolítica y escenario en los que empiezan a ser visibles los efectos de las restricciones de la pandemia sobre el consumo.

El panorama no es mejor para las startups en el ámbito de la nueva economía en China, que están viendo reducida la inversión que recibían de fondos en dólares estadounidenses, registrando una caída del 64% anual. La confianza de los inversores hacia las tecnológicas chinas se resiente, no así el ritmo de exportaciones de alta tecnología del gigante asiático, que sigue creciendo a pesar de haber sido el objetivo de la guerra comercial entre Estados Unidos y China desde 2018.

Desde entonces, los efectos de un mayor desgaste en las relaciones comerciales no han impactado de forma similar sobre las exportaciones de alta tecnología que han crecido un 3,4% entre 2018 y 2020, según fuentes oficiales. Un incremento que ha estado impulsado principalmente por las empresas privadas chinas que han sido las grandes protagonistas de las exportaciones de alta tecnología durante la última década, sin que las empresas estatales tengan apenas entidad en las exportaciones, a pesar de que contribuyan con el 30% del PIB de China.

La encrucijada en la que se encuentran las tecnológicas chinas, con un menor apoyo gubernamental y un menor respaldo de los inversores internacionales, plantea una recuperación más lenta de lo esperado de la valoración de las tecnológicas chinas. Cuando las empresas privadas tecnológicas chinas han sido las creadoras de un ecosistema tecnológico único, y un modelo de emprendimiento que ha impulsado la creación de unicornios hasta convertir a China en un polo tecnológico capaz de rivalizar con Estados Unidos, la participación de los titanes tecnológicos parece decisiva para que el gigante asiático siga manteniendo sus aspiraciones de convertirse en líder tecnológico.

 

 

THE ASIAN DOOR: Las Islas Salomón, nuevo eje de la geopolítica en el Pacífico. Águeda Parra

La diplomacia del gasto en infraestructuras impulsada por China en el Pacífico a través de la nueva Ruta de la Seda ha ido generando una nueva dinámica geopolítica en la región que podría amenazar el orden estratégico. Una mayor presencia por parte del gigante asiático en la última década que contrasta con la pérdida de influencia de Estados Unidos sobre una zona donde ha cerrado embajadas, consulados, y reducido la presencia institucional de oficinas como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés). Ahora, las Islas Salomón se suman al juego de equilibrio geoestratégico incrementando la incertidumbre sobre cuál será la próxima ficha que ponga más presión sobre la región.

Las ambiciones regionales de China se complementan con la acuciante necesidad de desarrollo de infraestructuras que tiene la región, y que está estimada en un gasto anual de 1.700 millones de dólares, según el Banco Asiático de Desarrollo. Bajo la iniciativa china, Pekín potencia el fomento de las relaciones diplomáticas, económicas, financieras y tecnológicas, mientras Washington ha ido paulatinamente perdiendo influencia en estas áreas clave de competencia estratégica. Con la firma del acuerdo de seguridad entre China y las Islas Salomón se abre un nuevo capítulo, el de cooperación en seguridad, que viene a dar respuesta por parte de Pekín a la alianza trilateral militar AUKUS creada por Australia, Estados Unidos y Reino Unido a finales de 2021.

Sin que ninguna de las partes haya dado mayor detalle sobre el alcance del acuerdo, el nuevo aliado de Pekín en el Pacífico, a poco más de 1.700 kilómetros de distancia de la costa australiana, se suma a otras islas de la zona con las que China ha alcanzado acuerdos de cooperación, como Fiji y Tonga. La ayuda enviada por China a Tonga tras la erupción del volcán a finales de 2021 muestra el grado de compromiso del gigante asiático con la región, y que ya se pudo apreciar tras la celebración de la primera reunión de ministros de Asuntos Exteriores de China y el Pacífico celebrada el pasado mes de octubre. Un primer encuentro para ahondar en las causas comunes, como el cambio climático y el desarrollo regional a través de la creación de un Centro de Cooperación para el Cambio Climático entre China y el Pacífico, y un Centro de Cooperación para el Desarrollo y la Reducción de la Pobreza, que marcan el tono de una nueva dinámica de relaciones entre Pekín y las islas del Pacífico.

La intensificación de la diplomacia china en el Pacífico busca también marginalizar a los aliados diplomáticos de Taiwán, reduciendo el número de apoyos en la región a solamente las Islas Marshall, Nauru, Palaos y Tuvalu. De ahí que se esté intensificando la presión para que la administración Biden negocie la extensión de los tratados que Estados Unidos mantiene con Micronesia, Palaos y las Islas Marshall, que están a punto de expirar, evitando así una nueva reordenación geoestratégica en la región.

El acuerdo, conocido como “The Switch”, marca un punto de inflexión en una región que ha estado dominada tradicionalmente por Estados Unidos y Australia, y donde la llegada de presencia militar china podría llegar a bloquear las rutas marítimas entre Estados Unidos y Australia, con la vista puesta en el pacto defensivo AUKUS. De hecho, según el acuerdo firmado, las Islas Salomón podrían solicitar a China el envío de policía armada y presencia militar para mantener el orden social, y proteger a los ciudadanos y sus propiedades. De modo que, las implicaciones reales en materia de seguridad suponen situar a las Islas Salomón como eje sobre el que van a pivotar las decisiones geoestratégicas en el Pacífico entre Estados Unidos, China y Australia.

Un pequeño conjunto de islas situadas en un espacio geoestratégico que atesora su propio capítulo de batallas durante la Segunda Guerra Mundial y que vuelven a la escena geopolítica generando movimientos en el juego de equilibrio de alianzas en el Pacífico. El primero de ellos, el anuncio de la reapertura de la embajada de Estados Unidos, cerrada desde 1993. Un signo más de cómo el ritmo de la geopolítica pone énfasis en el Pacífico.

 

THE ASIAN DOOR: Global Gateway, diplomacia activa como game-changer. Águeda Parra

La mayor iniciativa de desarrollo de infraestructuras mundial liderada por China, la nueva Ruta de la Seda, se ha convertido con el tiempo en uno de los instrumentos de diplomacia más importantes desplegado por un país. La inversión inicial de un billón de dólares ha posibilitado que la iniciativa china se haya convertido en un estratégico game-changer en el esquema de conexiones que conecta Oriente con Occidente, abarcando una amplia zona que se extiende por el Indo-Pacífico, pasa por África y enlaza con América Latina. Ante esta redefinición de escenario, ¿queda espacio para que otros agentes globales puedan contrarrestar una diplomacia que China lleva desplegando desde hace una década?

Desde que China lanzara la iniciativa, también conocida como la Franja y la Ruta, en 2013, las cadenas de suministro globales han experimentado una importante década de cambios. Las infraestructuras desplegadas y operativas bajo el esquema de la iniciativa china están modificando el esquema de conexiones, mientras que los países que participan de la Ruta se han incorporado como nuevos agentes en todo el proceso. China ha desplegado infraestructuras e incrementado diplomacia fomentando un modelo de game-changer que ha facilitado, asimismo, el desarrollo económico y una mayor integración regional en los países receptores.

Una década de diplomacia en gasto en infraestructuras por parte de China que ha motivado que Estados Unidos y la Unión Europea hayan puesto en marcha sus propias iniciativas. Para Global Gateway, como se conoce a la iniciativa europea, contrarrestar la influencia generada por China y conseguir que el gasto en infraestructuras se convierta en una herramienta de éxito capaz de posicionar a la Unión Europa como actor global tiene una correlación directa con la visión estratégica en la selección de proyectos emblemáticos. Responder a la inmensa demanda de infraestructuras y satisfacer las necesidades de conexión digital que tienen los países en desarrollo, evitando el solapamiento de iniciativas, son objetivos cruciales que deben guiar la misión del gran proyecto europeo.

Global Gateway está orientada a abordar tres grandes ejes de actuación prioritarios. La inversión en digitalización figura como primera prioridad, contemplando el fomento de la conectividad digital como herramienta de desarrollo tecnológico y como eje del desarrollo de redes e infraestructuras que suponga priorizar la incorporación de las nuevas tecnologías para reducir la brecha digital global. Entre los beneficios más directos para la Unión Europea, desplegar un nuevo esquema de redes de transporte implementado bajo el prisma de desarrollo de infraestructuras sostenibles supondrá la mejora de la conectividad, pero también significará el fomento de la exportación de estándares, estándares europeos que acompañarán a los proyectos desplegados bajo el marco de una normativa europea.

La financiación de proyectos Global Gateway podría convertirse, asimismo, en el instrumento que aportara dinamismo a la capacidad industrial de los países miembro, impulsando la generación de campeonas europeas compitiendo en los mercados internacionales. Mantener las ventajas competitivas actuales de las empresas europeas en un escenario geopolítico de continuo cambio requiere abogar por preservar la presencia de estándares europeos como parte del alto valor dentro de las cadenas de suministro globales.

Un segundo eje de actuación de Global Gateway es la financiación de proyectos de acción climática, con la que la iniciativa europea tiene la oportunidad de convertirse en el socio que otros países necesitan para alcanzar sus agendas de desarrollo sostenible. La Unión Europea busca así incrementar su rol en la acción mundial desplegando una cooperación global de transición energética.

En tercer lugar, Global Gateway ambiciona favorecer el fortalecimiento de los sistemas de salud, buscando diversificar las cadenas de suministro farmacéutico mediante la construcción de capacidades que permitan desarrollar manufactura y generar distribución propia, propiciando avances en la tecnología de la salud. Finalmente, la iniciativa contempla convertirse en una plataforma de inversión en educación y formación, además de fomentar el crecimiento sostenible.

Global Gateway movilizará 300.000 millones de dólares entre 2021-2027 y aglutinará recursos públicos y privados procedentes del Fondo Europeo para el Desarrollo Sostenible Plus (135.000 millones de euros), del Banco Europeo de Inversiones (25.000 millones de euros), de subvenciones (18.000 millones de euros) y de la aportación de instituciones financieras europeas (145.000 millones de euros).

Aunque todavía no está claro el modelo de gobernanza, el Equipo Europa se encargará de la dirección de la iniciativa y la reformulación de la visión estratégica de la Unión Europea frente a un escenario de geopolítica que plantea numerosos retos en las próximas décadas. La capacidad del Equipo Europa de priorizar una estrategia con amplia visión geopolítica no solamente favorecerá un prometedor despliegue de la diplomacia de la Unión a nivel global, sino que permitirá abrir nuevos y atractivos mercados para las compañías europeas.

 

 

THE ASIAN DOOR: Geopolítica y renovables, el giro inesperado de la invasión de Ucrania. Águeda Parra

Considerada la cumbre del Cambio Climático COP26 como una de las menos ambiciosas en los últimos años, la invasión rusa de Ucrania ha dado en apenas un mes un giro inesperado sobre los objetivos mundiales de acción climática. La recuperación de la economía tras los confinamientos y las restricciones de la pandemia planteaban apenas hace cuatro meses una trayectoria de emisiones que conducían a un calentamiento de 2,4ºC al final de este siglo, considerando el escenario más desfavorable. La situación geopolítica actual plantea, sin embargo, un cambio de escenario de orden global que puede resultar beneficioso para los objetivos climáticos.

La guerra en Ucrania plantea el mayor desafío geopolítico desde la Segunda Guerra Mundial, no solamente para Europa, sino que supone una reordenación en la balanza de poder geopolítica a nivel mundial. La firme determinación de la Unión Europea de reducir su dependencia energética del gas de Rusia, que alcanza el 40%, y asciende al 60% en el caso de Alemania, supone situar el cambio de la estrategia europea sobre seguridad energética como uno de los principales game-changer en el juego de rebalanceo de fuerzas de poder que va a dejar la etapa post-guerra.

La cuenta atrás para alcanzar cero emisiones netas en 2050 comenzó para la Unión Europea en 2021. Por delante, unas tres décadas para alcanzar la descarbonización convirtiendo a las renovables en la pieza central del modelo de seguridad energética de los países europeos. El mismo tiempo que resta para que potencias energéticas como Rusia pierdan su influencia, al ser fuente de una quinta parte de las reservas de gas natural del mundo. De hecho, la reflexión sobre esta paulatina pérdida de influencia geopolítica podría haber acelerado la incursión militar sobre Ucrania.

Mientras un giro inesperado de la geopolítica global impulsa que la Unión Europea intensifique la política de fomento de las renovables, China mantiene su esquema y redobla la atención sobre las energías limpias con la publicación de un plan para desarrollar un sistema energético moderno para 2021-2025 como parte del itinerario marcado por el 14º Plan Quinquenal (2021-2025). De cumplirse los objetivos recientemente publicados, el plan estratégico definido por China podría adelantar hasta en cinco años el pico de emisiones de carbono comprometido para 2030.

El liderazgo de los gobiernos regionales marca la pauta de adecuación a los compromisos climáticos anunciados por China y, a falta de que 12 de los 34 gobiernos regionales comuniquen sus planes de desarrollo, la acción conjunta de los 22 restantes ya contempla el objetivo de agregar más de 600 gigavatios (GW) de capacidad de renovables de forma combinada entre 2021 y 2025. Una cifra que supone más del doble de la capacidad eólica y solar instalada a finales de 2020.

La ambiciosa hoja de ruta que plantea este nuevo plan supondría incrementar la generación de energía a partir de fuentes no fósiles a un 39%, desde el 33,9% registrado en 2020 y el 34,6% en 2021, según el plan energético presentado de forma conjunta por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, y la Administración Nacional de Energía.

La bajada de los costes de producción son parte esencial que favorece la cifra récord de generación de energía eólica y solar año tras año, mientras la inversión en investigación y desarrollo energético, que crecerá un 7% entre 2021 y 2025, según el plan, complementa el impulso por acelerar la transición hacia un mix energético donde el carbón va teniendo cada vez un menor peso.

La geopolítica provoca movimientos inesperados y, entre los múltiples efectos que tendrá la invasión de Ucrania, la aceleración de la transición hacia las renovables figura entre los cambios más significativos. La dimensión de la seguridad energética marcará en el corto y medio plazo gran parte de los cambios geopolíticos globales.

THE ASIAN DOOR: Capital riesgo y manufactura avanzada, la apuesta de China para seguir creciendo. Águeda Parra

Bajo una coyuntura volátil, difícil e incierta, según ha declarado el primer ministro chino, Li Keqiang, China ha presentado una previsión de crecimiento económico del 5,5% para 2022 durante la celebración de la sesión anual de la Asamblea Nacional Popular. Bastante más bajo que el crecimiento del 8,1% registrado en 2021, se trata de la estimación más baja en tres décadas, aunque más optimista que la realizada por otros organismos internacionales que pronostican un escenario más pesimista, desde el 4,8% estimado por el Fondo Monetario Internacional hasta el 5,1% de la OCDE o el 5,3% del Banco Asiático de Desarrollo.

El calendario obliga y, a pesar de la coyuntura internacional desfavorable, con una previsión de disrupción prolongada del comercio y la inversión, la celebración del 20º Congreso del Partido en otoño se presenta como el evento donde mostrar los avances alcanzados por el gigante asiático en un momento que podría suponer el nombramiento de Xi Jinping para un tercer mandato. Los objetivos definidos en el 14º Plan Quinquenal (2021-2025) también obligan, ya que este año sería el segundo de un plan que tiene como objetivo convertir a China en una nación de ingresos altos para 2025 y avanzar hacia una sociedad moderadamente desarrollada para 2035, lo que supone duplicar la renta per cápita actual hasta los 20.000 dólares.

En un escenario geopolítico tan complejo como el actual, conseguir estos objetivos está estrechamente ligado a que China mantenga un crecimiento medio anual del PIB de al menos el 5% entre 2021 y 2025 si quiere alcanzar la categoría de economía de ingresos altos. A pesar de las incertidumbres que presenta la actual situación internacional, las ambiciones tecnológicas de China marcan las grandes líneas de actuación para un año en el que el gigante asiático seguirá apostando por expandir las infraestructuras 5G, establecer un sistema nacional de centros de datos, mantener una regulación estricta sobre los grandes titanes tecnológicos y fomentar el e-commerce rural. El plan también contempla aumentar la producción de energía renovable, impulsar el sector de los coches eléctricos, además seguir apostando por la autosuficiencia en semiconductores considerado como pilar estratégico en el desarrollo económico.

Para alcanzar estos objetivos, China ha incorporado varias novedades a su plan de crecimiento que busca, por una parte, conseguir los objetivos de desarrollo económico marcados para este año, además de hacer crecer una economía digital que ya se sitúa en el 39% del PIB en 2020, respecto del 27% que representaba en 2015.

Entre las novedades presentadas durante la celebración del evento político conocido como las Dos Sesiones figura la apuesta por fomentar el desarrollo de startups dedicadas a la manufactura avanzada que incorporen procesos innovadores, pasando a denominarse como “pequeños titanes” para diferenciarse de los grandes titanes tecnológicos. La manufactura es uno de los sectores clave de China, representando el 27,4% del PIB en 2021, de ahí que la incorporación del 5G a los procesos industriales y el fomento del uso de la inteligencia artificial resulte crucial para reforzar la autosuficiencia de las cadenas de suministro de manufactura.

El plan de incubación de “pequeños titanes” de manufactura especializados en robótica, automatización, software industrial y herramientas avanzadas de manufactura contará además con una financiación de 1.580 millones de dólares durante 2022. El objetivo es seguir fomentando la innovación en los sectores clave identificados en el plan Made in China 2025, con especial interés en áreas como equipamiento aeroespacial, nuevos materiales, biomedicina, equipamiento médico avanzado y equipamiento ferroviario y marítimo avanzado.

Entre las novedades también figura la apuesta de China por fomentar el desarrollo del capital riesgo como forma de impulsar la financiación de los pequeños titanes. A pesar de la prolongada presión regulatoria del gobierno sobre las tecnológicas durante todo el año 2021, la inversión en capital riesgo creció casi un 50% hasta alcanzar un nuevo récord de 130.600 millones de dólares en 2021, según Preqin.

En definitiva, apuestas que persiguen poner un mayor énfasis en la digitalización de la industria manufacturera y el fomento del desarrollo de startups nacionales especializadas en alta tecnología que aseguren los objetivos identificados por China para 2025 y que garanticen la visión planificada por China para 2035.

 

THE ASIAN DOOR: El comercio por tren, entre el blockchain y las disputas geopolíticas. Águeda Parra.

Después de dos años desde que empezara la pandemia, los efectos de la crisis sanitaria siguen generando disrupción en la cadena de suministro a pesar de una importante recuperación de la producción industrial de forma generalizada en todo el mundo. Frente al alto coste que supone el envío aéreo y el volumen masivo que ofrece el transporte marítimo, la necesidad de diversificar las rutas logísticas ha convertido al único corredor de vía férrea que forma parte de la nueva Ruta de la Seda en una opción rápida y fiable de asegurar el suministro entre China y Europa.

La escalada de precios en el coste de los fletes y la escasez de contenedores, la necesidad de adaptarse a unas condiciones cambiantes en los principales hubs de distribución mundial ha hecho resurgir la opción del transporte de mercancías por tren como una opción viable para asegurar el transporte de productos perecederos o que estén sujetos a un determinado tiempo de entrega. De hecho, la gran demanda de transporte de mercancías generada durante la pandemia ha hecho crecer el flujo de trenes entre China y los múltiples destinos en los que se divide la línea cuando llega a suelo europeo después de atravesar Kazajistán, Rusia y Bielorrusia. El desequilibrio comercial entre China y Europa se mantiene, pero el volumen de exportaciones hacia el gigante asiático por parte de los países europeos ha conseguido duplicarse en la última década.

A este flujo de carga también se suma el auge que está experimentando el e-commerce a través de plataformas chinas que ya operan en Europa y que encuentran en el transporte ferroviario una solución segura, estable y rápida de distribuir y satisfacer la creciente demanda que está surgiendo entre los consumidores europeos. Las múltiples rutas con las que cuenta la línea China-Europe Express, como también se conoce al Nuevo Puente Terrestre Euroasiático, ha favorecido la apertura de 78 líneas operativas que conectan 180 ciudades en 23 países europeos, y que transportan hasta 50.000 tipos de productos diferentes.

La cifra de 15.000 trayectos realizados por el operador ferroviario durante 2021 marca un nuevo récord, que supone incrementar en un 22% el número de viajes respecto a 2020, y más de un 82% si se compara con la situación pre-pandemia en2019, según fuentes oficiales. El volumen transportado ha seguido una tendencia similar, experimentando un incremento del 29% interanual hasta alcanzar los 1,46 millones de contenedores. Como resultado de esta estabilidad aportada a la cadena de suministro, el operador logístico ha alcanzado la cifra de 50.000 viajes a finales de enero de 2022 desde que en 2011 comenzara a operar la línea entre la ciudad china de Chongqing y Europa, transportando mercancías por un valor superior a los 240.000 millones de dólares.

La inestabilidad en las cadenas de suministro y la fiabilidad de la vía terrestre ha aportado un mayor protagonismo al transporte por tren que, sin embargo, apenas representa el 5% del mercado total del transporte entre China y Europa. La inversión en los hubs logísticos sigue siendo esencial para conseguir una mayor eficiencia que tiene como principal obstáculo el tiempo invertido en trasladar la carga dos veces por trayecto entre los diferentes anchos de vía que existen entre origen y destino. No obstante, la incorporación de nuevas tecnologías como el blockchain ha permitido mejoras en la operativa logística mejorando el proceso de control en las aduanas y la carga de las mercancías.

El número de destinos directos aumenta y resurge el transporte de mercancías por tren sin que la paralización del Acuerdo Integral de Inversión entre UE y China haya tenido mayor efecto sobre el comercio terrestre. Sin embargo, las tensiones diplomáticas recientes entre Rusia y Ucrania podrían generar un eventual cierre de fronteras que desconectara la línea férrea entre China y Europa.

Los efectos secundarios de las disputas geopolíticas se suceden a todos los niveles pudiendo tener efecto directo sobre unas cadenas de suministro ya muy tensionadas. Un escenario de conflicto que se suma a la inestabilidad generada por la pandemia justo a mitad de trayecto entre China y los mercados europeos cuando el comercio terrestre comenzaba a despuntar.