El Covid-19 en el mercado internacional. Nieves C. Pérez Rodríguez

La pandemia ha cambiado muchas cosas en el mundo, incluida la demanda de ciertos bienes junto con los patrones de consumo que también han cambiado significativamente, lo que a su vez ha provocado la escasez de productos en casi todos los sectores. Para explicar esta situación 4Asia consultó con Eric Johnson, periodista especializado en intercambios comerciales y tecnología en busca de las claves detrás de la logística y las cadenas de distribución internacional.

¿Cómo explica usted el fenómeno de cambio de oferta y demanda durante los primeros meses de la pandemia y la escasez que muchos sectores experimentan actualmente?

Hay tres factores a tener en cuenta:

1) Cuando la pandemia golpeó, las personas dejaron instantáneamente de gastar en intangibles como viajes, conciertos, teatros y experiencias. Ese gasto migró principalmente a más bienes, a veces artículos necesarios como productos de limpieza, desinfectantes, geles antibacterianos y mascarillas, aumentó exponencialmente el consumo de alimentos (ya que no íbamos a restaurantes) y, en algunos casos, implicó adaptaciones del hogar, proyectos de renovación y muebles que nos demandó la nueva realidad (como trabajar desde casa o el cole virtual).

2) El comercio electrónico, más que nunca, se convirtió en un gran facilitador de la compra de productos de todos los tamaños sin necesidad de salir de casa para ello.

3) Las ayudas del Estado, en el caso de los Estados Unidos llamadas “cheques de estímulo” fueron inyecciones de efectivo periódicas que alentaban a las personas a gastar en bienes y mantenían la economía activa. Todo esto ha tenido un impacto en el comercio mundial. Estamos viendo en 2021 el efecto de latigazo de toda la demanda de bienes a finales de 2020 y principios de 2021 y una carrera por las tiendas para reabastecer el inventario antes de los períodos clave de compra de los consumidores estacionales en América, el 4 de julio que suele ser momento que se aprovecha promocionar compras con descuentos especiales, el regreso al colegio, y por último las vacaciones del verano).

¿Diría usted que la razón de las importantes interrupciones en el proceso de comercio internacional fue que el Covid-19 se originó en China (principal exportador de bienes del mundo) puesto que el gobierno chino cerró ciudades e impuso bloqueos en áreas donde se encuentran muchas fábricas, retrasaron el proceso de fabricación como también el proceso de envío de suministros?

Definitivamente esa situación tuvo un impacto en la primera etapa, es decir, febrero-abril de 2020, pero contrario a lo que se cree, las fábricas se recuperaron muy rápidamente. Las interrupciones del comercio mundial de hoy tienen menos que ver con los cierres de fábricas de hace un año y más con los niveles históricos de demanda de bienes en los últimos meses y en la actualidad.

¿Cuál es el coste de transportar un barco de carga desde China a los EE.UU. a día de hoy? ¿Podría compararlo con los precios previos al Covid-19?

Antes de la aparición del Covid-19 el costo de reservar un contenedor para transportar mercancías desde China a un puerto en, por ejemplo, el sur de California, históricamente ha estado en el rango de 1.500 a 2.500 dólares, dependiendo de los niveles de oferta / demanda. Ese rango de precios no se modificó en realidad por décadas.

Pero hoy el precio base para enviar ese mismo contenedor es de 6.000 dólares o más. Lo que se traduce en tres veces mayor a los niveles históricos. Pero es todavía más complicado que eso, porque el espacio es tan reducido, que las empresas básicamente necesitan pagar tarifas premium de carga además de esas tarifas base. Es como tener una reserva en un restaurante, pero el encargado te dice que está muy lleno y que la única forma de conseguir una mesa es pagar dos o tres veces los precios que figuran en el menú. Eso junto con un precio base mucho más alto pueden llevar los costos totales a más de 20.000 dólares por contenedor que es objetivamente 10 veces por encima de los niveles normales, lo que es una absoluta locura.

¿Cómo se podría normalizar las exportaciones? ¿Necesitamos más buques transportando bienes?

La demanda actual se encuentra en máximos históricos en este momento, no solo en comparación con el año 2020, sino en comparación con años previos como el 2019. Una solución que la gente del sector se encuentra discutiendo en este momento es la construcción de nuevos buques para manejar la demanda adicional. Pero frente a esto tenemos dos problemas, uno que los barcos tardan al menos unos 18 meses en construirse y entrar en funcionamiento. Y dos que no está claro que los niveles de demanda actuales se normalizarán durante un largo período de tiempo, y las compañías navieras no quieren desarrollar más capacidad de la que eventualmente podrían necesitar.

¿Cree usted que vamos a volver a la forma en que funcionaban las cosas antes o la situación ha cambiado para siempre? ¿Se espera que los precios de los bienes bajen?

Los costos de envío eventualmente bajarán. Tal vez no a niveles históricamente bajos, pero no pueden permanecer tan altos para siempre, ni siquiera por mucho más tiempo. Para algunas empresas, el valor total de las mercancías dentro del contenedor es inferior a 20.000 dólares, por lo que no tiene mucho sentido enviarlas y asumir pérdidas. A medida que la demanda se ralentice y haya más capacidad disponible, los precios de transporte de esos contenedores se estabilizarán. Pero pueden pasar nueve meses o más para que todo eso suceda.

INTERRENGUM: ¿Xi pliega velas? Fernando Delage

El pasado 31 de mayo, el Politburó del Partido Comunista Chino, integrado por su máximos 25 dirigentes, celebró una inusual sesión de estudio sobre cómo reforzar “la capacidad de comunicación internacional” del país. En dicho encuentro, el secretario general, Xi Jinping, pidió a los cuadros de la organización un esfuerzo dirigido a “construir una imagen creíble, adorable y respetable de China”. “Debemos prestar atención a cómo emplear el tono correcto, ser abiertos, confiados y humildes”, añadió Xi, según la información proporcionada por Xinhua, la agencia oficial de noticias.

Sus palabras han provocado un considerable revuelo entre los observadores, dada la especial agresividad que ha caracterizado los mensajes de Pekín hacia otras naciones durante los últimos años (la conocida como “diplomacia del lobo guerrero”, en alusión a una popular película china). ¿Va el gobierno chino entonces a suavizar su aproximación hacia el exterior? Aunque las interpretaciones se inclinan hacia el escepticismo, habría que analizar las posibles motivaciones de este cambio de discurso.

Algunos expertos consideran que se trata de un mero ajuste en la estrategia de comunicación. Los excesos en la propaganda practicada hasta la fecha justificarían el final de su recorrido ante la proliferación de críticas en las redes sociales que subrayan las contradicciones entre la retórica oficial y los hechos concretos. No sería éste por tanto el camino para extender una imagen positiva de China en el mundo. Otras fuentes hacen hincapié en el tipo de medidas—advertencias, sanciones, prohibición de visados, etc—a través de las cuales Pekín ha reaccionado contra aquellos países que—en su opinión—han actuado en contra de sus “intereses fundamentales”. El resultado ha sido una situación de enfrentamiento que ha resultado contraproducente para sus objetivos. Su esperado acuerdo sobre inversiones con la Unión Europea, por ejemplo, ha sido rechazado por el Parlamento Europeo. El drástico empeoramiento de sus relaciones con Australia e India, entre otros, afecta igualmente a su imagen internacional, justamente cuando Estados Unidos cuenta con un presidente volcado en recuperar las relaciones con sus socios y aliados tras la perjudicial etapa de su antecesor.

La represión de los uigures en Xinjiang, la supresión de la autonomía de Hong Kong, la creciente presión sobre Taiwán, o la gestión de la pandemia no han multiplicado ciertamente los amigos de China. Un sondeo del Pew Research Center realizado el pasado mes de octubre en 14 países, reflejaba una visión mayoritariamente negativa de China, incluyendo en 9 de ellos las cifras más altas en décadas. Mientras, continúan los llamamientos a boicotear la participación de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022 en Pekín, y a investigar el origen del Covid-19.

Resulta lógico pues que China intente moderar su actitud ante el rápido deterioro de su percepción internacional. Si el mundo no acepta su ascenso, Pekín no contará con el margen de maniobra que espera conseguir hacia mediados de siglo. Y ésta puede ser en último término la clave más relevante del anunciado giro diplomático. Más que por un problema de comunicación, los dirigentes chinos se han dejado llevar por un excesivo celo nacionalista que les hizo abandonar el anterior enfoque pragmático que les permitía, paso a paso, ir consolidando una nueva posición de influencia. Si se convierten en rehenes de una retórica beligerante, seguirán una deriva que les alejará de sus grandes planes estratégicos.

Y seguimos buscando el origen del Covid-19. Nieves C. Pérez Rodríguez

Desde los inicios de la pandemia, Biden hizo un llamado a oír a la ciencia y seguir los consejos que los científicos estaban aportando como producto de los hallazgos de las investigaciones mientras la Administración Trump trataba de quitarle importancia a la gravedad de Covid-19 hasta que no les quedó más remedio que empezar a tomar medidas extremas, como lo tuvo que hacer el resto del planeta. En efecto la negación a portar la mascarilla se convirtió en Washington en una declaración política expresa que automáticamente identifica a un sujeto con sus preferencias electorales e ideológicas.

En consecuencia, a todos los demócratas se les ha visto todo el año pasado y lo que va de este “enmascarados”. La portavoz de la cámara de representantes, Nancy Pelosi, impuso una tendencia de moda al llevar la mascarilla conjuntada con el traje de cada día. Y hasta pequeñas boutiques locales promocionaban sus mascarillas como el nuevo accesorio del momento en un intento por sobrevivir la cuarentena y hacer frente a la caída estrepitosa de ventas. Mientras, a la mayoría de los republicanos se les veía llevarlas sólo en aquellos momentos o lugares en los que no les quedaba más remedio. Al mismo Trump no se le vio con mascarilla ni siquiera cuando salió del hospital después de haber sido tratado por Covid y muy probablemente estando aún positivo.

En el exceso por ser políticamente correctos, los demócratas han usado la mascarilla como una distinción de los republicanos y en eso se basó parte de la campaña electoral de Biden a la presidencia e incluso ya en la Casa Blanca el uso de las mascarillas ha continuado siempre frente de las cámaras y del ojo público.

Mientras que Trump fue directo en acusar a China de haber dejado al virus circular fueras de sus fronteras, o peor aún llamarle el “virus chino”, los demócratas habían sido más prudente con ese tipo de acusaciones. Hasta la declaración del 26 de mayo de Biden en que pedía al equipo de seguridad nacional que investigara en un plazo de 90 días el origen del virus para poder determinar si éste surgió del contacto entre un animal a humanos o si se escapó del laboratorio de Wuhan.

El director general de la OMS, Tedros Ghebreyesus, decía en abril que la teoría de que el virus se había escapado del laboratorio era la menos probable, aunque insistía en que se necesitaba tener más pruebas para poder descartarla del todo.

4Asia consultó con Josh Rogin, periodista del Washington Post que sigue muy de cerca las relaciones sino-americanas y que acaba de publicar un libro con los pormenores de estas relaciones durante la era Trump.  Le preguntamos sobre cuáles son las razones que han llevado a Biden a solicitar esta investigación en este momento. Y esto fue lo que nos dijo:

“El presidente Biden ordenó una nueva investigación a la Inteligencia por dos razones: la creciente presión del Congreso y el público estadounidense sobre la necesidad de esclarecer las posibles hipótesis de que el brote podría estar relacionado con un accidente en el laboratorio de Wuhan y el fallo en el intento de la OMS de hacer la segunda parte de la investigación que ha sido drástica y públicamente rechazada por China”.

La Administración Biden ha venido operando bajo las reglas diplomáticas tradicionales, entonces ¿Por qué ahora reabren esta investigación cuando las tensiones con Beijing están ya bastante caldeadas?

“591.000 estadounidenses murieron debido a Covid-19. Beijing ha ocultado datos cruciales y han encubierto los orígenes del virus durante más de un año. Esto ha causado mucho sufrimiento y muertes no sólo de estadounidenses, sino a nivel mundial. Si no vale la pena arriesgar tensiones con China para descubrir la verdad sobre 3 millones de muertes en el mundo, ¿qué merece la pena? Estos datos son demasiado significativos para ignorarlos. Además, si Beijín puede amenazar con tensiones cada vez que le pedimos que digan la verdad y se apeguen al derecho internacional, entonces seguirán haciendo uso de esa táctica todos los días”, sostiene Rogin.

“De encontrarse evidencias claras que apunten a una fuga del laboratorio de Wuhan, Los Estados Unidos tendrían que repensar completamente toda la cooperación científica con China, cerrar toda cooperación sobre investigaciones sobre virus e iniciar un largo proceso legal para señalar responsabilidad y luego buscar que China repare o compense todo el daño económico que ha causado el virus. El mundo entero quiere saber cómo empezó esto (excepto China). Sí los Estados Unidos deciden liderar este esfuerzo, estoy seguro de que muchos otros países apoyarán esa presión”, afirma Rogin.

Si la teoría de la fuga del laboratorio fuera conspirativa habría que esclarecerla en cualquier caso. Sí por el contrario pudiera ser comprobada, Estados Unidos -como líder internacional- entonces tendría que exigirle a China que asuma su responsabilidad. Porque como ya en esta columna se afirmó al principio de la pandemia, los actores internacionales más importantes no sólo pueden exigir mayor participación y protagonismo en los foros internacionales sino también deben asumir su responsabilidad, lo que en algunos casos significa pagar por ello o al menos intentar reparar el daño causado de alguna manera.

Ocupar el lugar de la segunda economía más grande del mundo encierra una posición de fuerza, pero también viene con ello una responsabilidad que debería ser ineludible.

EEUU quiere estar a la cabeza de la vacunación mundial. Nieves C. Pérez Rodríguez

El secretario de Estado, Anthony Blinken, fue entrevistado el pasado domingo en la cadena NBC y fue interpelado sobre la política exterior de los Estados Unidos con especial foco en China y si se está desarrollando una especie de diplomacia internacional de vacunas. 

Blinken afirmó que Washington está preparando un plan de distribución internacional de vacunas mientras trabajan paralelamente en un plan doméstico de vacunación masiva en el que ya están previendo la inclusión de adolescentes a corto plazo y niños en un plazo un poco más largo. “Una vez que América esté vacunada nos aseguraremos de que el resto del mundo tenga acceso a la vacuna también. Estados Unidos tomará el liderazgo de la vacunación internacional y nos aseguraremos de que el resto de los países pueda ser vacunado”.

El secretario de Estado aseguraba que gracias a la estructura del COVAX (por sus siglas en inglés Covid-19 global Access) y los recursos que maneja se está llevando a cabo una importante labor de avance en el mundo. Estados Unidos es el principal financiador de esta iniciativa, que se ha creado con el propósito de permitir el acceso equitativo a las vacunas a todos los países del mundo. COVAX coordina los recursos internacionales para permitir a los países de bajos a medianos ingresos el acceso ecuánime a las pruebas, terapias y vacunas de COVID-19.

Blinken también afirmaba que Washington está preparándose para comenzar a ayudar a países de manera individual como ya lo han hecho con los vecinos más directos, Canadá y México. En sus propias palabras, “esto tiene implicaciones sanitarias y de seguridad directa para los Estados Unidos por su cercanía”. Aunque también reconoció la necesidad de que el resto de los países sean inmunizados, “pues mientras no sea así estaremos enfrentándonos a nuevas mutaciones del virus”.

Le preguntaron sobre el origen del virus y si él creía que China tenía la respuesta, Blinken sonrió con picardía dejando ver entre líneas que sí. Intentó contestar diplomáticamente explicando que en su opinión Beijín no hizo lo que le correspondía al principio del virus, pues no informó al mundo, no tomó las medidos necesarios con la rapidez requerida y no fueron transparentes, razones por las que el virus se fue de las manos.  Por lo tanto, aseveró que es necesario poder esclarecer el origen del virus para poder prevenir brotes futuros. Lo que índica que Washington continuará con sus esfuerzos hasta llegar a dar con la incógnita.

En cuanto a Taiwán la gran interrogante fue si está Estados Unidos preparado para defender a Taiwán militarmente, a lo que respondió que Estados Unidos tiene un compromiso bipartidista desde hace muchos años con Taiwán y que Washington mantiene y cumple sus compromisos. “Nos preocupa mucho el despliegue militar en la zona y la creciente tensión en las relaciones. Nosotros tenemos el compromiso de mantener la paz y la seguridad en el Pacífico y el que trate de cambiar el status quo de Taiwán a la fuerza estará cometiendo un grandísimo error”.

En relación con los uigures aprovechó la ocasión para mantener su posición sobre que lo que está ocurriendo en Xinjiang es un genocidio, por lo que dijo “es fundamental acercar al mundo para hablar con una única voz en contra de lo que está ocurriendo; tenemos que tomar decisiones concretas como evitar que empresas colaboren con Beijing para mantener control de la población, con equipos y tecnología. También estamos mirando el origen de los productos producidos en esa parte de China para asegurarnos que no puedan entrar en los Estados Unidos”.

En las últimas dos semanas ha estado creciendo el rumor de se estaría haciendo un frente para boicotear los juegos Olímpicos de invierno 2022. China fue seleccionada como país anfitrión en julio de 2015. Como es habitual, los países anfitriones se escogen con anticipación suficiente para que tengan tiempo de prepararse y en la mayoría de los casos construir infraestructura o adecuar la que tienen para el evento.

Los grupos más conservadores están alimentando la idea de dicho boicot, entre ellos políticos, figuras públicas como Mike Pompeo, ex secretario de Estado, y algunos think tanks de línea más conversadora. Pero también hubo un incidente que no pasó desapercibo de boca del portavoz del Departamento de Estado en una rueda de prensa en la que fue preguntado sobre ello y en vez de evadir la respuesta dijo que ese tema estaba en revisión.

El fundamento que sustenta el boicot está basado en la falta de derechos humanos en el país, las persecuciones religiosas a minorías tibetanos, musulmanas o cristianas. La hostilidad a la prensa occidental que se ha agudizado especialmente a raíz de los reportajes del comienzo del Covid en Wuhan y las crónicas sobre los uigures, y el acoso a la libertad de expresión en las redes sociales chinas que, forman parte del minucioso sistema de vigilancia social en el que viven los ciudadanos chinos.

La teoría de que una Administración demócrata sería más blanda con el PC chino parece estarse desmontando. Es cierto que se ha regresado a los usos más diplomáticos y menos bastos pero muy lejos del tratamiento que dio la Administración Obama a Beijing. En efecto, el mismo Blinken lo dijo de manera contundente en la entrevista que reseñamos: “Estados Unidos no puede volver ni cuatro años atrás ni ocho años atrás, este es otro momento y unas circunstancias diferentes”. No hay duda de que el acuerdo bipartidista en este tema es crítico pero tampoco parece haber dudas de que estamos sumidos en una pandemia por el mal manejo chino y que la Administración Biden seguirá buscando hasta dar con los eslabones que descifren el misterio y pedirá explicaciones llegado el momento.

Un año de Covid-19 y aún sin respuestas (II) Nieves C. Pérez Rodríguez

La semana pasada esta columna hacía un recuento del origen del Covid-19 en Wuhan, el magnífico desarrollo de las vacunas en tiempo récord y como este desarrollo es una revolución en los laboratorios y la industria farmacéutica. Y cómo, a pesar de llevar ya más de un año lidiando con el virus, no hemos sido capaces de neutralizarlo y ni siquiera hemos tenido acceso a toda la información para poder determinar el origen de este. En busca de esas respuestas la OMS envió una delegación a Wuhan que visitó todos los lugares en los que supuestamente tuvieron lugar los primeros contagios, incluido el polémico mercado de animales y el laboratorio del que se ha especulado pudo haber escapado el virus.

Las autoridades chinas manejaron con extremo cuidado la visita, intentaron mantener a la prensa alejada de los delegados, incluso la misma delegados mantuvieron silencio absoluto durante los 12 días que duró la inspección, hasta que finalmente en la rueda de prensa del final de la visita daban su conclusión que no aportaba muchos más datos de los que previamente se conocían.

Sin embargo, Peter Ben Embarek concedió una entrevista a Nick Paton Walsh -CNN- una vez fuera de China, en la que admitía que habían encontrado varios signos de propagación en 2019 y que ya en diciembre había más de doce cepas del virus en Wuhan. Lo que coincide con las teorías de muchos científicos de que la propagación tuvo que darse mucho antes de lo que el gobierno chino reportaba en su momento.

Una vez en territorio suizo, Embarek decía con estas palabras: “El virus circulaba a lo largo y ancho de Wuhan en diciembre”, lo que es un nuevo hallazgo pues de acuerdo con las autoridades el primer paciente y por consiguiente el primer brote fue registrado el 8 de diciembre según datos que les fueron suministrados a la delegación. Así mismo decía que era muy posible que el número de casos a finales del año 2019 fuera mucho mayor a las cifras proporcionadas por las autoridades chinas.

Con el material genético de diciembre del 2019 en mano se podría tener la primera gran evidencia que respaldaría la teoría de la existencia del virus previo a lo que el gobierno chino ha sostenido repetidamente. Sin embargo, también está la posibilidad de que efectivamente el virus estuviera circulando mucho antes, incluso sin haber sido detectado como una variante de la familia del coronavirus.

Embarek dijo que se han encontrado doce cepas del virus diciembre, lo que le hace pensar a la delegación que el virus debió haber estado circulando más tiempo del sostenido por los virólogos chinos.

El asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca Jake Sullivan decía una semana atrás que nunca antes una misión de la OMS había sido tan importante, refiriéndose a las conclusiones que arrojaría. Aprovechó para manifestar el apoyo de la Administración al rigor científico de quienes allí laboran, razón por lo que una de las primeras acciones de Biden fue revertir la decisión de Trump de salirse de la misma. Aprovechó para decir también que regresan esperando altos estándares, sobre todo en este crítico momento en que la OMS debe proteger y priorizar su credibilidad, apuntando indirectamente a la situación que se vivió en enero y febrero del año pasado, cuando el mundo se tambalea buscaba respuestas a lo que aún no se comprendía y el director general de la OMS aprovechaba para dar declaraciones en las que parecía más bien de un portavoz del Partido Comunista China alabando la respuesta del PC chino y del propio Xi Jinping frente al Covid-19.

Las palabras de Sullivan son claves en el contexto actual porque mandan un mensaje de respeto a las autoridades que trabajan en la OMS, cuya reputación se ha visto afectada por la polémica que ha envuelto la pandemia, pero también en parte a las duras críticas de la Administración Trump que con razón dejó en tela de juicio el comportamiento de la organización. Pero sus declaraciones son igualmente relevantes porque Washington parece estar tomando el timón del barco internacional, y para hacerlo nada mejor que hacerlo desde dentro, como miembro importante de la organización y además como el mayor financiero, pues para mantener a flote un gran número de programas internacionales de vacunación, seguimiento y erradicación de enfermedades, educación sexual entre otros, esos recursos económicos son esenciales.

La retórica de la Administración Biden dista mucho de la administración anterior, y sí es momento de mejor retórica, pero también de más acción. Biden debería aprovechar muchas de las acciones impulsivas de Trump y revertirla de manera que prevalezcan los valores occidentales en el mundo. Mientras propone regresar a la organización puede exigir más a los otros países, bien sea en ayudas o en compromisos sobre todo después de que China ha dejado ver su esencia, su falta de transparencia en una crisis de esta envergadura y el peligro que es para occidente que la producción de materias primas estén en sus manos, como por el ejemplo el material médico, ingredientes activos de medicamentos o para reactivos de laboratorios.

Biden tiene una oportunidad de oro en este momento para retomar el liderazgo de los Estados Unidos en la OMS, mientras China sigue promocionando teorías sin fundamentos del virus y envía a sus cancilleres a hacer una diplomacia de vacunas por el mundo.

Un año de Covid-19 y aún sin respuestas, Nieves C. Pérez Rodríguez

El mundo lleva más de un año lidiando con el Covid-19. El 12 de enero de 2020 Beijing confirmaba su primera víctima por Covid-19 y días más tarde decretaba cuarentena en Wuhan, epicentro del brote, mientras China negaba que había habido víctimas a finales del año 2019, eliminó toda evidencia de las redes sociales y persiguió a los periodistas y sanitarios que habían publicado evidencias sobre la aparición del virus en las primeras semanas. Todos estos elementos levantaban inquietud y desconfianza en los primeros meses de 2020. La respuesta de Beijing era de contraataque con teorías conspirativas del virus y alimentar la idea de que el virus fue exportado desde otro país y que ellos eran víctimas y no encubridores del mismo.

Un año marcado de principio a fin por la pandemia que, a pesar de tantos aspectos negativos, ha conseguido un avance sin precedentes en la creación de vacunas en tiempo récord. La innovación sin precedentes que en sí misma es este desarrollo, pues las vacunas de Pfizer y Moderna han sido desarrolladas utilizando una tecnología mensajera que transmite el código genético a las células, una receta para producir la proteína del virus. Estas proteínas fueron creadas con instructivos que activan el sistema inmunológico, enseñándole a ver la proteína del SARS como extraña y a desarrollar anticuerpos y otras armas inmunitarias con las que combatir el virus, según los expertos. Toda una revolución científica en la materia.

Con estadísticas de contagio en el mundo por encima de los 100 millones de personas y los más de 2.4 millones de víctimas fatales en el mundo -de acuerdo con John Hopkins- el gobierno chino sigue sosteniendo sus teorías sin mayores fundamentos.

La OMS envió a finales de enero a un grupo de expertos a estudiar in situ el origen del Covid-19 y tratar de esclarecer todas las interrogantes que han surgido sobre el origen del virus. Durante la visita a Wuhan se visitaron hospitales, laboratorios y mercados, incluido el mercado de Hunan de frutos del mar en el que se sabe se vendían animales exóticos de todo tipo, incluidos aquellos prohibidos por razones sanitarias, y el Instituto de virología y el centro de control de enfermedades de Wuhan.

Fue una visita curiosa pues desde el comienzo se manejó con mucho secretismo, lo que originó que los periodistas se mantuvieran persiguiendo a los delegados para poder determinar sobre la marcha a donde se estaban desplazando y que lugares estaban visitando. Muchos corresponsales tuvieron que permanecer toda la noche en las afuera del hotel donde estuvo alojada la delegación para poder seguirlos en cuanto salieran por la mañana. Otra peculiaridad es que no se permitió acceso a la prensa durante los 12 días de visitas a ningún sitio, por lo que las imágenes que hemos podido ver son fruto de la inventiva y la creatividad de los fotógrafos, que valga decir fueron hostigados por la policía china allá donde llegaban y persuadidos a abandonar la cobertura.

Sólo hubo una rueda de prensa oficial que tuvo lugar final de la gira, en ella el jefe de la delegación, el Dr. Peter Ben Embarek, indicó que los hallazgos apuntan a que es extremadamente improbable la teoría de que el patógeno saliera de un laboratorio de Wuhan, mientras corroboraban la hipótesis del paso del virus de un animal al ser humano a través de una segunda especie como la teoría más probable. También dio como probable que el primer animal haya sido un murciélago, pero admitió no saber cual pudo haber sido el segundo animal en la cadena.

El New York Time informaba de que los investigadores dijeron que los desacuerdos sobre los registros de pacientes eran tan tensos entre los científicos de la delegación y los chinos que a veces acabaron a gritos. El hecho es crítico para avanzar en una investigación científica. “Los funcionarios chinos instaron al equipo de la OMS a aceptar la narrativa del gobierno chino sobre el origen del virus incluida la teoría de que el virus llegó a China desde el extranjero, pero a esto los representantes respondieron que se abstendrían de emitir juicios sin datos”.

Si tomamos como referencia que se tardó más de diez años en encontrar los orígenes del SARS, o que el Ébola fue detectado en la década de los setenta y aún se desconoce el origen, es muy probable que nunca se sepa exactamente como se originó el Covid-19, en especial si su origen efectivamente fue en China, y las propias autoridades locales no han compartido la información inicial de manera trasparente.

Por su parte, los Estados Unidos, bajo la nueva Administración Biden, están concentrando grandes esfuerzos en el plan de vacunación masiva y en asegurar medidas y protocolos de carácter obligatorio, que a pesar de sorprender después de estar en esta situación por tanto tiempo, en este país cada Estado junto con sus autoridades ha ido determinando qué hacer y cómo manejar la pandemia de manera independiente del gobierno federal. Aparentemente los servicios de inteligencia tienen información que culpa a China de haber bloqueado información sobre el virus, pero la Administración Biden ha decidido evitar confrontación de momento hasta ver cómo se establecen las relaciones bilaterales.

Mientras tanto Beijing ha afirmado tener su propio plan de vacunación del que no sabemos muchos detalles, aunque se haga gala de éste. Pero lo que si sabe es que han planificado milimétricamente en convertirse en los salvadores de los países más pequeños, especialmente de sus vecinos.

Durante los últimos meses de 2020 y lo que va de este año, el ministro de exteriores chino -Wang Yi- se ha dedicado a visitar cada país del sureste asiático con la excepción de Vietnam. Todos esos viajes se llevaron a cabo durante los días de mayor enredo y conmoción política que ha vivido Estados Unidos en su historia reciente. Mientras en Washington se navegaban las turbias aguas post elecciones Wang era recibido en cada una de estas naciones con la esperanza de poder recibir ayuda que permita a estas naciones a hacer frente a la crisis del Covid-19, sobre todo con la imperiosa necesidad de obtener vacunas. China astutamente ha respondido a ese llamado enviando a su ministro de exteriores para desarrollar una diplomacia de vacunas en la región ante la ausencia de Washington.

Ha pasado más de un año de esta trágica situación que ha obligado al mundo entero a ajustar sus modos de vida a la nueva realidad, que ha interrumpido la economía mundial y que mantiene en incertidumbre a los gobiernos del mundo intentando ejecutar medidas paliativas mientras los esfuerzos por conseguir las vacunas van ganando mayor apoyo. Todo parece indicar que en el país que consiga inmunizar al menos el 80% de su población podrá ganarle la batalla a la pandemia, no porque consiguió pasar la pandemia sin muchas víctima sino porque esos serán los países que podrán continuar mirando hacia adelante, priorizando sus economías, reactivando mucho de sus sectores, y digo muchos porque hay sectores como el turísticos por mucho tiempo seguirán afectados, pues la libertad de movimiento continuará limitada hasta que el Covid-19 sea una de las enfermedades totalmente controladas y su vacuna sea parte rutinaria de la inmunización de la población del mundo.

THE ASIAN DOOR: América Latina frente al decoupling ¿realidad o reto? Águeda Parra

Después de varios meses de pandemia, una de las consecuencias más evidentes que ha generado la crisis sanitaria del COVID-19 ha sido impulsar un proceso de aceleración mundial en varios entornos. Entre ellos, la reordenación de las cadenas de suministros globales pasa a ocupar un lugar destacado.

En un mismo período de tiempo, ha coincidido un escenario de decoupling de China, promovido por la administración Trump, y una crisis sanitaria, suscitando una posible reordenación de las cadenas de suministro globales para reducir riesgos operativos ante una situación como la que ha planteado una pandemia mundial. La vista está puesta ahora en potenciar la aportación de valor de otras regiones de Asia, por su cercanía a China, o jugar la baza de América Latina, por su proximidad al importante mercado de consumo de Estados Unidos.

La integración de China en la región asiática ha favorecido que, a medida que el gigante asiático asciende hacia la parte alta de la cadena de valor en la manufactura y producción en varias industrias, hayan sido los países vecinos los que han capturado el espacio dejado por China. Asimismo, en este escenario, el proceso de decoupling y la aceleración generada por la crisis sanitaria ha motivado que varias tecnológicas estadounidenses, como Google, Microsoft y Apple, estén moviendo parte de su producción fuera de China, quedando Vietnam y Tailandia entre los países más beneficiados. Pero ¿en qué medida podría América Latina beneficiarse de esta reordenación de las cadenas de suministro globales que está promoviendo Estados Unidos?

La gran ventaja de la proximidad de los países latinoamericanos con el gran mercado de consumo estadounidense no se ha visto traducida en un mejor posicionamiento de América Latina como sustituto natural de Asia en este proceso de decoupling al que aspira Estados Unidos. La región en su conjunto no ha desarrollado las infraestructuras y capacidades logísticas que demanda la operativa de las cadenas de suministro globales, sin embargo, determinados países podrían verse beneficiados, según un estudio de The Economist Intelligence Unit.

En ese movimiento de las cadenas de suministro globales que está promoviendo Estados Unidos del este al oeste, México es el país mejor posicionado, aunque determinados factores hacen poco factible que este proceso llegue a consolidarse, según este estudio. El hecho de que dos tercios de las importaciones de bienes y servicios de México estén relacionados con el comercio de exportación, y que el envío de contenedores tarde apenas una semana en pasar la frontera frente a las cinco semanas que tardaría en llegar desde China, además de tener un coste menor, son puntos que benefician la posición de México. Sin embargo, la lenta recuperación de la pandemia no favorece un reposicionamiento del país en las cadenas de suministro globales, a lo que habría que añadir la falta de políticas que promuevan este tipo de movimiento, así como la carencia de mecanismos que incentiven la atracción activa de la inversión.

De entre los países de América Latina, Chile, Costa Rica, México, Colombia y Brasil figuran entre los mejor posicionados para incorporarse a las cadenas de suministro globales. Sin embargo, la falta de inversión en infraestructura de la que adolece la región, que destina menos del 3% del PIB en su conjunto, no favorece esta transición. Contrasta con el 8% del PIB que dedican los países de Asia Oriental, y se estima que sería necesario incrementar entre un 4%-8% del PIB el gasto en infraestructuras para poder asemejarse a otros países industrializados como Corea del Sur, según algunos estudios.

Existen, asimismo, otras cuestiones a tener en cuenta para generar esta transición desde la región asiática a la latinoamericana. Destaca la falta de preparación y adopción de las nuevas tecnologías en un modelo de cuarta revolución industrial (4IR), así como la cuestión de los costes laborales y la disponibilidad de talento especializado. No obstante, aunque la situación no sea la más favorable, toda crisis es una oportunidad, y América Latina debe encontrar los mecanismos para reivindicarse como actor mundial en la configuración de las futuras cadenas de suministro globales.

Globos versus explosivos. Nieves C. Pérez Rodríguez

El COVID-19 sigue generando estragos en el mundo y el número de infecciones sigue subiendo, incluso en medio de los tremendos esfuerzos que muchas naciones hacen para reabrir sus economías. Entretanto, todas las actividades escolares y académicas se reactivaron en Corea del Sur y desde guarderías hasta las universidades reabrían sus puertas la semana pasada, en medio de unas medidas extremas. Mientras, China admitía que tenía un nuevo brote del virus en Beijing y declaraba la ciudad en cuarentena.

Mientras tanto, la pandemia ha dejado a Corea del Norte más aislada que nunca debido a las propias medidas que Kim Jon-un impuso en los primeros días de haberse declarado el estado de alarma en la provincia de Wuhan.  El régimen cerró sus fronteras herméticamente, por lo que la carencia de productos no ha hecho más que incrementarse al extremo, junto con la larga lista de sanciones que pesan sobre el régimen, lo que en conjunto está estrangulando la ya precaria economía norcoreana.

La acción del régimen norcoreano el 16 de junio de destruir la oficina de enlace conjunto de las Coreas, es una respuesta a la desesperación en la que se encuentran. En otras palabras, volar por los aires el edificio de 4 pisos de hormigón y acero, construido íntegramente por Corea del Sur para Corea del Norte, es una muestra de la frustración de Kim con el presidente Moon, por no haber conseguido ningún avance en los últimos años.

El edificio, -ubicado muy cerca del paralelo 58, en la ciudad de Kaesong- representaba un gran símbolo para la paz en la península, así como lo era para el presidente Moon, quien ha hecho esfuerzos tremendos por acercarse al régimen norcoreano, y quien cree en una integración eventual de ambos países.

Construido en el 2018, el inmueble fue levantado como resultado de las históricas conversaciones intercoreanas. La fecha escogida para la extinción del mismo también tiene simbolismo, pues la semana pasada se celebró el vigésimo aniversario de las primeras conversaciones en las que se asumió el compromiso de cooperación y diálogo entre ambas coreas.

La acción fue anunciada por Kim Yo-jong, la hermana del líder, quién ha ido asumiendo un rol cada día más visible e importante en Pyongyang. Y en el comunicado -publicado por la agencia oficial norcoreana- exigía que el gobierno de Seúl castigara los desertores, a quien además llamó traidores, escoria humana e indeseables por atreverse a dañar el prestigio de su líder. Refiriéndose a los líderes de las ONGs que enviaron alimentos, panfletos, biblias, etc., por globos y unas botellas.

Esta acción, que es la primera de un grupo de acciones que sólo buscan el comienzo de una escalada de tensiones, es una excusa para provocar y comenzar una pelea y con ello ganar la atención de nuevo.

Muy oportunamente, el controvertido libro de John Bolton, el ex asesor de seguridad nacional de Trump, cuenta detalles sobre cómo desde Washington se manejó todo lo que tiene que ver con las relaciones coreanas. Y en sus propias palabras “todo el fandango diplomático fue creado por Corea del Sur, y su propio presidente y su idea de reunificación”. Moon según Bolton, generó expectativas tanto en Trump, lo que lo llevaba a organizar las cumbres para encontrarse con Kim Jong-un, como en Kim, quien accedía a los encuentros. Mientras, afirma también la necesidad de Trump de aprovechar el encuentro para hacer un show, y la prueba son las infinitas preguntas que hacía el presidente estadounidense sobre el número de asistentes y medios a las cumbres.

Este momento es realmente complicado para Pyongyang, pues Trump está a tan sólo 3 meses de elecciones presidenciales, con una situación doméstica muy enardecida entre el covid-19 y las protestas en contra del racismo. Sabe que podría sacar poco, y de perder Trump las elecciones, cualquier avance podría ser retroceso en unos meses.

Y a nivel doméstico, el escenario también es complicado para Kim, pues se sospecha que la situación norcoreana debe haberse agravado mucho desde el principio de año. Y, como si fuera poco, sus escasas apariciones, tan solo tres veces desde el 11 de abril, dejan muchas interrogantes en el aire.

THE ASIAN DOOR: China en un mundo post-pandemia. Águeda Parra.

Desde que China saliera al rescate de varios países desarrollados tras la crisis financiera de 2008, el mundo globalizado ha sido testigo del ascenso de la diplomacia china en busca de un sitio entre la élite de las grandes potencias. Más tarde, en 2013, el despliegue de la nueva Ruta de la Seda le ha permitido al gigante asiático ampliar su huella de influencia entre Oriente y Occidente. No solamente se trata de la mayor iniciativa de desarrollo de infraestructuras mundial hasta el momento, con las que China aspira a crear nuevas conexiones de comercio, sino que supone el despliegue de un mayor soft power. Un poder de influencia que no se limita a la región asiática, sino que se extiende por Europa, África y América Latina.

Estos dos períodos en los que China ha desplegado una mayor dosis de influencia han promovido cambios significativos en el juego geopolítico de equilibrios de poder a nivel mundial. Por una parte, el apoyo económico que el gigante asiático ofreció a países como Grecia y Portugal, fuertemente castigados por la crisis financiera de 2008, marcó el fortalecimiento de los lazos bilaterales que ha llevado, en última instancia, a que estos dos países se adhirieran a la iniciativa china. El último de los países europeos en formar parte de la nueva Ruta de la Seda era Italia, miembro del G7 y país fundador de Europa. Por otra parte, el despliegue de determinadas infraestructuras, no siempre consideradas las más necesarias para el desarrollo de los países, ha provocado un lastre económico muy elevado y una importante dificultad para devolver los préstamos, generando lo que ha pasado a llamarse “trampas de deuda”.

En este nuevo período, en una etapa post-pandemia, donde la recesión económica es generalizada a nivel mundial, la diplomacia China vuelve a desplegarse por aquellos países con los que durante estos los últimos años ha intensificado sus lazos bilaterales. Al apoyo gubernamental ofrecido por China para enviar ayuda sanitaria para la contención del COVID-19 se ha sumado el de empresas privadas, como la enviada por Jack Ma, fundador y presidente ejecutivo del titan tecnológico chino Alibaba, haciendo gala de una gran dosis de filantropía empresarial al estilo de otros grandes magnates internacionales. Un paso más con el que la diplomacia china da muestras de haber hecho avances muy significativos para incorporarse a la élite de las grandes potencias donde la aportación altruista es reflejo de una nueva etapa en la que se pretende mostrar una mayor responsabilidad social.

A diferencia de otras pandemias, esta crisis sanitaria ha contado con una componente tecnológica muy importante. Disponer de un ecosistema digital evolucionado ha sido diferencial, y el uso que países como China, y otros países asiáticos, han hecho de la geolocalización para la contención del COVID-19 ha permitido dar una respuesta más rápida para evitar un mayor número de contagios. La incidencia de la crisis sanitaria a nivel mundial puede conllevar que muchos países se replanteen la implementación de modelos tecnológicos que, de no haber sido por la experiencia del COVID-19, quizá no se hubieran planteado en los mismos términos, y posiblemente no a corto-medio plazo. De modo que, la forma en la que China “exporte” su tecnología a otros países influirá en cómo estos traten determinadas cuestiones como la protección de la privacidad, tan relevante en Occidente.

De esta forma, la pandemia se ha presentado para China como una gran oportunidad para desplegar diplomacia, pero también para fortalecer su vinculación con una responsabilidad social y el impacto que ésta tiene en el desarrollo de la sociedad mundial.

THE ASIAN DOOR: El darwinismo llega a la industria del automóvil. Águeda Parra

En general, el COVID-19 está suponiendo un antes y un después para el desarrollo de un número importante de sectores; entre ellos, el del automóvil. Antes de la llegada de la pandemia, China sufría por primera vez después de 20 años un descenso en las ventas de hasta el 6% en 2018. Las ayudas para la compra de vehículos que el país ha mantenido activas desde 2015 llegaban a su fin y el mercado se resentía.

Antes de la crisis sanitaria, la apuesta de China por los coches eléctricos estaba dirigida a posicionar al gigante asiático como referente internacional ante la imposibilidad de competir a nivel mundial en la fabricación de automóviles de combustible fósil con los tres grandes hubs, Alemania, Japón y Norteamérica. En la estrategia de conseguir diferenciarse y pasar a formar parte de esta élite, China ha incorporado al entorno del vehículo el ecosistema digital que los consumidores chinos ya disfrutan en otros ámbitos de consumo. De hecho, los avances en inteligencia artificial, que desarrollan empresas como Alibaba AI Labs, también se aplican al mundo del automóvil. De este entorno de innovación surge la incorporación de la funcionalidad del asistente de voz Tmall Genie, que forma parte del set de accesorios que incluyen los vehículos BMW en China desde finales de 2019.

Sin embargo, la presión de la pandemia sobre el consumo, el desarrollo económico y la producción industrial están afectando severamente al sector. El paradigma darwinista de supervivencia de los más fuertes va a promover remodelaciones importantes. Por una parte, se observa que los grandes fabricantes extranjeros siguen apostando por el mercado de China como medio de mantener los índices de producción, realizando importantes inversiones, incluso en tiempos de pandemia. De esta estrategia de fortalecer la presencia en el mercado chino procede la decisión de Volkswagen de ampliar la participación que tiene con dos empresas locales dedicadas a la fabricación de coches eléctricos para conseguir una mayor capacidad de gestión en las operaciones, realizando una inversión de 2.200 millones de dólares.

Mientras las ventas de coches en China muestran signos positivos de recuperación por segundo mes consecutivo en el mes de mayo, la otra cara de la moneda la muestra la caída de las ventas en Europa, que se ha desplomado un 80%, siendo algo más moderada la caída registrada por los coches eléctricos que solamente cayeron un 23%. Una tendencia que, de mantenerse, puede dar mayor impulso para que las joint-venture entre empresas chinas y extranjeras que operan en China puedan dar el salto fuera del gigante asiático y establecerse en otros mercados compitiendo con los grandes fabricantes que están luchando por sobrevivir.

Algunos analistas consideran que los efectos positivos que ha tenido la crisis sanitaria sobre el medio ambiente pueden motivar que se impulse el mercado de los vehículos eléctricos a través de estímulos financieros e inversión en infraestructura en China, pero también en Europa. De esta estrategia post-pandemia quedaría fuera el mercado de Estados Unidos, donde es previsible que descienda la demanda de vehículos eléctricos al centrarse el mercado en los coches tradicionales que ofrecen un mayor margen.

El hecho de que China concentre actualmente el 29% de la producción mundial, sumado a la situación de recesión mundial que se está produciendo por efecto del COVID-19, puede propiciar que los fabricantes chinos inviertan en el extranjero, generando una mayor dosis de optimismo para la recuperación de la industria del automóvil a nivel mundial. De ahí que, después de una década, volvería a reproducirse el movimiento en el sector del automóvil por el que las empresas chinas salieron a invertir y, en ocasiones, también a adquirir marcas extranjeras. De entonces procede la adquisición de Volvo Cars a Ford por parte de Geely Holding en 2010, que sentó un precedente para que se realizaran otras operaciones similares, como el 5% que posee el fabricante chino de automóviles BAIC en Daimler. Ahora, en una etapa post-COVID, no solamente quedarán los más fuertes, sino que la concentración puede estar marcada por la apuesta que haga la inversión china en el sector del automóvil en los mercados extranjeros.