La crisis iraní alarma a Asia central

El resquebrajamiento del régimen teocrático iraní en medio de las movilizaciones populares exigiendo otra política económica y más libertades civiles ha puesto al sistema de los ayatollah contra las cuerdas, hasta el punto de la emergencia como una alternativa posible del heredero del último Shah de Persia, Reza Pahlavi, para encabezar un cambio en país.

La política económica, orientada al gasto militar y cercada por las sanciones motivadas por sus planes de dotarse de armas nucleares, la mala gestión de las infraestructuras unida a los daños causados por los ataques israelíes y de EEUU han precipitado las movilizaciones que podrían acabar con el régimen islamista.

Pero la crisis repercute a toda la región, sometida ya a las tensiones, discretas pero crecientes, entre China que quiere aumentar su influencia en la ruta terrestre hacia los mercados europeos y una Rusia debilitada por su agresión en Ucrania donde Moscú quiere seguir siendo el gran padrino en los territorios que formaron parte de la Unión Soviética.

Pero, además, la sociedad iraní no es homogénea, ni étnica de religiosamente y la oposición al régimen es una costelación de grupos, desde comunistas radicales a monárquicos y minorías étnicas como los kurdos, mayoritariamente musulmanes sunitas; baluchis, también sunitas; azeríes, chitas como la mayoría de los persas pero adversarios de ésta, y árabes sunitas en la frontera con Afganistán. Con este escenario una caída convulsa y desordenada del régimen podría arrastrar a toda la región a una desestabilización regional. Y esta es una pesadilla para las repúblicas centroasiáticas que, a pesar de todo, están creciendo en medio de una relativa normalidad.

 

 

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