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Kerry, ¿Intereses propios por encima de los ambientales? Nieves C. Pérez Rodríguez

John Kerry, el delegado especial para el medio ambiente, encargado de trabajar en pro de las políticas de protección ambiental se encuentra en el centro de la polémica en Washington.

Los demócratas han tenido el medio ambiente como prioridad en los últimos años, basándose en los estudios que aseguran que el calentamiento global es una realidad que está destruyendo el planeta y que es imperativo tomar acciones al respecto.

Estados Unidos es el segundo país más contaminante del planeta, contribuyendo al 15% de la contaminación mundial.  De esa cuota contaminante el 29% de los gases de efecto invernadero los produce el sector de transporte, el principal emisor y por lo que la actual Administración de EEUU se ha comprometido a dar un giro radical e invertir en los vehículos verdes o recargables. Y el segundo sector es el eléctrico que emite el 25% de los gases.

En ambos sectores el uso de combustibles derivados de fósiles es muy alto, por lo que Biden presentó un ambicioso plan para reducir las emisiones de esos gases entre un 50 y un 52% para el 2030 en la Cumbre de líderes sobre el clima, organizada por la Casa Blanca en abril.

Kerry, quién fue senador por Massachussets durante 28 años hasta que sustituyó a Hillary Clinton como Secretario de Estado en 2013 durante el segundo mandato de Obama, trabajó en pro del ambiente desde el Departamento de Estado. Es bien conocido como un activista verde desde hace muchos años y ha usado políticamente esta bandera para mantenerse activo y brillando en las esferas políticas estadounidenses y también en las internacionales.

Conoció a su actual esposa, Theresa Heinz, en un evento ambiental, Ella es también conocida por su caudalosa fortuna y su trabajo filantrópico en esta área.  Justamente, a finales de la semana pasada se hacía público que Heinz es beneficiaria de un fideicomiso que ha invertido más de 1 millón de dólares en un fondo de inversión que a su vez invierte en la tecnológica YITU.

YITU Technology es una empresa china de inteligencia artificial, creada en 2012 y de acuerdo con su propia definición “integra tecnologías de IA con aplicaciones industriales para un mundo más seguro.  Se dedican a la investigación de la inteligencia artificial para encontrar soluciones integrales para la visión artificial, la escucha y la compresión”.

Durante la Administración Trump, el Departamento de Comercio incluyó a YITU en la lista negra de empresas chinas “implicadas en violaciones y abusos de derechos humanos, en la implementación de la campaña de represión, detención arbitraria masiva y vigilancia de alta tecnología contra los uigures, los kazajos y otros miembros de grupos minoritarios musulmanes en China.

El escándalo podría llegar a trascender a gran escala debido a que Kerry ha sido una piedrita en el camino al momento de pasar legislación a favor de los uigures. De acuerdo con una fuente del congreso, cada vez que están intentando empujar legislación que denuncia los abusos del Partido Comunista chino hacia las minorías musulmanas, Kerry ha trabajado tras bastidores para prevenir que esa legislación salga adelante.

John Kerry ha insistido en enfocarse exclusivamente en el tema ambiental, desestimando otros puntos cruciales. “Sí, tenemos problemas, varios y problemas distintos, pero ante todo este planeta debe ser protegido”, fueran las palabras de Kerry al ser interpelado al respecto de los abusos que sufren los uigures en China.

Kerry, quien ha estado en China avanzando trabajo contra el cambio climático y quien está promoviendo energías más limpias se convierte en el centro de la polémica además porque es precisamente China el país que más ha invertido en el sector de paneles solares, en efecto, la explotación de la mano de obra china salpica este gremio y en concreto la mano de obra uigur que es responsable de gran parte de la producción de estos paneles, que precisamente tienen como fin la reducción de la emisión de carbono.

Curiosa manera de fomentar la necesidad de parar el cambio climático. Por un lado, intentado sumar a la causa a China como principal país contaminante, quién además está padeciendo tremendos problemas con el uso del carbón, tanto por su escasez como por la contaminación que produce el mismo. Por otro invirtiendo patrimonio propio en empresas chinas cuya misión es convertirse en los espías digitales del Partido Comunista chino para poder mantener control y coacción social de sus ciudadanos.  Y mientras tanto en Washington Kerry usa su influencia para evitar que legislación uigur sea aprobada.

Lo que sí es seguro es que los republicanos presionarán por una respuesta de la Casa Blanca en los próximos días y veremos si Kerry seguirá su lucha por el clima o más bien le toque luchar por demostrar su inocencia…

 

¿Competencia estratégica o peligrosa rivalidad? Nieves C. Pérez Rodríguez

La semana pasada un portavoz del Pentágono usaba la expresión “Competencia estratégica con China” como parte de la nueva narrativa de la Administración Biden. De esta forma entraba formalmente en uso el término acuñado por la Casa Blanca en la “orientación de su estrategia de seguridad nacional” un documento hecho público en marzo de este año, que cuenta con más de veinte páginas que enumera cada una de las prioridades para la nueva administración e identifica los mayores retos a los que se enfrentan.

Como era de esperarse la pandemia, el riesgo de un colapso económico, el cambio climático o la ciberseguridad son parte fundamental de los principales desafíos expuestos en el documento que como comienza diciendo “Nos enfrentamos a un mundo de nacionalismo creciente, democracia en retroceso, creciente revalidad con China, Rusia y otros estados autoritarios y una revolución tecnológica que está remodelando todos los aspectos de la vida”.

La Administración ha venido afirmando desde el principio que entiende la importancia de los aliados para los Estados Unidos. Por lo tanto, aseguran que revitalizarán y modernizarán las relaciones y sus alianzas y asociaciones en todo el mundo. En cuanto a la Alianza Atlántica aseguran que será vigorizada con una agenda con los miembros de la UE y Reino Unido para redefinir las prioridades de este momento. Planifican reforzar y modernizar a la OTAN. Mientras afirman que las alianzas individuales tendrán un peso importante, con países como Australia, Japón y Corea del Sur, así como reconocen los intereses claves que tienen en el Indo-pacifico por lo que se proponen profundizar relaciones con India mientras trabajan paralelamente con Nueva Zelanda, Singapur, Vietnam y otras organizaciones como la ASEAN.

La estrategia de seguridad nacional de Biden concibe la diplomacia como el mecanismo más asertivo para mantener los valores democráticos, esos valores que llevan setenta y cinco años en pie desde la fundación de Naciones Unidas y han sido capaces de mantener un sistema de cooperación global efectivo en vez del establecimiento de una agenda autoritaria.

… “Cuando el comportamiento del gobierno chino amenace directamente nuestros intereses y valores, responderemos al desafío de Beijing. Enfrentaremos prácticas comerciales injustas e ilegales, robo cibernético y prácticas económicas coercitivas que perjudican a los trabajadores estadounidenses, socavan nuestras tecnologías avanzadas y emergentes y buscan erosionar nuestras ventajas estratégicas y competitividad nacional. Nos aseguraremos de que nuestras cadenas de suministros críticas para la seguridad nacional y suministros sean seguras. Continuaremos defendiendo el acceso a los bienes comunes mundiales, incluida la libertad de navegación y los derechos de sobrevuelo, de conformidad con el derecho internacional. Nos posicionaremos para defender a nuestros aliados. Apoyaremos a Taiwán, una democracia líder y un socio económico y de seguridad fundamental.  Nos aseguraremos de que las empresas estadounidenses no sacrifiquen sus valores al hacer negocios en China. Y defenderemos la democracia, los derechos humanos y la dignidad humana, incluso en Hong Kong, Xinjiang y el Tíbet.”…

John Kerry, comisionado especial de Biden para el Clima visitó China el mes pasado, en una visita que no logró en realidad su objetivo, pues a su partida el Ministro de Exteriores de China -Wang Yi- dejaba claro que la cooperación climática “no puede separarse de la situación general entre China y Estados Unidos”.

Así mimo, la semana pasada en Suiza se reunió el asesor de seguridad nacional de Biden -Jake Sullivan- con Yang Jiechi chio, un alto miembro del politburó y diplomático chino. De acuerdo con el comunicado oficial de la Casa Blanca, Sullivan enfatizó a Yang la necesidad de mantener líneas abiertas de comunicación, al tiempo que expresó su preocupación por las recientes provocaciones militares de China contra Taiwán, los abusos de los derechos contra las minorías étnicas y los esfuerzos de Beijing para aplastar a los defensores de la democracia en Hong Kong.  Aunque este encuentro fue cordial y respetuoso, comparado con el primer encuentro del pasado marzo en Alaska donde las acusaciones y duros comentarios anticipaban unas relaciones bilaterales complejas. En esta reunión se acordó el primer encuentro entre Biden y Xi para el final de este año.

China por su parte ha seguido adelante con su agenda y no hace esfuerzo alguno en disimular su postura. Un buen ejemplo lo vimos el primer fin de semana de octubre que, haciendo coincidir con el día nacional de China enviaron un total de 38 aviones militares a sobrevolar la zona de defensa aérea de Taiwán y otros 56 aviones más volvieron a incursionas en el espacio de Taiwán el lunes 4. A lo que el ministro de defensa taiwanés Chiu Kuo-Cheng advertía sobre la posibilidad cada vez más real de que China invada Taiwán en unos cuatro años.

La diplomacia será la vía que seguirá intentando Washington y buscarán dialogar sobre el futuro de Taiwán y el mar del sur de China. Sin embargo, los mismos expertos del Pentágono cuando han sido preguntados sobre la posibilidad real de que se suscite un enfrentamiento con China, ninguno se atreve a desestimar la opción. En efecto, la estrategia de seguridad nacional de la Casa Blanca explica que estamos en un momento de inflexión acerca del futuro de nuestro mundo mientras afirma que explícitamente que Estados Unidos nunca dudará en usar la fuerza cuando sea necesario para defender nuestros intereses nacionales. “Nos aseguraremos de que nuestras fuerzas armadas estén equipadas para disuadir a nuestros adversarios, defender a nuestra gente, intereses y aliados, y derrotar amenazas que emergen”.

 

¿Diplomacia de rehenes?. Nieves C. Pérez Rodríguez

La saga de Meng Wanzhou, ejecutiva financiera de Huawei, parecía que llegaba a su fin con su fastuoso retorno a China la semana pasada. Pero lo cierto es que este caso ha marcado un antes y un después en la actual escena internacional y, en efecto, podría suponer una redefinición de las reglas de interacción entre las grandes potencias.

Meng es hija de Ren Zhengfei, exmilitar chino y fundador de Huawei en 1987, lo que la convierte en una especie de princesa del Partido Comunista China por la cercanía de su familia al poder y por la importancia estratégica de la gigante tecnológica para Beijing.

Después de millones de dólares en fianza y abogados y múltiples presentaciones en los tribunales canadienses, Meng finalmente admitía en un documento de cuatro páginas de largo que había incurrido en irregularidades en el 2013 con una empresa iraní con las que engañaba a HSBC sobre la verdadera naturaleza de la relación de Huawei con Skycom.

Beijing ha insistido desde el principio en que los cargos que se le imputaron a Meng fueron fabricados para poder contener el espectacular crecimiento de Huawei mientras alimentaban su propaganda tanto a nivel interno como internacional. No es casual que el recibimiento de la ejecutiva estuviera tan cargado de simbolismo y los mensajes tuvieran un contenido tan nacionalista.

Desde el principio se han vinculado los casos de la detención de los dos ejecutivos canadienses conocidos como “los Michaels” con el caso de Meng, como instrumento negociador de la libertad de la chica de Huawei, aunque tanto el gobierno canadiense como el estadounidense y el chino han negado los vínculos entre estos casos. Beijing argumentaba que los canadienses fueron liberados bajo fianza por razones médicas después de haber admitido sus delitos en confesiones escritas a mano. Sin embargo, del otro lado del Pacífico el gobierno canadiense no ha entrado en detalles que en efecto expliquen la liberación.

No es casual que los aviones de los rehenes de ambos lados del Pacífico salieran simultáneamente en destinos opuestos.  Este hecho deja ver que todo fue milimétricamente pactado y que fue una operación en la que ambos estados trabajaron por la recuperación de sus ciudadanos.

La imagen de China en Canadá se ha visto muy afectada en los últimos tres años, entre la desinformación de la primera etapa de Covid-19 en Wuhan y la detención arbitraria de los Michaels como represalia diplomática de Beijing. Además, a nivel económico, China dejó de importar productos canadienses y hasta en una oportunidad los acusó de haber enviado una carga de canola con plagas peligrosas según el propio gobierno chino.

Decía el ministro de relaciones Exteriores canadiense -Marc Garneau- a pocos días de la liberación: “El gobierno ahora está siguiendo un enfoque cuádruple hacia China que se basa en coexistir, competir, cooperar y desafiar.  Tenemos los ojos bien abiertos. Hemos estado diciendo eso durante algún tiempo. No había camino hacia una relación con China mientras los dos Michaels estuvieran detenidos”.

El Primer Ministro canadiense, Justin Trudeau, en una primera etapa intentó mantenerse distanciado de la situación pero fue forzado a involucrarse. Su padre. en los setenta, incentivó las relaciones con China, pero a su hijo le tocó cambiar esa posición para mantenerse favorable en las encuestas, especialmente después del caso de los Michaels, y, en efecto, recientemente intervino en varias ocasiones reclamando públicamente el regreso de los ejecutivos.

Este juego de rehenes no sólo pone en entredicho el sistema judicial de las naciones occidentales involucradas, sino que abre un escabroso camino en el que China pueda hacer uso de esta práctica en otro momento en el que se sienta acorralada, bien sea con la detención de un ciudadano de alto perfil o vea afectado sus intereses. Pero a su vez también ha hecho despertar a sus países rivales del potencial peligro que corren sus ciudadanos en territorio chino.

Las razones que llevaron a muchas empresas occidentales a trasladar sus fábricas a China fueron el bajos costes de producción y mano de obra, así como la flexibilidad de las políticas de establecimiento de los negocios allí; pero el espectacular crecimiento de la economía china ha ocasionado el aumento de valor de la mano de obra local, por lo tanto ya no es tan atractiva como era. Si a eso se le suman los escandalosos costes de envío de contenedores a día de hoy, más la escasez de barcos de carga, lo que se traduce en dificultades para transportar las mercancías desde China a Occidente y en un valor final extraordinariamente alto comparado con el de unos años atrás, se ve un escenario complicado. Por otra parte, hay que añadir el problema eléctrico que tiene China y que ha ocasionado muchos apagones en las últimas semanas, debido al obsoleto sistema que tienen. Y además la incertidumbre de que los altos ejecutivos de estas grandes empresas como Nike o Apple pudieran estar en peligro en una visita de negocios. Todo esto aleja la inversión de éste tipo de trasnacionales que precisamente ayudaron a convertir a China en la segunda economía del mundo.

Si, además, naciones como Canadá, Estados Unidos, Australia (que también ha sido objetivo de la furia china durante la pandemia) o Inglaterra, ahora que está reviviendo su orgullo de potencia con el acuerdo del AUKUS  ponen una alerta del peligro que corren sus ciudadanos en caso de visitar China, muchas de estas grandes trasnacionales comenzarán por trasladar sus sedes de producción a países más fiables como Vietnam o incluso más idealmente Centro América donde, por cercanía, los costes serían mucho más bajos y, de momento, el valor de la mano de obra se encuentra por debajo del chino. O también se puede dar el caso de que muchas de esas trasnacionales regresan a casa como lo ha anunciado Ford y no solo traen empleo al país sino que tendrán la seguridad que parece que ya no tienen en China.

El PC chino quiso mostrar músculo al mundo, pero quizás occidente en respuesta empezará a darle señales de distanciamiento lo que sería catastrófico para los planes de crecimiento chinos.

El triunfante regreso de la ejecutiva de Huawei. Nieves C. Pérez Rodríguez

El arresto de Meng Wanzhou, la directora financiera de Huawei, en junio del 2018, marcaba un giro sin precedentes en las relaciones entre Washington y Beijing y ponía a Ottawa en el medio esta particular situación, que, en efecto, le hicieron pagar un alto precio a Canadá con la suspensión de exportaciones cuyo destino era China y una alta presión diplomática debido a la privación de libertad de dos ejecutivos de negocios canadienses en territorio chino, caso que se hizo conocido como el nombre “los Michaels”.

Durante la Administración Trump y en medio de la llamada guerra comercial entre Estados Unidos y China el interés por mirar con lupa las actividades de Huawei se intensificó considerablemente. El desarrollo de la plataforma 5G fue la piedra angular que mantuvo el debate abierto, mientras que La Casa Blanca trabajó arduamente en tratar de convencer a las naciones aliadas del peligro de usar esta tecnología china. Sobre todo entre aquellos países estratégicos que comparten información confidencial con Estados Unidos y viceversa. Los países de la alianza del “five eyes” concretamente fueron la mayor preocupación del Pentágono y del equipo de seguridad nacional de la Casa Blanca.

Huawei es la empresa de telecomunicaciones más grande del mundo y la segunda en vender teléfonos móviles y equipos de comunicación de última generación. Una poderosa compañía que a finales de los años 90 intentaba sin éxito desarrollar la red del 3G por lo que perdieron enormes sumas de dinero. Pero que remontaba diez años más tarde para desarrollar la plataforma del 5G, gracias a una enorme inyección de capital proveniente del Estado chino, lo que de entrada se considera como una injusta competencia frente a otros proveedores internacionales de telecomunicaciones, cuyo éxito y supervivencia son producto de la calidad del servicio que ofrecen.

La disímil relación del Estado chino con sus empresas y el Partido Comunista chino, así como la legislación china que contempla la colaboración de estas compañías para facilitar información al Estado de ser solicitada, incomoda a occidente. Y eso deja abierta la posibilidad de que Huawei puede ser usada por Beijing para espiar o interrumpir comunicaciones, de acuerdo con su conveniencia.

En ese marco, la Administración Trump impuso sanciones a la gigante china mientras consiguió que Reino Unido, Australia y Japón prohibieran el uso de la tecnología de Huawei en sus territorios. Y en agosto del 2018 un tribunal de New York emitía una orden de arresto para que Meng fuera juzgada en los Estados Unidos como una alta ejecutiva de Huawei bajo los cargos de violaciones de sanciones estadounidenses en contra de Irán y conspiración para robar secretos comerciales.

La captura de esta ejecutiva china abrió un nuevo horizonte diplomático nunca antes visto. Se mantuvo en arresto domiciliario en Canadá en una de sus propias viviendas con pulsera electrónica en su tobillo a la ejecutiva de Huawei que tuvo que permanecer en Canadá más de dos años presentándose a la justicia canadiense. Mientras, Beijing encontraba una forma de presión a cada movimiento jurídico. Por ejemplo, en mayo del año pasado la Corte Suprema de Vancouver dictaminó que los cargos contra ella cumplían con el estándar legal de doble criminalidad, lo que dejaba abierta la opción de crímenes en Canadá y en Estados Unidos. Beijing no tardó en contestar con la sentencia a los dos hombres de negocios que fueron privados de su libertad desde el comienzo de esta saga.

Desde finales del 2020 se estaba intentando negociar un “procedimiento diferido” entre los fiscales estadounidenses y los abogados de Meng que consistía en que admitiera culpabilidad por algunas de las acusaciones que se le imputan y con ello se le permitiera retornar a China. Tal y como fue publicado en esta misma columna en diciembre del año pasado en el que se afirmaba que ese tipo de acuerdos es más común que sea concedido entre empresas y en muy raras ocasiones a individuos.

Meng admitía en un documento de cuatro páginas de largo que había incurrido en irregularidades en el 2013 con una empresa iraní en los que engañaba al HSBC sobre la verdadera naturaleza de la relación de Huawei con Skycom.

A esta admisión negociada el Departamento de Justicia estadounidense respondía retirando la petición de extradición que comenzó todo este proceso en primer lugar. Y ahora afirman que procederán con preparativos para el juicio en contra de la empresa como entidad jurídica pero no de un individuo afiliado a la empresa. Por lo que la ejecutiva fue liberada la semana pasada.

Meng regresaba a China en medio de una magnífica llegada a Shenzhen, precisamente la ciudad donde se encuentra la sede principal de Huawei. Aterrizaba en un avión con la bandera china, ataviada de un traje rojo triunfante, color tradicional de la cultura china que representa además éxito, vitalidad y buena suerte, recibida con alfombra roja, flores, espectadores con banderitas chinas y pódium listo para dar declaraciones en vivo frente a audiencia televisada, que se calcula rondó los 10 millones de espectadores. Decía que habían sido días difíciles pero que estaba feliz de estar en casa, como si se tratara de un error de la justicia de occidente.

Los encabezados de los medios oficiales chinos titulaban “Arrestada por el auge de China y gracias a eso también fue liberada”. El Partido Comunista chino aprovechó la oportunidad para alimentar su propaganda y afianzar su credibilidad y fuerza domestica que se ha visto afectada por los problemas económicos en el marco de la pandemia y escándalos como el de Evergrande, la gigantesca inmobiliaria china.

Los Michaels fueron liberados por la justicia china a tan sólo pocas horas de que Meng llegara a China y, como afirmaba Rüdiger Frank, profesor de la Universidad de Viena en una serie de tweets, la liberación de estos canadienses justo a pocas horas de haber llegado Meng confirma la conexión directa entre ambos casos. O sea, que China los había capturado como respuesta a la orden de captura a la ejecutiva de Huawei.

Con la detención de estos dos canadienses como respuesta a la detención de Meng y la sentencia a muerte de Robert Lloyd Shellenberg en 2019, quien había sido imputado por narcotráfico de estupefacientes en el 2014, Beijing daba clara muestras de lo que es capaz de hacer. De que está preparada para responder enérgicamente si sus intereses son tocados.

Este peligroso juego de presión que la Administración Trump comenzó fue respondido más reciamente por Beijing dejando ver que no están dispuestos a dejarse presionar por fuerzas exteriores por muy poderosas que estas sean. Claramente la Administración Biden está intentando otro camino para contener las arbitrariedades chinas. Un camino que parece que pasará por vías más regulares y menos escabrosas pero que a su vez convierta a China en un actor de igual peso.

El Departamento de Estado desfallece. Nieves C. Pérez Rodríguez

La era Trump dejó un gran descontento en el Departamento de Estado. Los diplomáticos de carrera fueron el target indirecto de muchas de las ligerezas del anterior presidente. La Administración tuvo dos secretarios de Estado, el primero, Rex Tillerson, no estuvo mucho en el cargo pues, por sus diferencias con Trump, éste le despidió con un tweet durante una visita oficial al extranjero. El otro fue Mike Pompeo, que fue un secretario a la medida del presidente pero que contó con mucha resistencia de parte de los funcionarios de carrera.

El paso de Pompeo por el “State”, como se le dice a la institución en Washington, dejó muchas anécdotas como que la mujer de Pompeo le acompañaba en sus giras oficiales y solía ser la que retrasaba la salida del avión porque tenía por costumbre irse de compras antes de que el avión se dispusiera a partir. Y también sinsabores entre quienes durante mucho tiempo han trabajado en la institución y se encontraron en el centro de una rivalidad política cuando estaban optando a posiciones que en un porcentaje muy alto fueron otorgados a los cercanos al presidente o al equipo de la Casa Blanca.

Sumando a eso la situación de los diplomáticos en el exterior que era muy incómoda. Les tocó responder una y otra vez a las preguntas de cómo era posible que un personaje tan soez pudo convertirse en presidente de los Estados Unidos, y, más difícil aún, les tocó justificar inexplicables comentarios o posturas presidenciales en materia de política exterior. La situación llegó a ser tan tensa que muchos diplomáticos abandonaron el servicio exterior permanente mientras que otros empezaron a expresar su desacuerdo político en redes sociales como Facebook sin tapujos.

Las elecciones presidenciales del 2020 con un candidato con Joe Biden representaba para muchos la esperanza en el retorno a la diplomacia clásica, por su larga experiencia política.  El regreso a la tradición del Departamento de Estado y a la política exterior más predecible y en consonancia con los intereses de los aliados y las alianzas históricas.

Sin embargo, a nueve meses de la presidencia demócrata y con Antony Blinken como secretario de Estado, un hombre respetado en las esferas del Capitolio y querido en Washington, la decepción está más presente que nunca en la institución.

La mayor crítica se centra a que Blinken no es capaz de confrontar al presidente para oponerse a decisiones como fue la atropellada y muy desafortunada salida de Afganistán, a pesar del precio internacional que se pagará por la misma.

Otra gran decepción muy latente es que Biden ha mantenido el patrón que agudizó Trump de nombramientos políticos de embajadores, aun cuando el mismo partido demócrata criticó duramente esa tendencia en la Casa Blanca de Trump. El “State” hoy vive la misma situación de angustia y presión política que sufrió durante la Administración anterior, pero con el agravante de que se ha institucionalizado y por tanto normalizado la influencia partidista en una casa que por muchos años fue ejemplo de apartidismo e institucionalidad.

Tal y como me admitió una fuente anónima “duele mucho ver que el equipo del presidente Biden se comporta igual a como actuó el del presidente Trump. Esperamos más de Biden”.

China: Promoción cultural o manipulación. Nieves C. Pérez Rodríguez

El Partido Comunista Chino creó el Instituto Confucio en 2004 como un proyecto piloto que comenzó en Uzbekistán a mediados de ese año, de la mano de Liu Yandong, ex vicepresidente chino y miembro del politburó durante su tiempo a cargo del Departamento chino del Frente Unido del Trabajo. Un veterano del Partido Comunista Chino que en pocos meses conseguía abrir el primer centro oficial en Seúl y que después de ello empezó a proliferar por todas por todos los continentes.

Los institutos desde sus comienzos fueron promocionados como centros de intercambio cultural, como lo son la Alianza francesa o los institutos Cervantes que promueven la historia, el arte o la lengua. En efecto, la oficina internacional del idioma y el Ministerio de Educación chinos están detrás de dichos centros desde su creación.

Hoy existen más de 500 institutos a lo largo y ancho del planeta y cuentan con un presupuesto anual de unos 10 mil millones de dólares aproximadamente. Parte del gran éxito de estos centros es que se han establecido dentro de campus universitarios a través de un modelo curioso y que en muchos casos es demasiado atractivo para ser rechazado.

De acuerdo con Rachelle Peterson, quien desarrolló un minucioso estudio en 2017 con grupo de centros Confucio en Nueva York y New Jersey determinó que los representantes chinos inicialmente negociaban contratos con las universidades anfitrionas por un periodo de cinco años, en los cuales les pagaban sustanciosas sumas de dinero a cambio del espacio. Aunque los contratos se mantienen secretos, se cree que las condiciones pueden variar en cada caso.  La atractiva cantidad ofrecida por Beijing facilitaba la operación en una primera etapa. A lo largo del tiempo surgían dificultades cuando los institutos interferían en las conferencias o discusiones de la casa de estudio, si los temas a debatir incluían Tibet, Taiwán o Tiananmen.

Sin embargo, con el paso del tiempo, esos institutos han sido centro de mucha polémica. En el caso específico de los Estados Unidos las sospechas y el escrutinio llevó en 2019 al director del F.B.I., Christopher Wray, a testificar ante el Congreso para aclarar dudas sobre los mismos. “Los institutos Confucio ofrecen una plataforma para difundir la propaganda del gobierno chino, fomentar la censura y restringir libertades académicas”, fueron algunas de las afirmaciones de Wray.

Los institutos han sido utilizados por el Partido Comunista Chino como una estrategia global de expansión y presencia. A través de los mismos se ha conseguido insertar cientos de docentes chinos en tierras extranjeras bajo la justificación de poder impartir mandarín. Pero también han penetrado los más prestigiosos centros de educación e investigación del mundo desde donde han podido substraer información valiosa para el partido chino.

“El instituto Confucio es una marca atractiva para extender nuestra cultura al exterior. Han hecho una contribución importante para mejorar nuestro “poder blando” (soft power). La marca Confucio tiene un atractivo natural. Con la excusa de enseñar chino, todo parece razonable y lógico”. Fueron las palabras de Li Changchun en un discurso pronunciado en el 2011, que en ese momento era miembro del Comité permanente del Politburó, máximo órgano del PC chino.

En los años recientes, sobre todo durante la Administración Trump y su postura en contra de los abusos chinos, se denunciaron más abiertamente irregularidades perpetradas por Beijing. Sobre la base del robo de propiedad intelectual, de tecnología y de datos se tomaron medidas más drásticas. Además de denuncias hechas por ciudadanos chinos en territorio estadounidense, como han sido el caso de estudiantes que estuvieron en Estados Unidos como parte de un programa de intercambio y que se resistieron a ponerse bajo la autoridad del Partido Comunista y les tocó pagar con cárcel a su regreso a China.

También han sido investigadas denuncias de actividades irregulares de grupos de estudiantes chinos en campus universitarios estadounidenses vinculados con consulados chinos tratando de reclutar talento chino y otros esfuerzos de influencia sospechosos, tal y como afirma Jamie Horsley en un artículo publicado por el Brookings Institute.

La desconfianza de las instituciones estadounidenses ha llegado al punto que se ha investigado e incluso aprobado leyes para poner freno a las arbitrariedades antes mencionadas. Tal es el caso de la ley de la autorización de la defensa de 2019 (NDEE por sus siglas en inglés) que prohíbe al Pentágono a financiar programas de mandarín en Universidades anfitrionas.

El Departamento de Estado, por su parte, clasificó en agosto del 2020 a los Institutos Confucio como centros de misión exterior controlados y financiado por el gobierno chino. Y en marzo del presente año el Congreso aprobaba por unanimidad otra ley que busca restringir a las universidades que albergan los institutos de recibir fondos federales a menos que el acuerdo suscrito entre ambas entidades sea claro y proteja la libertad académica y otorgue a la universidad plena autoridad administrativa sobre el instituto.

“Los Institutos Confucio están bajo el control del PC chino. Son centro de propaganda que amenaza la libertad académica y la libertad de expresión sin vergüenza. En las universidades de los Estados Unidos, el gobierno chino está librando una guerra de influencia a través de estos Instituciones”. Fueron las palabras del Senador John Kennedy a razón de la aprobación la ley (Confucio Act to protect free speech at U.S. colleges).

Sólo en territorio estadounidense llegó a haber 110 institutos

Confucio de los que actualmente quedan 51 y 44 de ellos dentro de campus universitarios. Además, hay que sumar unas 500 aulas de clases en funcionamiento que se encuentran en distintos lugares a lo largo de la nación.

La Administración Biden continuará la postura de la anterior Administración y sin duda el número de institutos Confucio continuará reduciéndose, sobre todo en los campus universitarios debido a las restricciones que impone la ley recién aprobada.

La lucha no es sólo comercial. La lucha es de respeto a los valores propios. La lucha es en contra de los crímenes como el robo de tecnología o el uso inadecuado de una institución que debería tener como único fin el difundir la milenaria y rica cultura china en vez de ser usado como propaganda al servicio del Partido Comunista chino.

 

Pinta gris el futuro de Biden. Nieves C. Pérez Rodríguez

Siete meses han pasado desde el momento en que Joe Biden se investía como presidente de los Estados Unidos, en un clima doméstico enrarecido por el asalto del 6 de enero al Capitolio, corazón de los valores democráticos desde 1800, y por la pandemia que restringió muchas de las actividades y eventos celebratorios de bienvenida a un nuevo presidente.

El fin de la presidencia de Trump abría una esperanza para el retorno a una diplomacia más tradicional y a un manejo más asertivo de la política interior y exterior. Biden representaba experiencia y compostura, que eran la mayor debilidad de Trump. Y aunque su avanzada edad y tartamudeo debilitan tremendamente su imagen, Kamala Harris equilibraba instantáneamente esas debilidades por el hecho de ser una mujer, representar una minoría étnica y por su mediana edad. Esta realidad hizo que desde el comienzo se especulara sobre la posibilidad de que Harris podría ser quien continuara con la presidencia en el caso de que Biden no pudiera.

Una vez instalada la nueva administración parecía que la Casa Blanca había decidido que Biden se encargara de los asuntos y viajes domésticos mientras Harris se perfilaba como la que sería la representante internacional de la Administración. Harris se estrenaba con un viaje a Guatemala y México que acabó con fuertes críticas porque frente a las preguntas de los medios de si tenía previsto visitar la frontera con México sus respuestas se centraban en argumentar que ella estaba ahí para hablar del origen del problema migratorio, en vez de enfatizar el mensaje de la Casa Blanca. Es posible que se deba a su carrera como abogada y fiscal con entrenamiento en defensa y alegaciones, pero lo cierto es que su rol actual no es debatir con la prensa como vicepresidente, aunque Harris tiene esta tendencia, pues durante los debates de las primarias mostró la misma debilidad.

Su segundo viaje tuvo como destino Singapur y Vietnam y transcurrió en plena crisis de la catastrófica salida de los estadounidenses de Afganistán, por lo que era lógico que las preguntas de los medios se centraran en ese tópico. Y aunque el objetivo de la Casa Blanca con el viaje fue el de reafirmar su alianza y compromiso con la región quedó opacado por las respuestas de Harris carentes de profundidad que dejan en evidencia su escueta experiencia internacional. El viaje al sur este asiático pudo ser su puente al estrellato, pues en Washington hay consenso bipartidista en que esa región es “top one priority”. Al mismo tiempo Los lazos naturales de la vicepresidente con Asia (por el origen de su madre) podrían haberla catapultado como la encargada en estas relaciones y marcar una nueva etapa en su carrera.

Todo esto, al menos de momento, ha opacada el brillante futuro que se profetizaba que tendría Harris y en vez de entusiasmo se observa desilusión de quienes la apoyaron y vieron en ella una gran oportunidad.

En cuanto a Biden, quién ganó las elecciones con un poco más de 81 millones de votos (sólo 7 millones de diferencia con Trump), comenzó su legislatura con un apoyo promedio del 53% que se mantuvo más o menos constante hasta los meses de marzo y abril donde se observó un repunte debido al manejo del Covid-19 y el acceso a la vacuna. Pero la desastrosa salida de Afganistán ya está haciendo pagar un precio a la Administración y las encuestan indican que la mayaría de los adultos consultados desaprueban la manera como Biden manejó la salida; 94% republicanos, 71% independientes y 25% de demócratas han expresado abiertamente que desaprueban. Esto no incluye a los congresistas o figuras relevantes del partido demócrata, que muchos han expresado su desacuerdo públicamente.

Otra encuesta de hace un par de semanas de Associated Press-NORC mostraba una caída de 9 puntos porcentuales de la aprobación del presidente de 63% al 54%. De acuerdo con otra encuesta hecha por la radio pública NPR publicada el 2 de septiembre revela que Biden ha caído 6 puntos comparado con la consulta realizada en julio dejándolo en un 43% de aprobación, lo que es la marca más baja desde que asumió el cargo.

La caída tan estrepitosa en el último mes podría complicarle mucho la situación a la Administración en las próximas elecciones, pues el grupo que más desaprueba es precisamente los votantes independientes, quienes son claves para que los demócratas ganen elecciones, los llamados “swing” o grupo fluctuante.  En este grupo el derrumbe de la popularidad del presidente cayó 10%, es decir que tan sólo 36% de los independientes aprueban hoy la labor del presidente.

Es muy probable que a partir de ahora la Administración centre sus esfuerzos en continuar trabajando a nivel doméstico en la aprobación de megaproyectos de infraestructura para la nación, que objetivamente requieren atención y grandes inversiones para su mantenimiento, preservación y/o modernización. Esto es parte fundamental de la agenda de Biden y que además cuenta con el apoyo de los republicanos.

La Administración tratará de enterrar el tema de Afganistán todo lo posible. Harán un esfuerzo para que el interés se vaya disminuyendo mientras pondrán el foco en prioridades domésticas y continuarán vigilantes con el comportamiento de China en la región del sureste asiático.  Y aunque China es y será un dolor de cabeza para Washington por muchos años, la dificultad la tendrá en el nivel de compromiso que los aliados estarán dispuestos a asumir después de lo sucedido en Kabul con las evacuaciones de los occidentales.

En el fondo el “American First” que tanto profesó Trump sigue llevando las riendas de la nación estadounidense, la forma de la salida de Afganistán así lo confirma y el abandono del liderazgo internacional de los Estados Unidos parece ser cada vez más claro.  Los desastres naturales que están ocurriendo en este país, como los incendios de la costa oeste, los huracanes en el sur y los coletazos que dejan destrozos e inundaciones a su paso junto con la crisis originada por la pandemia serán las prioridades de Biden.

El futuro político de Biden pinta gris y complicado, Harris no está ayudándolo como se esperaba, que valga decir fue uno de los éxitos de Trump con Mike Pence (vicepresidente) que equilibró sus torpezas y errores, sobre todo en el electorado más conversador.

Por su parte los republicanos usarán el abandono de estadounidenses y aliados en Afganistán como una carta en contra de Biden para desacreditar sus acciones, mientras siguen haciendo una revisión interna sobre quien debería liderar el partido y potencialmente convertirse en el contrincante de la Administración Biden-Harris como tanto ha insistido esta Casa Blanca en llamar.

 

 

 

“En las relaciones económicas, si chocan, los intereses de los países prevalecen sobre las ideologías”. Nieves C. Pérez Rodríguez

4Asia tuvo la oportunidad de entrevistar a Ricardo Barrios especialista en China con foco en las relaciones de China con América Latina y el Caribe. Hizo su especialidad en la Universidad de Pekín y actualmente ejerce como analista de RWR Advisoy Group, consultora con base en Washington D.C., que le encarga el seguimiento e investigación de transacciones internacionales. Uno de sus principales productos es Inteltrak, una base de datos que hace seguimiento de empresas chinas y rusas en el extranjero.

  1. ¿Cuáles son las áreas de inversión o negocio en las que Beijing ha puesto el foco en América Latina y el Caribe (ALC)?

Las empresas chinas en esta región típicamente se han enfocado en todo aquello relacionado con las materias primas, entiéndase metales, combustibles, productos agrícolas, etc., las cuales son insumos indispensables para mantener el crecimiento económico tan dinámico que ha logrado China durante las últimas décadas. Esta tendencia es prevalente en los países de Suramérica, ya que estos cuentan con mayores cantidades de materias primas. En mi opinión son más comunes las inversiones, incluyendo las adquisiciones, de las cuales podemos destacar aquella por parte de Tianqi Lithium Corp. de una participación de 24% en Sociedad Química y Minera de Chile. También podemos destacar la adquisición de la mina de cobre Las Bambas en Perú por parte de un consorcio que cuenta con la participación de MMG Ltd.

La dinámica es un poco diferente en los países de Centroamérica y el Caribe, los cuales por lo general tienen una oferta relativamente reducida de materias primas. En estos casos, vemos que las obras de construcción – como la carretera norte-sur de Jamaica y las mejoras al sistema de distribución eléctrica en la República Dominicana – adquieren mayor importancia en el panorama bilateral. Muchas de estas obras son elaboradas por empresas chinas utilizando préstamos otorgados por bancos de fomento chinos, especialmente el Export-Import Bank of China y el China Development Bank.

  1. ¿Cuáles son los principales países en los que China ha mostrado más interés en la región a lo largo de los últimos años? 

Durante el transcurso de los últimos veinte años, China ha estrechado sus vínculos con Argentina, Brasil, Chile, Perú y Venezuela. Los mismos países a los que acude China en búsqueda de los insumos o materias primas. No obstante, China ha cambiado un poco su enfoque geográfico en América Latina y el Caribe durante los últimos años. Ya van tres o cuatro años que vemos un nivel alto de actividad en Colombia, México y Panamá, los cuales hasta entonces habían tenido relaciones mucho menos estrechas con China. Es dentro de este contexto que vemos, por ejemplo, la firma de un contrato de $4 mil millones por un consorcio que incluye a China Harbour Engineering Company Ltd. para construir el metro de Bogotá. O la inserción de Ganfeng Lithium Co., Ltd. en el sector de litio mexicano. Panamá apenas estableció relaciones diplomáticas con China en el 2017 y en cuestión de meses se convirtió en un socio importantísimo para China.

Es difícil precisar si este cambio corresponde a una estrategia premeditada de Beijing para aumentar su presencia en estos países – los cuales típicamente han mantenido vínculos más fuertes con los Estados Unidos – o si es simplemente una política oportunista que pretende ajustarse a la realidad de la región. El panorama latinoamericano de los últimos años le ha presentado a China varios desafíos y oportunidades. Uno de los desafíos principales ha sido la presidencia de Jair Bolsonaro, quien desde un principio hizo clara su intención de frenar la profundización de los lazos bilaterales. Simultáneamente, la política desde Washington bajo Donald Trump enajenó a muchos de los vecinos más cercanos de los Estados Unidos en la región, la cual creó una oportunidad para que Beijing se acerque a estos países. Entonces me parece que Beijing optó por el camino de menor resistencia.

  1. Si hacemos una comparación con foco en las transacciones chinas antes de la pandemia la mayoría se concentraban en préstamos, ¿Pero ha observado usted sí en el periodo 2020 y en lo que va del 2021 ha había algún cambio de esa tendencia o comportamiento?

Me parece que si hubo en algún momento un desequilibro entre los préstamos y las inversiones, éste se ha ido atenuando. Sí, los préstamos constituyen una porción grande de la actividad china en América Latina y el Caribe, pero también es significativa aquella porción que representa las inversiones (especialmente en las materias primas y el sector energético).

Estimamos que entre el 2011 y el 2020, entidades chinas proporcionaron aproximadamente $125 mil millones en financiación a la región. Esta figura incluye no solo aquellos préstamos hechos por los bancos de fomento chinos a los gobiernos de la región, sino también los préstamos hechos por los bancos comerciales chinos e incluso aquellos préstamos dirigidos a entidades privadas en la región. Durante este mismo periodo, estimamos que el montante de inversiones superó los $100 mil millones. Por supuesto, esta segunda cifra no incluye los contratos para aquellos proyectos hechos utilizando financiación china.

A pesar de que no hemos visto un cambio significativo en términos de sectores, sí hemos visto una reducción en la cantidad de capital chino dirigido hacia ALC. Es más, tal fue el impacto de la pandemia que China no anunció ningún préstamo nuevo a ningún país de la región en todo el 2020. Por un lado, esto es sumamente significativo, ya que esta situación no se da hace casi dos décadas. Por otro lado, este evento no rompe con la tendencia general de los últimos años, la cual ha sido una reducción en la cantidad de dinero prestado por los bancos de fomento chinos a ALC, a medida que estas instituciones financieras se han vuelto más hábiles en el análisis de riesgo y cuidadosas a la hora de escoger proyectos.

  1. ¿Qué sucede con el área de infraestructuras y materias primas?

La pandemia obstaculizó varios proyectos durante la primera mitad del 2020 por ejemplo, los trabajos de exploración petrolera que acordó en el 2019 China National Offshore Oil Corporation (CNOOC) en México. Muchos de estos proyectos pudieron reanudar labores para la segunda mitad del año y al parecer estos sectores siguen siendo los más que atraen a las empresas chinas a la región. En julio, un consorcio que incluye a la estatal Sinohydro Corp. ganó un contrato de $428 millones para la construcción de un terminal nuevo en el aeropuerto Natividad de Chinchero, en Perú. Mientras que el China Gezhouba Group International Engineering Co. por su parte anunció un contrato de $381 millones para la construcción de un proyecto hidroeléctrico en el Rio Cuiabá en Brasil ese mismo mes.

  1. Y el área de tecnología, ¿Está Beijing metiendo más a Huawei en la región? Aprovechando la situación actual.

A pesar de ver sus actividades afectadas por la pandemia, Huawei definitivamente no se ha quedado a un lado. Al igual que muchas otras empresas, Huawei ha modificado sus actividades de forma que corresponda a las áreas de necesidad de los países batallando la pandemia. Comenzando en marzo del 2020, notamos, que Huawei donó equipo de tomografía computarizada a la Republica Dominicana. También vimos donaciones a Argentina de equipos de detección térmica para monitorear fiebres. Básicamente Huawei se adaptó a la pandemia y la está utilizando para demostrar su oferta en la región de una manera que no habíamos observado antes, probablemente con el fin de estimular mayor interés en sus productos principales, los cuales por supuesto vienen siendo las redes inalámbricas y los sistemas informáticos. Poniendo esta actividad dentro del contexto de la región, cuyos países justamente están comenzando sus licitaciones para construir los sistemas del 5G, me parece que el comportamiento de Huawei durante la pandemia tiene la meta de mejorar la posición de la compañía de cara a estas licitaciones.

  1. Ahora bien, En el rastreo de las transacciones que RWR hace de China ¿han podido determinar de qué identidad china provienen los recursos? ¿En algún caso los recursos pueden venir de empresas chinas? aunque en el fondo estas empresas respondan al Partido Comunista chino.

Hay varios tipos de empresas chinas en América Latina y el Caribe como las grandes empresas estatales Sinohydro Corp., China National Petroleum Corp. (CNPC), COFCO Group, CRRC Group, las cuales tienden a acaparar la atención con sus contratos multimillonarios en sectores estratégicos. Estas empresas estatales están bajo la jurisdicción del Consejo de Estado de China (que es la máxima autoridad administrativa del gobierno chino) mediante un órgano del estado conocido como la Comisión Estatal para la Supervisión y Administración de los Activos del Estado (o SASAC, por sus siglas en ingles).

Frecuentemente, estas empresas son apoyadas con financiamiento de los bancos de fomento chinos:  Export-Import Bank of China y China Development Bank, los que también son entidades estatales y tienen como fin promover el comercio y potenciar el desarrollo económico del país. En su gran mayoría, los préstamos que reciben los países latinoamericanos y caribeños vienen de estos bancos y van a financiar las actividades de estas empresas.

También vemos la participación de empresas privadas, tales como Didi Chuxing. Estas empresas tienden a comportarse de forma más autónoma, a pesar de que también responden a aquellos incentivos que utilice el Estado, como por ejemplo el acceso al capital de financiamiento. Efectivamente, la gobernanza de las empresas chinas puede ser bastante compleja, ya que estas reflejan la influencia de varios grupos diferentes, incluyendo el gobierno, el Partido Comunista chino que lo dirige y la empresa misma. Es cierto que el Partido tiene muchas herramientas para influir en el comportamiento de las empresas, aun si estas son privadas. No obstante, no podemos ignorar que las empresas también tienen sus propios intereses y que estos intereses y aquellos del Estado no siempre van de la mano.

  1. Brasil ha venido ocupando un lugar privilegiado en las relaciones bilaterales con China. ¿Cuál diría usted que es la razón? ¿O al menos que originó al principio el interés de Beijing? Cómo también Venezuela ha venido ocupando un lugar importante, entonces ¿la razón podría ser política ideológica?, es decir que los gobiernos han permitido o incentivado esas relaciones?

Para mí, hay dos razones principales por las cuales China ha puesto tanto empeño en desarrollar las relaciones con Brasil. La primera, y la primordial, es por el gran peso que tiene Brasil como exportador de materias primas y como mercado de exportación. En 2019, Brasil fue el proveedor más grande de soja a China, exportó cerca del 63% de toda la soja importada por China ese año. Ese mismo año, Brasil también suministró casi un 8% del petróleo crudo y 20% del hierro importado por China. Queda claro entonces que Brasil es un socio muy importante para China en términos de su seguridad alimenticia y las cadenas de suministros que aseguran su base industrial.

La segunda razón es más estratégica, ya que en cierta medida China ve a Brasil (y su gran potencial geopolítico y económico) como un posible socio en su meta de promover la multipolaridad global. En ese sentido, sí, las relaciones entre China y Venezuela se parecen a las relaciones entre China y Brasil, las cuales por mucho tiempo (y particularmente durante la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva) también se basaron en una amalgama de intereses comerciales y geopolíticos.

Sin embargo, yo creo que no debemos de exagerar el papel que desempeña la ideología, ya que, en mi opinión, la ideología misma está basada en los intereses individuales de cada país. Y esto es significativo porque cuando la ideología contradice los intereses, los intereses rigen y luego la ideología se adapta.

  1. Todos los analistas afirman que hay un antes y un después de la pandemia, ahora bien, ¿Cuál cree usted es el escenario post pandemia de las transacciones de China en América Latina y el Caribe? ¿Aumento del protagonismo chino a falta de presencia de los Estados Unidos? O más bien ¿más selectividad de las relaciones bilaterales con países estratégicos para sus intereses?

A pesar de que hemos visto una recuperación en aquellas modalidades que ya consideramos típicas de la política exterior china, el mundo se encuentra en plena pandemia y mucho queda por definir. Por un lado, podemos destacar que China logró ocupar el escenario con la llamada diplomacia de las mascarillas y la diplomacia de las vacunas. En ambos casos, la rapidez con la cual llegó China con ayuda médica a otros países parecería dejar plantados a otros, incluyendo a los Estados Unidos.

Sin embargo, dudas sobre la efectividad de las vacunas chinas y escándalos, tales como el Vacunagate en Perú, nos pintan un panorama más complejo, donde ciertos segmentos de la población van a agradecer el gesto de China de exportar vacunas al extranjero mientras otros van a hacer hincapié en los escándalos. Me parece que, a medida que Estados Unidos, ahora bajo el presidente Joe Biden, acelere sus programas de asistencia – incluyendo el acceso a vacunas contra el COVID-19 – el protagonismo de China en la región cederá un poco ante la influencia de Estados Unidos. No obstante, de aquí me parece que podemos derivar una lección simple, la cual es que donde Estados Unidos no presente una alternativa, los países latinoamericanos y caribeños no van a rechazar a China.

  1. Y en cuanto a Cuba ¿Han visto alguna transacción reciente de China a Cuba? o algo que pueda indicar un cambio de Beijing hacia su política hacia Cuba?

Las donaciones de insumos y equipos médicos han dominado el panorama de intercambios entre China y Cuba desde el 2020. Esto no es sorprendente, dado que China ha estado haciendo lo mismo por todo el mundo. Entre las pocas excepciones figura una donación de 5,000 paneles solares que se efectuó en mayo de este año a raíz de unos acuerdos que datan al 2019. Ese mismo año, llegaron a Cuba unos vagones hechos en China, con fin de potenciar la recuperación de la red ferroviaria del país. Aunque han sido muy pocas las transacciones que han finiquitado los dos países en los últimos años.

Cabe destacar que las relaciones entre Cuba y China son mucho más superficiales de lo que piensa mucha gente. Sí, ambos países y ambos partidos hablan mucho de su gran hermandad, pero desde el punto de vista de China, Cuba es un país con un modelo económico anticuado. Esta realidad se ve reflejada en el hecho de que China solamente le ha prestado $240 millones a Cuba desde el 2010. Quizá es por eso por lo que las donaciones y la ayuda internacional, proporcionalmente, lucen representar una mayor parte de la relación sino-cubana que en otros países de la región. China (y las empresas chinas) están dispuestas a ayudar a Cuba, pero no están dispuestas a perder dinero por el país. De no darse cambios al sistema económico que existe en Cuba, me parece poco probable que cambie significativamente la política de China hacia este país.

 

 

China en la crisis afgana. Nieves C. Pérez Rodríguez

Los talibanes se han hecho con el control de regiones y ciudades en tiempo récord. Para quienes han servido en Afganistán e informado desde esta zona desde el 2001 no había dudas de que la salida de Estados Unidos complicaría el escenario doméstico. Pero con lo que no se contaba era una salida tan catastrófica y tan mal organizada.

Era bien sabido que el entonces vicepresidente Biden apoyaba la salida desde la era Obama. Y que mantuvo su opinión al respecto, pero la tan apresurada salida ha dejado en un peligro innecesario al propio personal estadounidense en la embajada que ha tenido que ser desalojado con helicópteros hasta el aeropuerto y ha puesto a la población afgana en una situación de extrema vulnerabilidad, especialmente aquellos que trabajaron de la mano con los estadounidenses a lo largo de estos años.

La estrepitosa salida responde a una decisión de la Casa Blanca con el propósito en hacerla coincidir con el vigésimo primer aniversario del ataque del 11 de septiembre del 2001. Aunque, obviamente, no contó con una estrategia sino más bien el deseo de Biden y su equipo de seguridad nacional de acabar con esta guerra. Esta decisión se convertirá en la gran vergüenza de la Administración Biden pues con los talibanes en el control del país retrocedemos a la situación inicial de finales del siglo veinte y un cambio geopolítico en la región.

En cuanto a la imagen internacional de los Estados Unidos, la retirada en estos términos también despierta muchas dudas de su real compromiso con la región y los aliados. Mientras, pone en una situación ventajosa a los principales rivales estadounidenses como Rusia y China, quienes han venido con discreción apoyando a los talibanes durante la guerra y aprovecharán el momento para negociar influencia y contratos en el Afganistán de los talibanes.

China comparte 76 kilómetros de fronteras con Afganistán a través del corredor de Wakhan, definido como “una resaca imperial muy disputada” de acuerdo a Sam Dunning en un artículo publicado en Foreing Policy.

Ese paso fronterizo ha sido paso histórico entre ambos países a través del Puerto de Wakhjir, que ha sido milenariamente utilizado desde la creación de la ruta de la seda, razón por lo cual ha sido muy disputado por las potencias dominantes en diferentes momentos de la historia. China ve una gran oportunidad en este momento de entrar en Afganistán y muy probablemente será de los primeros países en dar reconocimiento al gobierno talibán.

En efecto, Beijing ha venido preparando el terreno. Las imágenes publicadas por medios oficiales chinos durante la visita de Mullah Abdul Ghani Baradar (jefe político de los talibanes en Afganistán) recibido por el ministro de exteriores de china Wang Yi en Tianjin a finales de julio ya levantó desconfianza sobre cuales sería los planes de Beijing en el caso de que los talibanes se hicieran con el control del país. Aunque en ese momento los análisis no preveían una salida tan abrupta.

Afganistán posee un gran atractivo para China por su extensa riqueza natural de oro, platino, plata, cobre, hierro, cromita, litio, uranio y aluminio, entre otros minerales. También posee piedras preciosas como esmeraldas, rubíes, zafiros, turquesas y lapislázuli. El servicio geológico de los Estados Unidos hizo una extensa investigación que concluyó que este país se encuentra entre las naciones con más riqueza de elementos raros de la tierras como el lantano, cerio, neodimio o el litio que sólo en la provincia de Ghazni el reporte afirma que encontró más depósitos que en Bolivia que es el país que tiene las mayores reservas del mundo.

A principios de julio se había reportado que las autoridades de Kabul estaban cada vez más interesadas en el “corredor económico chino – pakistaní” cuya inversión es de 62 mil millones de dólares y que consiste en la construcción de carreteras, vías férreas, así como oleoductos energéticos entre Pakistán y China. Mientras el enorme proyecto contempla también la construcción de vías de comunicación entre Pakistán y Afganistán, todo como parte del “Belt Road iniciative”.

De acuerdo a Derek Grossman, “China está construyendo una gran carretera en el corredor de Wahkan, a pesar de la complejidad del terreno. Con la conclusión de esta vía China habría conectado la provincia de Xinjjiang con Afganistán y en consecuencia con Pakistán y por lo tanto Asia Central, complementando así su red de carreteras existentes a través de la región.

La Administración Biden heredaba un acuerdo firmado por Trump, pero aun así contaba con suficiente margen de maniobra que pudo y debió utilizar para bien renegociar la salida, los términos de ésta o al menos la forma de marcharse. Porque nadie mejor que los estadounidenses que han pasado los últimos veinte años en esas tierras, con los mejores expertos en terrorismo a la cabeza, los equipos de mayor sofisticación, que han gastado 2.26 billones de dólares de acuerdo con los últimos estimados, y que se han dedicado a estudiar a los talibanes hasta el último detalle, sabían que una salida abrupta suponía un grandísimo riesgo para la estabilidad del país, las mujeres y niñas, y todos aquellos que colaboraron con las fuerzas estadunidenses allí.

 

China, las protestas cubanas y la demora de Biden. Nieves C. Pérez Rodríguez

Cuba parece haber despertado de un largo silencio al que ha sido sometido por el régimen castrista desde hace más de 6 décadas. Las protestas que de manera espontanea florecieron en 40 ciudades y poblados de la isla desconcertaron al mundo y claramente sorprendieron al régimen, precisamente por su carácter improvisado.

Cuba ha venido experimentando un progresivo deterioro económico como parte de una mala gestión de décadas que durante los primeros años de siglo XXI se vio aminorada debido a las generosas ayudas enviadas desde Venezuela con dinero petrolero. Chávez fue la chequera que llenó de liquidez a la isla en otro de sus duros momentos. Gracias a las generosas cifras, los programas de intercambios de ayudas, la exportación de combustible y de alimentos, entre muchas, la economía isleña pudo vivir una bonanza irreal que permitió por unos años a los ciudadanos a tener un poco de holgura.

Pero como todo lo fácil se acaba, la mala administración de los recursos petroleros de manos de Chávez acabó por ocasionar la caída de Venezuela en la mayor crisis de su historia, así como la mayor crisis migratoria que ha experimentado la región y por lo tanto para el régimen cubano el cierre de esos recursos fáciles que lo ayudaron a mantenerse a flote desde que perdieron las ayudas soviéticas.

La Administración Trump por su parte también impuso sanciones que habían sido relajadas o incluso eliminadas por la Administración Obama, quien equivocadamente intentó una estrategia de normalización de relaciones que claramente no hizo más que dar aire al régimen castrista. Trump quiso demostrar el error de la Administración previa y restableció muchas de las sanciones y al final de su legislatura impuso sanciones que acabó por afectar el envío de remesas desde los Estados Unidos a Cuba, lo que ocasionó que se agudizara la crisis de liquidez entre el ciudadano de a pie. De acuerdo con la Havana Consulting group, agencia que le hace el rastreo a las remesas cubanas, las remesas son la segunda fuente de ingreso de la isla y representan unos 3.700 millones de dólares al año.

A esa ya existente situación se le suma el Covid-19 que, a pesar de las estrictas medidas de control del régimen cubano, no ha podido controlarse como ha sucedido en casi todos los países del mundo. El aumento estrepitoso de casos, la falta de electricidad en los hospitales, de recursos y productos para mantener una higiene adecuada como jabones, detergentes, desinfectantes y un sistema sanitario, que a pesar de que siempre hicieron alarde de él mismo, no ha podido con la situación, han profundizado la crisis.

Un informe del 1 de febrero del 2021 del Instituto para la Guerra y la Paz señalaba el mal manejo de la pandemia en Cuba y la desinformación que rodeaba el virus. “El régimen promovió la homeopatía como protección ante el Covid-19 mientras promovían cifras falsas de víctimas fatales”. Todo esto propició las manifestaciones.

Como twitteó el reguetonero cubano Yamil “teníamos tanta hambre que nos comimos el miedo”, explicando que motivó la salida a la calle de la gente en un sistema tan controlado y reprimido como el cubano.

En medio de esta situación y ante el silencio de la Administración Trump en las primeras horas de las protestas, los aliados de la Habana se empezaban a manifestar.  Moscú aprovechó para decirle a Estados Unidos que ellos siguen firmes en su compromiso con la isla como en la época soviética. Así como Irán condenaba las sanciones americanas a Cuba, al igual que lo hacía Maduro desde Caracas mientras expresaba su ya conocido apoyo total al régimen cubano.

Por su parte, el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Zhao Lijian, culpaba a USA del problema eléctrico y la falta de medicinas en Cuba por el embargo económico, además de afirmar que “China se opone firmemente a la injerencia extranjera en los asuntos internos de Cuba, apoya firmemente lo que Cuba ha hecho en la lucha contra el Covid-19, y apoya firmemente a Cuba en la exploración de un camino de desarrollo adecuado a sus condiciones nacionales”.

La Administración Biden tardó mucho en comentar la situación de protestas sin precedentes. Lo que ha sido un grave error político tanto doméstico como internacional. A nivel internacional se muestra débil de liderazgo, a pesar del compromiso moral que tiene Washington con Cuba. Además, el tiempo que tardaron le sirvió al régimen castrista para apresar ciudadanos, reprimir manifestantes, confiscar móviles para intentar conseguir videos de los protestantes e identificarlos. El bloqueo de internet ha sido parte de la estrategia castrista para prevenir que se informen dentro de la isla y que envíen reportes afuera de lo que está sucediendo.

La valentía de los ciudadanos que como bien describió el músico cubano los llevó a sobreponerse al miedo a un régimen que tiene controlado cada aspecto de sus vidas, que hace uso de todo tipo de inteligencia para saber cómo siente y piensa cada individuo. Y que no tiene ningún recato en neutralizar a aquellos que disienten, aunque sea porque no pueden tener aspiraciones ni sueños.