Entradas

THE ASIAN DOOR: RCEP, nuevo miembro de la Ruta de la Seda. Águeda Parra

La integración comercial en la zona del Asia-Pacífico siempre ha supuesto un fuerte impulso para el crecimiento económico de la región. El creciente protagonismo de China en las cadenas de suministro globales ha tenido como resultado que el gigante asiático se haya posicionado como epicentro de la aportación de valor en la zona de Asia-Pacífico. Una influencia que se prevé creciente con la firma de uno de los acuerdos regionales de libre comercio más grandes del mundo, la Asociación Económica Integral Regional, conocido en inglés como RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership).

En los ocho años que ha tardado en formalizarse el pacto entre China y otros 14 países de la región, que incorpora a los 10 países de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) junto a Corea del Sur, Japón, Australia y Nueva Zelanda, el gigante asiático ha puesto en marcha uno de los proyectos de geopolítica más importantes de las últimas décadas, la nueva Ruta de la Seda. La ambición de la iniciativa de mejorar las conexiones a través de promover el mayor desarrollo de infraestructuras de la región en mucho tiempo persigue, asimismo, otros objetivos. Entre ellos, encontrar nuevos mercados para los productos chinos a través de fomentar una mayor integración comercial en la región.

Con la incorporación de China en el RCEP, no sólo el gigante asiático no se desacopla del mundo, sino que supone su consolidación como potencia económica dominante en la región. Poniendo la magnitud del pacto en perspectiva, la RCEP da cabida a más de 2.200 millones de personas, un tercio de la población mundial, casi el 28% del comercio mundial e incluye el 30% del PIB mundial, lo que supone consolidarse como el mayor acuerdo de libre comercio regional firmado hasta el momento.

Dos grandes ausencias marcan el inicio de una nueva etapa comercial en Asia-Pacífico. Por una parte, la de Estados Unidos, cuya retirada del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (en inglés TTP, Trans-Pacific Partnership) marcaba una nueva dinámica en las relaciones de cooperación comercial con la región. Con este nuevo posicionamiento, la región avanza sin esperar a que Estados Unidos termine de resolver su transición presidencial, que podría llevar implícito un giro de 180º en ciertas decisiones de política exterior. China, como principal impulsor del acuerdo, maximiza su influencia en una región que avanza hacia el fortalecimiento de su integración económica y comercial, mientras las exportaciones estadounidenses pierden presencia en una de las regiones más dinámicas del mundo. Por otra parte, no menos importante es la ausencia de India en el acuerdo, cuya retirada en julio se propició al considerar que su adhesión podría conducir a un aluvión de importaciones de productos chinos, aunque la puerta queda abierta para que solicite su incorporación en cualquier momento.

Lo novedoso de este acuerdo es que el pacto avanza en la línea de relación comercial ya establecida entre los 10 países miembros de la ASEAN, tomando en cuenta la mayoría de los acuerdos vigentes para aunarlos en un único documento que se ha hecho extensivo de forma multilateral al resto de miembros. Alineando los acuerdos vigentes en un único pacto, Asia-Pacífico sigue la línea de integración de otras áreas comerciales unificadas, como la existente en la Unión Europea o entre Estados Unidos, Canadá y México a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Un acuerdo del que no sólo se beneficiará China, sino también el resto de países, al aumentar la capacidad productiva, especialmente la de los países ASEAN, además de que conjuntamente todos los miembros impulsen la consolidación de la cadena de valor con producción e inversiones que se originan y proceden de la región.

Con la previsión de que en el medio-largo plazo se vayan reduciendo, o incluso eliminando, hasta el 90% de los aranceles de los productos en el seno de la asociación económica, los objetivos de Pekín pasan por el fomento de elementos importantes de su cadena industrial. En el radar estaría la estrategia de impulsar la tecnología de los coches eléctricos de fabricación china, que le permita al gigante asiático avanzar en el objetivo de convertirse en hub de la industria automovilística, al menos para la región de Asia Pacífico.

Guerra en la ruta de la seda

Aunque se mantiene a prudente distancia, China observa con atención el conflicto en Nagorno Karabaj que se desarrolla en medio de la ruta del Cáucaso por donde pasa la Ruta de la Seda reinventada por China para la comunicación con Occidente. Los cuidadosos, equilibrados y delicados pasos dados por China en sus relaciones políticas comerciales y militares con Pakistán e Irán tienen, como objetivo estratégico más allá de los beneficios puntuales, tejer una red de alianzas que mantenga estable y pacífica la ruta.

El conflicto de Nagorno Karabaj, territorio, que los armenios denominan Artsaj, es producto de la política despótica de Rusia cuando, como cabeza de la URSS constituyó la República Socialista Soviética de Azerbaiyán integrando en ella el área ahora en disputa, poblada por armenios, de religión cristiana, rodeada de azeríes de etnia turca y musulmanes, despreciando la historia y la matanza de armenios instigada o tolerada por Turquía y curiosamente ejecutada por milicias kurdas y nacionalistas turcos. Con el hundimiento de la URSS y la independencia de Armenia y Azerbaiyán el conflicto estaba servido y en la guerra de 1991 Armenia derrotó a los azeríes imponiendo la independencia de hecho de Artsaj (que sólo Armenia reconoce) pero ocupando a la vez zonas de etnia azerí para garantizar un pasillo de comunicación de Nagorno Karabaj con Armenia. Azerbaiyán ha aprovechado unos movimientos militares armenios para desencadenar una ofensiva en la que han logrado objetivos parciales y poe eso Armenia insiste en un apoyo internacional a un alto el fuego.

Pero aquí las alianzas están cruzadas y en algunos casos resultan paradójicas. Rusia, junto za Bielorrusia, apoya a Armenia a quien ha nutrido militarmente, pero no quiere implicarse directamente. Y Armeia también cuenta con un aliado inesperado, Irán, que a pesar de que los azeríes son musulmanes y mayoritariamente chiitas como los iraníes, ya que Teherán teme un crecimiento de la influencia turca.

En el otro lado, el gran aliando de Azerbaiyán es Turquía con quien comparte lengua, cultura y costumbres además de una intensa colaboración militar. Y otro aliado inesperado: Israel. En Azerbaiyán vive una importante comunidad judía que desarrolla su vida con una normalidad inexistente en cualquier otro país musulmán de Oriente, incluida Turquía, y el gobierno de Bakú mantiene intensas relaciones comerciales, y de intercambio de inteligencia, con el de Jerusalén. Es más, los drones enviados por Turquía al ejército azerí son de tecnología básica israelí. Israel necesita estratégicamente a Azerbaiyán ante un posible choque directo con Irán.

Ante este escenario China observa y calcula como estar sin estar. Casi como EEUU que trata de impulsar un acuerdo pero no desea una derrota deAzerbaiyán.

China, nuevos retos

China está a punto de cerrar un gran acuerdo político-comercial con Irán. Pekín invertiría centenares de miles de millones de euros en infraestructuras iraníes y Teherán facilitaría la extensión territorial hacia Occidente de la Ruta de la Seda, además de ofrecer facilidades logísticas en sus puertos del sur. Con ello, Irán trata de paliar las consecuencias de las sanciones estadounidenses por sus desacuerdos sobre el programa nuclear iraní, y China pone una pieza más en su estrategia diplomática de consolidar sus influencias en Oriente Medio.

Sin embargo, las negociaciones están pasando por dificultades. Por una parte, algunos sectores del régimen iraní están planteando su desconfianza por lo que han llegado a denominar colonialismo chino y consideran excesivas las condiciones planteadas por Pekín, que de momento no se han hecho oficialmente públicas. Por otra parte, el acercamiento Pekín-Teherán preocupa a Pakistán, hasta ahora socio preferente de China en la región, ya que hay frontera entre ambos países y China tiene ya puertos comerciales y militares en la costa sur pakistaní.

No hay que perder de vista que Pakistán, país islámico de mayoría sunní y con sectores muy radicalizados, es, a su vez, aliado de Arabía Saudí y enemigos ambos de un Irán de mayoría chií y enfrentado militarmente en Yemén a través de grupos aliados, con la propia Arabia.

Y un tercer elemento. El viraje de los países árabes de mayoría sunní hacia una oficialización de sus relaciones comerciales con Israel y un reconocimiento de este país, está cambiando los equilibrios de poder y poniendo en alerta los apoyos de Irán a grupos palestinos suníes per que se sienten traicionados.

En este proceloso mar tiene que navegar China que, a su vez, tiene crecientes acuerdos comerciales con Israel y con los saudíes. El proverbial pragmatismo chino tiene ante sí varios retos complicados.

INTERREGNUM: Irán en la Ruta de la Seda. Fernando Delage

De manera inesperada para Pekín, el cambio de gobierno en Pakistán tras las elecciones de julio del pasado año condujo a una pérdida de interés por parte de Islamabad en el Corredor Económico con China. Pekín había puesto grandes esperanzas en este proyecto—uno de los más relevantes en la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda—, en el que se había mostrado dispuesto a invertir hasta 62.000 millones de dólares.  El Corredor debía proporcionar una red de interconexión entre la República Popular y el mar Arábigo, reduciendo la vulnerabilidad china con respecto a las líneas marítimas de navegación del sureste asiático. Las críticas del gabinete de Imran Khan han provocado que China haya interrumpido la financiación, por lo que la mayor parte de las obras del Corredor se encuentran en suspenso.

Pero Pekín no ha tardado en encontrar una alternativa. Con posterioridad a la visita realizada a China por el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Mohamed Zarif, a finales del pasado verano, la República Popular habría acordado con Teherán la inversión de nada menos que 400.000 millones de dólares en un plazo de cinco años: 280.000 millones de dólares en el sector energético iraní, y otros 120.000 millones de dólares en infraestructuras de transportes. Pekín desplegaría asimismo un equipo de seguridad de hasta 5.000 hombres para la protección de sus inversiones.

Es cierto que Irán ofrece muchas de las mismas ventajas estratégicas que Pakistán. Es un país ribereño con el Golfo Pérsico, y controla parte de la costa del estrecho de Hormuz. No es fronterizo con China, pero ésta tendría acceso directo a través de Asia central y de Afganistán (lo que quizá explica las conversaciones mantenidas con los talibán en Pekín en septiembre). Las inversiones chinas en infraestructuras permitirían conectar de este modo China con el Golfo Pérsico a través de los puertos de Chabahar y Bandar Abbas, que harían las funciones del puerto de Gwadar en Pakistán. Teherán tiene por su parte un claro interés tanto en la mejora de sus redes de transportes como en una inversión de este porte para su industria petrolera y gasística en unas circunstancias de dificultades económicas. Las inversiones propuestas proporcionarían también a Irán un importante apoyo diplomático frente a los esfuerzos de la administración Trump dirigidos a su aislamiento internacional.

Hay que preguntarse, no obstante, por la viabilidad de un Corredor China-Irán. El proyecto con Pakistán fue promovido en su día como una iniciativa que transformaría para siempre Asia meridional. Aquellas expectativas se han visto frustradas en buena medida. No hay garantías de que algo parecido no vuelva a ocurrir en el caso de Irán. El montante financiero del que se habla es tan enorme como los posibles obstáculos a su desarrollo. La situación geopolítica iraní es incluso más volátil que la de Pakistán dado el riesgo de conflicto con Estados Unidos. La hostilidad entre Irán y Arabia Saudí, país con el que China se ve obligado a mantener una relación estable—más aún en el contexto de la salida a bolsa de Aramco, condiciona igualmente los movimientos de Pekín.

No debe sorprender que, al hacerse público el creciente interés chino por Irán, el gobierno paquistaní haya intentado dar marcha atrás en sus comentarios negativos a la Ruta de la Seda para recuperar la confianza de la República Popular. Pero otras variables se han movido de sitio desde entonces. El actual clima de enfrentamiento entre China y Estados Unidos en Asia es, por ejemplo, una razón añadida para que Pekín no coopere con Washington con respecto a Irán como querría la administración norteamericana. Irán se ha convertido por lo demás en un factor decisivo de los intereses chinos en la zona, al poner de relieve que Oriente Próximo y Asia meridional constituyen un espacio geopolítico interconectado, en el que Pekín ya no puede mantenerse al margen.

THE ASIAN DOOR: Cuando la tecnología forma parte de la geopolítica. Águeda Parra

Uno de los principales desafíos que tendrán que afrontar las grandes economías mundiales en las próximas décadas se llama “revolución tecnológica”. El modelo actual donde Estados Unidos ha sido el principal precursor de la innovación y del desarrollo tecnológico como potencia hegemónica, con Europa como referente en determinados sectores industriales, corre el peligro de desaparecer. La creciente bipolaridad tecnológica que se está generando entre Estados Unidos y China como principales centros de innovación, que marca las directrices del futuro digital más próximo, puede conducir a que Europa corra el riesgo de quedarse descolgada de esta carrera por la tecnología puntera.

China aspira a consolidar su influencia como poder global con capacidad para influir en las cuestiones mundiales al estilo de otras grandes economías. De ahí que China haya encontrado en la tecnología la mejor herramienta para convertirse en líder tecnológico mundial en 2030, convirtiendo la tecnología en el nuevo input de la geopolítica. La carrera por la innovación que ha emprendido China está generando un nuevo equilibrio de poder en el juego geoestratégico mundial, obligando a que la Unión Europea adopte nuevas medidas para asegurar el crecimiento económico de sus países miembros.

Estados Unidos ha centralizado en Silicon Valley su propio modelo de innovación para crear startups tecnológicas que compiten en entornos globales. Microsoft, Alphabet, Apple, Intel, Facebook, Twitter han sido los referentes mundiales que han marcado el ritmo de desarrollo tecnológico en las últimas décadas. Por su parte, la apuesta de China ha sido impulsar la creación de grandes titanes tecnológicos, conocidos como BAT (Baidu, Alibaba y Tencent) que están generando una economía digital capaz de impulsar el desarrollo económico del país y de crear, asimismo, un entorno de Digital Great Wall al que difícilmente tienen acceso las grandes tecnológicas occidentales.

China tiene a su favor contar con una generación de nativos digitales que son los verdaderos artífices de la transformación del país en una economía avanzada. Consumidores de tecnología, los nativos digitales están dando forma a ecosistemas digitales donde se están desarrollando los nuevos modelos de economía digital, como el e-commerce y las FinTech, de las que China ya es líder mundial.

China es consciente que apostar por la innovación tecnológica requiere de apoyo gubernamental y empresarial. Estados Unidos cuenta con el consolidado modelo de Silicon Valley para crear startups, y la adaptación que ha hecho del mismo China, creando “ciudades de innovación” especializadas en determinados sectores, le ha permitido al gigante asiático desarrollar hubs tecnológicos mundiales. Sin embargo, la creciente bipolaridad tecnológica entre Estados Unidos y China podría conducir a que en el corto y medio plazo los sectores más punteros de la industria europeas queden fuera de la carrera por la innovación tecnológica. Mientras la innovación tecnológica se mueve hacia el este, con epicentro en China, Europa necesita adoptar nuevas medidas que revitalicen la economía gracias al impulso que es capaz de generar la tecnología aplicadas a los sectores industriales y de consumo.

Con la irrupción del 5G, el desafío tecnológico es aún mayor, ya que actualmente China, a través de Huawei, liderada el registro de patentes, el doble de las registradas por la compañía americana Qualcomm, lo que generará mayores tensiones en la geopolítica tecnológica. Ante este desafío, es altamente recomendable que la Unión Europea respalde medidas que fomenten la creación de nuevas startups que potencien la generación de compañías tecnológicas con vocación de competir en los mercados internacionales. Entre los retos que plantea la geoestrategia tecnológica a la Unión Europea está impulsar modelos de financiación para las nuevas startups. Esta medida debe estar apoyada en el fomento de la cultura del mentoring, impulsando el espíritu emprendedor con programas de incubación y aceleración de empresas tecnológicas que favorezcan la generación de nuevo talento digital. Y, por último, impulsar que las ciudades europeas se conviertan en centros de innovación, especializadas en sectores tecnológicos punteros como medio de asegurar el desarrollo económico de todos los países miembros dentro de un nuevo esquema de economía digital.

Foto: Derrick Noh, Flickr.

La Ruta de la Seda en Lationamérica. Nieves C. Pérez Rodríguez

La antigua Ruta de la Seda ha sido ambiciosamente rediseñada por Xi Jinping. La ahora llamada BRI (por su nombre en inglés Belt and Road Initiative) o corredor de transporte, ya cuenta con 131 países y con una inversión de 575 mil millones de dólares en la fase de desarrollo de la misma, según el Banco Mundial.

Se estima que, con la BRI, el comercio mundial podría aumentar hasta un 6,2% a pesar de la amenaza de guerra comercial que ha tenido expectante al mercado. Sin embargo, los ejemplos de Malasia, Myanmar, Sri Lanka, Pakistán y el de las Maldivas, levantan muchos interrogantes sobre cuatro aspectos claves del desarrollo del magno proyecto: el impacto ecológico, la real sostenibilidad de la deuda que adquieren los países receptores, la transparencia en el proceso y el retraso en los proyectos, tal y como afirma Pepe Zhang -Director Asociado de China para el Atlantic Council-, quién publicó la semana pasada un informe sobre la BRI en Latinoamérica.

La publicación del informe se hizo en el marco de una conferencia en la que expertos, tanto del sector público como del privado, intercambiaron sus impresiones sobre lo que está ocurriendo en el continente americano y en la que 4Asia participó.

La entrada de China en América Latina comenzó con la necesidad de Beijing de ampliar sus suministros y proveedores. La adquisición de productos como soja, arroz y minerales, fue la primera parte.  Han ido adquiriendo extensiones de tierra para asegurarse sus cultivos y la seguridad alimentaria de sus ciudadanos. Así lo han hecho en Argentina, Cuba, México y Venezuela. Asimismo, ha ocurrido en muchos países africanos. También tienen acuerdos con Rusia y las naciones exsoviéticas para alquilar o comprar terrenos agrícolas, tal y como lo anunció el ministro de Agricultura chino, Shirong Chen, en el 2018.

Pero ese interés inicial por materias primas ha ido transformándose. Beijing ha entendido que Latinoamérica es también un gran mercado para sus productos. Sobre todo, en este momento en que Huawei ha sido vetada por las economías fuertes, y que la necesidad del 5G es cada día mayor. China ofrece conectividad a la región y, al menos por ahora, la región tiene una imagen positiva de la llegada de las inversiones chinas, según Leigh Wedell -jefe de operaciones de Basilinna, firma consultora especializada en China y Medio Oriente.

Wedell afirma que “la BRI llegó a Latinoamérica y el Caribe con inversiones en Panamá, pero ahora cuenta con 19 países y seguirá creciendo”. Uno de los grandes focos de interés chino es el sector energético en la región.

“La mayor inversión de China en Latinoamérica está en Perú”, apunta Federico Cuadra del Carmen -consultor de Baker McKenzie-. Más de 170 empresas chinas operan en Perú. La mayoría están en el sector minero. En efecto, el embajador chino en Perú anunció a principios del 2019 que, en los próximos tres años, Beijing invertirá un total de 10 mil millones de dólares en energía, minas, telecomunicaciones, construcción y financiación en esta nación.

Las entidades Development Bank y Export-Import Bank de China están detrás de la mayoría de las obras de infraestructura de la región, sustituyendo así a los tradicionales Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Un plan milimétricamente calculado por Beijing, quién ve estratégico desarrollar infraestructuras que permitan conectar mejor las rutas comerciales.

Desde el año 2005, las entidades bancarias chinas han otorgado más de 141 mil millones de dólares en créditos a proyectos y compromisos, conforme al informe del Atlantic Council.

Los proyectos con grandes problemas ecológicos y deudas insostenibles han tenido eco en Beijing, que ahora empieza a preocuparse de su reputación. Y de acuerdo con los expertos, comienzan a tomar medidas.

El informe concluye que es vital adoptar un enfoque pragmático y creativo del corredor de transporte. Cada país debe desarrollar estrategias adaptadas a sus particularidades, especialmente en una región tan diversa como América Latina y el Caribe. Para garantizar que la BRI sea masiva y en su evolución proporcione beneficios concretos a la región, debe desarrollarse un plan individualizado para cada país.

Xi Jinping no ha escatimado esfuerzos en el desarrollo estratégico de la ruta. Es su plan estrella para conectar China con el mundo a través de rutas comerciales que ellos mismos han financiado, diseñado y controlarán, mientras cobran los intereses a cada país por el dinero que les han prestado. Es claramente un proyecto brillante y muy ambicioso, con el cual Beijing se garantiza a largo plazo controlar todo el flujo de intercambios, la seguridad alimentaria de sus ciudadanos, el control y manejo de alimentos y muchas otras materias primas y ahora además se suma el aspecto tecnológico, del que dependerán estos países para su conectividad.

El abandono de Washington se ha traducido en carta blanca para China. Beijing ha sabido aprovechar muy bien la ausencia de Estados Unidos en su propio continente, y ha ido ganando espacios que ni tan siquiera habiendo un cambio de dirección en la política exterior de Washington se podrían cambiar fácilmente en el futuro. Lo único que podrán cambiar en este punto es que se respeten ciertas normas comerciales y de convivencia, para que el gigante asiático no saque para sí todo el beneficio de la relación. Y aun así será difícil.

THE ASIAN DOOR: La nueva Ruta de la Seda a través del Mecanismo 16+1. Águeda Parra

El hecho de que la nueva Ruta de la Seda tenga como punto final Europa, a través de la ruta terrestre por vía férrea y también desde la vía marítima, ha hecho intensificar la labor diplomática del gigante asiático en el viejo continente. Aunque de una forma integrada todos los países miembros de la Unión Europea (UE) están representados en las relaciones bilaterales con China a través de la Comisión Europea, la estrategia de “divide y vencerás” ha sido la opción elegida por el gigante asiático para tener una política exterior individualizada con los países de la Europa Central y Oriental, conocidos también por su acrónimo, PECO.

El Mecanismo 16+1 es la plataforma creada por China en 2012 para reunir a los países PECO, 11 países pertenecientes a la UE y 5 países de los Balcanes Occidentales, en un grupo de trabajo que fomente el incremento del comercio y las inversiones bilaterales, contando con la UE como observador. Las medidas de restricción aplicadas en la UE después de la crisis financiera de 2008 promovieron que estos países encontraran en la vía China una opción paralela de conseguir un mayor desarrollo económico a través de las inversiones y el comercio con el gigante asiático. De ahí que recientemente Grecia haya decidido unirse a la plataforma, pasando a denominarse con la adhesión del nuevo miembro Mecanismo 17+1. Con este movimiento, Grecia conseguirá gracias a su cercanía con el resto de países integrantes a la plataforma integrarse dentro de las políticas de comercio y de inversión que está promoviendo China en la región.

Previo a la incorporación de Grecia en la plataforma, para China el Mecanismo 16+1 suponía la herramienta perfecta para promover su iniciativa estrella, la nueva Ruta de la Seda. La inversión en infraestructuras de transporte está especialmente diseñada para impulsar la conexión entre estos países, de modo que favorezca una mayor capilaridad de los productos chinos cuando alcanzan Europa por la ruta terrestre. Con la adhesión de Grecia, China suma a su enfoque geoestratégico dentro del Mecanismo 16+1 la Ruta de la Seda Marítima. Se trata de conectar el puerto de El Pireo, proyecto insignia de las inversiones chinas en el Mediterráneo, con el corazón de Europa a través de las infraestructuras desplegadas a través de estos países. Junto con la componente comercial y de inversión, el incremento de la influencia geopolítica de China en Europa es otro de los factores de interés para el gigante asiático, consiguiendo que estos países no siempre estén alineados con las políticas dictadas desde Bruselas, principalmente en cuestiones relacionadas con la denuncia de la situación de los derechos humanos en China.

La evidente desigualdad de tamaño entre los países con respecto a China ha propiciado una relación más inclinada a favorecer los intereses del gigante asiático, generándose un volumen mayor de exportaciones de productos chinos hacia estos países que los flujos que se generan en sentido contrario. Aunque el comercio entre China-PECO fue mucho más intenso en los primeros años, relajándose en estos últimos años, entre 2012 y 2018 creció un 8,1%, desde los 56.100 millones de dólares que se registraban en 2012 a los 89.300 millones de dólares de 2018. Unas cifras que se alejan bastante del objetivo inicial que aspiraba a alcanzar un volumen de comercio de 100.000 millones de dólares. Esto supone que incluso en el caso de los países de los Balcanes Orientales, la UE sigue siendo el socio comercial principal, suponiendo más del 70% de todo el comercio, mientras que China se sitúa como segundo socio con algo más del 5%. Desde el punto de vista de las inversiones, las empresas chinas de forma conjunta han destinado más de 12.000 millones de dólares a fomentar el desarrollo de infraestructuras de transporte y proyectos de energía, principalmente.

Después de pasados siete años desde que se lanzara la iniciativa, la percepción de los países es que los resultados de esta colaboración con China no han resultado tan rentables como en un principio pensaban. Principalmente por la falta de alineación de los objetivos económicos a corto plazo planteados por la plataforma 16+1 con la visión estratégica a largo plazo con la que China ha diseñado su vinculación con estos países. Mientras China sigue apostando por impulsar sus objetivos vinculados con el desarrollo de la nueva Ruta de la Seda, las barreras comerciales y de inversión que restringen las operaciones en China ha hecho surgir el escepticismo entre los países de la plataforma.

La posición geopolítica y geoestratégica que le proporciona a China el grupo de los 16+1 requiere que el gigante asiático busque fórmulas innovadoras para seguir manteniendo activos los intereses de los integrantes de la plataforma. Principalmente porque no todos los países integrantes muestren el mismo nivel de simpatía hacia China. Según un estudio, los participantes más activos y con mayor liderazgo dentro del Mecanismo 16+1 son la República Checa, Hungría, Polonia y Serbia. Entre los socios más ambiciosos se encuentran Bulgaria, Letonia, República de Macedonia del Norte, Rumanía y Eslovenia. El tercer grupo está formado por los seguidores, formado por Croacia, Estonia, Lituania y Eslovaquia, mientras que los menos activos son Albania, Bosnia-Herzegovina y Montenegro. Puesto que las iniciativas chinas no aseguran automáticamente una actitud positiva entre los países, como tampoco sucede con los fondos y la inversión destinada por la UE a estas regiones, la situación plantea una revisión del enfoque tanto por parte de China como de Europa para conseguir que el Mecanismo consiga sus objetivos mientras se preservan las reglas y las leyes que garantizan una Europa unida. (Foto: Martino Monti)

THE ASIAN DOOR: La disrupción tecnológica que está de camino. Águeda Parra

Cuando una revolución está de camino no hay quién la pueda parar. La disrupción tecnológica que vive China tiene varios nombres propios. Se llama e-commerce, FinTech, MedTech y Big Data. Pero también coches autónomos e inteligencia artificial. Sólo en 2018, China creó 97 unicornios dirigidos a cubrir las necesidades digitales en estos sectores, consiguiendo una valoración combinada de 178.000 millones de dólares.

Como se puede ver, a los unicornios les gusta China, y son los protagonistas de la transformación de los negocios tradicionales en digitales. John Chambers, ex presidente de Cisco System, comentaba que “Al menos el 40% de todos los negocios morirán en los próximos diez años si no consiguen imaginar cómo cambiar todo su modelo de negocio para acomodarlo a las nuevas tecnologías”. No parece que éste vaya a ser el caso de China, o al menos, llevan años de adelanto abordando la transformación digital.

Cuando la disrupción tecnológica se encuentra con los unicornios chinos suceden cosas como Alibaba, el líder del e-commerce mundial. Y es que hablar de e-commerce es hablar de China. En el país de la nueva generación de unicornios, hace apenas una década el mercado de compras electrónicas apenas suponía el 1% del mercado global. Hoy China es el mayor mercado de e-commerce del mundo, representa el 42%, pero, además también es el que más rápido crece. Tal es el dominio del gigante asiático, que las transacciones combinadas de Alemania, Francia, Reino Unido, Japón, y Estados Unidos no superan el volumen que se mueve en el mercado del e-commerce en China.

Llegados a este punto, ¿cuál es la estrategia del éxito de esta disrupción tecnológica? La velocidad es una de ellas. Los unicornios en China están configurando el futuro digital del país a mayor velocidad que en el resto del mundo. La adopción de las nuevas tecnologías por parte de los nativos digitales está diseñando el futuro digital del país. Pero sus hábitos y preferencias también están diseñando nuestro mundo. Esto es porque la sociedad china hace un uso masivo de la tecnología. De hecho, en el país donde apenas se utiliza el dinero en efectivo y casi todo se puede pagar con el teléfono móvil, el mayor desafío es enganchar a las generaciones mayores a la revolución digital.

La velocidad también es la clave para competir más fácilmente en el ecosistema mundial globalizado. Comenta Jeff Bezos, fundador y CEO de Amazon, que, en el mundo físico, un cliente no satisfecho puede llegar a contárselo a 6 personas, mientras en el mundo digital puede llegar a alcanzar hasta los 6.000 amigos. Y es precisamente esta máxima la que están siguiendo fielmente los grandes titanes tecnológicos chinos. Crean unicornios en China que después traspasarán la Gran Muralla China digital. Se la conoce como la Ruta de la Seda digital, que se ha expandido por el Sudeste Asiático primero, que ha llegado a Europa, y que también se extiende por América Latina.

En nuestro mercado, AliExpress, la marca de Alibaba para los consumidores internacionales, ya comienza a estar presente en la retina de muchos compradores. A la tradición digital del Black Friday, incorporaremos pronto la del Día del Soltero en China, la gran fiesta del e-commerce mundial. Pero las oportunidades de negocio surgen también con Alipay, la aplicación de pago electrónico de Alibaba, que ya tiene acuerdos con bancos y centros comerciales españoles. Pero no todo es universo Alibaba. Otro ejemplo es TikTok. Una aplicación muy popular para hacer vídeos cortos, propiedad de una startup china, ByteDance, el unicornio más valioso del mundo superando a Uber y que arrasa entre el público español.

Si la primera globalización comenzó con la Ruta de la Seda, la segunda globalización se está produciendo ahora, en la era de Internet, y con China como jugador clave. Pensemos por un momento que el universo de unicornios en China se está creando con una penetración de Internet del 50%. Son múltiples las oportunidades de negocio que se están generando en el grandísimo mercado digital de China. Pero todavía quedan por sumarse otros 700 millones de personas más. De nuevo, dos veces la población americana. Multiplicar por dos los usuarios multiplica las oportunidades, ¡aprovechémoslo! Si los unicornios llegan de China al mundo, hagamos llegar nuestras empresas a China.

INTERREGNUM: Modi renueva. Fernando Delage

Después de tres décadas de fragmentación política, expresada en sucesivos gobiernos de coalición integrados por un número cada vez mayor de partidos locales y regionales, el Bharatiya Janata Party (BJP) obtuvo una rotunda mayoría en las elecciones indias de 2014. Su candidato, Narendra Modi, prometió a los votantes la recuperación de un alto ritmo de crecimiento económico, la erradicación de la corrupción y un salto cualitativo en el estatus internacional del país. El proceso electoral que comenzó en abril, y cuyos resultados finales se dieron a conocer el 24 de mayo, constituyó por tanto un referéndum sobre Modi y sus compromisos. Pero también sobre un determinado modelo de nación.

La amplia renovación de su mayoría revela que su victoria en 2014 no fue sino el anticipo de una reconfiguración de la escena política nacional. El BJP, brazo político del nacionalismo hindú, ha sustituido al Partido del Congreso—la organización que lideró la lucha anticolonialista y mantuvo la hegemonía parlamentaria durante décadas tras la independencia—, como principal fuerza dominante. Las elecciones también implican por tanto el ascenso de la identidad hinduista frente al secularismo y multiculturalismo que impregnó la filosofía política de Gandhi y de Jawaharlal Nehru, así como de los descendientes de este último al frente del Congreso.

La primera cuestión que se plantea tras su reelección es cómo utilizará Modi su reforzado mandato para avanzar en su promesa original de creación de empleo y oportunidades económicas. India afronta graves desafíos, como un persistente déficit fiscal, una modesta inversión privada o la debilidad estructural del sistema financiero. En sus primeros cinco años, Modi ha evitado las grandes reformas: no ha privatizado las empresas estatales deficitarias, ni modernizado la restrictiva legislación laboral, como tampoco ha reformado el mercado del suelo o el sistema bancario, aún dominado por el Estado.

Otra serie de asuntos tienen que ver con la política exterior. Modi ha desplegado un activismo internacional sin precedente desde que fue elegido en 2014. El primer ministro es consciente de que el imperativo interno del desarrollo social y económico es inseparable de un mayor papel de India en el sistema internacional. Pero ¿qué consecuencias tendrá este auge nacionalista para las relaciones de India con sus vecinos y Asia en su conjunto?

La escalada de tensión con Pakistán tras los atentados de febrero en Cachemira, y la firmeza mostrada por Modi, han sido sin duda uno de los motivos por el que los indios le han renovado la mayoría. Cabe esperar que el primer ministro reanude tras las elecciones el interrumpido diálogo diplomático con Islamabad, aunque también puede dudarse de que éste vaya a conducir a la estabilidad en el subcontinente. La presencia de Modi en la próxima cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) el 13-14 de junio, donde se encontrará con su homólogo paquistaní, Imran Khan, dará no obstante algunas pistas.

Pero el juego mayor consiste en seguir maximizando su posición de equilibrio entre China y Estados Unidos. La manera positiva en que Pekín ha saludado la reelección de Modi, y la menor hostilidad pública de este último hacia la iniciativa de la Ruta de la Seda, permite pensar en una etapa de cierto acercamiento diplomático y económico pese a sus intereses estructurales en conflicto. La incertidumbre que crea Trump para ambos es un poderoso motivo de conciliación.

Con todo, el mayor desafío de Modi es el proporcionar los medios para poder hacer realidad sus ambiciones de convertirse en un elemento central del equilibrio de poder en Asia. Su “Act East policy”, con la que trataba de insuflar nueva fuerza a la más modestamente denominada “Look East” de sus antecesores, no se ha traducido en iniciativas concretas o en la aportación de la financiación necesaria. Antes de que termine su segundo mandato, India será el país más poblado del planeta e irá camino de convertirse en la tercera mayor economía en PIB nominal. Los condicionantes internos seguirán frenando, sin embargo, su papel como gran potencia.

THE ASIAN DOOR: Las exportaciones españolas buscan el maná de Yiwu. Águeda Parra

El tren Yiwu-Madrid es el máximo exponente de la apuesta de Xi Jinping de conectar China con Europa a través de la línea de ferrocarril más larga del mundo. Con un trayecto de 13.052 kilómetros, el tren de carga que une Oriente con Occidente recorre una distancia superior a la ruta de pasajeros transiberiana Moscú-Vladivostok. Una ruta cultural, comercial y económica, pero también con una marcada componente geopolítica.

8 países, 21 días, 14 trenes y 4 tipos diferentes de vías son las cifras que caracterizan la mayor apuesta férrea lanzada en décadas para hacer posible el “sueño chino” de Xi Jinping de abrir nuevos mercados a los productos nacionales. Una tercera alternativa a la conexión marítima, más lenta, y a la opción aérea, más rápida, pero sustancialmente más cara. Teniendo en cuenta que el transporte marítimo se mantiene como la opción dominante en el transporte de mercancías, superando el 94% del comercio por peso y el 64% por valor en 2016, según datos de Center for Strategic and International Studies (CSIS), la apuesta de la vía férrea puede convertirse en el as en la manga de una alternativa de transporte masiva, además de servir de instrumento de la diplomacia china por los países que atraviesa la ruta.

Si importante es encontrar nuevos mercados para los productos chinos, igualmente estratégico es convertir el único de los seis corredores que forman la nueva Ruta de la Seda en el emblema político de China. Un emblema para la política nacional de Xi Jinping, pero también un referente internacional de la política exterior del presidente chino como impulsor de un nuevo liderazgo regional y global. En la cuestión nacional, la ciudad de Yiwu, en la provincia de Zhejiang, representa la nueva era dorada del desarrollo de las ciudades del interior de China, buscando un mayor equilibrio con las hasta ahora privilegiadas ciudades costeras, que han acaparado durante décadas todo el protagonismo en el desarrollo económico de China.

Situada a 300 kilómetros de Shanghai, la ciudad de Yiwu es el bazar chino más grande del mundo. El gran mercado de venta al por mayor es una máquina de exportación de productos básicos chinos, que factura anualmente 13.210 millones de euros y atiende a más de 200.000 clientes al día. Una ciudad idónea para convertirse en la estación de inicio del tren de mercancías que, desde que en noviembre de 2014 realizara su primer trayecto, recorre China y atraviesa Kazajistán, Rusia, Bielorrusia, Polonia, Alemania y Francia hasta llegar a España, con paradas intermedias en Barcelona y Zaragoza, pero con destino final Madrid. En los contenedores, viajan equipos electrónicos, ropa, juguetes, café, vino y cultivos.

El transporte por vía férrea es una alternativa sostenible y más rápida que la marítima, pero no exenta de dificultades operativas y logísticas. El cambio de vía entre el estándar que utiliza Rusia, además de otras antiguas repúblicas soviéticas, ha requerido de China una inversión en este tipo de infraestructuras sin precedentes. Como resultado, la ciudad de Khorgos, en Kazajistán, alberga hoy el mayor puerto seco del mundo, capaz de adecuar los tipos de ancho de vía de China, que comparte con Europa Occidental, con los que se utilizan en Asia Central, una operativa que es necesario repetir de nuevo entre Bielorrusia y Polonia. Aunque efectivo para hacer viable la conexión de extremo a extremo, es un proceso que incorpora retrasos y cuellos de botella en estas zonas. Una mejora de la logística podría conseguir reducir en un futuro el trayecto entre Yiwu y Madrid a 18 días, una razón más para hacer más atractiva esta alternativa respecto a la opción marítima o aérea.

El resultado de estas inversiones hace que los grandes logros procedan del ámbito internacional. De una conexión inexistente hace una década, el Nuevo Puente Terrestre Euroasiático, como así se denomina este corredor, hoy conecta 35 ciudades chinas con 34 europeas. Solamente en 2018, se alcanzó la cifra récord de 3.673 trayectos a través de las diversas rutas que conforman la ruta entre China y Europa, un incremento del 116% respecto al año anterior, según la Comisión Nacional de Desarrollo y Reformas de China. Entre los logros, los diplomáticos tienen, si cabe, un mayor valor, y gracias al acuerdo alcanzado entre Xi y Putin, desde 2018 Rusia ha abierto la exportación de manzanas procedentes de China, levantando un veto que todavía mantiene para la Unión de Europa, de introducir y que transiten frutas, verduras, cárnicos y productos frescos por su territorio.

Un acuerdo comercial que servirá para mejorar los ratios de eficiencia en los trayectos de vuelta, que apenas registran la mitad de los viajes de ida, y en ocasiones regresan vacíos. El negocio del transporte de mercancías por tren es todavía muy incipiente para China, y está por explotar. Sin embargo, es un mercado en alza que bate récords de transporte, responsable en parte del incremento del comercio entre China y Europa en un 7,65% entre 2007-2016. La apertura de nuevos centros de distribución ferroviaria y la incorporación de una nueva selección de productos aptos para el viaje, permitirá duplicar el comercio entre 2015-2019 respecto al registrado entre 2012-2014, según las estimaciones.

De ahí la oportunidad que se le brinda a las exportaciones españolas. Con el objetivo de mejorar ese ratio de eficiencia, y aprovechando la celebración del tercer aniversario del primer viaje del tren, la Fundación para el Intercambio entre Yiwu y España ha puesto en marcha un viaje conmemorativo para dar a conocer la cultura, la gastronomía y las exportaciones españolas en la Feria de Productos Importados de Yiwu 2019, que se celebrará entre el 20 y el 28 de mayo, contando con España como país invitado. Una espléndida ocasión para potenciar los acuerdos comerciales que permitan reducir el número de trenes que regresan vacíos, en parte por el veto ruso, pero también por el desconocimiento de la amplia oferta del mercado español para los intereses y gustos chinos.