Entradas

lego bri

INTERREGNUM: Ruta de la Seda 2.0. Fernando Delage

Se celebra esta semana en Pekín la segunda cumbre de la Ruta de la Seda (BRI en sus siglas en inglés). Dos años después del primer encuentro, cuatro después de la presentación del Plan de Acción de la iniciativa, y casi seis después de su anuncio por el presidente chino, el proyecto avanza en su desarrollo, desafiando a los escépticos. Las críticas sobre la falta de transparencia del programa, los riesgos medioambientales y laborales que está ocasionando, o la sostenibilidad de la deuda en que incurren los países participantes son probablemente acertadas, pero es innegable que China ha aprendido en este tiempo de sus errores.

En su intervención ante una cumbre que marcará una nueva etapa en la iniciativa, Xi Jinping intentará despejar los temores de quienes se oponen a la misma y anunciará posibles reajustes en una idea que si se caracteriza por algo es por su flexibilidad. La mejor manera de valorar BRI consiste por tanto en analizar cada proyecto concreto sobre la base de sus propios méritos. Algunos responden a claras motivaciones estratégicas y carecen de toda lógica económica; en otros prevalece en cambio la búsqueda de rentabilidad comercial e inversora a medio-largo plazo. Pero en todos ellos Pekín cuenta con el margen de maniobra que le proporciona su método de funcionamiento: pese a la retórica multilateral que le acompaña, BRI es en realidad una red de acuerdos bilaterales.

Lo que guía a los dirigentes chinos es el imperativo del crecimiento económico que asegure la estabilidad social y política interna. Tras 40 años de rápido desarrollo, su mantenimiento es un objetivo que requiere reorganizar Asia—mediante la integración del espacio euroasiático—e, incluso, la economía global. De ahí la preocupación de las grandes potencias por las implicaciones estratégicas de BRI, como ha vuelto a ponerse de relieve con ocasión de la segunda cumbre.

Estados Unidos, India, Japón y Australia han intentado dar forma a una estrategia “Indo-Pacífico” como modelo alternativo a la Ruta de la Seda y al acercamiento entre Moscú y Pekín, pero la divergencia de enfoques entre sus miembros complica su realización. Washington, que no enviará a ningún alto cargo a Pekín, ha impulsado nuevos instrumentos—como la BUILD Act y un nuevo fondo de financiación de infraestructuras dotado con 60.000 millones de dólares—cuya operatividad es aún discutible. Su aproximación unilateral no conduce por lo demás sino a profundizar en su aislamiento diplomático. India no asistió a la primera cumbre y tampoco lo hará a ésta, reiterando así su oposición a una iniciativa que en buena medida depende de ella. Por su tamaño y ubicación—India es el elemento fundamental que une los dos ejes de BRI, el continental y el marítimo—Pekín es consciente de que la hostilidad de Delhi puede hacer inviable el proyecto.

Sin sumarse tampoco a la Ruta de la Seda de manera oficial, pero permitiendo la participación de su sector privado, Japón es quizá quien ha articulado la estrategia más eficaz. En cuantos foros multilaterales participa—G7, G20, APEC o la Cumbre de Asia Oriental—Tokio está promoviendo el concepto de “infraestructuras de calidad”, con el fin de establecer unos principios comunes—transparencia, límites al volumen de deuda, impacto social y medioambiental, y coherencia con la estrategia de desarrollo de los países receptores, entre otros—que ponen en evidencia la debilidad de las prácticas chinas. Al mismo tiempo, Japón se está asociando con otros países, China incluida, para promover la financiación de infraestructuras en el mundo en desarrollo. Su no participación en BRI, no significa que Tokio no quiera dialogar con Pekín al respecto.

Sin abandonar su inquietud por el ascenso de China, los movimientos de Japón suponen un reconocimiento del sinsentido de pretender quitarle a un gigante como la República Popular su espacio, en unas circunstancias en que aumentan además las dudas sobre la posición de Estados Unidos en la región. A ningún país asiático beneficia un continente dividido en dos, ni en Eurasia ni en el Indo-Pacífico. Tampoco a ese tercero—la Unión Europea—cuyo futuro está también sujeto a la evolución del tablero económico y geopolítico asiático. (Foto: Kostas Mylonas)

evento carla flores

EVENTO: La potencia económica de China en la geopolítica actual. Carla Flores

Cuando hablamos de geopolítica, pocas cosas pueden atraer más la atención que el retorno de China a la primera línea mundial. La potencia asiática vuelve a ocupar un asiento que, si bien dejó vacante en el siglo XIX, tras el avance de las potencias occidentales debido a la revolución industrial, ha considerado como propio a lo largo de su dilatada historia.

El Foro de Economía Progresista y Cátedra China organizaron el pasado 2 de abril, en el Espacio Ecooo de Madrid, un evento para analizar las causas que han vuelto a hacer de China un actor de máxima relevancia. José Sanroma moderó un debate que contó con la presencia de Gloria Claudio, Marcelo Muñoz y Águeda Parra, y que se centró principalmente en la economía, la política y la iniciativa “La Franja y La Ruta”.

Desde el punto de vista económico, Gloria Claudio, Doctora en Economía y profesora titular de la Universidad Francisco de Vitoria, resaltó la importancia de la instauración llevada a cabo por Deng Xiaoping de una economía de mercado y de la apertura al comercio exterior. En 1820, China representaba el 33% del PIB mundial, pasando a sólo el 5% en 1978, año en el que Deng Xiaoping llegaba a la presidencia. Las reformas fueron graduales, siendo el sistema bancario y el comercio exterior ejemplos de los sectores más intervenidos. En 2001, China ingresa en la OMC y, en 2009, se convierte en el máximo exportador del mundo.

Marcelo Muñoz, presidente de Cátedra China, considera que tres son las claves políticas para entender el enorme salto que ha experimentado China en los últimos 40 años, pese a la lucha interna entre la facción reformista y contrarreformista. En primer lugar, la construcción de un socialismo con características chinas; un estado de bienestar que prima la educación de los jóvenes y la investigación. En segundo lugar, la planificación y la mentalidad largoplacista. En tercer lugar, los centros de formación y los think tanks, siendo el del Partido Comunista de China el de mayor relevancia de estos últimos.

Por último, Águeda Parra, ingeniera de telecomunicaciones y sinóloga, habló sobre la iniciativa “La Franja y La Ruta”, que pretende conectar Oriente y Occidente, englobando el 35% del comercio mundial, el 55% del PIB mundial y en torno al 70% de la población del globo. Para ello, China ha creado el Fondo de la Ruta de la Seda, el Nuevo Banco de Desarrollo y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, instituciones que buscan otorgar mejores líneas crediticias frente a los tradicionales organismos internacionales.

hanoi girl

La alianza Hanoi – Washington, un modelo en alza. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Después de más de cuatro décadas del final de la Guerra de Vietnam, y en contra de lo que suele suceder entre países que han peleado en bandos opuestos, las relaciones de Estados Unidos y Vietnam han evolucionado sorpresivamente. Hoy son aliados en la región del Pacífico, con una amplia cooperación en materia de seguridad que no ha hecho más que crecer y fortalecerse en los últimos años.

La historia de Vietnam está marcada por sus etapas coloniales. Fueron parte de la China imperial hasta 939 donde crearon su propio estado. Luego, los franceses, en la mitad del siglo XIX, colonizaron la península Indochina hasta 1954. Los japoneses también intentaron colonizar a los vietnamitas para evitar la incursión de los Estados Unidos, durante la II Guerra Mundial. Todo ello dejó a Vietnam dividida políticamente en dos estados rivales, lo que acabo en la guerra que ganó el norte, y que unificó al país bajo un régimen comunista que permaneció cerrado hasta 1986, momento en que se iniciaron reformas políticas y económicas.

Las favorables reformas dieron como resultado el empuje económico de Vietnam, que ha venido ocupando un lugar muy positivo de crecimiento económico desde el 2010 y que lo sitúa entre los más alto del mundo. En 2007 el país ingresó en la Organización Mundial del Comercial.

Las relaciones entre Washington y Hanoi se normalizaron formalmente en 1995. Y desde entonces se han basado en el respeto profundo. Vietnam y su peculiar sistema comunista, que gracias a su apertura le ha permitido convertirse en una nación con un notable desarrollo económico en la región. Y Estados Unidos ha invertido millones de dólares por su parte, para mitigar el cambio climático allí, por su alto nivel de vulnerabilidad.

Randall G. Schiver -subsecretario de Defensa para asuntos de Seguridad en el Indo-Pacífico-, apunta que la importancia de Vietnam para los Estados Unidos queda clara con las visitas de oficiales de la Administración Trump. Trump ha estado dos veces desde que tomó la presidencia. El secretario de la Defensa Mattis visitó Vietnam dos veces durante el mismo año -2018-, lo que es prueba la solidez de las relaciones en materia de defensa entre ambas naciones.

“Las relaciones están basadas en un interés común que compartimos” remarcó Schiver en un foro sobre las relaciones bilaterales a mediados de la semana pasada en Washington. Creemos que cada nación en la región debe determinar el camino que desean seguir, incluso los países más pequeños tienen el derecho de decidir su futuro sin la influencia de los países poderosos, es decir, su soberanía, libertad y prosperidad”. Subrayó el peligro que representa China para el sureste asiático, con especial énfasis en el mar del sur de China, donde se han cometido atrocidades ambientales para reclamar soberanía, entre otras muchas irregularidades.

Así mismo, el embajador vietnamita en Washington -HA Kim Ngoc- en este mismo foro, afirmó que las relaciones entre ambas naciones son realmente amplias, partiendo del mantenimiento de la paz en la región, que es una prioridad. Pero también lo es la navegación libre por el Pacífico. O el rol de la ASEAN, o la desnuclearización de la península coreana. Afirmó que, a pesar de no compartir ni historia, ni ideología, han podido elevar la cooperación a un punto de alianza estratégica.

El protagonismo de Vietnam ha ido también aumentando progresivamente. Lo prueba el hecho de que fue el lugar elegido por la Casa Blanca para la segunda cumbre entre Trump y Kim Jong-un. En ese encuentro, Vietnam aprovechó para mostrar su desarrollo, su apertura y disposición para servir de mediadores internacionales. Especialmente con Corea del Norte, con el que comparten un sistema comunista similar. En este momento, Hanoi está promoviendo activamente el encuentro de la ASEAN 2020, que se llevará a cabo en Vietnam y en el que además asumirá la presidencia. Otro elemento clave para la región, pues ASEAN tiene un rol predominante en la zona.

Mientras que Estados Unidos representa el modelo capitalista más dinámico y poderoso, han podido establecer una relación bilateral con Vietnam en la que el apoyo es mutuo y el respeto es la clave. No se cuestionan las diferencias ideológicas, a pesar de ser profundas. Es un gran ejemplo a seguir para muchas otras naciones, en el que la cooperación debe ser estratégica sin pretensiones autoritarias.

ascenso

El ascenso de China: entre la geografía y el discurso. Isabel Gacho Carmona

La geopolítica clásica trata de explicar los fenómenos políticos basándose casi exclusivamente en los accidentes geográficos. Muchos autores actuales siguen esta línea y, aunque suelen intentar desnatar su determinismo geográfico hablando de determinismo probabilístico, lo cierto es que el peso que le otorgan a la geografía es desmedido.

A comienzos del siglo pasado el geógrafo ingles Mackinder revolucionaba la geopolítica siendo el primero en ofrecer una visión universal e integrada. En su tesis más famosa establecía Eurasia como el centro del mundo o Isla Mundial y en el corazón de esta estaría el Heartland, un área a caballo entre Europa oriental y Asia central que significaría la llave del poder mundial. De esta manera, si Eurasia representa el centro geoestratégico del mundo, China cuenta con una situación geográfica privilegiada para alzarse como gran potencia: “Si los chinos (…) llegaran a vencer al Imperio ruso y conquistar sus territorios, podrían representar un peligro amarillo para la libertad del mundo, simplemente porque añadirían un frente oceánico a los recursos del gran continente, ventajas de las que no han podido gozar todavía los rusos”.

Esta manera simplista de entender la potencia del poder chino sigue muy presente entre realistas y neorrealistas. Sin ir más lejos, Kaplan, uno de los analistas geopolíticos más influyentes del momento, analiza el ascenso chino examinando la realidad actual a través de la tesis del geógrafo inglés: “Dejemos a un lado el inherente sentimiento racista de la época, así como el ataque de histeria con que se recibe el auge de cualquier potencia que no sea occidental y concentrémonos en cambio en el análisis de Mackinder”. China no es exclusivamente un poder continental, ya que no solo se extiende hasta el núcleo estratégico centroasiático, donde abundan los hidrocarburos, sino hasta las rutas marítimas del Pacífico, donde goza de 14.500 kilómetros de costa con numerosos puertos naturales de aguas templadas. La geografía la situaría en una posición privilegiada respecto a Rusia, por supuesto, pero también frente a otras potencias como Brasil, que “ofrece menos ventajas. Se encuentra aislada en Sudamérica apartada de las masas continentales”.

La situación geográfica privilegiada de China no es nueva, entonces ¿Cómo explicamos, por ejemplo, el siglo de las humillaciones? Solo la geografía no basta. Frente al determinismo de la geopolítica clásica, hay otra manera de analizar las dinámicas de poder mundiales. A finales de los 80 surgió una nueva corriente: la geopolítica crítica. Esta otra manera de entender la geopolítica pone el acento en la concepción que las élites y las poblaciones tienen de la realidad. Para esta corriente de corte constructivista, los discursos, las ideas, la manera de proyectar los mapas… son de vital importancia para comprender el contexto y las pugnas por el poder. Para entender el ascenso de China desde este prisma, Agnew, uno de los creadores de la geopolítica crítica, trata de ofrecer un contrapunto a clásicos como Mackinder o Kaplan analizando los discursos en torno a China creados en oriente y occidente. Se trata de analizar cómo las premisas geopolíticas calan y dan forma al entendimiento del mundo.

De esta manera, la visión de Mackinder y Kaplan no sería más que una manera de verlo. Estarían enmarcadas en un discurso occidental con una concepción estatista y lineal de la historia basada en la lucha por la supremacía, según el cual China estaría reemergiendo, sería otra gran potencia en una sucesión de ellas. Este discurso explica la ansiedad y el miedo que causa entre los analistas occidentales el ascenso de China, desde el peligro amarillo de Mackinder hasta metáforas actuales como el despertar del dragón chino.

Sin embargo, una historia completamente diferente puede ser contada. La geografía es la misma para todos, pero la importancia que le damos y el discurso que creamos a partir de ella puede llegar a ser más importante. Precisamente el aislamiento físico del pueblo chino (el Himalaya al sur, el desierto del Gobi al norte, el Pacífico al este y las montañas Tian Shan y el desierto Taklamakán al oeste) favoreció la creación de una sensación de unicidad y un discurso propio acerca de su propia realidad y la del mundo.

Aunque el siglo de las humillaciones, con el cambio en el imaginario que supuso pasar de ser el centro del mundo a un jugador secundario, y el ascenso del comunismo de Mao, con su antitradicionalismo, fueron puntos de inflexión en su discurso milenario, se puede decir que existe una cosmología sinocéntrica que ha dado forma a la visión que tienen los chinos sobre sí mismos y sobre el mundo. China, como centro de la civilización rodeada de una periferia de bárbaros, eso sí basada en preservar la armonía y codificada por el confucianismo. Estas ideas han vuelto a un primer plano: fueron rescatadas en la época de Deng con los cinco pilares de coexistencia pacífica de Zhou Enlai.

No existe una sola concepción del papel de China como potencia emergente y la geografía en sí misma no es la respuesta, sino la base sobre la que se asientan los discursos. La situación actual es que China se tiene que adaptar a un mundo que no ha diseñado y que la ve como una amenaza. Un mundo que, además, es muy diferente de otras épocas de sucesión de potencias hegemónicas y en el que las visiones occidental y sinocéntrica ni siquiera son las únicas. La geografía reparte las cartas, pero no es tanto lo que tengas en la mano sino como te proyectas y como te perciben. La geopolítica se parece más al mus que a las siete y media. (Foto: Julio Sabina)

jerusalen

Moscú, Jerusalén y más.

El acercamiento, cauteloso y con desconfianza pero acercamiento al fin y al cabo, entre Rusia e Israel reflejan con toda claridad el error estratégico de Estados Unidos con su renuncia a encabezar el protagonismo occidental en Oriente Medio iniciada por Obama y continuada por Trump. Este pasado fin de semana, Netanyahu y Putin han pactado que Israel no pondrá ningún reparo a la ocupación de hecho de Siria por parte de Rusia y la contención, por parte de Moscú de Irán, aunque Putin aceptará, también de hecho, ataques israelíes a fuerzas iraníes si éstas traspasan los límites que Rusia tratará de imponer.

“Dejé bien en claro que no permitiremos un atrincheramiento militar iraní y que continuaremos actuando militarmente contra él”, dijo el primer ministro israelí tras la reunión. “La idea es crear un organismo de trabajo que maneje la normalización final después de que los últimos focos de terrorismo sean sometidos, involucrando a todos los interesados: el liderazgo de la República Árabe Siria, tal vez la oposición, otros países de la región y todas las partes involucradas en este conflicto”, precisó. Y añadió, confirmando la aceptación del proyecto ruso de arbitrar la situación manteniéndose firme en la zona: “Entre otras cosas, se trataría de la plena restauración del Estado sirio, con su integridad territorial intacta”, de lo cual “hemos hablado durante mucho tiempo y es totalmente consistente con la posición rusa”.

Así pues, Rusia será la protagonista del realineamiento estratégico en el que Israel tratará de encontrar un doble escudo: conseguir cierta protección de Moscú y, a la vez, reforzar su capacidad de disuasión con su fuerza militar frente al bloque chíi de Irán y Hizbullah.

Pero no hay que olvidar que hay otro campo, el sunní, aglutinado bajo el liderazgo saudí por la amenaza iraní que mira hacia Estados Unidos y con quienes Israel mantiene relaciones cada vez más públicas.

Esas son las piezas que Estados Unidos parece no saber encajar en un solo tablero. (Foto: Edgardo W. Olivera)

hanoikimtrump

Cumbre de Hanoi: ¿Marcha atrás? Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La cumbre en Hanoi prometía avances reales. Sin embargo, Trump decidió acortar el tiempo y, abruptamente, se levantó de la mesa de negociaciones. Ahora bien, ¿qué es lo que realmente sucedió? ¿Se puede interpretar ese cambio repentino de actitud como negativo?

Trump lo anunció antes de subirse al avión con destino a Vietnam. Su Administración, a través de diferentes portavoces desde que culminó la primera cumbre en Singapur, manifestaron que el siguiente paso era acordar la desnuclearización de la península coreana. Tanto el Secretario de Estado -Mike Pompeo- como el encargado especial de la Administración Trump para Corea del Norte -Steven Biegun- han sostenido reuniones en pro de ese avance desde finales del verano pasado. Por lo tanto, Trump hizo exactamente lo que debía haber hecho un jefe de Estado al que llegado al momento más álgido de la negociación le quieren tomar el pelo.

Una segunda Cumbre era un riesgo en sí misma. Pero un riesgo para Estados Unidos. Pues una vez más Washington legitimaba a Kim Jong-un como líder. Además, se podría haber evitado un riesgo innecesario, pues se pudieron haber mantenido las conversaciones de alto nivel a dos bandas, sin tener que haber hecho el show mediático. Sin embargo, ese es Trump, un “showman” que necesita las cámaras y las ceremonias para vanagloriarse.

Pero en defensa de Trump hay que decir que su salida de la reunión lo dejan mejor parado de lo que estamos acostumbrados. Pues fue él quien se retiró ante las exigencias de Kim de que fueran levantadas todas las sanciones. Objetivamente, el levantamiento de algunas sanciones podría ser negociable, pero no el levantamiento total de las sanciones, pues la razón por la que esas sanciones han sido impuestas siguen estando presentes.

Kim pudo haber intentado un movimiento más diplomático. Sin embargo, optó por mantener una postura intransigente, a lo que nos tiene acostumbrados. A Estados Unidos no le conviene levantar sanciones a Pyongyang, pero tampoco le conviene al mundo, pues ellos siguen representando un gran riesgo para la región y la paz mundial. Y como si eso fuera poco, de hacerlo se marcaría un precedente de falta de seriedad y rigurosidad ante la seriedad de este inminente peligro. Nada conveniente, por otra parte.

Es posible que Trump hubiera debido ir a Hanoi teniendo la seguridad de que Kim firmaría la desnuclarización, pero eso tampoco hubiera sido una garantía de que sucediera, pues Kim Jong-un, como su padre y su abuelo, ha operado bajo la mentira y la instigación del miedo desde el momento que se instaló en el poder.

Lo positivo de la Cumbre es que Trump dejó abierta la puerta. En todo momento mostró su lado amable al referirse a Kim durante las preguntas atentas de los periodistas a su salida. Lo que es un gran indicativo de que no hubo arrebatos o malos momentos durante el encuentro. Trump insistió en su amistad con el líder norcoreano enviando un claro mensaje. En otras palabras, si es bajo nuestros términos habrá negociación, habrá acuerdo y habrá levantamiento de sanciones progresivamente.

Además, hay que remarcar que incluso de haber habido un acuerdo para desnuclearizar la península coreana, es muy poco probable que Washington hubiera podido levantar las sanciones completamente, pues ejecutar un proceso real de desnuclearización total llevaría unos años. Y, una vez completado, requeriría inspecciones de expertos y agencias internacionales, entre otros protocolos que son realmente complejos y materialmente consumen mucho tiempo.

El hecho de que el lugar escogido fuera Vietnam, un país comunista que, con su política de apertura ha convertido la nación en un notable ejemplo de desarrollo económico en la región, envió desde el primer momento un mensaje directo a Pyongyang. Además de ser un país cercano ideológicamente a Corea del Norte, Kim tiene relación con su gobierno, y pudo constatar de primera mano los efectos positivos de abrirse al mundo. Además, Trump le recordó en varias ocasiones lo que podía esperarle a Corea del Norte de abrir sus fronteras y cerrar su carrera nuclear. Un desarrollo que hoy sigue esperando su momento para llegar.

cumbres

Europa, cumbre a cumbre

Dos cumbres europeas en la última semana, en Varsovia y Munich, han marcado el terreno de los límites de la política exterior de la Unión Europea, la alianza trasatlántica con Estados Unidos y la recomposición estratégica de Asia Central y Oriente Próximo. Dos cumbres de importancia que no deben quedar fuera de la lupa de los observadores de la escena internacional.

Por un lado, en Varsovia, se ha evidenciado un cambio de enorme profundidad y relevancia en la política exterior de países árabes como los Emiratos y Arabia Saudí que es la aceptación cada vez más clara, pasando del secreto a la discreción y haciendo ya los primeros actos públicos, de Israel como Estado y de acercamiento entre sus políticas exteriores. Este cambio, catalizado por los avances de Irán, que amenazan tanto a Israel como al Islam sunní y a los países que lo sustentan, puede provocar una recomposición de alianzas en toda la región, sin olvidar la alianza discreta de Egipto con Israel en asuntos de seguridad frente a un terrorismo, paradójicamente sunní pero alentado por Irán, que desafía a ambas naciones.

La prueba de lo que este cambio significa está en las reacciones de Hamás (sunníes palestinos con apoyo financiero de Irán) y de Hizbullah (chíies libaneses con apoyo financiero y militar de Irán, desplegados también en Siria en apoyo de Al-Assad) que han denunciado la “debilidad” de países árabes al aceptar “al sionismo”.

Y la otra cumbre, en Munich, específicamente convocada para hablar de seguridad y con asistencia protagonista de Estados Unidos, ha sentido los ecos de Varsovia y el protagonismo iraní. Trump defiende que la UE se alinee claramente con Estados Unidos y rompa el acuerdo que el propio Obama firmó con Teherán sobre la contención nuclear. Esto, que es una proyección del acercamiento árabe israelí y un deseo de aislamiento de Irán, es rechazado por Alemania que ha sugerido una propuesta a China para que se sume al acuerdo actual.

Europa necesita una política exterior propia sin poner en riesgo las relaciones con Estados Unidos. Y esto es lo que no acaba diseñarse por la diferencia de intereses nacionales, viejos prejuicios, los errores proteccionistas de Trump y la presión de Putin en el Báltico intentando abrir más las contracciones entre Bruselas y Washington. Pero es indudable que la UE ha puesto el asunto en su agenda, lo cual es ya un avance.

kimtrump2

INTERREGNUM: Trump, Kim y los aliados. Fernando Delage

A finales de este mes, posiblemente en Vietnam, el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, celebrarán un segundo encuentro. Una nueva reunión a este nivel puede servir, como la reunión de junio en Singapur, para crear una aparente dinámica de estabilidad entre ambas naciones, y por tanto en la región. Sin embargo, ni resolverá el problema de fondo—Kim no va a renunciar a sus capacidades nucleares—ni tranquilizará a los aliados de Estados Unidos, con cuyos intereses Washington no parece contar.

Así ocurre con Corea del Sur estos últimos días. El 31 de diciembre venció el acuerdo entre ambos socios sobre la financiación de la alianza; unas condiciones que se han actualizado cada cinco años desde 1991. Según diversas fuentes, la Casa Blanca exige a Seúl un aumento de su contribución del orden del 50 por cien, una demanda que ningún gobierno surcoreano—menos aún uno de izquierdas como el actual—podría aceptar. A medida que pasen las semanas sin un entendimiento, aumentan las posibilidades—se temen numerosos analistas—de que Trump pueda ofrecer a Kim alguna concesión con respecto a la alianza. Quizá no fue casualidad que la dimisión de James Mattis como secretario de Defensa se anunciara tras concluir la última ronda de conversaciones con Corea del Sur, como tampoco lo es que Trump haya vuelto al ataque en Twitter sobre cómo la seguridad de sus prósperos aliados está subvencionada por los contribuyentes norteamericanos. La retirada de Siria y Afganistán indica que la hostilidad del presidente hacia las alianzas no es mera retórica.

Dividir a Estados Unidos y Corea del Sur es por supuesto un elemento central de la estrategia de Pyongyang. Y es un objetivo detrás del precio que Kim puede pedir—en forma de retirada de los soldados norteamericanos del Sur de la península—para ofrecer a la Casa Blanca no el abandono de sus instalaciones nucleares, pero sí el fin del desarrollo de misiles intercontinentales, la prioridad más inmediata para la administración Trump. Las recientes declaraciones del secretario de Estado, Mike Pompeo, a Fox News, en el sentido de que lo primero es la seguridad del territorio de Estados Unidos han sido por ello un jarro de agua fría para Seúl, y un motivo de satisfacción para Corea del Norte.

Es mucho en consecuencia lo que está en juego en este segundo encuentro. Trump busca el mayor triunfo en política exterior de su presidencia, para poder utilizarlo de cara a su reelección. Pero puede poner también en marcha un desastre estratégico a largo plazo para la seguridad de Corea del Sur, para la de otros aliados—como Japón—y en realidad para los propios Estados Unidos. Si Washington pierde Seúl, perderá la península y el noreste asiático en su conjunto. Kim habrá ganado una partida, pero no final: quizá Corea del Sur tendrá que plantearse su nuclearización, aunque el juego quedará en buena medida en manos de China, que observa con deleite cómo esta Casa Blanca deshace sistemáticamente los pilares del poder norteamericano en Asia. (Foto: Matt Brown)

military coop

INTERREGNUM: Dos conceptos de Eurasia. Fernando Delage

Hace ahora un año, la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, la primera de la administración Trump, definió a China y Rusia como potencias revisionistas, inclinadas a desafiar los intereses y los valores norteamericanos. Cada una de ellas lo hace de distinta manera: Moscú busca debilitar el eje euroatlántico y reconfigurar la arquitectura de seguridad del Viejo Continente; Pekín quiere restaurar su posición central en Asia, lo que resulta incompatible con la primacía mantenida por Washington durante 70 años. Pero el resultado es que Estados Unidos se encuentra enfrentado simultáneamente a dos rivales, causa a su vez de la creciente aproximación entre ambos.

El alcance de la convergencia que se ha producido entre China y Rusia desde la crisis de Ucrania es objeto de un polarizado debate. Para unos observadores siguen siendo meros socios de conveniencia: pese a compartir una serie de intereses comunes—como la hostilidad a un sistema internacional unipolar bajo el liderazgo de Estados Unidos, o a los principios democráticos—, la profundización de su acercamiento se ve limitada por una tradicional desconfianza histórica, y por su creciente asimetría de poder. Otros consideran, por el contrario, que el estrechamiento de sus relaciones militares está conduciendo a la formación de una genuina alianza de seguridad. Esta última es la conclusión predominante en los distintos estudios publicados por expertos norteamericanos en los últimos meses sobre la relación entre Moscú y Pekín, que hacen especial hincapié en la naturaleza de sus regímenes políticos (véase como ejemplo “Axis of Authoritarians: Implications of China-Russia Cooperation”, publicado recientemente por el National Bureau of Asian Research). Pero quizá se minusvaloran los debates internos en Rusia y China sobre la coherencia de su asociación estratégica.

La opción rusa por China es reciente, y resultado de las sanciones occidentales. A partir de 2015, Vladimir Putin decidió que su “giro hacia Asia” debía tomar forma bajo el concepto de una “Gran Eurasia”, lo que a su vez requería que China estuviera dispuesta a fusionar su iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda con la Unión Económica Euroasiática (UEE) impulsada por Moscú. Rusia se encuentra de este modo “atrapada” en una dinámica que le impide reconocer públicamente sus reservas sobre las intenciones chinas, en la esperanza de que las estructuras en construcción favorezcan a largo plazo sus intereses.

Para los líderes chinos, la UEE no es un pilar de sus planes de integración; sí lo es la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). Mientras la Ruta de la Seda contempla Asia central como un corredor económico y de transportes que reforzará la conectividad de China con Europa, Oriente Próximo y Asia meridional, la UEE considera la subregión como parte de un espacio cerrado, que busca la protección de toda competencia externa mediante un marco regulatorio y unos aranceles comunes. Pekín fomenta la interconexión para ampliar su margen de maniobra en la economía global; Moscú solo quiere incluir a Asia central en su órbita económica para blindarse frente a las fuerzas de la globalización. Ello explica que, para China, Rusia sea un socio menor en sus proyectos de integración de Eurasia. En la gran mayoría de los proyectos financiados por Pekín—incluso en los acordados con la cooperación de Moscú—es la República Popular quien dicta las reglas del juego. ¿Aceptará Rusia de manera permanente esa subordinación? (Foto: Emperornie, flickr.com)

push

EE.UU., menos presencia presidencial pero más presión en Asia. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Mike Pence -vicepresidente de los Estados Unidos- publicaba hace una semana un artículo en el Washington Post titulado “Los Estados Unidos buscan colaboración y no control en el Indo-Pacífico”. En él definía el compromiso firme y duradero que tiene Washington con esta región y exponía la estrategia de la Administración Trump en esta área basada en tres grandes pilares:

  1. El Indo-Pacífico cubre más de la mitad de la superficie terrestre, es próximo a más de la mitad de la población del planeta y concentra las dos terceras partes del comercio mundial.
  1. La seguridad, cuyo base es la prosperidad. Envía un recordatorio a sus aliados para continuar con la presión hacia Corea del Norte y las sanciones económicas hasta que la desnuclearización sea un hecho.
  1. Y, por último, afirma su apoyo a los gobiernos trasparentes y receptivos en donde exista un estado de derecho, respeto a los derechos humanos y la libertad religiosa de sus ciudadanos.

La estrategia de la Casa Blanca está encaminada a bloquear a China y sus largos tentáculos, que parecen no tener límites. O al menos denunciar sus acciones sin ningún filtro diplomático. Sin embargo, la ausencia de Trump en las cumbres más importantes de Asia ha dejado un gran hueco, que su vicepresidente intentó con mucho esfuerzo llenar, pero que en el fondo facilita el camino a Xi Jinping y Putin. Muy a pesar de que Pence llevara un mensaje de apoyo a la región.

En la ASEAN, Pence afirmó que ésta es una región abierta y libre, e insistió en que Washington está encantado de contarlos como un bloque aliado estratégico. Dijo que “el imperio y la agresión no tienen lugar en el Indo-Pacífico”.  “Solo requiere que cada nación trate a sus vecinos con respeto y respete la soberanía de nuestras naciones y las reglas internacionales de orden”.

Si se dudó de la claridad del vicepresidente en la ASEAN, su discurso en la APEC no dejó espacio a dudas, pues fue un ataque directo a China. Pence urgió a las naciones asiáticas a evitar las relaciones comerciales con China y a cambio les ofreció una alternativa: establecer negocios con los Estados Unidos que no los cargarán con deudas que a largo plazo comprometan sus soberanías. A lo que Xi Jinping (el presidente chino) respondió que “One belt, one road” es una avenida provista de sol radiante en la que China comparte oportunidades con el mundo para buscar el desarrollo”.

La Administración Trump lo ha dicho siempre claro, no está de acuerdo con lo que está haciendo Beijing. Parece que estamos yendo mucho más lejos que a una guerra meramente comercial, donde las tarifas tasan productos y penalizan acciones. Robert D. Kaplan, (experto del Centro para una nueva Seguridad Americana) afirma que durante años China ha estado en guerra con Estados Unidos en el Mar de la China Meridional, pero Washington no se dió cuenta hasta muy avanzado el proceso. Explica que Beijing se basa en la teoría del filósofo Sun Tzu, cuya tesis consiste en que el éxito es ganar sin tener que ir a la guerra.

Kaplan define la estrategia china en micro-pasos: el reclamo de una isla pequeña, luego la construcción de una pista por otro lado y el despliegue supuestamente temporal de una plataforma petrolera en aguas en disputa; lo importante es imponer presencia de alguna manera.

Todos estos pasos van marcando hechos, que individualmente no llegan a molestar a las otras potencias hasta el punto de suscitar una respuesta militar. Mientras, China intenta evitar enfrentamientos, pues saben que no pueden competir con la capacidad militar estadounidense en este momento. Beijing por su parte, entiende que dominar el Mar de la China Meridional- que consideran geográficamente suyo- es dominar el mayor tránsito de mercancías del mundo, así como imponer su dominio en Taiwán, Japón, o Vietnam y Filipinas, que no tienen otra alternativa que doblegarse al dominio del más fuerte.

A pesar de la ausencia de Trump en estas importantes cumbres, que hay que admitir protagonizó el año pasado, el mensaje que llevó Pence sigue siendo el mismo. Es más, cada día parecen ser más directos a denunciar la agresión china a las economías y a su carácter expansionista.

Washington está atacando a Beijing por varios frentes, el último fue el 7 de noviembre en el que una comisión del Congreso de los Estados Unidos, que vigila los derechos humanos en China denunció la brutal represión que están padeciendo los uighures (una minoría musulmana) en la región de Xinjiang, con sus reclusiones en centro de reeducación china.

La Administración Trump sostiene que el valor de sus intercambios comerciales con la Pacífico Índico es de 1.8 billones de dólares. La inversión estadounidense en la región es de casi 1 billón de dólares, lo que representa más que la inversión conjunta de China, Japón y Corea del Sur, números que explican por si solos la importancia estratégica de la región. La economía es el eje y la prioridad para Trump, y los mensajes sutiles no forman parte de la diplomacia de este gobierno.

Así que en el marco de su visita Pence anunció la construcción de una base militar en Papúa Nueva Guinea (la segunda isla más grande, ubicada al norte del Australia) en cooperación con Australia para reforzar la presencia estadounidense en Asia y el Pacífico, y poder proteger los derechos marítimos y la soberanía de las islas del Pacífico.

Curiosamente, a pesar de dar señales de ausencia, Washington está preparándose para estar más presente en el Pacífico, y dispuesto a parar cualquier intento de violación de la soberanía terrestre o marítima de las naciones en la región, pero al modo de Trump. China tendrá que calcular cautelosamente sus pasos ante la mirada vigilante de la Casa Blanca y su aversión al estilo imperialista chino. (Foto: Dan Hill, flickr.com)