Los uigures y la Administración Biden. Nieves C. Pérez Rodríguez

La difícil situación de los uigures, la etnia turca que lleva asentada varios siglos en la región autónoma de Xinjiang, es cada día más precaria. El Partido Comunista Chino ha hecho todo lo que está en su poder para mantener absoluto control social, usando tecnología punta de vigilancia y registro diario de los ciudadanos de este grupo. Además de mantener un escrutinio cotidiano de las actividades rutinarias de los uigures, el envío de ésta minoría a los centros de reeducación chinos o los llamados por los expertos “campos de concentración”, en los que se llevan a cabo todo tipo de atrocidades como esterilizaciones masivas de mujeres para reducir el número de nacidos de este grupo, violaciones sexuales de las reclusas y lavado del cerebro buscando eliminar cualquier valor religioso o cultural musulmán distinto al comunista chino.

Las constantes denuncias de quienes han podido escapar de allí, junto con las imágenes satelitales, prueban la existencia de estos centros de reclusión masiva pero con características de cárceles de alta seguridad, con paredones altos, alambradas de espinas cercando los edificios y torres de vigilancia.  Una serie de documentos del PC chino que han sido filtrados y minuciosamente estudiado demuestran que estos centros son mucho más que instituciones de educación profesional para dar un oficio a adultos que no lo tengan como alegan las autoridades chinas.

Muchos de estos reportajes y testimonios fueron las razones esgrimidas por la Administración Trump como pruebas de que esta minoría padece todo tipo de violaciones de derechos humanos de manos del PC chino. En efecto, la primera ley en el mundo aprobada para los derechos humanos de los uigures fue introducida en el 2018 y aprobada en junio del 2020 en los Estados Unidos, y desde entonces no ha hecho sino crecer el interés por denunciar lo que el PC chino está haciendo a los uigures, que no es más que tratar de borrar su identidad y hasta reducir considerablemente el número de ellos en territorio chino.

En octubre del 2020 se introducía una resolución en Washington por ambos cámaras para definir las atrocidades a los uigures como genocidio y, en diciembre de ese mismo año, una comisión bipartidista celebraba que el entonces secretario de Estado en funciones solicitó una partida especial durante el año fiscal 2021 para investigar más sobre las persecuciones a uigures, kazakos, kirguíses y otros grupos musulmanes minoritarios. 

El secretario de Estado de Biden, Antony Blinken, antes de ser ratificado en su puesto, afirmó estar de acuerdo con que China estaba cometiendo genocidio contra los uigures. También tildó de campos de concentración a los centros a los que son enviados. Y además instó a hacer una revisión de los productos que se importan desde China para prevenir que estos sean producidos en dichos campos. En una entrevista concedida a principios de marzo dijo “No podemos consumir productos que se fabrican como resultado del trabajo forzoso, no deberíamos comprarlos, es más deberíamos conseguir que otros países hagan lo mismo”.

Biden recibe un congreso en el que hay consenso bipartidista sobre las crueldades que ha cometido el PC chino en contra de esta etnia. Desde el Senado se ha presionado y trabajado desde el 2018 con la introducción de diferentes leyes y proclamaciones que reflejan el sentimiento de rechazo a lo que está sucediendo a estas minorías. La comisión internacional del Senado ha sido firme en mantener su lucha por la preservación de los derechos humanos de estas minorías musulmanas chinas.

En febrero el comité de relaciones internacionales del Senado enviaba una carta a Jeffrey Bezos CEO de Amazon para alertarlos sobre Danua, el fabricante chino más grande del mundo de cámaras y software de reconcomiendo facial que ha sido utilizada en China para detectar la raza de las personas y que envía alertas a la policía cuando detectan miembros de la etnia uigur. La misiva fue enviada en el marco de una negociación de Amazon con Dahua por un valor de 10 millones de dólares y explica que, aunque no es ilegal que le compren productos, podría dañar su imagen por tener negocios con empresas que violan los derechos humanos. Dahua ha sido sanciona por el Departamento del Tesoro, pero de momento puede seguir operando y vendiendo en territorio estadounidense.

El 17 de marzo quince senadores de ambos partidos enviaban una carta al secretario de estado solicitando más apoyo a las minorías musulmanas en china. Pedían que el Departamento de Estado pueda concederles estatus especial de refugiado, que se coordinen acciones con socios y aliados como Australia, Canadá y países europeos para que estos consideren otorgarles estatus de refugiados también. Y solicitan que los países que albergan grupos de estas minorías como Turquía, Tailandia, Arabia Saudita y Kazajstán sean alentados a protegerles de ser extraditados por petición de Beijing.  

Se ha observado también cómo la Cámara de Representantes está apoyando la misma causa aprobando alguna de las leyes introducidas en el Senado. Y justamente el 8 de marzo 2 representantes republicanos y 1 demócrata introducían un nuevo proyecto de ley en el que solicitan “designar a los residentes de la región autónoma uigur de Xinjiang como refugiados prioritarios basado en la preocupación humanitaria de su situación”.

Este proyecto de ley se produce en un momento muy oportuno en el que los uigures corren un riesgo significativo de repatriación a China desde muchos países en los que se encuentran, debido a los tremendos esfuerzos del gobierno chino para forzar su regreso a través de canales diplomáticos.

De acuerdo con un asistente del Senado con el que pudimos conversar, se está presionando discretamente y a puertas cerradas para que se apruebe muy posiblemente esta semana la ley de “trabajo forzoso de los uigures” que es un proyecto de ley que se introdujo el pasado 12 de marzo del 2020 que, desde sus comienzos, ha contado con apoyo bipartidista. Y que busca prevenir la introducción al mercado estadounidenses de productos producidos en Xinjiang por esta etnia en condiciones forzosas. Aunque esta ley cuenta con rechazo de grandes firmas como Nike, Adidas, Marks & Spencer, Zara, puesto que China es el mayor productor de algodón del mundo.

A tan sólo dos meses de haberse instalado en el gobierno la Administración Biden no ha frenado el ritmo con el que venían gestionándose la política exterior hacia China, especialmente en cuanto a la denuncia de la violación de los derechos humanos de las minorías chinas. Todo indica que continuaran el mismo camino y la misma presión que ejerció la Administración Trump e incluso de aprobarse una ley para otorgarle estatus de refugiados especial a los uigures, se les estaría otorgando un privilegio no solo de protección domestica en Estados Unidos sino de una especie de custodios internacionales allí donde se encuentren.

Los documentos de Qaraqash muestran parte del calvario uigur hoy. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Una vez más se filtran documentos que prueban que los uigures son víctimas de Beijing. La semana pasada se conocieron los llamados “documentos de Qaraqash” que contienen una extensa y detallada información de individuos que han estado detenidos en los llamados centros de reeducación de Xinjiang.

Los documentos en cuestión son hojas de calculo de Excel, que contienen 667 registros que, de acuerdo con los expertos que los analizaron, describen a 311 individuos y sus comportamientos y actitudes como internos de estos centros durante un periodo de tiempo determinado. También contienen la edad y el sexo de los internos, que en su inmensa mayoría -el 91% de la muestra- son hombres con tan sólo 29 mujeres identificadas.

La razón por la que son hombres la mayoría de los detenidos radica en que son la mayor fuerza laboral, así como el centro y soporte del hogar, como suele ser natural en la cultura musulmana. Y la edad promedio de los detenidos se concentra en edad media, en plena edad productiva del hombre.

La data muestra nombres de los detenidos, así como su número de identificación nacional chino (18 dígitos), la dirección de los individuos, la razón de su detención y sus conexiones personales (miembros de la familia, vecinos, amigos, círculo religioso al que pertenece, lugar de trabajo, posición laboral, además de antecedentes criminales previos a la detención -si los hubiera- que, según los análisis, constituyen un punto crítico para valorar el tiempo de reclusión.

Las razones identificadas por las detenciones en el documento van desde violaciones de las políticas de control de natalidad, el portar velo o pañuelo para cubrir el pelo, crecimiento de la barba, haber solicitado un pasaporte y no haber salido del país, o personas que han viajado fuera, tener comunicación con el exterior, o incluso haber visitado alguna web extranjera.  También se observó que los nacidos entre los años 1980 a los 2000 son mucho más propensos a ser detenidos, pues son considerados por el Partido Comunista como radicales porque no fueron necesariamente educados con libros de textos comunistas.

Los documentos de Qaraqash muestran como algunos de los individuos ya no se encuentran en “entrenamiento”, que es el término que emplean para describir qué hacen estos individuos internados. Pero el no estar en entrenamiento o haber terminado el entrenamiento no significa que han sido liberados. En algunos casos son dejados en una especie de libertad condicional, por lo que regresan a sus hogares, pero permanecen bajo vigilancia constante. Y en otros de estos casos la vigilancia se instala dentro de las mismas viviendas. Otros individuos aparecen clasificados como que encontraron trabajo, definido bajo el término “jiuye” a los que los expertos creen que se refiere a que son enviados a campos de trabajo forzoso; en otras palabras, son trasladados a industrias manufactureras donde están obligados a trabajar bajo monitoreo y control de las fuerzas de seguridad china, con un pago mínimo o sin compensación alguna.

También  se pudo comprobar que el comportamiento de la familia del detenido durante el tiempo de reclusión es clave para la liberación del mismo. Si los miembros se muestras dóciles y obedientes con las autoridades chinas, favorecerá al detenido. Incluso después de la liberación deben continuar mostrándose cooperativos y con “una sincera actitud de arrepentimientos de sus actos”, aunque estos no representen ninguna amenaza real para la sociedad, pero si una amenaza para el Partido Comunista Chino y sus estándares de control y supresión social.

Como si esto no fuera suficiente, el no cumplir con trabajo comunitario puede ser también una razón para ser llevado a uno de estos campos. Por citar un ejemplo, en el documento se comprobó cómo un individuo fue detenido por no haber participado en las ceremonias de izado de la bandera, o participar activamente en eventos de propaganda del partido comunista chino.

Todo esto muestra la opresión bajo la cual se vive en China. Los documentos ponen de manifiesto los niveles control social, como el monitorio de individuos en actividades ordinarias, y como estas actividades y comportamientos ordinarios han llegado a ser criminalizados por las autoridades chinas, como usar atuendos más musulmanes, el rezar con frecuencia, o incluso no participar en actividades comunitarias en las que se venere al Partido Comunista o a su secretario y líder Xi Jinping.

“Los documentos de Qaraqash” son uno más en la lista de otros que se han filtrado. El anterior lo reportó el New York Times el pasado noviembre y al que 4Asia dedicó una columna (Uigures: Las pruebas sobre la mesa, publicado el 27 de noviembre de 2019). Así como los “Cables de China”, ponen en evidencia las prácticas de Beijing contra la población y específicamente el acoso, del que están siendo víctimas las minorías presentes en la región autónoma de los uigures o Xinjiang, que hasta hace poco constituían la mayoría de la población de esa región, pero que Beijing ha ido repoblando con ciudadanos de la etnia Han para ir imponiendo su presencia y al final, acabar con las diferentes creencias y cultura que han existido por siglos en esa zona.

Entrevista con Ilshad Hassan / 1 Uigures, una historia propia sin China

Los uigures tienen una historia propia, cultural y política y un proyecto de Estado frutrado hasta ahora al margen de China. Para ahondar en la compleja situación histórica de los uigures, 4Asia conversó con Ilshad Hassan, portavoz de la organización de derechos humanos de Uigures (UHRP o Uyghur Human Rights Project) en Washington, ciudad en la que se exilió debido a la persecución de la que fue objeto a principios de este siglo en China.

Su caso es curioso, porque sus padres le pusieron desde niño a estudiar chino, y su primera lengua, tal y como el mismo reconoce, es esa. El hecho de que hablara mandarín le permitió acceso a mejores trabajos e incluso a una mejor educación. Pero, paradójicamente, el estudiar y trabajar siempre con la etnia mayoritaria china -los han-, no fue fácil para Hassan, pues siempre, insiste, fue objeto de discriminación por pertenecer a una minoría, por ser físicamente diferente y por ser musulmán. Le incomodaban invitándole a comer cerdo -la carne mayoritariamente consumida en China- pero que los musulmanes no comen. Además de que le tuvieron siempre bajo vigilancia por el hecho de ser uigur.

En esta primera entrega de la haremos un repaso a la historia de los uigures y la geopolítica del Turkestán del Este, como ellos denominan a la región autónoma de Xinjiang, de acuerdo al nombre oficial chino. Le preguntamos en que basan los uigures sus diferencias con China y cuales son las razones históricas que explican que ese territorio no es parte de China.

“Turkestán del Este ha sido una nación separada de la China y la historia así lo prueba. Debemos remontarnos a los orígenes de China y a la dinastía Manchú -también llamada Qing- que conquistó China en 1644 que mantuvieron control hasta 1912. Los manchúes son un pueblo de la etnia Tangú, establecidos en Manchuria (actualmente son las provincias chinas Liaoning, Jilin y Heilongjiang ubicadas en el extremo noreste de China).  Alrededor de 1765 los manchúes invadieron el reino mongol, y perpetuaron un terrible genocidio del pueblo mongol. Sin embargo, en ese momento no lo hicieron con el entonces reino uigur”.

“De acuerdo con las antiguas escrituras chinas, el Turkestán del Este no era parte de China. Nunca lo fue. Una prueba de ello es que la muralla china está fuera de la circunscripción de Xinjiang así como de la región de Manchuria”.

En efecto, el geógrafo e historiador chino Ge Jianxiong, profesor y ex director de la Universidad de Fudan en Shanghai, y actualmente miembro activo del CPPCC o Comité para la consulta política del pueblo chino -un alto rango político en China-, sostiene en su libro “Unidad y fragmentación” que los territorios chinos de hoy día tienen menos de 100 años de haberse integrado. Lo que prueba que no es desde la antigüedad, tal y como el gobierno chino afirma.

“En 1876 el Imperio Manchú invadió el reino uigur y después de una dura batalla de 8 años los manchúes anexaron el territorio uigur y lo renombraron Xianjiang, que significa literalmente nuevo territorio”.

Los nacionalistas chinos derrocaron el Imperio Manchú en 1911, y desde entonces los chinos han tenido control de esta región. Pero los uigures lucharon a lo largo del siglo XX por retomar su autonomía.

“El 12 de noviembre de 1933 los uigures, kazakos, kirguís, uzbekos, mongoles, xibes y los huis declararon la “Primera republica islámica del Turquestán del Este” con apoyo de Rusia e India. Aunque sólo duro 6 meses”.

En 1944, el 12 de noviembre -simbólicamente- hubo otro intento de independencia como respuesta a la fuerte represión del momento. Y en esa ocasión se declaró la República del Turkestán del Este.  En ambas ocasiones se proclamó en la ciudad de Kasgar sede principal del antiguo imperio uigur.

“China tenía al gobernador Sheng Shicai en la región, pero a pesar de sus vínculos con el gobierno chino, mantuvo aislada la región y no permitió mucha injerencia del gobierno central. Era cercano a Stalin, lo que propició que entre la Unión Soviética y Turkestán del Este hubieran fluidas relaciones”. Los soviéticos eran muy buenos aliados de los turcomanos del este en ese momento y apoyaron plenamente el movimiento de independencia incluso enviando desde las repúblicas de Asia central algunos oficiales uigures, kazajos y kirguís; y, por supuesto, municiones”.

“La instauración del comunismo en 1949 trajo más represión a la región y con ello más represión a todas las minorías de la Turkestán del Este. El nacionalismo uigur nunca ha estado inspirado en tradiciones chinas, ni relacionado con China ni ha sido producto de la historia china. La influencia de los uigures siempre ha venido del oeste, nunca de este. Así como los uigures son una etnia de origen turco, su lengua, a pesar de los siglos que han ocupado esa región, se ha mantenido, así como las tradiciones, su gastronomía y la religión. Toda su influencia responde a Asia Central y no al lado chino”.

Demolición de la identidad de los uigures. Nieves C. Pérez Rodríguez

Xinjiang es la región autónoma china con mayor extensión territorial de la nación asiática, ubicada al extremo oeste del país, y cuyos límites tocan a India, Paquistán, Afganistán, Tayikistán, Kirguistán, Kazajistán, Rusia y Mongolia.

Una región compleja debido a su dimensión y topografía. Xinjiang es el hogar de los uigures, una minoría musulmana que tiene origen turco pero que ha habitado esta región durante siglos. “Es una civilización totalmente diferente a la china”, apunta Bahram Sintash, un arquitecto experto en arte y diseño, que se ha dedicado a estudiar el estilo arquitectónico de las mezquitas y lugares sagrados de los uigures en Xinjiang.

4Asia conversó con este arquitecto sobre la desaparición de estos santuarios y cómo, desde la distancia, ha podido determinar lo que según sus propias palabras lo que está ocurriendo es un plan cuyo objetivo es “la demolición de la fe de los uigures”.

Sintash es uigur y su padre, Kurban Mamut -68 años- es un prominente escritor y ex director del popular diario “la Civilización de Xinjiang”, quien fue detenido en febrero de 2018 y enviado a un campo de reeducación en Urumqi. Desde entonces no se ha tenido ninguna información sobre él. Así mismo, apunta, fueron detenidos otros uigures intelectuales, como el ex director del departamento de supervisión de educación de Xinjiang, ex presidente de la Universidad de Xinjiang.

Sintash se había trasladado a los Estados Unidos previo a la detención y nos cuenta que ahora no puede regresar a su lugar de origen porque estaría en peligro inminente. Por lo que se ha dedicado desde el exilio a estudiar la desaparición de los santuarios de los uigures. Afirma que hasta el momento ha descubierto que han desaparecido 140 mezquitas, algunas completamente, otras parcialmente o al menos sus cúpulas o partes más notorias han sido quitadas del edificio.

 Para su estudio ha usado Google Maps Earth, con cuya herramienta ha podido verificar las demoliciones y cambios dramáticos de estos lugares, que incluyen también los cementerios de esta minoría.

Sintash afirma que a día de hoy el 80% de las mezquitas han sido afectadas de una manera u otra desde el 2017. Lo que en número serían entre 10.000 a 15.000 mezquitas de Xinjiang. “Los musulmanes creen que las mezquitas son el hogar de Dios y donde los musulmanes sienten la misericordia de Dios y se sienten cerca de él. Las mezquitas son donde las personas pueden ir a estar y sentirte parte de la comunidad musulmana. Sin mezquitas no se puede transmitir la religión a las siguientes generaciones. Sin mezquitas los musulmanes se quedan sin hogar religioso en su propia tierra natal”.

En 1982 la Constitución china fue modificada en parte, sostiene Sintash, para clarificar los derechos fundamentales y reflejar la determinación de Deng Xiaoping de poner una base para la estabilidad y modernización doméstica china. Lo que resultó en el reflorecimiento de la cultura de los uigures, puesto que se pudieron publicar libros históricos, novelas, diarios, se hicieron películas, programas de TV, la música y el arte también vieron su crecimiento, y en cuanto a la educación, los colegios desde preescolar hasta las universidades enseñaban en la lengua de los uigures.

“Está claro que lo que está haciendo ahora Beijing es un genocidio cultural y religioso que comenzó en 1996 cuando lanzaron la campaña atacar fuerte y condenaron las actividades religiosas como ilegales. Desde entonces, la presencia de la policía en Xinjiang es constante. Después de los atentados del 11 de septiembre el uso del término terrorismo ha sido exponencialmente usado para justificar el patrullaje casi permanente. En 2017 fue oficialmente prohibido el uso de la lengua de los uigures en las aulas. Las restricciones religiosas del gobierno ahora son tan estrictas que efectivamente ha prohibido la práctica del Islam”

Sintash afirma que no puede comunicarse con su familia desde febrero de 2018, porque la policía de Xuar ha establecido que es un crimen mantener contacto con personas fuera de China. Lo único que sabe es que su madre está enferma y que su hermana es quien la cuida. Insiste en que vive en agonía sin saber que le han hecho a su padre, pues dentro de los campos de concentración de Xianjiang se atenta contra los derechos humanos básicos.

La doctrina comunista la instauró Mao Zendong hace 70 años, en un esfuerzo por apostar por las políticas marxistas, pero siguiendo una receta china propia, que fue orientada a la clase campesina con miras en industrializar el país. Para ello Mao creo granjas colectivas que prohibían la agricultura y la propiedad privada, lo que acabó matando de hambre entre 20 a 40 millones de individuos, entre persecuciones políticas y larga lista de horrores.

Tras su muerte, las reformas introducidas por Deng Xiaoping transformaron la economía, comenzó su liberación, permitió la propiedad privada y descentralizó el poder, por la que en regiones como Xinjiang los uigures pudieron ver el florecimiento de su cultura.

Xi Jinping por su parte, parece estar disfrutando los beneficios de las reformas de Deng, pero restringiendo todo tipo de libertades para evitar perder control de la nación. Acabar con las minorías es una forma rápida de evitar cualquier sublevación que se base en esas diferencias. Erradicar cualquier forma distinta de pensamiento consagra a Xi como el Mao del siglo XXI.

Es responsabilidad directa de Xi la tragedia de los uigures en Xinjiang que de continuar se convertirán en una minoría extinta en la región.

Uigures: una historia trágica (3) Nieves C. Pérez Rodríguez

“Cuando era niño, solía escuchar a los ancianos decir cómo China invadió nuestro país después de que mataran a nuestro presidente, Ahmadjan Kasim -último presidente de la segunda República de Turkestán del Este-, quién murió en un misterioso accidente de avión a tan sólo 45 días de que las fuerzas armadas del Partido Comunista chino llegaran a nuestra tierra y cómo engañaron a nuestra gente con su promesa de irse en 5 años”.

“Por supuesto, como a muchos otros uigures, me dijeron que no hablara ni siquiera que tratara de indagar en nuestra historia, especialmente esa parte de la historia, porque terminaría en la cárcel o desaparecido, al igual que el candidato a Ph.D de la Universidad de Tokio, el historiador Tohti Tunyaz”.

“Durante mi época en el colegio, recibí educación política todos los miércoles desde la escuela primaria, en la que elogiábamos lo importante que era el Partido Comunista y cómo nuestra región y el Tíbet eran parte de China desde el principio de los tiempos. Firmé muchos documentos en los que afirmaba que no haría oración, ayunos, ni ninguna actividad relacionada con la religión y fui testigo de cómo nuestro lenguaje fue eliminado del sistema educativo”.

“Vi a muchos uigures desaparecer, presencié cómo a muchos no se les permitía reservar hoteles -pues hay una vieja prohibición a los uigures a reservar hoteles en China continental- y fui testigo de muchas otras cosas duras. Pero también me callé. Porque pensé que si me quedaba callado y hacía lo que nos decían que hiciéramos, no tendría muchos problemas y podría vivir mi vida normal”.

“Llegué a los Estados Unidos con una visa de estudiante en el 2015 en busca de ampliar mis estudios y fue aquí que, descubrí que la libertad se siente mejor de lo que pensaba, aunque todavía no puedo disfrutarla plenamente.

Todavía no puedo comentar, ni decir nada en las redes sociales acerca de los uigures, o cosas relacionadas con nuestro grupo mientras uso mi auténtico nombre. Tampoco puedo asistir a actividades que los uigures organizan, o decir lo que pienso a otro uigur, porque nosotros mismos creemos que hay espías chinos enviados desde Beijing entre nosotros”.

“Incluso los uigures que ya han obtenido la nacionalidad de otro país usan gafas de sol en las protestas o se mantienen alejados de las actividades por temor a causar problemas a sus familiares. Por eso, a pesar de todo eso mantuve el silencio, a pesar de escuchar las interminables historias trágicas y otras cosas que suceden en mi tierra natal. Me mantuve en silencio durante casi todo.  Hice todo lo que el gobierno chino nos pidió que hiciéramos, y nos mantuvimos alejados de lo que nos prohibieron, y a pesar de haber seguido las reglas, todavía nos torturan, nos persiguen, borran nuestra identidad e incluso acaban con nuestra existencia”.

“Perdí el contacto con mi familia casi desde que llegué a este país en el 2015, momento en que comenzó la actual represión del gobierno chino a los uigures. Hace apenas unos meses, confirmé que mi padre fue sentenciado a 11 años de prisión a principios de marzo de 2018 y que mi madre fue internada en un campo de concentración a finales de noviembre de 2017, gracias a un amigo kazajo de mi padre que huyó a Kazakstán”. (Pues hay muchos kazajos en la región que también han sido encarcelados o llevados a campos de concentración). Sus familiares y otros kazajos en Kazakstán pidieron a su gobierno que solicitara a China que los liberara, y éstos han negociado con mucha discreción la liberación de cientos de kazajos a cambio del silencio del gobierno de Kazakstán”.

Este es el testimonio de un uigur con el que 4Asia conversó y que, a pesar de vivir en un país libre, no puede escapar de la opresión china a través de lo que está padeciendo su familia.

”No se debe postergar la ocupación de Xinjiang, porque una demora puede llevar a la interferencia de los ingleses en los asuntos de Xinjiang, pueden activar a los musulmanes, incluidos los indios, para continuar la guerra civil contra los comunistas, lo cual es indeseable, ya que hay grandes depósitos de petróleo y algodón en Xinjiang, que China necesita con urgencia. La población china en Xinjiang no supera el 5%, después de tomar Xinjiang, se debe elevar el porcentaje de la población china al 30% mediante el reasentamiento de los chinos para el desarrollo integral de esta enorme y rica región y para fortalecer la protección de las fronteras de China…”

Fueron las palabras de Stalin en una reunión con una delegación del Partido Comunista Chino el 27 de junio de 1949.  En ésta se abordaron distintos temas entre ellos las ayudas económicas que desde la URSS se daban a China. Estas palabras demuestras que el plan de controlar a Xinjiang es de vieja data, y que fue auspiciado por la Unión Soviética. A día de hoy Beijing no sólo tiene control absoluto de la región, sino que ha estimulado la repoblación para garantizar que las minorías no sean mayoría. A través del miedo tienen controlados a millones de ciudadanos tanto en Xianjiang como a sus familiares en el exterior. (Foto: Todenhoff, flickr.com)

Uigures: una historia trágica (2) Nieves C. Pérez Rodríguez

El Estado chino en su constante afán por controlar y vigilar a su pueblo, y con la excusa de mantener la unidad y prevenir cualquier posible conflicto interno, creó los centros vocacionales, de acuerdo al nombre oficial, o campos de concentración de acuerdo a quienes han sido víctimas o han estado recluidos allí. La BBC sostiene que a día de hoy debe haber alrededor de un millón de personas detenidas en estos centros que son obligadas a estudiar el comunismo, repetir cánticos al Estado chino y expresar su agradecimiento a Xi Jinping y abandonar sus prácticas religiosas a base de maltratos, fuerza e intimidación.

La gran mayoría de los recluidos en estos centros son uigures, la minoría musulmana que geográficamente se encuentran en Xinjiang, la región autónoma china de mayor dimensión ubicada al oeste del territorio. Tal y como se afirmaba en la primera entrega, los uigures constituyen una etnia que han sido perseguida por el Estado chino bajo la acusación de que son extremistas religiosos capaces de ejecutar atentados terroristas.

El Global Times -que refleja la política del Estado chino- ha publicado editoriales en los que básicamente exponen el riesgo de que la región de Xinjiang se convierta en la Siria o la Libia de China. No es más que la visión que el Partido Comunista Chino quiere difundir para poder justificar sus acciones. Aunque ciertamente ha habido ataques terroristas en la región, la  represión  a la tienen sometido a los uigures no se corresponde con el número de incidentes y/o células islamistas identificadas en la zona.

En septiembre de este año, la organización Human Rights Watch publicó un informe de más de cien páginas que contiene una larga lista de las arbitrariedades de la que es víctima esta minoría a manos del gobierno chino. “A lo largo de la región, la población musulmana turca de 13 millones de personas está sujeta a adoctrinamiento político forzado, castigos colectivos, restricción de movimiento y comunicación, mayores restricciones religiosas y vigilancia masiva que viola los derechos humanos”, reza el informe.

Asimismo, el pasado agosto, el comité de eliminación racial y discriminación de Naciones Unidas, describía los centros de internamiento masivos cómo “una zona de no derechos”.

Las consecuencias llegan hasta los niños, pues muchos hijos de uigures que han estado o se encuentran actualmente recluidos son considerados huérfanos por las autoridades. Según Emily Feng, la corresponsal de Financial Times en Beijing, se está retirando a los niños incluso cuando sus familias están dispuestas a cuidarlos. “Si la teoría es que el gobierno chino está tratando de erradicar la identidad de los uigures, entonces tiene mucho sentido perseguir a la próxima generación de niños uigures mientras sus padres son detenidos y reeducados”, sostiene.

Además, ha habido un esfuerzo en repoblar la región de Xinjiang. El gobierno local de Xinjiang ha prometido casas sin coste y bonos extras a profesionales universitarios que estén dispuestos a trasladarse a vivir y trabajar allí. Les ofrecen contratos por 5 años de duración y viviendas que cambian de dimensión de acuerdo al nivel académico alcanzado. A más nivel más metros cuadrados. Entre otros beneficios están 30 días de vacaciones y subsidios de pasajes a familiares que viajen hasta Xijiang para visitarlos. Otra política que a largo plazo irá modificando la esencia autóctona de la región, y la convertirá más pro-partido comunista chino.

De acuerdo al servicio de chino de noticias, en tan sólo seis meses las autoridades de Xinjiang han atraído 661 profesionales con másters. Y para el 2019 tienen previsto planes de reclutamiento en Universidades de Beijing y en las ciudades de Hubei y Henan -en el centro de China- y en la provincia de Jiangsu -ubicadas al este del país-.

A pesar de la escasa información de las recurrentes violaciones a los derechos de los uigures, en los últimos seis meses de este año ha habido un ligero despertar internacional y no sólo de organizaciones internacionales sino de Estados.

El pasado agosto, dieciséis senadores estadounidenses enviaron una nota desde el Congreso al Departamento del Tesoro y al Departamento de Estado para pedir abrir una investigación, que seguramente acabará en sanciones al gobierno chino, por la violación de los derechos humanos de esta minoría. Al que el gobierno chino al día siguiente contestó que las minorías étnicas en chinas tienen libertad religiosa, mayor incluso que los Estados Unidos. Es hora que a China se le denuncie y sancione más internacionalmente con consecuencias económicas que tengan repercusión en su desarrollo económico. (Foto: Lorenzo Fiorilli, flickr.com)

Uigures: una historia trágica (1). Nieves C. Pérez Rodríguez

Los uigures son una etnia del centro de Asia, cuya mayoría se encuentran en Xinjiang, una región china ubicada al extremo oeste del país, que limita con India, Paquistán, Afganistán, Tajikistan, Kirguistan, Kazajstán, Rusia y Mongolia.  Y que es además paso obligado y estratégico de la famosa Ruta de la Seda de Xi Jinping.

Xinjiang es la región autónoma de mayor dimensión en China. Y, en efecto, es de las regiones autónomas más grande en el mundo, con 1.6 millones de km2. Cuenta con una enorme riqueza en recursos naturales, concentra un tercio de las reservas de gas y petróleo chino, y es, de hecho, la zona de donde se extrae la mayor cantidad de gas en China a día de hoy.

Xinjiang tiene una población pequeña, comparado proporcionalmente con el resto de la Península china, y una geografía que dificultan la supervivencia humana, debido a su topografía. Sus áridos paisajes y temperaturas extremas varían radicalmente de una estación a otra. En los meses de verano las temperaturas pueden llegar a superar los 45 grados, mientras que en la primavera las constantes tormentas de arena y lluvias no hacen la vida más fácil. Y durante el invierno las heladas pueden llegar hasta los -16, que con el precario desarrollo de la zona, lo hace un sitio poco atractivo para habitar.

Sin embargo, los uigures han habitado esta zona durante siglos. De acuerdo a un artículo de la revista Times del 2009, los uigures descienden de los antiguos comerciantes sogdianos, y Marco Polo en su momento ya les identificó. Tienen origen turco, y a día de hoy se calcula que unos 10 millones de uigures habitan este territorio chino, ubicándose específicamente en el sur oeste de la Cuenca de Tarim. Aunque se cree que esparcidos por el mundo viven entre 1 a 1.6 millones -de acuerdo a cifras que maneja el “Congreso Mundial de los Uigures”-. Con un idioma propio, que es una especie de turco asiático similar al que se habla en Uzbekistán, son un grupo étnico bastante cerrado que ha mantenido su cultura y tradiciones herméticas a través de los años, hasta el punto de que la mayoría no pueden comunicarse en mandarín.

A diferencia de muchas otras tribus nómadas de Ásia Central, los uigures son un pueblo urbano cuya identidad ha florecido paralelo con la Ruta de la Seda a través de la historia. Y sus características físicas son una prueba de ello. Unas mezclas de rasgos y ojos de colores diversos, dan testimonio de un legado europeo y asiático.

En cuento a sus prácticas religiosas, la mayoría de los uigures son musulmanes y practican una forma moderada de Islam suní. Aunque hay un pequeñísimo grupo cristiano que se cree representa tan sólo el 2% de la comunidad.

El gobierno chino, desde mediados de los años cincuenta ha intentado repoblar Xinjiang, y para ello han movilizado progresivamente chinos Han, que son el grupo étnico más grande tanto en China como en el mundo, y que originalmente proviene del este de China.

Esta repoblación calculada ha sido justificada por la necesidad de mano de obra para el desarrollo de la Ruta de la Seda. Pero también tiene el propósito de equilibrar la población en Xinjiang. Y la consecuencia de esta repoblación ha sido que los uigures pasaron de ser mayoría en Xinjiang a ocupar tan sólo el 40% de la población regional. Lo que, como es lógico, ha abierto brechas y avivado conflictos.

El Estado chino mantiene en estricta vigilancia a los uigures, justificados en su creencia musulmana y el posible riesgo de ataques terroristas, que en efecto ha habido, aunque pocos. Pero que Beijing usa como excusa para poder mantener el control social. Para ello tiene unos centros vocacionales (según el nombre oficial), pero que según las declaraciones de víctimas y expertos son más bien campos de concentración o re-educación forzosa, que, de acuerdo con cifras suministrados por la BBC a día de hoy, reúnen a más de 1 millón de uigures privados de libertad y recibiendo re-educación para abandonar sus creencias, pues las permitidas por el estado chino son sólo las comunistas y el culto al líder. (Foto: Carsten Ten Brink, flickr.com)

INTERREGNUM: Daesh en el sureste asiático. Fernando Delage

El ataque a la ciudad de Marawai, en la provincia filipina de Mindanao, por parte de un grupo vinculado a Daesh desde el pasado 23 de mayo, —hecho que ha causado más de 200 víctimas y provocó la declaración de ley marcial por parte del presidente Rodrigo Duterte—, podría marcar el comienzo de un nuevo frente del terrorismo islamista en el sureste asiático. Se trata de la primera vez que se persigue la doctrina de lucha armada del Estado Islámico—ocupar territorios para imponer la sharia—en un entorno urbano en esta parte del mundo.

Diversas fuentes han confirmado la presencia de indonesios y malasios, además de filipinos y radicales de otros países—como uigures, saudíes y chechenos—en las filas de Maute, un grupo apenas conocido hasta la fecha. Según el gobierno de Indonesia, al menos 1.200 terroristas desplazados desde los campos de batalla en Irak y Siria se encontrarían en el sur de Filipinas, convertido, por unas características geográficas que limitan la capacidad de control del gobierno, en el epicentro de la infiltracion del Estado Islámico en la región. Algunos especialistas temen que la red de Daesh en la zona puede estar más extendida de lo que se pensaba con anterioridad.

Maute, el grupo que ha irrumpido como núcleo de la red islamista local, fue fundada por Omar y Abdulá Maute, dos hermanos que, tras trabajar durante unos años en Oriente Próximo, regresaron a Filipinas imbuidos de ideas radicales. Sus militantes se suman así a otras tres organizaciones relacionadas con Daesh en el país: Abú Sayyaf, Ansarul Khilafah, y los Luchadores Islámicos por la Libertad de Bangsamoro (este último es una escisión del Frente Moro de Liberación Islámico). Por el contrario, la Jemaah Islamiyah, basada en Indonesia, en su tiempo vinculada a Al Qaeda y considerada como la principal amenaza terrorista en el sureste asiático—fue la responsable del atentado de Bali de 2002, que causó 202 muertos—, ha declarado su oposición ideológica al Estado Islámico.

La cuestión para los gobiernos de la región es qué hacer con respecto a estos militantes que regresan a sus países con la voluntad de recurrir a la violencia para imponer su visión islamista. Su retorno se produce en un contexto en el que la tradicional moderación religiosa en países constitucionalmente laicos como Malasia e Indonesia, está siendo sustituida por una gradual islamización que, por complicidad o mera inacción, impulsan las propias autoridades. Estas circunstancias no ayudan a afrontar un fenómeno—el extremismo islamista—que podría convertirse en un creciente desafío a medida que Daesh se retire de los desiertos del mundo árabe.

En unos días o semanas, Manila declarará su victoria sobre Maute. Pero la alianza entre las distintas organizaciones radicales supondrá una grave amenaza si estos “soldados del Califato” deciden replicar las tácticas insurgentes ya empleadas en Siria o Irak. Si sus ideas y acciones violentas continúan extendiéndose, los gobiernos locales tendrán que actuar de manera conjunta, y recurrir a la ayuda de terceros. No es casual que Duterte haya reducido su tono de denuncia de Estados Unidos y solicitado su “asistencia técnica” a las fuerzas armadas filipinas.