El discreto encanto de Pekín

La gran arma de la sinuosa diplomacia china es vestirse de discreto encanto, buenos modales, buenas palabras y, como parece lógico por la costumbre, enmascarar los objetivos reales de sus planes. Eso está, decimos, en la lógica de todos los países para la defensa de sus intereses. Solo que, aparentemente, China logra la casi perfección en sus sutileza, tejiendo lazos pacientemente, con un sentido de la paciencia y del tiempo del que carece la cultura occidental, presionada además por opiniones públicas con mayor libertad de información en sociedades dotadas de equilibrios institucionales.

En el marco de los conflictos armados en los que está implicado EEUU y la crisis energética subsiguiente, Pekín ha acelerado sus gestos a sus vecinos del sur multiplicando visitas y ofertas de apoyo. Han estrechado, más aún, los lazo con la dictadura birmana, median en Camboya, Tailandia, Malasia e Indonesia para aparecer como bomberos de diversos conflictos étnicos y armados que afectan a estos países y sigue tratando de influir más en Vietnam, un país con un modelo tan similar al chino y sin embargo con muchos vínculos con EUU que a Pekín le crean incomodidad. Y mientras tanto, en Pekín reciben a la jefa de la oposición al gobierno de Taiwán, una oposición más partidaria de iá dialogo con la China continental.

A la vez, China está desarrollando discretas gestiones en el apoyo a Pakistán en el intento de Islamabad de mediar entre Washington y Teherán. Claro que, ahí, los canales de mediación están controlados por países que, pese a algunas discrepancias, están más cerca de EEUU que de China. Pakistán, Turquía, Egipto y Omán tienen mejores interlocutores en EEUU y son los que más activamente están tratando de lograr un alto el fuego.

Pero China no está implicada militarmente en el conflicto y eso le proporciona un perfil de buen vecino que la diplomacia explota con habilidad. Todo un arte.

 

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