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THE ASIAN DOOR: Minerales tecnológicos y transición energética, dinámicas de cambio en un mundo en transición. Águeda Parra.

Las grandes potencias son cada vez más conscientes que necesitan desplegar un rol protagonista en las cadenas de valor tecnológico bien desde la parte del diseño, bien desplegando capacidad en manufactura de chips. Aunque cualquiera de estas dos posiciones confiere una importante competitividad estratégica, el acceso a los minerales estratégicos se va a convertir en el elemento indispensable que las potencias innovadoras necesitan asegurar para seguir manteniendo sus ventajas competitivas en las próximas décadas. Podríamos decir que los chips y los minerales tecnológicos representan dos caras de la misma moneda.

En este cambio geopolítico que estamos viviendo, los minerales estratégicos van a acaparar gran parte de la atención, aunque ya lo estaban haciendo hasta ahora. Por una parte, la disrupción de las cadenas de suministro va a propiciar que se desarrolle una nueva tendencia de producir más cerca, lo que va a suponer acabar con el modelo de globalización que ha estado vigente durante las últimas tres décadas.

Por otra parte, la escalada de precios de estos elementos indispensables para la transición energética y la movilidad sostenible es quizás el aspecto más conocido. Sin embargo, el verdadero reto está en las reservas, que se están agotando a pasos acelerados justo cuando la demanda supera en mucho a la oferta. Y, para complicar la ecuación, Rusia y Ucrania figuran entre los países exportadores más importantes de estos minerales.

Es el caso del aluminio, que se utiliza en multitud de industrias porque no emite tóxicos ni olores, y del que se espera un crecimiento de la demanda estimada de hasta catorce veces más a la actual. También catorce veces más crecerá la demanda del níquel, que se utiliza para fabricar acero inoxidable, y de hasta nueve veces más será en el caso del litio, esencial para la fabricación de los chips y las baterías.

Este exceso de demanda previsto hasta 2030 va a atraer el interés hacia aquellos países que concentran un mayor volumen de reservas, o que generan una alta producción de estos minerales. En este caso, América Latina va a volver al foco de atención de las cadenas de suministro, ya que Chile y Argentina concentran una de las mayores reservas de litio del mundo.

Sin embargo, los elevados precios y los bajos niveles de reservas no son los únicos factores que van a afectar al desarrollo de las baterías y al despliegue de tecnologías de emisiones cero. Un tercer eje va a marcar las dinámicas que van a definir la geopolítica de la tecnología en el corto y medio plazo, y no es otro que la invasión rusa de Ucrania.

Después de tres meses de guerra, la invasión de Ucrania se ha convertido en el integrante inesperado del proceso de transición energética, poniendo presión a la línea temporal de objetivos climáticos comprometidos que se habían marcado los países. El aspecto más negativo de la actual coyuntura internacional es que se está prolongando la dependencia del carbón más tiempo del deseado, y esto repercutirá directamente sobre los objetivos de movilidad sostenible.

Sin embargo, en la otra parte de la ecuación, la necesidad de reforzar la seguridad energética está motivando también impactos positivos. El primero de ellos es que las renovables van a vivir una gran época dorada, con una aceleración del despliegue de energía eólica y solar, aunque el fomento de esta energía verde no va a conseguir sustituir la mitad del suministro del gas natural ruso hasta 2030.

Por otra parte, los mercados internacionales no están siendo ajenos a toda esta tensión energética, y el primer efecto de la invasión de Ucrania ha supuesto que se dispare la entrada de capital en fondos de energías renovables, cambiando la tendencia a la baja que existía hasta el momento.

Estos impactos considerados positivos se suman a las iniciativas impulsadas por la Unión Europea de simplificar los procesos de aprobación de premisos para impulsar proyectos de infraestructuras de renovables durante los próximos ocho años. Una ventaja que los países deben aprovechar para impulsar un mayor despliegue de infraestructuras de tecnologías de emisiones cero y conseguir así que la tormenta perfecta de la invasión de Ucrania no suponga que el hito de alcanzar los compromisos climáticos no sea un objetivo inalcanzable.

 

 

THE ASIAN DOOR: El Indo-Pacífico y los chips en un mundo en transición. Águeda Parra

El Indo-Pacífico se ha configurado como el centro de la geopolítica mundial, acaparando una mayor atención en el caso de la geopolítica de la tecnología. El comentario del presidente Biden en su primer viaje por Asia así lo adelantaba, al afirmar que “El futuro de la economía del siglo XXI se escribirá en gran medida en el Indo-Pacífico”, poniendo foco sobre un fenómeno que ya venía desarrollándose hace tiempo pero que la coyuntura internacional actual ha hecho más evidente.

La región es un hub global que se está beneficiando de que el centro de gravedad de la economía mundial se está desplazando hacia el este. Estos países disfrutan además de una importante integración comercial regional, gracias a haber desarrollado el mayor acuerdo de libre comercio del mundo, conocido como RCEP (en sus siglas en inglés), que entró en vigor a principios de este año y con el que los países del Indo-Pacífico aglutinan un volumen mayor de comercio entre sí que el que generan conjuntamente con Estados Unidos y Europa. Ésa es la dimensión.

Desde el punto de vista comercial, el Indo-Pacífico va a plantear el reto geopolítico de incorporar la región como destino en el radar de exportación para seguir manteniendo competitividad internacional, dado su amplio potencial económico y comercial. Las altas tasas de penetración de Internet, y el elevando uso de las redes sociales, medio esencial para realizar un buen posicionamiento de marca, son algunos de los alicientes digitales que ofrece la región. Sin embargo, el principal atractivo reside en la velocidad de crecimiento de la clase media que registra la zona, con una proyección de que genere hasta el 88% de la nueva clase media mundial.

Asimismo, como epicentro de la geopolítica mundial, el indo-Pacífico va a ser testigo de cómo la geopolítica de la tecnología va a reconfigurar las dinámicas de crecimiento globales, poniendo el foco, principalmente, en el potencial de la región en manufactura e innovación de chips.

Los chips están en todos los dispositivos electrónicos, con mayor o menor complejidad, y presentes en todas las industrias. Y la disponibilidad, o más bien, la falta de disponibilidad de chips, que se ha hecho evidente durante la pandemia, ha mostrado el rol central que desempeñan los semiconductores en el desarrollo de la economía digital, así como la gran fragilidad de las cadenas de suministro.

China lleva años invirtiendo para alcanzar la autosuficiencia tecnológica y esto ha supuesto que sobrepasara a Estados Unidos en inversión en chips en 2018, y que haya sido seis veces mayor en 2021. Esto muestra que la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China ya ha entrado en una etapa decisiva.

De ahí, que un buen posicionamiento en las cadenas de valor tecnológico sea la mejor estrategia para construir ventaja competitiva. Por ello, las grandes potencias innovadoras son cada vez más conscientes de que para mantener una importante posición competitiva ya no solamente es suficiente ser referente en innovación, sino que también va a ser necesario adquirir, o mejorar, la capacidad de manufactura de chips.

Entre las potencias innovadoras, Europa ya es plenamente consciente de que solamente con una mayor autosuficiencia tecnológica es posible mantener ventajas competitivas históricas e impulsar la transformación digital. Una rápida adopción del 5G, al ritmo al que se está produciendo en Corea del Sur y China, permitiría a Europa consolidarse como polo tecnológico y hub global, tanto en diseño como en manufactura tecnológica.

 

 

THE ASIAN DOOR: Protagonistas de un mundo en transición. Águeda Parra

Si repasamos los temas más relevantes de estos días, hay tres grandes titulares que protagonizan el impacto de la geopolítica sobre la actualidad internacional. Estamos ante una de las mayores crisis alimentaria de la historia, con un impacto directo en la sociedad mundial, afectando de forma importante a África. En el plano económico, las sanciones internacionales a Rusia son parte de los efectos que se van a prolongar en el tiempo más allá de cuánto dure la guerra, y, como tercer gran titular, la invasión de Ucrania ha generado mayor presión sobre Europa para abordar la seguridad energética ante el desafío de sustituir el suministro de gas ruso.

Todo ello está generando un mundo en transición más rápido de lo esperado, ya que a estos grandes titulares se le van a ir sumando otras dinámicas de cambio que ya venían siendo evidentes hace tiempo, que ya venían pidiendo paso, y que ahora van a acaparar más rápidamente el interés internacional por el efecto de la invasión de Ucrania. Y estos nuevos titulares van a estar más ligados a la geopolítica de la tecnología, que va a ser la gran protagonista de la coyuntura internacional en las próximas dos décadas, y que va a afectar a todas las industrias, independientemente de cuál sea el sector de actividad, porque la tecnología es parte esencial de todos los procesos productivos.

En la geopolítica de la tecnología, como en la geopolítica, hay distintos ejes a tener en cuenta, y que, de forma general, se pueden agrupar en grandes actores protagonistas, regiones que van a captar el interés internacional, y nuevas temáticas que van a marcar el curso de las futuras dinámicas geopolíticas.

En el caso particular de los actores que van a marcar las grandes dinámicas de cambio en las próximas dos décadas, la geopolítica de la tecnología tiene dos claros protagonistas, Estados Unidos y China. La rivalidad por el liderazgo tecnológico entre estos dos grandes titanes va a marcar cómo evolucione la geopolítica en las próximas décadas, pero también impactará sobre la economía mundial. Además, la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China ha entrado en una etapa decisiva. El tercer protagonista va a ser la aportación de Asia y de la Unión Europea, por la gran relevancia global que van a tener estos dos bloques y, en el caso particular de Europa, la cuestión de mayor impacto geopolítico va a estar más centrada en cómo alcanzar la autosuficiencia tecnológica para posicionar a la región como una gran potencia innovadora.

En este punto, hay que destacar que la Cuarta Revolución Industrial apenas está dando sus primeros pasos, y la incorporación de China en su definición, por primera vez en la historia, va a generar nuevas narrativas que van a impactar en los juegos de poder de la geopolítica.

Por tanto, entre los grandes retos que plantea una geopolítica en transición en un mundo en transición está que la Unión Europea aproveche la gran oportunidad de posicionarse como gran potencia innovadora, como actor internacional estratégico. Para conseguirlo, la propuesta es apostar por el talento digital como mejor estrategia para impulsar la economía digital, y para ello, la rápida adopción del 5G es el mejor medio para consolidarse como polo tecnológico y hub global, tanto en diseño como en manufactura tecnológica.

 

Europa, en busca de un camino a China

Mientras Europa permanece alerta ante las noticias de la frontera ruso-ucraniana, la Unión Europea y la OTAN han venido manteniendo conversaciones con China para lograr un acuerdo estratégico que fije unas relaciones claras y en las que, pretende Bruselas, China actúe de acuerdo con las normas internacionales y con respeto a la libertad e comercio y la libre competencia. De momento, Europa sigue el camino dibujado por Ángela Merkel  basado en el diagnóstico de que China es un reto lleno de riesgos, incluso en el campo de la seguridad, pero no una amenaza como sí lo es Rusia. Para ello un grupo de políticos, diplomáticos, militares y expertos tanto de la OTAN como de China han venido encontrándose  para buscar un nuevo marco de relaciones.

Según la experta Stefanie Babst, “a lo largo de 15 meses, el grupo discutió una amplia gama de cuestiones de seguridad internacional, desde la evolución de la región de Asia-Pacífico hasta los posibles escenarios de las futuras relaciones entre Estados Unidos y China. Sin embargo, las conversaciones confidenciales se centraron en gran medida en la futura relación de la OTAN con China. ¿Cómo ven y analizan ambas partes las tendencias globales y regionales más importantes y los retos de seguridad? ¿Dónde hay diferencias fundamentales de intereses y en qué áreas existen posibles puntos de partida para el diálogo y la cooperación?  ¿Qué lecciones pueden extraer la OTAN y China de sus anteriores encuentros y formas iniciales de cooperación práctica?”. Porque las conversaciones han ido tomando un carácter más de encuentros OTAN-China que Unión Europea China.

En las conversaciones se ha tratado prácticamente toda la agenda internacional: cuestiones económicas, cambio climático, cooperación en la lucha contraterrorista, orden geoestratégico y normas posibles de cooperación para evitar riesgos de desestabilización general.

Europa llega tarde y lenta pero la realidad le ha impuesto una agenda inevitable y llena de incertidumbre porque no parece haber una idea clara de qué amenaza es la de China y qué medidas tomar que, además, se analizan en medio de la convulsión ucraniana en la que Putin mueve piezas sin complejo y parece ir ganando la partida e imponiendo sus intereses y su concepción sobre cuál debe ser el espacio estratégico europeo y quienes sus protagonistas imprescindibles.

THE ASIAN DOOR: Cuestión de des(enfoque) en IA. Águeda Parra

Entre los 44 países que ya disponen de un plan estratégico nacional de Inteligencia Artificial (IA), dos son las dimensiones a tener cuenta en la definición del papel que cada país puede llegar a tener como promotor de innovación y de adopción de las nuevas tecnologías. Se trata, por una parte, de la dimensión de las infraestructuras técnicas disponibles y, por otra parte, de la disponibilidad de talento en IA, dos componentes esenciales en el desarrollo de capacidades especializadas en las nuevas tecnologías. Tanto técnicamente, como por ambición geopolítica, Estados Unidos y China se reparten liderazgos en este ámbito, aunque el enfoque sea diferente a la hora de desplegar capacidades técnicas y humanas en la era digital.

Bajo este esquema, la inversión realizada por China para alcanzar capacidades técnicas y desarrollar talento en IA le permite posicionarse como uno de los referentes en este ámbito, sobresaliendo en ambas dos dimensiones. Por su parte, Estados Unidos acapara mayores capacidades globales en relación a la IA, sin embargo, es el ámbito de desarrollo técnico donde sobresale respecto a otras potencias, mientras que la baja capacidad de generar graduados STEM dificulta sus aspiraciones estratégicas y la consecución de objetivos a futuro, según un reciente estudio publicado por Brookings. Por parte europea, Alemania figura como uno de los países mejor posicionado en ambas dimensiones, aunque destaca la componente de generación de talento en IA, mientras la competencia técnica está más desarrollada en el caso de Francia.

Mientras las infraestructuras técnicas tienen una relación directa con la financiación necesaria para invertir en nuevas tecnologías, la dimensión de desarrollo de talento lleva asociada la definición de un enfoque ambicioso para adquirir capacidades tecnológicas que permitan alcanzar los objetivos técnicos en el medio y largo plazo. En este caso, la publicación del plan estratégico nacional de China en 2018, dos años antes de que lo hiciera Estados Unidos, responde a la ambición del gigante asiático de posicionarse como principal centro de innovación de IA en 2030. Y es, precisamente, en cuestión de enfoque formativo y de colaboración con los titanes tecnológicos donde se aprecia una mayor disparidad entre los enfoques que han elegido ambas potencias.

En cuestión de plan formativo, el esquema planteado por China se beneficia de un modelo educativo centralizado frente a la estructura federal de Estados Unidos donde cada estado establece sus propias prioridades y atiende, asimismo, a un esquema diferente según sean centros públicos o privados, se trata o no de instituciones religiosas. Un esquema multidimensional que puede incorporar diferentes enfoques sin una directriz de estrategia nacional, de forma similar a la situación que se plantea en Europa, donde cada país aborda un enfoque diferente respecto a la IA.

En el modelo elegido por China, la formación en IA está implementada en todos los niveles del sistema educativo, mostrando un enfoque más ambicioso en la capacitación de habilidades técnicas. Mientras en primaria la formación introductoria en IA se complementa con laboratorios en robótica, drones e impresoras en 3D, en secundaria, por su parte, resulta obligatoria la enseñanza de IA, Internet de las Cosas y Big Data en el diseño curricular de tecnología. Los titanes tecnológicos no están exentos de este fomento de la IA y colaboran en la formación de profesores y en la edición del material educativo. Esta participación activa en una etapa temprana genera una amplia base de talento en IA que, posteriormente, en la etapa universitaria favorece el estudio de la especialidad de cuatro años en IA como título de grado en ingeniería. De hecho, la especialidad en IA se ha convertido en la más popular entre las nuevas titulaciones tanto en 2020 como en 2021.

En otros países, el plan de fomento de la IA está menos extendido en el proceso educativo. En el caso de Estados Unidos, se comienza a incorporar a partir de los doce años, aunque depende de la planificación curricular definida por cada estado, sin que necesariamente la educación en tecnología y materias STEM estén relacionadas con el estudio de la IA. No es hasta la formación universitaria que comienza a introducirse como masters y doctorados en IA. En cuanto al sector privado, las grandes tecnológicas estadounidenses disponen de iniciativas de fomento de la IA, aunque no de forma tan integral como sucede en China, participando del desarrollo de cursos en IA, pero principalmente desde sus propias plataformas.

Distintos enfoques en cuanto a una de las tecnologías que más ampliamente va a influir en la generación de la economía digital en las próximas décadas, mientras la carrera por el liderazgo mundial está ya en marcha.

China se refuerza en África

Como informa Miguel González, experto de El País en Diplomacia y Defensa, “Entre China y la Unión Europea, los países del Magreb prefieren a la primera. Así se deduce de su ausencia del VIº Foro Regional de la Unión por el Mediterráneo (UPM), celebrado este lunes en Barcelona. Aunque la cita ha registrado un récord de participantes, con 20 ministros de Asuntos Exteriores de los 42 países que forman parte de la organización, solo uno de ellos ha sido africano, el jefe de la diplomacia egipcia Sameh Shoukry, cuyo compatriota Nasser Kamel es el secretario general de la UPM. Marruecos solo ha enviado a un director general, Argelia y Túnez a su respectivo embajador en España y Mauritania y Libia a nadie”. La Unión por el Mediterráneo es una organización intergubernamental formada por un total de 42 estados miembros de Europa y de la cuenca mediterránea. Forman parte de esta organización los 27 estados miembros de la Unión Europea, y los 15 países socios mediterráneos del norte de ÁfricaOriente Medio, y sudeste de Europa. Tiene su sede Len BarcelonaEspaña en el Palacio Real de Pedralbes.

La competencia por los recursos y las economías africanas no es nueva y en ella están implicados todos los países con recursos para ello, pero se ha intensificado, aunque con sordina, en los últimos años. Y en ese escenario, dominado desde las independencias africanas de los años 50 y 60 por EEU. Gran Bretaña y Francia, han irrumpido con fuerza Rusia y, sobre todo, China, sin olvidar a Qatar, Arabia Saudí, EAU y Turquía, a caballo del crecimiento del islamismo y trasladando al continente sus respectivas rivalidades nacionales.

En cuanto a China, su penetración es fundamentalmente económica, discreta y planificada y, con ella llega la influencia política y estratégica, con la venta de sistemas militares sofisticados y el mensaje de que el desarrollo económico y de bienestar no tiene por qué venir acompañado de libertades  y justicia independiente como demuestra la propia China, mensaje no desdeñado por el caudillismo africano con decorado democrático. Las inversiones chinas están creciendo espectacularmente en el norte de Africa, aunque también en Angola, Nigeria y varios países al otro lado, en Africa Oriental donde, en Djibutí, China ha establecido una base militar.

Esta presencia china está alterando los equilibrios geoestratégico regionales y alertando sobre las posibles consecuencias de esos cambios a la Unión Europea que ya asiste a un silenciado pero no exento de dureza choque entre los intereses de Francia y Estados Unidos países que quieren, mantener y reforzar el primero y expandir el segundo, sus intereses comerciales y políticos para mejor acceder a materiales estratégicos como el coltán, el uranio y los recursos energéticos africanos. Un acercamiento entre países europeos para tratar de encontrar, tarea muy complicada, cierta coordinación (con Francia a la cabeza) que era el objetivo buscado por la Cumbre de Barcelona, ha quedado aguado por las interferencias de la presencia de China en Africa, país al que miran países africanos que miraban más hacia Europa hasta ahora.

 

THE ASIAN DOOR: Europa, ¿potencia tecnológica? Águeda Parra

A medida que crece la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China, aflora con mayor intensidad la creciente dependencia tecnológica que ha desarrollado Europa en las últimas décadas tanto de Estados Unidos, meca de la innovación, como de China, protagonista de un floreciente ecosistema digital que se está consolidado como segundo polo tecnológico mundial. En este contexto, protagonizado por la geopolítica de la tecnológica, es donde Europa debe priorizar sus estrategias de inversión en innovación para asegurar sus ventajas competitivas ante el reto tecnológico que presenta la nueva era digital y conseguir atraer talento digital.

En cuestión de innovación, China ha conseguido elevar su perfil como país innovador registrando un crecimiento del gasto en I+D del 13% anual desde el año 2000, frente al 3% alcanzado por Estados Unidos y casi el 2% de la Unión Europa. Esta senda de compromiso con la innovación le ha permitido al gigante asiático generar un modelo de emprendimiento capaz de desarrollar titanes tecnológicos que compiten con Silicon Valley, siendo además potentes inversores mundiales en startups.

En el entorno empresarial, el Fortune Global 500 es ahora más chino que americano, reduciéndose casi a la mitad la participación de las campeonas europeas en la última década, ocupando ese espacio las compañías chinas y estadounidenses. Mientras las promotoras del modelo Designed China representan el 20% de las empresas tecnológicas más valoradas, ningún país europeo es origen de las 20 plataformas digitales más importantes del mundo. Asimismo, en este contexto de rivalidad tecnológica, Europa apenas concentra el 10% de los unicornios mundiales, frente al 70% que aglutinan conjuntamente Estados Unidos y China.

Ante este panorama tecnológico mundial, parece necesario que Europa alcance un modelo de mayor autonomía tecnológica, fijándose una hoja de ruta mucho más ambiciosa en innovación. Sin generar campeonas nacionales que compitan en los mercados internacionales, y sin que haya representación europea entre los grandes inversores mundiales, ¿es posible que Europa pueda esquivar la dependencia tecnológica?

Existen ciertos ámbitos, como las patentes 5G, donde Europa está aportando una destacada capacidad de innovación, posicionando a dos campeonas europeas como la principal competencia del liderazgo que ostenta China, que concentra el 87% de las conexiones 5G mundiales. Sin embargo, frente al buen posicionamiento en 5G, el complejo escenario del abastecimiento de chips sitúa a Europa en una posición de mayor desventaja. En este capítulo de rivalidad tecnológica, Estados Unidos se beneficia de su liderazgo en innovación, mientras China genera semiconductores de gama media, lejos todavía de una producción puntera. En este caso, los costes de entrada extremadamente altos y el tiempo necesario para la construcción de fábricas no juegan a favor de Europa, que reconoce la importancia estratégica de los chips en la era digital y la necesidad de alcanzar cierta autonomía, pero todavía no ha concretado un plan que refuerce su posición en el diseño y la manufactura.

En el marco de la transición energética, el cuadro de fortalezas europeas es más notorio, principalmente en las áreas de fabricación e innovación de productos de tecnología climática. Estados Unidos destaca por su fortaleza en la capacidad de innovación, única categoría que China no lidera, mientras el gigante asiático es el gran actor dominante en las cadenas de suministro global de los minerales que son críticos en la era digital y en la manufactura de bienes de energía limpia.

Un panorama tecnológico mundial que presenta enormes desafíos ante la definición de la Cuarta Revolución Industrial de la que China participa por primera vez en su historia. Un mayor ritmo de digitalización plantea el reto de que Europa alcance un modelo de mayor autonomía tecnológica, fijándose una hoja de ruta mucho más ambiciosa capaz de generar disrupción tecnológica como pionera que ha sido de un proceso de transformación económico, social y tecnológico que ha marcado la historia de la humanidad.

Como potencia industrial de alto valor añadido, la reflexión sobre el modelo de ambición tecnológica al que aspira Europa debe contemplar la inversión en innovación como clave prioritaria para las próximas décadas, así como la generación de capital humano digital capaz de satisfacer las necesidades que va a generar la futura era digital.

 

 

Alemania y las relaciones de la UE con China     

Las relaciones entre la UE y China en los próximos años van a estar marcadas por el gobierno alemán que se constituya tras las elecciones recién celebradas, que previsiblemente tardará meses en negociarse y cuyo liderazgo final no está claro.

Alemania, como líder económico de la UE y, por lo tanto, el país con mayor influencia política en la Unión, ha mantenido posiciones ambiguas con respecto a China en las que, en todo caso, no se ha querido nunca molestar a Pekín lo suficiente como para perturbar los negocios de los empresarios alemanes. Pero los elementos del escenario han cambiado. Como era previsible, China, pacientemente ha pasado de atractivo socio comercial a inquietante competidor en todos los mercados, lo cual sería para aplaudir a su gobierno si no fuera porque juega desde un Estado autoritario que no respeta todas las leyes internacionales de comercio, ni la libertad de mercado en su territorio, ni los derechos humanos en general, ni los laborales en particular. Sin olvidar que en el país no existe un poder judicial independiente al que reclamar la necesaria seguridad jurídica.

Merkel timoneó esa situación con habilidad pero se resistió a considerar a China como una amenaza global y no sólo comercial y mantener junto a Estados Unidos una política de exigencia democrática y de mayor contención a sus amenazas territoriales en el Indo Pacífico.

Como señalan varios expertos, en los últimos años la relación entre Alemania y China ha sido cada vez más tensa. China es más agresiva en sus relaciones con Hong Kong y Xinjiang, y ha aumentado su presión económica y de amenazas territoriales en la región más allá de sus propias fronteras. Para ello, utiliza nuevas formas de coerción económica para perseguir sus intereses políticos.

El nuevo gobierno alemán, y la UE, tendrán que precisar sus relaciones con China más allá de la seducción de las inversiones chinas y previsiones a medio y largo plazo. El cortoplacismo amparado en los beneficios anuales y los votos de cada legislatura no sólo son un error sino que siembra las condiciones para la catástrofe frente a países para quienes el tiempo importa poco porque no se les exige cuentas, no celebran elecciones y estás instalados en una milenaria cultura de la paciencia.

INTERREGNUM: India y Europa: ¿vidas paralelas? Fernando Delage

Tras la retirada norteamericana de Kabul, para China resulta prioritario integrar a Afganistán en el orden euroasiático que aspira a crear. Siendo consciente de que el país puede convertirse en una ratonera estratégica, es improbable que recurra a sus capacidades militares: sus instrumentos de preferencia serán económicos. El hecho de que los Estados vecinos compartan el mismo interés de Pekín por la estabilidad de Asia central supone una ventaja añadida para China, que no puede permitirse un Afganistán aislado si quiere hacer de su primacía en Eurasia una de las claves de su desafío al poder global de Estados Unidos.

Estas circunstancias en principio favorables no eliminan, sin embargo, los obstáculos con que puede encontrarse la República Popular. El ataque del que fueron objeto nacionales chinos en Gwadar—punto de destino del Corredor Económico China-Pakistán—por parte de unidades del Ejército de Liberación de Baluchistán el pasado 20 de agosto (cuarto atentado contra intereses chinos en Pakistán en lo que va de año), es un ejemplo del tipo de conflictos en los que puede verse atrapada. Por otra parte, si el abandono norteamericano tiene como motivación reforzar su estrategia marítima en el Pacífico occidental y hacer realidad el “pivot” de Obama que nunca se materializó del todo, China tiene nuevas razones para preocuparse.

Con todo, entre las múltiples ramificaciones de los sucesos en Afganistán, dos actores especialmente expuestos son India y Europa. Al contrario que Estados Unidos, la cercanía geográfica de ambos les hará sufrir en mayor grado el problema de refugiados que se avecina, así como el riesgo del terrorismo. Pero aunque compartan unos mismos problemas, los efectos pueden ser diferentes: quizá Delhi opte por acercarse aún más a Washington, mientras que los europeos no podrán dilatar por mucho más tiempo el imperativo de su autonomía estratégica.

Para India, el contexto de seguridad se ha complicado enormemente. Pakistán es el gran protector de los talibán, como lo es también de los grupos separatistas que en Cachemira luchan contra India. A la interacción estructural entre las dos disputas se suma el hecho de que China tendrá ahora que profundizar en sus contactos con la inteligencia paquistaní para estar al tanto de la situación en Afganistán. Pekín se encuentra así con una oportunidad para incrementar la presión sobre India, agravando el temor del gobierno de Narendra Modi a verse “rodeado” en sus fronteras terrestres.

Para Europa se exacerban, por su parte, los dilemas derivados de la erosión del orden internacional liberal. El desastre afgano ha puesto de relieve su déficit de capacidades si no puede contar con Estados Unidos, mientras se acerca en los próximos meses una probable ola de refugiados que, de manera inevitable, provocará nuevas tensiones con Turquía e Irán, a la vez que obligará a Bruselas a algún tipo de acercamiento a Islamabad.

La necesidad de aprender a pensar estratégicamente obliga por lo demás a la reconfiguración del proyecto europeo, pero los ciclos electorales internos, el temor a la opinion pública y las presiones presupuestarias se imponen sobre las prioridades geopolíticas. Aunque la Comisión Europea parece tenerlo claro, la voluntad de buena parte de los gobiernos de los Estados miembros sigue ausente, como se puso de manifiesto en la reunión de ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa la semana pasada. Los líderes nacionales pueden, con excepciones, seguir metiendo la cabeza en la arena, pero el orden que surgió tras la implosión de la Unión Soviética ha muerto definitivamente. Y, en el que se avecina, India tiene un considerable potencial como socio europeo.

Dudas españolas sobre China, dudas aliadas sobre España

El posicionamiento de España sobre la llegada y desarrollo de tecnología e inversiones chinas es notoriamente ambiguo. Frente a las drásticas decisiones de Gran Bretaña, Alemania y Francia de frenar y poner bajo vigilancia la tecnología china y alertar sobre la influencia que se genera, en los niveles políticos y económicos, en torno a las inversiones chinas, España se ha puesto de perfil.

Nada permite suponer que esta indecisión está relacionada con la existencia en Bruselas de una oficina de defensa de intereses chinos y más concretamente de Huawei, dirigida por quien fue ministro de Fomento con el presidente Rodríguez Zapatero, José Blanco.

La compañía de telecomunicaciones china, que cuenta en España con uno de los mercados del mundo en el que mejor acogida recibe, sufre desde hace años una fuerte presión de la administración estadounidense y también de otras potencias occidentales, acusada de espionaje y prácticas anticompetitivas. La consultora de José Blanco, creada en 2019, viene trabajando para el gigante chino en España desde prácticamente su fundación, pero la colaboración se ha ido ampliado hasta el punto de requerir presencia física en la capital europea.

Esta indefinición española, por otra parte, alejada del recibimiento de brazos abiertos que reciben los fondos y la tecnología china en la Europa ex comunista y especialmente en Hungría, está provocando algunos roces y aumentando los recelos de la Administración de Estados Unidos con el gobierno de Pedro Sánchez, lo que explica algunos desencuentros recientes. Aunque hay que señalar que en los asuntos estratégicos la relación sigue siendo sólida.

La gran baza china, a pesar de sus debilidades internas sigue siendo la vulnerabilidad económica e institucional por la que pasan países europeos. La llegada de capital chino resuelve la crisis de inversiones procedentes de otras latitudes preocupadas por la incertidumbre y la inestabilidad normativa. Y esta baza es un arma en manos de Pekín convertida en elemento de presión si se llegan a grandes enfrentamientos en cualquier parte del mundo. (Foto: Flickr, Kârlis Dâmbrans)