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¿A las puertas de una guerra entre China y Estados Unidos? Nieves C. Pérez Rodríguez

“Estados Unidos estará en guerra con China en dos años”, fue la predicción hecha por Mike Minihan, un general en activo de la Fuerza aérea estadounidense y jefe del Comando de Movilidad Aérea, en un memorándum enviado el pasado viernes a los oficiales bajo su cargo.

La comunicación estaba dirigida a todos los comandantes del Comando de Movilidad Aérea y otros comandantes operativos de la Fuerza Aérea, en el que les ordena que informen sobre los esfuerzos para prepararse para la lucha contra China. Valga mencionar que este comando tiene cerca de 50.000 miembros en servicio y cerca de 500 aviones vinculados al mismo.

El general Minihan explica en la misiva que tanto Taiwán como EE.UU. tendrán elecciones presidenciales en 2024, por lo que Washington estará distraído y el presidente chino tendrá una oportunidad de avanzar con sus planes en Taiwán, Aunque en el mismo memorándum expresa su deseo por estar equivocado, explica que su instinto le dice que peleará en 2025.

El Pentágono confirmó la autenticidad del memorándum mientras que afirmó que no ha cambiado nada en la política exterior estadounidense. Aunque cabe recordar que ya en el 2021 el ex comandante y cabeza del Comando unificado de combate estadounidense responsable por la región del Indo-Pacífico, el malmirante Phil Davidson, señaló que China podría invadir Taiwán en el 2027.

Por su parte, la comunidad de inteligencia de EE. UU. cree que China está activamente intentando construir un ejército capaz de apoderarse de Taiwán, a pesar del reiterado apoyo público brindado por Washington a la isla. En tal sentido, Avril Haines, directora de inteligencia nacional dijo en el Senado en mayo del 2022 que “Nosotros vemos que China está trabajando duro y eficientemente para encontrarse en una posición en que sus militares tengan la capacidad de tomar control de Taiwán a pesar de nuestra intervención”.

El actual director de la CIA, Bill Burns, dijo en julio que el presidente chino está decidido a tomar el control de Taiwán, pero que está estudiando las lecciones de las deficiencias rusas en Ucrania antes de tomar medidas.  Agregó además que “no se puede subestimar la determinación del Sr. Xi Jinping de conseguir el control sobre Taiwán a través de acciones militares en los próximos años. Está trabajando para asegurarse de que el Ejército Popular de Liberación tenga las capacidades para una invasión exitosa de la isla democrática”.

Lloyd Austin, el secretario de Defensa de los Estados Unidos explicaba frente al Congreso en mayo del año pasado que “si bien Rusia es peligrosa, China sigue siendo la amenaza que marca el ritmo de los Estados Unidos”.  Y justificaba la solicitud presupuestaria para el 2023 de su institución en la que solicitó 6 mil millones de dólares en la “Iniciativa de Disuasión del Pacífico”. De acuerdo con la nueva estrategia de Defensa Nacional, El secretario Austin afirmaba “vamos a mejorar nuestra postura de fuerza, infraestructura, presencia y preparación en el Indo-Pacífico, incluida la defensa antimisiles de Guam”.

Justo un día antes de que el General Minihan  enviara el memorándum alertando de la amenaza de guerra entre China y los Estados Unido salió un interesante episodio del One Decision Podcast en el que el exdirector de la CIA y exjefe del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, el general, Michael Hayden, intercambiaba sus opiniones con Sir Richard Dearlove, exjefe del MI6 inglés, sobre cómo ha cambiado la geopolítica internacional y sus valoraciones sobre los riesgos de esta era.

En la profunda discusión entre ambos ex espías admiten que a pesar de que Putin se encuentre en este momento detonando armamento de guerra cada día en Europa y que Rusia parezca ser la amenaza latente, ambos coinciden en que la verdadera amenaza para las democracias es China. Rusia está destruyendo Ucrania indudablemente, tiene atemorizados a los europeos, pero “Rusia está de caída”. Explican que en su opinión Putin se atrevió a invadir Ucrania en un intento por proyectar una imagen de mayor fortaleza de la que verdaderamente tiene en este momento.

Ambos exjefes de inteligencia aceptan que hay muchos riesgos latentes, pero ninguno del calibre de China. En el análisis manifestaron su convicción de que India jugará un rol clave para equilibrar el poder de China. Un cambio que comenzó en la era de Bush, cuándo Washington modificó su comportamiento hacia India y se embarcó en unas relaciones bilaterales con Delhi distintas y más apacibles.

A pesar del carácter nacionalista de gobierno de Modi, India ha apoyado este cambio y aceptado el acercamiento, basado probablemente en sus grandes preocupaciones domésticas como Pakistán, pero entendiendo que su gran problema es China, por lo que India servirá de equilibrio internacional. Y tal y como afirmó Sir Dearlove “a pesar de las imperfecciones del Estado indio es una democracia funcional, la democracia más grande del mundo”.

En tal sentido, valoraron como muy probable que Estados Unidos comience a vender y distribuir equipo bélico y militar a India pues no tiene ninguna lógica en el contexto actual que siga comprándole su arsenal a Rusia.

Los ex directores de inteligencia valoran los cambios recientes, como el de Australia que ha comenzado a aumentar su capacidad militar a pesar de que venía de ser verdaderamente pequeña en el pasado, y el cambio de Japón en duplicar su gasto d defensa en los próximos cuatro años y reforzar su armamento para conseguir dotarse de capacidad para alcanzar bases enemigas son el claro reflejo de una realidad que amenaza cada día más a las democracias.

Otra prueba de ese cambio de patrones internacionales es la visita del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg este domingo a Corea del Sur, quien hizo su primera escala en Seúl y continuará con otra parada en Tokio. “Necesitamos fortalecer la asociación entre Corea y la OTAN porque la seguridad está cada vez más interconectada, lo que sucede en Asia, el Indo-Pacífico, es importante para Europa, para la OTAN y viceversa”.

Insistió en que la “necesitamos abordar las amenazas y desafíos globales, incluidos los provenientes de China, y para ello hay que trabajar de cerca con los socios en la región”. Las palabras de Stoltenberg resumen bien el sentimiento global de los aliados y la necesidad de prepararse ante la amenaza que representa Beijing para las democracias, el comercio, la libre circulación de los mares, la salud pública, libertad de culto, privacidad de data, libertad de expresión… y lo vulnerable y cercana que tenemos la amenaza…

 

INTERREGNUM: Pakistán como problema. Fernando Delage

Suele decirse que todos los Estados tienen fuerzas armadas, salvo Pakistán, donde es el ejército quien tiene un Estado. La vuelta, hace unos años, a la normalidad electoral e institucional no ha quebrado del todo este axioma. Los militares continúan al mando de la estrategia exterior: controlan el arsenal nuclear, mantienen viva la hostilidad hacia India, y—cuestión inseparable de la anterior—obstaculizan una solución en Afganistán.

“Nada cambiará al menos que lleguemos a un pacto con Pakistán—o paremos a Pakistán”. “Pakistán sabe lo que quiere. Nosotros no. No tenemos ni una estrategia hacia Pakistán, ni una estrategia de reconciliación [de los afganos]. Sólo tenemos palabras y burocracia”]. La primera frase, es del presidente Karzai; la segunda, de la secretaria de Estado Hillary Clinton. Estas dos esclarecedoras reflexiones resumen, en su brevedad, qué ha fallado en Afganistán. Pero el lector encontrará una explicación más extensa y detallada en el libro que los cita: “Directorate S: The C.I.A. and America’s Secret Wars in Afghanistan and Pakistan” (Penguin Press, 2018). Su autor, Steve Coll, escritor del New Yorker, decano de la escuela de periodismo de la universidad de Columbia, y ganador del Pulitzer por otro trabajo anterior sobre el origen de Al Qaeda y el 11-S (“Ghost Wars”, 2004), ha dedicado 10 años y centenares de entrevistas para contar una historia que, más allá de un conflicto concreto, describe importantes claves de la actual inestabilidad internacional.

Afganistán ha demostrado, entre otras cosas, los límites del poder de Estados Unidos. Es una historia del desinterés de Washington por el desarrollo económico y la seguridad interna de Afganistán tras la derrota de los talibán: la atención y los recursos se concentraron en Irak, con los resultados bien conocidos. Es una historia de cómo la CIA, el Pentágono y la OTAN, y sus alianzas con los señores de la guerra en el país, están en el origen de buena parte de la corrupción afgana (así lo reconoce en el libro el exsecretario de Defensa Robert Gates). Es una historia de rivalidad entre distintas agencias de la administración norteamericana, cada una de las cuales ha perseguido su propia agenda, con la tolerancia de la Casa Blanca y la marginación del departamento de Estado, aun sabiéndose que no podía haber solución militar a un conflicto político.

Pero Afganistán es, sobre todo, la historia de un fracaso estratégico derivado de la misteriosa incapacidad de Estados Unidos para detener la interferencia de la inteligencia militar paquistaní, Inter-Services Intelligence (ISI). ¿Por qué dos administraciones dirigidas por presidentes de distintos partidos permitieron el apoyo de ISI a los talibán aunque de manera directa atentaban contra los intereses de Estados Unidos? Las maniobras de la agencia, en particular a través de su división de operaciones especiales (la Dirección S que da título al libro), quedan expuestas de manera tanto magistral como inquietante.

Coll retrata con especial perspicacia a decenas de personajes cruciales en el conflicto—líderes políticos, diplomáticos y militares—e identifica los elementos esenciales para entender la tortuosa relación entre Estados Unidos y Pakistán. Es también un demoledor análisis de la autoconfianza que produce contar con el mayor poder militar del planeta, y de la inercia burocrática. Trump quiere aumentar el primero y corregir la segunda; pero también pretende diezmar del todo los recursos diplomáticos. Este libro, sobre la guerra en que más tiempo ha estado involucrado Estados Unidos en toda su historia, explica como pocos lo erróneo de su planteamiento.