INTERREGNUM: Un siglo de múltiples Asias. Fernando Delage

La idea de que la actual centuria es “el siglo de Asia” se ha convertido en un lugar común, pero ¿realmente ayuda a comprender el lugar de Asia en el mundo y sus implicaciones? ¿No es más bien un mito que oscurece, en vez de iluminar, la complejidad de tan vasto continente? Por un lado, porque por “Asia” la expresión se refiere básicamente a China (por sus enormes dimensiones, extraordinario crecimiento y proyección global); por otro, porque da a entender que la influencia de Occidente pertenece al pasado. Ambas premisas son, sin embargo, incorrectas.

Tal es la tesis recogida por Bilahari Kausikan, el conocido diplomático singapureño, en un breve ensayo de reciente publicación (The Myth of the Asian Century, Penguin, 2025). La diversidad de la región priva a “Asia”, en su opinión, de todo significado político o estratégico coherente. Aunque su músculo económico (cerca de la mitad del PIB global) sea innegable, no puede decirse que exista una colaboración entre sus Estados. ¿No hay disputas entre China y Japón, o entre China e India, por citar sólo a sus principales actores? Para Kausikan, esa divergencia de intereses constituye el principal obstáculo a la concepción de un “siglo asiático”.

No sólo impide el choque entre nacionalismos que se pueda analizar Asia como un bloque homogéneo, sino que su propia heterogeneidad, escribe el autor, hace del continente “una región fundamentalmente multipolar”, en coherencia por otra parte con el sistema internacional en su conjunto. Desde esa perspectiva, el ensayo analiza el papel en la región de Estados Unidos y las ambiciones chinas, así como las consecuencias de la rivalidad entre ambos gigantes para el escenario regional. Se trata, en definitiva, de un examen del contexto estratégico asiático, con el característico estilo de Kausikan, siempre lúcido y en ocasiones provocador.

La presencia de Estados Unidos continúa siendo indispensable, afirma, y confía en su continuidad pese a la deriva de la administración Trump. No niega la creciente influencia de China, pero subraya la desconfianza regional en sus motivaciones. Kausikan descarta asimismo por “improbable” un acuerdo que divida el mundo en esferas de influencia, por el que Washington ceda a Pekín el control de Asia. “Por mucho que a Trump le guste hacer tratos, está aún más interesado en ganar y que se le vea ganar. Un ‘gran pacto’ que conceda a China la región de más rápido crecimiento del mundo, indica, será visto como una clara pérdida para Estados Unidos. Trump no querrá pasar a la historia como un perdedor que ha sido engañado por China”.

Washington y Pekín serán potencias centrales, pero ninguno de los dos podrá encabezar un bloque cerrado de naciones. Lo que el autor llama “multipolaridad dinámica asimétrica” para definir el tipo de interacciones que se desarrollan en la región hará imposible para cualquier gran potencia imponer una estructura jerárquica en Asia. En consecuencia, naciones medianas, incluso pequeñas, tendrán su peso con respecto a determinadas áreas o asuntos. Entre los actores que pueden desempeñar “papeles relevantes” en este juego, Kausikan incluye a Japón, India, Australia, Corea del Sur, Indonesia, Vietnam e, incluso, algunos de los Estados menores de la ASEAN”.

Uno de los efectos que anticipa su análisis, y que sostendrán la multipolaridad de la región, es la proliferación nuclear. Según señala, ni Japón ni Corea del Sur desean contar con un arsenal nuclear, pero la lógica de sus circunstancias estratégicas les empuja inevitablemente en esa dirección. Poseer una capacidad independiente de disuasión es la única manera para ambos de evitar una subordinación a Pekín o responder a la posible ruptura del sistema de alianzas de Estados Unidos en Asia. Es una afirmación que algunos considerarán discutible, pero que lleva al autor a concluir que “no habrá un siglo de Asia sino un siglo de múltiples Asias”.

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