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Para Beijing, la reunificación de Taiwán es incuestionable. Nieves C. Pérez Rodríguez

En medio del mayor número de maniobras militares realizadas por el Ejército Popular de Liberación de China en los alrededores de Taiwán como una contundente muestra de rechazo a la visita de Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense, Beijing publicó el nuevo Libro Blanco sobre Taiwán titulado “La cuestión de Taiwán y la reunificación de China en la nueva era”.

El documento se hacía público justo cuando se cumplía una semana de la visita de Pelosi a la isla como otra muestra de su rechazo y a su vez por la necesidad de ratificar que Taiwán es territorio chino. El preámbulo reza:

… “Resolver la cuestión de Taiwán y realizar la reunificación completa de China es una aspiración compartida por todos los hijos e hijas de la nación china. Es indispensable para la realización del rejuvenecimiento de China. También es una misión histórica del PC chino”.

En esos tres puntos se resume la importancia política de la reunificación como ellos la llaman. Es una aspiración de los ciudadanos porque estos han sido ideologizados bajo el esquema de una China con dos modelos o lo que es lo mismo un país dos modelos, pero siempre enfatizando la idea de que es una solo nación.  Xi Jinping recuperó varios términos desde que se hizo con el poder, como es el sueño chino o el rejuvenecimiento de China, que a diferencia del sueño americano donde un individuo con su trabajo puede conseguir lo que se proponga, el chino es la subordinación de los sueños individuales en pro del sueño colectivo. Y definitivamente, el PC chino lo ha promocionado desde que tomó el poder una misión histórica porque desde su creación han insistido en que Taiwán es parte del territorio de China.

Claramente, el rejuvenecimiento del que tanto habla Xi es una necesidad y una oferta política de carácter nacionalista que, en el fondo, busca el impulso económico de China y a su vez la consolidación y liderazgo internacional chino en el mundo. Y en el plano doméstico se traduce como el retorno o vuelta de los territorios desperdigados, cuya lista hasta hace poco incluía a Macao y Hong Kong, pero que en el documento afirma que una vez que han regresaron se restauró el orden y la prosperidad en esos territorios.  Aun cuando reconocen que en Hong Kong hubo un periodo de agitación que fue superado gracias a la represión de las fuerzas de seguridad china.

En el libro Blanco de Taiwán se recrea la historia que ha vinculado a China y a Taiwán desde la antigüedad, basado en descubrimientos arqueológicos en ambos lados del estrecho, pasando por distintas dinastías, documentos y hechos históricos. Todo para justificar que son parte de China porque así lo han sido desde tiempos remotos. Y de hecho literalmente dice: “Después de un siglo de sufrimiento y privación, la nación ha superado humillación, emergió del atraso y abrazó oportunidades ilimitadas de desarrollo. Ahora China se dirige hacia el rejuvenecimiento”.  Dejando por sentado que a pesar del tiempo que Taiwán ha sido independiente, que es más de un siglo, están cada vez más cerca de la reunificación.

Sin embargo, el sentimiento ciudadano en Taiwán es otro. Hoy en día sólo el 2% de los taiwaneses se identifican exclusivamente como chinos lo que se traduce en una caída del 25% en las últimas tres décadas, según la Universidad Nacional de Chengchi, que es uno de los centros de estudios más prestigiosos de Taiwán. Curiosamente Beijing, a pesar de su crecimiento indiscutible en los últimos años, ha conseguido más distanciamiento de esos territorios y rechazo social de esos ciudadanos.

El documento asevera en múltiples ocasiones que la reunificación es un proceso que no puede ser detenido porque es crítico para el rejuvenecimiento de la nación, así como que el progreso de China es la prueba que marcará el bienestar en ambos lados del estrecho, “desarrollo que se ha alcanzado gracias al socialismo con características chinas y al alto precio del mismo.  Cualquier intento de fuerzas separatistas para prevenir la reunificación está destinado al fracaso”. Y por último sostienen que si fuerzas externas obstruyen la reunificación de China serán vencidas.

Aunque asegura el texto que trabajarán para una reunificación pacífica, afirman que no renunciarán al uso de la fuerza, así como se reservan la opción de tomar las medidas necesarias para cumplir el objetivo. Si bien a lo largo del documento invitan a los taiwaneses a trabajar de la mano como “patriotas”, el desacato es considerado como un crimen que será penado.

Aunque este es el tercer Libro Blanco sobre Taiwán (el primero fue en 1993 y el segundo en 2000) el momento en que ha sido publicado es sin duda decisivo para Beijing, que aprovecha otro medio para manifestar su posición en medio de la crisis. En las primeras versiones se dejaba abierta la opción de que Taiwán mantuviera su sistema de semi autonomía, político, judicial y financiero, pero está última versión sólo describe que puedan mantener su sistema social y manera de vivir, que la misma ambigüedad genera inquietud e incógnitas.

El PC chino ha montado toda su estrategia basada en el control social y la manipulación individual, donde el ciudadano tiene que plegarse a lo que desde el partido / Estado se dicta. No existe una diferencia entre ambos, el partido usa la figura del Estado para imponer sus lineamientos, como lo hemos visto repetidamente en el Tibet, en Xinjiang, o en políticas como la de un solo hijo, que se impone sin importar la crueldad o el daño psicológico se coacciona a su cumplimiento.

Pulso en el Pacífico: vivir con más tensión

La visita de Nancy Pelosi a Taiwán, considerada por sectores del Partido Demócrata norteamericano y por el presidente Biden como inoportuna y señalada por muchos como provocación, ha creado una situación a partir de la cual van a cambiar muchas cosas y China ya ha decidido aumentar la presión sobre la isla disidente y mantener ese nivel hasta que una coyuntura más favorable le permita “reunificar” su nación, es decir, ocupar militar y brutalmente la isla, destruir su sistema democrático, apropiarse de su extraordinaria producción industrial y cumplir la gran obsesión del Partido Comunista Chino desde la guerra civil en que consolidó su tiranía aunque no pudo extenderla a la isla rebelde.

Pero en el fondo, la reacción china, que sólo era cuestión de tiempo, es básicamente, en este momento, un ejercicio de exhibición de poder bélico para ocultar su frustración y su impotencia al no poder impedir el viaje de la presidenta del Congreso de Estados Unidos a la isla. La propaganda china (como la rusa por otra parte) viene insistiendo desde hace años sobre el declive de Estados Unidos y su incapacidad progresiva para liderar Occidente y, aunque exista  una evolución en este sentido que merecería un debate reposado y honrado, China y Rusia parecen haber confundido los tiempos y creer que ese proceso de declive está ya avanzado y han acelerado. Y Rusia ha demostrado su inferioridad militar en Ucrania y China no es capaz, todavía, de suscitar un desequilibrio político y militar a su favor en el Indo Pacífico.

Y, por otra parte, Occidente no puede abandonar gratis a Taiwán, y no sólo por los intereses de los taiwaneses, porque dejar que China vaya imponiendo soluciones autoritarias progresivamente es una amenaza global a los sistemas democráticos, a la libertad comercial y al progreso.

Detrás de la decisión de Pelosi hay un montón de factores relacionas con la situación política interna de Estados Unidos, la crisis de liderazgo en los dos grandes partidos, las elecciones parciales próximas y la pérdida de popularidad de la Administración Biden pero estas razones no deben ser la coartada para hablar de provocación, justificar en el fondo la amenaza china y, como hace la izquierda y sus compañeros de viaje, señalar a Estados Unidos como el origen de todos  los conflictos. Porque detrás de todo ese discurso se esconde una negación a aceptar retos que exijan sacrificios y de ahí nace una creciente, y peligrosa si no se medita, presión a Ucrania para que vaya pensando en ceder y a no “provocar” a China. Es una vieja enfermedad europea que ha precedido a las dos grandes guerras mundiales y se sienten sus síntomas.