China, Irán y la guerra

En las últimas semanas ha ido creciendo el protagonismo chino, directo e indirecto, en la evolución de la guerra en Irán y sus repercusiones en toda la región.

Por una parte, Pekín se ha ido implicando, paso a paso, a través de Pakistán, en las presiones para unas conversaciones de paz. Por otra, la existencia de un pacto desde hace años entre China e Irán están haciendo temer, a los servicios de Inteligencia de EEUU e Israel, aliados en el ataque a Irán de que el régimen chino está transfiriendo armas y sistemas de defensa al régimen de los ayatollah. Según el New York Times, las agencias de inteligencia de Estados Unidos han obtenido información de que, en las últimas semanas, China podría haber enviado un cargamento de misiles portátiles a Irán para su conflicto con Estados Unidos e Israel, según funcionarios estadounidenses. Pero añaden que los funcionarios dijeron que la información de inteligencia no es concluyente respecto al envío del cargamento, y que no hay pruebas de que los misiles chinos ya se hayan utilizado contra las fuerzas estadounidenses o israelíes durante el conflicto.

Ya, cuando ataque de Israel anterior, China revisó, reparó y repuso los sistemas de comunicaciones iraníes incluyendo sistemas de filtrado y protección contra intercepciones exteriores. Aparentemente, estos nuevos sistemas también han sido interferidos y neutralizados en los primeros días de la guerra actual.

Pero no está claro, no hay ningún dato, que China vaya a entregar sistemas de armas nuevos a Irán en la crisis actual. China, parece obvio, no quiere que EEUU salga de esta crisis no sólo con una victoria sino con un reforzamiento de sus lazos con los países árabes de la región, todos ellos adversarios de Irán y atacados por este país en la guerra actual. Pero también es evidente que China no está interesada en que se mantengan los enfrentamientos y las dificultades del flujo del petróleo y del gas hacia los mercados internacionales y, sobre todo, a los asiáticos en donde la guerra está teniendo mayores repercusiones económicas.

 

 

 

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