Corea del Norte en medio de la crisis del COVID-19. Nieves C. Pérez Rodríguez

Mientras la mayoría del planeta se centra en combatir el coronavirus que ya lleva más de 100.000 infectados y supera los 3.000 decesos a nivel global, surge la incógnita. ¿Y Corea del Norte? Es un país que comparte fronteras con China, país de origen del COVID-19 y con el mayor número de infectados del mundo, y Corea del Sur, el vecino que ha respondido más agresivamente a la crisis con laboratorios temporales en las calles y que ha podido hacer casi 160.000 pruebas a día de hoy.

Corea del Norte, enclavado en medio del brote de la epidemia, no ha reportado ningún caso aún, lo que es curioso, partiendo de que su principal socio es China y cuyos intercambios, tanto de mercancías como de personas, son constantes. Aunque Pyongyang fue rápido y astuto y se cerró herméticamente. La primera medida fue cerrar las fronteras, así como todos los lugares públicos de visitas masivas; cerraron los colegios por un mes, suspendieron actividades turísticas y pusieron en cuarentena a extranjeros y nacionales que habían estado en el exterior. Probablemente las medidas son sensatas frente a un brote como el que hemos visto, pero que para un régimen como el norcoreano son fáciles de ejecutar debido al nivel de control que tienen de todos los sectores de la sociedad.

“Corea del Norte no está preparada para una emergencia médica como la del COVID-19. Con un sistema de salud tan precario, que carece de inversión pública, lo hace más vulnerable a un brote de este tipo que ningún otro país del mundo”, afirma Sue Mi Terri (experta en asuntos coreanos y miembro de Centro para los estudios internacionales y estratégicos en Washington D.C.).

Mi Terri explica cómo las condiciones del país, en el que el 43% de la población, unos 11 millones de habitantes, están malnutridos, lo hacen más vulnerables a contraer infecciones y cualquier tipo de enfermedades. Como si eso no fuera suficiente, Corea del Norte es el país que invierte menos en infraestructuras sanitarias en el mundo, menos de 1 dólar por habitante por año. Asimismo sostiene que más de la mitad de los hospitales en la nación no cuentan con acceso a agua corriente, ni condiciones sanitarias mínimas y las redes eléctricas del país han decaído tremendamente, por lo que la electricidad es intermitente hasta en los hospitales.

Por su parte, los medios de comunicación estatales norcoreanos han reportado extensamente sobre el brote de COVID-19, así como han intentado educar a la población para prevenir la infección. El aparato de propaganda del régimen es muy astuto, sabe como llegarle a la población, conoce profundamente sus debilidades y sabe cuales es la situación doméstica sanitaria y el pavoroso escenario en el que se encontraría si hubiera un brote del virus allí.

Mientras tanto, Pyongyang ha aprovechado los canales diplomáticos para pedir apoyo. Así lo hizo con la Cruz Roja Internacional, Médicos sin fronteras, Organización Mundial de la Salud, y otras organizaciones de esta naturaleza.

Cruz Roja y Media Luna Roja recibieron una exención de las sanciones de Naciones Unidas, impuestas a Corea del Norte por la Resolución 1718 (2006) del Consejo de Seguridad lo que permite la provisión de apoyo vital para proteger a las personas de la propagación del COVID-19, de acuerdo con la página oficial de la Cruz Roja publicado el 24 de febrero.

El pasado 20 de febrero Radio Free Asia reportó que en un hospital de la ciudad de Chongjin, al norte del país, se había incinerado 12 cuerpos de pacientes que habían fallecido de enfermedades respiratorias. El caso llamó la atención puesto que no es costumbre en Corea del Norte cremar los cuerpos. Sin embargo, esta información no ha sido posible verificarla.

Con casos o sin casos de contagios del COVID-19 en Corea del Norte, lo que sí se puede predecir es el impacto económico que tendrá en la economía norcoreana. Con las duras sanciones impuestas tanto por Naciones Unidas como por los Estados Unidos, la importación de casi todos los productos está prohibida.  China y Rusia habían sido los aliados que les habían ayudado a burlar un poco las sanciones, pero durante el cierre total de fronteras estas prácticas no han podido llevarse a cabo, lo que dificultará más aún la adquisición de alimentos y productos de primera necesidad.

En medio de esta tremenda crisis, Kim Jon-un decidió lanzar dos misiles el pasado 2 de marzo, que de acuerdo con los análisis de expertos fueron lanzados tan sólo con 20 segundos de diferencia entre uno y otro y con un alcance de 240 km. Su destino fue el mar de Japón. Es muy significativo que el lanzamiento se ejecute a tan sólo días de que Washington y Seúl hayan cancelado sus maniobras militares anuales y después que Corea del Sur informara de más de 20 casos de contagios en sus filas militares.

La lógica de Kim nunca ha sido congruente con la lógica de Occidente. Pero el mensaje de estos misiles es muy difuso. En un momento de tal dificultad interna, regional y global, busca hacerse sentir a través del miedo que infunda en la comunidad internacional, mientras pide ayuda a las ONGs sanitarias, lo que lleva consigo levantamiento temporal de sanciones. No cabe duda de que los dictadores saben bien como usar el terror para conseguir sus objetivos.

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