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THE ASIAN DOOR: El comercio por tren, entre el blockchain y las disputas geopolíticas. Águeda Parra.

Después de dos años desde que empezara la pandemia, los efectos de la crisis sanitaria siguen generando disrupción en la cadena de suministro a pesar de una importante recuperación de la producción industrial de forma generalizada en todo el mundo. Frente al alto coste que supone el envío aéreo y el volumen masivo que ofrece el transporte marítimo, la necesidad de diversificar las rutas logísticas ha convertido al único corredor de vía férrea que forma parte de la nueva Ruta de la Seda en una opción rápida y fiable de asegurar el suministro entre China y Europa.

La escalada de precios en el coste de los fletes y la escasez de contenedores, la necesidad de adaptarse a unas condiciones cambiantes en los principales hubs de distribución mundial ha hecho resurgir la opción del transporte de mercancías por tren como una opción viable para asegurar el transporte de productos perecederos o que estén sujetos a un determinado tiempo de entrega. De hecho, la gran demanda de transporte de mercancías generada durante la pandemia ha hecho crecer el flujo de trenes entre China y los múltiples destinos en los que se divide la línea cuando llega a suelo europeo después de atravesar Kazajistán, Rusia y Bielorrusia. El desequilibrio comercial entre China y Europa se mantiene, pero el volumen de exportaciones hacia el gigante asiático por parte de los países europeos ha conseguido duplicarse en la última década.

A este flujo de carga también se suma el auge que está experimentando el e-commerce a través de plataformas chinas que ya operan en Europa y que encuentran en el transporte ferroviario una solución segura, estable y rápida de distribuir y satisfacer la creciente demanda que está surgiendo entre los consumidores europeos. Las múltiples rutas con las que cuenta la línea China-Europe Express, como también se conoce al Nuevo Puente Terrestre Euroasiático, ha favorecido la apertura de 78 líneas operativas que conectan 180 ciudades en 23 países europeos, y que transportan hasta 50.000 tipos de productos diferentes.

La cifra de 15.000 trayectos realizados por el operador ferroviario durante 2021 marca un nuevo récord, que supone incrementar en un 22% el número de viajes respecto a 2020, y más de un 82% si se compara con la situación pre-pandemia en2019, según fuentes oficiales. El volumen transportado ha seguido una tendencia similar, experimentando un incremento del 29% interanual hasta alcanzar los 1,46 millones de contenedores. Como resultado de esta estabilidad aportada a la cadena de suministro, el operador logístico ha alcanzado la cifra de 50.000 viajes a finales de enero de 2022 desde que en 2011 comenzara a operar la línea entre la ciudad china de Chongqing y Europa, transportando mercancías por un valor superior a los 240.000 millones de dólares.

La inestabilidad en las cadenas de suministro y la fiabilidad de la vía terrestre ha aportado un mayor protagonismo al transporte por tren que, sin embargo, apenas representa el 5% del mercado total del transporte entre China y Europa. La inversión en los hubs logísticos sigue siendo esencial para conseguir una mayor eficiencia que tiene como principal obstáculo el tiempo invertido en trasladar la carga dos veces por trayecto entre los diferentes anchos de vía que existen entre origen y destino. No obstante, la incorporación de nuevas tecnologías como el blockchain ha permitido mejoras en la operativa logística mejorando el proceso de control en las aduanas y la carga de las mercancías.

El número de destinos directos aumenta y resurge el transporte de mercancías por tren sin que la paralización del Acuerdo Integral de Inversión entre UE y China haya tenido mayor efecto sobre el comercio terrestre. Sin embargo, las tensiones diplomáticas recientes entre Rusia y Ucrania podrían generar un eventual cierre de fronteras que desconectara la línea férrea entre China y Europa.

Los efectos secundarios de las disputas geopolíticas se suceden a todos los niveles pudiendo tener efecto directo sobre unas cadenas de suministro ya muy tensionadas. Un escenario de conflicto que se suma a la inestabilidad generada por la pandemia justo a mitad de trayecto entre China y los mercados europeos cuando el comercio terrestre comenzaba a despuntar.

THE ASIAN DOOR: El valor de África para la nueva Ruta de la Ruta. Águeda Parra

Sin que la financiación de proyectos englobados en la nueva Ruta de la Seda haya recuperado el vigor de los años anteriores a la pandemia, al menos la inversión ha conseguido estabilizarse, alcanzando los 59.500 millones de dólares en 2021, respecto a los 60.500 millones de dólares de 2020. Una financiación estable en tiempos de incertidumbre de crecimiento económico global pero centrada en dos áreas que han atraído el interés de la iniciativa china en 2021, África y Oriente Medio.

Aunque los proyectos en Irak han acaparado el mayor protagonismo, alcanzando los 10.500 millones de dólares en contratos de construcción, el compromiso con África ha conseguido situar a la región como el segundo destino de la inversión china alcanzando un crecimiento del 156% respecto a 2020, lo que representa el 19,01% de toda la inversión y cooperación realizada a través de la nueva Ruta de la Seda en 2021. Los proyectos englobados en la iniciativa china se suman así a la tendencia global en la inversión extranjera directa (IED), registrando África el mayor aumento de entrada de IED y de acuerdos de fusiones y adquisiciones en 2021.

Después de la ralentización de la inversión a nivel global por efecto de la crisis sanitaria mundial en 2020, África recupera de nuevo el impulso que había conseguido durante 2018 y 2019 para seguir atrayendo el interés de China. De hecho, el gigante asiático ha destinado mayor inversión a África que el volumen conjunto de las ocho entidades que han proporcionado préstamos al continente. Se trata de 23.000 millones de dólares entre 2007 y 2020 en proyectos de infraestructuras que son 8.000 millones de dólares más que los préstamos realizados conjuntamente por el Banco Mundial, el Banco Africano de Desarrollo (AfDB), y los bancos de desarrollo de Estados Unidos y la Unión Europea.

A pesar del volumen de IED destinada a África por todas las partes, este volumen apenas representa una décima parte de las necesidades del continente para afrontar los desafíos que suponen los retos de salud, de desarrollo y de abastecimiento de energía que necesita el continente, según muestra un reciente informe del think tank estadounidense Center for Global Development. Entre los proyectos financiados por China destaca la construcción de 1.320 kilómetros de vía férrea en Tanzania para conectar el lago Victoria con Dar es-Salam que permite mejorar las necesidades de infraestructuras que demanda la región. Un ámbito de desarrollo prioritario al que deberían sumarse otros proyectos dentro la iniciativa lanzada por Estados Unidos, Build Back Better World (B3W), y la propuesta de la Unión Europea, Global Gateway, para impulsar el desarrollo de la región.

No solamente las inversiones han atraído el interés del gigante asiático, sino que el comercio ha alcanzado también una cifra récord de 254.000 millones de dólares en 2021, un 35% superior a 2020, que fortalece la posición de China como el mayor socio comercial de África. La pandemia ha sido un importante dinamizador de este crecimiento, impulsado principalmente por las exportaciones de China de material sanitario y farmacéutico de los que el gigante asiático es uno de los principales proveedores, mientras China importa de África minerales, metales, productos agrícolas y petróleo.

En un escenario en el que la financiación externa es mucho más significativa que la local, siendo dominante la inversión china y más marginal la estadounidense, el desarrollo de África sigue estando ligado a la inversión privada. Sin embargo, en el ámbito del comercio, a pesar de que la capacidad de China como potencia exportadora excede por mucho las exportaciones africanas., las ventas hacia el gigante asiático están experimentando un importante crecimiento gracias al impulso que genera incorporar al proceso plataformas de e-commerce y herramientas online.

Aunque el comercio entre China y África apenas representa el 4% del comercio global de China, los proyectos lanzados por la iniciativa china están impulsando mejoras en la conectividad terrestre y en el desarrollo de infraestructuras digitales que permiten a las empresas africanas mejorar su acceso a los mercados de exportación. Ámbitos de desarrollo que igualmente deben ser destino prioritario de las iniciativas B3W y Global Gateway

 

THE ASIAN DOOR: ¿Quién va ganando la batalla de los semiconductores? Águeda Parra

La campaña iniciada por los órganos reguladores chinos no parece ser la única prueba de fuego que vayan a tener que enfrentar los titanes tecnológicos en los próximos años. Después de un año de continua adaptación a las nuevas políticas regulatorias, y de afrontar el pago de cuantiosas multas, las empresas de Internet están enfrentando un nuevo reto inesperado: la competencia con la industria de los semiconductores en la captación de financiación.

Conseguir la autosuficiencia tecnológica que persigue China tiene como punto inicial adquirir capacidades avanzadas que permitan el diseño y fabricación de los chips que se utilizan en entornos de alta componente tecnológica. Los semiconductores, junto con la robótica y la biotecnología, se han convertido en la máxima prioridad del gigante asiático en su carrera tecnológica con Estados Unidos y, por tanto, despertando interés entre los inversores internacionales. Resultado de este este nuevo enfoque es la cifra récord de 131.000 millones de dólares en fondos de riesgos que consiguieron recaudar las startups tecnológicas chinas, menos de la mitad de los 296.6000 millones de dólares que consiguió atraer el principal polo tecnológico, Silicon Valley, pero que refuerzan la pujanza que están adquiriendo estos sectores entre los inversores extranjeros.

En el caso concreto de los semiconductores, los objetivos de autosuficiencia tecnológica fijados en el plan Made in China 2025 están asociados a un progresivo incremento de la inversión en el desarrollo de capacidades tecnológicas que permitan al gigante asiático producir chips avanzados. Resultado de esta hoja de ruta es que China lleva superando a Estados Unidos en inversión en semiconductores desde 2018, creciendo significativamente hasta alcanzar los 8.800 millones de dólares, ocho veces más que los 1.300 millones de dólares que invirtió Estados Unidos en 2021, según datos de Preqin.

Otro de los ámbitos donde China está avanzando de forma significativa es en las ventas de chips. En un mercado dominado por Estados Unidos, el gigante asiático ha incrementado paulatinamente su participación hasta alcanzar una cuota de mercado que supone el 11% de las ventas globales, según datos de la Asociación de Industria de Semiconductores (SIA, por sus siglas en inglés). A pesar de las sanciones impuestas por Estados Unidos, y que las empresas chinas todavía siguen siendo pequeños actores en el escenario global, la estrategia de desarrollar la industria nacional de semiconductores comienza a dar sus frutos. Resultado de ello sería que China podría elevar sus ventas hasta el 17,4% en 2024, según estimaciones de SIA, situando al gigante asiático como tercer proveedor mundial, solamente por detrás de Estados Unidos y Corea del Sur.

En cuestión de producción, el apoyo estatal y la creciente demanda local han impulsado la fabricación nacional de chips, tanto de empresas locales como extranjeras, alcanzando 369.000 millones de unidades en 2021, un aumento interanual del 33,5%, según datos de la Oficina Nacional de Estadística de China. Unas cifras que muestran el creciente protagonismo del gigante asiático entre los principales productores mundiales hasta alcanzar una cuota del 15%, desde el 1% que representaba en 1990, adelantando a Estados Unidos que cae hasta el 12%, desde el dominio del 37% que ostentaba en 1990. Una tendencia que muestra cómo China podría convertirse en el mayor productor de semiconductores acaparando el 24% de la producción mundial en 2030, según estimaciones de la propia SIA.

La innovación en el diseño de chips es, por tanto, el último eslabón que le queda a China para convertirse en una gran potencia en el ámbito de los semiconductores. Sin disponer todavía de las capacidades necesarias para generar chips de última generación, China podría estar entre uno y dos años por detrás de Estados Unidos y Taiwán en diseño de chips avanzados, y alrededor de 5 años por detrás de la taiwanesa TSCM en fabricación, según los expertos de la industria.

En definitiva, una década para que China se convierta en el mayor productor mundial de chips, y alrededor de 15 años para alcanzar la autosuficiencia tecnológica en producción y diseño de chips avanzados. Un tiempo en el que la diplomacia global de chips deberá asegurar la cadena de suministro de semiconductores mientras Estados Unidos y Europa reconsideran su participación en la cadena de valor de los chips antes de que se produzca el desacople tecnológico de China.

 

 

THE ASIAN DOOR: Nueva etapa de la Ruta de la Seda en América Latina. Águeda Parra

Después de nueve años, la apuesta de China por construir vínculos a través de inversión en infraestructuras mientras despliega diplomacia se ha convertido en una de las iniciativas más importantes del gigante asiático en materia de política exterior. Tras unos primeros años de mayor intensidad, la nueva Ruta de la Seda aborda una nueva etapa de mayor ralentización de la inversión, mientras los efectos de la pandemia amenazan con hacer más compleja la recuperación de los ritmos de despliegue que se observaban con anterioridad a que impactara la crisis sanitaria en todo el mundo.

Un ritmo menor de despliegue, una mayor selección de los proyectos que se ejecutan en el extranjero, pero manteniendo el mismo interés sobre las regiones consideradas estratégicas para la iniciativa, entre las que destaca América Latina. La alta complementariedad entre las dos regiones ha favorecido el fortalecimiento de los vínculos con varias de las economías de la región, principalmente con Brasil, Venezuela, Argentina, Ecuador y Chile, que figuran entre los grandes receptores de inversión china durante las últimas décadas. Sin embargo, una vez que el perfil de desarrollo económico del gigante asiático está cambiando, y ha pasado a focalizarse en potenciar el consumo interior y en convertirse en una pieza importante en la creación de valor incorporando alta tecnológica, el sector extractivo de la región ha dejado de tener el interés que despertaba décadas atrás.

China no figura entre los diez principales inversores de la región. Estados Unidos y España se sitúan como los actores más destacados en primera y segunda posición, respectivamente. De hecho, el nivel de stock de inversión extranjera directa (IED) china en América Latina apenas supone el 10% del total de los flujos de inversión de IED realizados entre 2011 y 2020, según American Enterprise Institute. No obstante, la región sigue manteniendo su atractivo para la Ruta de la Seda y para los propios intereses de China con los países latinoamericanos.

En esta nueva etapa de relación entre China y América Latina, los proyectos en renovables y el despliegue de mayor actividad por parte de las empresas tecnológicas en la región, embajadoras de la promoción del Designed in China, se están convirtiendo en el principal impulso de la cooperación entre ambas regiones. Los compromisos de sostenibilidad de China están acelerando el desarrollo de nuevas tecnologías verdes que el gigante asiático exporta en su expansión por la Ruta de la Seda y que pueden suponer un impulso en la nueva etapa de inversión de China en América Latina.

La estrategia energética de China es uno de los grandes focos en los que se centra el despliegue de la Ruta de la Seda, suponiendo el 42% del total de la inversión. De ahí que la expansión por América Latina también esté ampliamente vinculada al sector energético, principalmente a la creciente atención que están acaparando las renovables ante los compromisos climáticos adquiridos por los países en la reciente Cumbre del Clima COP26.

En este avance de despliegue continuo de la Ruta de la Seda, y en el actual contexto geopolítico, América Latina plantea un renovado escenario de oportunidades, como así lo demuestra la celebración de la tercera reunión ministerial del Foro China-CELAC, celebrado el pasado mes de diciembre, y en el que se abordó el Plan de Acción Conjunto China-CELAC para la Cooperación en Áreas Claves (2022-2024). Estas nuevas líneas estratégicas no solamente refuerzan los vínculos económicos y de comercio existentes, sino que supone abordar una nueva etapa en la que destacará la inversión en la industria manufacturera y de servicios, como el transporte y la generación de electricidad, así como en los servicios financieros y en las áreas relacionadas con las nuevas tecnologías.

La adhesión de Cuba a la Asociación Energética de la Franja y la Ruta, Belt & Road’s Energy Partnership, por su nombre en inglés, el pasado mes de octubre de 2021, y el acuerdo ratificado con Argentina para financiar mejoras en la red eléctrica, representan algunos de los ámbitos de promoción de la cooperación en el ámbito de las renovables más recientes. Proyectos que están impulsando los vínculos de China con una región donde 19 de los 33 países que conforman América Latina y el Caribe están adheridos a la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda.

Ante una situación de lenta recuperación económica mundial, y menores flujos de inversión por parte de las grandes economías, el Foro China-CELAC plantea un impulso renovado en la relación del gigante asiático con la región. El fomento del sector servicios, las renovables y el desarrollo tecnológico priman el crecimiento económico de China, ámbitos con los que América Latina sigue manteniendo una amplia complementariedad con el gigante asiático. El desafío ahora está en aprovechar las oportunidades que este nuevo entorno pueda plantear para generar el mayor crecimiento económico posible en la región.

THE ASIAN DOOR: Tierras raras, pero geoestratégicas. Águeda Parra

La revolución digital no solamente va a marcar un hito histórico en lo tecnológico como parte esencial de la Cuarta Revolución Industrial, sino que está adquiriendo una histórica relevancia geopolítica. Poder ejercer el control en cada una de las partes de la cadena de valor de los productos tecnológicos se ha convertido en un elemento de poder geoestratégico en la carrera por convertirse en el líder tecnológico mundial. La supremacía en innovación que permite controlar la parte alta de la cadena de valor está resultando ser tan estratégica como dominar el acceso a los elementos básicos en la parte baja, las tierras raras, esenciales para producir los componentes tecnológicos.

En esta nueva etapa geopolítica de la revolución digital, las tierras raras reivindican su valor y pasan a ocupar un rol destacado en la dinamización de influencia geoestratégica a nivel mundial. Este mayor protagonismo de las tierras raras se produce, asimismo, tres décadas después de que Estados Unidos ocupara un papel destacado como mayor productor mundial de estos metales en la década de los años 1980, pasando actualmente a depender del abastecimiento exterior, principalmente de China, que acapara el 80% del suministro mundial. En este cambio de roles en la producción, es ahora el gigante asiático el que afianza su posición con casi un monopolio, acaparando el 90% de la producción de las tierras raras y unas reservas que alcanzan casi el 36% del total mundial, frente al 1,3% de Estados Unidos, según el informe BP Statistical Review of World Energy 2021.

Las tierras raras son esenciales en la producción de dispositivos electrónicos inteligentes, turbinas eólicas, o coches eléctricos. Asimismo, resultan decisivas para una gran variedad de equipamiento militar como sónares y radares avanzados, navegación de misiles y sistemas de visión nocturna, entre otros, convirtiéndose en un elemento de nicho crítico para la industria de defensa que podría elevar las tensiones entre Estados Unidos y China de producirse una disrupción en el desabastecimiento de estos minerales esenciales. Igualmente, un crecimiento continuado de los precios podría convertirse en elemento desestabilizador para la producción de todos los dispositivos y equipos electrónicos que son cruciales en la industria tecnológica, de defensa y en las renovables, y que ya el año pasado experimentaron un aumento del 88%, según la Asociación de la Industria de Tierras Raras de China.

Adicionalmente a que el control de los precios de las tierras raras pueda significar para China una herramienta estratégica con la que ejercer influencia internacional, la creación del gran gigante de tierras raras anunciado por Pekín a finales de 2021 supone un claro indicio del valor estratégico que adquiere para China el control de estos minerales en 2022. La empresa estatal resultante de la fusión de las empresas Aluminium Corporation of China (Chinalco), China Minmetals Corporation y Ganzhou Rare Earth Group aumentará significativamente el dominio de China a nivel nacional, controlando casi el 38% de las tierras raras y el 70% de las tierras raras pesadas del país, además de incrementar su liderazgo en la producción global.

A pesar de su nombre, las tierras raras son bastante comunes en la corteza terrestre, no así las reservas de estos minerales. De ahí el valor geoestratégico del despliegue de la Ruta de la Seda por Asia, África y América Latina para mantener acceso al que se ha convertido en uno de los elementos más indispensables en la carrera por dominar la revolución digital. El acceso a las ingentes reservas que dispone Afganistán es una pieza clave en la geopolítica de las tierras raras, pero no la única nueva pieza en este tablero. Madagascar, por su parte, está capturando parte de ese valor geoestratégico casi duplicando su producción de tierras raras en 2020, hasta las 8 toneladas.

El alza del valor estratégico de estos minerales ha supuesto que Estados Unidos comience a reconsiderar su estrategia en tierras raras aumentando su producción un 36% hasta las 38 toneladas en 2020. No obstante, parece necesario un cambio más radical para competir con el progresivo dominio que está adquiriendo China sobre las tierras raras y la influencia geopolítica a nivel mundial que lleva implícita.

 

 

THE ASIAN DOOR: Laos, nuevo enclave ASEAN de la Ruta de la Seda. Águeda Parra

Con paso firme y bajo una perspectiva de amplia globalidad geoestratégica, la nueva Ruta de la Seda ha ido diseñando el nuevo esquema de comunicaciones, infraestructuras y diplomacia durante los últimos ocho años. La consolidación de la iniciativa, que ha conseguido adherir a multitud de países desde Oriente a Occidente, ha supuesto la remodelación de un modelo de conexiones regionales, con proyección global, difícilmente alcanzable sin el respaldo de la mayor iniciativa de inversión en infraestructuras de la historia.

Conseguir desplegar un nuevo esquema de conexión a través de la construcción de nuevas infraestructuras es la parte tangible de la iniciativa. El poder de una diplomacia reforzada a través de la construcción de vínculos bilaterales más sólidos y relaciones comerciales y económicas más intensas es la parte intangible, un activo imposible de cuantificar cuando se trata de afrontar los retos que plantea la gobernanza mundial ante desafíos globales.

La creciente influencia geopolítica conseguida por China en este tiempo más allá de su entorno más cercano en la región asiática, en África, América Latina e incluso Europa, ha impulsado la presentación de propuestas por parte de Estados Unidos y la Unión Europea para contrarrestar el poder geoestratégico alcanzado por el gigante asiático. La cooperación en infraestructuras organizada por Estados Unidos bajo la denominación de Build Back Better World (B3W), y la recientemente anunciada como Global Gateway por parte de la Unión Europea, buscan ser la alternativa al desarrollo global de infraestructuras planteado por China.

Anunciados los planes de Estados Unidos y la Unión Europea con los que se espera movilizar miles de millones de dólares para mejorar la carencia en infraestructuras que tiene el mundo en cuestión de acceso universal a la energía, agua, mayor movilidad, y que el Banco Mundial ha cuantificado en 1,3 billones de dólares, la nueva Ruta de la Seda sigue avanzando en su diseño geoestratégico de conexión con la incorporación de Laos al esquema global.

Coincidiendo con el 46 aniversario de la República Democrática Popular de Laos, el país inauguraba el pasado 2 de diciembre los 422 kilómetros de vía férrea que conecta la frontera con China y la capital Vientián a una velocidad de 160 kilómetros a la hora para trenes comerciales y de 120 kilómetros a la hora para mercancías. La nueva conexión ferroviaria que proporciona mayor integración a un país que no dispone de salida al mar, puede convertirse en el game changer que impulse la revitalización de Laos, que figura entre los países en desarrollo con menor desarrollo. Solamente la inversión de la nueva infraestructura ferroviaria supone algo menos de un tercio del PIB de Laos.

Constituida como joint-venture con un reparto del 70% y 30% entre China y Laos, respectivamente, la infraestructura pasará a ser propiedad de Laos después de 50 años, esté o no cancelada la deuda, al tratarse de un proyecto de Asociación Público Privada donde se contempla la construcción, operación y transferencia al Estado de los activos. Un modelo conocido como BOT, Build Operate and Transfer.

Once años, y una pandemia global que ha ralentizado la conclusión del proyecto, han sido necesarios para que Laos cuente con una infraestructura con la que poder convertirse en hub hacia la región ASEAN, haciendo de enlace con el punto de inicio de la vía férrea en la ciudad china de Kunming. Un proyecto que incorpora un total de 75 túneles y 77 puentes para conseguir sortear una orografía montañosa y densamente poblada, que conseguirá modelar los flujos comerciales y económicos de la región en la próxima década.

Con la incorporación de Laos, China suma un enclave más a su esfera de influencia y un punto de enlace adicional hacia las zonas costeras que, de unirse Tailandia, le llevaría a conectarse con Malasia y Singapur. Una pieza más en el tablero de la geoestrategia para evitar la vulnerabilidad que constituye el estrecho de Malaca ante la posible configuración de un nuevo esquema global post-pandemia donde las potencias extranjeras podrían ejercer un mayor control naval en la región.

 

 

THE ASIAN DOOR: Cuestión de des(enfoque) en IA. Águeda Parra

Entre los 44 países que ya disponen de un plan estratégico nacional de Inteligencia Artificial (IA), dos son las dimensiones a tener cuenta en la definición del papel que cada país puede llegar a tener como promotor de innovación y de adopción de las nuevas tecnologías. Se trata, por una parte, de la dimensión de las infraestructuras técnicas disponibles y, por otra parte, de la disponibilidad de talento en IA, dos componentes esenciales en el desarrollo de capacidades especializadas en las nuevas tecnologías. Tanto técnicamente, como por ambición geopolítica, Estados Unidos y China se reparten liderazgos en este ámbito, aunque el enfoque sea diferente a la hora de desplegar capacidades técnicas y humanas en la era digital.

Bajo este esquema, la inversión realizada por China para alcanzar capacidades técnicas y desarrollar talento en IA le permite posicionarse como uno de los referentes en este ámbito, sobresaliendo en ambas dos dimensiones. Por su parte, Estados Unidos acapara mayores capacidades globales en relación a la IA, sin embargo, es el ámbito de desarrollo técnico donde sobresale respecto a otras potencias, mientras que la baja capacidad de generar graduados STEM dificulta sus aspiraciones estratégicas y la consecución de objetivos a futuro, según un reciente estudio publicado por Brookings. Por parte europea, Alemania figura como uno de los países mejor posicionado en ambas dimensiones, aunque destaca la componente de generación de talento en IA, mientras la competencia técnica está más desarrollada en el caso de Francia.

Mientras las infraestructuras técnicas tienen una relación directa con la financiación necesaria para invertir en nuevas tecnologías, la dimensión de desarrollo de talento lleva asociada la definición de un enfoque ambicioso para adquirir capacidades tecnológicas que permitan alcanzar los objetivos técnicos en el medio y largo plazo. En este caso, la publicación del plan estratégico nacional de China en 2018, dos años antes de que lo hiciera Estados Unidos, responde a la ambición del gigante asiático de posicionarse como principal centro de innovación de IA en 2030. Y es, precisamente, en cuestión de enfoque formativo y de colaboración con los titanes tecnológicos donde se aprecia una mayor disparidad entre los enfoques que han elegido ambas potencias.

En cuestión de plan formativo, el esquema planteado por China se beneficia de un modelo educativo centralizado frente a la estructura federal de Estados Unidos donde cada estado establece sus propias prioridades y atiende, asimismo, a un esquema diferente según sean centros públicos o privados, se trata o no de instituciones religiosas. Un esquema multidimensional que puede incorporar diferentes enfoques sin una directriz de estrategia nacional, de forma similar a la situación que se plantea en Europa, donde cada país aborda un enfoque diferente respecto a la IA.

En el modelo elegido por China, la formación en IA está implementada en todos los niveles del sistema educativo, mostrando un enfoque más ambicioso en la capacitación de habilidades técnicas. Mientras en primaria la formación introductoria en IA se complementa con laboratorios en robótica, drones e impresoras en 3D, en secundaria, por su parte, resulta obligatoria la enseñanza de IA, Internet de las Cosas y Big Data en el diseño curricular de tecnología. Los titanes tecnológicos no están exentos de este fomento de la IA y colaboran en la formación de profesores y en la edición del material educativo. Esta participación activa en una etapa temprana genera una amplia base de talento en IA que, posteriormente, en la etapa universitaria favorece el estudio de la especialidad de cuatro años en IA como título de grado en ingeniería. De hecho, la especialidad en IA se ha convertido en la más popular entre las nuevas titulaciones tanto en 2020 como en 2021.

En otros países, el plan de fomento de la IA está menos extendido en el proceso educativo. En el caso de Estados Unidos, se comienza a incorporar a partir de los doce años, aunque depende de la planificación curricular definida por cada estado, sin que necesariamente la educación en tecnología y materias STEM estén relacionadas con el estudio de la IA. No es hasta la formación universitaria que comienza a introducirse como masters y doctorados en IA. En cuanto al sector privado, las grandes tecnológicas estadounidenses disponen de iniciativas de fomento de la IA, aunque no de forma tan integral como sucede en China, participando del desarrollo de cursos en IA, pero principalmente desde sus propias plataformas.

Distintos enfoques en cuanto a una de las tecnologías que más ampliamente va a influir en la generación de la economía digital en las próximas décadas, mientras la carrera por el liderazgo mundial está ya en marcha.

THE ASIAN DOOR: Europa, ¿potencia tecnológica? Águeda Parra

A medida que crece la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China, aflora con mayor intensidad la creciente dependencia tecnológica que ha desarrollado Europa en las últimas décadas tanto de Estados Unidos, meca de la innovación, como de China, protagonista de un floreciente ecosistema digital que se está consolidado como segundo polo tecnológico mundial. En este contexto, protagonizado por la geopolítica de la tecnológica, es donde Europa debe priorizar sus estrategias de inversión en innovación para asegurar sus ventajas competitivas ante el reto tecnológico que presenta la nueva era digital y conseguir atraer talento digital.

En cuestión de innovación, China ha conseguido elevar su perfil como país innovador registrando un crecimiento del gasto en I+D del 13% anual desde el año 2000, frente al 3% alcanzado por Estados Unidos y casi el 2% de la Unión Europa. Esta senda de compromiso con la innovación le ha permitido al gigante asiático generar un modelo de emprendimiento capaz de desarrollar titanes tecnológicos que compiten con Silicon Valley, siendo además potentes inversores mundiales en startups.

En el entorno empresarial, el Fortune Global 500 es ahora más chino que americano, reduciéndose casi a la mitad la participación de las campeonas europeas en la última década, ocupando ese espacio las compañías chinas y estadounidenses. Mientras las promotoras del modelo Designed China representan el 20% de las empresas tecnológicas más valoradas, ningún país europeo es origen de las 20 plataformas digitales más importantes del mundo. Asimismo, en este contexto de rivalidad tecnológica, Europa apenas concentra el 10% de los unicornios mundiales, frente al 70% que aglutinan conjuntamente Estados Unidos y China.

Ante este panorama tecnológico mundial, parece necesario que Europa alcance un modelo de mayor autonomía tecnológica, fijándose una hoja de ruta mucho más ambiciosa en innovación. Sin generar campeonas nacionales que compitan en los mercados internacionales, y sin que haya representación europea entre los grandes inversores mundiales, ¿es posible que Europa pueda esquivar la dependencia tecnológica?

Existen ciertos ámbitos, como las patentes 5G, donde Europa está aportando una destacada capacidad de innovación, posicionando a dos campeonas europeas como la principal competencia del liderazgo que ostenta China, que concentra el 87% de las conexiones 5G mundiales. Sin embargo, frente al buen posicionamiento en 5G, el complejo escenario del abastecimiento de chips sitúa a Europa en una posición de mayor desventaja. En este capítulo de rivalidad tecnológica, Estados Unidos se beneficia de su liderazgo en innovación, mientras China genera semiconductores de gama media, lejos todavía de una producción puntera. En este caso, los costes de entrada extremadamente altos y el tiempo necesario para la construcción de fábricas no juegan a favor de Europa, que reconoce la importancia estratégica de los chips en la era digital y la necesidad de alcanzar cierta autonomía, pero todavía no ha concretado un plan que refuerce su posición en el diseño y la manufactura.

En el marco de la transición energética, el cuadro de fortalezas europeas es más notorio, principalmente en las áreas de fabricación e innovación de productos de tecnología climática. Estados Unidos destaca por su fortaleza en la capacidad de innovación, única categoría que China no lidera, mientras el gigante asiático es el gran actor dominante en las cadenas de suministro global de los minerales que son críticos en la era digital y en la manufactura de bienes de energía limpia.

Un panorama tecnológico mundial que presenta enormes desafíos ante la definición de la Cuarta Revolución Industrial de la que China participa por primera vez en su historia. Un mayor ritmo de digitalización plantea el reto de que Europa alcance un modelo de mayor autonomía tecnológica, fijándose una hoja de ruta mucho más ambiciosa capaz de generar disrupción tecnológica como pionera que ha sido de un proceso de transformación económico, social y tecnológico que ha marcado la historia de la humanidad.

Como potencia industrial de alto valor añadido, la reflexión sobre el modelo de ambición tecnológica al que aspira Europa debe contemplar la inversión en innovación como clave prioritaria para las próximas décadas, así como la generación de capital humano digital capaz de satisfacer las necesidades que va a generar la futura era digital.

 

 

THE ASIAN DOOR: Una COP26 poco agresiva mientras China anuncia su plan. Águeda Parra

En las semanas previas a la celebración de la COP26 en Glasgow, Reino Unido, la atención se ha centrado en las altas expectativas puestas sobre el encuentro, esperando que la cumbre fuera recordada por establecer una hoja de ruta más ambiciosa y agresiva contra el cambio climático. En estos días, el análisis científico independiente proporcionado por Climate Action Tracker ha presentado los riesgos de no hacer todo lo posible mientras todavía se está a tiempo, planteado diferentes escenarios según la senda de crecimiento de las emisiones actuales. Un escenario que, aunque pesimista, ha conseguido arrancar apenas un par de acuerdos entre los líderes asistentes a la COP26.

De continuar la evolución actual de emisiones de gases de efecto invernadero, las predicciones indican que solamente la trayectoria de emisiones correspondiente a los países del G20 ya conducirían a un calentamiento de 2,4 ºC al final de este siglo, lejos del objetivo fijado de no superar los 1,5 ºC respecto a los niveles preindustriales. Tras el descenso registrado durante los meses de mayor impacto de la pandemia, los ritmos de recuperación económica están generando un repunte de las emisiones de gases contaminantes entre los países del G20, que podría elevarse hasta un 4%, según un informe de Climate Transparency. De hecho, los veinte países más ricos del mundo son responsables de alrededor del 75% de los gases contaminantes.

Durante la celebración de las cumbres climáticas afloran numerosos análisis y estimaciones que muestran el avance de los planes climáticos. Entre ellos, destaca el emitido por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente que advierte de que el mundo solamente dispone de ocho años para reducir a la mitad los gases de efecto invernadero si se pretenden alcanzar los compromisos del Acuerdo de París. Un planteamiento que revela, asimismo, que con los compromisos anunciados por los países del G20 solamente se conseguirá reducir las emisiones en un 7,5%.

Compromisos sí, pero quizá no todos los que se esperaban. Desde Washington se ha buscado que los dos mayores emisores de carbono del mundo, entre Estados Unidos y China acumulan el 40% de las emisiones globales de carbono, alcanzaran un acuerdo que pudiera anunciarse durante la cumbre. Las reuniones preparatorias no han sido exitosas, y la falta de asistencia de Xi Jinping a la COP26 ha rebajado la expectativa de que se pudieran alcanzar objetivos más ambiciosos.

Tres días antes de que se celebrara la COP26, China ya realizó uno de los anuncios más relevantes de la cumbre. Se trata del “Plan de acción de pico de emisiones de carbono de China 2030”, en definitiva, la contribución nacional (NDC, por sus siglas en inglés) para las próximas décadas donde se especifica el despliegue sectorial de reducción de emisiones. Sin fijarse nuevos límites a los ya anunciados, el documento sí especifica que la intensidad energética se reducirá en más de un 65% (las emisiones de CO2 por unidad de PIB) con respecto a los niveles de 2005, cuando antes se barajaba una intensidad entre el 60% y el 65%. El documento también eleva la proporción de consumo de combustibles no fósiles en el mix energético hasta el 25% en 2030, que mejora las previsiones respecto del objetivo anteriormente anunciado del 20%.

Entre las propuestas que han tenido un mayor éxito durante la cumbre climática figura el compromiso de poner fin a la deforestación en 2030, firmado por más de cien líderes mundiales, China entre ellos, que incluye fondos públicos y privados que alcanzan los 19.000 millones de dólares. Los países firmantes agrupan el 85% de los bosques del mundo, recuperando un compromiso que ya se formalizó en 2014, aunque en esta ocasión se espera que tenga un mayor éxito por el volumen de la financiación prevista y por los países clave que apoyan el compromiso.

Una de cal y otra de arena. El compromiso colectivo de reducir las emisiones de gas metano en un 30% para 2030, que incluye entre los países clave a Estados Unidos y Europa como dos de los mayores consumidores de gas natural, es otro de los acuerdos alcanzado por más de 90 países, dos tercios de la economía mundial. Entre los ausentes figuran China, Rusia e India que, conjuntamente, generan alrededor de un tercio de las emisiones de metano.

Dos grandes acuerdos, aunque uno de ellos no haya sumado los esfuerzos de todas las partes, que constatan que no se hayan alcanzado las expectativas creadas antes de la celebración de la COP26. Se esperaba una cumbre de acuerdos agresivos que frenaran significativamente el aumento de las temperaturas y las emisiones de carbono a nivel mundial que, finalmente, no ha sido tal.

THE ASIAN DOOR: Alibaba y el efecto Fénix en semiconductores y e-commerce

La paralización de las salidas a bolsa de Ant Group y Didi Chuxing ha propiciado un período donde las tecnológicas han mantenido un perfil bastante bajo mientras se relajaban las tensiones entre las grandes empresas de Internet y el órgano regulador respecto al control del dato. Tras unos meses convulsos donde se han encadenado las primeras acciones sancionadoras por violar la ley antimonopolio vigente desde 2008, y que ha supuesto la imposición de multas récord a las grandes tecnológicas del país, la estabilidad en la industria parece haberse restablecido.

Los mercados asiáticos han recuperado el optimismo ante la evolución positiva de las acciones y ante la perspectiva de que lo peor parece haber pasado en el horizonte de un marco regulador más estricto impulsado por Pekín. En cierta medida, una menor actividad entre las tecnológicas durante los meses de mayor intervención regulatoria ha terminado por influir, entre muchos otros factores, en la situación de estanflación de la economía china, registrando un crecimiento moderado del PIB de apenas el 4,9% en el tercer trimestre, frente al 18,3% y el 7,9% alcanzado durante el primer y segundo trimestre, respectivamente.

Tras el tsunami regulador de los últimos meses, los mercados agradecen la vuelta a la rentabilidad. Mientras la sociedad de servicios financieros UBS advertía de que las acciones de las tecnológicas chinas podrían seguir bajando durante los momentos pico de mayor presión regulatoria, el optimismo actual ha propiciado que la recomendación de las acciones de las tecnológicas de China pase a sobreponderar, aportando una previsión de potencial alcista. Una situación favorable que se produce coincidiendo con la primera salida al extranjero de Jack Ma en muchos meses, después de haberse alejado del foco mediático tras la paralización de la salida a bolsa de Ant Group a finales de 2020, lo que podría tener el efecto de elevar en al menos un 10% las acciones de Alibaba, según algunos analistas financieros.

El regreso de Jack Ma va acompañado, asimismo, de importantes movimientos empresariales que vuelven a situar a Alibaba como uno de los principales generadores de disrupción tecnológica del país. En el ámbito del e-commerce, y ante el creciente desafío que está generando el sitio de compras chino SHEIN, Alibaba ha anunciado el lanzamiento de la marca de moda rápida allyLikes para afrontar la competencia que plantea la tienda online de moda, apenas conocida hace unos años en el mercado norteamericano y europeo. Una nueva unidad de negocio dentro del ámbito del e-commerce que contará con envíos a Francia e Italia, así como a Canadá y Estados Unidos, y que tendrá el respaldo de todas las capacidades de Alibaba para la promoción de la marca.

Más allá de ser un gigante del e-commerce, Alibaba se ha venido consolidando en los últimos años como player global entre los principales proveedores de soluciones de cloud computing hasta situarse como el tercero más importante, según Gartner. Un sector crucial en una etapa de creciente demanda de servicios digitales con el despliegue del 5G que además favorece la ambición de China de conseguir la autosuficiencia tecnológica.

Identificado como objetivo prioritario por parte del gobierno chino, la noticia de que Alibaba ha conseguido desarrollar uno de los semiconductores más avanzados del país para uso exclusivo en sus centros de datos, no solamente está en línea con las ambiciones de China de conseguir la ansiada independencia tecnológica de las potencias extranjeras, sino que sitúa a los titanes tecnológicos en mejor sintonía con las ambiciones del gobierno.

Los grandes de la industria como Alibaba, Baidu y Xiaomi se suman así a ser promotores de inversión en el desarrollo de chips, objetivo estratégico de China en su XIV Plan Quinquenal. Una actividad que pone de nuevo en sintonía las ambiciones de las tecnológicas y las del propio gobierno central, mientras se termina de definir el nuevo marco de cooperación entre las empresas estatales y los titanes tecnológicos que más beneficie a los objetivos de China de convertirse en una gran potencia de manufactura con alta componente tecnológica.