terracota

Signos ambiguos


Medios oficiales chinos acaban de desmentir que se reducirán los presupuestos de Defensa tras circular un rumor, no menos oficial, en sentido contrario. La no reducción, incluso el previsible aumento de los gastos en defensa, es coherente con los planes oficiales de dotar a las fuerzas navales de más portaviones con mayores capacidades, submarinos más sofisticados y medios necesarios para proyectar tropas de combate por vía naval a territorios en disputa y eventualmente a Taiwán si llegara el momento de una intervención en la isla, un proyecto muy complicado pero nunca abandonado por China.
En todo caso, parece evidente que China tiene problemas de ajuste presupuestario y  habría que buscar la explicación en algo que los analistas vienen diciendo desde hace tiempo y es que el capitalismo salvaje de la economía china, dirigido, como no, con criterios autoritarios y centralizados propios del comunismo, estaría siendo incapaz de hacer frente a las demandas internas derivada de la creciente brecha, económica y social, entre las área rurales y las urbanas y entre unas regiones y otras, hasta el punto de configurarse la economía china en estos momentos como una gran burbuja en la que su extraordinaria liquidez sería el síntoma de un previsible derrumbe a corto plazo. De ahí que necesiten más fondos para resolver problemas internos urgente.
Pero esto no quiere decir que China quiera bajar la tensión ni atenuar su exhibición de músculo militar como apoyo a sus reivindicaciones territoriales y al reforzamiento de su presencia diplomática y comercial, sino más bien al contrario. Hace unas semanas, la agencia china de noticias Xinhua, anunciaba el envío de cazas, bombarderos y aviones de alerta temprana, así como barcos de guerra al estrecho de Miyako, entre las islas del sur de Japón y Okinawa, al noreste de Taiwán y hacia el Pacífico, “con el fin de mejorar la interoperabilidad de las Fuerzas Armadas”. Es para este escenario para el que China está destinando un importante porcentaje de su presupuesto militar.
No es fácil conocer todos los datos necesarios para tratar de adivinar el futuro inmediato de China, su posición y su economía, entre otras cosas porque hay un gran número de elementos aleatorios circulando por el planeta; pero a pesar de la ambigüedad de los gestos, algo se está moviendo en la zona geoestratégica del Pacífico.
crossroads2

Dinámica expansiva

El conflicto de Oriente Medio, no únicamente del cercano oriente, está adquiriendo una dinámica cada vez más expansiva. La intervención de Irán en Siria, que puede situar fuerzas de Teherán en la frontera con Israel, país al que ha jurado destruir, y su protagonismo histórico y sociológico en Afganistán otorgan al régimen chií un papel de actor principal en el escenario regional. Y algo parecido está pasando con Pakistán, cuya situación actual no puede ser desligada de la de Afganistán. Si a eso unimos que Irán tiene estrechos lazos con Rusia y Pakistán con China y que ambos ven como, poco a poco, aumentan su presencia en los conflictos de la zona las repúblicas centroasiáticas, en algunas de las cuales hay una importante influencia turca y en todas, y en mayor grado, de Rusia, tenemos el bosquejo de un escenario de pesadilla.

Puede ser una exageración afirmar que únicamente Rusia, entre las grandes potencias, ve ese escenario en su globalidad y tiene una estrategia adecuada a sus intereses nacionales. Probablemente en Estados Unidos se vea perfectamente lo que está ocurriendo, pero la inercia de la parálisis de Obama y la indecisión e improvisación de Trump no permiten adivinar si va a dibujarse una estrategia global en la que, por cierto, La Unión Europa ni ninguno de sus Estados miembros parece querer asumir papel alguno. Pero la realidad es que Putin va ampliando su esfera de influencia mientras Estados Unidos se repliega y China va colocando peones en la histórica Ruta de la Seda con paciencia y determinación.

La globalización afecta también a la política y debería afectar a la forma de ver los escenarios y adoptar las decisiones oportunas. Pero, al menos en las manifestaciones externas y en los análisis que se presentan esto parece estar ausente. Y no, esta no es una buena noticia.

norcoreano 2

Un test para medio mundo

El asesinato de Kim Jong-nam, hermano del líder norcoreano Kim Jong-un, nos trae la imagen cinematográfica de la técnica mas acrisolada de los servicios secretos adiestrados en la escuela moscovita que nació de la Revolución de Octubre y que han producido muchos ejemplos, como  el asesinato en Londres, por agentes de Bulgaria, con un paraguas envenenado, del disidente búlgaro Gueorgui Ivanov Markov, el 11 de septiembre de 1978; o el del espía ruso que desertó a Occidente Aleksandr Válterovich Litvinenko, irradiado con polonio, tras acusar a la dirección de los servicios secretos rusos de la eliminación de disidentes.
Pero esta muerte, que parece apuntar a los servicios secretos de Corea del Norte, además de estas evocaciones pone sobre la mesa la inmensa tensión y las luchas por el poder que están ocurriendo tras las bambalinas del hermético régimen norcoreano. Poco se sabe de estas luchas, aunque sí que han hecho desaparecer a parientes y colaboradores del presidente acusados de conspirar para acceder al poder.
 Kim Jong-nam, hermano mayor del actual líder era el heredero natural,  pero unas costumbres fuera de las normas oficiales, sus viajes al exterior y una vida menos reglada de lo que suele llevarse por aquellos lugares, sirvieron de coartada para apartarle del poder hasta el punto de que ya había sufrido otros intentos de asesinato e, incluso, en una ocasión, tuvo que mediar China para pedirle a su hermano clemencia. Que el asesinato, si ha sido obra del Gobierno norcoreano, haya tenido lugar en estos momentos podría significar que la situación interna es más delicada que nunca, que los equilibrios de poder son más frágiles y que el régimen está necesitado de demostraciones de fuerza, hacia adentro, como este asesinato, y hacia afuera, aumentando la tensión con Corea del Sur, Japón y Estados Unidos.
En este contexto adquieren una mayor importancia los gestos y las palabras desde Occidente, junto con la vigilancia y la disposisición a no ceder, y se ensancha aún más el campo para que la diplomacia China juegue a intermediar a cambio de concesiones en la zona de sus interés estratégico. Ahí hay un test para Trump y su equipo y un motivo de preocupación para Rusia que ve como se tensa más una situación en sus fronteras orientales sin que Moscú, al menos de momento, esté jugando un papel tan decisivo como en otros escenarios.
17147146227_b89d8a5303_b

Sigue el juego

El presidente Trump se ha distanciado de las alianzas económicas en Asia Pacífico para replegarse sobre sí mismo en la inauguración de un periodo de proteccionismo de impredecibles consecuencias en este momento. Sin embargo, Estados Unidos ha hecho esfuerzos desde el primer momento por emitir mensajes de compromiso con la defensa, en el terreno militar, del estatus quo de la región reafirmando los lazos con Corea del Sur y Japón.
No era para menos, ya que ambas naciones se enfrentan a un país que ha hecho de la amenaza y la agresividad sus principales instrumentos de negociación de ventajas en la escena internacional, Corea del Norte, y un amigo de este país, China, que, aún optando por el pragmatismo, necesita tener al perro ladrador de Pyongyang con el que jugar, y que desarrolla una política de dominio del Mar de la China y en la disputa territorial que mantiene con Japón por un lado y con otros países  por otro, sobre algunas islas de la región.
En ese delicado panorama, mientras Trump llenaba de incertidumbre e inseguridad económica a sus aliados rompiendo el acuerdo de libre comercio, enviaba a la zona al Secretario de Estado, James Mattis, para asegurar a Japón que el paraguas defensivo que une a ambos países implica también a las disputadas islas Senkaku, y para reafirmar su compromiso con la defensa de la integridad territorial de Corea del Sur. En ese escenario se ha producido, mientras el presidente de Japón visitaba Estados Unidos, el lanzamiento por Corea del Norte sobre el Mar del Japón de un misil susceptible de portar una cabeza nuclear.
El desafío norcoreano ha dado a Trump la oportunidad de reafirmar sus compromisos y sus advertencias a uno de los últimos regímenes estalinistas del mundo y, a Japón, la ocasión para reclamar a China un papel más activo para desautorizar a sus aliados norcoreanos y comprometerse en una política de estabilidad en la región.
Sigue pues el juego en el Pacífico occidental con los mismos protagonistas pero con gestores diferentes. No parece que la tensión vaya a descender a corto plazo porque China exige un precio: Taiwan y los islotes en disputa, que ni Estados Unidos ni Japón pueden aceptar aunque sobre esa base se está negociando. Y en ese contexto es en el que, la principal amenaza inmediata, Corea del Norte, puede conseguirconcesiones materiales nada desdeñables.
Australia

Detrás de las cortinas

El factor Trump y la temporada electoral europea, en cuyo horizonte aparecen fuerzas populistas, extremistas y contrarias a la Unión Europea, están difuminando la emergencia de acontecimientos no menos importantes y que van a influir inevitablemente en aquéllos.
En el Pacífico, enviados del presidente Trump se están reuniendo con dirigentes de países aliados de Estados Unidos para tratar de atenuar las consecuencias de palabras altisonantes, anuncios precipitados y groserías telefónicas del presidente. Es necesario soldar brechas abiertas con Japón, desconfianzas de Taiwán, enfados de Australia y, en general, llevar a la zona señales de lealtad, compromiso con la estabilidad y determinación en mantener los equilibrios. Al fondo está la provocación permanente de Corea del Norte, el espacio que va ganando China en toda la zona y los esfuerzos de Rusia por jugar su papel ante las dudas de Estados Unidos.
No muy diferente se está dibujando el escenario europeo. La reanudación de los incidentes armados en el este de Ucrania parecen reflejar un intento ruso de probar la capacidad de reacción de Europa y de Estados Unidos y una subida de la apuesta de cara a futuras negociaciones en las que, inevitablemente, cotizarán al alza las acciones de Rusia en Siria.
Así, las corrientes centrífugas en Europa, estimuladas por lo que ocurre en Gran Bretaña, aplaudidas tanto por Trump como por Putin y por el coro que animan la extrema derecha y la extrema izquierda con discursos parecidos, aparece bajo una nueva luz. Se perfila una santa alianza para debilitar a la Europa democrática y de bienestar, a pesar de sus innegables errores, con el proyecto de ser sustituida por un escenario nacionalista, antiliberal, replegado sobre sí mismo y abonado de conflictos que hunden sus raíces en el siglo XX.
5440002785_7b1ed0ac3e_b

Nuevo escenario: China se lo piensa

Desde detrás de las bambalinas, China está observando, con no menor perplejidad que Occidente, el impacto del factor Trump y sus iniciativas en todo el planeta. ¿Qué ve? En primer lugar, que al acuerdo de libre comercio para su zona estratégica, que excluía a China porque aunque Pekín defiende el libre comercio hacia el exterior no permite el libre mercado en su interior, está a punto de fallecer. En segundo lugar, que la política de proteccionismo de Estados Unidos le deja un campo más amplio de acción en África y en Iberoamérica, y, en tercer lugar, que las relaciones entre Estados Unidos y Europa se resquebrajan creando oportunidades para las maniobras de Rusia y otros países.
En ese escenario, el gobierno de Pekín está maniobrando para definir una estrategia que le haga aumentar su protagonismo y fortalecer sus intereses nacionales. Así, va a tantear la posibilidad de establecer acuerdos con los países que integraban el tratado que Estados Unidos quiere abandonar, va a presionar para que le reconozcan sus derechos en el Mar de China mientras acelera  el fortalecimiento de su flota armada, y va a cuidar mucho de que no se dañe su recobrada relación con Rusia.
¿Y Europa? De momento está en shock. Es decir, sigue. El factor Trump ha encontrado a la Unión Europea en una parálisis de definición de décadas y en medio de un aumento del populismo en un año de elecciones. En este marco, Rusia aparece como el vecino fuerte que sabe lo que quiere, que está dispuesto a lograrlo y que, además, buenas o malas, tiene una estrategia para las zonas donde el conflicto puede repercutir en la estabilidad europea y mundial.
Las acciones de Putin suben, Trump espera un acuerdo con él para pactar intereses mutuos, Europa sigue reflexionando y China gana protagonismo. En este escenario, por inestable, ganan protagonismo indirectamente los países que en un tiempo Estados Unidos calificó de canallas. Ni Donald Trump, o tal vez especialmente él, sabe qué hay detrás de la puerta que está abriendo.
32300437362_0090dbf137_b

El huracán contra Trump y el mito de Obama

Como era previsible, la toma de posesión de Donald Trump se convirtió en un huracán mediático contrario al inefable personaje y una ola de protestas más sonoras en los medios que en las calles, aunque han sido importantes. Dígase, de paso, que entre los manifestantes estaban entusiastas de Fidel Castro, comprensivos con Irán, justificadores de Hizbullah y otros personajes. En todo caso, el desbocado, directo y políticamente incorrecto Trump ha situado en el centro de la escena el simplismo argumental, la apelación a las emociones y las verdades a medias como hoja de ruta, y eso es lo preocupante.

Sin embargo, tal vez sería bueno afirmar que esto no puede ser una excusa para justificar la gestión de un Obama soberbio, con mucha más propaganda que realidad, titubeante ante los grandes problemas, de hermosas palabras pero pocas realidades. Ha sido esta retirada cauta de la escena internacional la que ha dejado el terreno libre al audaz Putin para devolver la política exterior rusa al primer plano y, lo que puede ser más grave para Europa, para explicarla como algo necesario para la estabilidad mundial, más incluso que para los intereses nacionales rusos  encontrando no pocos simpatizantes a la moda de la vieja propaganda soviética que Putin conoce muy bien. Sobre esta base está marchando su estrategia de influir cada vez más en Europa contra los propios intereses de la Unión Europea, si entendemos por estos la defensa de la libertad económica, política y del imperio de la legalidad por encima de los gobiernos.

Islas mar meridional

Contención no tiene por qué ser apaciguamiento

El clima de tensión entre Estados Unidos y China va subiendo paso a paso. El último ha surgido de la afirmación, desde el equipo de Donald Trump que tomará posesión en las próximas semanas, de que la nueva Administración de Estados Unidos hará cumplir la decisión de la Corte Permanente de Arbitraje en La Haya que dio la razón a Filipinas y negó base legal a los argumentos de Pekín para atribuirse la soberanía del 90% de las aguas del Mar del Sur de la China, y por lo tanto protegerá la libre circulación por este mar.
Obviamente, la Administración china no ha recibido bien esos comentarios y ha respondido en un tono muy duro desde los medios de comunicación cercanos al Partido Comunista Chino que se han despachado con pronósticos de un enfrentamiento militar y la profecía de una humillante derrota de la armada estadounidense, y un tono más mesurado pero igual de firme desde el Gobierno.
Todo parece indicar que, ante la perspectiva de una renegociación económica y un reajuste geopolítico en Asia Pacífico, las dos principales potencias están subiendo las condiciones para un acuerdo estable.
Algo así viene haciendo Corea del Norte desde hace años con unos resultados no muy fructíferos, pero, claro, el régimen norcoreano no juega en la misma división que China y Estados Unidos. El problema está en que está estrategia de negociación, que por otra parte juega tan bien Vladimir Putin, requiere de jugadores pacientes y que sean capaces de gestionar bien las tensiones. Y aquí, la nueva Administración norteamericana es una incógnita llena de incertidumbre por los antecedentes de precipitación y de chabacanería discursiva de Donald Trump.
La derecha mundial se debate ante muchos retos y no es el menos importante el de encontrar un discurso que responda a su base sociológica y ofrezca seguridad y certidumbre al afrontar unos conflictos en los que la izquierda, atrapada en su propia trampa ideológica, no encuentra su sitio. Uno de esos retos sigue siendo la disyuntiva entre la política de apaciguamiento, que tan nefastos resultados ha dado en los últimos cien años, y la de la contención de los conflictos, al menos hasta estar en condiciones de resolverlos con el menor coste posible.
En China, la Administración norteamericana responde a sectores de la opinión pública harta de la tradicional política europea de apaciguamiento, pero debe entender que eso no debe implicar la renuncia a la contención y al realismo político. En ese escenario estamos.
trump-putin

Putin-Trump, los riesgos de un eje emergente

Las últimas decisiones de la Administración Obama expulsando a oficiales de Inteligencia y diplomáticos rusos acusados de interferir en las elecciones presidenciales recientes, y las reacciones respectivas de Putin y de Trump, parecen visualizar lo que Trump ha venido anunciando de reformular las relaciones con Rusia en un escenario que ambos presidentes parecen ver de un modo similar, además de abrir una crisis con pocos precedentes entre el inminente inquilino de la Casa Blanca y los servicios de Inteligencia de los Estados Unidos.

 

No se trata en realidad de que Trump y Putin vayan a aliarse más allá de ponerse de acuerdo en el desacuerdo. Ambos ven el mundo como un campo donde defender los intereses nacionales de sus países tal como ellos los entienden y, a la vez, ambos responden a impulsos nacionalistas sobre los que han asentado su popularidad. Pero ese acuerdo sobre el desacuerdo, que puede llevar a un nuevo reparto de esferas de influencia, puede ser una mala noticia para Europa, para una Europa que lleva décadas renunciando a jugar colectivamente en una esfera de influencia limitándose algunos de los países con más tradición imperial a jugar a su modo en la más vieja tradición.

 

Putin ha aprovechado de manera magistral, despiadada y sin complejos las oportunidades que le ha brindado una Europa paralizada y una administración Obama contradictoria y renuente. Y con esa ventaja adquirida va a fijar sus relaciones con un Trump que quiere unos EEUU más individualistas, más proteccionistas y más unilaterales. Es decir, lo que a Putin le viene mejor. Ese es el riesgo.

5220948222_1cc11410c3_b

¿Un año rumbo a la catástrofe?

2017 comienza percibido por gran parte de la opinión pública mundial como un año de incertidumbre y muchos apuntan que se inicia un rumbo hacia la catástrofe. Es, en gran parte, un sentimiento subjetivo que se justifica con criterios dispares. En realidad, este pensamiento está asentado sobre imágenes creadas en los grandes medios de comunicación, que tiene no poco que ver con posicionamientos ideológicos y viejos prejuicios.

Si se analizan los argumentos que se apuntan tenemos tres grandes líneas de pensamiento: los terribles conflictos suscitados por el islamismo radical; la emergencia de los populismos en los que los discursos de la extrema derecha y de la extrema izquierda coinciden inquietantemente, y, cómo no, la elección de Donald Trump para ser presidente de los Estados Unidos los próximos cuatro años. Y una cuarta línea, ya sostenida en el tiempo: el apocalipticismo general que mete en un mismo saco todas las profecías del horror: la catástrofe climática, el auge de la pobreza y la suprema miseria moral.

Sin embargo, los datos desmienten esos argumentos. Si enumeramos los conflictos bélicos existentes, concluimos que hay menos que nunca desde la Guerra Mundial, aunque el impacto audiovisual y del terrorismo cuando golpea Occidente amplifican sus ecos; los populismos merecen una atención pero, de momento, no hay una ola antidemocrática aunque esté más en los medios de comunicación que en las urnas, y Trump, cuyo principal error es su imprudencia, no ha definido una política que se concrete en una ruptura con la tradición republicana. Y recuérdese que se dijo lo mismo de Reagan y los Bush, padre e hijo. Además, las cifras hablan de crecimiento económico en África y de recuperación, lenta y desigual, en casi todas partes.

Eso no quiere decir que no haya riesgos. En la zona Asia Pacífico la tensión aumenta como consecuencia del rearme naval chino, el repunte del nacionalismo japonés, la anomalía agresiva de Corea del Norte y el refuerzo del protagonismo ruso, asuntos que exigen un análisis por separado y relacionándolos. Es en ese contexto en el que la imprudencia de Trump puede ser el desencadenante de elementos de crisis más graves. Hay que esperar que el pragmatismo chino, la contención japonesa y los elementos de equilibrio interno de Estados Unidos serán necesarios y determinantes.