La intervención de Israel y EEUU para destruir la infraestructura nuclear y de misiles balísticos de Irán y, eventualmente, allanar el camino a una caída de la teocracia de los ayatollah ha abierto un abanico de incertidumbre que afecta a toda la geopolítica y la estructura de poder mundial. A la vez, desvela una mezcla de ingenuidad y desconocimiento de la realidad de Oriente Medio y especialmente de Irán, país al que se llega a denominar en algunos medios de comunicación como “árabe” cuando no lo es (viven más árabes en Europa que en Irán) y sobre el que se vierten tópicos alimentados por la propaganda tanto del régimen tiránico como de Occidente.
Irán es un país multiétnico, integrado por persas, kurdos, azeríes, baluchis y árabes de la alejada provincia de Jorasán, en la frontera con Afganistán, y multirreligioso dentro del islamismo. Los persas son mayoritariamente chiitas y detentan todo el poder político y religioso. Los kurdos y los baluchies son mayoritariamente sunníes como los árabes, entre los cuales hay grupos yihadistas que combaten a Teherán y los azeríes del norte son chiitas pero enemigos del clero persa por razones históricas y cercanos a la cultura turca. El poder persa-chiita además tiene en Arabia Saudí y en el sunismo islámico (mayoritario en el mundo) a unos enemigos como lo son EEUU e Israel. Ignorar estos parámetros al analizar el escenario es condenarse al ridículo.
Desde el punto de vista político militar Irán va a salir muy debilitado de esta guerra y eso creará condiciones de mayor estabilidad en la región, aunque ahora no lo parezca, y a alianzas como los acuerdos de Abraham entre EAU, Sudán, Israel y los saudíes en la sombra de momento.
Desde el punto de vista económico, el panorama es más complejo pues la subida de precios del gas y el petróleo es probable y el cierre del Estrecho de Ormuz catastrófico. Sin embargo, aunque se resalte poco, estas dificultades van a afectar mucho más a China que a Occidente, que tiene más reservas y fuentes de suministro mientras China depende más de Irán y países cercanos a pesar del gas ruso. Esto, probablemente, conducirá a Pekín a presionar a su aliado iraní a propiciar una salida negociada envuelta en una retórica antioccidental que no debería sorprender a nadie y que no conducirá a acciones concretas de China.




