Entradas

global

Evento: USA, CHINA Y LA OMC. Isabel Gacho Carmona

El pasado 15 de octubre tuvo lugar en la Fundación Abertis la primera de las cuatro sesiones que tendrán lugar durante el ciclo: La nueva globalización: de las paradojas a las dificultades de hoy organizado por El Club de Roma y Esglobal. Con el título USA, China y la OMC, el evento arrojó luz sobre cuestiones como el proteccionismo, la guerra comercial, el papel de la OMC o las alianzas con terceros frente a los cambios que se están viviendo en la sociedad internacional. Moderado por Cristina Manzano, directora de Esglobal, el debate contó con expertos de la talla de Georgina Higueras, Miguel Otero y Pedro Rodríguez.

Parecía que el camino que estaba tomando la globalización era de una sola dirección, pero los acontecimientos recientes plantean dudas al respecto. ¿Sigue teniendo sentido la OMC hoy en día? ¿Es el proteccionismo una moda pasajera?

Marcó la jornada la relación entre las dos grandes potencias del momento: EEUU y China. La convivencia que se creó con Kissinger y Mao ya ha fallado. Falla desde la base. Hay falta de entendimiento. Tras meses de tensión, la ruptura se materializó el pasado 4 de octubre con el discurso de Pence: ahora son competidores estratégicos. China acumula el 20% de la deuda estadounidense y, dado que Trump concibe las relaciones como un juego de suma cero, la balanza comercial negativa con su competidor asiático es vista desde Washington como un grave problema.

China, que había gozado del estatus de “nación más favorecida” de la OMC desde 1980 entró en la Organización en 2001. Sin embargo, según Otero, la Administración Trump parece empeñada en que China no se beneficie del marco institucional de postguerra. Washington quiere repartir las cartas de nuevo, se siente más cómodo manteniendo relaciones bilaterales. El TLC firmado recientemente con México y Canadá es buena prueba de ello. En dicho acuerdo, además, EEUU se asegura la capacidad de vetar cualquier acuerdo comercial de sus socios con economías de “no mercado”, en clara referencia Beijing. Parece que entramos en viejas dinámicas que resuenan a la época de la Guerra Fría.

Sin embargo, es importante apuntar que esta rivalidad no es puramente una guerra comercial, sino tecnológica. El plan China 2025 prende colocar a la potencia asiática a la vanguardia de la innovación tecnológica. En palabras de Higueras “quieren saltar directamente al 4.0: inteligencia artificial, el espacio…” Esto asusta a Estados Unidos. ¿Serán capaces los chinos de superarlos en este campo? La idea es frenarlos antes de conocer la respuesta. De momento China depende de la potencia occidental en lo que a la alta tecnología se refiere, de ahí la importancia de los aranceles.

¿Cómo afecta este enfrentamiento internamente a estos gigantes? Por un lado, las políticas arancelarias de Trump se están empezando a notar en su territorio. En el Midwest la guerra comercial ya es cuestión en la campaña electoral. Además, los que más lo van a notar son las clases populares. “China provee a Walmarkt, que es donde compran los pobres” apunta Rodríguez. “El dolor no ha llegado a los productos de consumo, pero acabará llegando. El documental Navidad sin china ilustra muy bien la dependencia americana de este tipo de productos”.

Por otro lado, el régimen chino puede ser víctima de su propio éxito. Hasta ahora, la legitimidad del Partido ha estado muy vinculada el crecimiento económico, pero ¿Y si tuvieran éxito las políticas americanas? Se habla mucho de la capacidad de resiliencia del pueblo chino. Para Higueras y Manzano la política de hijo único puede jugar un papel crucial en este sentido. Ha cambiado la mentalidad china. Y, además de traducirse en que China va a ser una sociedad envejecida antes de gozar de un desarrollo pleno, esta política ha creado una generación de mimados, de pequeños emperadores que no están ni dispuestos ni preparados para sufrir como lo hicieran las generaciones anteriores.

En medio de esta guerra comercial y tecnológica, China está jugando sus cartas y se está acercando estratégicamente a Rusia. Dos visiones se pusieron en la masa respecto a este tema en el debate. Higueras entiende que desde occidente estamos empujando a Rusia a los brazos de China, que ambas potencias están frustradas por las sanciones y aranceles de occidente y no les queda más remedio que unir fuerzas. Rodríguez, sin embargo, es más escéptico respecto a lo que él llama el “victimismo ruso”: “Roma terminó conquistando el mundo en defensa propia”. En cualquier caso, y aunque China desconfía y guarda memoria del fracaso del Tratado de Amistad, Alianza y Asistencia mutua chino-soviético de 1950, es innegable el acercamiento de ambas potencias. Merece especial atención la colaboración en maniobras militares. Es cierto que todo parece apuntar a que no se materializará la famosa Trampa de Tucídides y que no viviremos una guerra entre Estados Unidos y China. La mentalidad del país del centro, fuertemente marcada por el pensamiento de Sun Tzu, entiende que la mejor victoria es evitar la guerra. Sin embargo, no descarta que Washington juegue la carta de Taiwán, y eso es una línea roja para Beijing. La situación es delicada y China necesita la experiencia combativa de Rusia. El chino era un ejército campesino adaptado y con poca experiencia, la última guerra que libró fue la del 79 contra Vietnam. Siguiendo las indicaciones de El arte de la guerra, ante la duda siempre es mejor dar el primer paso.

En definitiva, parece estamos siendo testigos de un cambio en las relaciones comerciales internacionales al cuestionarse los principios del libre comercio. Prestaremos atención al desarrollo de los acontecimientos.

no nukes

Pompeo visita Pyongyang por cuarta vez. Nieves C. Pérez Rodríguez

El Secretario de Estado, Mike Pompeo ha visitado una vez más Corea del Norte. Viaje que debió ocurrir el pasado mes de septiembre, pero que fue abruptamente cancelado por el presidente Trump, a tan sólo unas horas de que Pompeo hiciera el anuncio. Como buen subordinado, Pompeo aceptó el cambio con resignación y dejando ver que fue postergado hasta que la situación favorezca el encuentro. Pero lo cierto es que esta visita debía ocurrir por dos razones fundamentalmente: una, que el protocolo sugiere que el nuevo representante para Corea del Norte del Departamento de Estado sea presentando oficialmente, y qué mejor que de manos de quién hasta ahora ha encabezado las conversaciones (Pompeo). Y, en segundo lugar, por la importancia que la Administración Trump ha dado a la resolución de este conflicto, así que una vez que se comprobó que la tercera cumbre entre Kim Jong-un y Moon Jae-in fue exitosa, Pompeo reorganizó su visita que duró sólo 6 horas.

La delegación estadounidense aterrizó en Corea del Norte sin tener claro qué va a suceder, ni siquiera si Kim Jon-un recibiría al Secretario de Estado, afirma Kylie A. Twood, la única periodista estadounidense acreditada a acompañar a Pompeo en la visita y con la que 4Asia tuvo oportunidad de comunicarse. Twood sostiene que cuando el avión que traslasa por el mundo al Secretario de Estado tocaba tierra, los funcionarios norcoreanos comenzaron a dar a conocer lo que ocurriría en la visita. Pompeo salió del avión y Kim Yong Chol -ex ministro de seguridad ciber de Corea del Norte- comunicó que ni su traductor ni su escolta podría acompañarlos, mientras que Pompeo con una amable sonrisa intentaba no darle mucha importancia al asunto.

Las caravanas de coches mercedes negros esperaban a pies del avión para movilizar a los visitantes que fueron dirigidos hasta Peakhwawon, la casa de invitados que se suele usar para este tipo de reuniones. Twood la describe como un pequeño paraíso a las afueras de la capital en medio de un bosque idílico que consta de todos los lujos de un hotel de 5 estrellas, como pinturas enormes en marcos dorados, ostentosos muebles y múltiples salones. Mike Pompeo, Steve Beigun (encargado especial para las relaciones con Corea del Norte del Departamento de Estado), y Andy Kim (director del centro de Corea de la CIA) participaron en la reunión con el líder norcoreano, pero al traductor oficial estadounidense le fue negado el acceso. El encuentro, apuntó Twood, duró unas 2 horas, lo que es excepcionalmente largo para lo que Kim acostumbra.

Pero la mayor sorpresa llegó en el último minuto cuando a la delegación estadounidense se le informó de que el dictador norcoreano les acompañaría a comer.

Una vez más, a Pompeo se le indica el lugar exacto en el que debe pararse para esperar a Kim Jong-un, quien volverá a aparecer como una especie de rey por una puerta principal, relata Twood, quién además afirma que pasaron juntos unas tres horas y medias entre la reunión y la comida, en las que los altos funcionarios estadounidenses se dejaban sorprender por los norcoreanos. Pues en territorio norcoreano está claro que son ellos los que controlan y disponen, y así lo ha aceptado la Administración Trump, al menos de momento.

Es evidente que el régimen de Pyongyang quiere normalizar su relación con Estados Unidos y por extensión con el resto del mundo. Necesitan imperiosamente insertarse económicamente a la dinámica global. Y toda esta apertura es muestra de ello.

David Kang (director del Instituto de estudios coreanos de la Universidad del Sur de California) valora como muy positivo los avances que se han conseguido con Corea del Norte. Pone el énfasis en la Cumbre entre los dos líderes coreanos que tuvo lugar hace pocos días, y que prueba lo distendido de las relaciones entre ambos países, y a diferencia del discurso estadounidense el presidente Moon y Kim han dejado las expectativas en el hecho de estar de acuerdo en una desnuclearización, sin precisar cuándo tendrá lugar. Lo que ha resultado en la estabilización de la península coreana.

Victor Cha, uno de los expertos en el conflicto coreanos más respetados en Washington, coincide en que el acercamiento entre ambas Coreas parece real, y que los puntos cruciales de lo que han acordado favorece más a Pyongyang en cuanto a los proyectos económicos que fueron discutidos, que de llegar a ejecutarse se traducirán en prosperidad para Corea del Norte. Pero en cuanto a la desnuclearización no se ha avanzado ni un ápice.

Kim Jong-un quiere una buena relación con Washington que lleve a la Declaración de Paz, como un primer paso, que no es más que un formalismo que sostiene que la guerra ha terminado. Pero la declaración no es un tratado de paz, jurídicamente hablando. Un “tratado de paz” incluye a otros actores internacionales de relevancia como

Japón, Rusia y China y necesitaría en el caso de los Estados Unidos la aprobación del Senado. Pero, además, siguen estando las sanciones, y Corea del Norte ha sido sancionada por proliferación nuclear, con lo cual, la única manera de se dé un levantamiento de sanciones es que se pruebe que están desnuclearizados.

Pyongyang está jugando varias fichas a ver cuál le sale bien, pero es muy poco probable que acepten un proceso de desnuclearización. Pues en el fondo lo que Kim quiere es ser reconocido como potencia nuclear. Pero en este sentido la Administración Trump ha sido muy claro, la única vía es la desnuclearización de la península coreana.

naranja

Crimen y caos

El crimen del consulado de Estambul no sólo está suponiendo el revés más importante para la monarquía saudí en décadas, sino que puede acarrear un reajuste geoestratégico en la región con efectos negativos.

En primer lugar, que haya tenido lugar en Turquía y que este país se haya convertido, tal vez a su pesar, en el fiscal del caso plantea un problema y probablemente facilitará una salida no excesivamente traumática para Ryad. Turquía y Arabia Saudí son cautelosamente aliados. Les une su adscripción al sunismo islámico y su rechazo a una solución en Siria que pase por la supervivencia del régimen de Al Assad. Les separa la alianza de Ankara con Moscú que, a la vez, es un firme aliado del régimen sirio y de Irán, enemigo total, y bélico en Yemen, de los saudíes.

A la vez, la presión sobre los saudíes ha hecho reforzar sus lazos al eje sunní integrado básicamente por Bahrein, Jordania, Egipto y Arabia (Marruecos en segundo plano) que viven tratando de romper el crecimiento de la influencia y la presencia de Irán en toda la región. Debe añadirse que, aunque desde una discreción cada vez menor, nunca antes se había vivido un acercamiento como el actual entre Israel y el régimen saudí, amenazados ambos por Teherán.

Y, de fondo la presión de los medios de comunicación y la izquierda mundial que tratan de presentar a Arabia saudí como el gran Satán junto a su aliado EEUU. La satrapía saudí es hace tiempo el pretexto para encubrir los crímenes iraníes o justificar cierto terrorismo y es significativa la influencia de este clima de opinión en los gobiernos occidentales bienpensantes instalados en lo políticamente correcto en lo público y en la hipocresía y el realismo político en privado y en la práctica.

border

Rusia, al norte y al oeste de China

Una de las mas relevantes noticias de las últimas semanas fue la participación de China, con fuerzas militares, en las mayores maniobras del ejército ruso desde la posguerra mundial. Aparentemente, las relaciones ruso-chinas pasan por un buen momento: se han firmado convenios de suministro de energía, se han coordinado posiciones respecto a los signos de guerra comercial con Estados Unidos y Rusia ha apoyado, con perfil bajo, las distintas iniciativas y operaciones chinas respecto a la crisis con Corea del Norte.
Sin embargo, como en todas las relaciones entre países, conviene distinguir entre lo visible y lo real ente los intereses coyunturales y los profundos, y Rusia China son dos países demasiado veteranos en encuentros, desencuentros y disputas, tanto territoriales como de influencia, como para mantener alianzas a largo plazo. Por eso se siguen observando mientras se sonríen.
Así, mientras celebran su recobrada amistad, Rusia refuerza su influencia, ya importante, en Kazajistan, Kuirgistán y Tayikistan, repúblicas ex soviéticas que rodean la frontera occidental china, justo frente a la zona donde el islamismo está echando un pulso político al gobierno de Pekín.
China no debería, y en realidad no lo hace, (y, por cierto, especialmente no deberían EEUU y Europa) ser indiferente a esas iniciativas rusas en zonas en las que China quiere aumentar su influencia entre otras cosas con su proyecto de comunicación terrestre con Europa a través de la vieja Ruta de la Seda.
Rusia perdió, tras el desmoronamiento de la URSS, presencia política y militar, tanto en el Pacífico como en el Asia central, y Putin, que está fortaleciendo su Estado y su presencia global día a día, no puede abandonar esta zona estratégica para Moscú de los tiempos de los zares. Y en eso está.
La nueva geoestrategia crea múltiples frentes para cada país en un mundo que se ha hecho mucho más complejo. Y hay que analizar los escenarios principales y los secundarios a la hora de interpretar riesgos, amenazas y oportunidades, es decir, desventajas y ventajas de cada situación.
Las explicaciones simples conducen con frecuencia a errores y a perder de vista que la realidad es como es y no como nos gustaría que fuera, y si no se parte de la realidad no se toman decisiones eficaces. (Foto: Eul Mulot, Flickr.com)
Warning

INTERREGNUM: Pence advierte a Pekín. Fernando Delage

Una semana más, Washington ha seguido alimentando las tensiones con Pekín. Esta vez ha sido el vicepresidente, Mike Pence, quien en un discurso pronunciado en el Hudson Institute el pasado jueves acusó a China de recurrir a sus capacidades militares, sus espías, su poder económico y su aparato de propaganda para debilitar la posición global de Estados Unidos e interferir en su vida política interna. Estados Unidos, dijo Pence, miró durante mucho tiempo hacia otro lado. “Esos días se han acabado”, añadió.

El vicepresidente ha repetido pues las denuncias realizadas por Trump sólo unos días antes en las Naciones Unidas. Su mensaje es una nueva confirmación de un consenso norteamericano a favor de una política de confrontación con la República Popular. Según se ha filtrado a los medios, Washington planea una ofensiva en toda regla contra China, cuyos elementos se irán dando a conocer en los próximos meses. La percepción de Estados Unidos es que China es un rival implacable, decidido a dominar la economía mundial y las industrias tecnológicas. Pekín interpreta en consecuencia los movimientos de Trump como dirigidos a obstaculizar y frenar su ascenso como potencia.

Si hace sólo unos meses los dirigentes chinos podían aún mantener algunas dudas sobre las intenciones del presidente norteamericano, las últimas sanciones comerciales y la escalada retórica de Washington son vistas como anticipación de una relación competitiva en todas las esferas.

Dos asuntos que revelan ese giro son Taiwán y el mar de China Meridional. Pence denunció las maniobras chinas que han conducido a tres repúblicas latinoamericanas—Panamá, República Dominicana y El Salvador—a romper sus relaciones diplomáticas con Taipei para reconocer al gobierno de Pekín. Washington ha llamado incluso a consultas a sus embajadores en estos países, en un gesto sin precedente que revela su inquietud por la creciente influencia china lejos de Asia.

Por otra parte, el 29 de septiembre un destructor norteamericano, el USS Decatur, tuvo que desviar su curso de navegación para evitar el choque con un buque de la armada china que le acosaba en Gaven Reef, en el mar de China Meridional. El incidente es otra preocupante muestra del aumento de las tensiones bilaterales, al añadir la dimensión militar al conflicto comercial.

No es la primera vez que las fuerzas chinas intentan alejar a buques norteamericanos de aguas que considera pertenecientes a su soberanía, pero nunca se había estado tan cerca de una colisión: apenas 40 metros. La administración Trump ha anunciado que no abandonará—sino que por el contrario reforzará—sus operaciones de libertad de navegación en este espacio marítimo.

Pekín ha cancelado por su parte una reunión que debía celebrarse a finales de mes con el secretario de Defensa de Estados Unidos, Jim Mattis, y ha rechazado la petición de un buque de la marina norteamericana de hacer escala en Hong Kong. Cada nuevo incidente muestra la determinación con que actúa China, lo que a su vez afecta a la percepción de debilidad de Estados Unidos entre sus aliados en la región.

Trump no acudirá este año a las cumbres de APEC y de ASEAN+3, por lo que no podrá verse con su homólogo chino, Xi Jinping, hasta la cumbre del G20 en Buenos Aires el 30 de noviembre. Sólo un encuentro al máximo nivel permitiría un esfuerzo conjunto por reducir la tensión. Pero quizá ésta resulta inevitable ante el cambio que se ha producido en la distribución de poder entre ambos gigantes. (Foto: Brian Crawford, Flickr.com)

freedom

China and the seduction of Syracuse. Miguel Ors Villarejo

During the colloquium that closed the event ¿Planeta China?, one of the attendees raised the question whether the Western criticisms of the People’s Republic were the result of envy, because they had found a more efficient regime than our democracies. The question reveals an admiration for the dictatorships that many naive people believed eradicated after the fall of the Berlin Wall. However, it periodically regresses and even has a name: the seduction of Syracuse.

The expression was coined by Mark Lilla and it refers to the attempt to establish a government of philosopher kings in the Syracuse of Dionysius the Younger. Encouraged by an old student of his Academy, Plato moved to the island to see if the tyrant was a different kind of leader, willing to constrict his power to the limits of reason and justice. The experiment was a failure and, although Plato resigned as soon as he realized that his hiring had been a mere image operation, the episode has remained for posterity as the first documented example of the fascination that despots exercise in intellectuals.

The recent history of Europe is full of eminent figures who, unlike Plato, had no objection to serving modern Dionysus. “Their stories are infamous,” writes Lilla: “Martin Heidegger and Carl Schmitt in Nazi Germany; Georgy Lukács in Hungary; maybe someone else. Many, without taking great risks, adhered to the fascist and communist parties on both sides of the Berlin Wall […]. A surprisingly high number pilgrimed to the new Syracuses: Moscow, Berlin, Hanoi or Havana. As observers, they carefully choreographed their trips […], always with a round-trip ticket”, and explained to us their admiration for collective farms, tractor factories, sugarcane plantations or schools,” although for some reason they never visited prisons. “

As now happens with the propagandists of Maduro’s Venezuela, this type of thinker visits Siracusa especially with his imagination, standing behind the desk of the Complutense, while deploying his “interesting and sometimes brilliant theories” to justify the sufferings of people he will never look in the eye. At what point did it become acceptable to argue that despotism is “something good, even beautiful?”

In his essay, Lilla reviews different explanations. Isaiah Berlin blames the Enlightenment. The philosophes were convinced that social problems, like physics and mathematical ones, had one and only one solution, and their subsequent imitators were dedicated to hammer reality into it. Jacob Telman thinks, on the contrary, that communist or fascist fanaticism has little to do with reason and it is rather the fruit of the conversion of ideology into a new religion.

Raymond Aron, on the other hand, blames the arrogance of the academics, who, during the Dreyfus scandal, abandoned their natural environment (research) to teach their ignorant compatriots how to govern themselves. But Jürgen Habermas warns, with no little foundation, that this could be true in France, but that in Germany the opposite happened: the withdrawal of the academics to their ivory tower facilitated the rise of Hitler.

After this recapitulation, Lilla offers his own thesis and observes that the most striking thing about Dionysus is that he was a philosopher. As Plato teaches, curiosity supposes the overcoming of the animal condition and it is concreted in a desire to “procreate in the beautiful” that leads some to become poets and others to be interested in “the good order of cities and families”. It is a laudable impulse, but one that requires, like all, temperance. “The philosopher,” says Lilla, “knows the madness of love of wisdom, but cannot give away his soul; he always keeps control. “

Unfortunately, that is not always the case. Many intellectuals throw themselves into the arena “burned by ideas”. “They consider themselves independent, when, actually, they let themselves be led like sheep by their inner demons.” That is what the seduction of Syracuse consists of: in an inertia that drags you behind some ideal.

Resisting that attraction is not easy. The brilliant promises of utopia contrast with the grey spectacle of our imperfect democracies, subject to recurrent crises and incapable of reaching an equilibrium to all. We live in a constant yearning for the “good order of cities and families” and that anxiety makes us vulnerable to the charms of any unscrupulous individual.

What the success of China inspires to its critics it is not envy. It is fear. (Traducción: Isabel Gacho Carmona)

detour

INTERREGNUM: China: ¿influencia o interferencia? Fernando Delage

El lunes 24 de septiembre, como había anticipado, el presidente de Estados Unidos impuso nuevas tarifas a las exportaciones chinas por un valor de 200.000 millones de dólares. Dos días más tarde, Trump sorprendió a propios y extraños cuando, en una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas dedicada a la proliferación nuclear, acusó a China de interferencia en las elecciones al Congreso de Estados Unidos que se celebrarán el próximo mes de noviembre. “Es posible, añadiría el mismo día en una rueda de prensa, que [el presidente] Xi Jinping haya dejado de ser mi amigo”. Trump presume de ser el primer líder de su país en responder de manera directa al desafío económico e ideológico que representa China para sus intereses. Pero ¿podrá conseguir lo que se propone?

Acusar a China en público, y delante de su ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, también presente en la sesión del Consejo de Seguridad, revela la falta de tacto diplomático de la que el presidente norteamericano se siente tan orgulloso, así como su completa ignorancia sobre los patrones culturales y políticos chinos. La opinión pública china nunca permitirá a sus dirigentes una cesión a presiones formuladas de esta manera. Al elevar el nivel de la tensión bilateral, Trump está mostrando en realidad su propia vulnerabilidad.

El presidente ha acusado a China sin haber revelado ningún indicio, e intenta equipararla a una Rusia que evita denunciar, aunque sobre su interferencia de esta última en las elecciones de 2016 no hay ninguna duda. ¿Puede estar cerrándose el cerco de la investigación judicial sobre su relación con Moscú, y busca por ello una nueva maniobra de distracción? Descubrir que China tiene una estrategia dirigida a crear opinión a su favor en sociedades y sistemas políticos extranjeros no es ninguna novedad por otra parte. Australia es quizá el mejor ejemplo reciente en este sentido, y su gobierno se ha visto obligado a adoptar medidas legislativas al respecto. Pero las tácticas de Pekín se apoyan en instrumentos diferentes de la guerra híbrida mantenida por Putin y sus asesores. Influir en políticos, académicos y medios de comunicación, sí; interferir de manera directa en redes informáticas de organizaciones políticas y administraciones públicas para condicionar resultados electorales resulta más difícil de creer por parte china.

La acusación no sólo ayuda a desviar la atención con respecto a Rusia. Es, sobre todo, un mecanismo preventivo frente a la respuesta que cabe esperar de Pekín a las sanciones comerciales de Washington. China conoce a la perfección el mapa electoral norteamericano, y en qué Estados y en qué circunscripciones se concentran los votantes de Trump. Muchos de ellos, productores agrícolas, viven de sus exportaciones a la República Popular. Pekín adoptará sus medidas de represalia tras haber medido milimétricamente su impacto político en Estados Unidos. Se trata de la primera prueba electoral que afronta Trump desde su llegada a la Casa Blanca, y los resultados que obtengan los republicanos en noviembre servirán para valorar sus posibilidades de reelección en 2020.

Es previsible que un escenario de competencia entre ambos gigantes se haya consolidado para entonces. También podrá responderse de manera más clara a la pregunta de si la estrategia comercial de Trump ha funcionado, o ha sido China, más bien, quien ha continuado ampliando su margen de maniobra en una economía global más dependiente de ella. (Foto: Jon Colt, Flickr.com)

37301466001_e18bf6bebd_o

China y Corea en Nueva York. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Los discursos de los líderes en la Asamblea General de la Naciones Unidas son esperados para poder hacer las previsiones de lo que será la política exterior de las grandes potencias y se siguen con atención los de los dictadores del mundo, que nos dejan ver con sus ataques cuáles serán sus posibles líneas o aliados. Las alianzas entre las naciones democráticas suelen afianzarse, así como las de los países cuyos sistemas opresivos de gobierno se apoyan entre sí creando bloques contra occidente.

Este gran encuentro anual en la ONU se aprovecha también para llevar a cabo reuniones entre líderes, sus ministros de Exteriores, en afianzar acuerdos, presionar a aliados para avanzar alguna negociación. Así lo hizo Mike Pompeo, el secretario de Estado estadounidense, quién se reunió con su homólogo de Corea del Norte, Ri Jong-ho y con quién acordó que viajará a Pyongyang esta semana para avanzar las negociaciones y hacer una presentación formal del nuevo encargado designado por el Departamento de Estado para Corea del Norte. Según el propio Pompeo, seguirán presionando para la desnuclearización de la Península coreana.

La intervención de Trump era esperada, sobre todo después de que el año pasado llamara hombre cohete al tirano norcoreano y amenazara con acabar con él. Esta vez estuvo un poco más comedido, y con una actitud radicalmente opuesta hacia Kim Jon-un, al que se refirió como líder de Corea del Norte, dejó por sentado que después del gran encuentro en Singapur mantiene una relación con él, y que espera poder alcanzar una solución al viejo conflicto.

El presidente Trump, en ésta su segunda oportunidad frente a representantes del mundo afirmó su compromiso de “America First”, que en su interpretación pasa por proteger la soberanía estadounidense sobre la gobernanza global. Así como insistió en que Estados Unidos no le dirá a ninguna nación cómo deben vivir, trabajar o a cuál culto practicar, pero a cambio espera que respeten su soberanía. Remarcó los avances en las relaciones con Corea de Norte, y cómo los misiles y las pruebas nucleares se han parado, algunas de las instalaciones militares han sido desmanteladas, los rehenes estadounidenses han sido devueltos y los restos de los caídos en batalla ahora descansan en su patria.

Reconoció a Kim Jon-un por todos estos gestos mientras le mandaba un mensaje a sus aliados de la importancia de mantener intactas las sanciones hacia Pyongyang hasta que el proceso de desnuclearización finalice.

Y a pesar de su lista de avances, muchos analistas coinciden que Trump está premiando a Kim antes de tiempo, pues el proceso de desnuclearización -que fue lo que se planteó desde el primer momento- no ha tenido lugar, y no hay indicios de que Corea del Norte haya comenzado realmente tal proceso. Sin embargo, se debe reconocer que los pocos o muchos avances han traído a la mesa a un líder totalmente aislado, del que poco se conoce. Las sanciones han cumplido su cometido, pues tienen al régimen de Pyongyang asfixiado por lo que se han visto obligado a sentarse a hablar. Y a día de hoy por lo menos se han agotado las instancias diplomáticas, antes de llegar a un enfrentamiento bélico.

El otro punto clave del discurso del presidente Trump fue el comercio y los intercambios justos y recíprocos. Aquí hizo un ataque directo a China cuando afirmó que ha manipulado su moneda para ganar ventaja sobre los Estados Unidos. Bart Oosterveld (director de negociaciones globales del Atlantic Council) explicaba que las palabras de Trump en este sentido refuerzan el compromiso de esta Administración de interrumpir el curso que han llevado los intercambios comerciales hasta ahora, y la prueba es que han renegociado con Corea del Sur, los miembros, individualmente, de NAFTA y China. Pero a China también la culpó de estar interfiriendo en las próximas elecciones legislativas del 6 de noviembre, a la vez que sostenía que Xi Jinping es su amigo, como quien trata con poco tino de no ser tan directo.  Entre estas contradicciones a las que nos tiene acostumbrado, amenazaba con imponer más aranceles a las importaciones chinas.

El efecto secundario de acorralar a China con tantos aranceles, y peor aún hacer alarde de ello en un foro internacional, podría ser una respuesta no deseada a la situación de Corea del Norte. Hasta ahora Beijing ha mantenido las formas diplomáticas de cara a la galería, y en el último año ha jugado al rol de seudo- apoyo a Estados Unidos con las medidas y sanciones a Corea del Norte. Desde el inicio de las mejoras de las relaciones entre Washington y Pyongyang, Xi ha disminuido la presión y no está cumpliendo con las sanciones, pero desde la discreción. Si esta lucha entre Washington y Beijing se recrudece, la respuesta inmediata de China sería apoyar a Corea del Norte en desacatar las medidas internacionales y mucho de lo que se ha avanzado podría retroceder. Y todo con el florecimiento de China como potencia que ocupará el lugar de Estados Unidos.

Dolar2

¿Destronará el renminbi al dólar? Miguel Ors Villarejo

En 1965 Valéry Giscard d’Estaing se refirió a las ventajas que reportaba al dólar su condición de principal moneda de reserva mundial como un “privilegio exorbitante”. Al entonces ministro francés de Finanzas no le faltaban razones. “El turista americano que paga con dólares al taxista de Nueva Delhi se ahorra la molestia de cambiar su dinero”, escribe el catedrático de la Universidad de California Barry Eichengreen. Lo mismo pasa con los empresarios. Un fabricante alemán que paga a sus empleados y a sus proveedores en euros se encuentra con que en China únicamente le aceptan dólares, lo que lo obliga a convertirlos y pagar las comisiones correspondientes. El exportador estadounidense no tiene ese gasto. Finalmente, el banquero suizo que recibe depósitos en francos, pero realiza préstamos en dólares porque es la divisa que sus clientes desean, debe cubrirse ante una eventual oscilación de cotizaciones, lo que entraña comisiones.

Y esto no es todo. La demanda constante de dólares por parte de particulares, empresarios y financieros constituye un fabuloso negocio. “Cuesta unos pocos centavos […] imprimir un billete de 100 dólares, pero para comprarlo hay que aportar el equivalente a 100 dólares de verdad en bienes y servicios”, observa Eichengreen. Esa diferencia se llama señoreaje, un término cuya etimología evoca el derecho medieval del señor feudal a quedarse con una parte del metal empleado para acuñar cada pieza. El catedrático calcula que en el extranjero circulan unos 500.000 millones de dólares en billetes, a los que hay que sumar los seis billones de dólares en títulos del Tesoro que guardan en sus reservas los bancos centrales de todo el mundo. Gracias a este aluvión de liquidez, Estados Unidos ha podido mantener unos abultados déficits exteriores que en otros países habrían ocasionado una crisis de balanza de pagos y la salida desordenada de capitales.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos suponía casi el 50% de la economía planetaria. Era también el primer exportador y tenía, por tanto, todo el sentido operar con su divisa. Pero hoy el peso de Estados Unidos en el PIB mundial ronda el 22% y la UE y China ostentan una cuota mayor de las exportaciones. “Las ventajas [del dólar] se han ido reduciendo con el auge del euro y el renminbi”, observa el economista Jeffrey Sachs. Si a esta convergencia se suman las políticas populistas de Donald Trump, podríamos asistir a los últimos días del exorbitante privilegio. “¿Cuánto tiempo”, se pregunta, “pasará antes de que compañías y Gobiernos acudan a Shanghái en vez de a Wall Street a emitir sus bonos?”

“Es verdad que no hay monedas inexpugnables”, le responde el analista Colby Smith, “y los funcionarios chinos han echado el resto para internacionalizar el renminbi. En marzo, Pekín lanzó un contrato para futuros de petróleo que es un claro movimiento contra el petrodólar […] y ha adoptado medidas para abrir su mercado de deuda a los inversores foráneos”.

Pero para asaltar el trono de primera divisa internacional no basta con tener una economía grande y una firme voluntad política. Gary Richardson y Cathy Zang señalan que, antes de 1914, el dólar carecía de presencia internacional “a pesar del tamaño y el vigor” del aparato productivo estadounidense. No desbancó a la libra hasta los años 20, después de que la creación de la Reserva Federal estabilizara su cotización y redujera la volatilidad financiera. “La hegemonía monetaria depende de la fortaleza económica, la calidad institucional y la aplicación de las políticas adecuadas”.

Eichengreen señala que en la primera métrica (la fortaleza económica) Estados Unidos ha cedido terreno a sus dos seguidores inmediatos, China y la UE. Pero en las otras dos (calidad institucional y políticas) conserva un confortable margen. “El euro”, escribe, “es una moneda sin Estado”. Como puso de relieve la Gran Recesión, cada vez que ha saltado una alarma (Grecia, Irlanda, España, Italia), se ha producido una reacción escasamente coordinada, dominada por los intereses nacionales y el sálvese quien pueda. ¿Quién va a meter sus ahorros en una divisa que vive en el filo permanente de la histeria y la desintegración?

Con el renminbi pasa todo lo contrario: “Es una moneda con demasiado Estado”, dice Eichengreen.

“China tiene una economía pujante”, coincide Colby Smith, “pero su divisa no flota libremente, sus mercados financieros no están totalmente abiertos y su política monetaria dista mucho de ser predecible. El Partido Comunista puede imponer controles de capitales en cualquier momento”.

“El dólar tiene sus problemas, pero también sus rivales”, concluye Eichengreen. En su opinión, lo más probable es que evolucionemos hacia una hegemonía compartida. China desea, como es natural, que su divisa desempeñe un papel más relevante, pero “no tiene interés en destronar al dólar. Al revés, ha invertido mucho en el billete verde”: es el primer tenedor extranjero de bonos del Tesoro.

El peor enemigo de Estados Unidos es Estados Unidos. Si al final se queda sin el exorbitante privilegio será, como apunta Sachs, más por la mala cabeza de Donald Trump que por la buena de Xi Jinping. “El colapso del dólar no es imposible”, advierte Eichengreen, “pero solo si nos lo trabajamos. Los chinos no lo van a hacer por nosotros”. (Foto: Shai Barzilay, Flickr.com)

Rutaseda1

INTERREGNUM: Cinco años de Ruta de la Seda. Fernando Delage

Se han cumplido estos días cinco años del anuncio por parte del presidente chino, Xi Jinping, de la Nueva Ruta de la Seda. Nadie pudo entonces imaginar que aquella propuesta, realizada en un discurso pronunciado en la capital de Kazajstán durante una gira por Asia central, iba a convertirse en la iniciativa más importante de su mandato, y en el elemento central de su política exterior. Que fuera incluso recogida en los estatutos del Partido Comunista, con ocasión del XIX Congreso en octubre del pasado año, da idea del espacio que ocupa en la agenda de los dirigentes chinos.

El proyecto nació sin una definición de sus límites geográficos y sin ninguna forma institucional. Carece asimismo de indicadores cuantificables que permitan medir su grado de realización. Si en un primer momento Xi se refirió a Asia central  y a la periferia marítima china como objeto del programa, posteriormente éste se ha ampliado a África, América Latina, el Pacífico Sur y hasta el Ártico. La ausencia de unas reglas comunes para todos los participantes significa que Pekín negocia de manera bilateral con cada uno de ellos. Es por tanto un proceso abierto y flexible, en el que catalizan las prioridades chinas con respecto a su economía—encontrar nuevos motores de crecimiento—y a su seguridad: reducir los riesgos de vulnerabilidad y minimizar la capacidad de Estados Unidos y de sus aliados de obstaculizar su ascenso como gran potencia.

Si hay que resumir los fines de la Ruta, quizá éstos dos sean los esenciales: es un medio, primero, para que China pueda convertirse en un igual de Estados Unidos en la definición de las reglas y las instituciones globales; y, segundo, para hacer de una Eurasia integrada el nuevo centro de la economía mundial, sustituyendo al eje euroatlántico. El alcance de las ambiciones chinas afecta de manera directa a los equilibrios geoeconómicos y geopolíticos de las últimas décadas, y la Ruta de la Seda se ha convertido en consecuencia en una de las causas fundamentales de los reajustes estratégicos de las principales potencias.

De sus profundas reservas hacia la iniciativa en un primer momento, Japón ha pasado a apoyar la participación de sus empresas privadas, aunque también ha construido alternativas, como la propuesta de financiación de Infraestructuras de Calidad en Asia, o el Área de Crecimiento Asia-África, formulada de manera conjunta con India. Esta última, el vecino de China en mayor grado opuesto a la Ruta de la Seda, tiene que compaginar el deseo de evitar sus implicaciones geopolíticas—una mayor proyección política de Pekín en el subcontinente—con la necesidades de atraer inversión extranjera y desarrollar las infraestructuras que resuelvan sus problemas de interconectividad. Rusia no puede por su parte mantenerse al margen de una iniciativa que incrementará, a su costa, la dependencia de China de las repúblicas centroasiáticas.

Estados Unidos ha tardado en reaccionar. La alternativa al proyecto chino es la “estrategia Indo-Pacífico”, a la que se aportan reducidos recursos financieros para hacer mayor hincapié en la formación de un bloque de contraequilibrio, el denominado “Cuarteto” constituido por Estados Unidos, India, Japón y Australia. Su cohesión plantea sin embargo numerosas dudas al no ser siempre coincidentes los intereses de sus gobiernos con respecto a Pekín.

La Ruta de la Seda supone asimismo un relevante desafío para Europa. La reconfiguración de Eurasia que se persigue puede condicionar en gran medida el papel internacional de la Unión Europea en el futuro, aunque al mismo tiempo le ofrece nuevas oportunidades económicas. Cinco años después del discurso de Xi, Bruselas ha dado por fin forma a una respuesta, según anunció la semana pasada la Alta Representante, Federica Mogherini. Funcionarios de la UE han estado trabajando durante meses en una estrategia de interconectividad en Eurasia que identifica los intereses europeos y sus objetivos fundamentales. Hay que esperar que, además de esa descripción, existan los medios e instrumentos para pasar a la acción. Pero para conocerlos habrá que esperar al Consejo Europeo que, en octubre, aprobará oficialmente el documento.