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THE ASIAN DOOR: El billón de razones que rediseñan la estrategia de China en Afganistán. Águeda Parra.

La retirada de Estados Unidos de Afganistán ha motivado que los países vecinos de la región den un paso al frente ante un evidente cambio en el terreno de juego de la geopolítica en Asia Central donde los cambios se irán haciendo efectivos en los próximos años a medida que se estabilice la situación en el país. Según el proverbio chino que dice que “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado mundo”, conocido como efecto mariposa y que sirve para explicar la teoría del caos, el cambio en el escenario de juego por el que Estados Unidos se retira de Afganistán para orientar su estrategia de política exterior en el Indo-Pacífico, y en menor medida en Asia Central, podría conllevar que se acelerase la pugna por el liderazgo económico, tecnológico y geopolítico entre Estados Unidos y China.

La frontera de apenas 90 kilómetros entre Afganistán y China a través del denominado corredor del Wakhan es la menos extensa de todos los países limítrofes con el país asiático, pero, sin embargo, marca la máxima prioridad para Pekín que busca mantener la integridad territorial y evitar que, en este momento de transición en Afganistán, se produzcan incursiones del extremismo yihadista en China a través de Xinjiang. Con la embajada abierta en Kabul, China busca dar continuidad a la reunión mantenida con la delegación de los talibanes afganos en Tianjin el pasado mes de julio en la que China solicitaba a los nuevos dirigentes del país que cortaran las relaciones con los separatistas Uighures del Turkestán Oriental que podría suponer una entrada en Xinjiang. A cambio, los talibanes estarían buscando que China utilizara su influencia en el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras, liderado por el gigante asiático, para obtener concesiones de préstamos ante el actual escenario de aislamiento internacional.

La situación estratégica de Afganistán en el centro de Asia le confiere al país una posición de privilegio para convertirse en el futuro hub comercial de la región en el marco de la iniciativa de la Ruta de la Seda, donde se podría plantear una extensión del Corredor Económico China- Pakistán en el que el gigante asiático ha invertido más de 62.000 millones de dólares. Una vez estabilizado el país, y con Afganistán formando parte de la iniciativa desde 2016, China podría avanzar en otra de sus principales prioridades en la región que es la seguridad de sus inversiones en el marco de la Ruta de la Suda en la región. Se trataría de avanzar en la explotación de concesiones previas, como la mina de cobre de Aynak (el segundo yacimiento más importante del mundo) que obtuvo por 3.000 millones de dólares en 2007 y que mantiene bloqueadas las conversaciones por diferentes motivos desde 2015. Otros proyectos, sin embargo, si han comenzado su construcción, como la carretera que une Kabul con China a través del corredor de Wakhan y que supone una inversión de 5 millones de dólares.

Una mirada a la vecina Pakistán puede dar a los talibanes afganos una imagen de cómo podría transformarse el país en la próxima década. El puerto de Gwadar en Pakistán, considerado el buque insignia de la iniciativa de la Ruta de la Seda, es un ejemplo de la metamorfosis que puede llegar a alcanzar la región. Con la estabilización de la situación en Afganistán, China se beneficiaría de la posición estratégica del país hacia las fuentes de petróleo y gas en Oriente Medio y le permitiría conectar con otros mercados donde llevar los productos chinos y su capacidad industrial, además de avanzar en otra de las grandes prioridades que ha identificado China en el país: el acceso a las reservas de minerales y tierras raras que tiene Afganistán y que están valoradas en más de 1 billón de dólares.

Afganistán está considerado por el Departamento de Defensa de la ONU como el “Arabia Saudí del litio”, aunque carece de la infraestructura necesaria para explotar las reservas a gran escala. China aportaría esa capacidad extractiva ante la perspectiva de acceder a un metal cuya demanda se estima que se multiplicará por cuarenta de aquí a 2040, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Aunque China ya produce el 40% del cobre mundial, el 60% del litio y dispone del 80% de las tierras raras, Afganistán se extiende sobre una extensa base de superabundancia de estos elementos que son básicos para la fabricación de semiconductores, dispositivos de alta tecnología como los smartphones, y para la producción de baterías para los coches eléctricos, además de resultar esencial en la industria armamentística.

Como mayor mercado mundial de coches eléctricos, China espera que las ventas de estos vehículos supongan el 20% de las ventas totales en 2025, desde el 5% actual, alcanzando el 50% en 2035, según ha anunciado recientemente la Sociedad China de Ingenieros Automotrices. La base de superabundancia en depósitos minerales sobre la que se extiende Afganistán puede convertir al país en un importante actor clave en el campo de juego geopolítico de la transición energética y de la geopolítica de la tecnología, contando con China como vecino mientras Estados Unidos se retira a miles de kilómetros.

INTERREGNUM: Europa y el Indo-Pacífico. Fernando Delage

El reciente viaje a Yakarta del Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, ha sido la ocasión para reiterar el creciente interés europeo por el Indo-Pacífico como prioridad estratégica. Después de que Francia, Alemania y Países Bajos hayan adoptado sus respectivas estrategias nacionales sobre la región, y el Consejo de la UE las líneas directrices de la que adoptará la Unión como bloque en septiembre, Bruselas debe explicitar sus intenciones de manera directa ante sus socios asiáticos.

Pocos entre ellos son tan relevantes como la ASEAN, el interlocutor “natural” de la UE como institución multilateral, y bloque con el que no dejan de crecer los intercambios económicos. Las exportaciones europeas aumentaron de 54.000 millones de euros en 2010 a 85.000 millones en 2019, mientras que las compras procedentes de la subregión se han incrementado de 72.000 millones de euros a 125.000 milllones. La UE es ya el tercer socio comercial de este grupo de 10 Estados que suman 600 millones de personas y que, como área de libre comercio, se convertirá en la cuarta economía del planeta hacia mediados de siglo.

En una intervención ante el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de la capital indonesia, Borrell hizo especial hincapié, por otra parte, en el papel que pueden desempeñar los europeos en asuntos estratégicos, y especialmente con respecto a la seguridad marítima. Puesto que cerca del 40 por cien del comercio exterior de la UE circula por el mar de China Meridional, la libertad de navegación y la estabilidad de este espacio es una preocupación que exige una mayor presencia comunitaria. De ahí el principal mensaje que quiso transmitir: la intención de la Unión de “fortalecer su acercamiento a sus socios en la región del Indo-Pacífico a fin de responder a las dinámicas emergentes que afectan a la estabilidad regional”.

Es una declaración bienvenida por la opinión pública del sureste asiático, según revelan recientes sondeos sobre los más convenientes socios externos para la ASEAN, y que también coincide con la petición realizada hace unos días por el ministro de Defensa de Japón, Nobuo Kishi. En una inusual intervención ante el subcomité de seguridad y defensa del Parlamento Europeo, Kishi animó a la UE a comprometerse militarmente en la región, a profundizar la cooperación con Tokio en este terreno, y colaborar juntos en la batalla contra la expansión del autoritarismo.

El objetivo europeo, ha subrayado Borrell, no debe ser el de propiciar la irrupción de bloques rivales ni forzar a nadie a alinearse entre uno y otro. Pero la UE sí está determinada a defender los principios del Derecho internacional y fortalecer su relación con aquellos socios democráticos que comparten sus mismas ideas y valores, por considerarlos no como europeos u occidentales sino como universales.

El verdadero desafío puede consistir, sin embargo, en reconciliar los intereses y asegurar la coordinación entre los propios Estados miembros de la Unión; en encontrar el adecuado equilibrio entre los imperativos económicos que guían su presencia en Asia, y su ambición de apoyar la democracia y los derechos humanos. El reciente intento de Macron y Merkel de convocar una cumbre con Putin que permitiera restaurar la relación con Moscú, y que fue rechazado por los demás Estados miembros, ha vuelto a reflejar las dificultades de dar forma a una posición común en política exterior. Entretanto, Rusia seguirá colaborando con China en la integración de Eurasia—un esfuerzo al que se manera expresa se puede sumar Irán tras las recientes elecciones presidenciales—, y Pekín continuará transformando a su favor el equilibrio de poder en Asia oriental.

Descodificando el diccionario chino. Nieves C. Pérez Rodríguez

A principios de marzo, Makub Oud, directora de la oficina del Instituto Raoul Wallenberg de Derechos Humanos de Estocolmo, junto con Katja Drinhausen publicó un trabajo titulado “Descodificando el diccionario chino”, un análisis minucioso de los términos de uso frecuente que define las prioridades y valores políticos que sustentan los sistemas políticos tanto para los miembros de la UE como para China, pero que cuentan interpretaciones muy diferentes en ambos lados.

Basándose en el cambio que ha experimentado China como actor internacional y en la gobernanza internacional, el documento oportunamente pone de manifiesto cómo Beijing ha cambiado su comportamiento internacional mientras desmenuza el lenguaje chino y la comprensión de su estrategia de cooperación diplomática e influencia.

El informe que puede ser consultado en Decoding China – Decoding China analiza quince conceptos claves en el mundo de hoy como son: sociedad civil, cooperación, cultura, democracia, desarrollo, libertad de expresión, derechos humanos, multilateralismo, paz, seguridad, soberanía, diplomacia, entre otros.

En cuanto al concepto de soberanía, el Partico Comunista China entiende este derecho como algo exclusivo del partido a la cabeza de una nación soberana para ejercer control sobre los problemas dentro de sus propias fronteras, como los aspectos económicos, políticos, culturales y tecnológicos. Pero cuando se analiza en profundidad la soberanía territorial que reclama el PCC sobre Taiwán -reza el documento- “se remonta a la época del Imperio Qing (1644-1911) pero curiosamente no reclama parte de la actual Mongolia que fue una vez gobernado por el Imperio Yuan (1271-1368 y más tarde el Imperio Qing). Mientras, argumenta que el Mar del sur de China estaba bajo jurisdicción china durante el mismo período por lo que debe ser reconocido como su territorio, a pesar de que en el 2016 se falló en contra de esa afirmación”. Por lo que los autores afirman que no hay consistencia en los reclamos de territorio, sino que son reclamos históricos selectivos.

La cultura es otro aspecto profundamente político para el PCC y uno de los frentes que usa en la lucha contra sus enemigos o críticos tanto nacionales como internacionales. “Mao Zedong dejó claro en el Foro Yan´an en 1942 que el arte y la literatura deben seguir a la política. Bajo el liderazgo de Xi Jinping desde 2012 la cultura se ha renovado como una prioridad política en torno a nociones como construir un poder cultural, garantizar la seguridad cultural y movilizarse contra la hegemonía cultural de los Estados Unidos y Occidente. Por lo tanto, la cultura acaba siendo un medio para promover la legitimidad del PCC y fortalecerlo contra las amenazas a su legitimidad a nivel mundial”.

El documento también remarca la importancia de que los países occidentales entiendan el discurso chino. Las naciones que establecen acuerdos con China tienen de entender lo que quieren decir cuando emplean el lenguaje de valores y estándares internacionales. “Las ideas chinas están cada día más presentes en los escenarios internacionales como documentos de Naciones Unidas, donde los valores democráticos y derechos humanos son el epicentro, pero los chinos han conseguido introducir y filtrar sus ideas con características chinas en estos documentos y foros”.

Cuando saltan las denuncias o las preocupaciones por los derechos humanos, China incrimina a sus críticos de politización y de tener mentalidad imperialista o de guerra fría. Mientras pide democracia en la ONU y respeto por los derechos que tiene China a desarrollarse y crecer.

Los autores explican que este diccionario fue creado para poder descodificar los términos claves empleados por China en su beneficio y fue hecho considerando quienes serían sus principales s usuarios, aquellos responsables de la formulación de políticas e instituciones en Europa que están comprometidas en el diálogo e intercambios con China.  

En mi opinión este tipo de estudios, que analizan etimológicamente cada término empleado por China en el mundo de hoy, debe ser considerado no solo por las instituciones de la UE, sino por todos aquellos receptores de ayudas chinas, suscritores de acuerdos con Beijín, analistas en el área, naciones por donde pasa la ruta de la seda, entre otros pues aportan un acercamiento más fiel sobre como el PCC  opera y como intenta imponer sus valores usando los conceptos occidentales que han definido los últimos 75 años de la historia de la humanidad.

INTERREGNUM: Xi el multilateralista. Fernando Delage

INTERREGNUM: Xi el multilateralista. Fernando Delage

INTERREGNUM: Xi el multilateralista. Fernando Delage

Mientras la administración Biden continúa dando forma a su estrategia china, impulsando una coalición de democracias que condicione el comportamiento internacional de la República Popular, los líderes en Pekín tampoco cejan en sus movimientos de contracontención. Lo han hecho en el terreno diplomático, en primer lugar, mediante la coordinación de posiciones con Rusia y los sucesivos viajes realizados por el ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, a Oriente Próximo y al sureste asiático tras el encuentro mantenido en Alaska el 18-19 de marzo con el secretario de Estado y el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos. En relación con el sistema monetario internacional, en segundo lugar, lanzando el yuan digital, un instrumento que, sin necesidad de sustituir al dólar como divisa de referencia, puede dar paso a un nuevo esquema de pagos en el que Pekín partirá con notable ventaja. También han promovido, por último, un discurso sobre el orden multilateral en el que se desafía abiertamente el papel de Washington en la definición de las reglas globales.

Así lo hizo el presidente Xi Jinping en su intervención ante el Boao Forum (el conocido como “Davos asiático”) la semana pasada, al describir su visión de un sistema mundial sin una potencia dominante, centrado en las Naciones Unidas y otras instituciones globales. Aunque reiterando ideas ya ofrecidas en discursos anteriores—como los pronunciados en la Asamblea General de la ONU en Nueva York en 2015, o en el foro de Davos (en 2017 y este mismo año)—, la crisis del multilateralismo que se ha agravado en el contexto de la pandemia y del diluido liderazgo norteamericano, le ha ofrecido una nueva oportunidad para reforzar las credenciales de China como potencia responsable y transmitir la percepción de que juega en el mismo plano que Washington. De esa manera, continúa reorientando el orden internacional a su favor, sin tener que abandonar las estructuras existentes.

Xi criticó los esfuerzos de algunos países dirigidos a “construir barreras” y “erosionar la interdependencia”. “Los asuntos internacionales, dijo, deben gestionarse mediante el diálogo, y el futuro del mundo decidirse mediante el trabajo conjunto de todos los países”. Sin mencionar en ningún momento a Estados Unidos, añadió: “No debemos permitir que las reglas establecidas por uno o por pocos países se impongan a los demás, ni que el unilateralismo de ciertas naciones determinen la dirección del resto”. “Lo que necesitamos en el mundo de hoy, concluyó, es justicia, no hegemonía”.

No menos relevante es el compromiso de Pekín con las instituciones establecidas: “Necesitamos salvaguardar el sistema internacional construido en torno a la ONU, preservar el orden internacional sustentado en el Derecho internacional, y defender el sistema multilateral de comercio con la Organización Mundial de Comercio en su centro”. Frente al hueco dejado por Washington en años recientes, China aparece como el gran guardián del orden creado en 1945, el mismo que Pekín rechazó durante el maoísmo. Se busca de este modo minimizar la influencia norteamericana, al tiempo que se hace hincapié en el principio de soberanía absoluta recogido por la Carta de las Naciones Unidas como medio de defensa frente a toda injerencia exterior.

Al subrayar que la mayoría de los países no reconocen los valores de Estados Unidos como valores universales—como señalaron en Alaska los diplomáticos chinos—, y que las relaciones internacionales deben basarse en un principio de “igualdad, respeto mutuo y confianza”, y en “los intercambios y aprendizaje mutuo entre civilizaciones”, Xi envía el mensaje que buena parte del mundo en desarrollo quiere oír. Y al no proponer una nueva arquitectura institucional, aparece como un reformista y no como un revolucionario. El líder chino defiende así las reglas y estructuras que le convienen para sus prioridades políticas y económicas, mientras reorienta la agenda del sistema multilateral en una dirección alternativa al modelo liberal y de libre mercado de las democracias occidentales.

Biden y Asia. Nieves C. Pérez Rodríguez

La nueva Administración Biden hereda un complejo escenario internacional y unas enrarecidas relaciones bilaterales con muchos países. La fòrmula de la Administración saliente fue indiscutiblemente atípica y en algunos casos incluso turbulenta para las relaciones y el liderazgo de los Estados Unidos en el mundo. China astutamente ha sabido aprovechar el abandono de Washington y ha ido ganando influencia y liderazgo en plataformas como la Organización Mundial de la Salud, Naciones Unidas, el Acuerdo de París sobre el  cambio climático y diversos acuerdos económicos en el Pacífico.

Los análisis apuntan a que la política exterior de la nueva administración no hará cambios radicales. Por el contrario, Joe Biden es un líder moderado con una larga experiencia política incluso en el Congreso de los Estados Unidos, por lo que entiende como se gestionan y se pasan leyes. Su carrera política despegó en plena guerra fría y como vicepresidente de Obama aprovechó la oportunidad de viajar internacionalmente por lo que cuenta también con experiencia en este plano.

Biden recibe un país dividido e inestable. A nivel doméstico tendrá que invertir mucho esfuerzo en mediar por la estabilidad de la nación y la reconstrucción de la economía estadounidense muy golpeada después de la pandemia. En el plano internacional deberá intentar recuperar la autoridad y la posición de Estados Unidos como primera potencia del mundo.

Durante las primeras semanas de enero el nuevo presidente hacía público mucho de sus nombramientos que, de ser ratificados por el Congreso, ocuparán posiciones claves como el Departamento de Estado, Defensa, Justicia y Comercio entre otros. Una de las nominaciones más esperadas en cualquier administración es la de Secretario de Estado. El nombre de Antony Blinken ha sido recibido positivamente por casi todos los sectores, por ser un personaje querido y respetado en Washington por ambos partidos. Blinken es un diplomático de carrera que trabajó para Biden en sus años en el Senado y también en su época como vicepresidente de Obama.

El día antes de la toma de posesión de Biden tenía lugar la audiencia en el Congreso de Blinken, en la cual los legisladores aprovechan la oportunidad para hacer preguntas y determinar cuáles son sus posiciones en temas fundamentales como Medio Oriente, Israel, Corea del Norte, China y como deberían ser las relaciones de los Estados Unidos con sus aliados.

Las respuestas del Blinken vienen a confirmar los análisis previos, los planes de la Administración Biden en cuanto a su política exterior son de continuación con la de Trump, es decir no habrá rompimiento aunque es muy probable que el tono se baje considerablemente y se vuelva a la diplomacia más tradicional.

Blinken es un europeísta, educado parte de su niñez en Francia. Ha manifestado su fuerte convicción en una Europa Unida y lo importante de que Estados Unidos mantenga su presencia en la OTAN.

En la audiencia de ayer dijo “no hay duda de que China plantea el desafío más importante para Estados Unidos” y agregó que creía que había “una sólida base para construir una política bipartidista para enfrentar a Beijing”.

Cuando se le preguntó si estaba de acuerdo con las palabras de Pompeo un día antes del fin de la Administración Trump sobre que China está cometiendo un genocidio contra los uigures, Blinken dijo que esa es su opinión también, y agregó “creo que forzar a hombres, mujeres y niños a campos de concentración y educarlos allí para que se adhieran a la ideología del Partido Comunista chino son indicativos de un esfuerzo por cometer genocidio”.  Incluso fue más allá y dijo que se debería hacer una revisión de los productos que se importan para prevenir estos no sean producidos en dichos campos.

Así mismo aseguró que Biden mantiene su compromiso hacia Taiwán como una isla autónoma. Y además sugería la importancia de que Taiwán tenga un rol más predominante en instituciones internacionales.

En la audiencia también afirmó que “bajo el liderazgo de Xi Jinping China había abandonado décadas de esconder la mano y esperar el momento para dar a conocer sus intereses más allá de las fronteras chinas”.

El liderazgo estadounidense en Asia ha ido mermando en los últimos años. En enero del 2017 una de las primeras órdenes ejecutivas que firmaba Trump fue la retirada de TPP, acuerdo que había sido promovido por Obama como una ambiciosa alianza de ambos lados del Pacífico y que dejaba a China afuera mientras promovía una alternativa justa de intercambios, pues tenía como objeto bajar tarifas, proteger el medio ambiente, facilitar y estimular el crecimiento de los miembros y el respeto de los derechos laborales de los ciudadanos de los países firmantes. Pero frente a la salida de Washington, Beijing aprovechó para promover la RCEP (La Asociación Económica Integral Regional, por sus siglas en inglés), alternativa que lidera China y que tiene bajo su paraguas y que acoge 2.100 millones de consumidores que representan a su vez el 30% del PIB mundial.

Es muy posible que la Administración Biden intente revivir el TPP y con ello neutralizaría la influencia de China en el Pacífico. Que se regrese a la situación inicial con Corea del Norte. Que se restablezca y acerquen los puentes con los aliados en Asia como Japón y Corea del Sur y con ello los países del sureste asiático vuelvan a mirar a Washington cuando necesiten apoyo y no hacia Beijing.

Sin duda, la Administración Biden tiene una oportunidad histórica para retomar espacios sin necesidad de hacer cambios radicales, ni hacer demasiado ruido. Si este momento no es concienzudamente aprovechado los Estados Unidos habrán perdido la batalla a China en el Pacífico y posiblemente en parte importe del planeta.

INTERREGNUM: Emulando a Kennan. Fernando Delage

Con la salida de Trump de la Casa Blanca, Estados Unidos tendrá la oportunidad de corregir el rumbo de su política exterior. Parte del desafío consistirá en reparar los daños causados por el presidente saliente a las alianzas, a los tratados multilaterales y a la imagen del país. Pero Biden también tendrá que adaptar objetivos y estrategias a un mundo transformado, entre otros factores, por el ascenso económico y político de China. La interacción entre la variable china y la reconfiguración del sistema internacional será uno de los elementos centrales de la agenda de su equipo, ya inundado por informes sobre el tema. Dos de ellos, publicados en los últimos días, destacan por lo completo de su contenido, y por representar—pese a sus numerosos puntos coincidentes—dos definiciones opuestas del desafío chino.

El primero procede del Departamento de Estado; más concretamente de la oficina de planificación, la misma unidad que el diplomático George Kennan dirigió en su día. Se trata de un estudio que, desde su título (“The Elements of the China Challenge”) hasta su elaborada estructura, se inspira—y así se reconoce—en el análisis realizado por Kennan en 1946-1947 sobre “las fuentes del comportamiento soviético”. Si las conclusiones de este último sirvieron de base a la política de contención de Estados Unidos durante la guerra fría, este nuevo documento aspira a establecer los pilares de una estrategia a largo plazo sobre China, que pueda situarse por encima de la rivalidad entre agencias de la administración norteamericana y a salvo de los vaivenes electorales.

Es poco frecuente que un departamento ministerial elabore un texto de estas características, mucho más propio—por su lenguaje y enfoque académico—de un centro de investigación. En sus más de 70 páginas—veinte de ellas de referencias bibliográficas—, se analizan las fuentes ideológicas de la política exterior china, las vulnerabilidades que afronta como Estado, y la posible respuesta de Estados Unidos. “Asegurar la libertad” es definido como el principal objetivo de este último, que debe esforzarse, entre otras propuestas, por mantener el ejército más poderoso del mundo, crear nuevas organizaciones para promover la democracia y los derechos humanos, y formar una nueva generación de funcionarios en el conocimiento de China.  

Siendo impecable en la descripción del problema, el informe apenas presta atención a los asuntos económicos y tecnológicos, en la actualidad en el centro de la competición entre ambos gigantes. Por otra parte, sus premisas parecen enfocadas en exceso hacia una interpretación basada en diferencias ideológicas. Cuestiones éstas corregidas por el segundo informe, elaborado por la Brookings Institution (“The future of US policy toward China: Recommendations for the Biden administration”), con la participación de hasta 16 especialistas, cada uno de los cuales examina un aspecto concreto de los retos planteados por China en todas las esferas. Su punto de partida también es diferente al del documento anterior: “aunque la competición estratégica con China constituirá el marco de referencia en el futuro inmediato, se señala, sería contrario a los intereses norteamericanos tratar a China como un enemigo”.

Las diferencias ideológicas entre ambos exacerban su rivalidad, dice el texto, pero “la mayor parte de los problemas son inherentes a la competición entre grandes potencias, y deben afrontarse sin necesidad de demonizar a China por las diferencias entre sus sistemas políticos”. Las recomendaciones de este informe se resumen en la tarea de mantener la ventaja en innovación tecnológica, constituir una coalición multilateral que controle la violación por China de las reglas del orden internacional, y reconstruir su estabilidad política, económica y social interna para que Estados Unidos pueda mantener su liderazgo internacional.

Repensar la amenaza de China

Que China, su modelo político, sus intereses y su política de expansión de influencia y de esos intereses es una amenaza para las sociedades occidentales asentadas sobre las libertades y el bienestar consecuencia de ellas no es discutible, Lo que sí está en discusión es la dimensión, las características y la gravedad de esa amenaza y las medidas necesarias para neutralizarla o contenerla.

No se trata de enredarse sobre si la tecnología o una red cibernética concreta dispone de elementos para penetrar la seguridad occidental (aunque también hay que analizarla, sino de entender el concepto de amenaza como algo más amplio, más global que va, desde esta tecnología hasta la telaraña que China está desplegando y que llena de dependencia a muchos países a través de la compra de deuda, la cautividad de mercados y el intercambio económico con las ventajas que supone su Estado autoritario, la falta de libertad y de control interno y la liquidez de su proceso de crecimiento.

En una entrevista con The Times hace unas semanas, Gerhard Schindler, que estuvo al frente del servicio alemán de seguridad, BND, entre 2011 y 2016, llamaba la atención sobre lo esencial del comportamiento “agresivo” de Pekín en el mar de la China Meridional y su hegemonía económica sobre las regiones de África, así como la Nueva Ruta de la Seda financiada por China que se extiende por Eurasia.

“China está haciendo las cosas de manera muy inteligente, muy silenciosa, pero, en cualquier caso, con una estrategia asombrosamente consistente, y es preocupante que en Europa apenas notamos este comportamiento dominante”, asegura Schindler. Añade que la estrategia de China necesita ser reconsiderada. “En Alemania, dependemos en parte de China, por ejemplo, en nuestra industria automovilística. Pero no se puede aliviar esta dependencia volviéndose más dependientes; deberíamos esforzarnos por ser menos dependientes”, explica. 

En geopolítica, subrayan los expertos, los vacíos son rápidamente ocupados por entes que buscan posicionamiento, ya sea este estatal o no. Esto explica en parte el avance simultáneo de China en Oriente Próximo ante el retroceso de Estados Unidos que comienza tras el discurso del presidente Barack Obama en El Cairo el 4 de junio de 2009. No sólo porque el mundo suní e Israel, sus aliados naturales, entendieron entonces que Washington ajustaba su política exterior hacia Irán (ahora en proceso de rectificación), sino porque la meta utópica de cooperación que planteaba coincidió con la reducción de su dependencia de los proveedores de hidrocarburos de Oriente Medio y África. Se calcula que, para 2035, el 95% de las exportaciones de petróleo y gas desde esa zona fluirán hacia los países emergentes de Asia-Pacífico, lideradas por China.

En este contexto se produce el acercamiento de China a Irán, materializado en el reciente Acuerdo de Asociación Estratégica Integrada, por el que China invertirá a lo largo de 25 años 400.000 millones de dólares, tiene un componente energético y militar en condiciones económicas favorable a largo plazo y supondrá un refuerzo del régimen de los ayatolás al dar oxígeno a su debilidad actual.

Son dos ejemplos significativos del cambio que se está produciendo en la relación de fuerzas a escala internacional y es en este escenario global en el que hay que medir la amenaza china, más allá de sus retos tecnológicos.

Evento Foro Asia: “Hola, Pekín; Adiós, Washington. El rediseño de Oriente Próximo” Isabel Gacho Carmona

China trata de hacerse un hueco en Oriente Próximo, una región “muy llena” y en la que Estados Unidos cada vez delega más responsabilidades en potencias regionales, pero ¿Cómo lo hace? ¿Qué busca? ¿Qué significa el acuerdo de asociación estratégica con Irán? Son algunas de las preguntas que lanzaba Georgina Higueras durante el foro “Hola, Pekín; Adiós, Washington. El rediseño de Oriente Próximo” y a las que Dolores Algora, Claudio Feijóo y Jesús Núñez trataron de dar respuesta.

Sobre qué busca China en un escenario tan complejo, Núñez, Presidente del Comité Español de la UNRWA sentenciaba que “manda el mensaje de que está preparada para el desafío”. Mientras antes buscaba únicamente “alimentar su propio modelo”, ahora ha dado el siguiente paso aprovechando la dejación de responsabilidades de EEUU. “Ahora tenemos a una China que busca tener presencia física en otros escenarios y tener algo que decir en la gestión de los asuntos de algunos países y de algunas regiones. Irán es un magnífico ejemplo”.

Para Feijóo, Director para Asia de la UPM, este acuerdo de asociación estratégica con Irán “es un acuerdo excelente para China”, una de las piezas clave que le faltaban y que entraña beneficios en materia de energía, de nuevas tecnologías y de estrategia, al presentar una alternativa a Pakistán y ser “el lugar por el que pasan los caminos”. Ahora bien, entraña el riesgo de enfrentarse a sanciones de Estados Unidos. Y es que Irán sabe que está en el punto de mira de Washington y de Tel Aviv para ser derribado, “no para volver a la mesa de negociaciones, para ser derribado”, apuntaba Núñez. Como saben que militarmente es imposible, la estrategia es el ahogo económico. Y el hecho de que China esté rompiendo ese frente de ahogo económico “es un síntoma de que se ve fuerte”, señalaba Feijóo.

Las relaciones de China en la región incluyen también ser el primer socio comercial de Arabia Saudí o de Emiratos Árabes Unidos “¿Crees que el acuerdo con Irán dañará las relaciones de China con el mundo árabe?”, preguntaba Higueras a Feijóo. “Yo no veo a China preocupada”. “China quiere ser el mejor, un ejemplo de cómo se deben hacer las cosas”. De esta manera, se ve como un referente, como un actor que lleva a cabo acuerdos comerciales porque tiene la capacidad y porque “puede poner sobre la mesa un mercado inmenso”. Así que “no ve esas relaciones, sino que ve, entre comillas, estados más pequeños que van a visitar al emperador”.

En este contexto, ¿la presencia de China no puede hacer más mal que bien, pese a sus máximas de no injerencia y win win? Xi Jinping deja claro en sus discursos que entiende que el origen de los conflictos es la falta de desarrollo económico, y China se presenta como un actor que lo favorece. Ahora bien, “iniciativas como la Franja y la Ruta es injerencia, porque estás construyendo las infraestructuras con empresas chinas y eso tiene implicaciones, como en el caso famoso de Sri Lanka”, señalaba Feijóo.

Y, ante un eventual decoupling ¿dónde caería Oriente Próximo? Los expertos expusieron cómo en Oriente Próximo están triunfando redes sociales chinas por los mecanismos de censura que presentan. O que quien ha lanzado el satélite de comunicaciones de Argelia es China. O  que Pekín ha colocado los sistemas de geoposicionamiento de su GPS en Túnez. Y es que China tiene una visión muy clara del ciberespacio: que este es igual que el espacio físico, y por tanto se aplican las misma reglas. Así, en términos industriales habrían tenido cuidado en los últimos 15 años en intentar mantener dentro del país las cadenas principales de materiales estratégico para no depender del exterior. Aunque tiene debilidades en algunas industrias, ya se ha empezado a dar estos pasos. Por ello, ante la posibilidad de dividir los ciberespacios por completo, China estaría en una posición de ventaja, no solo porque se ha preparado, sino porque es la impulsora de la teoría. Como resumía el Director para Asia de la UPM “El partido no acaba de comenzar, está en el descanso, ya han pasado muchas cosas”.

China-EEUU: tensión y elecciones

La tensión entre China y Estados Unidos sigue subiendo lenta pero sostenidamente. Peldaño a peldaño. China sigue decididamente a la ofensiva, con su diplomacia con velas desplegadas presionando, seduciendo y sobornando;  sus servicios secretos más ofensivos y descarados que nunca y sus fuerzas armadas fortaleciéndose y exhibiendo músculo en toda  su zona de influencia.

Los regímenes autoritarios, con un presidente vitalicio, sin poder judicial independiente que ejerza un control, con tecnología volcada en la seguridad y, en el caso chino, con una economía capaz de ablandar voluntades exteriores no tienen muchos incentivos para la contención.

Estados Unidos, sin embargo, es menos manejable. La ética de los principios fundacionales (aunque a veces parezca que Trump no los conoce mucho), la adhesión a la libertad económica (aunque siempre asome la tentación intervencionista) y la fuerza política y militar son un freno para China y están en el fondo de la lucha por la hegemonía en los mercados y en el juego de alianzas.

Además, está la situación interna en Estados Unidos, con la pandemia mal gestionada y fuertes (nada nuevo) tensiones raciales en un escenario marcado por las elecciones previstas para noviembre. En este marco, Trump tiene que reforzar su discurso, con frecuencia torpe, atropellado y simplista frente a China. Y el hecho de que China e Irán hayan proclamado que quieren a Biden en la Casa Blanca en la suposición de que será más débil frente a su política agresiva no ayuda mucho.

THE ASIAN DOOR: Nuevas tecnologías en acción ante la pandemia: ¿horizonte 2030? Águeda Parra

En una sociedad con conectividad omnipresente, la predisposición de consumidores y empresas a usar las nuevas tecnologías será el motor que impulse la capacidad transformadora de la Cuarta Revolución Industrial (4IR). En este punto, China ha conseguido en dos décadas una disrupción tecnológica que no se ha producido en otros países avanzados y, es justo este ritmo de transformación, lo que marca que la adopción de las nuevas tecnologías sea una prioridad para la sociedad china.

La respuesta tecnológica de China a la crisis sanitaria evidencia que las tecnologías más vanguardistas están ampliamente integradas en la sociedad, así como en los procesos productivos y gubernamentales. De forma general, la fusión de tecnologías utilizadas ante el COVID-19 en los países asiáticos en general, y en China en particular, adelanta en una década el escenario previsto que se plantea en Europa, donde se maneja el horizonte temporal de 2030 para disponer de un entorno digital consolidado.

Los distintos niveles de adopción de la tecnología entre las sociedades de los países asiáticos y de las potencias económicas occidentales provoca situaciones de desequilibrio que se están acentuando con el despliegue de las redes 5G. Los consumidores chinos destacan por ser early adopters con todo lo relacionado con la quinta generación de redes móviles, siendo su competidor más directo Corea del Sur, mientras Estados Unidos es el único país occidental con mayor predisposición a modernizar sus redes a la nueva tecnología 5G, según el informe The Mobile Economy: China 2020 publicado por la Asociación GSM. El caso de los países europeos dista mucho de esta situación, con una Europa dividida entre los que no tienen la migración de sus redes en el radar y los que todavía no están convencidos de cómo hacerlas evolucionar.

De esta forma, en el caso de China, la disrupción tecnológica que vive el país le ha permitido disponer de smart hospitals basados en un uso masivo de la IA con el que el gigante asiático puede mitigar los efectos de tener un ratio de médicos por cada 1.000 habitantes inferior al que disponen los países avanzados. Las soluciones de telemedicina implementadas en las áreas más remotas al epicentro de la pandemia han permitido dar soporte a las áreas del interior donde existe una mayor escasez de médicos, pero donde, sin embargo, comparten el mismo ecosistema digital. Asimismo, el uso de robots ha hecho posible realizar servicios esenciales en hospitales como el reparto de comida, la desinfección de habitaciones y la eliminación de desechos médicos, evitando el riesgo de contagio.

En un escenario de crisis sanitaria, el maduro sector del e-commerce de China ha tenido un desempeño diferencial en la distribución de alimentos, pero también en la provisión de suministros médicos, haciendo confluir el inventario online y offline para abastecer la demanda. El uso de la tecnología blockchain también ha destacado en tiempos de pandemia, permitiendo gestionar la recepción de mascarillas, el material médico, e incluso la donación de dinero. Entre la suite de tecnologías que se han visto en funcionamiento para contener la expansión de la pandemia también figuran los códigos QR que, junto al sistema de vigilancia por geolocalización, han permitido disponer de un diagnóstico preliminar de contagio con asignación de códigos de tres colores, rojo, naranja y verde, en función del riesgo de poder estar contagiado.

En definitiva, se trata de una suite de tecnologías que muestran el camino de cómo podría evolucionar un escenario post-pandemia en otros países donde todavía no disponen de un ecosistema digital evolucionado.