Más Covid y fuga de capitales en China. Nieves C. Pérez Rodríguez

Ya no solo es Shanghai, ahora el miedo se traslada a Beijing donde los centros de prueba de Covid inundan la capital china en consonancia con la “política de cero casos” impuesta por el Partido Comunista chino desde el comienzo de la pandemia y que, como consecuencia, paraliza la vida de los ciudadanos quienes son forzados a cuarentenas estrictas, que además están haciendo estragos en la economía china y en la economía global.

Un par de semanas atrás publicábamos en esta columna que el precio del confinamiento en Shanghái se estimaba en unos 49 mil millones de dólares a finales de marzo y que ha afectado unos 200 millones de chinos. Y eso sin evaluar los costos internacionales que conlleva un confinamiento en el hub financiero chino donde también se encuentra el puerto más grande del mundo y que mueve la mayor carga del planeta.

La consecuencia de la imposición de estas extremas medidas empieza a pasarle factura a China. A los inversionistas extranjeros no les hace ninguna gracia que sus inversiones se vean impactadas por restricciones domésticas por lo que han comenzado a sacar inversiones del gigante asiático. Tan sólo el mes pasado dejó cifras históricas de fuga de capital extranjero en China, de acuerdo con datos del Instituto Internacional de Finanzas marzo se cerró con cifras históricas de salida, unos 17.500 millones de dólares huían en busca de un mercado más estable.

La Reserva Federal de los Estados Unidos está aumentado las tasas de interés por primera vez desde 2018 para controlar la inflación, mientras que el Banco Popular de China ha entrado en un ciclo de relajación para impulsar su economía, afirma Laura He, periodista de CNN. Lo que significa que China es menos atractiva para los inversores en comparación con Estados Unidos. A principio de este mes, los rendimientos de los bonos del gobierno chino cayeron por debajo de los rendimientos del Tesoro estadounidense por primera vez en 12 años y el yuan tocó mínimos de seis meses frente al dólar.

Leland Miller, CEO de China Beige Book, la firma de análisis de data económica china más grande del mundo, decía en una entrevista en Bloomberg que “la prioridad para China ha sido siempre el crecimiento de su economía, pero en este momento el foco no está en el crecimiento sino evitar una crisis sanitaria masiva, así como una caída de su economía”. Así mismo Miller afirmó que no hay signos de políticas de estímulos para aumentar los créditos que se encuentran también en caída en China, lo que es un cambio radical del manual del PC chino.

El confinamiento está despertando los fantasmas de la economía planificada, afirmó Zhiwu Chen, economista de la Universidad de Hong Kong en una entrevista concedida al New York Times, en la que insistía que “esta situación no solo está haciendo imposible la supervivencia de empresas privadas, sino que también está acelerando la desconfianza en la gente sobre el futuro de su país. Y cuando eso sucede es extremadamente difícil que la economía se recupere”.

Si se le suma el descontento social que se ha despertado a razón de las extremas medidas de control del Covid, tenemos como resultado un caldo de cultivo perfecto para cualquier insurrección si estuviéramos hablando de una nación con libertades. Incluso en la China controlada milimétricamente por el PC chino se ha filtrado a la prensa cantidad de imágenes de ciudadanos insatisfechos y enfadados con las medidas que ponen en riesgo su libertad y se atreven a protestar enfrente de las autoridades su rechazo a tanto confinamiento, dificultad para adquirir alimentos y en resumen poder vivir una vida relativamente normal.

Al principio del 2020, cuando no se vislumbraba el futuro que nos depararía la pandemia que se desencadenó en China y que las autoridades deliberadamente decidieron no comunicar al mundo hasta que era tarde y el Covid-19 se había extendido por el planeta, el PC chino construía en tiempo récord hospitales en Wuhan para poder atender los miles de pacientes que se infectaron y decidieron no exportar el material médico de protección basado en razones de seguridad nacional. Hoy su situación sigue siendo parecida, los niveles de infección que padecen parecen incluso ser peor que los del comienzo de 2020, a razón de unas vacunas ineficientes y el mundo sigue sin tener acceso a la información de variantes, números reales de infecciones y defunciones.

Ante tanta incertidumbre tener inversiones en China hoy o tener fábricas de producción masiva de bienes, aun cuando el costo sea considerablemente más bajo, es un problema para los inversionistas de capitales extranjeros porque no cuentan con la seguridad de que podrán, en efecto, producir sus mercancías o exportarlas. Muchos inversionistas están mirando a volver a casa, como es el caso de los estadounidenses que, gracias a incentivos y basados en la seguridad de un Estado que juega bajo las normas establecidas, están considerando establecer los centros de producción en América, o en algún otro país asiático y de centro América.

El PC chino tiene que ver muy preocupante la situación sanitaria en China para que sea capaz de llevar a la economía al límite, aún cuando la economía ha sido siempre su obsesión y su razón…

Shanghái y el precio del confinamiento. Nieves C. Pérez Rodríguez

Por tercer año consecutivo, China sigue imponiendo estrictas cuarentenas y confinamientos a lo largo y ancho de la inmensa nación. El pasado mes de marzo ha dejado ver una vez más los resultados de la “política de cero casos” impuesta por el Partido Comunista chino y que, en esta ocasión, ha afectado a más de 190 millones de personas de 23 ciudades chinas que han sido confinadas en distintos niveles de prohibición.

Shanghái ha estado en el centro de la polémica por ser la ciudad más grande de China y el hub financiero de la nación asiática y por el impacto que estas fuertes restricciones tienen en la economía, tanto doméstica como internacional. El puerto de Shanghái ya está experimentando grandes retrasos que agudizarán las demoras que, desde 2020, han venido experimentando las exportaciones de materias primas y que han desencadenado un aumento de los costos finales de exportación.

Cuando empezaron a diagnosticarse los casos de Omicron en Shanghái, algunas instituciones financieras anticipándose a un confinamiento estricto decidieron pedir a algunos de sus empleados claves quedarse en las oficinas 24 horas al día. Dotándoles de sacos de dormir y artículos de aseo se instalaban en los centros de operaciones para evitar que al salir de su jornada laboral quedaran en medio de algún confinamiento, lo que potencialmente afectaría a las operaciones de las instituciones.

Pasado unos doce días de estricto confinamiento, empresas medianas y negocios pequeños que habían sido obligados a cerrar empezaban a tener dificultades para mantenerse a flote. Tom Hancock, articulista de Bloomberg, el pasado 29 de marzo publicaba una columna en la que sostenía que los confinamientos en China podrían estar costando unos 46 mil millones de dólares al mes y un 3,1% del PIB, haciendo un estimado conservador. Y si estos se siguen imponiendo de forma estricta podría llegar a reducir hasta el 4% del PIB de la nación.

El gobierno chino anunciaba a principios de este año que estaban esperando un crecimiento del 5.5% para el 2022. Cifra que en enero parecía un poco atrevida considerando que su economía ha visto los efectos de la pandemia y sobre todo habiendo experimentado el efecto de la política de cero casos de Covid19.

Goldman Sachs pronosticó que el crecimiento de la economía china rondaría el 4.5% pero dejaba abierta la posibilidad de cambios de ese porcentaje de continuar los confinamientos. El banco mundial hacía un estimado de 5 % y el grupo City anticipaba que si los casos de la variante Omicrom seguían proliferando el resultado podría ser una caída de hasta el 1% del PIB chino en el primer cuarto del año, y de continuar aplicándose la política de confinamientos la reducción del crecimiento para el segundo cuarto de año podría reducirse entre el 0,6 al 0,9%.

En efecto, la semana pasada terminaba con el anuncio de unas cuarenta empresas chinas que se habían obligado a suspender sus operaciones en Shanghái y otras regiones, según la información suministrada por la bolsa de valores de Shanghái, Shenzhen y Beijing.

De acuerdo con Laura He, periodista de CNN, “la situación en Shanghái ha provocado que los retrasos en los envíos empeoren, ejerciendo más presión sobre la cadena de suministro globales”. Aunque las autoridades chinas insisten en que el puerto sigue operativo, los datos de la industria muestran que la cantidad de embarcaciones que esperaban para cargar están en números máximos históricos, sostiene He.

4Asia consultó a Eric Johnson, periodista especializado en intercambios comerciales internacionales y tecnología, sobre la situación en Shanghái y el potencial efecto en la cadena de suministro internacional. Johnson sostiene que “definitivamente, la carga que sale de Shanghái esta hoy muy afectada. Particularmente el movimiento de mercancías desde las fábricas hasta el puerto por vía terrestre. El puerto está operando, pero a una capacidad limitada. Es complicado porque realmente no hay forma de trasladar la carga que se origina en Shanghái hacia otros puertos. El puerto de Shanghái es el puerto más grande del mundo y la mayor parte de la carga del mundo proviene de esa región, no se transborda desde otros puertos como sucede con el puerto de Singapur por citar un ejemplo”.

Por lo tanto, agrega Johnson, “tratar de arreglárselas sin Shanghái es como intentar buscar una vivienda para cada persona en Nueva York al mismo tiempo. Sería imposible”.

Y eso que hay que tener en cuenta que esta época es una etapa generalmente tranquila del año para la carga marítima, agrega Johnson, “pero el volumen vuelve a aumentar en junio. Si Shanghái permanece cerrado, todos esos pedidos que normalmente llegan en junio competirán con la acumulación de pedidos que están en fila esperando para moverse desde ahora”.

Los números no mienten y el precio de la dependencia la estamos pagando todos en el mundo con inflación, aumento del coste final de los productos por falta de inventario y debido al crecimiento de la demanda. Pero China en está ocasión está siendo testigo en primera persona de los costos de una política tan radical de cuarentenas y cierres de ciudades enteras para evitar más infecciones.

El Departamento de Estado respondía el lunes en la noche con la petición de salida de Shanghái de todo el personal no esencial estadounidense debido al surgimiento de casos de Covid19 y la drástica respuesta del gobierno chino.

Está claro que las vacunas chinas son ineficientes porque el mismo gobierno está aterrorizado de que se den más infecciones y apuestan por el uso de la fuerza para intentar controlar los contagios. Además de que cuentan con centros masivos de pruebas como no tiene ninguna otra nación del mundo y obligan a millones a hacerse pruebas diarias en cada rincón del país. Tantas prohibiciones han provocado en muchos ciudadanos chinos respuestas insurrectas como consecuencia de la hastía y la incapacidad de cubrir sus necesidades alimenticias diarias, al no poder ni tan siquiera salir a comprar alimentos.

Mientras el mundo tiene cada vez más claro la esencia del Partido Comunista chino y el precio que toca pagar de seguir dependiendo de ellos…

Año nuevo chino, Olimpiadas y esfuerzos tremendos por contener el Covid-19. Nieves C. Pérez Rodríguez

El primero de febrero da comienzo al nuevo año chino, el Año del Tigre, y por tercer año consecutivo las celebraciones del festival más importante en el país se encuentran en una especie de limbo debido a la pandemia y las estrictas restricciones impuestas por el gobierno chino.

Las celebraciones del año nuevo chino son lo más parecido a las navidades en las culturas cristianas, donde la reunión de las familias es parte fundamental de la festividad. En consecuencia, las movilizaciones de ciudadanos chinos reportadas durante este festival, que tiene una duración de unos 15 días, representan estadísticamente los flujos de viajes más grandes del planeta.

Este año las autoridades están pidiendo a los ciudadanos cooperación y responsabilidad, incluso en aquellas regiones chinas donde los casos de Covid son casi inexistentes. Las autoridades locales cuentan con cierta autonomía por lo que ponen en práctica todo lo que han aprendido durante la pandemia para contener los contagios. Un buen ejemplo es lo ocurrido en la ciudad de Xi`an, ubicada en el centro de China, que permaneció en confinamiento estricto por un mes entero. Sus casi 13 millones de ciudadanos tuvieron que mantenerse en aislamiento en sus casas hasta el lunes pasado como una medida extrema para prevenir contagios.

Otro caso es el de Dongguan, un centro manufacturero en el que habitan 7 millones de chinos que se han desplazado desde sus zonas de origen hasta allí por trabajo y las autoridades locales han ofrecido recompensar a aquellos ciudadanos que no viajen con 80 dólares. Lo que es una cantidad significativa para motivar a los habitantes a permanecer en Dongguan durante este festival.

El caso de Beijjing supera hasta la trama de cualquier película de Hollywood y como que si de ficción se tratara la capital china ha dividido la ciudad en dos. Por un lado se encuentra la vida y actividad normal de la ciudad que como ha venido ya sucediendo está exquisitamente escrudiñada por sus autoridades, quienes reciben alertas hasta de lo que un residente compra en la farmacia, por ejemplo algún medicamente que trate un constipado o síntomas de gripe emite un aviso que identifica al usuario que lo ha comprado, por lo que en el siguiente puesto de control (que valga decir se encuentran desplegados por toda la metrópoli) podría ser obligado a hacer una cuarentena para descartar que lo que tiene sea potencialmente Covid.  O como recién ha hecho el distrito de Fengtai que había registrado desde el 15 de enero 45 casos de Covid por lo que decidieron lanzar una agresiva campaña para hacerle la prueba de Covid a sus 2 millones de ciudadanos en un día.

Ahora bien, la otra parte de la ciudad es la estratégicamente planificada para los Juegos Olímpicos de Invierno que comenzarán el 4 de febrero, sólo 3 días después del año nuevo chino. Esta área, que abarca una superficie de 180 kilómetros, cuenta con todo lo que los juegos, atletas y otros participantes requerirán.

Se estima que habrá unas 11.000 personas provenientes de todas partes del mundo y se mantendrán en las 3 zonas de competición. La ciudad olímpica se ha diseñado como un sistema de circuito cerrado, una seria de burbujas que se mantendrán absolutamente aisladas de la dinámica y vida de la ciudad.

Ha sido tal el nivel de detalle que teniendo en mente mantener el virus fuera de las fronteras incluso las autoridades que estén trabajando en la ciudad olímpica no tendrán contacto con la otra parte de la ciudad y viceversa. Beijing construyó un tren de alta velocidad para la villa olímpica que se complementa con un sistema de autobuses que servirán para movilizar a los participantes.

Cada participante al llegar a China se le hace el test y aunque el resultado sea negativo, se les continuará practicando cada día un test y se mantendrán aislados del público.

Y aunque toda la capital tiene decoraciones, vallas publicitarias y la mascota de los juegos olímpicos decorando sus alrededores, el ciudadano de a pie no podrá ni acercarse a la villa, ni siquiera circular por sus alrededores. Así como de la misma manera los participantes en los juegos de invierno no podrán salir de sus burbujas olímpicas.

El 23 de enero se cumplían dos años del confinamiento de Wuhan, la ciudad donde se cree que se contagió el paciente cero del Covid-19. Esa dramática medida del gobierno chino sorprendió al mundo, aunque un par de meses más tarde era replicada por muchas otras naciones del planeta. Hoy China tiene una gran experiencia en imponer medidas extremas que en efecto han mantenido los números de infecciones bajas en la mayoría de los casos, aunque a un altísimo costo emocional y oportunamente se han aprovechado para controlar más al ciudadano, que tiene aplicaciones en sus móviles que llevan registro de todas sus pasos, acciones y actividades.

Y en pandemia, ni el comienzo de un año nuevo lunar pinta tan alegre, ni los juegos olímpicos son sinónimos de fiesta…

 

El Covid-19 en el mercado internacional. Nieves C. Pérez Rodríguez

La pandemia ha cambiado muchas cosas en el mundo, incluida la demanda de ciertos bienes junto con los patrones de consumo que también han cambiado significativamente, lo que a su vez ha provocado la escasez de productos en casi todos los sectores. Para explicar esta situación 4Asia consultó con Eric Johnson, periodista especializado en intercambios comerciales y tecnología en busca de las claves detrás de la logística y las cadenas de distribución internacional.

¿Cómo explica usted el fenómeno de cambio de oferta y demanda durante los primeros meses de la pandemia y la escasez que muchos sectores experimentan actualmente?

Hay tres factores a tener en cuenta:

1) Cuando la pandemia golpeó, las personas dejaron instantáneamente de gastar en intangibles como viajes, conciertos, teatros y experiencias. Ese gasto migró principalmente a más bienes, a veces artículos necesarios como productos de limpieza, desinfectantes, geles antibacterianos y mascarillas, aumentó exponencialmente el consumo de alimentos (ya que no íbamos a restaurantes) y, en algunos casos, implicó adaptaciones del hogar, proyectos de renovación y muebles que nos demandó la nueva realidad (como trabajar desde casa o el cole virtual).

2) El comercio electrónico, más que nunca, se convirtió en un gran facilitador de la compra de productos de todos los tamaños sin necesidad de salir de casa para ello.

3) Las ayudas del Estado, en el caso de los Estados Unidos llamadas “cheques de estímulo” fueron inyecciones de efectivo periódicas que alentaban a las personas a gastar en bienes y mantenían la economía activa. Todo esto ha tenido un impacto en el comercio mundial. Estamos viendo en 2021 el efecto de latigazo de toda la demanda de bienes a finales de 2020 y principios de 2021 y una carrera por las tiendas para reabastecer el inventario antes de los períodos clave de compra de los consumidores estacionales en América, el 4 de julio que suele ser momento que se aprovecha promocionar compras con descuentos especiales, el regreso al colegio, y por último las vacaciones del verano).

¿Diría usted que la razón de las importantes interrupciones en el proceso de comercio internacional fue que el Covid-19 se originó en China (principal exportador de bienes del mundo) puesto que el gobierno chino cerró ciudades e impuso bloqueos en áreas donde se encuentran muchas fábricas, retrasaron el proceso de fabricación como también el proceso de envío de suministros?

Definitivamente esa situación tuvo un impacto en la primera etapa, es decir, febrero-abril de 2020, pero contrario a lo que se cree, las fábricas se recuperaron muy rápidamente. Las interrupciones del comercio mundial de hoy tienen menos que ver con los cierres de fábricas de hace un año y más con los niveles históricos de demanda de bienes en los últimos meses y en la actualidad.

¿Cuál es el coste de transportar un barco de carga desde China a los EE.UU. a día de hoy? ¿Podría compararlo con los precios previos al Covid-19?

Antes de la aparición del Covid-19 el costo de reservar un contenedor para transportar mercancías desde China a un puerto en, por ejemplo, el sur de California, históricamente ha estado en el rango de 1.500 a 2.500 dólares, dependiendo de los niveles de oferta / demanda. Ese rango de precios no se modificó en realidad por décadas.

Pero hoy el precio base para enviar ese mismo contenedor es de 6.000 dólares o más. Lo que se traduce en tres veces mayor a los niveles históricos. Pero es todavía más complicado que eso, porque el espacio es tan reducido, que las empresas básicamente necesitan pagar tarifas premium de carga además de esas tarifas base. Es como tener una reserva en un restaurante, pero el encargado te dice que está muy lleno y que la única forma de conseguir una mesa es pagar dos o tres veces los precios que figuran en el menú. Eso junto con un precio base mucho más alto pueden llevar los costos totales a más de 20.000 dólares por contenedor que es objetivamente 10 veces por encima de los niveles normales, lo que es una absoluta locura.

¿Cómo se podría normalizar las exportaciones? ¿Necesitamos más buques transportando bienes?

La demanda actual se encuentra en máximos históricos en este momento, no solo en comparación con el año 2020, sino en comparación con años previos como el 2019. Una solución que la gente del sector se encuentra discutiendo en este momento es la construcción de nuevos buques para manejar la demanda adicional. Pero frente a esto tenemos dos problemas, uno que los barcos tardan al menos unos 18 meses en construirse y entrar en funcionamiento. Y dos que no está claro que los niveles de demanda actuales se normalizarán durante un largo período de tiempo, y las compañías navieras no quieren desarrollar más capacidad de la que eventualmente podrían necesitar.

¿Cree usted que vamos a volver a la forma en que funcionaban las cosas antes o la situación ha cambiado para siempre? ¿Se espera que los precios de los bienes bajen?

Los costos de envío eventualmente bajarán. Tal vez no a niveles históricamente bajos, pero no pueden permanecer tan altos para siempre, ni siquiera por mucho más tiempo. Para algunas empresas, el valor total de las mercancías dentro del contenedor es inferior a 20.000 dólares, por lo que no tiene mucho sentido enviarlas y asumir pérdidas. A medida que la demanda se ralentice y haya más capacidad disponible, los precios de transporte de esos contenedores se estabilizarán. Pero pueden pasar nueve meses o más para que todo eso suceda.

INTERRENGUM: ¿Xi pliega velas? Fernando Delage

El pasado 31 de mayo, el Politburó del Partido Comunista Chino, integrado por su máximos 25 dirigentes, celebró una inusual sesión de estudio sobre cómo reforzar “la capacidad de comunicación internacional” del país. En dicho encuentro, el secretario general, Xi Jinping, pidió a los cuadros de la organización un esfuerzo dirigido a “construir una imagen creíble, adorable y respetable de China”. “Debemos prestar atención a cómo emplear el tono correcto, ser abiertos, confiados y humildes”, añadió Xi, según la información proporcionada por Xinhua, la agencia oficial de noticias.

Sus palabras han provocado un considerable revuelo entre los observadores, dada la especial agresividad que ha caracterizado los mensajes de Pekín hacia otras naciones durante los últimos años (la conocida como “diplomacia del lobo guerrero”, en alusión a una popular película china). ¿Va el gobierno chino entonces a suavizar su aproximación hacia el exterior? Aunque las interpretaciones se inclinan hacia el escepticismo, habría que analizar las posibles motivaciones de este cambio de discurso.

Algunos expertos consideran que se trata de un mero ajuste en la estrategia de comunicación. Los excesos en la propaganda practicada hasta la fecha justificarían el final de su recorrido ante la proliferación de críticas en las redes sociales que subrayan las contradicciones entre la retórica oficial y los hechos concretos. No sería éste por tanto el camino para extender una imagen positiva de China en el mundo. Otras fuentes hacen hincapié en el tipo de medidas—advertencias, sanciones, prohibición de visados, etc—a través de las cuales Pekín ha reaccionado contra aquellos países que—en su opinión—han actuado en contra de sus “intereses fundamentales”. El resultado ha sido una situación de enfrentamiento que ha resultado contraproducente para sus objetivos. Su esperado acuerdo sobre inversiones con la Unión Europea, por ejemplo, ha sido rechazado por el Parlamento Europeo. El drástico empeoramiento de sus relaciones con Australia e India, entre otros, afecta igualmente a su imagen internacional, justamente cuando Estados Unidos cuenta con un presidente volcado en recuperar las relaciones con sus socios y aliados tras la perjudicial etapa de su antecesor.

La represión de los uigures en Xinjiang, la supresión de la autonomía de Hong Kong, la creciente presión sobre Taiwán, o la gestión de la pandemia no han multiplicado ciertamente los amigos de China. Un sondeo del Pew Research Center realizado el pasado mes de octubre en 14 países, reflejaba una visión mayoritariamente negativa de China, incluyendo en 9 de ellos las cifras más altas en décadas. Mientras, continúan los llamamientos a boicotear la participación de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022 en Pekín, y a investigar el origen del Covid-19.

Resulta lógico pues que China intente moderar su actitud ante el rápido deterioro de su percepción internacional. Si el mundo no acepta su ascenso, Pekín no contará con el margen de maniobra que espera conseguir hacia mediados de siglo. Y ésta puede ser en último término la clave más relevante del anunciado giro diplomático. Más que por un problema de comunicación, los dirigentes chinos se han dejado llevar por un excesivo celo nacionalista que les hizo abandonar el anterior enfoque pragmático que les permitía, paso a paso, ir consolidando una nueva posición de influencia. Si se convierten en rehenes de una retórica beligerante, seguirán una deriva que les alejará de sus grandes planes estratégicos.

Y seguimos buscando el origen del Covid-19. Nieves C. Pérez Rodríguez

Desde los inicios de la pandemia, Biden hizo un llamado a oír a la ciencia y seguir los consejos que los científicos estaban aportando como producto de los hallazgos de las investigaciones mientras la Administración Trump trataba de quitarle importancia a la gravedad de Covid-19 hasta que no les quedó más remedio que empezar a tomar medidas extremas, como lo tuvo que hacer el resto del planeta. En efecto la negación a portar la mascarilla se convirtió en Washington en una declaración política expresa que automáticamente identifica a un sujeto con sus preferencias electorales e ideológicas.

En consecuencia, a todos los demócratas se les ha visto todo el año pasado y lo que va de este “enmascarados”. La portavoz de la cámara de representantes, Nancy Pelosi, impuso una tendencia de moda al llevar la mascarilla conjuntada con el traje de cada día. Y hasta pequeñas boutiques locales promocionaban sus mascarillas como el nuevo accesorio del momento en un intento por sobrevivir la cuarentena y hacer frente a la caída estrepitosa de ventas. Mientras, a la mayoría de los republicanos se les veía llevarlas sólo en aquellos momentos o lugares en los que no les quedaba más remedio. Al mismo Trump no se le vio con mascarilla ni siquiera cuando salió del hospital después de haber sido tratado por Covid y muy probablemente estando aún positivo.

En el exceso por ser políticamente correctos, los demócratas han usado la mascarilla como una distinción de los republicanos y en eso se basó parte de la campaña electoral de Biden a la presidencia e incluso ya en la Casa Blanca el uso de las mascarillas ha continuado siempre frente de las cámaras y del ojo público.

Mientras que Trump fue directo en acusar a China de haber dejado al virus circular fueras de sus fronteras, o peor aún llamarle el “virus chino”, los demócratas habían sido más prudente con ese tipo de acusaciones. Hasta la declaración del 26 de mayo de Biden en que pedía al equipo de seguridad nacional que investigara en un plazo de 90 días el origen del virus para poder determinar si éste surgió del contacto entre un animal a humanos o si se escapó del laboratorio de Wuhan.

El director general de la OMS, Tedros Ghebreyesus, decía en abril que la teoría de que el virus se había escapado del laboratorio era la menos probable, aunque insistía en que se necesitaba tener más pruebas para poder descartarla del todo.

4Asia consultó con Josh Rogin, periodista del Washington Post que sigue muy de cerca las relaciones sino-americanas y que acaba de publicar un libro con los pormenores de estas relaciones durante la era Trump.  Le preguntamos sobre cuáles son las razones que han llevado a Biden a solicitar esta investigación en este momento. Y esto fue lo que nos dijo:

“El presidente Biden ordenó una nueva investigación a la Inteligencia por dos razones: la creciente presión del Congreso y el público estadounidense sobre la necesidad de esclarecer las posibles hipótesis de que el brote podría estar relacionado con un accidente en el laboratorio de Wuhan y el fallo en el intento de la OMS de hacer la segunda parte de la investigación que ha sido drástica y públicamente rechazada por China”.

La Administración Biden ha venido operando bajo las reglas diplomáticas tradicionales, entonces ¿Por qué ahora reabren esta investigación cuando las tensiones con Beijing están ya bastante caldeadas?

“591.000 estadounidenses murieron debido a Covid-19. Beijing ha ocultado datos cruciales y han encubierto los orígenes del virus durante más de un año. Esto ha causado mucho sufrimiento y muertes no sólo de estadounidenses, sino a nivel mundial. Si no vale la pena arriesgar tensiones con China para descubrir la verdad sobre 3 millones de muertes en el mundo, ¿qué merece la pena? Estos datos son demasiado significativos para ignorarlos. Además, si Beijín puede amenazar con tensiones cada vez que le pedimos que digan la verdad y se apeguen al derecho internacional, entonces seguirán haciendo uso de esa táctica todos los días”, sostiene Rogin.

“De encontrarse evidencias claras que apunten a una fuga del laboratorio de Wuhan, Los Estados Unidos tendrían que repensar completamente toda la cooperación científica con China, cerrar toda cooperación sobre investigaciones sobre virus e iniciar un largo proceso legal para señalar responsabilidad y luego buscar que China repare o compense todo el daño económico que ha causado el virus. El mundo entero quiere saber cómo empezó esto (excepto China). Sí los Estados Unidos deciden liderar este esfuerzo, estoy seguro de que muchos otros países apoyarán esa presión”, afirma Rogin.

Si la teoría de la fuga del laboratorio fuera conspirativa habría que esclarecerla en cualquier caso. Sí por el contrario pudiera ser comprobada, Estados Unidos -como líder internacional- entonces tendría que exigirle a China que asuma su responsabilidad. Porque como ya en esta columna se afirmó al principio de la pandemia, los actores internacionales más importantes no sólo pueden exigir mayor participación y protagonismo en los foros internacionales sino también deben asumir su responsabilidad, lo que en algunos casos significa pagar por ello o al menos intentar reparar el daño causado de alguna manera.

Ocupar el lugar de la segunda economía más grande del mundo encierra una posición de fuerza, pero también viene con ello una responsabilidad que debería ser ineludible.

EEUU quiere estar a la cabeza de la vacunación mundial. Nieves C. Pérez Rodríguez

El secretario de Estado, Anthony Blinken, fue entrevistado el pasado domingo en la cadena NBC y fue interpelado sobre la política exterior de los Estados Unidos con especial foco en China y si se está desarrollando una especie de diplomacia internacional de vacunas. 

Blinken afirmó que Washington está preparando un plan de distribución internacional de vacunas mientras trabajan paralelamente en un plan doméstico de vacunación masiva en el que ya están previendo la inclusión de adolescentes a corto plazo y niños en un plazo un poco más largo. “Una vez que América esté vacunada nos aseguraremos de que el resto del mundo tenga acceso a la vacuna también. Estados Unidos tomará el liderazgo de la vacunación internacional y nos aseguraremos de que el resto de los países pueda ser vacunado”.

El secretario de Estado aseguraba que gracias a la estructura del COVAX (por sus siglas en inglés Covid-19 global Access) y los recursos que maneja se está llevando a cabo una importante labor de avance en el mundo. Estados Unidos es el principal financiador de esta iniciativa, que se ha creado con el propósito de permitir el acceso equitativo a las vacunas a todos los países del mundo. COVAX coordina los recursos internacionales para permitir a los países de bajos a medianos ingresos el acceso ecuánime a las pruebas, terapias y vacunas de COVID-19.

Blinken también afirmaba que Washington está preparándose para comenzar a ayudar a países de manera individual como ya lo han hecho con los vecinos más directos, Canadá y México. En sus propias palabras, “esto tiene implicaciones sanitarias y de seguridad directa para los Estados Unidos por su cercanía”. Aunque también reconoció la necesidad de que el resto de los países sean inmunizados, “pues mientras no sea así estaremos enfrentándonos a nuevas mutaciones del virus”.

Le preguntaron sobre el origen del virus y si él creía que China tenía la respuesta, Blinken sonrió con picardía dejando ver entre líneas que sí. Intentó contestar diplomáticamente explicando que en su opinión Beijín no hizo lo que le correspondía al principio del virus, pues no informó al mundo, no tomó las medidos necesarios con la rapidez requerida y no fueron transparentes, razones por las que el virus se fue de las manos.  Por lo tanto, aseveró que es necesario poder esclarecer el origen del virus para poder prevenir brotes futuros. Lo que índica que Washington continuará con sus esfuerzos hasta llegar a dar con la incógnita.

En cuanto a Taiwán la gran interrogante fue si está Estados Unidos preparado para defender a Taiwán militarmente, a lo que respondió que Estados Unidos tiene un compromiso bipartidista desde hace muchos años con Taiwán y que Washington mantiene y cumple sus compromisos. “Nos preocupa mucho el despliegue militar en la zona y la creciente tensión en las relaciones. Nosotros tenemos el compromiso de mantener la paz y la seguridad en el Pacífico y el que trate de cambiar el status quo de Taiwán a la fuerza estará cometiendo un grandísimo error”.

En relación con los uigures aprovechó la ocasión para mantener su posición sobre que lo que está ocurriendo en Xinjiang es un genocidio, por lo que dijo “es fundamental acercar al mundo para hablar con una única voz en contra de lo que está ocurriendo; tenemos que tomar decisiones concretas como evitar que empresas colaboren con Beijing para mantener control de la población, con equipos y tecnología. También estamos mirando el origen de los productos producidos en esa parte de China para asegurarnos que no puedan entrar en los Estados Unidos”.

En las últimas dos semanas ha estado creciendo el rumor de se estaría haciendo un frente para boicotear los juegos Olímpicos de invierno 2022. China fue seleccionada como país anfitrión en julio de 2015. Como es habitual, los países anfitriones se escogen con anticipación suficiente para que tengan tiempo de prepararse y en la mayoría de los casos construir infraestructura o adecuar la que tienen para el evento.

Los grupos más conservadores están alimentando la idea de dicho boicot, entre ellos políticos, figuras públicas como Mike Pompeo, ex secretario de Estado, y algunos think tanks de línea más conversadora. Pero también hubo un incidente que no pasó desapercibo de boca del portavoz del Departamento de Estado en una rueda de prensa en la que fue preguntado sobre ello y en vez de evadir la respuesta dijo que ese tema estaba en revisión.

El fundamento que sustenta el boicot está basado en la falta de derechos humanos en el país, las persecuciones religiosas a minorías tibetanos, musulmanas o cristianas. La hostilidad a la prensa occidental que se ha agudizado especialmente a raíz de los reportajes del comienzo del Covid en Wuhan y las crónicas sobre los uigures, y el acoso a la libertad de expresión en las redes sociales chinas que, forman parte del minucioso sistema de vigilancia social en el que viven los ciudadanos chinos.

La teoría de que una Administración demócrata sería más blanda con el PC chino parece estarse desmontando. Es cierto que se ha regresado a los usos más diplomáticos y menos bastos pero muy lejos del tratamiento que dio la Administración Obama a Beijing. En efecto, el mismo Blinken lo dijo de manera contundente en la entrevista que reseñamos: “Estados Unidos no puede volver ni cuatro años atrás ni ocho años atrás, este es otro momento y unas circunstancias diferentes”. No hay duda de que el acuerdo bipartidista en este tema es crítico pero tampoco parece haber dudas de que estamos sumidos en una pandemia por el mal manejo chino y que la Administración Biden seguirá buscando hasta dar con los eslabones que descifren el misterio y pedirá explicaciones llegado el momento.

Un año de Covid-19 y aún sin respuestas (II) Nieves C. Pérez Rodríguez

La semana pasada esta columna hacía un recuento del origen del Covid-19 en Wuhan, el magnífico desarrollo de las vacunas en tiempo récord y como este desarrollo es una revolución en los laboratorios y la industria farmacéutica. Y cómo, a pesar de llevar ya más de un año lidiando con el virus, no hemos sido capaces de neutralizarlo y ni siquiera hemos tenido acceso a toda la información para poder determinar el origen de este. En busca de esas respuestas la OMS envió una delegación a Wuhan que visitó todos los lugares en los que supuestamente tuvieron lugar los primeros contagios, incluido el polémico mercado de animales y el laboratorio del que se ha especulado pudo haber escapado el virus.

Las autoridades chinas manejaron con extremo cuidado la visita, intentaron mantener a la prensa alejada de los delegados, incluso la misma delegados mantuvieron silencio absoluto durante los 12 días que duró la inspección, hasta que finalmente en la rueda de prensa del final de la visita daban su conclusión que no aportaba muchos más datos de los que previamente se conocían.

Sin embargo, Peter Ben Embarek concedió una entrevista a Nick Paton Walsh -CNN- una vez fuera de China, en la que admitía que habían encontrado varios signos de propagación en 2019 y que ya en diciembre había más de doce cepas del virus en Wuhan. Lo que coincide con las teorías de muchos científicos de que la propagación tuvo que darse mucho antes de lo que el gobierno chino reportaba en su momento.

Una vez en territorio suizo, Embarek decía con estas palabras: “El virus circulaba a lo largo y ancho de Wuhan en diciembre”, lo que es un nuevo hallazgo pues de acuerdo con las autoridades el primer paciente y por consiguiente el primer brote fue registrado el 8 de diciembre según datos que les fueron suministrados a la delegación. Así mismo decía que era muy posible que el número de casos a finales del año 2019 fuera mucho mayor a las cifras proporcionadas por las autoridades chinas.

Con el material genético de diciembre del 2019 en mano se podría tener la primera gran evidencia que respaldaría la teoría de la existencia del virus previo a lo que el gobierno chino ha sostenido repetidamente. Sin embargo, también está la posibilidad de que efectivamente el virus estuviera circulando mucho antes, incluso sin haber sido detectado como una variante de la familia del coronavirus.

Embarek dijo que se han encontrado doce cepas del virus diciembre, lo que le hace pensar a la delegación que el virus debió haber estado circulando más tiempo del sostenido por los virólogos chinos.

El asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca Jake Sullivan decía una semana atrás que nunca antes una misión de la OMS había sido tan importante, refiriéndose a las conclusiones que arrojaría. Aprovechó para manifestar el apoyo de la Administración al rigor científico de quienes allí laboran, razón por lo que una de las primeras acciones de Biden fue revertir la decisión de Trump de salirse de la misma. Aprovechó para decir también que regresan esperando altos estándares, sobre todo en este crítico momento en que la OMS debe proteger y priorizar su credibilidad, apuntando indirectamente a la situación que se vivió en enero y febrero del año pasado, cuando el mundo se tambalea buscaba respuestas a lo que aún no se comprendía y el director general de la OMS aprovechaba para dar declaraciones en las que parecía más bien de un portavoz del Partido Comunista China alabando la respuesta del PC chino y del propio Xi Jinping frente al Covid-19.

Las palabras de Sullivan son claves en el contexto actual porque mandan un mensaje de respeto a las autoridades que trabajan en la OMS, cuya reputación se ha visto afectada por la polémica que ha envuelto la pandemia, pero también en parte a las duras críticas de la Administración Trump que con razón dejó en tela de juicio el comportamiento de la organización. Pero sus declaraciones son igualmente relevantes porque Washington parece estar tomando el timón del barco internacional, y para hacerlo nada mejor que hacerlo desde dentro, como miembro importante de la organización y además como el mayor financiero, pues para mantener a flote un gran número de programas internacionales de vacunación, seguimiento y erradicación de enfermedades, educación sexual entre otros, esos recursos económicos son esenciales.

La retórica de la Administración Biden dista mucho de la administración anterior, y sí es momento de mejor retórica, pero también de más acción. Biden debería aprovechar muchas de las acciones impulsivas de Trump y revertirla de manera que prevalezcan los valores occidentales en el mundo. Mientras propone regresar a la organización puede exigir más a los otros países, bien sea en ayudas o en compromisos sobre todo después de que China ha dejado ver su esencia, su falta de transparencia en una crisis de esta envergadura y el peligro que es para occidente que la producción de materias primas estén en sus manos, como por el ejemplo el material médico, ingredientes activos de medicamentos o para reactivos de laboratorios.

Biden tiene una oportunidad de oro en este momento para retomar el liderazgo de los Estados Unidos en la OMS, mientras China sigue promocionando teorías sin fundamentos del virus y envía a sus cancilleres a hacer una diplomacia de vacunas por el mundo.

Un año de Covid-19 y aún sin respuestas, Nieves C. Pérez Rodríguez

El mundo lleva más de un año lidiando con el Covid-19. El 12 de enero de 2020 Beijing confirmaba su primera víctima por Covid-19 y días más tarde decretaba cuarentena en Wuhan, epicentro del brote, mientras China negaba que había habido víctimas a finales del año 2019, eliminó toda evidencia de las redes sociales y persiguió a los periodistas y sanitarios que habían publicado evidencias sobre la aparición del virus en las primeras semanas. Todos estos elementos levantaban inquietud y desconfianza en los primeros meses de 2020. La respuesta de Beijing era de contraataque con teorías conspirativas del virus y alimentar la idea de que el virus fue exportado desde otro país y que ellos eran víctimas y no encubridores del mismo.

Un año marcado de principio a fin por la pandemia que, a pesar de tantos aspectos negativos, ha conseguido un avance sin precedentes en la creación de vacunas en tiempo récord. La innovación sin precedentes que en sí misma es este desarrollo, pues las vacunas de Pfizer y Moderna han sido desarrolladas utilizando una tecnología mensajera que transmite el código genético a las células, una receta para producir la proteína del virus. Estas proteínas fueron creadas con instructivos que activan el sistema inmunológico, enseñándole a ver la proteína del SARS como extraña y a desarrollar anticuerpos y otras armas inmunitarias con las que combatir el virus, según los expertos. Toda una revolución científica en la materia.

Con estadísticas de contagio en el mundo por encima de los 100 millones de personas y los más de 2.4 millones de víctimas fatales en el mundo -de acuerdo con John Hopkins- el gobierno chino sigue sosteniendo sus teorías sin mayores fundamentos.

La OMS envió a finales de enero a un grupo de expertos a estudiar in situ el origen del Covid-19 y tratar de esclarecer todas las interrogantes que han surgido sobre el origen del virus. Durante la visita a Wuhan se visitaron hospitales, laboratorios y mercados, incluido el mercado de Hunan de frutos del mar en el que se sabe se vendían animales exóticos de todo tipo, incluidos aquellos prohibidos por razones sanitarias, y el Instituto de virología y el centro de control de enfermedades de Wuhan.

Fue una visita curiosa pues desde el comienzo se manejó con mucho secretismo, lo que originó que los periodistas se mantuvieran persiguiendo a los delegados para poder determinar sobre la marcha a donde se estaban desplazando y que lugares estaban visitando. Muchos corresponsales tuvieron que permanecer toda la noche en las afuera del hotel donde estuvo alojada la delegación para poder seguirlos en cuanto salieran por la mañana. Otra peculiaridad es que no se permitió acceso a la prensa durante los 12 días de visitas a ningún sitio, por lo que las imágenes que hemos podido ver son fruto de la inventiva y la creatividad de los fotógrafos, que valga decir fueron hostigados por la policía china allá donde llegaban y persuadidos a abandonar la cobertura.

Sólo hubo una rueda de prensa oficial que tuvo lugar final de la gira, en ella el jefe de la delegación, el Dr. Peter Ben Embarek, indicó que los hallazgos apuntan a que es extremadamente improbable la teoría de que el patógeno saliera de un laboratorio de Wuhan, mientras corroboraban la hipótesis del paso del virus de un animal al ser humano a través de una segunda especie como la teoría más probable. También dio como probable que el primer animal haya sido un murciélago, pero admitió no saber cual pudo haber sido el segundo animal en la cadena.

El New York Time informaba de que los investigadores dijeron que los desacuerdos sobre los registros de pacientes eran tan tensos entre los científicos de la delegación y los chinos que a veces acabaron a gritos. El hecho es crítico para avanzar en una investigación científica. “Los funcionarios chinos instaron al equipo de la OMS a aceptar la narrativa del gobierno chino sobre el origen del virus incluida la teoría de que el virus llegó a China desde el extranjero, pero a esto los representantes respondieron que se abstendrían de emitir juicios sin datos”.

Si tomamos como referencia que se tardó más de diez años en encontrar los orígenes del SARS, o que el Ébola fue detectado en la década de los setenta y aún se desconoce el origen, es muy probable que nunca se sepa exactamente como se originó el Covid-19, en especial si su origen efectivamente fue en China, y las propias autoridades locales no han compartido la información inicial de manera trasparente.

Por su parte, los Estados Unidos, bajo la nueva Administración Biden, están concentrando grandes esfuerzos en el plan de vacunación masiva y en asegurar medidas y protocolos de carácter obligatorio, que a pesar de sorprender después de estar en esta situación por tanto tiempo, en este país cada Estado junto con sus autoridades ha ido determinando qué hacer y cómo manejar la pandemia de manera independiente del gobierno federal. Aparentemente los servicios de inteligencia tienen información que culpa a China de haber bloqueado información sobre el virus, pero la Administración Biden ha decidido evitar confrontación de momento hasta ver cómo se establecen las relaciones bilaterales.

Mientras tanto Beijing ha afirmado tener su propio plan de vacunación del que no sabemos muchos detalles, aunque se haga gala de éste. Pero lo que si sabe es que han planificado milimétricamente en convertirse en los salvadores de los países más pequeños, especialmente de sus vecinos.

Durante los últimos meses de 2020 y lo que va de este año, el ministro de exteriores chino -Wang Yi- se ha dedicado a visitar cada país del sureste asiático con la excepción de Vietnam. Todos esos viajes se llevaron a cabo durante los días de mayor enredo y conmoción política que ha vivido Estados Unidos en su historia reciente. Mientras en Washington se navegaban las turbias aguas post elecciones Wang era recibido en cada una de estas naciones con la esperanza de poder recibir ayuda que permita a estas naciones a hacer frente a la crisis del Covid-19, sobre todo con la imperiosa necesidad de obtener vacunas. China astutamente ha respondido a ese llamado enviando a su ministro de exteriores para desarrollar una diplomacia de vacunas en la región ante la ausencia de Washington.

Ha pasado más de un año de esta trágica situación que ha obligado al mundo entero a ajustar sus modos de vida a la nueva realidad, que ha interrumpido la economía mundial y que mantiene en incertidumbre a los gobiernos del mundo intentando ejecutar medidas paliativas mientras los esfuerzos por conseguir las vacunas van ganando mayor apoyo. Todo parece indicar que en el país que consiga inmunizar al menos el 80% de su población podrá ganarle la batalla a la pandemia, no porque consiguió pasar la pandemia sin muchas víctima sino porque esos serán los países que podrán continuar mirando hacia adelante, priorizando sus economías, reactivando mucho de sus sectores, y digo muchos porque hay sectores como el turísticos por mucho tiempo seguirán afectados, pues la libertad de movimiento continuará limitada hasta que el Covid-19 sea una de las enfermedades totalmente controladas y su vacuna sea parte rutinaria de la inmunización de la población del mundo.

THE ASIAN DOOR: América Latina frente al decoupling ¿realidad o reto? Águeda Parra

Después de varios meses de pandemia, una de las consecuencias más evidentes que ha generado la crisis sanitaria del COVID-19 ha sido impulsar un proceso de aceleración mundial en varios entornos. Entre ellos, la reordenación de las cadenas de suministros globales pasa a ocupar un lugar destacado.

En un mismo período de tiempo, ha coincidido un escenario de decoupling de China, promovido por la administración Trump, y una crisis sanitaria, suscitando una posible reordenación de las cadenas de suministro globales para reducir riesgos operativos ante una situación como la que ha planteado una pandemia mundial. La vista está puesta ahora en potenciar la aportación de valor de otras regiones de Asia, por su cercanía a China, o jugar la baza de América Latina, por su proximidad al importante mercado de consumo de Estados Unidos.

La integración de China en la región asiática ha favorecido que, a medida que el gigante asiático asciende hacia la parte alta de la cadena de valor en la manufactura y producción en varias industrias, hayan sido los países vecinos los que han capturado el espacio dejado por China. Asimismo, en este escenario, el proceso de decoupling y la aceleración generada por la crisis sanitaria ha motivado que varias tecnológicas estadounidenses, como Google, Microsoft y Apple, estén moviendo parte de su producción fuera de China, quedando Vietnam y Tailandia entre los países más beneficiados. Pero ¿en qué medida podría América Latina beneficiarse de esta reordenación de las cadenas de suministro globales que está promoviendo Estados Unidos?

La gran ventaja de la proximidad de los países latinoamericanos con el gran mercado de consumo estadounidense no se ha visto traducida en un mejor posicionamiento de América Latina como sustituto natural de Asia en este proceso de decoupling al que aspira Estados Unidos. La región en su conjunto no ha desarrollado las infraestructuras y capacidades logísticas que demanda la operativa de las cadenas de suministro globales, sin embargo, determinados países podrían verse beneficiados, según un estudio de The Economist Intelligence Unit.

En ese movimiento de las cadenas de suministro globales que está promoviendo Estados Unidos del este al oeste, México es el país mejor posicionado, aunque determinados factores hacen poco factible que este proceso llegue a consolidarse, según este estudio. El hecho de que dos tercios de las importaciones de bienes y servicios de México estén relacionados con el comercio de exportación, y que el envío de contenedores tarde apenas una semana en pasar la frontera frente a las cinco semanas que tardaría en llegar desde China, además de tener un coste menor, son puntos que benefician la posición de México. Sin embargo, la lenta recuperación de la pandemia no favorece un reposicionamiento del país en las cadenas de suministro globales, a lo que habría que añadir la falta de políticas que promuevan este tipo de movimiento, así como la carencia de mecanismos que incentiven la atracción activa de la inversión.

De entre los países de América Latina, Chile, Costa Rica, México, Colombia y Brasil figuran entre los mejor posicionados para incorporarse a las cadenas de suministro globales. Sin embargo, la falta de inversión en infraestructura de la que adolece la región, que destina menos del 3% del PIB en su conjunto, no favorece esta transición. Contrasta con el 8% del PIB que dedican los países de Asia Oriental, y se estima que sería necesario incrementar entre un 4%-8% del PIB el gasto en infraestructuras para poder asemejarse a otros países industrializados como Corea del Sur, según algunos estudios.

Existen, asimismo, otras cuestiones a tener en cuenta para generar esta transición desde la región asiática a la latinoamericana. Destaca la falta de preparación y adopción de las nuevas tecnologías en un modelo de cuarta revolución industrial (4IR), así como la cuestión de los costes laborales y la disponibilidad de talento especializado. No obstante, aunque la situación no sea la más favorable, toda crisis es una oportunidad, y América Latina debe encontrar los mecanismos para reivindicarse como actor mundial en la configuración de las futuras cadenas de suministro globales.