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¿A las puertas de una guerra entre China y Estados Unidos? Nieves C. Pérez Rodríguez

“Estados Unidos estará en guerra con China en dos años”, fue la predicción hecha por Mike Minihan, un general en activo de la Fuerza aérea estadounidense y jefe del Comando de Movilidad Aérea, en un memorándum enviado el pasado viernes a los oficiales bajo su cargo.

La comunicación estaba dirigida a todos los comandantes del Comando de Movilidad Aérea y otros comandantes operativos de la Fuerza Aérea, en el que les ordena que informen sobre los esfuerzos para prepararse para la lucha contra China. Valga mencionar que este comando tiene cerca de 50.000 miembros en servicio y cerca de 500 aviones vinculados al mismo.

El general Minihan explica en la misiva que tanto Taiwán como EE.UU. tendrán elecciones presidenciales en 2024, por lo que Washington estará distraído y el presidente chino tendrá una oportunidad de avanzar con sus planes en Taiwán, Aunque en el mismo memorándum expresa su deseo por estar equivocado, explica que su instinto le dice que peleará en 2025.

El Pentágono confirmó la autenticidad del memorándum mientras que afirmó que no ha cambiado nada en la política exterior estadounidense. Aunque cabe recordar que ya en el 2021 el ex comandante y cabeza del Comando unificado de combate estadounidense responsable por la región del Indo-Pacífico, el malmirante Phil Davidson, señaló que China podría invadir Taiwán en el 2027.

Por su parte, la comunidad de inteligencia de EE. UU. cree que China está activamente intentando construir un ejército capaz de apoderarse de Taiwán, a pesar del reiterado apoyo público brindado por Washington a la isla. En tal sentido, Avril Haines, directora de inteligencia nacional dijo en el Senado en mayo del 2022 que “Nosotros vemos que China está trabajando duro y eficientemente para encontrarse en una posición en que sus militares tengan la capacidad de tomar control de Taiwán a pesar de nuestra intervención”.

El actual director de la CIA, Bill Burns, dijo en julio que el presidente chino está decidido a tomar el control de Taiwán, pero que está estudiando las lecciones de las deficiencias rusas en Ucrania antes de tomar medidas.  Agregó además que “no se puede subestimar la determinación del Sr. Xi Jinping de conseguir el control sobre Taiwán a través de acciones militares en los próximos años. Está trabajando para asegurarse de que el Ejército Popular de Liberación tenga las capacidades para una invasión exitosa de la isla democrática”.

Lloyd Austin, el secretario de Defensa de los Estados Unidos explicaba frente al Congreso en mayo del año pasado que “si bien Rusia es peligrosa, China sigue siendo la amenaza que marca el ritmo de los Estados Unidos”.  Y justificaba la solicitud presupuestaria para el 2023 de su institución en la que solicitó 6 mil millones de dólares en la “Iniciativa de Disuasión del Pacífico”. De acuerdo con la nueva estrategia de Defensa Nacional, El secretario Austin afirmaba “vamos a mejorar nuestra postura de fuerza, infraestructura, presencia y preparación en el Indo-Pacífico, incluida la defensa antimisiles de Guam”.

Justo un día antes de que el General Minihan  enviara el memorándum alertando de la amenaza de guerra entre China y los Estados Unido salió un interesante episodio del One Decision Podcast en el que el exdirector de la CIA y exjefe del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, el general, Michael Hayden, intercambiaba sus opiniones con Sir Richard Dearlove, exjefe del MI6 inglés, sobre cómo ha cambiado la geopolítica internacional y sus valoraciones sobre los riesgos de esta era.

En la profunda discusión entre ambos ex espías admiten que a pesar de que Putin se encuentre en este momento detonando armamento de guerra cada día en Europa y que Rusia parezca ser la amenaza latente, ambos coinciden en que la verdadera amenaza para las democracias es China. Rusia está destruyendo Ucrania indudablemente, tiene atemorizados a los europeos, pero “Rusia está de caída”. Explican que en su opinión Putin se atrevió a invadir Ucrania en un intento por proyectar una imagen de mayor fortaleza de la que verdaderamente tiene en este momento.

Ambos exjefes de inteligencia aceptan que hay muchos riesgos latentes, pero ninguno del calibre de China. En el análisis manifestaron su convicción de que India jugará un rol clave para equilibrar el poder de China. Un cambio que comenzó en la era de Bush, cuándo Washington modificó su comportamiento hacia India y se embarcó en unas relaciones bilaterales con Delhi distintas y más apacibles.

A pesar del carácter nacionalista de gobierno de Modi, India ha apoyado este cambio y aceptado el acercamiento, basado probablemente en sus grandes preocupaciones domésticas como Pakistán, pero entendiendo que su gran problema es China, por lo que India servirá de equilibrio internacional. Y tal y como afirmó Sir Dearlove “a pesar de las imperfecciones del Estado indio es una democracia funcional, la democracia más grande del mundo”.

En tal sentido, valoraron como muy probable que Estados Unidos comience a vender y distribuir equipo bélico y militar a India pues no tiene ninguna lógica en el contexto actual que siga comprándole su arsenal a Rusia.

Los ex directores de inteligencia valoran los cambios recientes, como el de Australia que ha comenzado a aumentar su capacidad militar a pesar de que venía de ser verdaderamente pequeña en el pasado, y el cambio de Japón en duplicar su gasto d defensa en los próximos cuatro años y reforzar su armamento para conseguir dotarse de capacidad para alcanzar bases enemigas son el claro reflejo de una realidad que amenaza cada día más a las democracias.

Otra prueba de ese cambio de patrones internacionales es la visita del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg este domingo a Corea del Sur, quien hizo su primera escala en Seúl y continuará con otra parada en Tokio. “Necesitamos fortalecer la asociación entre Corea y la OTAN porque la seguridad está cada vez más interconectada, lo que sucede en Asia, el Indo-Pacífico, es importante para Europa, para la OTAN y viceversa”.

Insistió en que la “necesitamos abordar las amenazas y desafíos globales, incluidos los provenientes de China, y para ello hay que trabajar de cerca con los socios en la región”. Las palabras de Stoltenberg resumen bien el sentimiento global de los aliados y la necesidad de prepararse ante la amenaza que representa Beijing para las democracias, el comercio, la libre circulación de los mares, la salud pública, libertad de culto, privacidad de data, libertad de expresión… y lo vulnerable y cercana que tenemos la amenaza…

 

Sri Lanka: La pugna por los créditos. Nieves C. Pérez Rodríguez

China ha venido usando la “diplomacia de créditos” para generar dependencia de pequeñas economías, mientras Beijing recibe como moneda de canje el pago de altísimos intereses de esos créditos y la mansedumbre de las naciones receptoras que acaban atrapadas en la mayoría de los casos. El mejor y más vivo ejemplo en este momento es el enorme Puerto de Hambantota en Sri Lanka, construido por una empresa china en 2010 que tendrá el control de su administración por 99 años (según el acuerdo firmado) y cuyo desproporcional tamaño ha contribuido al hundimiento económico de la isla.

Con la construcción y control del Puerto de Hambantota, ubicado al sur de Sri Lanka y siendo el segundo más grande de la isla, Beijing se aseguró su avance en la Ruta de la Seda o el BRI y el control del puerto por casi un siglo además del cobro de los exacerbados intereses.

Su ubicación ha sido estratégica en las rutas marítimas a lo largo de la historia, pues es un paso naval entre Asia occidental y el sudeste asiático. Un buen ejemplo de la importancia de su ubicación fue que durante la Segunda Guerra Mundial, época en la que Sri Lanka fue una base muy importante para las fuerzas aliadas en la lucha contra el Imperio Japonés.

Washington ve clave el interés e importancia geoestratégica de Sri Lanka en mantener neutralidad en la región con sus 1340 km de línea de costa, lo que es un gran atractivo en caso de que fuera necesario neutralizar las pretensiones expansionistas chinas en la región.

En tal sentido, Los Estados Unidos tiene acuerdos con la Armada de Sri Lanka para establecer un cuerpo de marines, que incluye apoyo para crear un Instituto de Defensa para alto rangos militares y ejercicios con la armada para dar asistencia humanitaria en caso de desastres naturales en la región, como los tsunamis propios de la zona. Washington ha donado equipos de guardacostas a Sri Lanka para patrullaje de sus aguas territoriales para garantizarse que controlen sus alrededores y garanticen estabilidad.

La isla ha venido experimentando una fuerte crisis económica durante años, situación que se agudizó con la pandemia debido a las restricciones y a la estrepitada caída del turismo.   En medio de la desfavorable situación el gobierno anterior tomó una serie de medidas económicas torpes que agudizaron aún más la crisis y que acabó con las reservas de la nación.

Ante esa situación el Estado ceilandés no ha podido afrontar sus deudas internacionales, por lo que la escasez de combustible, gas y  artículos de primera necesidad no han hecho más que multiplicar su valor y escasear. Por lo que el gobierno isleño se ha visto obligado a racionar el consumo de electricidad a sus ciudadanos, adicional a la falta de liquidez que le ha impedido al Estado cumplir con sus acreedores internacionales.

La deuda ceilanesa ronda los 50 mil millones de dólares, de los cuales alrededor de unos 10 mil millones se dividen entre China, Japón e India, según datos oficiales. Sólo a China le deben unos 4.5 mil millones de dólares, que Beijing extendió otro crédito complementario el año pasado por 1 mil millones de dólares extra.

Washington ha estado jugando un activo rol de presión internacional para conseguir una saludable y viable solución de la deuda. No cabe duda de que la isla tiene que pagar sus compromisos, pero tal y como la mayoría de los créditos fueron concebidos hace casi imposible que sean pagados. La embajadora estadounidense en Colombo, Julie Chang, ha sido una activa portavoz del Departamento de Estado abogando por una salida, activamente presente en la vida política isleña y ratificando el interés en que Sri Lanka retome cierta normalidad.

Chang ha sido directa y ha exigido a China “mayor responsabilidad frente a la reestructuración de la deuda de Sri Lanka, un requisito previo para un rescate del FMI que recae en China como el mayor prestamista bilateral. Esperemos que no se demoren porque no hay tiempo para demoras. Necesitan estas garantías de inmediato”. Asimismo agregó Chang que “por el bien del pueblo ceilandés esperamos que China no sea un saboteador mientras proceden negociar su acuerdo con el FMI”.

La respuesta de la embajada china en Colombo no se hizo esperar y calificaron a la embajadora estadounidense de hipócrita por sus declaraciones. En una declaración oficial cargada de un lenguaje sarcástico y poco diplomático se quejaron de los comentarios de la oficial estadounidense. Y curiosamente los chinos han desviado lo que deberían ser conversaciones diplomáticas para el rescate de la nación índica en una pugna diplomática entre los dos grandes poderes económicos demostrando una vez más sus valores en la forma de proceder.

En línea con los Estados Unidos, esta semana comenzaba con un gran paso por parte de India a Sri Lanka al ser el primer país en entregar su carta de acuerdo al financiamiento y la reestructuración de la deuda ceilanesa con el FMI en una señal de apoyo a la recuperación económica de la nación. De acuerdo con el Hindustan Times en el 2022 India proporcionó 4.5 millones de ayuda en asistencia a Colombo intentando aliviar la precaria crisis.

El presidente ceilanés Ranil Wichremesighe, en medio de sus maniobras intentando navegar la crisis, ha sostenido reuniones con la cabeza del Exim Bank al comienzo de enero, mientras que recibían una delegación china estuvo en la isla de visita la semana pasada.

También han mantenido conversaciones para reestructurar la deuda que tiene con Japón.

Todos estos esfuerzos con el objetivo de obtener la aprobación de la junta del FMI en el primer trimestre de este año para con esos fondos poder ayudar la hundida economía de la nación, la recesión y tremenda inflación y costos de las deudas que contrajeron, y que según Bloomberg allanará el camino para la asistencia que tanto necesitan.

Las autoridades ceilanesas tienen como principal objetivo obtener la aprobación de la junta del FMI en el primer trimestre, con esos fondos la nación tiene previsto comenzar su camino a la salida de la tremenda crisis. Estados Unidos, Japón e India han demostrado su disposición e interés en colaborar y servir de salvavidas mientras que China solo ha dado señales de querer seguir endeudando a la nación y claramente le incomoda la intromisión de Washington en las negociaciones puesto que les reducen su margen de maniobra y presionan para proceder basado en el bienestar de la nación índica y no en su propio beneficio.

Tokio y Washington más amigos que nunca. Nieves C. Pérez Rodríguez

La visita del primer ministro japonés, Fumio Kishida, junto con altos funcionarios de su gobierno a Washington la semana pasada, a menos de un mes del anuncio hecho por Tokio de su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, prueba el nivel de alerta en materia de seguridad  en la que se encuentra Japón en su entorno, con una Corea del Norte que se ha empecinado en desarrollarse nuclearmente como una vía de supervivencia probando misiles cada pocos días, con un Taiwán amenazada con perder su autonomía y libertades y una China cada más poderosa militarmente cuya expansión en cuanto a territorio y valores representa el mayor de los riesgo para la región y el mundo.

El equilibrio de poderes a nivel global está en entredicho. La seguridad y la paz internacional se han visto violentadas con hechos como la invasión rusa a Ucrania que ha despertado a muchos románticos que cosecharon la esperanza de una Rusia más civilizada y en mayor consonancia con los valores democráticos. La cercanía de Beijing y Moscú justo en medio del padecimiento de Europa en territorio propio de una guerra y las consecuencias de esta ha revivido la posibilidad de una guerra a mayor escala y ha acelerado acercamientos pragmáticos.

En este sentido, la visita de las autoridades japonesa a Estados Unidos sirvió para mucho más que apretones de manos y fotos, pues hubo anuncio de acuerdos estratégicos. En cuanto al encuentro en materia de seguridad llamado 2+2 entre el secretario de Estado y su homólogo japonés y el ministro de Defensa nipón y el secretario de Defensa se acordó fortalecer la cooperación bilateral para un uso efectivo de las capacidades de contraataque de Japón. Por lo que los japoneses están duplicando su gasto de Defensa en los próximos cuatro años y reforzando su armamento para tener capacidad de alcanzar bases enemigas. El paraguas nuclear estadounidense que protege a Japón se expandirá también al espacio para incluir satélites nipones, lo que es otro reflejo del profundo nivel de cooperación que ha alcanzado esta alianza bilateral.

El secretario de Defensa estadounidense anunció que los marinos designados en Okinawa, en la parte más al sur de las islas japonesas cercanas a Taiwán, contarán con más capacitación y rapidez de reacción ante una potencial crisis. Mientras se van preparando para responder frente a un ataque real, de momento sirve como un efecto disuasorio para minimizar las provocaciones de Beijing que cada vez son más constantes. También se informó que Tokio se equipará con misiles de largo alcance. Todo esto mientras los aliados intentan navegar los avances tecnológicos chinos que representan per se otro grandísimo riesgo.

Tokio ya contaba con una Estrategia de Seguridad Nacional elaborada en el año 2013 pero este nuevo relanzamiento se debe a que “la comunidad internacional ha pasado por cambios rápidos, sobre todo el centro de gravedad del poder global que se traslada a la región del Indo- Pacífico”. Y continúa el documento oficial “es probable que estos cambios continúen a mediano o largo plazo y acarreen consecuencias históricas que transformarán la naturaleza de la comunidad internacional”.

De igual forma, la estrategia explica como los dominios cibernéticos, marítimos, espaciales y electromagnéticos muestran más riesgos para el libre acceso. En particular la amenaza de los ciberataques que es cada vez mayor pues se han venido utilizando para inhabilitar o destruir infraestructuras, interferir en elecciones extranjeras, exigir rescates y robar información confidencial, siendo en muchos casos patrocinados por Estados. Por lo que predicen que las guerras futuras serán híbridas, en las que se combinen medios militares y no militares, haciendo uso de la desinformación mediática generando por tanto confusión antes de un ataque armado.

Tanto para Japón como para Estados Unidos la región del Indo-Pacífico es el núcleo de la actividad global y hogar de más de la mitad de la población del planeta. Su dinamismo económico por tanto es inmenso, por ser la intersección del Pacífico y el Índico, ambos océanos son motores de crecimiento mundial. Y además la región tiene también el reto de contar con Estados con grandes capacidades militares, armas nucleares y valores humanos opuestos a lo establecido por el derecho internacional que representan un gran riesgo para el bienestar del mundo.

China es, sin lugar a duda, la mayor de todas las amenazas, razón por la que el QUAD (Estados Unidos, India, Australia y Japón) aunque cuenta con más de 15 años de creado, ha sido reforzado por la Administración de Biden, mientras crearon el AUKUS a finales del 2021 en busca de fortalecer y dotar de capacidad y respaldo a Australia y reforzar la cooperación en tecnología avanzada de defensa, como inteligencia artificial y vigilancia de larga distancia. Por lo que ambas organizaciones junto con la cercanía de la relación bilateral nipón-americana vienen a robustecer aún más la defensa del estado de derecho y el desequilibrio en la región del Indo- Pacífico.

Biden dijo en febrero del 2021 que “las alianzas de Estados Unidos son nuestro mayor activo y liderar con diplomacia significa estar hombre con hombro con nuestros aliados y socios claves”. El siglo XXI ha mostrado nuevas retos y amenazas, el progreso tecnológico y la globalización unieron y ayudaron tremendamente al mundo en el siglo XX, pero hoy es el detonante de la división que estamos viviendo y la razón de los nuevos equilibrios de poder global que están marcando el curso de la historia.

Biden, AMLO y Trudeau en la cumbre de los 3 amigos. Nieves C. Pérez Rodríguez

La nueva geopolítica internacional es una realidad que queda por sentada con la apertura de relaciones de Washington con países como Venezuela, Cuba y esta semana concretamente con la visita del presidente Biden a México para asistir a la cumbre de “los tres Amigos” en la que participarán los líderes del llamado Tratado de Libre Comercio de América del Norte, o NAFTA por sus siglas en inglés.

Comenzó como el NAFTA y no sólo creó la zona de libre comercio más grande del mundo, sino que unió a 444 millones de personas que producen bienes y servicios por un valor superior a 17 billones de dólares, sino que fue una asociación muy próspera para las tres economías, pues al haber reducido o eliminado la mayoría de las barreras y abrir acceso a los mercados facilitó la entrada de productos y servicios, reduciendo precios y ha dado ventajas sobre los competidores naturales, las otras grandes economías como la China.

El encuentro de estos tres líderes, a pesar de no llamarse de la misma forma, renovó el compromiso de los tres países de Norte América. Pero el momento escogido para la cumbre no es fortuito. Biden ha venido moviendo piezas progresivamente para asegurar que Estados Unidos tenga acceso a materias primas, a alimentos y a combustible frente a la incertidumbre internacional. La Administración estadounidenses quiere asegurar que el país vecino sea su aliado, a pesar del comportamiento cuestionable de AMLO, y el pragmatismo prevalece ante la ausencia del petróleo ruso del mercado internacional. Además, las petroleras estadounidenses han venido presionando a la administración para que abogue por ellas en las desfavorecedores políticas de López Obrador que las dejan en desventaja en México.

Dada la situación internacional y la inestabilidad del mercado chino y los retrasos e intermitencia con la cadena de suministros desde el comienzo de la pandemia, toma más sentido el “nearshoring” para Washington. Este término que se ha puesto de moda entre los economistas justifica el acercamiento de la producción de materias primas a casa con el propósito de evitar escasez e incertidumbre. Por lo que México cuenta con atractivo, potencial, materia prima, cercanía y precios competitivos.

En efecto, un comunicado de la Casa Blanca al finalizar el encuentro informaba que los líderes también discutieron sobre la posibilidad de fortalecer la cadena de suministro de minerales críticos, vehículos eléctricos y semiconductores que a raíz de la pandemia y sus consecuencias se ha convertido en un tema estratégico.

El presidente mexicano, por su parte, se ha vanagloriado con la presencia de los invitados y ha asumido con gran gusto el rol de super anfitrión que como buen mexicano muestra con orgullo su país mientras aprovecha la propaganda política de recibir a dos jefes de Estados de tal calibre.

Por lo que no resulta casual que a tan sólo cuatro días de la llegada de Biden a territorio mexicano Ovidio Guzmán, hijo del Chapo y actual líder el Cartel de Sinaloa y, cuyo nombre se encontraba en la lista de los más buscados por las autoridades estadounidenses y, quienes habían ofrecido una recompensa de 5 millones de dólares a cambio de información que llevara a su hallazgo, era capturado por las fuerzas de seguridad mexicanas como agradecimiento anticipado a la visita del presidente estadounidense.

La Administración Biden tiene un problema muy gordo que ha heredado y que debido a los acontecimientos de los últimos años no ha hecho más que agravarse, la migración ilegal, que se ha convertido en el quebradero de cabeza de los países occidentales y cuyo manejo trascurre entre el sutil juego de respeto a los derechos humanos y la protección de los intereses del Estado.

En Estados Unidos el problema migratorio es más escabroso puesto que es una nación de emigrantes, en la que casi todos los políticos o figuras destacadas del país son producto de la migración. Razón por la que ni republicanos en previas administraciones ni los demócratas han encontrado una fórmula para solucionar el problema de flujos migratorios. Si, además, tomamos en cuenta el incremento de líderes radiales en Latinoamérica es comprensible. Los movimientos desde Centroamérica, Cuba y más recientemente Venezuela, han roto todos los índices de migrantes comparados con cualquier otro país, pues ha empujado a unos 7 millones de inmigrantes desesperados a buscar un nuevo hogar movidos por la desesperación y el deseo de superación.

Como si no fuera suficiente, Washington tiene además otro gran conflicto que necesita medianamente resolver, que es la lucha contra la adicción a sustancias ilegales que se ha agravado con el flujo transfronterizo del letal opioide sintético “fentanilo” que, se ha convertido en uno de los mayores problemas sociales a erradicar y que sólo el año pasado dejó 70,000 víctimas en los Estados Unidos y que cada día suma más adictos y víctimas mortales.

Por lo que, en este sentido, López Obrador ha hecho una clara maniobra al capturar al hijo del Chapo justo coincidiendo con la visita de Biden, como un gesto de complacencia en busca de aprobación de las autoridades estadounidenses, puesto que los carteles tradiciones ahora están traficando también con drogas sintéticas, puesto que son considerablemente más económicas de producir.

Por su parte el primer ministro canadiense respaldó a su homologo estadounidense como es costumbre, pero también aprovechaba para garantizar que Canadá tenga acceso a un mercado justo. Trudeau enfatiza la cooperación económica en el continente poniendo el foco en el crecimiento de la clase media y aquellos que trabajan para formar parte de ella.

La importancia de esta cumbre más allá de los temas abordados es el intento por las naciones poderosas de la región en ganar y acercar aliados en un momento internacional convulso y confuso en el que Putin obcecado por continuar su plan insiste en una absurda guerra que ha acabo una nación de ciudadanos inocentes, que ha condenado a su propia gente al aislamiento producto de las sanciones y con ellas a la imposibilidad de vender su petróleo en el mercado internacional. Mientras que China daba el feliz año al mundo mostrando su respaldo a Rusia generando pánico sobre le futuro de por sí incierto que nos depara este 2023…

En medio de un escenario desolador, Washington se llena de pragmatismo con apoyo de Ottawa para navegar acompañados hacia un futuro sombrío.

 

Dèjá vu pandémico. Nieves C. Pérez Rodríguez

Como si de un dèjá vu se tratara comenzamos el 2023 reportando los estragos del Covid-19 en China. El 2020 comenzó de manera parecida, escribíamos sobre un posible y desconocido virus respiratorio que había inundado la ciudad de Wuhan pero que las autoridades chinas convenientemente desestimaron sobre todo de cara al extranjero. Una vez más, la ausencia de información se hace presente y el mundo vuelve a temblar frente al incremento exponencial de infecciones en China que surgen de manera paralela con la salida de cientos de miles de ciudadanos chinos al extranjero.

El levantamiento de la estrictísima política de “cero-covid” en China ha abierto un natural y reprimido deseo de liberación ciudadana frente a las restrictivas medidas que padecieron los ciudadanos de a pie, quienes han vivido en muchos casos en ciudades casi fantasmas, donde la actividad más activa transcurría en torno a los centros de pruebas y la movilización policial que aseguró el cumplimiento de tales confinamientos.

Poco a nada se da a conocer de manera oficial. Las autoridades chinas recurren al mismo guión, al del silencio, la confusión o incluso la desinformación tanto doméstica como internacional. En esta ocasión, hasta la OMS y su director se han apresurado en pedir más data a Beijing para poder valorar el posible impacto del levantamiento de restricciones de viajes al extranjero y con ello poder hacer estimaciones; “es importante el monitoreo y la publicación oportuna de datos para ayudar a China y a la comunidad internacional a formular y hacer evaluaciones de riesgos precisas e informar de respuestas efectivas”.

En busca de evitar masivos contagios, muchos países intentar cerrarse o al menos controlar la llegada de chinos imponiendo el requisito de prueba negativa para poder entrar. Una exigencia que se usó en los primeros meses pero que gracias a la vacunación se ha desestimado. Justo esa es la mayor vulnerabilidad china, una vacuna con pocos niveles de efectividad y los bajísimos porcentajes de vacunados, incluso en la población más vulnerable: los mayores y aquellos con sistemas inmunológicos comprometidos. Aunque tampoco ha habido mucha información oficial compartida al respecto.

Japón fue de los primeros en anunciar restricciones en número de vuelos desde China y la presentación del PCR negativa de los pasajeros. Estados Unidos ha restablecido la presentación de la prueba negativa antes de abordar un avión en China a partir del 5 de enero, lo que ha generado críticas domesticas por no haber empezado con la medida unos días antes. A esta medida se ha sumado Reino Unido, Francia, Canadá, Italia quién fue le primero en sugerirle a sus socios de la UE hacer lo mismo. También lo ha hecho Australia, India, España, Malasia, Corea del Sur y Taiwán.  Marruecos, por su parte, cerró las fronteras a los chinos ante la amenaza. Y seguro que en las siguientes horas la lista crecerá.

Washington, además, ha ampliado su programa de vigilancia genómica basada en viajeros para detectar e identificar nuevas variantes del virus que causa el Covid-19. El programa consiste en tomar pruebas nasales a pasajeros voluntarios, cuya identidad se mantiene anónima, con el propósito de que si se detecta el virus se estudia y descifra el genoma para identificar entonces la posibilidad de nuevas variantes.

En medio del temor de apariciones de nuevas brotes y variantes, la semana pasada la Administración Biden extendía a un total de siete aeropuertos el programa de vigilancia genómica, entre ellos el de Los Ángeles y Seattle que cubren unos 290 vuelos semanales de China y sus cercanías. Así mismo, el programa ha comenzado la vigilancia de aguas residuales en los baños de las aeronaves, como parte de un esfuerzo de expandir un sistema de radar nacional y en el futuro global que vigile la aparición de virus y bacterias, de acuerdo con un editorial del Washington Post del 31 de diciembre.

Mientras tanto, lo que algunos valientes e influencers publican en sus redes desde China son noticias sobre hospitales desbordados, pacientes muy enfermos sin poder recibir cuidados y cadáveres amontonados frente a la incapacidad de incinerarlos. Incluso las cajitas usadas para depositar las cenizas se han agotada por lo que han optado por poner los restos humanos en bolsitas rojas en ausencia de las pequeñas cajas usadas para tal propósito.

Cuando parecía que corrían aires de normalidad y sentíamos que la vida tal y como la conocíamos se retomaba progresivamente en casi todos los países del mundo, ahora el temor por brotes masivos en muchas naciones nos inunda. Las autoridades intentan imponer la calma con medidas preventivas pero sin garantías de éxito. Los científicos vuelven a preocuparse y mantienen la alerta frente a la certeza de la falta de honestidad del Partido Comunista chino y la ausencia de informción.

Debería ser sancionable el comportamiento de las autoridades de la segunda economía del mundo. Debería el mundo democrático unir esfuerzos para confrontar a Xi Jinping y su gabinete sobre cómo han manejado la pandemia desde el momento de su aparición. Deberíamos poder reclamar y exigir que tomen responsabilidad por los millones de muertes del mundo y por los billones de dólares que ha costado la pandemia al mundo.

No vale decir que los chinos son así y que maltratan a sus ciudadanos, esos pobres ciudadanos que han sido víctimas de las medidas más restrictivas nunca antes vistas precisamente por la falta de honestidad y aceptación de la inefectividad de su vacuna.

Aun cuando el margen de maniobra es pequeño, el mundo libre tiene el deber de pedir explicaciones y considerar muy seriamente dejar de ser dependiente del país que usa el derecho internacional en su conveniencia y las instituciones para hacer presión según sus intereses. Debemos aprender de lo vivido y no dejarnos liar por los tiranos. Lo hemos visto con Rusia, Putin ha aterrado a Europa y el mundo porque no se le paró en seco cuando se pudo. Xi lo vuelve hacer porqué no ha visto consecuencias drásticas. Países como Canadá y Australia han sido un ejemplo a seguir a pesar de que no son naciones tan poderosas.

Este dèjá vu puede ser nuestra nueva pesadilla o nuestra motivación a tomar el primer paso para defender nuestras libertades que hoy están en riesgo por líderes como Xi, Putin, Maduro, Kim Jong y Alí Jamenei entre otros.

 

 

Biden, África, Rusia y China. Nieves C. Pérez Rodríguez

La semana pasada Washington recibió a unas 50 prominentes figuras de África entre líderes políticos y económicos quienes atendieron la invitación del presidente Biden a la Cumbre africana. El evento, que paralizó en parte la ciudad. tuvo una duración de tres días y destacó el compromiso de Estados Unidos de expandir y profundizar su alianza con países, instituciones y ciudadanos de África.

El mundo está cambiando rápidamente y en esos cambios la participación de los Estados Unidos en África debe cambiar y profundizarse, decía el documento oficial de la Casa Blanca. Así mismo están apoyando a la Unión Africana para que se incorpore al G20 como miembro permanente y también expresaron su apoyo al deseo de África de tener un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

África es el hogar de mil millones de personas y la inversión de China en África es aproximadamente cuatro veces mayor que la de Estados Unidos, por lo que parece que la Administración Biden ha comenzado a dar prioridad a actores que puedan ser determinantes en mantener cierto equilibrio internacional. En tal sentido, la cumbre comenzó con el anuncio de que Washington destinará 55.000 millones de dólares a África en los próximos tres años.

Es de destacar que las relaciones entre China y África han sido profundas, no en vano Beijing tiene una base militar en Yibuti y en las últimas dos décadas ha tenido mucha influencia en la toma de decisiones; mantiene cercanía con los líderes, y, en efecto, el ministro de Exteriores chino tiene como tradición visitar los países africanos al comienzo de cada año, cosa muy distinta a las visitas oficiales de estadounidenses, que más que escasas son casi inexistentes. Sin embargo, durante la cumbre también se anunció que la primera dama y la vicepresidenta junto con otras personalidades planifican visitas a distintas partes del continente durante 2023.

Rusia también ha invertido muchos esfuerzos en abrir y mantener relaciones comerciales con África y de hecho han desarrollado proyectos de infraestructuras allí y ha ampliado su influencia militar incluso a través de mercenarios como el grupo Wagner, afirma Kevin Liptak, corresponsal de CNN para la Casa Blanca.

El secretario de Defensa Lloyd Austin, durante la cumbre, afirmó que “Estados Unidos sabe que Rusia sigue vendiendo armas baratas a lo largo y ancho del continente africano, así como que emplean mercenarios, lo que es desestabilizador”.

Dada la creciente preocupación de la inseguridad alimentaria internacional, agudizada con la invasión rusa a Ucrania, la Administración Biden está explorando opciones para crear un sistema de seguridad alimentario sostenible más resiliente, que pasa por mejorar el sistema de cultivo, venta y distribución de alimentos, por lo que hay que aseguran que invertirán en infraestructura de riesgo, carreteras, almacenamiento de granos, etc. Así como en fertilizantes que ayuden a la mejora de los cultivos africanos.

Otra prioridad en la agenda de la Casa Blanca es el cambio climático y la implementación de políticas ambientales en el continente junto con la mejora de intercambio comercial que, ya muchos países han estado buscando explorar la ley de oportunidades y crecimiento africano de EE. UU que vence en 2025 y que permite el acceso al mercado estadounidense bajo condiciones favorables que, en efecto ha ayudado al crecimiento de países como Etiopía.

Y, como era de esperar, los defensores de derechos humanos condenaron la decisión de Biden de invitar a líderes africanos autocráticos, como Teodoro Obiang de Guinea Ecuatorial o como Abiy Ahmed de Etiopía, cuyo gobierno está acusado de crímenes de guerra generalizados en el conflicto en la región del Tigray. Pero al final, el pragmatismo económico parece estar dirigiendo la agenda demócrata estos días.

Está claro que Washington ve con preocupación la influencia rusa y china por el mundo, por lo que poner el foco en África parece ser parte de su estrategia, pero no es un hecho aislado, sino que también se suman las reacciones de algunas naciones africanas que han expresado su preocupación ante la invasión de Ucrania, o que han visto los desastres de obras de infraestructura chinas en el continente, o la manipulación con la que son tratados por Beijing cuando no se pliegan a sus deseos, o, como se ha podido ver durante la pandemia, la escasez de productos básicos y alimentos, lo que parece estar animando a los líderes a entender que no siempre el mejor aliado es el que más ofrece a priori sino el que responde cuando se pide sin imponer costosas cargas para la nación receptora.

 

¿Cuánto ha afectado la pandemia el comercio global y las exportaciones chinas? Nieves C. Pérez Rodríguez

Nos encontramos en el tercer año de una pandemia en la que la vida prácticamente se ha normalizado en casi todos los países, excepto en China. La política “Cero-Covid” impuesta por el Partido Comunista ha tenido un gran impacto en la economía china, pero ¿cómo ha afectado o afectará ese impacto al resto del mundo? Para profundizar en este asunto 4Asia conversó con Eric Johnson especialista en comercio global y logística, periodista y editor del Journal of Commerce.

Jonhson explica que todavía no hemos visto el impacto final de los efectos a largo plazo de la pandemia, especialmente de las fuertes restricciones de China por el COVID, porque aún no está claro qué tan dispuestas están las empresas a trasladar la producción fuera de China. Una cosa que muchos de los que hablan de “reshoring o nearshoring”, es decir de traslado a otro destino o acercamiento al país de origen de la empresa, no entienden es que las bases de proveedores y las redes logísticas en China son muy sofisticadas.

No es solo una cuestión de costes, sino de conveniencia y consistencia, afirma el experto. Diversificarse hacia otros países o llevar la producción de vuelta a casa es un proceso complejo y, a veces, costoso. Las empresas están esperando para ver si las interrupciones de Zero COVID persistirán en 2023, pero la relajación de las restricciones por parte del gobierno chino la semana pasada parece sugerir que se han dado cuenta de que los importadores en América del Norte y Europa no pueden soportar tanta incertidumbre, por lo que han actuado, sostiene Johnson.

El gobierno chino en los últimos días ha relajado las duras medidas de prevención de contagio, pero el daño a su economía ya está hecho. Hemos visto cómo algunas de las grandes empresas están considerando mudarse de China o abrir otros fàbricas, ya sea en casa o en países que ofrezcan mayor seguridad y menos restricciones. Si eso sucede a gran escala…

 ¿Cree usted que podríamos ver un cambio completo o la dinámica comercial?

 

R: Comencemos por hacer una revisión histórica de como los importadores ven el abastecimiento. Para ello tomemos datos de una década atrás. Ha habido una discusión sobre una estrategia de abastecimiento de china +1 o China +2 durante 15 años. A medida que China se volvió tan dominante en las exportaciones, los grandes importadores se dieron cuenta claramente de que dependían mucho de otro país y exploraron oportunidades para diversificarse. Se alcanzó un pico justo en el momento de la pandemia en el que China ya no pudo aumentar su participación en el mercado de exportaciones. Los costos crecientes de mano de obra y energía ya estaban obligando a los importadores a mudarse a lugares como Vietnam, Indonesia e India. Por lo tanto, lo que ha sucedido en el 2022 solo ha servido para acelerar este proceso. Ahora bien, gran parte del debate sobre la reubicación es solo una discusión, al menos en este momento. No todo lo que empresas dicen en las llamadas trimestrales realmente sucede. Especialmente porque los problemas de la cadena de suministro se han aliviado y el precio de enviar mercancías por mar se ha reducido drásticamente en los últimos seis meses.

¿Prevé algún cambio en el futuro del comercio? ¿Cambios de patrones o reducción de bienes que exportan Estados Unidos de China?

R: Los patrones de comercio siempre cambian, así que definitivamente sí. Antes de la adhesión de China a la OMC en 2001, los importadores se abastecían en otras naciones de Asia, e incluso esas fuentes cambiaban con frecuencia. Definitivamente veremos una mayor diversificación, pero China no pasará de proporcionar del 50 al 60 por ciento de todos los bienes a Europa y América del Norte al cero por ciento en dos años.

 

La política “Cero-Covid” en Shanghai fue un ejemplo extraordinario de interrupción del sistema comercial. ¿Cuánto diría usted que afectó al comercio internacional? ¿Tomaron las empresas estadounidenses alguna decisión drástica para evadir esa situación?

R: Definitivamente ha tenido un efecto, pero tal vez no tan grande como parece. En general, los puertos permanecieron abiertos en gran medida. Incluso las fábricas a menudo se mantenían en funcionamiento mientras se aplicaban fuertes restricciones a la población de China. Aunque si es cierto que las empresas tuvieron que buscar otras opciones, provienen de otras regiones, principalmente en otras partes de Asia. Un punto curioso e interesante es el desarrollo que el comercio entre América del Norte y Europa ha experimentado a lo largo de 2022, incluso cuando la demanda de bienes de Asia comenzó a disminuir alrededor de septiembre.

¿Cuánto tiempo le tomará a China en retomar la normalidad previa a la pandemia y cuando sus puertos operarán sin demoras?

R: Los puertos en este momento están operando con normalidad, excepto en situaciones en las que han surgido infecciones de Covid y han sido cerrados por unos días. La relación de las políticas de “Cero-Covid” probablemente significará que las fábricas pueden operar con normalidad, pero la incertidumbre es si las infecciones de Covid comienza a afectar a la población como lo ha hecho en otros países una vez que se levantaron las restricciones. Si fuera así, entonces las restricciones serán de nueva el único mecanismo para operar puertos, camiones y fábricas.

 

¿Cuál es el coste de un contenedor de China a los EE. UU. hoy, en comparación con años anteriores? ¿Cuál sería la proyección de esos costos el próximo año? ¿Y cómo esos costos afectarán los precios de los EE.UU.?

R: El costo de enviar un contenedor de China a los EE. UU. se redujo significativamente en la segunda mitad de 2022. Para envíos individuales que se mueven en lo que se llama el mercado al contado, esa caída es de alrededor del 90 por ciento (aunque el precio actual está bastante en línea con 2019 antes de la pandemia). Para los grandes importadores que mueven contenedores llenos de mercancías con contratos a largo plazo, las tarifas han bajado entre un 50 y un 75 por ciento. Y eso significa que cuando negocien su próxima ronda de contratos en la primavera de 2023, las tarifas serán mucho más favorables (y también en línea con lo que pagaban antes de la pandemia). Es difícil decir si las tarifas más bajas afectarán el precio de los bienes, porque históricamente los precios de los bienes tienden a subir con el tiempo, independientemente de los costos de logística. Las tarifas de envío desde la década de 1970 hasta 2019 apenas cambiaron en términos de dólares reales, incluso cuando el precio de los bienes aumentó significativamente.

 

Folios en blanco frente a la censura en China. Nieves C. Pérez Rodríguez

Empezando por el misterioso origen del Covid-19, pasando por la extensiva compaña de desinformación difundida por el Partido Comunista chino hasta las estrictas restricciones impuestas a la población han transcurridos los últimos tres años guiados por la obsesiva lucha por contener la propagación del virus en China.

Sin ánimo de alentar teorías conspirativas, lo que parece un punto común entre muchos científicos es que Wuhan fue el lugar donde se originó el Covid y, en efecto, una sucesión de hechos que fueron reportados desde noviembre del 2019 por influencers o simples usuarios de las redes sociales chinas dejaron documentadas escalofriantes imágenes de cadáveres arrimados en lugares antes la falta de capacidad de respuesta sanitaria. Videos como el del médico que alertó del peligro que representaba el virus en aquel momento desconocido y que falleció contagiado, circularon en las redes hasta que fueron eliminados por los censores del Estado, pero fueron testimonio de que algo serio estaba sucediendo y que, peor aún, se estaba ocultando tanto a su población como al resto del mundo.

Desde entonces hasta hoy no se ha visto cambio de comportamiento por parte de las autoridades china, por el contrario, más bien el perfeccionamiento de los controles sociales a todos los niveles, más que nunca en la historia de la nación.  El Partido Comunista ha usado la pandemia para conseguir fiscalizar minuciosamente cada ciudadano a través de fuertes restricciones justificadas en la prevención de la propagación. Han aprovechado cada uno de los instrumentos de represión que poseen, como los sofisticados sistemas de vigilancia social, las cámaras, el rastreo virtual de actividades, como la supresión, aislamiento de los ciudadanos, y hasta la privación de la libertad mínima de movilidad.

Y aunque el Partido Comunista ha hecho todo tipo de barbaridades en el pasado, en esta ocasión la mayor sorpresa que ha dejado atónitos hasta a los expertos en China más renombrados es el precio económico que están pagando y que todo apunta a que seguirán sacrificando para continuar obsesivo control y prevenir más contagios.

En primavera de este año el Partido Comunista impuso un durísimo confinamiento en Shanghái cuyas pérdidas superaron los 50 mil millones de dólares y que afectó a unos 200 millones de chinos. Y eso sin incluir los costes internacionales que conllevó ese confinamiento en el hub financiero chino donde también se encuentra el puerto más grande del mundo y que mueve la mayor carga del planeta. En este punto las empresas extranjeras empezaron a responder y con ello la fuga de capitales empezó a sentirse.

Después impusieron otros confinamientos muy estrictos en Beijing, desplegando centros de pruebas por toda la capital y prohibiciones de movilidad dejando algunas zonas de la ciudad totalmente inertes, solo con la presencia de la policía para asegurar el cumplimiento de estas medidas. Una situación similar se ha replicado en cada región y centro urbano del gigante asiático.

El agotamiento social ante tantas restricciones ha venido aumentando con le paso de los meses. Además de la frustración social ante la incapacidad de tener un mínimo de libertad de movilidad y acción. Y estás manifestaciones de descontento llevan meses en gestación con diversos conatos que han sido neutralizados por las fuerzas de seguridad. Sin embargo, al cumplirse los tres años de esta situación que parece no acabarse las manifestaciones no han hecho más que aumentar por todo lo ancho de la nación. CNN pudo verificar a principios de esta semana más de 16 protestas en diferentes ciudades, y otras decenas de ellas de las que tuvieron conocimiento, pero no pudieron llegar a corroborar por la misma imposibilidad de movilidad del país.

Las universidades han sido otros centros en los que los estudiantes han sido coartados de toda movilidad al punto en el en algunos casos estudiantes han expresado haber pasado hambre en algunos casos ante la imposibilidad de salir a comprar alimentos debido a los confinamientos.

Al grito de no queremos mascarillas o no queremos pruebas PCR los manifestantes han tomado parte de las calles de Beijing, así como en Shanghái con algo más de violencia, donde cabe destacar que la represión y las medidas de aislamiento han sido especialmente extremas.

Ante tantas restricciones la creatividad de los manifestantes ha hecho que un folio en blanco sea el signo de la disidencia y sea levantado con orgullo en las protestas, puesto que se ha vuelto el instrumento por el que la población grita su desacuerdo sin palabras con la idea de que no puedan ser acusados de perturbadores del orden público.

Astutamente, los manifestantes no salen a las calles a protestar contra el Partido Comunista, ni tampoco lo hacen para intentar cambiar al presidente, los recuerdos de la masacre de Tiananmén de 1989 donde se llevaba a cabo la protesta que acabó abruptamente con un asalto cruel de manos del ejército chino siguen estando presente en parte de la población. El grito silencioso de estas protestas nunca vistas en China expresa repudio a los controles excesivos en los que viven desde que la política de “cero-Covid” entrara en vigor.

Los usuarios de las redes sociales chinas han encontrado mecanismos para burlar los vetos de publicaciones, y han aparecido con selfies sujetando un folio en blanco o simplemente han aparecido un cuadro blanco que habla por sí solo. Aunque la red Weibo también censuró algunos de los hashtags, los usuarios han burlado algunos de los censores. WeChat ha sido otra red en la que usuarios han encontrado formas para subir videos de manifestaciones.

Los folios en blanco rememoran las protestas de Hong Kong en el 2020 cuando manifestantes usaron este mismo método para intentar protestar por la ley de seguridad nacional. Hoy, esos folios hablan claro y expresan mucho descontento, que lejos de simbolizar que se está gestando un cambio político en la nación, imploran retomar cierta normalidad en sus vidas, relativa libertad y vacunas eficientes, que no las chinas.

 

 

Pleitesías al emperador chino. Nieves C. Pérez Rodríguez

Xi Jinping reaparece en el escenario internacional de las tinieblas del Covid y de la prolongada y rígida política de “Cero-Covid” impuesto por el Partido Comunista chino para evitar contagios. Se dejó ver en reuniones entre grupos sin mascarillas y dando la mano a los líderes internacionales, después de un largo aislamiento y, en el marco de dos semanas intensas de encuentros y cumbres, retomaba su lugar como segunda nación más poderosa con fuerza y dando lecciones al resto del mundo con afirmaciones como que “los líderes deben intentar mantener relaciones cordiales con otros”.

Aprovechó bien el momento para hacerse sentir y sostuvo unas veinte de reuniones bilaterales, a las que se suma la participación a los foros de las cumbres y aseguró que “Asia Pacífico no es el patio trasero de nadie y no debería convertirse en un área para la competencia de las grandes potencias” respondiendo directamente a Washington que ha venido promoviendo por años la necesidad imperiosa de mantener la libertad de los mares y el respeto a la legislación internacional en el Pacífico.

Xi ha reaparecido con una prepotencia que más que de presidente chino parece la superioridad de un emperador. El incidente entre su persona y el primer ministro canadiense quedó registrado por las cámaras y muestra bien la arrogancia de Xi. Después de haber mantenido un encuentro bilateral la información fue publicada por los medios occidentales, en la que Xi increpa a Trudeau en los pasillos de la cumbre sobre el hecho de que fuera filtrada a los medios indicando que “esa no fue la manera en la que se llevó la conversación”, y a lo que Trudeau contestó “En Canadá creemos en el diálogo libre, abierto y franco, eso es lo que seguiremos teniendo. Continuaremos buscando trabajar juntos de manera constructiva, pero habrá cosas en las que no estaremos de acuerdo”.

Este incidente es un buen ejemplo de cómo se conducen los gobernantes chinos a diferencias de los líderes de naciones democráticas, quienes tienen un compromiso con la prensa de transparencia de información y a su vez los periodistas la libertad de investigar y publicar sus hallazgos.

En el marco de APEC, Kamala Harris, la vicepresidenta de Biden, representó a los Estados Unidos y el primer día de la cumbre la interrumpió para llamar a un encuentro urgente de los aliados de Washington (Australia, Canadá, Japón, Nueva Zelanda y Corea del Sur) por el lanzamiento de mísiles por parte de e Kim Jong-un que, de acuerdo con los expertos, mostraron que cuentan con capacidad de llegar a impactar territorio estadounidense.

El gran ausente de estos importantes encuentros fue Vladimir Putin, quien pasó de ser un respetado líder a un repudiado criminal que invadió una nación soberana, que ha destruido la mayor parte de sus infraestructuras, que ha asesinado civiles sin pudor y que ha puesto en jaque a Europa, que parecía haber olvidado del peligro soviético. Rusia es parte del G20 y también de la APEC. Sin embargo, ambos grupos han condenado su comportamiento, incluido el presidente de Indonesia, Joko Widodo, quien dijo que hay que poner fin a la guerra, a pesar de que Indonesia no había condenado la invasión antes.

Los líderes de la APEC en consonancia con la declaración que hizo el G20 tan solo unos días previos, apoyaron las resoluciones de la ONU que rechaza la invasión rusa a Ucrania y exigen la retirada completa de su territorio, por lo que se sumaban a la declaración. Los líderes entienden el daño que está haciendo la guerra tanto a la estabilidad como a la economía internacional.

Otro episodio curioso de estos días fue el protagonizado por el primer ministro de Vietnam en una trasmisión de la Voz de América, medio de comunicación financiado por los Estados Unidos, en el que un micrófono quedó abierto se le oye hacer comentarios despectivos del mismísimo Biden y su equipo. Esta Administración se ha venido haciendo con una reputación de blanditos dejando a los líderes autócratas el dominio del protagonismo.

Y en efecto, esa actitud blanda de los estadounidenses y en muchos casos tolerante ha exacerbado comportamientos de líderes como Xi quién hoy se permite hacer comentarios, exigencias y reproches a otros líderes incluso frente a cámaras. Tal y como cerraba esta columna la semana pasada, la confrontación entre democracia y autocracia parece estar perdiendo vigencia, a pesar de su titánica importancia, pues Estados Unidos está tan ensimismado que ha venido repetidamente olvidando que los valores democráticos son frágiles y que su cultivo es la clave de la supervivencia del sistema de las libertades en el planeta.

 

El apretón de mano de Biden y Xi en Bali. Nieves C. Pérez Rodríguez

El encuentro en persona de Biden y Xi finalmente tuvo lugar en el marco de la cumbre del G20 en Bali, Indonesia. Viejos conocidos que la política ha unido en varias ocasiones desde hace unos diez años. Los primeros encuentros fueron cuando ambos se desempañaban como vicepresidentes de sus respectivos países y este lunes ambos líderes se daban la mano como presidentes de ambas naciones que acaban de ser fortificados en sus posiciones.

Las relaciones entre ambos siempre han sido cordiales, la veteranía se nota y los intereses han sido el timón de esa cortesía. Quienes han tenido ocasión de compartir con Xi en el plano más personal lo describen como un líder encantador. En el caso de Biden es aún más evidente su cercanía y calidez. Con ver imágenes del encuentro vemos un Biden extraordinariamente sonriente que se acerca a Xi con seguridad, pero a su vez expresando complacencia.

Biden recibió las relaciones más deterioradas en la historia de los últimos 30 años entre Beijing y Washington y ha expresado desde que tomó posesión que China es la prioridad número uno de la agenda exterior estadounidense. La estrategia de Seguridad Nacional del 2022 de la Administración Biden tenía contemplaba como prioridad central a China, aunque la guerra de Ucrania produjo una alteración de las prioridades y se direccionaran masivamente recursos hacia Kiev para contener las ambiciones rusas y con ello enviar a Moscú un mensaje directo de no tolerancia a la violación de la soberanía de un Estado independiente. Mientras, China mantuvo un comportamiento de complacencia con Moscú y de no interferencia pública para prevenir un efecto boomerang, es decir que luego vengan a ellos terceros a darles lecciones.

Muchos analistas valoran como positivo el encuentro debido a que podría producir cambios positivos o al menos algún tipo de acercamiento. Sin embargo, si se analizan los puntos tratados en las tres horas de reunión no hubo ningún avance significativo en ninguno de ellos.

Se abordó la necesidad de contención de Corea del Norte, ya que el único que puede conseguir algo de moderación en la postura de Kim Jon-un es China, que es su vecino y principal proveedor y aliado. Y que desde que se ha dedicado a hacer pruebas misilísticas ha incrementado la inestabilidad de la región y con ello del resto del mundo.

La guerra de Ucrania fue otro punto neurálgico y, aunque se sabe que la economía china por primera vez en 20 años va a sufrir un crecimiento de casi la mitad de lo que estimaban, verán más de los efectos  de esa guerra afectando negocios, intercambios y la estabilidad y la economía internacional.

Se trató de los derechos humanos en China, algo de lo que se ha hablado tanto en Washington, y que cada principio de año sale recitado en el informe del Departamento de Estado sobre Derechos Humanos, que además, en el caso de las minorías musulmanas chinas en Xinjiang, se ha reportado con datos fiables y fotografías satelitales que existen violaciones consistentes y permanentes, así como centros de detención por los que se sabe que han pasado cientos de miles de uigures.

Y por supuesto, Taiwán, la joya del pacífico. Valga resaltar que el propio presidente Biden en cuatro ocasiones distintas ha afirmado literalmente: “Nosotros tenemos un compromiso con Taiwán” e incluso cuando ha sido cuestionado directamente sobre si defendería militarmente la isla ha dicho sí, sin titubeo alguno.

Xi, por su parte, dijo que la línea roja en Taiwán no debe ser traspasada. Haciendo una clara declaración de autodeterminación y llamando a la detención a cualquier aspiración contraria a su posición.

Por su parte, el equipo de la Casa Blanca salió del encuentro con la convicción de que Beijing no tiene planes apremiantes de invadir Taiwán, a pesar de que el mismo Xi no fuera tan explícito ni directo acerca del tema.

Las palabras de Biden de “yo creo absolutamente que no hay necesidad de una guerra fría” podrían interpretarse como blandas, porque aun cuando es cierto que la tensión de guerra fría no beneficia a ninguna de las partes, hay razones de peso para que las relaciones entre ambos se encuentren en el punto en el que están.

Tal y como afirmaba Katie Rogers y Chris Buckley en una columna del New York Times, “en lugar de que el encuentro fuera una especie de momento de confrontación entre democracia y autocracia, cada uno pareció estar más de acuerdo con en que sus intereses nacionales se habían vuelto vulnerables por la pandemia, el cambio climático, la guerra de Ucrania y la crisis económica”

Biden, en su discurso posterior al encuentro, fue diplomático y no mencionó puntos clave como el futuro de Taiwán, la rivalidad militar y tecnológica entre los dos países más poderosos del planeta o los mismos centros masivos de detenciones en Xinjiang. Por el contrario, como resultado del encuentro se acordó que el Secretario de Estado Anthony Blinken visitará China en el futuro…