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INTERREGNUM: Europa quiere acercarse a Asia. Fernando Delage

El Consejo Europeo aprobará en su reunión del 17-18 de octubre el plan de interconectividad Europa-Asia preparado por la Comisión durante los últimos meses y anunciado hace unas semanas por la Alta Representante para Asuntos Exteriores, Federica Mogherini. Los líderes de la Unión Europea podrán además compartirlo con sus homólogos asiáticos en la cumbre Europa-Asia (ASEM) que se celebrará en Bruselas un día más tarde. Se trata de la esperada respuesta europea a la iniciativa de la Ruta de la Seda china, aunque ésta no aparece nombrada ni una sola vez en el documento. La UE cuenta así con una estrategia euroasiática, pero con distintas expectativas sobre su sentido y alcance.

La relevancia de la propuesta es innegable. El comercio Europa-Asia ha alcanzado los 1,8 billones de dólares, y ambas regiones suman más del 60 por cien del PIB global. Es lógico por tanto que Bruselas se plantee maximizar las oportunidades que ofrece este continente en crecimiento mediante una iniciativa dirigida a promover la construcción de redes de transporte, energía y telecomunicaciones, así como un reforzamiento de los contactos entre sociedades. A través de su estrategia, la Unión aspira a promover una serie de reglas que faciliten la cooperación pero garanticen al mismo tiempo el respeto de las normas de la libre competencia. La UE quiere asimismo que las inversiones que se acometan resulten sostenibles, tanto desde el punto de vista fiscal como medioambiental y social.

El gobierno chino ha dado la bienvenida al plan europeo, sugiriendo que se integre en su propia Ruta de la Seda. Pekín se beneficiaría de la financiación adicional que puede ofrecerle la Unión, y existen proyectos en su iniciativa que ya están de hecho cofinanciados por el Banco Europeo de Inversiones y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo.

Existe, no obstante, cierta desconfianza europea hacia China, derivada del creciente desequilibrio comercial entre ambas partes y del rápido aumento de las inversiones de la República Popular en el Viejo Continente desde la crisis financiera global; inversiones centradas en buena parte en sectores estratégicos y de alta tecnología. Agrava la alarma europea el hecho de que, detrás de ese desembarco inversor, está un Estado autoritario e intervencionista, no las fuerzas del mercado. La Ruta de la Seda se interpreta por ello como un instrumento a través del cual Pekín pretende corregir el exceso de capacidad productiva de su economía, ampliar sus mercados y cambiar las reglas del juego del comercio y las inversiones globales. De ahí las exigencias normativas de la estrategia de interconectividad europea.

A Pekín puede disgustarle la pretensión de la UE de condicionar sus movimientos tratando de imponer unas reglas contrarias a la discrecionalidad que ella prefiere. Pero más grave resulta la ausencia de un firme consenso europeo. Es sabido cómo Hungría, Grecia y ocasionalmente otros Estados miembros, bloquean con frecuencia las posiciones comunitarias con respecto a China. Ha sido ahora un país fundador, Italia, quien parece apostar por su propia relación bilateral con la República Popular.

Abandonando la política de la administración anterior, el actual gobierno de coalición se ha acercado a Pekín, en efecto, en el marco de su declarada hostilidad hacia el proyecto europeo. Confía en que las inversiones chinas le ayuden a superar sus desequilibrios macroeconómicos. Y, al firmar un próximo memorándum sobre la extensión de la Ruta de la Seda a Italia, Roma aspira a convertirse—incluso—en el principal socio de China en la UE. Es el mismo papel que David Cameron quiso construir para Reino Unido, con el resultado bien conocido. China busca socios a través de los cuales ampliar su influencia política, pero—al contrario que los populistas romanos—Pekín sí cree en la integración europea. Quizá Salvini y compañía no tarden mucho en descubrirlo.

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Rusia, al norte y al oeste de China

Una de las mas relevantes noticias de las últimas semanas fue la participación de China, con fuerzas militares, en las mayores maniobras del ejército ruso desde la posguerra mundial. Aparentemente, las relaciones ruso-chinas pasan por un buen momento: se han firmado convenios de suministro de energía, se han coordinado posiciones respecto a los signos de guerra comercial con Estados Unidos y Rusia ha apoyado, con perfil bajo, las distintas iniciativas y operaciones chinas respecto a la crisis con Corea del Norte.
Sin embargo, como en todas las relaciones entre países, conviene distinguir entre lo visible y lo real ente los intereses coyunturales y los profundos, y Rusia China son dos países demasiado veteranos en encuentros, desencuentros y disputas, tanto territoriales como de influencia, como para mantener alianzas a largo plazo. Por eso se siguen observando mientras se sonríen.
Así, mientras celebran su recobrada amistad, Rusia refuerza su influencia, ya importante, en Kazajistan, Kuirgistán y Tayikistan, repúblicas ex soviéticas que rodean la frontera occidental china, justo frente a la zona donde el islamismo está echando un pulso político al gobierno de Pekín.
China no debería, y en realidad no lo hace, (y, por cierto, especialmente no deberían EEUU y Europa) ser indiferente a esas iniciativas rusas en zonas en las que China quiere aumentar su influencia entre otras cosas con su proyecto de comunicación terrestre con Europa a través de la vieja Ruta de la Seda.
Rusia perdió, tras el desmoronamiento de la URSS, presencia política y militar, tanto en el Pacífico como en el Asia central, y Putin, que está fortaleciendo su Estado y su presencia global día a día, no puede abandonar esta zona estratégica para Moscú de los tiempos de los zares. Y en eso está.
La nueva geoestrategia crea múltiples frentes para cada país en un mundo que se ha hecho mucho más complejo. Y hay que analizar los escenarios principales y los secundarios a la hora de interpretar riesgos, amenazas y oportunidades, es decir, desventajas y ventajas de cada situación.
Las explicaciones simples conducen con frecuencia a errores y a perder de vista que la realidad es como es y no como nos gustaría que fuera, y si no se parte de la realidad no se toman decisiones eficaces. (Foto: Eul Mulot, Flickr.com)
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THE ASIAN DOOR: La natalidad en China amenaza la revolución tecnológica. Águeda Parra

China está apostando fuertemente por convertirse en una economía avanzada en la próxima década. Las iniciativas del gobierno de Xi Jinping están diseñadas para favorecer la modernización de su industria en una transición desde una economía basada en la manufactura a otra más orientada a los ingresos procedentes de la alta tecnología y el sector servicios. Parte del éxito vendrá definido por el cambio de paradigma que supone fomentar la economía digital como motor del desarrollo económico del país. Pero eso es sólo una parte de la historia, ya que la cuestión demográfica puede resultar ser el principal freno para que se consolide una verdadera revolución digital.

Conseguir mantener el nivel de desarrollo económico que necesita el país en 2030 supone alcanzar una población de 1.450 millones de personas, desde los 1.390 millones registrados en la actualidad, cifra que comienza a no ser alcanzable en estos momentos. La fecha de 2030 destaca en el calendario diseñado por Xi Jinping como el momento en que China habrá logrado retos significativos para el desarrollo de su economía. Proyectos del tipo Made in China 2025, Healthy China 2030, al que se sumará el que China se convierta en líder mundial en inteligencia artificial son parte de los retos planteados por Xi Jinping para los próximos años. Para esa fecha, también estarán operativas las principales infraestructuras planteadas dentro de la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda, mejorando la integración regional de China en Asia y la conexión comercial con los mercados europeos.

La creciente clase media china, que se espera sea la responsable de un incremento significativo en el consumo interno del país, estará formada en 2030 por 480 millones de personas, cerca del 35% de la población mundial. Sin embargo, China contará con más personas mayores de 65 años que menores de 14 años, al sumar 100 millones más de chinos a los ya 158 millones que forman parte de este grupo senior en 2017, según datos del National Bureau of Statistics (NBS). Esto es sumar una población envejecida que equivale a la de España e Italia juntas.

El número de nacimientos no mejora las estimaciones a futuro, ya que en 2017 nacieron 630.000 niños menos que el año anterior, alcanzando la cifra de 17,23 millones de nacimientos al año, según NBS. Cifra sensiblemente inferior a los 17,86 millones de niños nacidos en 2016, primer año después de levantarse la prohibición de la política del hijo único que ha estado funcionando en China casi cuatro décadas desde 1979-2015. Tras el levantamiento de la restricción se produjo un aumento notable en el número de nacimientos respecto a la cifra de 16,55 millones de nacimientos en 2015, pero que no alcanzan, sin embargo, las expectativas del gobierno.

La posibilidad de tener un segundo hijo llega en un momento en el que China ha experimentado un sorprendente desarrollo económico, con mayor acceso a la educación y a la tecnología, formada por una sociedad más inclinada al gasto y a asumir mayores deudas que generaciones anteriores. Las familias dedicadas al cuidado de un único hijo han dispuesto de mayores recursos para la adquisición de dispositivos electrónicos, para la compra de vehículos y para realizar turismo. De hecho, China es el gran referente del e-commerce, y eventos como el día del Soltero organizado cada año por Alibaba el 11 de noviembre pone de manifiesto el entusiasmo que genera el consumo en el país.

De no conseguir mejorar los ratios de natalidad, la economía china comenzará a registrar índices de crecimiento inferiores al 7% actual, que podría situarse en un 5% en 2020 y alcanzar un 4%, o inferior, en 2030, según algunos analistas. Esto significa que China dispone únicamente de unas dos décadas para conseguir pasar al nivel de riqueza de ingresos altos, una vez que el Banco Mundial ya considera al país en la categoría de ingresos medio-altos al situarse entre los 3.956 – 12.235 dólares de ingresos brutos nacionales per cápita en 2016.

Una generación que rebosa espíritu emprendedor, al que se une una aportación de talento tecnológico femenino que está impulsando fuertemente la revolución digital forman la combinación perfecta para no encontrar ningún aliciente a la presión del gobierno por tener un segundo hijo. La falta de ayudas gubernamentales a la natalidad y la necesidad de costear los gastos médicos y el cuidado de los padres son parte también de los motivos que inclinan a los jóvenes chinos a no decantarse por la eliminación de la política del hijo único. Ante esta situación, no cabe otra cosa que la reflexión y acción inmediata del gobierno central para tratar de no fallar en los objetivos de progreso económico y social del país por una cuestión de natalidad mal planificada.

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THE ASIAN DOOR: Las 5 cosas que debes saber si tu futuro pasa por China. Águeda Parra

En el radar de las empresas occidentales siempre ha estado intentar conquistar el mercado chino para aumentar su huella de internacionalización y abrir nuevos mercados de comercio e inversión. Las dificultades inherentes a las diferencias culturales han sido, en muchos casos, el primer escollo que han tenido que superar y que, en muchos casos, se ha convertido en una barrera difícil de salvar.

Después de décadas desde la reforma y apertura económica promovida por Deng Xiaoping en 1978, todavía existen sectores de la economía china que no están abiertos para la inversión extranjera, cuestión que no impide, sin embargo, que las oportunidades en el mercado chino sigan siendo muy numerosas. Pero, aparte de las diferencias culturales, ¿qué más debes saber sobre China? Éstas son las cinco cosas que es necesario saber sobre la realidad económica y tecnológica del país:

[PRIMERO_ China es la mejor oportunidad de inversión, comercio y talento del siglo XXI]

Todo CEO, empresario, emprendedor, estudiante, etc., debe saber que el crecimiento económico de China y la revolución digital que está experimentando la segunda economía mundial hacen que el gigante asiático pueda considerarse como la mejor oportunidad de inversión, comercio y talento del siglo XXI.

[SEGUNDO_ Los BAT mueven la economía digital en China]

Conocer el mercado chino y los actores claves supone saber que BAT es la palabra que identifica a los tres grandes titanes tecnológicos chinos. Baidu, Alibaba y Tencent están marcando el ritmo de la revolución tecnológica en China al margen de las grandes tecnológicas americanas. Baidu ha reproducido y mejorado el motor de búsqueda de Google, que está pensando regresar a China. Alibaba es el gigante del e-commerce mundial, mientras que Tencent ha agrupado en torno a su aplicación estrella WeChat todo un ecosistema tecnológico de mini-aplicaciones que integran todas las necesidades diarias, desde redes sociales, e-commerce, citas médicas, seguros, alquiler de vehículos compartidos, etc., sin salir de la aplicación.

[TERCERO_ Silicon Valley está dando los primeros pasos para establecerse en China]

Casi el 39% de los unicornios residen en China, concretamente 98 de 252 hasta septiembre de 2017, lo que significa que el gigante asiático es el segundo destino después de Estados Unidos, que cuenta con el 42,1% de este tipo de empresas valoradas en más de 1.000 millones de dólares. Los unicornios se establecen en las ciudades más punteras tecnológicamente, creando centros de innovación que rivalizan con Silicon Valley. Los BAT son parte de los unicornios chinos más destacados, cuyo valor de mercado les permite formar parte del Top20 de gigantes tecnológicos mundiales, Alibaba (6), Tencent (7) y Baidu (13). Si se unieran los BAT con los FAANG, es decir, Facebook, Appel, Amazon, Netflix y Google, alcanzarían un valor de más de 4 billones de dólares.

[CUARTO_ China es el mayor mercado de usuarios de Internet]

China ha alcanzado a principios de año la cifra récord de 802 millones de usuarios de Internet, lo que supone más de la mitad de su población de casi 1.400 millones de habitantes. Poniéndolo en contexto, son 290 millones de personas más que toda la Unión Europea las que se conectan diariamente a la red. La transformación tecnológica se ha producido de forma acelerada en China, de hecho, muchos no han conocido ni el teléfono fijo, y hasta el 98% de las personas se conecta a Internet a través del móvil.

[QUINTO_ La nueva Ruta de la Seda China es la iniciativa mundial del momento]

La nueva Ruta de la Seda es la iniciativa de infraestructuras del billón de dólares que unirá China con el corazón de Europa permitiendo que los productos chinos alcancen nuevos mercados a través de varias rutas que atraviesan Asia Central. Los corredores terrestres se complementan por mar con la Ruta de la Seda Marítima que se extiende hasta África Occidental. OBOR (One Belt, One Road), como se conoce comúnmente a la iniciativa, también tiene una componente tecnológica incorporando a las Tech chinas que abren negocios de e-commerce y de FinTech en los países por los que se extiende la Ruta.

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THE ASIAN DOOR: Las ciudades chinas como centros de innovación. Águeda Parra

Cada día es más frecuente ver cómo crece la influencia de China en cuestiones globales, tanto a nivel político, económico como social. Después de años de crecimientos del PIB a doble dígito que han permitido que China se posicione en un lugar destacado en la gobernanza mundial, hoy el gigante asiático se encuentra en segundo lugar entre los países más influyentes en asuntos globales, por detrás de Estados Unidos, pero por delante de Rusia, Alemania y Reino Unido, según el informe “Encuesta nacional de imagen global de China”.

El posicionamiento de China entre la élite mundial de las grandes potencias es el resultado de las políticas emprendidas por el gobierno central para impulsar la economía y conseguir la transición hacia una economía avanzada. El desarrollo que han experimentado las grandes ciudades costeras, así como las zonas del interior, son reflejo de las medidas implantadas durante las últimas décadas por los dirigentes chinos.

En la era Xi Jinping, los avances en tecnología y la innovación han centrado el desarrollo económico del país, impulsado por el esfuerzo que han realizado las principales ciudades de China por ser centros de atracción de inversión, talento tecnológico, espíritu emprendedor, desarrollo de la I+D, medidas de avance social y turismo.

Las ciudades imperiales chinas ya no son una mera referencia cultural e histórica, sino que se han convertido en urbes que están atrayendo fuertemente la inversión extranjera, haciendo que se desarrollen como centros económicos de referencia entre las grandes metrópolis mundiales. Modernizar la economía del país ha supuesto modernizar sus ciudades, que ahora se sitúan en los primeros puestos mundiales por crecimiento del PIB per cápita junto a otras grandes capitales. Del estudio “Las 10 economías metropolitanas con mejor rendimiento del mundo” publicado por The Brookings Institution destaca que la mitad sean urbes chinas, una clasificación que incluye a Dublín (1), Fuzhou (2), Tianjin (3), San José (4), Chengdu (5), Xiamen (6), Delhi (7), Beijing (8), Manila (9) y San Francisco (10).

En el caso de Xiamen, su posición privilegiada en el estrecho de Taiwán, dentro de la Zona Económica Especial de Fujian, le ha permitido situarse entre los principales hub regionales y nacionales a nivel de comercio. El desarrollo económico de la ciudad se ha visto favorecido por la inversión en infraestructuras por tratarse de uno de los extremos de los trayectos ferroviarios del Nuevo Puente Terrestre Euroasiático que forman parte de la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda. Asimismo, destaca la capacidad de Xiamen por atraer talento, gracias a programas universitarios con 26 universidades de Norteamérica y Canadá.

También en la provincia de Fujian se encuentra Fuzhou, una de las metrópolis de referencia al estar considerada como la segunda provincia con mayor nivel de e-commerce del país y, por tanto, una de las mayores impulsoras de la creciente economía digital que está liderando la revolución tecnológica de China. Por este motivo, la ciudad ha sido elegida por el gigante del e-commerce eBay para abrir su segundo centro de desarrollo en el país, tras el que tiene en Shanghai. La apuesta por la innovación tecnológica ha propiciado que China desarrolle sus propias aplicaciones para no depender de tecnología extranjera en su propio desarrollo económico, de ahí que esté surgiendo una creciente rivalidad tecnológica con las empresas americanas y europeas que se están viendo obligadas a invertir en el país para poder competir en el mercado de e-commerce más grande y el que más crece del mundo.

Chengdu, en la provincia de Sichuan, simboliza el gran desarrollo que están experimentando las ciudades del interior gracias al esfuerzo económico del gobierno central por reducir las diferencias entre estas regiones y las zonas costeras, más desarrolladas económica y socialmente. Una ciudad que funciona de hub comercial regional, junto con Kunming, en las rutas comerciales de la nueva Ruta de la Seda hacia Asia Oriental y la conexión con las rutas marítimas a través del océano Índico. En su componente tecnológica, Chengdu se está posicionando como hub tecnológico de empresas de juegos digitales, así como sede de un gran número de multinacionales, como Dell, Texas Instruments, Siemens, IBM o Ubisoft, por nombrar algunas.

Xiamen, Fuzhou y Chengdu simbolizan para China el crecimiento económico a todos los niveles, ya que son ciudades que están atrayendo inversión extranjera, talento tecnológico y son fuente de innovación y desarrollo regional y nacional. Son referentes de cómo las políticas promovidas por Xi Jinping de impulsar el Made in China 2025 y la nueva Ruta de la Seda confieren al gigante asiático la capacidad para desarrollar transversalmente todas las ciudades del país.

The Miniscule Blue Helmets on a Massive Quest are rapidly spreading around the globe. The Hague (Holland) functions as their forward operating base from where they take off. Eyewitnesses of the quest have submitted hundreds of photos taken on nearly all continents. These reports can be found on the website http://minibluehelmets.com.

THE ASIAN DOOR: Qué esperar de China como mediador de conflictos internacionales. Águeda Parra

El rol de China como mediador de conflictos internacionales es quizá la actividad menos conocida dentro de la agenda de política exterior que realiza el gigante asiático, aunque sería lo esperable por parte de la segunda economía mundial. El objetivo de Xi Jinping es que China se convierta en una potencia global en 2049, con capacidad de influir en cuestiones mundiales al estilo de otras grandes economías occidentales. La visibilidad que ofrece este tipo de conflictos aumenta la capacidad de influencia en la comunidad internacional, pero ése no es el único objetivo. La mediación es una herramienta imprescindible para mantener la paz en zonas de inestabilidad, condición indispensable para asegurar el éxito de la nueva Ruta de la Seda, la mayor iniciativa de infraestructuras mundial.

El anuncio en 2013 de la iniciativa OBOR (One Belt, One Road), como también se conoce a la nueva Ruta de la Seda, supuso el aumento de las actividades de mediación en China en la era de Xi Jinping, pasando de participar en tres conflictos en 2012, a los nueve en los que está involucrado en 2017. Nunca antes China se había mostrado tan activa en su función de mediación, a excepción de 2008 cuando, ante la celebración de los Juegos Olímpicos en Beijing, China incrementó sus actividades en conflictos para aportar mayor visibilidad internacional al evento deportivo.

A la primera etapa corresponden los esfuerzos de mediación entre la República del Congo y Ruanda, entre Sudán y Sudán del Sur, y la participación en las conversaciones a seis bandas junto a Estados Unidos, Japón, Rusia y las dos Coreas para intentar detener el avance del programa nuclear de Corea del Norte y que el país cumpla con las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Aunque suspendidas estas rondas desde 2009, el papel de China sigue activo durante la administración Trump, una vez que es el origen y el destino del 90% de los intercambios comerciales con Corea del Norte.

Los países por los que pasan los corredores terrestres de la nueva Ruta de la Seda y las rutas de navegación que forman la Ruta de la Seda Marítima centran la atención de China como agente mediador de conflictos en Asia Central, en el Sudeste Asiático y en la extensión de OBOR por África Occidental. Asegurar las inversiones, el comercio, a los empleados chinos y a las empresas nacionales que trabajan para el desarrollo de OBOR es la principal preocupación del gobierno chino en estas regiones, además de ser clave para asegurar el éxito de la iniciativa. La ruta que conecta Asia con Europa pasa por varias zonas donde las revueltas podrían poner en peligro la iniciativa, de ahí que el objetivo sea luchar contra lo que Beijing denomina las “tres fuerzas”, es decir, el separatismo, el terrorismo y el extremismo.

La provincia musulmana de Xinjiang es una zona de conflicto que responde a este patrón, tanto como problemática a nivel doméstico, como foco de conflicto en el desarrollo de OBOR. El posible resurgimiento talibán en la zona ha motivado la ayuda de China a Afganistán para entrenar a sus tropas militares en actividades de contraterrorismo. El adiestramiento tendrá lugar en un campamento que China está construyendo en la zona del corredor de Wakham, una franja de tierra aislada de unos 350 km que conecta la provincia afgana de Badakhshan con la región musulmana china de Xinjiang. Beijing ha negado que esta cooperación pueda desembocar en la creación de una base militar en la zona, siendo el propósito continuar con la ayuda militar que China viene ofreciendo a Afganistán y que en los últimos tres años ha ascendido a 70 millones de dólares. Pero en la relación de China con Afganistán existen además otros dos objetivos; uno económico, que supone mantener la cooperación comercial con uno de los países de la región rico en recursos naturales, al que habría que sumar el de disminuir la hegemónica influencia de Estados Unidos no sólo en Afganistán, sino en Asia Central en general.

Fuera de la Ruta de la Seda, la participación de China como mediador también se extiende a la guerra civil en Siria, al conflicto entre Israel y Palestina, y a la disputa por la población Rohingya entre Bangladesh y Myanmar. En muchas de estos casos, el papel de China no termina de ser del todo exitoso, debido fundamentalmente a la falta del enfoque que recomiendan las buenas prácticas internacionales de abordar cada conflicto individualmente, evitando actuar de forma similar en todos ellos. Sin embargo, aunque el principal interés de China en su rol de mediador sea asegurar el desarrollo de OBOR y la estabilidad en las regiones de influencia de la iniciativa, la experiencia obtenida en estos conflictos resulta fundamental para los objetivos de Xi de convertir a China en una economía de poder global ante la comunidad internacional.

Flickr Lola Aguilera

INTERREGNUM. Pekín en los Balcanes. Fernando Delage

El pasado 7 de julio, el primer ministro chino, Li Keqiang, se reunió en Sofía con sus 16 socios de Europa central y oriental (PECOS) para su séptima cumbre anual. Desde su formación en 2012, el grupo (conocido como “16+1”) se ha convertido en un instrumento para la penetración china en Europa, a través de los Estados menos desarrollados del Viejo Continente, así como de los todavía candidatos a la adhesión. Hay analistas que consideran el formato como un medio para dividir a la Unión Europea, creando una especie de dependencia de China para los PECOS. Los hechos no dan motivos para tal conclusión, aunque no deben perderse de vista algunos de sus efectos políticos.

De la alarma externa por el nacimiento del grupo se ha dado paso en la actualidad a un creciente escepticismo entre los propios participantes europeos. Las “inversiones” que esperaban son más bien préstamos de la banca pública china, que habrá que devolver —con sus intereses— pese a la discutible rentabilidad de muchos de los proyectos planificados. El temor al endeudamiento y las dudas sobre la fiabilidad técnica de varios de esos proyectos, están en el origen de una cierta decepción que se ha hecho visible en el encuentro en la capital búlgara. El desfase entre la retórica de reuniones anteriores y la realidad que parece asumirse hoy no deja de ser, sin embargo, una consecuencia de la falta de transparencia sobre los objetivos del grupo.

Aunque se trata de una fórmula multilateral, es una estructura bajo la cual Pekín persigue sus intereses de manera bilateral, en particular con aquellos países con marcos regulatorios más débiles —o directamente opacos— para la inversión exterior. Esto explica quizá que los cinco miembros que aún no pertenecen a la UE (Albania, Bosnia, Macedonia, Montenegro y Serbia) reciban la mitad de las inversiones chinas en infraestructuras del total de los 16. Pekín habrá consolidado su presencia en ellos una vez que se produzca su incorporación a la Unión.

Con todo, si los PECOS —a los que China dirige apenas el 10 por cien del total de sus inversiones en el continente— tienen importancia para la República Popular es porque ocupan el espacio a través del cual la Ruta de la Seda llega a Europa occidental. Es en esta última donde se encuentran los mercados de alto nivel adquisitivo y las empresas tecnológicas prioritarias para Pekín. Su control del puerto de El Pireo, o su apoyo al tren Belgrado-Budapest, entre otros esfuerzos, responden a esa lógica de interconexión que contribuirá a facilitar los intercambios comerciales y financieros entre la República Popular y la UE.

Con todo, más allá de los intereses económicos, deben tenerse asimismo en cuenta las implicaciones políticas del acercamiento chino. Hace ahora dos años, Hungría, Croacia y Grecia obligaron a “dulcificar” el lenguaje de la declaración comunitaria sobre el fallo del Tribunal Permanente de Arbitraje que negó los argumentos de Pekín sobre su soberanía sobre las islas del mar de China Meridional. Más recientemente, ya se trate de derechos humanos, de la supervisión de las inversiones chinas, o de las dificultades de acceso a su mercado, varios de estos Estados miembros —Hungría normalmente al frente— suelen bloquear toda posición europea crítica con Pekín.

Pero de nada sirve preocuparse por la influencia china si la República Popular ofrece a los PECOS lo que éstos no parecen encontrar en otros socios o instituciones. La próxima cumbre bilateral de la UE con China, y el documento estratégico sobre interconexión en Eurasia —que se espera adopte el Consejo Europeo en octubre— deberían permitir avanzar en un enfoque de conjunto, que identifique en mayor detalle los intereses del Viejo Continente en su relación con Pekín y —casi más importante— proporcione los instrumentos y las estrategias para defenderlos. (Foto: Flickr, Lola Aguilera)

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THE ASIAN DOOR: La nueva Ruta de la Seda incorpora a las Tech chinas. Águeda Parra

 

Si tuviéramos que elegir aquel proyecto que está ayudando más a que China se posicione en un lugar destacado en la esfera global ése sería la nueva Ruta de la Seda. Concebida como una iniciativa global e integradora de la que participan actualmente 68 países, responde a la visión holística del gigante asiático de conseguir un entorno de prosperidad, de despliegue de nuevos mercados de exportación y de avances tecnológicos que ayudarán a que China se convierta en una potencial global.

La Ruta se conoce más comúnmente como la iniciativa OBOR (One Belt One Road) y es la muestra más clara de cómo Xi Jinping está adoptando un perfil alto en las cuestiones geopolíticas y geoestratégicas que atañen a China, a diferencia de anteriores dirigentes chinos como Deng Xiaoping que preferían mantener un perfil bajo en cuestiones de política exterior. Como parte del “sueño chino”, la iniciativa forma parte del XIII Plan Quinquenal (2016-2020), además de haberse incluido una referencia del colosal proyecto de infraestructura en la constitución del Partido.

Conocida como la iniciativa del siglo, OBOR pretende unir China con Europa a través de seis corredores terrestres denominados Silk Road Economic Belt (Cinturón Económico de la Ruta de la Seda), y una ruta marítima, conocida como 21st-Century Maritime Silk Road (Ruta de la Seda Marítima del siglo XXI). El objetivo de China no es sólo aumentar su influencia política en los países por donde discurre la Ruta y mantener la estabilidad en sus fronteras oeste y sur, sino mejorar la calidad de vida de las personas que viven en esas regiones y abrir nuevos mercados de exportación para los productos chinos.

Los 68 países que agrupa la nueva Ruta de la Seda representan una población de 4.400 millones de personas, el 70% de la población mundial, y un tercio de la producción económica mundial. Después de los primeros cinco años desde que Xi anunciara la iniciativa, el aumento del volumen de los flujos comerciales ya es apreciable en ambos sentidos, registrando un incremento del 19,4% en el primer trimestre de 2018 respecto al mismo período del año pasado, alcanzando los 287.300 millones de dólares.

En esta primera fase del proyecto, están empezando a estar operativas varias infraestructuras emblemáticas, como el puerto de Gwadar en Pakistán y el puerto de El Pireo en Grecia, a la que se suman muchas otras obras de ingeniería por toda Asia Central donde destaca la voluntad de China de invertir en fuentes renovables. Mientras muchos otros proyectos se suman a la iniciativa en esta fase, principalmente centrada en mejorar el transporte y las comunicaciones, comienza una segunda etapa donde será clave el desarrollo de los sectores del e-commerce, salud, educación y servicios financieros, en un ciclo donde se van sucediendo estas dos etapas a medida que se incluyen nuevos proyectos hasta que la iniciativa finalice en 2050.

En esta segunda fase de OBOR es cuando entran en escenas las otras grandes iniciativas lanzadas por China, como el Made in China 2025, Healthy China 2030 y el desarrollo de las FinTech como parte del proceso de globalización de China. En este ámbito es donde las grandes tecnológicas chinas están jugando un papel muy importante participando activamente con los países OBOR en el fomento del sector privado. De la mano de los colosos tecnológicos Alibaba, Tencent y JD.com, principalmente, está llegando la revolución digital a países con bajos Índices de Desarrollo Humano. Es el caso de la adquisición por parte de Alibaba de Daraz, empresa de e-commerce de Pakistán, propietaria de plataformas marketplace online por toda Asia del Sur. En Bangladesh, otro de los países OBOR, Alibaba adquiría a través de Ant Financial, matriz de Alipay y la mayor FinTech del mundo, el 10% del proveedor de servicios financieros móviles bKash, mientras que en Pakistán se hacía con el 45% del Banco Telenor Microfinance, que a su vez es propietario de Easypaisa, la mayor plataforma de servicios financieros digitales en Pakistán.

De los corredores que contempla OBOR, el Nuevo Puente Terrestre Euroasiático que conecta China con Europa por vía férrea es la opción elegida por JD.com para repartir los productos que se cargan en el puerto de Hamburgo, Alemania, entre los minoristas online que quieren vender en China. Tras un recorrido de 10.000 kilómetros, el China Railway Express llega a la provincia de Shaanxi utilizando una ruta un 80% más barata que la opción de transporte aéreo, y 35 días más rápida que si utilizara las rutas marítimas.

La economía digital forma parte de la nueva Ruta de la Seda, y China cuenta con los beneficios que reportarán tanto las obras de infraestructuras contempladas en la iniciativa como las que procedan de los sectores tecnológicos para profundizar en el proceso de globalización del país. Todavía no se conoce en detalle los beneficios de esta nueva visión de la Ruta, pero cuando se conozcan, serán tan colosales como las cifras que se manejan en el despliegue de infraestructuras de OBOR.

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Evento: Presentación del Instituto Seda España. Gema Sánchez.

El 19 de junio se presentó en Madrid el Instituto Seda España (ISE), una entidad privada que nace con el propósito de estrechar los lazos entre el medio centenar de países por donde transcurren los trazados marítimos y terrestres de la histórica y de la Nueva Ruta de la Seda. Este acercamiento puede abrir múltiples oportunidades, entre otras, el desarrollo del turismo cultural que, en el caso de España, cuenta con Valencia como ciudad de destino del mítico recorrido.

El evento estuvo presidido por Federico Mayor Zaragoza, en su calidad presidente de honor, al que acompañaron José María Chiquillo, responsable de la Plataforma On Line Ruta de la Seda Unesco y Francesc Colomer, secretario de Turismo de la Generalitat Valenciana. La presentación oficial del ISE corrió a cargo de su presidente, Fernando Molina, responsable del Silk Spain Travel, y como vicepresidente Enrique Gaspar, que a su vez dirige la Asociación Nexos-Alianza.

Al acto asistieron varios representantes del cuerpo diplomático de países de la Ruta de la Seda, el Presidente de Segittur, Fernando de Pablo Martín, la Embajadora para la Alianza de Civilizaciones, Belén Alfaro y el Embajador de España para Asia Central del Ministerio de Asuntos Exteriores, Manuel Larrotcha.

El nuevo Instituto busca equilibrar los intereses públicos y privados y favorecer el intercambio de ideas y contenidos  en el entorno del mundo de la seda. Fernando Molina desglosó las áreas de actividad en las que centran su esfuerzo, de las que señaló la importancia de las nuevas tecnologías, la inteligencia turística, la ruta inteligente, la transversalidad de las propuestas y la relación público-privada del ISE.

Enrique Gaspar, responsable de contenidos, comunicación y relaciones culturales del ISE, señaló una serie de proyectos concretos como una serie para televisión sobre la Nueva Ruta de la Seda, coproducciones cinematográficas (por ejemplo una película entre Kazajistán y España), conciertos con Eduardo Paniagua y orquestas de la Comunidad Valenciana, exposiciones, intercambio de estudiantes con sistemas de becas entre universidades de las regiones sederas de España, ciencia e investigación, etc. También se anunció la próxima presentación del nuevo Instituto en la Comisión Europea en Bruselas y en el Foro Global de Alianza de Civilizaciones, en noviembre, en la sede de Naciones Unidas en Nueva York.

Valencia tuvo un especial protagonismo en la presentación, dada su condición de Ciudad de la Seda, tal y como recordó en su intervención el secretario de Turismo de la Generalitat Valenciana, Francesc Colomer, que aludió al valor patrimonial de la Lonja, el Colegio Mayor de la Seda, así como los beneficios que esto conlleva para el prestigio, la imagen y el turismo de la ciudad de Valencia y por extensión del resto de la Comunidad. La Ruta de la Seda favoreció los intercambios comerciales y culturales entre distintas civilizaciones y no se puede olvidar que Valencia tiene entre sus iconos más representativos productos que vinieron del extremo Oriente, como el arroz o la propia seda con la que se confeccionan los trajes tradicionales.

Durante la sesión, se proyectaron unos vídeos promocionales con imágenes de la diversidad y riqueza de las civilizaciones unidas por la ruta, subrayando el patrimonio histórico y cultural de Valencia. El acto también sirvió para la entrega de premios al reconocimiento de la labor profesional de quienes habían contribuido al impulso del Instituto desde diversas perspectivas.

Emperadorrr

Érase una vez… Juan José Heras

Érase una vez un gran líder chino que decidió cargar sobre sus espaldas la titánica tarea de convertir a su país en una potencia mundial. Para ello, les pidió a sus conciudadanos confianza plena en sus decisiones, que implicaban sacrificios como la aceptación de un mayor control sobre internet, sus viajes, sus compras, sus empresas y en general, sus propias vidas. Pero es que él, y solo el, sabía lo que realmente era bueno para ellos.

Sus súbditos, unos más convencidos que otros, obedecieron, ya que para ellos era más importante mejorar su condiciones de vida que estrenar unas libertades desconocidas y que, según decían algunos, podrían sumir en el caos a un país habituado a la tutela de sus gobernantes.

Entonces, el gran líder habló con los pequeños líderes de los países vecinos para explicarles cómo debían gestionar algunos asuntos que en el pasado habían enfrentado a sus pueblos. Les “convenció” de que lo mejor era que China se encargase de controlar los mares adyacentes y las cadenas de islas cercanas, ya que todo eso había pertenecido desde siempre a su país. Además, les prometió carreteras, puentes y centrales energéticas para desarrollar sus países y poder así comprar los productos chinos. Por último les mostró que ese amigo lejano (EE.UU.), que en otro tiempo les había prometido protección, ya no era de fiar, y que no vendría en su auxilio si, por cualquier motivo incomprensible para la razón humana, desafiaban la autoridad del emperador.

Para “ayudar” a los pueblos bárbaros más alejados del imperio, China puso en marcha la iniciativa de la “nueva ruta de la seda” con la que pretendía conectar Europa y Asia comercialmente. Prestó mucho dinero a estos países a cambio de que lo utilizasen en contratar a las empresas del emperador para construir autopistas, puentes, líneas ferroviarias, centrales energéticas y polos industriales. Pero la mayoría de ellos no pudieron hacer frente a sus préstamos y el imperio tuvo que asumir su tutela política y económica para impulsar el desarrollo en el continente.

Mucho más lejos de la civilización se encontraban los europeos, que en un pasado reciente habían tenido la fortuna de descubrir magias de guerra muy poderosas que les permitieron humillar al Imperio del Medio durante 100 años. El nuevo emperador sabía que todavía  necesitaba hacerse con esa magia para volver a ser el único interlocutor reconocido bajo el cielo. Por eso elaboró un plan para atraer a China a los hechiceros europeos. Primero les ofreció la posibilidad de utilizar la abundante mano de obra barata del imperio para fabricar sus hechizos más baratos. Posteriormente, cuando los súbditos chinos tuvieron dinero para comprarlos, el emperador ofreció a los magos extranjeros acceso a su mercado interno a cambio de la fórmula secreta de algunos de ellos. Pero los europeos todavía guardaron para ellos la magia más vanguardista y poderosa.

Durante décadas, el astuto emperador aguardó agazapado bajo eternas promesas de liberalización del mercado y avances en el respeto de los derechos humanos, dando la impresión de que su imperio se desarrollaría de acuerdo al modelo occidental. Hasta que un día, los frágiles sistemas de gobierno democrático de estos pueblos bárbaros comenzaron a resquebrajarse con independentismos, corrupción no planificada y la reivindicación de libertades utópicas envenenadas por la ignorancia que florece en las sociedades acomodadas. Entonces el emperador, aprovechando las sucesivas crisis económicas que asolaron el viejo continente, consiguió hacerse con esa magia puntera que hasta ese momento marcaba la diferencia entre ellos.

Con el paso del tiempo China fue acumulando influencia política gracias a su capacidad económica, consiguió mejorar la mejor de las magias europeas y multiplicó su potencial bélico, que, construido durante varias décadas, se convirtió en su mejor garantía ante el incumplimiento de las viejas promesas, que ya solo respetaría para aquellos países que demostrasen su condición de buenos vasallos.

Hasta aquí la historia de cómo China recuperó en el siglo XXI el lugar que le correspondía, esto es, el centro del mundo. Y al igual que en su momento parecía imposible que EE.UU. perdiera su hegemonía mundial, ahora es impensable que se derrumbe el imperio asiático.

Sin embargo, en todos los imperios (y en todas las empresas), los peores enemigos están dentro. Y quien sabe si las nuevas generaciones, que ya no tengan necesidad de mejorar sus condiciones de vida, comenzarán a exigir libertades y derechos que, llevados al extremo resucitarán los fantasmas del independentismo, la corrupción no planificada, y la desafección hacia las clases políticas que, en otro tiempo provocaron la caída de la vieja Europa. Eso sí, en este caso, todo será con “características chinas”.