Aunque no suficientemente analizado, no deja de ser importante el factor chino en la crisis venezolana, la detención extraterritorial de su presidente y la esperanza de los venezolanos demócratas en un cambio de régimen. Y la clave de este factor está en el petróleo.
Petróleo ha sido la palabra más pronunciada por el presidente Trump en sus declaraciones sobre la operación en Venezuela y en sus proyectos para un futuro de Venezuela tutelado desde Washington. Y ese dato está siendo exhibido por una izquierda rancia y tópica y muchos cómplices ideológicos para presentar a Trump como un obsesionado por apropiarse del petróleo venezolano. Pero en realidad, EEUU no necesita tanto el crudo venezolano ya que, con su propia producción y reservas para gastos estratégicos, EEUU solo necesita un 10 por ciento más para cubrir sus necesidades y esto lo satisfacen sin problemas otros suministradores. Aunque es verdad que necesita un porcentaje de petróleo venezolano, más denso, que mezclar con el petróleo de los pozos estadounidenses, más ligero, y facilitar la circulación del crudo por los oleoductos.
¿Entonces? Pues no se trata tanto de apropiarse del petróleo venezolano como de impedir que este petróleo llegue a China, a Cuba y a otros países. Pero es China la que preocupa a Trump por su expansión en la América al sur de EEUU, la propaganda sobre la eficacia de su modelo totalitario y sus complicidades con algunos grupos criminales el tráfico de fentanilo.
EEUU tiene un plan para ordenar el espacio americano, desde el Ártico a la Antártida de acuerdo con sus propios intereses, en muchos casos coincidentes con los intereses europeos aunque Europa parece mayoritariamente inclinada a ignorarlo.
China, de acuerdo con su tradicional posicionamiento, se ha limitado a condenar la operación como una violación del derecho internacional, tan maltratado en todas partes, y a recordar el peligro de una inestabilidad generalizada.
La operación de EEUU en Venezuela, una conmoción en el precario orden internacional, tiene muchos elementos y tendrá consecuencias importantes y, por ahora, poco claras. Pero no subestimemos el factor chino.




