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INTERREGNUM: Planes chinos en Afganistán. Fernando Delage

Durante cerca de medio siglo, Afganistán frustró los planes de los imperialistas británicos en el siglo XIX. Expulsó al ejército ruso en 1989 después de una década de presencia. Tras derrotar Estados Unidos y la OTAN a los talibán en 2001 y ocupar el país durante veinte años, no hay motivos para creer que su retirada—efectiva desde el pasado 1 de mayo—conducirá a una mayor seguridad ni a sentar las bases del desarrollo económico nacional. Los afganos seguirán sufriendo la debilidad de sus instituciones, pero su destino no será ajeno a los intereses de sus vecinos, China entre ellos.

Pekín se ha involucrado en tiempos recientes en el conflicto, acercándose tanto al gobierno de Ashraf Ghani, como a los talibán (quienes podrían recuperar el poder político a no tardar mucho). Después de que, en 2019, el presidente Trump suspendiera las negociaciones con los talibán, fue China quien intentó propiciar un diálogo entre las distintas facciones: un gobierno integrado por todas ellas tras una próxima convocatoria electoral sería su preferencia. Las razones de su interés son claras, y relacionadas ante todo con su seguridad: aunque de apenas 70 kilómetros de longitud, Afganistán comparte frontera con Xinjiang, y China teme que la retirada de las tropas norteamericanas permita a los separatistas uigures utilizar el territorio afgano como base para sus operaciones.

Además del interés de las empresas chinas por sus recursos mineros, Afganistán es por otra parte un espacio que le permitiría estrechar los vínculos comerciales y de seguridad con Pakistán y, a través de éste, con Oriente Próximo en su conjunto. Pekín parece tener interés por tanto en incorporar a Afganistán al Corredor Económico China-Pakistán, uno de los ejes centrales de la Nueva Ruta de la Seda (BRI), como ya propuso en 2017. Pocos instrumentos como BRI podrían proporcionar las infraestructuras y las oportunidades de inversión que tanto necesita Kabul. Al mismo tiempo, pese a las reservas que pueda mantener sobre el comportamiento pakistaní, China no puede ignorar la realidad de la influencia de Islamabad en Afganistán y la coincidencia de sus intereses, como el de debilitar la capacidad de maniobra de India.

No obstante, antes de comprometerse a largo plazo en Afganistán, donde prevén un inevitable periodo de inestabilidad, los dirigentes chinos han comenzado por construir una estrategia sostenible mediante diversos instrumentos diplomáticos. El diálogo trilateral China-Afganistán-Pakistán a nivel de ministros de Asuntos Exteriores se ha convertido desde su puesta en marcha en 2017 en uno de los canales preferentes de colaboración entre las partes, y ha permitido reforzar la participación de Pekín en el proceso de Estambul y en las negociaciones en Doha y Moscú. Por otro lado, en la última cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), el pasado mes de noviembre, el presidente chino, Xi Jinping, subrayó la relevancia del trabajo del Grupo de Contacto sobre Afganistán en el seno de la institución.

En la misma dirección se ha producido la formalización de un nuevo foro, integrado por China y las cinco repúblicas centroasiáticas. Después de celebrar una primera reunión hace menos de un año, el 11 de mayo el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, convocó a sus homólogos de Asia central en Xian, el punto de partida de la histórica Ruta de la Seda. En este encuentro, que—tampoco fue casualidad—marcaba el 25 aniversario del proceso de Shanghai (del que surgió la OCS), se acordó establecer un mecanismo regional que, en relación con Afganistán, permita—en palabras de Wang—“coordinar sus posiciones de manera ordenada, hablar con una sola voz, y apoyar firmemente el proceso de paz para superar las dificultades y poder avanzar”. Objetivos no declarados: impedir una presencia norteamericana en cualquier país de la región, y facilitar un proceso constituyente en Afganistán libre de los valores pluralistas occidentales.

Las piruetas de Kim Jong-un y la mirada de Pekín

Corea del Norte no pasa por un buen momento interno. Esta es una constante en Las últimas décadas, pero ahora se tienen algunos datos más de la valoración que el presidente Kim hace a sus colaboradores y dirigentes del partido único, el comunista. Kim Jong-un reconoció el 6 de abril que el país se enfrentaba a la “peor situación de su historia” durante la reunión de los secretarios del Partido de los Trabajadores en la capital, Pyongyang, e instó a los miembros a llevar a cabo un nuevo período de cinco años. Señalan los expertos en asuntos coreanos que  Kim Jong-un, el 9 de abril, pidió al país que se preparara para otra “marcha ardua”, lo que, afirman, es frase comúnmente utilizada para describir la lucha del país contra el hambre en la década de 1990. EE. UU., Corea del Sur y Japón han analizado esta situación en una reunión de alto nivel en la que, además, discutieron la cooperación para abordar los programas nucleares y de misiles balísticos de Corea del Norte; en una declaración conjunta reafirmó la “cooperación trilateral concertada hacia la desnuclearización”, y acordó la necesidad de la plena implementación de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Corea del Norte.

Este es el marco en el que la Administración Biden está reforzando la alianza con sus aliados tradicionales en Asia Pacífico lo que incluye como objetivo reforzar las alertas sobre el desarrollo militar, concretamente naval, de China y su creciente presencia en áreas de disputa con Japón, de intimidación a Taiwán y de intento de controlar rutas de comercio internacional.  Y, en este escenario, la crisis galopante de Corea del Norte puede alterar muchas cosas, porque el presidente Kim puede tener la tentación de aumentar la presión con sus misiles y bravatas para obtener compensaciones internacionales, reducir las sanciones o, al menos, que se alivie la presión sobre su régimen tiránico.

Para China, su aliado coreano es a veces incómodo, porque Pekín tiene su agenta y su estrategia propia a largo plazo y los gestos provocadores de Corea del Norte a veces rompen el ritmo y alteran al panorama. China presiona con frecuencia a los comunistas coreanos pero no se arriesga a ir muy lejos y que sea Occidente, concretamente EEUU y sus aliados asiáticos los que avancen en aquel espacio estratégico. Este precario equilibrio pone alta la tensión regional que pone pies de plomo en la estrategia china medida paso a paso por Pekín en su larga marcha para lo que denominan recuperar Taiwán e imponer una hegemonía irreversible china en toda la región.

INTERREGNUM: El socio indio. Fernando Delage

La cumbre Unión Europea-India del 8 de mayo ha marcado el comienzo de una nueva etapa en la relación entre ambas potencias. India parece decidida a prestar mayor atención diplomática a Europa, mientras esta última está igualmente dispuesta a dedicar un mayor esfuerzo a estrechar sus vínculos con Delhi. La coincidencia de sus motivaciones explica este acercamiento, que tendrá que demostrarse no obstante en los hechos.

El anuncio más significativo del encuentro (virtual) de la semana pasada es el de la reactivación de las negociaciones sobre un acuerdo de libre comercio, comenzadas en 2007 pero interrumpidas desde 2013. La falta de un pacto no ha impedido, sin embargo, el rápido crecimiento de los intercambios económicos. La UE es el tercer socio comercial de India (con 63.000 millones de dólares en 2020), y el segundo destino de las exportaciones indias (representa el 14 por cien del total) tras Estados Unidos. Después de que Delhi abandonara la Asociación Económica Regional Integral (RCEP en sus siglas en inglés) con sus vecinos asiáticos el pasado año, la UE puede proporcionarle una alternativa al gobierno indio. Aun así, los tradicionales recelos indios hacia el libre comercio podrían conducir más bien a un mero acuerdo en materia de inversiones.

Aunque por razones inversas (era Pekín quien quería un acuerdo de libre comercio), es justamente lo que ocurrió entre la UE y China. Y es la perspectiva de que el acuerdo sobre inversiones firmado a finales de diciembre entre ambas partes no sea finalmente ratificado por el Parlamento Europeo, lo que a su vez amplía el interés de Bruselas  por India. Además de beneficiarse de manera directa de su ascenso económico, la UE puede continuar diversificando su apuesta estratégica por Asia más allá de China, como ya ha hecho con Japón, Corea del Sur y la ASEAN.

Una asociación más estrecha con la UE le puede también resultar útil a Delhi para el desarrollo de sus capacidades internas. De ahí que, además de la discusión sobre asuntos comerciales, se hayan firmado acuerdos relacionados con la interconectividad y la promoción conjunta de proyectos de infraestructuras—de transportes, digitales y de energía—que puedan competir con la Nueva Ruta de la Seda china. Europa completaría de este modo las iniciativas ya puestas en marcha por India con Japón—como el Corredor de Crecimiento Asia-África—, aunque no puede decirse que se hayan producido avances significativos desde su anuncio en 2017.

En último término, la verdadera relevancia de la cumbre estriba en su simbolismo: las tensiones con China han llevado a Europa y a India a verse bajo una nueva perspectiva. Para el primer ministro Narendra Modi, la UE se ha convertido en una prioridad con la que debe rehacer los mecanismos de interlocución una vez que Reino Unido ha desaparecido como principal vía de acceso tras el Brexit. Por su parte, al declarar su intención de reforzar la relación con India, Bruselas confirma su intención de hacer de este país uno de los pilares de su estrategia hacia Indo-Pacífico, cuya versión final se espera para septiembre. La dimensión geopolítica queda implícita, y coincide con la reciente sugerencia del secretario general de la OTAN de impulsar la cooperación con India en temas de seguridad internacional.

Surge, con todo, un incierto escenario ante el dramático impacto de la pandemia en India. La ayuda de la UE y sus Estados miembros a la crisis sanitaria y social en curso no se ha hecho esperar, con el envío de ayuda médica de urgencia por valor de 100 millones de euros. Pero las consecuencias para la evolución económica del país, sumado a la regresión democrática que atraviesa por la agenda hinduista del partido en el gobierno, pueden obstaculizar los planes previstos.

Asia central: una desestabilización que avanza

La estrategia china de reconstruir una nueva Ruta de la Seda hacia Occidente, el conflicto con la minoría uigur y la reaparición de viejas disputas fronterizas entre repúblicas que fueron soviéticas y en las que Moscú imponía el orden con mano de hierro militar, ha acercado a Rusia y China, sin ocultarse del todo su desconfianza mutua. China necesita una región lo suficientemente estable para tender sus infraestructuras, su influencia y su red comercial y Rusia necesita no perder su padrinazgo actual, frenar el crecimiento islamista y evitar que por estas brechas se creen condiciones para influencias ajenas entre las que chinos y rusos temen que estén las manos de Washington y Londres, aunque, de momento, solo Turquía está en situación de ser el tercer protagonista por razones culturales y étnicas.

Por lo pronto, gobiernos y agencias estatales de comunicación, es decir de propaganda, de Rusia y China, han decidido coordinar una campaña de “desmentido de noticias falsas” para negar la represión del gobierno chino sobre los uigures, acusar a los gobiernos occidentales de hipocresía y defender las medidas chinas como de “integración y freno del fundamentalismo islamista”. Es significativo observar cómo medios de comunicación estatales y semisestatales de otras zonas geográficas como Siria y Argelia, por poner dis ejemplos se hacen eco, con grandes alardes tipográficos del “desmentido” chino-ruso.

Y en ese marco, el conflicto fronterizo entre Tayikistán y Kirguizistán, en la disputa por el acceso a las fuentes de agua del valle de Golovnoj, viene a añadir incertidumbre. Los enfrentamientos, inicialmente protagonizados por pueblos vecinos en una frontera sin delimitar con precisión, acabaron arrastrando a los guardias fronterizos de ambos países cuando Tayikistán instaló unas cámaras de vigilancia en la zona.

En sí mismo, no parece que estos incidentes vayan a ir a más pero revelan la alta inestabilidad de la región en laque confluyen muchos intereses estratégicos y que está tan próxima a las tensiones en Afganistán, Irán, Pakistán e India. Y ahí es donde se echa de menos conocer cuál es la política y con qué recursos cuentan la Unión Europea y EEUU, hasta qué puntos coinciden y cuanto margen puede concederse a gobiernos autoritarios como Rusia y China, con indudable capacidad y responsabilidad en la región, para imponer un estatus que, a medio y largo plazo no parece destinado al fortalecimiento de las libertades.

Blinken en Londres. Nieves C. Pérez Rodríguez

Si algo nos ha enseñado la pandemia es que nos guste o no somos parte de un mundo globalizado y fuertemente interconectado. Parece claro que la Administración Biden así lo entiende, por lo que sigue dando pasos para fortalecer vínculos internacionales y alianzas históricas de Washington.

Blinken se encuentra esta semana en Londres, en su quinto viaje al exterior, y en su agenda tiene previsto encontrarse con el ministro de relaciones exteriores británico, Dominic Raab, así como el primer ministro, Boris Jonhson. El comunicado oficial del Departamento de Estado afirma que “no hay otro aliado tan cercano como Gran Bretaña para los Estados Unidos. Ambos trabajaremos para reconstruir juntos el impacto de la pandemia global, incluso a través de la cooperación, para prevenir detectar y responder rápidamente a futuras amenazas de enfermedades infeccionas, asegurar nuestra cadena de suministro globales y reiniciar los viajes y el turismo tan pronto como sea seguro”.

Esta gira envía un mensaje claro sobre cuáles son las prioridades de los Estados Unidos ahora mismo. Europa es sin duda un aliado clave para la Administración, no en vano Blinken estuvo de visita en Bélgica a finales de marzo, en reuniones con autoridades de la UE y OTAN, y regresó de nuevo a mediados de abril con el ministro de la Defensa estadounidense, a más reuniones estratégicas con autoridades de la OTAN.

En esta ocasión el secretario de Estado se trasladó a Londres a preparar el terreno para la participacón de Biden en la cumbre del G7 que está siendo organizada por los británicos, así como la conferencia del cambio climático que se celebrará en Glasgow, Escocia, en noviembre, y que la Administración Biden tiene entre sus principales prioridades, tal y como hemos venido oyendo repetir al entonces Biden candidato y ahora al Biden presidente. El portavoz del Departamento de Estado afirmaba la semana pasada que “Washington y Londres están a la cabeza de la lucha contra el cambio climático”.

El G7 lo conforman Gran Bretaña, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y los Estados Unidos, aunque a esta edición se ha incorporado también a la UE en calidad de observador. Además, Londres ha invitado a asistir a Suráfrica, India, Australia, Corea del Sur y Brunéi (éste último por ostentar la presidencia de la ASEAN). Estos valiosos invitados son sin duda países estratégicos para los intereses estadounidenses y los británicos, una muestra más de la alineación bilateral entre ambas naciones. Todos países que Washington está reclutando para el bloque en la lucha contra las arbitrariedades chinas. 

En su estancia en Londres, Blinken se ha reunido además con el canciller surcoreano, Chung Eui-young, para hacer pública otra reafirmación de la alianza entre ambas naciones que, en sus propias palabras, es “el eje de la paz, la seguridad y la prosperidad en la región del Indo-Pacífico”. Mientras, ratificaron su compromiso en proteger y promover la cooperación trilateral entre Estados Unidos, Japón y la República de Corea hacia la desnuclearización de la península coreana.

Que se volviera a afirmar el compromiso entre Seúl y Washingto es un aspecto curioso de este viaje, puesto que hace menos de un mes Blinken aterrizaba en Tokio en lo que fue su primer viaje oficial como secretario de Estado. Y de ahí se trasladó a Seúl para que no quedara duda de su determinación en trabajar en pro de la pacificación de la península, así como de la desnuclearización de la misma.

Blinken continuará su viaje hacia Ucrania en donde se reunirá tanto con el presidente Volodímir Zelenski, como con el ministro de exteriores y otros representantes de la sociedad civil para enviarle un mensaje al Kremlin sobre el “inquebrantable apoyo de los Estados Unidos a la soberanía e integridad territorial de Ucrania”. Mientras, también le recuerdan a Putin que hay que respetar las reglas internacionales y que Washington y la comunidad internacional están vigilante.

En conclusión, el secretario de Estado además de cumplir con la parte protocolaria de su viaje está consolidando posiciones y reclutando países amigos. Washington regresó a la palestra internacional muy activo y con ánimo de recuperar su liderazgo y de aglutinar fuerzas para recordarle al planeta que ellos siguen siendo, al menos por ahora,  la primera potencia del mundo.

Aceleración afgana

Los países empeñados en lograr un nuevo marco institucional en Afganistán, talibanes incluidos, que permita lograr un alto el fuego perdurable y con garantías, están acelerando sus contactos para anunciar resultados favorables, aunque no hay mucho optimismo a corto plazo.

Estados Unidos, Rusia, China y Pakistán se han reunido en Qatar, país que sigue estando en todas las salsas donde se esté cociendo acuerdos o compromisos de paz, intentando recuperar el terreno perdido tras el frustrado intento de cumbre del pasado 24 de abril en la que intentaban anunciar un gran acuerdo pero a la que los talibanes decidieron a última hora no acudir.

En Doha, Qatar, los reunidos pidieron a todas las partes involucradas en el conflicto en Afganistán que reduzcan el nivel de violencia en el país, e instaron a los talibanes a no proseguir con su ofensiva anual de primavera. Estados Unidos ha comenzado una retirada gradual de sus tropas en Afganistán, en medio de algunas críticas internas, perturbada por algunas acciones terroristas tanto de los talibanes como del Estado Islámico, a su vez enfrentados entre sí y, sin complejos, colaborando en algunas actividades.

“Hacemos hincapié en que, durante el período de retirada, el proceso de paz no debe interrumpirse, no se producirán peleas ni turbulencias en Afganistán y se debe garantizar la seguridad de las tropas internacionales”, manifestaron las naciones.

Al reconocer la “exigencia sincera del pueblo afgano de una paz justa y duradera y el fin de la guerra”, la ‘troika’ reiteró que no hay una solución militar en Afganistán y que un arreglo político negociado a través de un proceso dirigido por los afganos era el único camino a seguir. Es lo más cercano a un reconocimiento de fracaso e impotencia de una política errática respecto a Afganistán por parte de Estados Unidos, lo que habrá producido alguna sonrisa discreta a China (algo menos a Rusia, ya derrotada en aquel país) mientras firmaba el comunicado.

Tomando nota de la retirada propuesta de las tropas estadounidenses y de la OTAN a partir del 1 de mayo, y que concluirá el 11 de septiembre de 2021, los participantes del grupo indicaron que esperan que los talibanes “cumplan con los compromisos contraterroristas, incluida la prevención de que los grupos terroristas y las personas utilicen el suelo de Afganistán para amenazar la seguridad de cualquier otro país; no albergar a estos grupos y evitar que recluten, capaciten y recauden fondos”. Es una aspiración justa y un tanto utópica muy de estilo propagandista y abandonista de los conflictos de la era Obama. Da la sensación de que China es el único país que no pierde nada en este asunto, ocurra lo que ocurra en los próximos meses.

EEUU quiere estar a la cabeza de la vacunación mundial. Nieves C. Pérez Rodríguez

El secretario de Estado, Anthony Blinken, fue entrevistado el pasado domingo en la cadena NBC y fue interpelado sobre la política exterior de los Estados Unidos con especial foco en China y si se está desarrollando una especie de diplomacia internacional de vacunas. 

Blinken afirmó que Washington está preparando un plan de distribución internacional de vacunas mientras trabajan paralelamente en un plan doméstico de vacunación masiva en el que ya están previendo la inclusión de adolescentes a corto plazo y niños en un plazo un poco más largo. “Una vez que América esté vacunada nos aseguraremos de que el resto del mundo tenga acceso a la vacuna también. Estados Unidos tomará el liderazgo de la vacunación internacional y nos aseguraremos de que el resto de los países pueda ser vacunado”.

El secretario de Estado aseguraba que gracias a la estructura del COVAX (por sus siglas en inglés Covid-19 global Access) y los recursos que maneja se está llevando a cabo una importante labor de avance en el mundo. Estados Unidos es el principal financiador de esta iniciativa, que se ha creado con el propósito de permitir el acceso equitativo a las vacunas a todos los países del mundo. COVAX coordina los recursos internacionales para permitir a los países de bajos a medianos ingresos el acceso ecuánime a las pruebas, terapias y vacunas de COVID-19.

Blinken también afirmaba que Washington está preparándose para comenzar a ayudar a países de manera individual como ya lo han hecho con los vecinos más directos, Canadá y México. En sus propias palabras, “esto tiene implicaciones sanitarias y de seguridad directa para los Estados Unidos por su cercanía”. Aunque también reconoció la necesidad de que el resto de los países sean inmunizados, “pues mientras no sea así estaremos enfrentándonos a nuevas mutaciones del virus”.

Le preguntaron sobre el origen del virus y si él creía que China tenía la respuesta, Blinken sonrió con picardía dejando ver entre líneas que sí. Intentó contestar diplomáticamente explicando que en su opinión Beijín no hizo lo que le correspondía al principio del virus, pues no informó al mundo, no tomó las medidos necesarios con la rapidez requerida y no fueron transparentes, razones por las que el virus se fue de las manos.  Por lo tanto, aseveró que es necesario poder esclarecer el origen del virus para poder prevenir brotes futuros. Lo que índica que Washington continuará con sus esfuerzos hasta llegar a dar con la incógnita.

En cuanto a Taiwán la gran interrogante fue si está Estados Unidos preparado para defender a Taiwán militarmente, a lo que respondió que Estados Unidos tiene un compromiso bipartidista desde hace muchos años con Taiwán y que Washington mantiene y cumple sus compromisos. “Nos preocupa mucho el despliegue militar en la zona y la creciente tensión en las relaciones. Nosotros tenemos el compromiso de mantener la paz y la seguridad en el Pacífico y el que trate de cambiar el status quo de Taiwán a la fuerza estará cometiendo un grandísimo error”.

En relación con los uigures aprovechó la ocasión para mantener su posición sobre que lo que está ocurriendo en Xinjiang es un genocidio, por lo que dijo “es fundamental acercar al mundo para hablar con una única voz en contra de lo que está ocurriendo; tenemos que tomar decisiones concretas como evitar que empresas colaboren con Beijing para mantener control de la población, con equipos y tecnología. También estamos mirando el origen de los productos producidos en esa parte de China para asegurarnos que no puedan entrar en los Estados Unidos”.

En las últimas dos semanas ha estado creciendo el rumor de se estaría haciendo un frente para boicotear los juegos Olímpicos de invierno 2022. China fue seleccionada como país anfitrión en julio de 2015. Como es habitual, los países anfitriones se escogen con anticipación suficiente para que tengan tiempo de prepararse y en la mayoría de los casos construir infraestructura o adecuar la que tienen para el evento.

Los grupos más conservadores están alimentando la idea de dicho boicot, entre ellos políticos, figuras públicas como Mike Pompeo, ex secretario de Estado, y algunos think tanks de línea más conversadora. Pero también hubo un incidente que no pasó desapercibo de boca del portavoz del Departamento de Estado en una rueda de prensa en la que fue preguntado sobre ello y en vez de evadir la respuesta dijo que ese tema estaba en revisión.

El fundamento que sustenta el boicot está basado en la falta de derechos humanos en el país, las persecuciones religiosas a minorías tibetanos, musulmanas o cristianas. La hostilidad a la prensa occidental que se ha agudizado especialmente a raíz de los reportajes del comienzo del Covid en Wuhan y las crónicas sobre los uigures, y el acoso a la libertad de expresión en las redes sociales chinas que, forman parte del minucioso sistema de vigilancia social en el que viven los ciudadanos chinos.

La teoría de que una Administración demócrata sería más blanda con el PC chino parece estarse desmontando. Es cierto que se ha regresado a los usos más diplomáticos y menos bastos pero muy lejos del tratamiento que dio la Administración Obama a Beijing. En efecto, el mismo Blinken lo dijo de manera contundente en la entrevista que reseñamos: “Estados Unidos no puede volver ni cuatro años atrás ni ocho años atrás, este es otro momento y unas circunstancias diferentes”. No hay duda de que el acuerdo bipartidista en este tema es crítico pero tampoco parece haber dudas de que estamos sumidos en una pandemia por el mal manejo chino y que la Administración Biden seguirá buscando hasta dar con los eslabones que descifren el misterio y pedirá explicaciones llegado el momento.

INTERREGNUM: La tragedia birmana. Fernando Delage

Cuando se cumplen dos meses del golpe de Estado en Birmania, la represión del ejército ha matado a más de 530 personas y arrestado a varios miles. Las fuerzas armadas se enfrentan a una sociedad que demanda la restitución del gobierno elegido en las urnas el pasado mes de noviembre, pero también a las minorías étnicas que han retomado su actividad insurgente. Ante el recrudecimiento del conflicto, el país no sólo va camino de convertirse en un desastre humanitario, sino también en objeto de competición geopolítica.

Al compartir frontera con China, India, Bangladesh, Laos y Tailandia, un enfrentamiento civil en Birmania puede desestabilizar la región en su conjunto. Sin embargo, en vez de articular la respuesta multilateral necesaria para prevenir un aluvión de refugiados entre sus miembros, la ASEAN aparece dividida. Por diferentes motivos, las divergencias entre las naciones del sureste asiático complican igualmente las posibles acciones de las grandes potencias, cuyos intereses obligan a descartar asimismo la posibilidad de una acción concertada por parte de las Naciones Unidas. Washington y Pekín afrontan el conflicto desde la perspectiva de su rivalidad, mientras que en India se impone como prioridad la seguridad de sus provincias del noreste, y Japón se ha limitado a suspender su ayuda financiera. Quien ha irrumpido de manera llamativa en este vacío diplomático ha sido Rusia, tradicional vendedor de armamento a Birmania.

En los actos convocados el 27 de marzo con motivo del Día de las Fuerzas Armadas, el invitado extranjero de mayor nivel con que contaron los militares birmanos fue el viceministro ruso de Defensa, Alexander Fomin. Moscú, declaró el general Fomin, “mantiene como objetivo estratégico el reforzamiento de las relaciones entre los dos países” y considera a Birmania como “un aliado de confianza y socio estratégico en el sureste asiático y en Asia-Pacífico”.  Aunque no han faltado los análisis que encuentran paralelismos con la decisión rusa de prestar apoyo militar al presidente sirio, Bashar al-Assad, para orientar la evolución de la guerra civil a su favor, cuando menos cabe observar la habilidad de Moscú para intervenir allí donde pueda para debilitar todo proceso democrático y, de esa manera, restringir el margen de maniobra de Occidente.

Como ha resumido Michael Vatikiotis en Asia Times, “el golpe de Myanmar ha resultado ser un cisne negro geopolítico. Ha puesto a Rusia en juego en un intento por hacerse un hueco en Asia; ha subrayado la debilidad de India como aliado de Occidente en la región; y ha situado a China como la variable central mientras Estados Unidos observa impotente desde la barrera mientras se prepara para contener a Pekín”.

Pero la verdadera tragedia birmana es que mientras la nación reclama un sistema democrático, la junta militar, en vez de ceder, aumentará la represión. Y con ella no sólo se aleja la posibilidad de salvar el proceso de liberalización política, sino que, por el contrario, aumenta el riesgo de quiebra económica y de mayor violencia, creando las condiciones de anarquía e inestabilidad estructural bien conocidas en otros lugares del planeta.

India y Estados Unidos estrechan relaciones

Ante un escenario en el que las tensiones entre Estados Unidos y China van a mantenerse e incluso a agravarse, la Administración Biden acelera el estrechamiento de lazos con países del Indo Pacífico, unas relaciones que el presidente Trump descuidó.

En ese contexto se inscribe el encuentro hace unas semanas entre el secretario estadounidense de Defensa, Lloyd Austin, y el primer ministro indio, Narendra Modi, que apostaron por la creciente cooperación bilateral y el liderazgo del país asiático, especialmente en el contexto de desafíos estratégicos en la región del Indo-Pacífico, en clara alusión a China. 

Esta visita se produce tras la tensa cumbre de Alaska entre China y Estados Unidos y la posterior visita del secretario de Estado Antony Blinken y el propio Austin  a Japón y Corea del Sur en la que analizaron el papel de China y la necesidad de coordinas más la política regional con Estados Unidos.

Austin “elogió el liderazgo ejercido por India en la región y su creciente compromiso con socios que tienen los mismos puntos de vista en la zona para defender objetivos comunes”, declaró el portavoz del Pentágono, John Kirby. “Las dos partes reafirmaron su compromiso en defender un orden regional honesto y libre. Ambas presentaron sus perspectivas ante los desafíos comunes en la región y se comprometieron a reforzar su vasta y robusta cooperación en materia de defensa”, agregó.

El jefe del Pentágono dijo a los periodistas que India es un “pilar central” en la política de Estados Unidos en la zona y resaltó que los dos países “comparten valores e intereses clave”. Después de reunirse también con el ministro de Defensa indio, Rajnath Singh, explicó que discutieron el impulso de la cooperación en nuevas áreas como el intercambio de información, la logística y la inteligencia artificial.

A pesar de que el golpe militar y la desestabilización en Birmania han puesto al descubierto la debilidad de India como potencia regional, los apoyos de China y Rusia, que busca un espacio en la región, como explica nuestro colaborador Fernando Delage, Estados Unidos no tiene más remedio que estrechar lazos con Nueva Delhi, que a su vez tiene problemas fronterizos con China y con el islamismo en Cachemira, y una potencia económica y militar clave en la región.

La colaboración en materia de defensa entre India y Estados Unidos han ido en aumento en los últimos años, incluyendo importantes contratos de armamento por valor de más de 20.000 millones de dólares en importaciones de material estadounidense. Actualmente están negociando una posible compra de treinta drones militares con un valor estimado de 3.000 millones.

China desafía a occidente: guerra de sanciones. Nieves C. Pérez Rodríguez

La Unión Europea anunciaba sanciones el lunes pasado a 4 funcionarios chinos encargados de las operaciones de los “centros de reeducación” en Xinjiang. Estas sanciones vienen a complementar las impuestas por Washington en julio de 2020 a otros 4 funcionarios chinos claves, como el jefe regional del PC Chen Quanguo, quien es visto como el artífice de las políticas de Beijing contra las minorías musulmanas y que anteriormente estuvo a cargo de las acciones impuestas en el Tibet; el director de la oficina de seguridad de Xinjiang, un ex funcionario de seguridad, y una destacada figura del partido en Xinjiang. Estratégicamente los europeos sancionaban otras personalidades y no las que ya habían sido sancionadas por los Estados Unidos con la intención de neutralizar más piezas claves del PC chino.

Reino Unido se sumaba a las sanciones de la UE, y Beijing respondía con sanciones a sanciones a 7 parlamentarios y 2 académicos. “Es nuestro deber denunciar el abuso de los derechos humanos por parte del gobierno chino en Hong Kong y el genocidio de los uigures”, dijo Ducan Smith, académico y sancionado, quien afirmaba que “aquellos de nosotros que vivimos días libres bajo el imperio de la ley debemos hablar por aquellos que no tiene voz”.

Canadá también se sumaba a la acción coordinada de sancionar miembros del PC chino. Por lo que la respuesta de Beijing no se hizo esperar sancionando a 2 miembros de la comisión internacional de libertad religiosa (USCIRF) estadounidenses y a 9 parlamentarios canadienses. A lo que el primer ministro canadiense, Justin Trudeau aprovechó la oportunidad para manifestar: “Las sanciones chinas son un ataque a la transparencia y a la libertad de expresión y valores en el corazón de nuestra democracia. Apoyamos a los parlamentarios y nos manifestamos en contra de estas acciones inaceptables y continuaremos defendiendo los derechos humanos en todo el mundo con nuestros socios internacionales”.

China y Canadá llevan un par de años de fuerte tensiones desde que la policía canadiense prohibieran a la ejecutiva de Huawai, Meng Wanzhou, salir del país por solicitud de la Administración Trump, basándose en una orden de un tribunal de New York que emitió una mandato de arresto para Meng para que fuera juzgada en los Estados Unidos por violación a sanciones estadounidense en contra de irán y conspiración para robar secretos comerciales”.

Australia y Nueva Zelandia no han impuesto sanciones, pero sí han manifestado su apoya a las que otros países han puesto. Aunque Australia ha expuesto abiertamente que consideran que China debe responsabilizarse por el daño causado por la pandemia, lo que ha generado fricciones importantes entre ambos. En efecto, el Ministro de Comercio australiano amenazaba con llevar a China ante la OMC a finales de la semana por su decisión injustificable de aumentar los aranceles en las importaciones de vino australiana entre el 116.2% al 218.4% por cinco años, como otro de sus mecanismos de retaliación.

El secretario de Estado de EEUU publicaba una declaración el sábado por la noche sobre la respuesta de China: “Los intentos de Beijing de silenciar a quienes se pronuncian por los derechos humanos y las libertades fundamentales solo contribuyen al creciente escrutinio internacional del genocidio y los crímenes de lesa humanidad en curso en Xijiang. Nos solidarizamos con Canadá, el Reino Unido, La UE y otros socios y aliados del mundo para pedir a la República Popular China que ponga fin a las violaciones de derechos humanos y los abusos en contra de los uigures, así como hacia otras minorías étnicas y religiosas de Xinjiang y la liberación de los detenidos arbitrariamente…” 

La Administración Biden, con poco más de dos meses en el poder, no ha perdido tiempo en restablecer relaciones con los aliados tradicionales y consolidar acercamientos que en los últimos años habían sufrido un enfriamiento considerable. El tono de la Casa Blanca es mucho más reconciliador hacia sus aliados y las acciones del Departamento de Estado de Blinken parecen estar articulando un sólido frente internacional que, en primer lugar, alerte sobre el peligro de China y segundo lugar, parecen intentar poner fin a las prácticas e irregularidades chinas en el mundo.

Beijing por su parte se ha dedicado a responder como otra potencia fuerte que no está dispuesta a dejarse amedrentar,  por lo que se acerca a Rusia e Irán para levantar su propio frente de oposición mientras ha pasado la semana respondiendo con sanciones y tarifas para castigar a quienes los juzgan por lo que están haciéndole a los Uigures, que cada día el mundo ve más claro que es la erradicación de esa etnia a través de la eliminación de sus costumbres, religión, idioma, cultura y hasta nacimientos.