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China y Rusia en el escenario latinoamericano. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- América Latina es una región que, por sus enormes riquezas naturales, ubicación y cercanía con los Estados Unidos, representa especial interés para China y Rusia. A pesar de una compleja realidad de democracias débiles, narcotráfico, corrupción, guerrilla y tráfico humano, entre otros, que han facilitado la penetración de los intereses de Moscú y Beijing. ¿Pero hasta dónde llega la interferencia de estos gobiernos extranjeros y cuáles son las implicaciones?

4Asia asistió a un foro organizado por la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad de John Hopkins en colaboración con el Centro de Estudios de la Defensa Willian J. Perry sobre los retos de seguridad en América Latina, en el que se discutió en profundidad por parte de expertos en la región la situación actual. Un punto coincidente entre todos fue que el mayor y más complejo problema que enfrenta la región es Venezuela, que, debido a la magnitud del conflicto, se ha convertido en un problema que trasciende las fronteras y afecta a la región entera.

Moises Naím definió a Venezuela como un Estado fallido, criminal, ocupado por Cuba -que define como una invasión del siglo XXI- además de ser narco-Estado. Mientras que el embajador estadounidense William Brownfield,  con una larga experiencia en narcóticos y en la región, remarcó la idea que Venezuela es un “Estado Mafia”, connotación aún más grave que la de narco-estado, según él, debido a que el gobierno venezolano y sus instituciones está involucradas con todo tipo de crímenes internacionales.

David Smolansky, miembro del grupo de trabajo de la inmigración venezolana de la OEA, explicó la gravedad de la situación de los inmigrantes con números: 208 venezolanos salen del país cada hora, 5 mil todos los días y más de 30 mil se movilizan en las fronteras para adquirir alimentos y medicinas. Y el embajador Juan Carlos Pinzón (exministro de la defensa de Colombia y ex-embajador de Colombia en Washington) explicó que Colombia está atendiendo a los inmigrantes de la mejor manera que puede porque los consideran hermanos. Sin embargo, apuntó que cada individuo que sale de Venezuela favorece al régimen de Maduro, pues es un opositor menos en su territorio.

En cuanto a la influencia de Rusia en Latinoamérica, Julie Gurganus -miembro del Consejo de Inteligencia de los Estados Unidos- precisó los tres objetivos que persigue Rusia en el mundo: 1. Ser percibidos como un gigante y/o poderoso, 2. mantener la bipolaridad mundial y 3. disputarle la influencia a Washington. La Rusia de Putin ha jugado astutamente con esta influencia en la región latinoamericana. Suelen hacer visitas de Estado justo antes de que necesiten apoyo internacional. Un ejemplo, agrega, fueron las visitas de altos funcionarios rusos a países de esta región antes de la invasión de Crimea, que acabó con la resolución de la Asamblea General de la ONU condenando a Rusia con los votos en contra de Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela (entre otros) y con la abstención de Brasil y el Salvador (entre otros).

Así mismo, sostiene que Moscú utiliza la venta de armas para asegurarse de que sus clientes se conviertan en aliados en la zona, y conseguir influencia y dependencia de quien las compre.

En cuanto a China, Margaret Myers -directora del programa de Asia y América Latina en el Inter-American Dialogue- sostiene que la influencia de China en la región es indudable y cada día hay más programas de intercambios, que han aumentado considerablemente en los últimos 5 años. Sin embargo, insiste en que sólo la mitad de los proyectos que Beijing ha anunciado han sido ejecutados.

La motivación que mueve a China, dice, es promover oportunidades para sus empresas. Mientras que Stephen Kaplan -profesor de la Universidad George Washington-, precisa que China es el quinto país en dar créditos en el planeta, aunque lleve poco tiempo en el mundo crediticio. Intentan además diferenciarse de las instituciones tradicionales de crédito. En vez de exigir pagos en dinero, se asegura que el país acreedor comprará materia prima china y usará proveedores chinos y maquinaria china. Con lo que se aseguran parte del retorno. Puso el ejemplo de Venezuela, a quien los chinos han dado muchos créditos y como parte del pago le exigen pagar con petróleo.

Mientras que por un lado gestionan bien una dependencia de sus clientes, por otro no impone condiciones o normas de cómo usar el dinero: sólo le preocupa su retorno, no el uso que dan al dinero.

Siendo Venezuela el mayor reto que enfrenta la región, es un problema que le salpica, y muy de cerca, a Washington. A pesar de que la Administración Trump reconoce el régimen de Maduro como ilegítimo, y se ha observado un incremento de sanciones y presión, parece no ser suficiente.

China tiene una presencia muy activa en este país, así como lo tiene Rusia, que ha otorgado muchos créditos a Maduro, mientras simultáneamente han fortalecido sus relaciones con La Habana, lo que no es de sorprender pues los cubanos tienen fuerte presencia en Venezuela, sobre todo a través de los servicios de inteligencia, que, según expertos, ha sido la razón de la supervivencia del régimen a pesar del profundo descontento social.

La Administración Trump conoce la situación. Sin embargo, parece no entender la dimensión de las consecuencias más allá de la región latinoamericana. A mayor número de inmigrantes saliendo de las fronteras venezolanas mayor el riesgo que esos inmigrantes busquen como destino el norte del continente. Y ya Trump lo tiene complicado con los miles de personas que llegan de Centroamérica.

Tanto Xi jinping como Vladimir Putin saben que controlar Latinoamericana hace vulnerable a Estados Unidos mientras que ambos se hacen con los recursos naturales, con los compromisos de los gobiernos y compran apoyos estratégicos.

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Maniobras en el frente

Donald Trump vuelve a mover ficha para intentar tomar la iniciativa en un proceso de replanteamiento de las claves de la escena geopolítica mundial. Así ha decido dos jugadas que no dejan de tener importancia: por un lado, ha ofrecido a China tres meses de tregua en la preparación de la guerra comercial que él mismo anunció, y, por otro, ha anunciado la eventualidad de un nuevo encuentro con el presidente norcoreano, allá por febrero o marzo, para desbloquear la situación y volver a situar la cuestión coreana en el escenario salido de la cita de Singapur.

En realidad, la reunión del G-20 en Buenos Aires fue más un escenario de cómo evoluciona la política exterior de EEUU, China y Rusia, que un encuentro para tomar medidas en el plano económico. El G-20, como lobby y lugar de toma de decisiones ha perdido peso. Así, fueron más importante los gestos de Trump para evitar la foto con el líder saudí Bin Salman, a quien por otra parte no quiere moverle la silla, la escenificación de su enfado con Putín por los incidentes en Crimea y las maniobras chinas para seguir mejorando su presencia en las economías latinoamericanas.

Pero volviendo a las iniciativas de Trump, todo parece indicar que la Administración de EEUU ha entendido que la hipocresía china sobre el libre mercado le está ganando en el terreno de la propaganda y que, además, tras el choque con China el proteccionismo llevará a un desencuentro con la Unión Europea en el que, paradójicamente puede ganar terreno Rusia. De ahí los tres meses de plazo para estudiar el terreno de batalla y analizar posibles consecuencias y, a la vez, conseguir que China favorezca el encuentro con Kim Jong-un. Veremos qué pasa. (Foto: Michael Spring, flickr.com)

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Acción de Gracias, una nación. Nieves C. Pérez Rodríguez

El gran día que agrupa a personas, sin importar sus creencias religiosas y/o políticas en los Estados Unidos; el festejo que moviliza más ciudadanos a lo largo y ancho del país, para dar gracias. Este año en concreto las cifras hablan de unos 54.3 millones de viajeros para unirse a la celebración con sus familias, o en su defecto con amigos para agradecer por todo aquello que forma parte del ser humano. ¿Pero de donde y por qué se dedica un día de Acción de Gracias?

El origen de Acción de Gracias en Estados Unidos se remonta a la llegado de colonos ingleses a Plymouth -Massachusetts-, donde desembarcó el Mayflower a finales del 1620 cargado con 102 pasajeros. Pero que debido a las diferentes condiciones de su lugar de origen, más de la mitad perecieron durante el primer año debido al duro invierno, el desconocimiento del lugar y cómo cultivar la tierra. Cuenta la historia que un indio nativo visitó al asentamiento inglés y al darse cuenta de las condiciones decidió enviarles a Squanto, un miembro de la tribu pawtuxet que les enseñó a sobrevivir en ésta región, y a quien se le atribuye el establecimiento de una alianza de paz que duró más de cincuenta años entre nativos e ingleses.

Una vez que los colonos consiguieron una primera cosecha gracias a la ayuda de Squanto, el gobernador inglés decidió invitar a un grupo de indios aliados a celebrar el éxito en noviembre de 1621. Hecho que inspira que la institucionalizón de la celebración tenga lugar el cuarto jueves de noviembre. Sin embargo, no se convirtió en una fiesta nacional hasta mucho más tarde en la historia.

Sarah Jopeha Hale fue una prominente escritora del siglo XIX, a la que se conoce por la publicación de novelas en las que defendió la libertad de los esclavos, así como también por la promoción del uso de árboles decorados para la navidad, e incluso el vestido blanco para la novia que va al altar.  Fue editora de la revista más importante para mujeres antes de la guerra civil, desde donde defendió el derecho de la educación femenina, pero pegada siempre una línea conservadora, muy distante de la feminista. Hale se convirtió en un referente para la clase media del momento, sobre todo para las mujeres.

Hale dedicó muchos de sus editoriales a pedir la institucionalización de la celebración de Acción de Gracias. En sus artículos explicaba que ya se celebraba en algunos lugares de manera informal y sin tener un día determinado. Además, propuso el protocolo que debía seguirse en vestir la mesa y el menú de la celebración del gran día, que incluía un pavo relleno, una tradición de su lugar de origen -New England- junto con pastel de calabaza que tan bien representa el otoño de la costa este de los Estados Unidos.

Sarah Jopeha Hale en una carta le pidió al presidente Abraham Lincoln la declaración de un día de acción de gracias, misiva que Lincoln respondió con la institucionalización del día nacional en 1863: “invito a mis conciudadanos en todas partes de los Estados Unidos, y aquellos que están en el mar o viajando a tierras extranjeras a conmemorar el día de Acción de Gracias”.

Algunos historiadores sostienen que la razón que llevó a Lincoln a incorporar está fiesta en el calendario de la nación en ese año, en medio de la guerra civil estadounidense, fue enviar un mensaje pacificador y de unión a los ciudadanos.

El mensaje central de esta tradición es “el agradecimiento”. Estar agradecido por la vida, la familia, el trabajo, la salud; en general, las cosas del día a día. En una sociedad como la estadounidense, donde el gran grueso de la población es inmigrante, o al menos pertenecen a algún otro grupo o región del mundo, Acción de Gracias es un día que neutraliza cualquiera de esas diferencias en una identidad única. Una curiosa tradición que tiene un efecto contagioso entre los visitantes y los recién llegados al país, sin importar el tiempo que lleve alguien en Estados Unidos, se incorporan a esta celebración como parte de su nueva vida.

Como ocurre casi siempre, cada grupo acaba haciendo su propia versión de los manjares que se sirven. Por ejemplo, los centroamericanos sustituyen el pavo por un pollo grande relleno, además de incorporar algunos de los panecillos característicos de su región. Los asiáticos incorporan algún platillo con arroz y sabores más del Pacífico. Pero incluso dentro de los mismos estadounidense pueden encontrarse variantes en los alimentos y cómo se preparan.

Un buen ejemplo es que los Estados del sur, en vez de asar el pavo lo fríen en los jardines traseros de las casas en unas cazuelas gigantes cuya capacidad permiten la inmersión de semejante ave cuyo peso promedio oscila 14 kilos.

La comida puede variar ligeramente, pero lo realmente interesante es que una nación entera, con más de 300 millones de habitantes, se paraliza y toma el tiempo de juntarse para celebrar las cosas positivas de la vida. Y, a pesar de que el país se encuentra en un momento de particular división política, Acción de Gracias consigue neutralizar esas diferencias con el propósito de festejar el agradecimiento en compañía. Algo que puede resultar curioso y hasta difícil de comprender en otras cultura.

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EE.UU., menos presencia presidencial pero más presión en Asia. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Mike Pence -vicepresidente de los Estados Unidos- publicaba hace una semana un artículo en el Washington Post titulado “Los Estados Unidos buscan colaboración y no control en el Indo-Pacífico”. En él definía el compromiso firme y duradero que tiene Washington con esta región y exponía la estrategia de la Administración Trump en esta área basada en tres grandes pilares:

  1. El Indo-Pacífico cubre más de la mitad de la superficie terrestre, es próximo a más de la mitad de la población del planeta y concentra las dos terceras partes del comercio mundial.
  1. La seguridad, cuyo base es la prosperidad. Envía un recordatorio a sus aliados para continuar con la presión hacia Corea del Norte y las sanciones económicas hasta que la desnuclearización sea un hecho.
  1. Y, por último, afirma su apoyo a los gobiernos trasparentes y receptivos en donde exista un estado de derecho, respeto a los derechos humanos y la libertad religiosa de sus ciudadanos.

La estrategia de la Casa Blanca está encaminada a bloquear a China y sus largos tentáculos, que parecen no tener límites. O al menos denunciar sus acciones sin ningún filtro diplomático. Sin embargo, la ausencia de Trump en las cumbres más importantes de Asia ha dejado un gran hueco, que su vicepresidente intentó con mucho esfuerzo llenar, pero que en el fondo facilita el camino a Xi Jinping y Putin. Muy a pesar de que Pence llevara un mensaje de apoyo a la región.

En la ASEAN, Pence afirmó que ésta es una región abierta y libre, e insistió en que Washington está encantado de contarlos como un bloque aliado estratégico. Dijo que “el imperio y la agresión no tienen lugar en el Indo-Pacífico”.  “Solo requiere que cada nación trate a sus vecinos con respeto y respete la soberanía de nuestras naciones y las reglas internacionales de orden”.

Si se dudó de la claridad del vicepresidente en la ASEAN, su discurso en la APEC no dejó espacio a dudas, pues fue un ataque directo a China. Pence urgió a las naciones asiáticas a evitar las relaciones comerciales con China y a cambio les ofreció una alternativa: establecer negocios con los Estados Unidos que no los cargarán con deudas que a largo plazo comprometan sus soberanías. A lo que Xi Jinping (el presidente chino) respondió que “One belt, one road” es una avenida provista de sol radiante en la que China comparte oportunidades con el mundo para buscar el desarrollo”.

La Administración Trump lo ha dicho siempre claro, no está de acuerdo con lo que está haciendo Beijing. Parece que estamos yendo mucho más lejos que a una guerra meramente comercial, donde las tarifas tasan productos y penalizan acciones. Robert D. Kaplan, (experto del Centro para una nueva Seguridad Americana) afirma que durante años China ha estado en guerra con Estados Unidos en el Mar de la China Meridional, pero Washington no se dió cuenta hasta muy avanzado el proceso. Explica que Beijing se basa en la teoría del filósofo Sun Tzu, cuya tesis consiste en que el éxito es ganar sin tener que ir a la guerra.

Kaplan define la estrategia china en micro-pasos: el reclamo de una isla pequeña, luego la construcción de una pista por otro lado y el despliegue supuestamente temporal de una plataforma petrolera en aguas en disputa; lo importante es imponer presencia de alguna manera.

Todos estos pasos van marcando hechos, que individualmente no llegan a molestar a las otras potencias hasta el punto de suscitar una respuesta militar. Mientras, China intenta evitar enfrentamientos, pues saben que no pueden competir con la capacidad militar estadounidense en este momento. Beijing por su parte, entiende que dominar el Mar de la China Meridional- que consideran geográficamente suyo- es dominar el mayor tránsito de mercancías del mundo, así como imponer su dominio en Taiwán, Japón, o Vietnam y Filipinas, que no tienen otra alternativa que doblegarse al dominio del más fuerte.

A pesar de la ausencia de Trump en estas importantes cumbres, que hay que admitir protagonizó el año pasado, el mensaje que llevó Pence sigue siendo el mismo. Es más, cada día parecen ser más directos a denunciar la agresión china a las economías y a su carácter expansionista.

Washington está atacando a Beijing por varios frentes, el último fue el 7 de noviembre en el que una comisión del Congreso de los Estados Unidos, que vigila los derechos humanos en China denunció la brutal represión que están padeciendo los uighures (una minoría musulmana) en la región de Xinjiang, con sus reclusiones en centro de reeducación china.

La Administración Trump sostiene que el valor de sus intercambios comerciales con la Pacífico Índico es de 1.8 billones de dólares. La inversión estadounidense en la región es de casi 1 billón de dólares, lo que representa más que la inversión conjunta de China, Japón y Corea del Sur, números que explican por si solos la importancia estratégica de la región. La economía es el eje y la prioridad para Trump, y los mensajes sutiles no forman parte de la diplomacia de este gobierno.

Así que en el marco de su visita Pence anunció la construcción de una base militar en Papúa Nueva Guinea (la segunda isla más grande, ubicada al norte del Australia) en cooperación con Australia para reforzar la presencia estadounidense en Asia y el Pacífico, y poder proteger los derechos marítimos y la soberanía de las islas del Pacífico.

Curiosamente, a pesar de dar señales de ausencia, Washington está preparándose para estar más presente en el Pacífico, y dispuesto a parar cualquier intento de violación de la soberanía terrestre o marítima de las naciones en la región, pero al modo de Trump. China tendrá que calcular cautelosamente sus pasos ante la mirada vigilante de la Casa Blanca y su aversión al estilo imperialista chino. (Foto: Dan Hill, flickr.com)

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INTERREGNUM: Asia entre Washington y Pekín. Fernando Delage

Las reuniones multilaterales mantenidas en Asia la semana pasada entre Singapur y Papua Nueva Guinea—ASEAN, ASEAN+3, la Cumbre de Asia Oriental y el foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico—han escenificado una vez más las crecientes tensiones entre Estados Unidos y China. Lejos de contribuir a minimizar sus diferencias, los encuentros han contribuido más bien a extenderlas al conjunto de la región.

La ausencia de Trump no lanza quizá el mensaje más conveniente para los intereses norteamericanos. Tampoco ayuda el mantenimiento de la retórica de confrontación: ha sido el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, quien ha defendido una política comercial unilateralista y el rechazo de todo intento revisionista del orden regional. Pence acusó a China de intentar crear una dependencia económica y financiera de las naciones participantes en sus proyectos de infraestructuras, y de alterar la estabilidad asiática a través de sus acciones en el mar de China Meridional, que calificó como “ilegales y peligrosas”, además de “amenazar la soberanía de muchas naciones y poner en riesgo la prosperidad del mundo”. Utilizando palabras similares a las empleadas en su discurso en el Hudson Institute a principios de octubre, añadió: “China se ha aprovechado de Estados Unidos durante muchos, muchos años y esos días se han acabado”. Washington, concluyó, “no abandonará su política hasta que China cambie su comportamiento”.

Como cabía esperar, los líderes chinos acusaron por su parte a Estados Unidos de promover el proteccionismo comercial y asumir una estrategia unilateralista y de enfrentamiento en defensa de sus intereses más estrechos. En una nada velada descripción realizada durante su intervención en la cumbre de APEC, el presidente Xi Jinping calificó a Estados Unidos como una amenaza a la paz y seguridad regional, mientras presentó a China como un socio indispensable para el desarrollo y la estabilidad de Asia. El primer ministro Li Keqiang insistió entretanto en Singapur en la conveniencia de acelerar la negociación del acuerdo de Asociación Económica Regional Integral (RCEP en sus siglas en inglés), en el que participan numerosos socios y aliados de Estados Unidos, en defensa del libre comercio y de una estructura multilateral basada en reglas.

Estados Unidos y China no sólo ofrecen por tanto esquemas opuestos sobre el futuro del Indo-Pacífico, sino que compiten de manera directa por atraerse a los Estados de la región. China necesita a sus vecinos para evitar una nueva guerra fría, pero sus incentivos económicos no bastan para ganarse la complicidad de unas naciones preocupadas por su expansión marítima y por la deuda que les puede suponer el proyecto de la Ruta de la Seda. Pero justamente cuando China ha pasado a una fase de mayor asertividad, Estados Unidos ha optado por desmantelar los pilares de su primacía en Asia de las últimas décadas: su hostilidad al libre comercio y la desconfianza en las alianzas extienden las dudas sobre el compromiso norteamericano con la región, una impresión que se ha visto acentuada por la decisión del presidente Trump de no acudir a las reuniones multilaterales de este año.

Nadie cree a los dirigentes chinos cuando éstos dicen carecer de ambiciones geopolíticas. Pero a nadie se le oculta tampoco la contradicción entre la retórica norteamericana y la rápida reconfiguración del orden regional sobre el terreno. Cuando Trump y Xi se encuentren en Buenos Aires a finales de mes en la cumbre del G20, su agenda no podrá centrarse tan sólo en cómo evitar una abierta guerra comercial. La orientación estratégica futura de la región está igualmente en juego.

Vane

Nuevos malos vientos

Aunque desde cierto segundo plano, las palabras y las acusaciones van ganando grosor entre Estados Unidos y China. Más desde Washington, porque Pekín hace tiempo que ha entendido que presentar una cara aparentemente amable y suave mientras mueve piezas y avanza posiciones (mano de hierro en guante de seda) es una buena propaganda frente a un Trump bocazas enfrentado a tantos medios de comunicación.

Todo parece encaminarse a una guerra comercial dura mientras ambos países refuerzan sus posiciones militares marítimas en un despliegue continuo desde hace una década por China y una lenta pero clara reacción de Estados Unidos.

En ese marco, el conflicto con Corea del Norte está bloqueado tras el publicitado encuentro de Singapur. Y, lo que es peor para Corea del Norte, ya no ocupa el principal protagonismo ni la mayoría de las portadas de los medios de comunicación occidentales que presionaban a Estados Unidos y a los gobiernos democráticos.

Tal vez por eso, Kim Jong-un anunció hace unos días el ensayo de una nueva arma táctica ultramoderna, en lo que parece una vuelta a las amenazas apocalípticas para llamar la atención sobre la falta de avances y las escasas concesiones de Estados Unidos hasta que Corea del Norte dé pasos significativos en el proceso de desnuclearización comprometido en Singapur.

El clima se va enrareciendo sin que parezca dársele importancia en los grandes foros, eternamente confiados en que nada es grave hasta que salta por los aires. Pero todos los grandes conflictos comienzan así.

Mala época en la que los viejos nacionalismos expansivos encuentran enfrente reflejos proteccionistas, de repliegue y de imitación emocional para conquistas o conservar el poder. (Foto: Toby Cresswell, Flickr.com)

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INTERREGNUM: 特朗普接近中国和日本。 费尔南多德拉格

上周,这是7年来第一次,日本首相对中国进行了访问双边(多边领域,安倍晋三出席了在北京的APEC峰会,2014年)。预计中国国家主席习近平将于明年前往日本。这些会议是否意味着地球上第二和第三大经济体之间的关系恢复正常?

自2010年以来,两个邻国之间相对地位的变化开启了一段艰难的危机时期。在中华人民共和国日本的投资2013年和2015年之间显著下降.去年复苏了,但中国仍然是日本最大的贸易伙伴。

虽然日本是唯一的主要美国盟友仍然不属于亚洲基础设施投资银行,并获得可观的储备中国丝绸新路的积极性公告,最终他明白,它无法拒绝项目代表它的公司的机会。因此,如果没有

正式支持,它决定允许日本公司参与。 与此同时,日本选择直接与中国竞争,日本提出了发展优质基础设施的倡议。 与印度共同创建了亚非经济走廊。 面对中国丝绸之路,日本提供了一个以“印度太平洋自由开放”命名的替代方案。

唐纳德特朗普的政策正在促进中日之间新方法接近的基础。华盛顿与紧张局势的加剧导致北京寻求与东京保持稳定的关系。与此同时,日本也受到美国制裁的威胁,面临着加强与中国共同经济利益的机会,其中包括推进与东盟国家的综合区域经济协会(RCEP)的谈判,并为两国和韩国之间的自由贸易协定提供新的动力。

对日本首相安倍晋三来说,这是一项复杂的挑战。 潜在的战略背景不会改变:变化是结构性的,经济和军事力量与人民共和国的差异将继续增长。 安倍也无法与中国对抗特朗普,但在保持三大力量形成的战略三角关系的同时,也扩大了竞争环境。

因此,一旦他从北京回来,他就已经在东京收到了他的印度同行纳伦德拉莫迪,这并非偶然。 或者说,11月1日,日本和印度将开始他们的第一次联合军事演习。10月,安倍还接待了柬埔寨,老挝,缅甸,泰国和越南的领导人。日本的积极外交没有先例,但矛盾的是北美正在挑起,而不仅仅是中国。(Traducción: Isabel Gacho Carmona)

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INTERREGNUM: Asia y la primera guerra mundial. Fernando Delage

La conmemoración, el pasado fin de semana en París, del centenario del armisticio que puso fin a la primera guerra mundial ha sido objeto de un considerable número de artículos en los medios. La relevancia del conflicto para el siglo XX lo merece. Pero también por sus lecciones para el mundo de hoy y del futuro. Si en relación con este último nadie duda de que una de sus claves es el dinamismo de Asia, suele olvidarse por el contrario el papel del escenario asiático en la década que precedió al estallido de la guerra.

La competencia de las grandes potencias en este continente tuvo repercusiones directas en Europa. Frente a quienes señalan 1914 como verdadero comienzo del siglo XX, fue la derrota de Rusia por Japón en 1905 lo que desencadenó una serie de hechos que conducirían al fin de la estructura de estabilidad creada por el Congreso de Viena en 1814-15: entre ellos, la Revolución bolchevique y la reconfiguración de las alianzas europeas. Fue la derrota de Rusia lo que condujo a Guillermo II a intentar aislar a Francia en Marruecos con el fin de romper la Entente Cordiale franco-británica, fruto de la guerra ruso-japonesa. La pesadilla alemana, que se convertiría en realidad en 1907, era la formación de un acuerdo entre Reino Unido, Francia, Rusia y Japón en Oriente Próximo—incluyendo el reparto de China—que excluyera a Alemania. El aislamiento de esta última en Asia y la reorientación de Rusia hacia el frente europeo—los Balcanes en particular—con una disposición revanchista (había que dejar atrás la humillación de la derrota ante Japón) cristalizaría en la rivalidad entre Berlín y San Petersburgo.

Concluida la guerra, tampoco Alemania sería el único país humillado por los términos acordados por los vencedores. Lo fueron asimismo Hungría o Turquía, pero también Asia en su práctica totalidad. Las demandas de vietnamitas y coreanos frente al colonialismo francés y japonés ni siquiera fueron oídas. China vio cómo las colonias alemanas en su territorio (Shandong) pasaron a manos de Japón, mientras que este último se sintió tratado como una potencia secundaria. El auge nacionalista en Asia—factor que determinaría el resto del siglo XX en la región—fue, por resumir, uno de los resultados de la primera guerra mundial y del tratado de Versalles.

Pero si se piensa en Asia en relación con la Gran Guerra es sobre todo por la aparente similitud entre el ascenso de China en la actualidad y el auge de la Alemania guillermina. Fue la unificación de Alemania lo que supuso un desafío para el sistema de equilibrio de poder amparado en la primacía británica, desencadenando en último término el conflicto. Es una China camino de convertirse en la mayor economía del planeta y con la ambición de contar asimismo con las mayores fuerzas armadas hacia 2049, quien puede potencialmente poner fin al liderazgo norteamericano del orden mundial desde 1945.

La Historia no se repite pero rima, solía decir Mark Twain. Los presidentes de Estados Unidos y de China afrontan una nueva era de transición de poder. Conmemoraciones como las de estos días sirven para recordar cómo terminaron las anteriores.

Midterm

El nuevo Congreso y la Administración Trump. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Cada cuatro años en noviembre tienen lugar las elecciones de medio término en los Estados Unidos y de la mitad del periodo presidencial. Razón por la que los analistas ven los resultados como una especie de test para el ocupante de la Casa Blanca, su liderazgo y cómo los ciudadanos perciben sus políticas en general. Además de la influencia partidista que se impondrá de acuerdo a los resultados.

Como todas las elecciones en los Estados Unidos éstas son complejas. La Cámara de Representantes cuenta con 435 escaños y el resultado arroja una mayoría a Partido Demócrata con 226 escaños, que de hecho podría aumentar cuando termine el recuento de votos. Lo que se sabe con seguridad es que, a partir el 3 de enero, la Cámara de Representantes del congreso estará controlada por el partido de la oposición. Y, por lo tanto, éste tendrá mayor influencia en la toma de decisiones.  De acuerdo al Brooking Institute, la población que más votó a los demócratas fueron los ciudadanos que se encuentran por debajo de los 45 años, que además son quienes tienen mayor educación académica, entre los que se encuentran mujeres y en su mayoría blancos.

Con los demócratas controlando la Cámara de Representantes es bastante probable que la Casa Blanca ahora tendrá más dificultades para que la Cámara le apruebe leyes a la medida de Trump. El nuevo NAFTA o el USMCA tienen que pasar por la aprobación de esta cámara.  Y aquí los demócratas podrían dilatar el proceso o en su defecto presionar con negociaciones paralelas, como que para aprobar el nuevo NAFTA los republicanos tengan que desistir de la construcción del muro con México con un presupuesto que seguramente morirá en las palabras pues la ahora mayoría de la Cámara no está de acuerdo. Se debe mencionar que es un plan casi utópico pero que ayudó a captar muchos votos durante la campaña. A Trump le ha servido de mucho radicalizarse y usar temas como la inmigración ilegal para mantener su electorado.

Con los demócratas manejando la cámara baja también se podría plantear la posibilidad de comenzar un proceso de “Impeachment” o acusación contra el presidente. No sería la primera vez en la historia de los Estados Unidos que ha ocurrido, y, en efecto, es algo de lo que se ha hablado mucho desde que Trump tomó la presidencia. Sin embargo, es más probable que los demócratas dirijan su esfuerzo a aprobar presupuestos que permitan abrir más investigaciones sobre las relaciones de Trump con Rusia.

En cuanto al Senado, cuya mayor concentración de poderes se centra en ratificar los cargos políticos señalados por el presidente, entre ellos embajadores, ministros, jueces o el Tribunal Supremo de justicia, seguirá en manos de los republicanos, lo que realmente no representa ningún cambio para esta Administración.

4Asia tuvo oportunidad de conversar con alguien que sirvió como alto oficial del comité de reglas de la Cámara de Representantes durante más de 8 años, del partido republicano, y que pidió no ser identificada. Le pedimos su análisis de los resultados electorales y esto fue los que nos dijo:

“Los resultados son malos para el Partido Republicano, nunca es bueno perder una cámara. Pero los Demócratas no obtuvieron los resultados que debieron obtener a pesar de quién es el presidente, y la razón es que no terminan de entender por qué la gente vota a Trump. Los demócratas no se han preocupado por buscar el origen del voto a Trump y cultivar ese electorado. Otro gran problema es que los pocos republicanos moderados se han jubilado o perdieron sus escaños.

La reacción de la prensa e incluso de algunos observadores demócratas a las formas inapropiadas de Trump sólo consiguen alimentar esa base que le apoya y con ello aumentan su popularidad. Y eso terminará ayudándolo a su reelección. A la vez, dentro del Partido Republicano está ocurriendo un fenómeno curioso: los que no han apoyado a Trump han perdido sus escaños y posiciones; por lo tanto, los que están aún en desacuerdo entienden que tienen que apoyar a Trump para navegar el mar político del momento.

Tanto el Partido Demócrata como el Republicano están atravesando una especie de crisis interna. La prueba es que en el lado demócrata no hay un figura que lidere el partido, por lo que vimos al ex- presidente Obama en eventos políticos durante la campaña, mientras Nancy Pelosy (líder del Partido Demócrata en la Cámara de Representantes y que potencialmente puede convertirse en presidente de la Cámara, que valga decir es la tercera posición más alta que se puede ostentar en Estados Unidos, después del vicepresidente y el presidente) muy a pesar de los años que tiene militando parece ser la única que consigue movilizar votos masivamente.

Por el lado Republicano, Trump dedicó una parte importa de su agenda a los rallies que tanto alimentan su inagotable ego, y en los que francamente consigue aglutinar masas y emocionarlas, y llevarlos a las urnas electorales. Pero el resultado final es un país mucho más dividido que hace unos años, y mucho más radicalizado en sus posturas. (Foto: Kari Hoepner, Flickr.com)

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INTERREGNUM. Trump approaches China and Japan. Fernando Delage

(Traducción: Isabel Gacho Carmona) Last week, for the first time in seven years, a Japanese Prime Minister paid a bilateral visit to China (in the multilateral arena, Abe attended the APEC summit in Beijing in 2014). And it is also expected that Chinese President Xi Jinping will travel to Japan next year. Do these meetings mean a return to normality in relations between the second and third largest economies on the planet?

The change in the relative position of power between the two neighbours since 2010 -when the Chinese GDP exceeded the Japanese and the Chinese claims of sovereignty over the Senkaku Islands- opened a period of crisis. Japanese investments in the People’s Republic fell sharply between 2013 and 2015 and recovered last year, but China continued to be Japan’s largest trading partner (its bilateral exchanges add up to 300 billion dollars a year, a third more than Japan-United States trade).

Although Japan is the only one of the main North American allies that still does not belong to the Asian Infrastructure Investment Bank (AIIB) and received with considerable reservations the announcement of the initiative of the Chinese New Silk Road, after a while it understood that it could not reject the opportunities that the project represented for its companies. Hence, without officially supporting it, it decided to allow the participation of Japanese firms, provided that certain regulatory requirements were respected. At the same time, Japan opted to compete directly with China, offering its own initiative to develop quality infrastructures-for which it offered a $ 100 billion fund and developing the Asia-Africa Economic Corridor with India. In opposition to the Chinese Silk Road, Japan offered an alternative scheme under the denomination of an “A Free and Open Indo-Pacific “.

The policies of Donald Trump are facilitating, however, the bases for a new approach between China and Japan. The increase in tensions with Washington leads Beijing to seek a stable relationship with Tokyo. Japan, meanwhile, also subject to threats of sanctions by the US administration – and concerned about Trump’s rapprochement with the North Korean leader – finds itself with an opportunity to reinforce shared economic interests with China, including advancing in the negotiation of the Regional Comprehensive Economic Partnership (RCEP) with the ASEAN countries, and give new impetus to the free trade agreement between them and South Korea.

It is a complex challenge for the Japanese Prime Minister, Shinzo Abe. The underlying strategic context will not change: the change is structural, and the differential of economic and military power with the People’s Republic will continue to grow. Abe also cannot align with China against Trump. But while trying to maintain balance in the strategic triangle formed by these three powers, it complements it by expanding the playing field.

It is not accidental, therefore, that as soon as he returned from Beijing he received in Tokyo his Indian counterpart, Narendra Modo. Or that, on November 1st, Japan and India begin their first joint military exercises in the Indian northeast, which will last for 14 days. Manoeuvres that in turn are added to those recently made by 100 Japanese soldiers-with their armoured vehicles included-with US troops in the Philippines. A couple of weeks ago, Abe also received the leaders of Cambodia, Laos, Myanmar, Thailand and Vietnam. The Japan-Mekong summit showed the participants’ concern for freedom of navigation in the South China Sea and the militarization of the islands by Beijing. Japanese diplomatic proactivism has no precedent, but it is paradoxical that it is its North American ally, and not only China, who is provoking it. (Foto: Leo Eberts, flickr.com)