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Y finalmente ¿cuál fue el origen del Covid-19? Nieves C. Pérez Rodríguez

La OMS declaraba el fin de la pandemia del Covid-19 el 5 de mayo del año en curso y para el momento del anuncio el saldo de víctimas fatales se encontraba en unos siete millones, de acuerdo con los registros oficiales, y con más de trece mil millones de dosis de vacunas administradas alrededor del mundo.

Desde finales de noviembre de 2019 había rumores sobre un virus misterioso que contagiaba indiscriminadamente a su paso y dejaba en estado crítico a muchos de los pacientes y con fuerte dificultades respiratorias. A pesar de lo poco que salió de China se supo algo por algunas fuentes como influencers o incluso Li Wenliang, el médico que se contagió mientras trabajaba en el hospital de Wuhan. Li, por ejemplo, intentó advertir al público de la agresividad del virus y el 30 de diciembre fue neutralizado por la policía por difamación, al más típico estilo opresor. Este médico fue silenciado para evitar que el problema se conociera.  Li murió de Covid unas semanas más tarde y con su partida el silencio sobre el virus continuó.

Poco se sabía hasta que el virus llegó a Italia, España y a Estados Unidos dejando cientos de infectados a su paso y con ello el reclamo social lógico sobre origen del virus. Las grandes potencias intentaron diligentemente gestionar la crisis, en algunos casos con más acierto que en otros, aunque lo cierto es que el virus se fue propagando por el mundo a gran rapidez mientras la ciencia hizo un extraordinario trabajo de seguimiento e investigación para poder entender el genoma del virus y así buscar una solución a la grave situación. Todo esto sin que Beijing aportara información básica inicial, solo basándose en los datos que se estaba obteniendo en tiempo real en hospitales directamente de los pacientes, en los centros de pruebas.

Desde el comienzo y probablemente debido al excesivo secretismo de las autoridades chinas en todo lo relacionado con el virus, todo tipo de teorías surgieron en un intento por explicar el origen. Y entre ellas la posibilidad de que el virus se escapara accidentalmente de un laboratorio en Wuhan, ciudad donde fueron reportados los primeros casos del coronavirus.

Durante los primeros meses de la pandemia, ante las constantes preguntas de los medios y de los ciudadanos en busca de respuestas sobre el origen, las autoridades sanitarias de casi todos los países priorizaron la atención en los métodos preventivos y probablemente intentando apaciguar la ira ciudadana que demandaba más información sobre el virus. La teoría de que el virus pudo salir por accidente de un laboratorio fue prácticamente ignorada por las autoridades, quizás para evitar más especulación de la que ya se había generado. Quizás con la idea de centrar el foco en el control de la enfermedad la teoría fue contenida y el foco estuvo en educar, vacunar y continuar con la investigación en pro de dar con las claves para los tratamientos.

En los Estados Unidos el virus se politizó como en ningún sitio. Los republicanos presionaban para una normalización de la pandemia mientras que los demócratas exigían los cierres y las cuarentenas y en cuanto se tuvo la primera vacuna la vacunación masiva incluido cualquier extranjero que visitara el país que tenía el derecho a recibirla. Aunque la guerra comercial con China había llegado al punto más álgido de la historia, los políticos estadounidenses hicieron un esfuerzo en no condenar a China directamente, aunque algunas voces afirmaban estar convencidos de que el Covid-19 fue originado en China.

No obstante, países como Australia se resistieron a quedarse callados y por tanto exigieron respuestas a China y como consecuencia Beijing les castigó con el bloqueo de las exportaciones de sus productos.  Y de hecho desde entonces Beijing y Camberra no han mantenido relaciones diplomáticas fluidas.

El Partido comunista chino (PCC) acusó fuertemente a Estados Unidos de politizar el virus cada vez que surgía algún comentario sobre el origen del mismo. El PCC usó la propaganda y el descredito para quitarse la culpa y atacar a quien los señalara. Las campañas chinas señalaban a los Estados Unidos como el lugar de donde surgió el primer paciente y hasta insistían en que los estadounidenses habían llevado el Covid-19 a China.

A principio de este año, El FBI sorprendió a muchos afirmando que la agencia creía que la teoría del laboratorio era correcta. El Departamento de Energía de los Estados Unidos también llegó a la misma conclusión y de hecho se lo comunicó oficialmente a la Casa Blanca. Alrededor de esa fecha, apareció el globo chino espía sobrevolando los cielos estadounidense y obviamente la atención se trasladó al preocupante robo de información militar que pudo haber hecho el globo, lo que, sumado a la tremenda presión interna, hizo que Washington pusiera su foco en la crisis de los globos y dejara el virus aparcado aun cuando en este punto ya parecía haber consenso institucional sobre que el virus salió del laboratorio de Wuhan.

Hace unos días, el profesor George Gao, una autoridad respetada en China y exjefe del Centro de Control de enfermedades chinas, dijo en una entrevista a la BBC que no se puede descartar ninguna teoría sobre los orígenes de la pandemia, incluso la teoría de que el virus pudo provenir de un laboratorio. Así mismo el profesor afirmó que China había investigado la posibilidad de que el virus saliera del Instituto de Wuhan y admitió que en realidad no había visto los resultados de la investigación, pero que sabía que esa investigación había sido autorizada.

Una autoridad como el profesor Gao no hace una afirmación de ese calibre accidentalmente o de manera casual. Por el contrario, todo parece apuntar a que el PCC está usando al científico para abrir la posibilidad o mandar un mensaje en una entrevista concedida a un medio internacional como la BBC.

Algunos analistas internacionales coinciden en que esas declaraciones no son fortuitas y que, en efecto, el momento de las declaraciones tienen una razón de ser. ¿Quizás aceptar culpas indirectamente para evitar más escrutinio y condena internacional?… Quizás evitar que se siga investigando y se lleguen a conclusiones más específicas… O para intentar parar la reacción de los aliados en bloque que ahora hablan del “decoupling” o rompimiento de la dependencia comercial china o de “offshoring” o reubicación de los centros de producción en otros destinos bien sea en otros países o el regreso a casa.

Es lógico y además necesario que el mundo pida explicaciones a Beijing, primero por haber sido el país donde claramente se originó el virus; desde el punto de vista internacional China es la segunda economía del planeta que no sólo tiene derechos sino deberes para con el resto por esos más de siete millones de fallecidos que merecen ser dignificados, por el coste económico que produjo la pandemia, el retroceso que propició en algunos países, hasta por los problemas psicológicos y de aprendizaje en los niños que fueron sometidos a aislamiento.

Occidente debe ser tajante y puede exigir respuestas. Y tiene además el derecho de tomar decisiones comerciales en el corto y mediano plazo basado en la falta de seguridad que representa China en la cadena de producción internacional, en el aumento de los costos de los productos debido a la poca oferta, a los estrictísimos cierres de ciudades enteras y los rígidos controles que impusieron en China que repercutieron en la producción de todos los productos que el resto del planeta importa desde China.

China, por su parte, debe entender que su economía depende del comercio internacional y a los socios no se les puede tratar como plebeyos sino como iguales.