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China, las protestas cubanas y la demora de Biden. Nieves C. Pérez Rodríguez

Cuba parece haber despertado de un largo silencio al que ha sido sometido por el régimen castrista desde hace más de 6 décadas. Las protestas que de manera espontanea florecieron en 40 ciudades y poblados de la isla desconcertaron al mundo y claramente sorprendieron al régimen, precisamente por su carácter improvisado.

Cuba ha venido experimentando un progresivo deterioro económico como parte de una mala gestión de décadas que durante los primeros años de siglo XXI se vio aminorada debido a las generosas ayudas enviadas desde Venezuela con dinero petrolero. Chávez fue la chequera que llenó de liquidez a la isla en otro de sus duros momentos. Gracias a las generosas cifras, los programas de intercambios de ayudas, la exportación de combustible y de alimentos, entre muchas, la economía isleña pudo vivir una bonanza irreal que permitió por unos años a los ciudadanos a tener un poco de holgura.

Pero como todo lo fácil se acaba, la mala administración de los recursos petroleros de manos de Chávez acabó por ocasionar la caída de Venezuela en la mayor crisis de su historia, así como la mayor crisis migratoria que ha experimentado la región y por lo tanto para el régimen cubano el cierre de esos recursos fáciles que lo ayudaron a mantenerse a flote desde que perdieron las ayudas soviéticas.

La Administración Trump por su parte también impuso sanciones que habían sido relajadas o incluso eliminadas por la Administración Obama, quien equivocadamente intentó una estrategia de normalización de relaciones que claramente no hizo más que dar aire al régimen castrista. Trump quiso demostrar el error de la Administración previa y restableció muchas de las sanciones y al final de su legislatura impuso sanciones que acabó por afectar el envío de remesas desde los Estados Unidos a Cuba, lo que ocasionó que se agudizara la crisis de liquidez entre el ciudadano de a pie. De acuerdo con la Havana Consulting group, agencia que le hace el rastreo a las remesas cubanas, las remesas son la segunda fuente de ingreso de la isla y representan unos 3.700 millones de dólares al año.

A esa ya existente situación se le suma el Covid-19 que, a pesar de las estrictas medidas de control del régimen cubano, no ha podido controlarse como ha sucedido en casi todos los países del mundo. El aumento estrepitoso de casos, la falta de electricidad en los hospitales, de recursos y productos para mantener una higiene adecuada como jabones, detergentes, desinfectantes y un sistema sanitario, que a pesar de que siempre hicieron alarde de él mismo, no ha podido con la situación, han profundizado la crisis.

Un informe del 1 de febrero del 2021 del Instituto para la Guerra y la Paz señalaba el mal manejo de la pandemia en Cuba y la desinformación que rodeaba el virus. “El régimen promovió la homeopatía como protección ante el Covid-19 mientras promovían cifras falsas de víctimas fatales”. Todo esto propició las manifestaciones.

Como twitteó el reguetonero cubano Yamil “teníamos tanta hambre que nos comimos el miedo”, explicando que motivó la salida a la calle de la gente en un sistema tan controlado y reprimido como el cubano.

En medio de esta situación y ante el silencio de la Administración Trump en las primeras horas de las protestas, los aliados de la Habana se empezaban a manifestar.  Moscú aprovechó para decirle a Estados Unidos que ellos siguen firmes en su compromiso con la isla como en la época soviética. Así como Irán condenaba las sanciones americanas a Cuba, al igual que lo hacía Maduro desde Caracas mientras expresaba su ya conocido apoyo total al régimen cubano.

Por su parte, el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Zhao Lijian, culpaba a USA del problema eléctrico y la falta de medicinas en Cuba por el embargo económico, además de afirmar que “China se opone firmemente a la injerencia extranjera en los asuntos internos de Cuba, apoya firmemente lo que Cuba ha hecho en la lucha contra el Covid-19, y apoya firmemente a Cuba en la exploración de un camino de desarrollo adecuado a sus condiciones nacionales”.

La Administración Biden tardó mucho en comentar la situación de protestas sin precedentes. Lo que ha sido un grave error político tanto doméstico como internacional. A nivel internacional se muestra débil de liderazgo, a pesar del compromiso moral que tiene Washington con Cuba. Además, el tiempo que tardaron le sirvió al régimen castrista para apresar ciudadanos, reprimir manifestantes, confiscar móviles para intentar conseguir videos de los protestantes e identificarlos. El bloqueo de internet ha sido parte de la estrategia castrista para prevenir que se informen dentro de la isla y que envíen reportes afuera de lo que está sucediendo.

La valentía de los ciudadanos que como bien describió el músico cubano los llevó a sobreponerse al miedo a un régimen que tiene controlado cada aspecto de sus vidas, que hace uso de todo tipo de inteligencia para saber cómo siente y piensa cada individuo. Y que no tiene ningún recato en neutralizar a aquellos que disienten, aunque sea porque no pueden tener aspiraciones ni sueños.

El Covid-19 en el mercado internacional. Nieves C. Pérez Rodríguez

La pandemia ha cambiado muchas cosas en el mundo, incluida la demanda de ciertos bienes junto con los patrones de consumo que también han cambiado significativamente, lo que a su vez ha provocado la escasez de productos en casi todos los sectores. Para explicar esta situación 4Asia consultó con Eric Johnson, periodista especializado en intercambios comerciales y tecnología en busca de las claves detrás de la logística y las cadenas de distribución internacional.

¿Cómo explica usted el fenómeno de cambio de oferta y demanda durante los primeros meses de la pandemia y la escasez que muchos sectores experimentan actualmente?

Hay tres factores a tener en cuenta:

1) Cuando la pandemia golpeó, las personas dejaron instantáneamente de gastar en intangibles como viajes, conciertos, teatros y experiencias. Ese gasto migró principalmente a más bienes, a veces artículos necesarios como productos de limpieza, desinfectantes, geles antibacterianos y mascarillas, aumentó exponencialmente el consumo de alimentos (ya que no íbamos a restaurantes) y, en algunos casos, implicó adaptaciones del hogar, proyectos de renovación y muebles que nos demandó la nueva realidad (como trabajar desde casa o el cole virtual).

2) El comercio electrónico, más que nunca, se convirtió en un gran facilitador de la compra de productos de todos los tamaños sin necesidad de salir de casa para ello.

3) Las ayudas del Estado, en el caso de los Estados Unidos llamadas “cheques de estímulo” fueron inyecciones de efectivo periódicas que alentaban a las personas a gastar en bienes y mantenían la economía activa. Todo esto ha tenido un impacto en el comercio mundial. Estamos viendo en 2021 el efecto de latigazo de toda la demanda de bienes a finales de 2020 y principios de 2021 y una carrera por las tiendas para reabastecer el inventario antes de los períodos clave de compra de los consumidores estacionales en América, el 4 de julio que suele ser momento que se aprovecha promocionar compras con descuentos especiales, el regreso al colegio, y por último las vacaciones del verano).

¿Diría usted que la razón de las importantes interrupciones en el proceso de comercio internacional fue que el Covid-19 se originó en China (principal exportador de bienes del mundo) puesto que el gobierno chino cerró ciudades e impuso bloqueos en áreas donde se encuentran muchas fábricas, retrasaron el proceso de fabricación como también el proceso de envío de suministros?

Definitivamente esa situación tuvo un impacto en la primera etapa, es decir, febrero-abril de 2020, pero contrario a lo que se cree, las fábricas se recuperaron muy rápidamente. Las interrupciones del comercio mundial de hoy tienen menos que ver con los cierres de fábricas de hace un año y más con los niveles históricos de demanda de bienes en los últimos meses y en la actualidad.

¿Cuál es el coste de transportar un barco de carga desde China a los EE.UU. a día de hoy? ¿Podría compararlo con los precios previos al Covid-19?

Antes de la aparición del Covid-19 el costo de reservar un contenedor para transportar mercancías desde China a un puerto en, por ejemplo, el sur de California, históricamente ha estado en el rango de 1.500 a 2.500 dólares, dependiendo de los niveles de oferta / demanda. Ese rango de precios no se modificó en realidad por décadas.

Pero hoy el precio base para enviar ese mismo contenedor es de 6.000 dólares o más. Lo que se traduce en tres veces mayor a los niveles históricos. Pero es todavía más complicado que eso, porque el espacio es tan reducido, que las empresas básicamente necesitan pagar tarifas premium de carga además de esas tarifas base. Es como tener una reserva en un restaurante, pero el encargado te dice que está muy lleno y que la única forma de conseguir una mesa es pagar dos o tres veces los precios que figuran en el menú. Eso junto con un precio base mucho más alto pueden llevar los costos totales a más de 20.000 dólares por contenedor que es objetivamente 10 veces por encima de los niveles normales, lo que es una absoluta locura.

¿Cómo se podría normalizar las exportaciones? ¿Necesitamos más buques transportando bienes?

La demanda actual se encuentra en máximos históricos en este momento, no solo en comparación con el año 2020, sino en comparación con años previos como el 2019. Una solución que la gente del sector se encuentra discutiendo en este momento es la construcción de nuevos buques para manejar la demanda adicional. Pero frente a esto tenemos dos problemas, uno que los barcos tardan al menos unos 18 meses en construirse y entrar en funcionamiento. Y dos que no está claro que los niveles de demanda actuales se normalizarán durante un largo período de tiempo, y las compañías navieras no quieren desarrollar más capacidad de la que eventualmente podrían necesitar.

¿Cree usted que vamos a volver a la forma en que funcionaban las cosas antes o la situación ha cambiado para siempre? ¿Se espera que los precios de los bienes bajen?

Los costos de envío eventualmente bajarán. Tal vez no a niveles históricamente bajos, pero no pueden permanecer tan altos para siempre, ni siquiera por mucho más tiempo. Para algunas empresas, el valor total de las mercancías dentro del contenedor es inferior a 20.000 dólares, por lo que no tiene mucho sentido enviarlas y asumir pérdidas. A medida que la demanda se ralentice y haya más capacidad disponible, los precios de transporte de esos contenedores se estabilizarán. Pero pueden pasar nueve meses o más para que todo eso suceda.

La guerra fría del Pacífico. Nieves C. Pérez Rodríguez

La guerra fría entre China y Estados Unidos parece ser cada día más real. Trump puso de moda el tema y Biden ha continuado en la línea de denunciar los abusos chinos y unificar frentes internacionales en pro de los valores de occidente.

Por su parte, China ha ido ganando fuerza y seguridad debido al extraordinario crecimiento económico que ha experimentado, por lo que Beijing ha ido asumiendo con mayor determinación el rol de nación líder en la escena internacional. Ha aprendido a caminar las vías institucionales para hacerse oír, en otros casos ha encontrado caminos menos regulares para conseguir influencia internacional otorgando créditos y construyendo obras de infraestructura en países desfavorecidos, que se cobran con unos intereses que duplica su valor y que en muchos casos los resultados son obras de una calidad tan precaria que acaba derrumbándose o dando problemas estructurales a poco tiempo de ser entregados. Y más recientemente la diplomacia de vacunas que le ha permitido a China llegar a cualquier rincón del planeta en el que han tendio interés.

Desde el Congreso estadounidense un grupo de senadores han articulado leyes para neutralizar los abusos chinos y generar conciencia de las prácticas del PC chino. Además de las sanciones que los estadounidenses han ido imponiendo como las de julio del 2020 a otros 4 funcionarios chinos claves, como el jefe regional del PC Chen Quanguo, quien es visto como el artífice de las políticas de Beijing contra las minorías musulmanas, como una forma de protesta a lo que está sucediendo en la Región autónoma de Xinjiang.

Pero también se han sancionado figuras como la alta ejecutiva de Huawai Meng Wanzhou, por orden de un tribunal de New York que emitió una orden de arresto para Meng para que fuera juzgada en los Estados Unidos sobre violación a sanciones estadounidense en contra de Irán y conspiración para robar secretos comerciales. Meng fue detenida en Canadá por petición de la Administración Trump.

A estas sanciones Beijing respondió con cólera sancionando a un grupo de legisladores estadounidenses en agosto del año pasado por ser los promotores de legislación que alerta y previene sobre el peligro que representa el PC chino para los Estados Unidos y el resto del planeta.

Entre los sancionados se encuentra el senador Marco Rubio por el Estado de Florida, quien es vicepresidente del comité de inteligencia del Senado, y miembro del comité de relaciones exteriores quien le dijo a 4Asia: “Beijing puede imponer todas las sanciones que quiera en mi contra. Incluso, pueden hacer que sus medios de comunicación oficialistas me dibujen en caricaturas como un diablo, si así es como quieren perder su tiempo. Nada de eso detendrá mi trabajo o silenciará mi voz. Sus sanciones en mi contra son prueba de su inseguridad y revelan que las iniciativas de política exterior bipartidistas que he liderado amenazan la agenda del Partido Comunista chino. Tanto EE. UU. como nuestros aliados afines debemos permanecer unidos contra la creciente amenaza del PC chino”.

Las sanciones de Beijing a los estadounidenses son meramente simbólicas, pues ninguno de los legisladores tiene inversiones en territorio chino. Mientras que para los chinos las sanciones estadounidenses son incómodas y pueden acarrear consecuencias indirectas como le sucedió a Lam Carrie, la jefe ejecutiva de Hong Kong, quien fue sancionada por Washington por su posición intransigente en contra de los manifestantes que protestaban el cambio de estatus de aquel  territorio. A pesar de que Carrie afirmó no tener ningún interés en viajar a los Estados Unidos, en el momento de la sanción su hijo estaba estudiando en la Universidad de Harvard y tuvo que salir en el siguiente vuelo de regreso a casa, pues esas sanciones salpican a los familiares directos, las inversiones del sancionado, cuentas bancarias, etc.

En medio de esta guerra fría entre Washington y Beijing un ala del partido republicano, basándose en las “prácticas irregulares chinas”, ha organizado una plataforma por Facebook y por Twitter llamada “Stand up to China” para divulgar el peligro que representa la nación china para los intereses estadounidenses. Con argumentos como el Covid-19 o el peligro del crecimiento militar chino crearon esta organización sin fines de lucros para crear conciencia sobre la agenda de Beijing. Según Axios -un medio digital de credibilidad- llevan gastados unos 600.000 dólares en campañas cuyo objetivo inicial fueron los usuarios de dichas redes en Florida durante 2020 y, en efecto, el estado de Florida votó fuertemente republicano en la pasada campaña presidencial de noviembre.

Stand up to China se creó en enero del 2020 y durante su primer año estuvo centrado en Florida, pero ahora está operando en un radio mucho mayor, cubriendo los estados claves en las campañas presidenciales estadounidense como Iowa, New Hampshire, South Carolina y Nevada, lo que es un claro reflejo del arrastre que la plataforma consiguió ya en Florida y que ahora pretende seguir expandiendo sus resultados.

Stand up to China tiene detrás figuras que han promocionado leyes anti-chinas para proteger las empresas estadounidenses, la propiedad intelectual americana, las libertades democráticas como el mantenimiento de la privacidad virtual, la libre competencia, entre muchos otros temas domésticos claves. Un buen ejemplo es el senador Rubio, quien está en campaña para ser reelegido en noviembre del 2022 y cuya campaña será reñida, pues las presidenciales mostraron que Florida es un estado clave en el que el discurso anticomunista tiene gran arrastre.

Además, Rubio y sus aliados políticos se han hecho con una reputación de lucha sostenida en contra del PC chino al punto que los últimos emails de su centro de campaña se titularon: ¿Es hora de hacer frente a la China Comunista?, lo que demuestra la tremenda importancia que el argumento de China ha adquirido en los últimos años en la política domestica de los Estados Unidos. Pues la campaña de un Senador se está basando además de atendar las necesidades del Estado que representa y los ciudadanos que le votan es usar el peligro chino como en su momento se habló del peligro soviético.

Biden y Corea del Norte. Nieves C. Pérez Rodríguez

Uno de los grandes retos de la Administración Biden se concentra en la región de Asia Pacífico. No cabe duda de que el mayor desafío lo presenta China y sus grandes aspiraciones, aunque Corea del Norte por su parte ha sido el gran dolor de cabeza de los estadounidenses durante décadas. Éste último ha sido el problema al que Washington no ha podido hallar salida posible; por el contrario, con el aumento de la capacidad nuclear de Pyongyang la situación se ha hecho cada vez más hostil y más compleja de manejar.

Trump, en su intento por resolver esta intrincada relación bilateral y con la ostentosa aspiración a quedar en la historia como quién resolvió el conflicto, firmó la declaración de Singapur que como Scott Snyder explica en un artículo publicado en el Council on Foreing relation -un prestigioso centro de pensamento en Nueva York- que Biden debe decidir ahora si esta declaración la quiere aplicar como hoja de ruta de las relaciones con Corea del Norte.

La declaración de Singapur fue firmada en el marco del histórico encuentro que tuvo lugar en aquella ciudad en junio del 2018 entre el presidente Trump y el líder norcoreano Kim Jong-un, y se resume en cuatro puntos: 1. Establecer relaciones bilaterales entre ambas naciones basadas en la paz y la prosperidad de sus ciudadanos. 2. Estados Unidos y Corea del Norte se comprometen a construir una relación que permita la paz en la península coreana. 3. Trabajar en conjunto en pro de la desnuclearización. Y 4. la repatriación de los restos de los estadounidenses caídos en la guerra coreana, que de acuerdo a las fuerzas armadas estadounidenses estiman en unos 5.300 soldados que están aún en territorio norcoreano.

El presidente surcoreano Moon Jae in visitó Washington a finales del mes de mayo y dejó ver cómo la alianza entre ambas naciones es estratégica y cómo Seúl aspira a un acercamiento con la nueva Administración después de los últimos cuatro años en los que Trump llevó la batuta de las relaciones. Moon vino a asegurarse de que la nueva administración priorice las relaciones con Corea del Sur como aliados históricos que son y que se reactive el diálogo intercoreano con la Administración Biden mientras fungen de árbitro de las mismas.

Para Moon es muy importante presionar en su último año como líder de la nación surcoreana y dejar abonado un camino hacia la pacificación de la península coreana.

Sin Embargo, los expertos en relaciones coreano-americanas en Washington no ven tan claro que Biden esté dispuesto a tomar una posición firme con respecto a Pyongyang o con Kim Jong un. A pesar de que la visita fue positiva y el resultado de la rueda de prensa fue políticamente correcto y diplomáticamente congruente con la alianza entre Washington y Seúl.

Pero los analistas, por el contrario, consideran que la Administración Biden está tomando la misma postura con las regiones o países críticos para los Estados Unidos como Rusia, Israel, Afganistán o Corea del Norte que no es más que dejar la situación en una especie de calma aparente en la que Washington no trastorna la dinámica actual pero tampoco presiona en defensa de los valores occidentales.

Esta postura que cada día se ve más clara en Washington, incluso a través de las acciones y respuestas que da el propio Secretario de Estado Blinken cuando es interpelado por la prensa puede erosionar aún más el liderazgo internacional estadounidense y de hecho facilitarle a Beijing a aumentar su influencia -cada día más marcada-  así como a Putin en el mundo y para prueba un botón, ambos lo están haciendo con la exportación de la vacuna para el covid-19 mientras exportan  con las dosis ideología y sus antivalores.

Y seguimos buscando el origen del Covid-19. Nieves C. Pérez Rodríguez

Desde los inicios de la pandemia, Biden hizo un llamado a oír a la ciencia y seguir los consejos que los científicos estaban aportando como producto de los hallazgos de las investigaciones mientras la Administración Trump trataba de quitarle importancia a la gravedad de Covid-19 hasta que no les quedó más remedio que empezar a tomar medidas extremas, como lo tuvo que hacer el resto del planeta. En efecto la negación a portar la mascarilla se convirtió en Washington en una declaración política expresa que automáticamente identifica a un sujeto con sus preferencias electorales e ideológicas.

En consecuencia, a todos los demócratas se les ha visto todo el año pasado y lo que va de este “enmascarados”. La portavoz de la cámara de representantes, Nancy Pelosi, impuso una tendencia de moda al llevar la mascarilla conjuntada con el traje de cada día. Y hasta pequeñas boutiques locales promocionaban sus mascarillas como el nuevo accesorio del momento en un intento por sobrevivir la cuarentena y hacer frente a la caída estrepitosa de ventas. Mientras, a la mayoría de los republicanos se les veía llevarlas sólo en aquellos momentos o lugares en los que no les quedaba más remedio. Al mismo Trump no se le vio con mascarilla ni siquiera cuando salió del hospital después de haber sido tratado por Covid y muy probablemente estando aún positivo.

En el exceso por ser políticamente correctos, los demócratas han usado la mascarilla como una distinción de los republicanos y en eso se basó parte de la campaña electoral de Biden a la presidencia e incluso ya en la Casa Blanca el uso de las mascarillas ha continuado siempre frente de las cámaras y del ojo público.

Mientras que Trump fue directo en acusar a China de haber dejado al virus circular fueras de sus fronteras, o peor aún llamarle el “virus chino”, los demócratas habían sido más prudente con ese tipo de acusaciones. Hasta la declaración del 26 de mayo de Biden en que pedía al equipo de seguridad nacional que investigara en un plazo de 90 días el origen del virus para poder determinar si éste surgió del contacto entre un animal a humanos o si se escapó del laboratorio de Wuhan.

El director general de la OMS, Tedros Ghebreyesus, decía en abril que la teoría de que el virus se había escapado del laboratorio era la menos probable, aunque insistía en que se necesitaba tener más pruebas para poder descartarla del todo.

4Asia consultó con Josh Rogin, periodista del Washington Post que sigue muy de cerca las relaciones sino-americanas y que acaba de publicar un libro con los pormenores de estas relaciones durante la era Trump.  Le preguntamos sobre cuáles son las razones que han llevado a Biden a solicitar esta investigación en este momento. Y esto fue lo que nos dijo:

“El presidente Biden ordenó una nueva investigación a la Inteligencia por dos razones: la creciente presión del Congreso y el público estadounidense sobre la necesidad de esclarecer las posibles hipótesis de que el brote podría estar relacionado con un accidente en el laboratorio de Wuhan y el fallo en el intento de la OMS de hacer la segunda parte de la investigación que ha sido drástica y públicamente rechazada por China”.

La Administración Biden ha venido operando bajo las reglas diplomáticas tradicionales, entonces ¿Por qué ahora reabren esta investigación cuando las tensiones con Beijing están ya bastante caldeadas?

“591.000 estadounidenses murieron debido a Covid-19. Beijing ha ocultado datos cruciales y han encubierto los orígenes del virus durante más de un año. Esto ha causado mucho sufrimiento y muertes no sólo de estadounidenses, sino a nivel mundial. Si no vale la pena arriesgar tensiones con China para descubrir la verdad sobre 3 millones de muertes en el mundo, ¿qué merece la pena? Estos datos son demasiado significativos para ignorarlos. Además, si Beijín puede amenazar con tensiones cada vez que le pedimos que digan la verdad y se apeguen al derecho internacional, entonces seguirán haciendo uso de esa táctica todos los días”, sostiene Rogin.

“De encontrarse evidencias claras que apunten a una fuga del laboratorio de Wuhan, Los Estados Unidos tendrían que repensar completamente toda la cooperación científica con China, cerrar toda cooperación sobre investigaciones sobre virus e iniciar un largo proceso legal para señalar responsabilidad y luego buscar que China repare o compense todo el daño económico que ha causado el virus. El mundo entero quiere saber cómo empezó esto (excepto China). Sí los Estados Unidos deciden liderar este esfuerzo, estoy seguro de que muchos otros países apoyarán esa presión”, afirma Rogin.

Si la teoría de la fuga del laboratorio fuera conspirativa habría que esclarecerla en cualquier caso. Sí por el contrario pudiera ser comprobada, Estados Unidos -como líder internacional- entonces tendría que exigirle a China que asuma su responsabilidad. Porque como ya en esta columna se afirmó al principio de la pandemia, los actores internacionales más importantes no sólo pueden exigir mayor participación y protagonismo en los foros internacionales sino también deben asumir su responsabilidad, lo que en algunos casos significa pagar por ello o al menos intentar reparar el daño causado de alguna manera.

Ocupar el lugar de la segunda economía más grande del mundo encierra una posición de fuerza, pero también viene con ello una responsabilidad que debería ser ineludible.

Los Juegos Olímpicos de Tokio segundo intento. Nieves C. Pérez Rodríguez

A tan sólo dos meses del segundo intento de inauguración de los juegos de Tokio 2020, aunque un año más tarde, la situación sanitaria en Japón es delicada y de acuerdo con algunos médicos locales podría llegar a empeorar.

La tercera economía del mundo había controlado bastante bien la pandemia y los contagios durante el 2020, a pesar de la cercanía con el lugar del brote inicial y otras regiones que fueron altamente afectadas en los primeros meses en que se declaro la pandemia.

Sin embargo, en los últimos meses ha habido brotes como el de Osaka, la tercera ciudad en población del país, que ha reportado un número muy alto de casos y los hospitales de la ciudad se encuentran al límite de su capacidad, lo que en muchos casos ha acabado en victimas ante la falta de asistencia. Muchos de los pacientes que comienzan a experimentar síntomas leves y que, eventualmente, podrían necesitar asistencia médica no están siendo recibidos en los hospitales debido a que se encuentran en su máxima capacidad. 

Según AP, los decesos a causa de Covid-19 que ocurrieron fuera de los hospitales en abril se triplicaron desde marzo  y fueron 96, incluidos 39 en Osaka y 10 en Tokio. Y aunque la cifra parezca alarmante hay que remarcar que Japón tiene una población de más de 126 millones de ciudadanos.

A pesar de que la comunidad internacional está de acuerdo en que los juegos  olímpicos se lleven a cabo, parece que según se acerca la fecha empieza a haber más resistencia a la celebración. Los juegos del 2020 fueron reprogramados al 23 de julio del 2021 y los paraolímpicos el 24 de agosto. Por lo que el pasado 16 de noviembre el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) visitó Tokio y se reunió con el primer ministro Yoshihide Suga. Y en su momento Suga aprovechó la ocasión para afirmar “nuestra determinación es realizar unos juegos seguros y exitosos el próximo verano como prueba de que la humanidad ha derrotado el virus”.

Esas palabras, que seguramente fueron la gran motivación en el momento en que fueron reprogramados los juegos, no necesariamente cuentan hoy con la misma fuerza ni el mismo entusiasmo, pues son muchos más los países que se encuentran aún batallando para controlar la pandemia sin mucho éxito.

El playbook o libro de procedimiento de las Olimpiadas de Tokio del 2020 (que mantiene su nombre a pesar de que la celebración se lleve a cabo en el 2021) ha contado con varias revisiones y modificaciones del comité, en un esfuerzo por ajustarse a la realidad del Covid-19 y lo que se ha ido aprendiendo del virus. Y aunque está previsto que los atletas se hagan dos pruebas antes de salir de sus países para contar con la seguridad de estar negativos, una vez en la villa olímpica deberán practicarse pruebas diarias junto con otras normativas estrictas en pro de mantener su seguridad sanitaria.

Así como muchos atletas internacionales están ansiosos en participar, pues estas competiciones son la razón su devoción al entrenamiento, algunas figuras importantes han anunciado que no participarán. La misma sociedad civil japonesa que ha sido consultada en encuestas de opinión ha expresado su deseo en cancelar las olimpiadas por temor a más contagios. Pues la curva de casos ha aumentado considerablemente desde que fueron levantadas las restricciones.

El gobierno japonés sigue sumando esfuerzos en evitar que los juegos sean cancelados, porque de serlo verían como 26 mil millones de dólares se perderían, eso es parte de los costos de organización, de seguridad, de adaptación de las instalaciones deportivas o en algunos casos de construcción de ellas, las trasmisiones televisivas entre otras muchas cosas.

Reuters revelaba a finales de la semana pasada que tan solo 4,1 % de la población japonesa había sido vacunada mientras que comparaba con otros países del G7 en los que las fases se encontraban mucho más avanzado.

Las cifras oficiales de casos en Japón a dos meses de la celebración de las olimpiadas y los paraolímpicos son de 706.000 casos positivos y unas 12.000 muertes en total.

En este momento se calcula que el 80% de los atletas han sido vacunados lo que es una cifra muy alta, y el gobierno japonés ha sugerido a los comercios y restaurantes que cierren sus puertas a las 8 pm para intentar contener un poco la movilidad en la calle. Lo que ha llevado a un debate entre los juristas japoneses de si la medida es o no constitucional.

El Covid-19 no sólo ha cambiado la vida, la dinámica sanitaria, la economía y hasta la política de cada país del planeta, sino que ha ocasionado que la celebración de un evento tan codiciado entre las naciones anfitrionas se haya convertido en una problema para el país receptor quién aun haciendo todo correctamente podría acabar ganando el rechazo social de sus propios ciudadanos.

Descodificando el diccionario chino. Nieves C. Pérez Rodríguez

A principios de marzo, Makub Oud, directora de la oficina del Instituto Raoul Wallenberg de Derechos Humanos de Estocolmo, junto con Katja Drinhausen publicó un trabajo titulado “Descodificando el diccionario chino”, un análisis minucioso de los términos de uso frecuente que define las prioridades y valores políticos que sustentan los sistemas políticos tanto para los miembros de la UE como para China, pero que cuentan interpretaciones muy diferentes en ambos lados.

Basándose en el cambio que ha experimentado China como actor internacional y en la gobernanza internacional, el documento oportunamente pone de manifiesto cómo Beijing ha cambiado su comportamiento internacional mientras desmenuza el lenguaje chino y la comprensión de su estrategia de cooperación diplomática e influencia.

El informe que puede ser consultado en Decoding China – Decoding China analiza quince conceptos claves en el mundo de hoy como son: sociedad civil, cooperación, cultura, democracia, desarrollo, libertad de expresión, derechos humanos, multilateralismo, paz, seguridad, soberanía, diplomacia, entre otros.

En cuanto al concepto de soberanía, el Partico Comunista China entiende este derecho como algo exclusivo del partido a la cabeza de una nación soberana para ejercer control sobre los problemas dentro de sus propias fronteras, como los aspectos económicos, políticos, culturales y tecnológicos. Pero cuando se analiza en profundidad la soberanía territorial que reclama el PCC sobre Taiwán -reza el documento- “se remonta a la época del Imperio Qing (1644-1911) pero curiosamente no reclama parte de la actual Mongolia que fue una vez gobernado por el Imperio Yuan (1271-1368 y más tarde el Imperio Qing). Mientras, argumenta que el Mar del sur de China estaba bajo jurisdicción china durante el mismo período por lo que debe ser reconocido como su territorio, a pesar de que en el 2016 se falló en contra de esa afirmación”. Por lo que los autores afirman que no hay consistencia en los reclamos de territorio, sino que son reclamos históricos selectivos.

La cultura es otro aspecto profundamente político para el PCC y uno de los frentes que usa en la lucha contra sus enemigos o críticos tanto nacionales como internacionales. “Mao Zedong dejó claro en el Foro Yan´an en 1942 que el arte y la literatura deben seguir a la política. Bajo el liderazgo de Xi Jinping desde 2012 la cultura se ha renovado como una prioridad política en torno a nociones como construir un poder cultural, garantizar la seguridad cultural y movilizarse contra la hegemonía cultural de los Estados Unidos y Occidente. Por lo tanto, la cultura acaba siendo un medio para promover la legitimidad del PCC y fortalecerlo contra las amenazas a su legitimidad a nivel mundial”.

El documento también remarca la importancia de que los países occidentales entiendan el discurso chino. Las naciones que establecen acuerdos con China tienen de entender lo que quieren decir cuando emplean el lenguaje de valores y estándares internacionales. “Las ideas chinas están cada día más presentes en los escenarios internacionales como documentos de Naciones Unidas, donde los valores democráticos y derechos humanos son el epicentro, pero los chinos han conseguido introducir y filtrar sus ideas con características chinas en estos documentos y foros”.

Cuando saltan las denuncias o las preocupaciones por los derechos humanos, China incrimina a sus críticos de politización y de tener mentalidad imperialista o de guerra fría. Mientras pide democracia en la ONU y respeto por los derechos que tiene China a desarrollarse y crecer.

Los autores explican que este diccionario fue creado para poder descodificar los términos claves empleados por China en su beneficio y fue hecho considerando quienes serían sus principales s usuarios, aquellos responsables de la formulación de políticas e instituciones en Europa que están comprometidas en el diálogo e intercambios con China.  

En mi opinión este tipo de estudios, que analizan etimológicamente cada término empleado por China en el mundo de hoy, debe ser considerado no solo por las instituciones de la UE, sino por todos aquellos receptores de ayudas chinas, suscritores de acuerdos con Beijín, analistas en el área, naciones por donde pasa la ruta de la seda, entre otros pues aportan un acercamiento más fiel sobre como el PCC  opera y como intenta imponer sus valores usando los conceptos occidentales que han definido los últimos 75 años de la historia de la humanidad.

¿Es cierto que China erradicó la pobreza? Nieves C. Pérez Rodríguez

No todo lo que brilla es oro, así como no todo lo que se dice siempre es literalmente cierto. El año pasado, Xi Jinping anunciaba el fin de la pobreza en China como la proeza del Partido comunista chino. Y, aunque es verdad que China ha crecido espectacularmente y que ha disminuido su pobreza, no es cierto que la haya podido erradicar del todo.

El gobierno chino considera de pobreza extrema a las familias que viven con un ingreso inferior a los 2,30 dólares diarios y afirma haber sacado a 800 millones de personas de esa situación con un plan de reformas económicas lanzado en 1970. Tan sólo entre 2012 al 2020 China invirtió 246 mil millones de dólares en la lucha contra la pobreza en distintos planes, de acuerdo con cifras oficiales.

Para ello, el gobierno chino movilizó unos 10 millones de ciudadanos de zonas remotas a ciudades improvisadas que fueron planificadas con la visión de ubicarlas cerca de fábricas manufactureras que a su vez pudieran emplear a gran parte de esa población.

NPR, la radio pública en los Estados Unidos, hizo un reportaje sobre la veracidad de la erradicación de la pobreza china y Emily Feng, su corresponsal en Beijing, visitó el distrito de Bijie en la provincia de Guizhou, una de las que fueran las zonas más pobres en el país, donde el Partido Comunista chino fabricó una ciudad que levantó de la nada entre montañas.

Unos 32.000 residentes de áreas rurales y remotas de esta provincia, que básicamente sobrevivían del auto sustento, fueron movilizados a Qinxingguan en 2018. La comunidad de Qinxingguan fue diseñada para parecer “un paraíso socialista”, filas de docenas de bloques de edificios idénticos en los que se pueden leer slogans de agradecimiento al PC chino por dar alojamiento gratuito a personas de aldeas remotas situadas en el medio de las montañas, de acuerdo a palabras de Feng.

Algunos de los residentes entrevistados muestran su descontento con el plan que describen: “oficiales del gobierno prometieron darnos un subsidio mensual de 45 dólares, servicios gratis (luz, agua), viviendas gratis y acceso a trabajos que vendrían de fábricas de ropa que se instalarían en los aledaños de la comunidad con el propósito de crear fuentes de empleo. Pero que esos empleos nunca llegaron. Además, explican que ahora se encuentran en una especie de limbo en el que están atrapado sin trabajo, y aunque quisieran regresar a sus aldeas, éstas ya no existen y donde están ahora todo cuesta dinero obtenerlo, comparando con la vida sostenible que tenían antes.

La transformación de la montañosa Guizhou era una gran prioridad para el PC chino puesto que era la provincia consistentemente más pobre por ingreso per cápita y,  según el reportaje, se han intentado distintos programas de desarrollo económico de la provincia sin mucho éxito, como construcción de granjas, producción de licor de arroz hasta el aumento de los salarios de los residentes de esa provincia.

Feng explica que una gran cantidad de ciudadanos chinos han sido beneficiarios de un enorme proyecto de ingeniería social diseñado para atacar la pobreza rural de larga duración. Desde el 2015, explica, los gobiernos locales han construido más de un millón de kilómetros de carreteras que conectan comunidades que antes estaban totalmente aisladas para convertirlos en centros económicos prósperos.

El gobierno chino expandió su sistema de bienestar para dar pagos directos en efectivo a los jubilados rurales y aquellos que vivían por debajo del umbral de la pobreza con el propósito de impulsar el ingreso medio del país y por tanto maquillar una realidad.

Es realmente extraordinario el salto que ha dado China en tan pocas décadas: conseguir levantar el país más poblado del planeta y convertirse en la segunda economía del mundo y con ello sacar de la pobreza extrema a casi toda su población es sin lugar a duda una asombrosa hazaña. Pero el cómo se ha hecho no suele conllevar tanto escrutinio, el costo emocional de forzar a los ciudadanos a cambiar el estilo de vida que han conocido como sucedió a los habitantes de Qinxingguan no es ni tan siquiera cuestionado por el PC chino, puesto que ese es el medio de conseguir su objetivo.

China tendrá el segundo PIB más grande del planeta, pero sus ciudadanos no poseen libertad ni para decidir si prefieren vivir en su pequeña aldea o mudarse a los centros urbanos creados para tal fin. La meritocracia está intrínsicamente relacionada con la fidelidad que cada ciudadano muestre hacia el partido y su líder supremo. El libre albedrio en China no es individual como tenemos el gran lujo los ciudadanos de países occidentales de disfrutar, sino que es absolutamente ideológico y lo dicta el partido de acuerdo a sus intereses circunstanciales.

Biden, el clima y la energía solar

En la agenda demócrata se ha venido contemplando el medio ambiente con carácter prioritario en los últimos años, basándose en los estudios que aseguran que el calentamiento global es una realidad que está destruyendo el planeta y que es imperativo tomar acciones al respecto. La Administración Clinton intentó, en su momento, sumarse al acuerdo de Kioto en 1997 pero no contó con el apoyo del Senado.

El presidente Obama hizo alarde durante sus dos legislaturas de la importancia de estos acuerdos y en efecto firmó la histórica entrada de Estados Unidos al acuerdo de París. Por su parte, el presidente Trump anunció la retirada del acuerdo en junio del 2017, aunque no se materializó hasta noviembre del 2020, debido a las mismas reglas que contempla el acuerdo de París, pues los negociadores de dicho acuerdo incluyeron una cláusula que dificulta y alarga la salida de algún miembro, previendo precisamente que una futura Administración republicana quisiera zafarse rápidamente.

Durante su campaña, Biden mantuvo que regresaría y en efecto, así sucedió. Con una orden ejecutiva Washington retornaba al acuerdo de París. Mucho más sencilla la vuelta, puesto que el mismo acuerdo contempla un reingreso expedito, y en tan sólo un mes ya se puede estar de regreso sin mayores trabas.

Estados Unidos es el segundo país más contaminante del planeta, contribuyendo al 15% de la contaminación mundial. De esa cuota contaminante, el 29% de los gases de efecto invernadero los produce el sector de transporte, el principal emisor, y por lo que la actual Administración está comprometiéndose a dar un giro importante e invertir en los vehículos verdes o recargables. Y el segundo sector es el eléctrico que emite el 25% de los gases.

En ambos sectores el uso de combustibles derivados de fósiles es muy alto. Por lo que Biden presentó un ambicioso plan para reducir las emisiones de esos gases entre un 50 y un 52% para el 2030 en la cumbre de líderes sobre el clima, organizada por la Casa Blanca la pasada semana.

La Administración trató de vender la idea de que tomar medidas para mantener el medio ambiente limpio tiene sentido financiero para las potencias globales, para motivar a otras naciones a sumarse o simplemente seguir con la implementación de políticas ecológicas.

En cuanto a las energías alternativas, el uso de la energía solar es sin duda una de las más competitivas y limpias para el planeta. Y curiosamente China, el país más contaminante, que emite el 30% de la contaminación mundial controla el sector de esa energía casi en su totalidad. De las 10 compañías solares del mundo, 8 son chinas y 1 es estadounidense, mientras que Europa que ha promocionado esa alternativa no posee de ninguna, de acuerdo con Heather Cox Richarson periodista de la BBC.

China no solo es el primer contaminante del planeta, sino que tiene enormes problemas domésticos debido a las tremendas cantidades de carbón que usa en su industria lo que a su vez genera una contaminación en el aire descomunal. Paradójicamente, China precisamente ha venido invirtiendo durante años mucho en investigación y desarrollo de la energía solar y, en efecto, han subsidiado fuertemente el uso de paneles solares en el exterior.

Sagazmente, China ha ido desarrollando y posee el dominio casi total de la producción de esta industria. Según un artículo de Forbes de Kenneth Rapoza, “China se concibe así mismo como la nueva OPEP verde o ecológica”, pues han ido desarrollando una industria solar en la que quieren dominar el mercado mundial, sostiene.

Rapoza afirma que Beijing reconoce la importancia estratégica de la industria de renovables por lo que la energía solar es clave. De posicionarse allí, conseguirían tener el dominio y control de esa dependencia y la fidelidad de los usuarios alrededor del mundo, puesto que son ellos quienes fabrican todo, desde los componentes hasta los paneles solares que son el producto final.

China controla el 64% de la producción de polisilicio mundial, mientras que Estados Unidos solo controla el 10% de ese mercado. El polisilicio es un material que consiste en pequeños cristales de silicio, que son la materia prima para la elaboración de los lingotes y las células solares encargadas de absorber la energía solar. Y China por sí sola controla el 100% de la producción de lingotes que se distribuyen en el mundo.

Muchos países occidentales han promocionado el uso de la energía solar como una alternativa limpia y Estados Unidos ha sido uno de ellos. En efecto, hay Estados que ayudan con subvenciones para que los ciudadanos emigren de la energía tradicional a la solar. Sin embargo, la industria solar estadounidense depende de China para el suministro de los paneles solares y los componentes.

En el juego geopolítico mundial el que controla la cadena de suministro tiene el poder, tal y como lo vimos al principio de la pandemia con la escasez de los suministros médicos, producidos en su mayoría en China.

Washington no sólo debe liderar las cumbres climáticas para disminuir los gases de efecto invernadero sino también promocionar energías ecológicas. Y la energía solar es sin duda una de las más verdes y fáciles de obtener de contarse con el equipo adecuado.

Pero Washington también debe debería revisar la cadena de suministro de esas industrias, porque si Beijing sigue creciendo en esa industria su producción aumentará y seguirán a la cabeza. Y si una parte importante de los Estados Unidos o incluso otros países del mundo migran hacia ahí, por ejemplo, las viviendas unifamiliares de determinados comunidades y barrios de un país, eventualmente esas comunidades, países o Estados estarían en manos de Beijing para la obtención de sus componentes y suministros. Lo que predispone a ser mucho más vulnerable a esas regiones, por lo tanto, se estaría comprometiendo la seguridad nacional.

Biden debe tomar el protagonismo internacional pero más allá de foros y discursos. Estados Unidos debería continuar siendo el pionero tecnológico en el desarrollo de energías alternativas con absoluta seguridad y garantía la producción y obtención de esas tecnologías cuando sean necesarias.

EEUU y Japón refuerzan sus lazos. Nieves C. Pérez Rodríguez

El primer ministro japonés, Yoshihide Suga, fue el invitado de honor del presidente Biden el viernes pasado. Una gran distinción considerando que en palabras del propio Biden es el primer jefe de Estado al que él personalmente pidió que fuera invitado a la Casa Blanca. Este encuentro muestra la importancia de estas relaciones y cómo ambas naciones ven estratégica su relación y el compromiso bilateral que han asumido mantener e incluso reforzar.

Suga y Biden ya se habían reunido en encuentros previos -pero virtualmente- como el G7 y la cumbre de líderes del Quad. Y además, Biden envió a Japón a su secretario de Estado y el secretario de Defensa en su primera visita oficial física.

Biden aprovechó la ocasión para afirmar que ambas naciones trabajarán en conjunto para demostrar que las democracias aún son competitivas y que por lo tanto pueden ganar en el siglo XXI.

Suga correspondía diciendo: “Estados Unidos es el mejor amigo de Japón y además somos aliados que compartimos valores universales como la libertad, la democracia y los derechos humanos. Nuestra alianza ha cumplido un papel fundamental en la estabilidad y la paz en la región del Indo pacífico”.

Entre los puntos claves discutidos durante la visita estuvo la maligna influencia china en la paz y la prosperidad del Indo Pacífico y el resto del mundo. Suga afirmó que tanto Japón como Estados Unidos se oponen a cualquier intento de cambio del statu quo por la fuerza o la coacción en los mares de China oriental y meridional. Con esas palabras le decían a Beijing que, a pesar de todo el despliegue militar, de aviones sobrevolando las Islas Senkaku, el patrullaje chino en las aguas del mar de chino, el sobrevuelo constante de aviones militares sobre Taiwán, no conseguirán quitarle la libertad de navegación a la región.

En el encuentro se acordó fortalecer la competitividad en el campo digital invirtiendo en investigación, desarrollo y despliegue de las redes 5G e incluso la 6G. Y para ello Estados Unidos ha comprometido 2.5 mil millones de dólares y Japón 2 mil millones. La aproximación de lo presupuestado muestra el nivel de compromiso de Japón y como se ve a sí mismo como un líder en la región y por lo tanto en el mundo. Esta apuesta puede significar para Tokio la recuperación de su posición de liderazgo mundial y contrapeso con Beijing.

El resultado de la ejecución de este proyecto sería una red que permita conectividad global segura y de última generación como alternativa al 5G chino que tanta incertidumbre ha despertado y tantos debates y confrontaciones políticas y diplomáticas ha generado.

También anunciaron un plan para ayudar a la región del Indo Pacífico a recuperarse de la pandemia, incluso a través de la asociación de vacunas del Quad en conjunto con Australia e India. El objetivo es fabricar, distribuir vacunas y ayudar a la recuperación de los países de esta región post pandemia. Y a la vez, ir estableciendo un sistema internacional de prevención de futuras pandemias.

Estados Unidos y Japón intercambian más de 300.000 millones de dólares en bienes y servicios cada año, lo que los convierte en principales socios comerciales. De acuerdo con cifras oficiales del Departamento de Estado, Estados Unidos es la principal fuente de inversión directa en Japón, y Japón es el principal inversor en los Estados Unidos, con 644.700 millones de dólares invertidos en 2019 a largo de los 50 estados americanos.

La Administración Biden ha dicho desde que tomó posesión que China representa el principal riesgo para Estados Unidos, y todo indica que ese riesgo lo ha tomado muy en serio y están dispuestos a neutralizarlo. La libertad de navegación de los mares del sur y del este de China y la seguridad de la cadena de suministro de semiconductores, junto con una red de 5G occidental, abordar la situación nuclear norcoreana y la estabilidad de la península coreana, el compromiso medio ambiental que acentuaron junto con el relanzamiento de una alianza cada vez más compleja y ambiciosa constituyen la hoja de ruta que definirá el relanzamiento de estas relaciones bilaterales. Y con ello el potencial renacer de dos potencias caminando de la mano.