El mundo de los yōkai: del folclore a la cultura pop. Cristina García.

Cristina García. Redactora de Contenidos Digitales

Zorros capaces de adoptar forma humana, criaturas que habitan en los ríos, mujeres que aparecen entre la nieve o incluso paraguas y farolillos que cobran vida. Los yōkai forman uno de los imaginarios más reconocibles de la cultura japonesa y, al mismo tiempo, uno de los más difíciles de encerrar en una única definición.

Espíritus, criaturas sobrenaturales, animales con poderes extraordinarios o seres nacidos de objetos cotidianos conviven bajo una categoría que durante siglos ha servido para dar forma a aquello que resultaba extraño, inquietante o difícil de explicar. Pero su historia no quedó detenida en el terreno del miedo o la superstición. Con el tiempo, los yōkai se convirtieron también en personajes, imágenes y entretenimiento, una transformación que ayuda a entender por qué continúan tan presentes en la cultura popular japonesa.

De lo sobrenatural al entretenimiento

El universo yōkai se construyó a lo largo de siglos a partir de tradiciones religiosas, creencias locales, relatos populares y explicaciones vinculadas a fenómenos que escapaban al control humano, desde enfermedades hasta determinados acontecimientos naturales.

De ese imaginario surgieron criaturas muy diferentes entre sí. Algunas siguen siendo inmediatamente reconocibles: el kitsune, un zorro sobrenatural al que se atribuye la capacidad de transformarse; el kappa, asociado a ríos y estanques; la yuki-onna, el espíritu femenino de la nieve; el tengu, caracterizado en muchas de sus representaciones por su rostro rojo y su larga nariz; o el nekomata, un gato sobrenatural tradicionalmente representado con dos colas.

Otras muestran hasta dónde podía llegar esta imaginación. Los objetos comunes también podían adquirir una dimensión sobrenatural: paraguas, farolillos o sandalias aparecían convertidos en criaturas, haciendo que el territorio de los yōkai pudiera encontrarse no solo en bosques, montañas o cursos de agua, sino también entre los objetos de la vida cotidiana.

Fue durante el periodo Edo (1603-1868) cuando este universo adquirió una dimensión especialmente popular. La expansión de la impresión y de la cultura urbana permitió que los yōkai circularan ampliamente en libros ilustrados, estampas, relatos y juegos. También comenzaron a aparecer en objetos como kimonos, obi o guardas de katana.

No dejaron por ello de resultar inquietantes, pero se volvieron también familiares, reconocibles y, en ocasiones, abiertamente cómicos. El miedo y el entretenimiento podían convivir.

Cuando los yōkai adquirieron rostro

Las publicaciones ilustradas fueron fundamentales en ese proceso. La circulación de imágenes ayudó a fijar el aspecto de criaturas que hasta entonces podían variar considerablemente entre diferentes relatos y regiones.

Obras como el Ehon Hyaku Monogatari (Libro ilustrado de las cien historias) reunieron numerosos seres sobrenaturales acompañados de imágenes y descripciones, convirtiéndolos en personajes que podían ser reconocidos por lectores muy diversos.

También alcanzaron gran difusión historias como el Inō Mononoke Roku, un relato del siglo XVIII sobre las apariciones sobrenaturales que experimenta durante treinta días el joven Inō Heitarō. Sus sucesivas versiones e ilustraciones muestran cómo estas historias podían transformarse, circular y llegar a nuevos públicos.

Este proceso resulta especialmente interesante porque anticipa algo que continúa ocurriendo en la cultura japonesa contemporánea: criaturas procedentes del folclore son reinterpretadas visualmente, reciben nuevos rasgos y personalidades y pasan a formar parte de las formas de entretenimiento de cada época.

De las estampas a las pantallas

Los yōkai nunca desaparecieron con la modernización de Japón. Simplemente encontraron nuevos medios.

Durante los siglos XX y XXI pasaron de las estampas y los libros ilustrados al manga, el anime, el cine y los videojuegos. La cultura popular japonesa ha recuperado una y otra vez este imaginario, transformándolo para nuevas generaciones.

La franquicia Yo-kai Watch, por ejemplo, convirtió diferentes criaturas sobrenaturales en personajes de videojuegos, series de animación, manga y juguetes. El cine también ha recurrido repetidamente a ellos, desde la serie Yokai Monsters hasta producciones que reinterpretan de formas muy diferentes el folclore japonés.

Studio Ghibli ofrece algunos de los ejemplos más conocidos internacionalmente. Pompoko, de Isao Takahata, parte de los tanuki y de su tradicional capacidad de transformación para construir una historia sobre la urbanización y la pérdida de su entorno. El viaje de Chihiro, por su parte, desarrolla un mundo poblado por espíritus y seres sobrenaturales que dialoga con un imaginario japonés mucho más antiguo.

Ahí reside probablemente una de las claves de la longevidad de los yōkai. No han sobrevivido porque hayan permanecido inalterados, sino precisamente porque han cambiado constantemente.

Las criaturas que en otro tiempo ayudaban a representar lo desconocido pudieron convertirse después en protagonistas de libros ilustrados, objetos decorativos, personajes cinematográficos o videojuegos. Siglos después del periodo Edo, continúan haciendo lo que siempre hicieron: cambiar de forma para seguir formando parte de la cultura japonesa.

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