Entradas

THE ASIAN DOOR: La doble crisis, la natalidad rivaliza con la economía. Águeda Parra

Las previsiones de recuperación internacional para 2021 parecen indicar que se recuperará la senda de crecimiento económico a nivel global, aunque a distintas velocidades. China se encuentra entre aquellos países que mejores perspectivas presenta, después de haber sido la gran excepción entre las grandes potencias mundiales, ya que consiguió terminar el año 2020 con un crecimiento positivo del 2,3%, después del impacto que ha supuesto la crisis sanitaria del COVID-19 a nivel mundial.

Aunque las perspectivas de recuperación económica sean positivas, la previsión de crecimiento superior al 6% del PIB anunciada por China es sensiblemente inferior a los pronósticos realizados por organismos internacionales y corporaciones financieras para la segunda potencia mundial que, en el caso del Fondo Monetario Internacional, situaban ese crecimiento en torno al 8,1%. A diferencia de otras ocasiones, donde se anuncian objetivos de crecimiento mucho más concretos, China establece por primera vez un margen en la senda de expansión de su producto interior bruto para un año 2021 en el que no son pocos los desafíos. A destacar a nivel interno, China todavía tiene que conseguir incentivar el consumo interior, recuperando la confianza del consumidor, elemento esencial de la nueva estrategia de “circulación dual” definida por el gobierno chino para que desde dentro se impulse el crecimiento económico.

La cita de la sesión anual de la Asamblea Popular Nacional de China, más conocida como las dos sesiones, es el escenario en el que el país asiático establece cuáles serán sus prioridades en materia económica y política. Esta sesión celebrada a principios de marzo ha dado visibilidad a los objetivos económicos establecidos para 2021, además de suponer la aprobación del 14º Plan Quinquenal (2021-2025), el cual aborda los objetivos que se plantea China para los próximos cinco años, aunque en esta ocasión se ha incorporado una visión amplia que abarca la perspectiva de 2035.

Sin embargo, no todo son objetivos económicos y políticos. Las prioridades sociales son también parte esencial de la estrategia de desarrollo de China, y la cuestión de la natalidad vuelve a ocupar un puesto destacado en la agenda de los dirigentes del país. Los datos estadísticos, que muestran un descenso paulatino de la natalidad, entran en conflicto con las perspectivas de China de alcanzar un importante nivel de modernidad y prosperidad, un verdadero talón de Aquiles que podría poner en riesgo las perspectivas de crecimiento del país.

Los datos más recientes muestran una población activa de entre 16 y 59 años que cae por octavo año consecutivo y una tasa de natalidad en 2019 que fue la más baja desde 1949, registrándose 10,48 nacimientos por cada 1.000 habitantes. A la espera de que se publiquen próximamente los datos relativos a 2020, las previsiones apuntan a que la pandemia habría tenido un efecto poco incentivador para aumentar el número de nuevos nacimientos por diferentes motivos. A la tendencia del descenso en el número de matrimonios, y el incremento de los divorcios, se suma el hecho de que las mujeres chinas encuentran su desarrollo profesional más prioritario que la necesidad de formar o ampliar la unidad familiar.

La eliminación de la política del hijo único en 2015 no ha supuesto un impulso en el número de nacimientos, lo que supondría que la población de China alcanzaría su punto máximo en 2029, pudiendo descender hasta algo más de 700 millones según el pronóstico de algunos demógrafos. Retrasar la edad de jubilación podría ser uno de los retos a abordar entre los desafíos que se plantean para el próximo lustro, actualmente fijada en 60 años para los hombres y 55 para las mujeres, a lo que habría que sumar mayores costes de pensión y atención médica.

En definitiva, cuestiones sociales que rivalizan en importancia con las prioridades económicas, resultado de una sociedad cada vez más cosmopolita y moderna donde las mujeres chinas buscan ocupar un lugar relevante en la sociedad, también en la esfera profesional.

THE ASIAN DOOR: Aprovechar el fenómeno China en 2021. Águeda Parra Pérez

China da paso al 2021 habiendo superado retos importantes, todos ellos hitos marcados en la estrategia fijada por el gobierno chino de alcanzar la construcción de una “sociedad modestamente acomodada” como parte del “sueño chino”. Asimismo, 2021 también representa una de las fechas clave señaladas en el calendario de eventos del gigante asiático al conmemorarse el centenario del Partido Comunista Chino. Supone el momento en el que el país busca mostrar los avances realizados en este tiempo y, lo más importante, dar visibilidad al buen posicionamiento de China para alcanzar los retos futuros antes de que se cumpla la siguiente gran fecha marcada en el calendario, el centenario de la proclamación de la República Popular China en 2049.

El año 2020 se despide con la consecución del logro de haber duplicado el PIB per cápita respecto al valor de 2010, alcanzando los 10.582,10 dólares, según la última estimación de diciembre emitida por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Con este dato, China pasa a la parte alta de la clasificación de economías con ingresos medios, según los parámetros establecidos por el Banco Mundial, lo que supone disponer de un nivel de renta que el propio FMI proyecta hasta los 16.242,17 dólares para finales de 2025. Esto supone para China superar a la economía de Malasia y situarse en niveles similares a Omán, generando un impulso creciente de la clase media como resultado de este crecimiento económico.

Precisamente es este fenómeno de consolidación de una creciente clase media, junto con la política establecida por el gigante asiático de fomentar la circulación dual como estrategia de crecimiento para 2021, lo que genera una nueva ventana de oportunidad para los negocios en China. De hecho, el banco de inversión Goldman Sachs va más allá identificando este momento como una “oportunidad única en una generación” para los inversores.

Aunque las previsiones apuntaban a que 2020 sería el año en el que el mercado minorista de China superaría al de Estados Unidos, la reducción del consumo doméstico experimentado durante todo el año como consecuencia de la pandemia ha supuesto que, contra todo pronóstico, el mercado minorista norteamericano siga siendo el más lucrativo del mundo, según eMarketer. Sin embargo, los distintos ritmos de crecimiento de ambas economías muestran una senda de recuperación del gasto doméstico en China muy atractiva para aquellos que tienen intereses en el país. De ahí, la nueva oportunidad que se presenta.

China duplica con un 8% de crecimiento del PIB la estimación para Estados Unidos anunciada recientemente por la Reserva Federal. Un escenario propicio para desplegar las medidas contempladas en el 14º Plan Quinquenal (2021-2025) que están en línea con fomentar e impulsar un mayor consumo entre la población que se convierta en uno de los ejes estratégicos y motor de crecimiento de la economía china para el próximo lustro. Un marco de desarrollo favorable para que inversores y empresarios contemplen reforzar su estrategia con China. Qué duda cabe que, de no disponer de huella en el gigante asiático, ésta sería la ocasión a no perder de vista.

En esta nueva etapa de desarrollo económico de China, el gigante asiático ha planteado varios sectores prioritarios de crecimiento. Apostar por las renovables y por convertirse en hub de los coches eléctricos como parte clave del compromiso de China por llegar en 2030 al pico máximo de emisiones de gases contaminantes son algunas de las áreas que mayor atractivo van a tener en los próximos años, a las que también se suma la de ampliar su cobertura nacional de red ferroviaria. Por otra parte, el e-commerce se consolida como la herramienta que mayor y más fácil acceso genera al mercado de consumo, una alternativa cada vez más viable para casi cualquier tipo de sector. (Foto: Flickr, Marco Verch)

THE ASIAN DOOR: Estrategia Sun Tzu para competir con Estados Unidos. Águeda Parra

Dice Sun Tzu en la famosa obra de “El arte de la Guerra” que la mejor victoria es vencer sin combatir y esta es la máxima que parece estar siguiendo el gobierno chino en su rivalidad con Estados Unidos. Semiconductor Manufacturing International Co. (SMIC) es la empresa estatal con la que China se ha incorporado a competir en la liga de los fabricantes de semiconductores más importantes del mundo. En un mercado dominado en un 80% por proveedores americanos en la producción de ciertos equipos muy especializados, y esenciales en la fabricación de chips de última generación, las restricciones impuestas por Estados Unidos para limitar las ventas a empresas chinas dejan un escenario poco prometedor para continuar con los ritmos de producción actuales.

Asimismo, conseguir un nivel de producción propio que reduzca la dependencia de importaciones pasa también por reducir el gap tecnológico en la fabricación de chips avanzados que den respuesta a las necesidades de computación de alto rendimiento que va a requerir el despliegue de las nuevas tecnologías. Aquí los grandes referentes son la empresa taiwanesa Taiwan Semiconductor Manufacturing Co. y la americana Intel. De ahí, que, cuando el objetivo de China es alcanzar un nivel de producción propio que le permita auto provisionarse y no depender de importaciones que paren la cadena de producción, urge un cambio de estrategia.

Algunos expertos estiman que la competitividad de China en el sector de equipos semiconductores, aunque ha crecido mucho en los últimos años, apenas representa el 2% del mercado global, situándose todavía a dos o tres generaciones de distancia de sus competidores. Se trata de una autosuficiencia en el sector de equipos de semiconductores de alrededor del 10% que limita ostensiblemente las ambiciones de China en un entorno de guerra comercial con Estados Unidos. El gap tecnológico es otro de los grandes caballos de batalla. En este aspecto, la desventaja es bastante similar, y la producción de chips altamente competitivos y de reducidas dimensiones se sitúa a una distancia de entre una y dos generaciones de sus principales rivales, es decir unos 5 a 10 años de desarrollo. De ahí que, en líneas generales, China disponga de una capacidad de autosuficiencia de chips de menor calidad, que se utilizan en dispositivos menos sofisticados, de apenas un 30%.

Con este escenario, la estrategia para completar el largo camino hasta conseguir una suficiencia de aprovisionamiento en producción propia del 70% para 2025 pasa por una inversión masiva en la industria, que algunos medios barajan en unos 1,4 billones de dólares. Aunque la cifra todavía está por confirmar, la cantidad final estará en un orden de magnitud similar, teniendo en cuenta el esfuerzo titánico que debe realizar China para reducir el gap tecnológico que todavía mantiene con Estados Unidos en este sector. El entorno empresarial se ha complicado de forma exponencial tras las medidas establecidas por la administración Trump, que podrían igualmente mantenerse en el tiempo más allá de un hipotético cambio de gobierno tras las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos.

En una industria tan intensiva en capital como es la de los semiconductores, el dinero fluirá entre las empresas que China está impulsando para aumentar su competitividad global en la industria, pero no así lo hará el talento. El sector requiere de perfiles técnicos muy especializados para mantener una alta competitividad, de ahí que se haya desatado una lucha feroz por atraer el mejor talento. La demanda se estima en 720.000 nuevos puestos hasta finales de 2021, que reflejan la presión que viene experimentando el mercado para cubrir perfiles especializados, superando con creces los 460.000 trabajadores que se registraron en 2018, según el Ministerio de industria y Tecnología de la Información de China.

Con la vista puesta en implementar las directrices del próximo Plan Quinquenal, China pretende desarrollar una estrategia de “circulación dual” para hacer crecer la demanda doméstica a la vez que reduce su dependencia de las importaciones extranjeras. De ahí que, el objetivo a corto plazo pase por evitar que una escalada en los salarios de la industria de los chips y una floreciente creación de nuevos unicornios no desemboque en una gestión descontrolada de la inversión que conduzca a una situación similar a la que provocó la burbuja de las “puntocom” hace tres décadas.