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THE ASIAN DOOR: Geopolítica y renovables, el giro inesperado de la invasión de Ucrania. Águeda Parra

Considerada la cumbre del Cambio Climático COP26 como una de las menos ambiciosas en los últimos años, la invasión rusa de Ucrania ha dado en apenas un mes un giro inesperado sobre los objetivos mundiales de acción climática. La recuperación de la economía tras los confinamientos y las restricciones de la pandemia planteaban apenas hace cuatro meses una trayectoria de emisiones que conducían a un calentamiento de 2,4ºC al final de este siglo, considerando el escenario más desfavorable. La situación geopolítica actual plantea, sin embargo, un cambio de escenario de orden global que puede resultar beneficioso para los objetivos climáticos.

La guerra en Ucrania plantea el mayor desafío geopolítico desde la Segunda Guerra Mundial, no solamente para Europa, sino que supone una reordenación en la balanza de poder geopolítica a nivel mundial. La firme determinación de la Unión Europea de reducir su dependencia energética del gas de Rusia, que alcanza el 40%, y asciende al 60% en el caso de Alemania, supone situar el cambio de la estrategia europea sobre seguridad energética como uno de los principales game-changer en el juego de rebalanceo de fuerzas de poder que va a dejar la etapa post-guerra.

La cuenta atrás para alcanzar cero emisiones netas en 2050 comenzó para la Unión Europea en 2021. Por delante, unas tres décadas para alcanzar la descarbonización convirtiendo a las renovables en la pieza central del modelo de seguridad energética de los países europeos. El mismo tiempo que resta para que potencias energéticas como Rusia pierdan su influencia, al ser fuente de una quinta parte de las reservas de gas natural del mundo. De hecho, la reflexión sobre esta paulatina pérdida de influencia geopolítica podría haber acelerado la incursión militar sobre Ucrania.

Mientras un giro inesperado de la geopolítica global impulsa que la Unión Europea intensifique la política de fomento de las renovables, China mantiene su esquema y redobla la atención sobre las energías limpias con la publicación de un plan para desarrollar un sistema energético moderno para 2021-2025 como parte del itinerario marcado por el 14º Plan Quinquenal (2021-2025). De cumplirse los objetivos recientemente publicados, el plan estratégico definido por China podría adelantar hasta en cinco años el pico de emisiones de carbono comprometido para 2030.

El liderazgo de los gobiernos regionales marca la pauta de adecuación a los compromisos climáticos anunciados por China y, a falta de que 12 de los 34 gobiernos regionales comuniquen sus planes de desarrollo, la acción conjunta de los 22 restantes ya contempla el objetivo de agregar más de 600 gigavatios (GW) de capacidad de renovables de forma combinada entre 2021 y 2025. Una cifra que supone más del doble de la capacidad eólica y solar instalada a finales de 2020.

La ambiciosa hoja de ruta que plantea este nuevo plan supondría incrementar la generación de energía a partir de fuentes no fósiles a un 39%, desde el 33,9% registrado en 2020 y el 34,6% en 2021, según el plan energético presentado de forma conjunta por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, y la Administración Nacional de Energía.

La bajada de los costes de producción son parte esencial que favorece la cifra récord de generación de energía eólica y solar año tras año, mientras la inversión en investigación y desarrollo energético, que crecerá un 7% entre 2021 y 2025, según el plan, complementa el impulso por acelerar la transición hacia un mix energético donde el carbón va teniendo cada vez un menor peso.

La geopolítica provoca movimientos inesperados y, entre los múltiples efectos que tendrá la invasión de Ucrania, la aceleración de la transición hacia las renovables figura entre los cambios más significativos. La dimensión de la seguridad energética marcará en el corto y medio plazo gran parte de los cambios geopolíticos globales.

THE ASIAN DOOR: Nueva etapa de la Ruta de la Seda en América Latina. Águeda Parra

Después de nueve años, la apuesta de China por construir vínculos a través de inversión en infraestructuras mientras despliega diplomacia se ha convertido en una de las iniciativas más importantes del gigante asiático en materia de política exterior. Tras unos primeros años de mayor intensidad, la nueva Ruta de la Seda aborda una nueva etapa de mayor ralentización de la inversión, mientras los efectos de la pandemia amenazan con hacer más compleja la recuperación de los ritmos de despliegue que se observaban con anterioridad a que impactara la crisis sanitaria en todo el mundo.

Un ritmo menor de despliegue, una mayor selección de los proyectos que se ejecutan en el extranjero, pero manteniendo el mismo interés sobre las regiones consideradas estratégicas para la iniciativa, entre las que destaca América Latina. La alta complementariedad entre las dos regiones ha favorecido el fortalecimiento de los vínculos con varias de las economías de la región, principalmente con Brasil, Venezuela, Argentina, Ecuador y Chile, que figuran entre los grandes receptores de inversión china durante las últimas décadas. Sin embargo, una vez que el perfil de desarrollo económico del gigante asiático está cambiando, y ha pasado a focalizarse en potenciar el consumo interior y en convertirse en una pieza importante en la creación de valor incorporando alta tecnológica, el sector extractivo de la región ha dejado de tener el interés que despertaba décadas atrás.

China no figura entre los diez principales inversores de la región. Estados Unidos y España se sitúan como los actores más destacados en primera y segunda posición, respectivamente. De hecho, el nivel de stock de inversión extranjera directa (IED) china en América Latina apenas supone el 10% del total de los flujos de inversión de IED realizados entre 2011 y 2020, según American Enterprise Institute. No obstante, la región sigue manteniendo su atractivo para la Ruta de la Seda y para los propios intereses de China con los países latinoamericanos.

En esta nueva etapa de relación entre China y América Latina, los proyectos en renovables y el despliegue de mayor actividad por parte de las empresas tecnológicas en la región, embajadoras de la promoción del Designed in China, se están convirtiendo en el principal impulso de la cooperación entre ambas regiones. Los compromisos de sostenibilidad de China están acelerando el desarrollo de nuevas tecnologías verdes que el gigante asiático exporta en su expansión por la Ruta de la Seda y que pueden suponer un impulso en la nueva etapa de inversión de China en América Latina.

La estrategia energética de China es uno de los grandes focos en los que se centra el despliegue de la Ruta de la Seda, suponiendo el 42% del total de la inversión. De ahí que la expansión por América Latina también esté ampliamente vinculada al sector energético, principalmente a la creciente atención que están acaparando las renovables ante los compromisos climáticos adquiridos por los países en la reciente Cumbre del Clima COP26.

En este avance de despliegue continuo de la Ruta de la Seda, y en el actual contexto geopolítico, América Latina plantea un renovado escenario de oportunidades, como así lo demuestra la celebración de la tercera reunión ministerial del Foro China-CELAC, celebrado el pasado mes de diciembre, y en el que se abordó el Plan de Acción Conjunto China-CELAC para la Cooperación en Áreas Claves (2022-2024). Estas nuevas líneas estratégicas no solamente refuerzan los vínculos económicos y de comercio existentes, sino que supone abordar una nueva etapa en la que destacará la inversión en la industria manufacturera y de servicios, como el transporte y la generación de electricidad, así como en los servicios financieros y en las áreas relacionadas con las nuevas tecnologías.

La adhesión de Cuba a la Asociación Energética de la Franja y la Ruta, Belt & Road’s Energy Partnership, por su nombre en inglés, el pasado mes de octubre de 2021, y el acuerdo ratificado con Argentina para financiar mejoras en la red eléctrica, representan algunos de los ámbitos de promoción de la cooperación en el ámbito de las renovables más recientes. Proyectos que están impulsando los vínculos de China con una región donde 19 de los 33 países que conforman América Latina y el Caribe están adheridos a la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda.

Ante una situación de lenta recuperación económica mundial, y menores flujos de inversión por parte de las grandes economías, el Foro China-CELAC plantea un impulso renovado en la relación del gigante asiático con la región. El fomento del sector servicios, las renovables y el desarrollo tecnológico priman el crecimiento económico de China, ámbitos con los que América Latina sigue manteniendo una amplia complementariedad con el gigante asiático. El desafío ahora está en aprovechar las oportunidades que este nuevo entorno pueda plantear para generar el mayor crecimiento económico posible en la región.

THE ASIAN DOOR: Tierras raras, pero geoestratégicas. Águeda Parra

La revolución digital no solamente va a marcar un hito histórico en lo tecnológico como parte esencial de la Cuarta Revolución Industrial, sino que está adquiriendo una histórica relevancia geopolítica. Poder ejercer el control en cada una de las partes de la cadena de valor de los productos tecnológicos se ha convertido en un elemento de poder geoestratégico en la carrera por convertirse en el líder tecnológico mundial. La supremacía en innovación que permite controlar la parte alta de la cadena de valor está resultando ser tan estratégica como dominar el acceso a los elementos básicos en la parte baja, las tierras raras, esenciales para producir los componentes tecnológicos.

En esta nueva etapa geopolítica de la revolución digital, las tierras raras reivindican su valor y pasan a ocupar un rol destacado en la dinamización de influencia geoestratégica a nivel mundial. Este mayor protagonismo de las tierras raras se produce, asimismo, tres décadas después de que Estados Unidos ocupara un papel destacado como mayor productor mundial de estos metales en la década de los años 1980, pasando actualmente a depender del abastecimiento exterior, principalmente de China, que acapara el 80% del suministro mundial. En este cambio de roles en la producción, es ahora el gigante asiático el que afianza su posición con casi un monopolio, acaparando el 90% de la producción de las tierras raras y unas reservas que alcanzan casi el 36% del total mundial, frente al 1,3% de Estados Unidos, según el informe BP Statistical Review of World Energy 2021.

Las tierras raras son esenciales en la producción de dispositivos electrónicos inteligentes, turbinas eólicas, o coches eléctricos. Asimismo, resultan decisivas para una gran variedad de equipamiento militar como sónares y radares avanzados, navegación de misiles y sistemas de visión nocturna, entre otros, convirtiéndose en un elemento de nicho crítico para la industria de defensa que podría elevar las tensiones entre Estados Unidos y China de producirse una disrupción en el desabastecimiento de estos minerales esenciales. Igualmente, un crecimiento continuado de los precios podría convertirse en elemento desestabilizador para la producción de todos los dispositivos y equipos electrónicos que son cruciales en la industria tecnológica, de defensa y en las renovables, y que ya el año pasado experimentaron un aumento del 88%, según la Asociación de la Industria de Tierras Raras de China.

Adicionalmente a que el control de los precios de las tierras raras pueda significar para China una herramienta estratégica con la que ejercer influencia internacional, la creación del gran gigante de tierras raras anunciado por Pekín a finales de 2021 supone un claro indicio del valor estratégico que adquiere para China el control de estos minerales en 2022. La empresa estatal resultante de la fusión de las empresas Aluminium Corporation of China (Chinalco), China Minmetals Corporation y Ganzhou Rare Earth Group aumentará significativamente el dominio de China a nivel nacional, controlando casi el 38% de las tierras raras y el 70% de las tierras raras pesadas del país, además de incrementar su liderazgo en la producción global.

A pesar de su nombre, las tierras raras son bastante comunes en la corteza terrestre, no así las reservas de estos minerales. De ahí el valor geoestratégico del despliegue de la Ruta de la Seda por Asia, África y América Latina para mantener acceso al que se ha convertido en uno de los elementos más indispensables en la carrera por dominar la revolución digital. El acceso a las ingentes reservas que dispone Afganistán es una pieza clave en la geopolítica de las tierras raras, pero no la única nueva pieza en este tablero. Madagascar, por su parte, está capturando parte de ese valor geoestratégico casi duplicando su producción de tierras raras en 2020, hasta las 8 toneladas.

El alza del valor estratégico de estos minerales ha supuesto que Estados Unidos comience a reconsiderar su estrategia en tierras raras aumentando su producción un 36% hasta las 38 toneladas en 2020. No obstante, parece necesario un cambio más radical para competir con el progresivo dominio que está adquiriendo China sobre las tierras raras y la influencia geopolítica a nivel mundial que lleva implícita.

 

 

THE ASIAN DOOR: Una COP26 poco agresiva mientras China anuncia su plan. Águeda Parra

En las semanas previas a la celebración de la COP26 en Glasgow, Reino Unido, la atención se ha centrado en las altas expectativas puestas sobre el encuentro, esperando que la cumbre fuera recordada por establecer una hoja de ruta más ambiciosa y agresiva contra el cambio climático. En estos días, el análisis científico independiente proporcionado por Climate Action Tracker ha presentado los riesgos de no hacer todo lo posible mientras todavía se está a tiempo, planteado diferentes escenarios según la senda de crecimiento de las emisiones actuales. Un escenario que, aunque pesimista, ha conseguido arrancar apenas un par de acuerdos entre los líderes asistentes a la COP26.

De continuar la evolución actual de emisiones de gases de efecto invernadero, las predicciones indican que solamente la trayectoria de emisiones correspondiente a los países del G20 ya conducirían a un calentamiento de 2,4 ºC al final de este siglo, lejos del objetivo fijado de no superar los 1,5 ºC respecto a los niveles preindustriales. Tras el descenso registrado durante los meses de mayor impacto de la pandemia, los ritmos de recuperación económica están generando un repunte de las emisiones de gases contaminantes entre los países del G20, que podría elevarse hasta un 4%, según un informe de Climate Transparency. De hecho, los veinte países más ricos del mundo son responsables de alrededor del 75% de los gases contaminantes.

Durante la celebración de las cumbres climáticas afloran numerosos análisis y estimaciones que muestran el avance de los planes climáticos. Entre ellos, destaca el emitido por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente que advierte de que el mundo solamente dispone de ocho años para reducir a la mitad los gases de efecto invernadero si se pretenden alcanzar los compromisos del Acuerdo de París. Un planteamiento que revela, asimismo, que con los compromisos anunciados por los países del G20 solamente se conseguirá reducir las emisiones en un 7,5%.

Compromisos sí, pero quizá no todos los que se esperaban. Desde Washington se ha buscado que los dos mayores emisores de carbono del mundo, entre Estados Unidos y China acumulan el 40% de las emisiones globales de carbono, alcanzaran un acuerdo que pudiera anunciarse durante la cumbre. Las reuniones preparatorias no han sido exitosas, y la falta de asistencia de Xi Jinping a la COP26 ha rebajado la expectativa de que se pudieran alcanzar objetivos más ambiciosos.

Tres días antes de que se celebrara la COP26, China ya realizó uno de los anuncios más relevantes de la cumbre. Se trata del “Plan de acción de pico de emisiones de carbono de China 2030”, en definitiva, la contribución nacional (NDC, por sus siglas en inglés) para las próximas décadas donde se especifica el despliegue sectorial de reducción de emisiones. Sin fijarse nuevos límites a los ya anunciados, el documento sí especifica que la intensidad energética se reducirá en más de un 65% (las emisiones de CO2 por unidad de PIB) con respecto a los niveles de 2005, cuando antes se barajaba una intensidad entre el 60% y el 65%. El documento también eleva la proporción de consumo de combustibles no fósiles en el mix energético hasta el 25% en 2030, que mejora las previsiones respecto del objetivo anteriormente anunciado del 20%.

Entre las propuestas que han tenido un mayor éxito durante la cumbre climática figura el compromiso de poner fin a la deforestación en 2030, firmado por más de cien líderes mundiales, China entre ellos, que incluye fondos públicos y privados que alcanzan los 19.000 millones de dólares. Los países firmantes agrupan el 85% de los bosques del mundo, recuperando un compromiso que ya se formalizó en 2014, aunque en esta ocasión se espera que tenga un mayor éxito por el volumen de la financiación prevista y por los países clave que apoyan el compromiso.

Una de cal y otra de arena. El compromiso colectivo de reducir las emisiones de gas metano en un 30% para 2030, que incluye entre los países clave a Estados Unidos y Europa como dos de los mayores consumidores de gas natural, es otro de los acuerdos alcanzado por más de 90 países, dos tercios de la economía mundial. Entre los ausentes figuran China, Rusia e India que, conjuntamente, generan alrededor de un tercio de las emisiones de metano.

Dos grandes acuerdos, aunque uno de ellos no haya sumado los esfuerzos de todas las partes, que constatan que no se hayan alcanzado las expectativas creadas antes de la celebración de la COP26. Se esperaba una cumbre de acuerdos agresivos que frenaran significativamente el aumento de las temperaturas y las emisiones de carbono a nivel mundial que, finalmente, no ha sido tal.

THE ASIAN DOOR: Recortando distancia hacia la neutralidad del carbono en la Ruta de la Seda. Águeda Parra.

La Asamblea General de las Naciones Unidas ha sido nuevamente el escenario elegido por Xi Jinping para anunciar nuevos compromisos en la lucha contra el cambio climático. Si hace un año China hacía público su objetivo de alcanzar el pico de emisiones de gases de efecto invernadero en 2030 y la neutralidad del carbono en 2060, un año después las acciones sobre el clima están encaminadas a dejar de financiar la construcción de nuevas plantas de carbón en el extranjero. Un adelanto de cómo plantea China el fomento de las energías renovables y la agenda de descarbonización dentro de los objetivos definidos en el 14º Plan Quinquenal.

El anuncio de China en la Asamblea de las Naciones Unidas eleva las expectativas sobre la próxima Cumbre del Clima COP26 que se celebrará en Glasgow, Reino Unido, a principios de noviembre. Tras la COP21 de París, que concluyó con el acuerdo histórico de establecer los objetivos para frenar el cambio climático reflejados en el Acuerdo de París, la declaración de China viene a reforzar la ambición de la COP26 de declarar como histórico el uso del carbón.

La COP26 podría suponer la cuenta atrás hacia la completa descarbonización, teniendo en cuenta que China está detrás del 56% de los proyectos de construcción de plantas de carbón planificados fuera del país, según datos del Global Energy Monitor. Con la transición energética en auge, las energías renovables son soluciones alternativas mucho más competitivas, planteando un escenario donde cada vez es más complejo que las plantas de carbón puedan competir comercialmente con la tecnología que incorpora la nueva generación de energía solar y eólica, donde China se posiciona como líder mundial.

Tras años de financiar la construcción de plantas de carbón en el exterior, la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda no ha supuesto un incremento en este tipo de infraestructuras ya que la mayoría de los proyectos energéticos han contemplado de forma mayoritaria el uso de las renovables. De hecho, la inversión en este tipo de proyectos se ha mantenido estable en el tiempo, registrando un repunte en 2016 y alcanzando su punto máximo en 2017 hasta los casi 7.000 millones de dólares según el Global Development Policy Center de la Universidad de Boston. Desde entonces, la financiación de este tipo de proyectos se ha ido reduciendo sensiblemente hasta desplomarse casi por completo en 2020 por efecto de la pandemia.

Más allá del impacto que ha supuesto la crisis sanitaria en las decisiones de inversión en el extranjero, el anuncio de Xi Jinping viene a confirmar que China impulsará su tecnología verde Designed in China para seguir financiación proyectos energéticos en el exterior, a pesar de que dentro del país se siga manteniendo una importante dependencia del carbón durante algún tiempo. No obstante, los avances para tener una menor dependencia del carbón también han sido significativos a nivel doméstico en los últimos diez años, reduciéndose la proporción del uso del carbón en el mix energético del país 10 puntos porcentuales hasta representar el 56,8% en 2020, según la Administración Nacional de Energía. Los objetivos para 2021 siguen siendo ambiciosos y pretenden alcanzar una reducción del uso del carbón por debajo del 56% en 2021, marcando un nuevo hito en la agenda de descarbonización.

La COP26 contará, asimismo, con el anuncio de Estados Unidos, realizado poco antes de la declaración de China, por el que Washington espera destinar 11.4000 millones de dólares en ayudas a países en desarrollo para afrontar el reto del cambio climático, lo que supondría duplicar el valor del presupuesto actual si consigue el respaldo del Congreso.

Aunque todavía lleve un tiempo materializar el compromiso anunciado por Estados Unidos, y que el mix energético de China refleje una menor dependencia del carbón, los pasos dados por Washington y Pekín podrían ser la antesala para que la próxima COP26 consiga imprimir un cambio de ritmo hacia una más rápida descarbonización.

 

 

THE ASIAN DOOR: Los consumidores chinos lideran la sostenibilidad ambiental. Águeda Parra

El cambio climático es una realidad patente en nuestro entorno mientras las economías mundiales se enfrentan al reto de alcanzar la neutralidad del carbono antes de que los daños sean irreparables. China ya ha mostrado su compromiso a la ONU de alcanzar el pico de emisiones de CO2 en 2030, aunque todas las estimaciones apuntan a que podría conseguirse en una fecha anterior, mientras aspira alcanzar la neutralidad del carbono en 2060. Un reto al que se unen los consumidores chinos demandando una mayor sostenibilidad entre las marcas sin encarecer el precio.

El desarrollo sostenible está provocando que las marcas afronten un cambio de actitud entre los hábitos de los consumidores que requieren de la industria ser más activa y respetuosa con el medio ambiente. Una tendencia que se generaliza a nivel global y que tiene entre los consumidores chinos a los principales game-changers de cómo la demanda de una producción más sostenible puede impactar sobre la industria de consumo.

Ser la fábrica del mundo ha supuesto que China afronte en los próximos años ambiciosos objetivos para limitar el calentamiento global. Los efectos de la polución del aire en las ciudades son tangibles en China, situándose la ciudad de Hotan, muy expuesta a las tormentas de arena por su cercanía al desierto de Taklamakán, en el primer puesto del informe de ciudades más contaminadas del mundo en 2020 que publica la empresa suiza de tecnología del aire IQAir. A pesar de que la contaminación sigue siendo un importante caballo de batalla para el gigante asiático, solamente dos ciudades chinas figuran en esta clasificación, ocupando Kashgar el puesto 15, mientras es India el país que incluye hasta 16 ciudades entre los primeros veinte puestos.

En los últimos años, la polución y otros fenómenos climáticos severos han ido generando mayor conciencia ambiental entre la población que demanda en las cadenas de producción cambios para alcanzar un consumo más responsable. En este punto, el compromiso de los consumidores chinos parece liderar esta tendencia, siendo el grupo de opinión con mayor predisposición a contribuir con el 0,5% de su salario anual a combatir el cambio climático, según la encuesta realizada por Wunderman Thompson. De los tres grupos de opinión participantes, los internautas chinos con el 86% se sitúan por delante de los encuestados en Reino Unido y Estados Unidos donde el porcentaje de aquellos dispuestos a contribuir financieramente alcanzó el 64% y 62%, respectivamente.

La cuestión de actuar por el medioambiente no solamente forma parte de la conciencia de los consumidores chinos, sino que son estos mismos los que en un porcentaje mayor a los otros dos grupos de opinión esperan que las empresas tomen un papel más destacado en la solución de los grandes desafíos que plantea el cambio climático. Mientras las marcas con mayor compromiso en sostenibilidad ven mejoradas sus ventas por una mayor conciencia ambiental, no es menor el compromiso de los grandes titanes tecnológicos chinos por incorporar la energía limpia como activo para mejorar su valoración como empresa medioambientalmente responsable.

El bajo rendimiento en el uso de energías limpias ha supuesto para Alibaba quedar desbancada del primer puesto en el sistema de puntuación que realiza Greenpeace East Asia de los proveedores cloud en China a favor de Tencent. Entre las grandes tecnológicas chinas comienza a implantarse el uso de las energías renovables, siendo una realidad ya entre 13 de las 22 más importantes del país, cinco más que en 2019, según Greenpeace.

Consumidores y grandes tecnológicas se suman a los objetivos comprometidos por China para abordar el calentamiento global, una tendencia que las marcas y las empresas que operan en el país deben tener en cuenta para captar el entusiasmo de un consumidor cada vez más sensible con el medio ambiente. (Foto: Flickr, chrisffoto)

ASIAN DOOR: La geopolítica del clima en marcha para liderar la COP26. Águeda Parra

Los efectos del creciente calentamiento global no pasan ya desapercibidos para ninguna de las grandes potencias mundiales, cada vez más conscientes de que es necesario acelerar el ritmo de implementación de medidas que conduzcan a una efectiva neutralidad del carbono. El medioambiente se resiente, y los efectos del cambio climático tienen implicación directa sobre el desarrollo de la economía y el mantenimiento de los estándares de salud.

De hecho, con todas las potencias mundiales implementando medidas más agresivas, la componente climática se va a convertir en una cuestión geopolítica de primer orden en las próximas décadas. Tanto la viabilidad económica del nuevo modelo energético, como el liderazgo tecnológico por las renovables, van a definir el escenario de rivalidad a nivel global en el que las grandes potencias van a competir. Pero no se trata solamente de alcanzar los ambiciosos objetivos de descarbonización, sino conseguir la victoria geopolítica sobre qué potencia liderará una respuesta global al cambio climático.

Conseguir este objetivo pasa por definir una respuesta al calentamiento global que incorpore a China como país más contaminante del mundo, de modo que haga más factible que otros países también se unan en una colaboración conjunta frente al cambio climático. Con esta perspectiva en mente, Estados Unidos ha buscado reforzar el diálogo y la cooperación con China antes de participar en la Cumbre Internacional del Clima el pasado mes de abril, organizada por Biden, a la que acudían virtualmente los líderes mundiales. El objetivo era dejar al margen los numerosos conflictos que han tensionado las relaciones entre ambos, tanto anteriormente con la administración Trump como ahora también con la administración Biden, de modo que no interfiriesen en establecer una cooperación conjunta ante la próxima Cumbre del Clima COP26 en Glasgow en el mes de noviembre con medidas para los próximos años que puedan salvar el planeta.

Sin comunicado de una cooperación conjunta, China busca alcanzar los objetivos de descarbonización anunciados con una transformación energética. Una hoja de ruta por la que ha apostado el gigante asiático para conseguir cambiar su mix energético y que le ha llevado a posicionarse como el mayor inversor en energías limpias de la última década, siendo líder mundial en la fabricación de paneles solares, turbinas eólicas y coches eléctricos, donde las marcas chinas como Nio y BYD ya comienzan a competir directamente con Tesla.

Con Estados Unidos de vuelta a la Cumbre de París, el objetivo es reducir el uso de los hidrofluorocarbonos hasta el 85% en los próximos 15 años, buscando limitar drásticamente los gases de efecto invernadero al ser estos productos químicos utilizados en aires acondicionados mil veces más potentes que el dióxido de carbono sobre el calentamiento global. Una primera medida tomada por la Agencia de Protección Ambiental bajo la administración Biden con la que Estados Unidos espera eliminar el equivalente a 3 años de emisiones del sector eléctrico entre 2022 y 2050.

Durante años, Europa también ha venido trabajando con China para abordar una acción global climática y, previo a la reunión virtual de líderes internacionales organizada por Biden, Francia, Alemania y China pusieron en común su disposición de colaborar para garantizar el éxito de la próxima COP26 en Glasgow, la cumbre más importante del clima desde el 2015 cuando se alcanzó el acuerdo histórico por parte de 196 países en el Acuerdo de París.

Sin que haya un único liderazgo mundial en cuestión del clima, la cooperación en procesos multilaterales de acción contra el cambio climático es un punto de encuentro coincidente para Estados Unidos, Europa y China. Sin embargo, si desde Washington o Bruselas se consiguiera que el gigante asiático adelantara su compromiso de alcanzar el pico de emisiones a una fecha anterior a 2030 sería considerado como una victoria diplomática, y lo que es más importante, una señal clara de mayor influencia geopolítica global.

THE ASIAN DOOR: La revolución verde de China. Águeda Parra

Visión a largo plazo y objetivos ambiciosos para afrontar el cambio climático. Éste es el modelo ofrecido por el presidente de China, Xi Jinping, en su discurso ante la 75º Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU). En este contexto, los próximos 40 años serán decisivos para hacer efectiva la transición mundial hacia un modelo de desarrollo verde y de bajo consumo en combustibles fósiles.

El anuncio realizado por China tiene dos aspectos muy positivos. En primer lugar, el adelanto de la fecha para llegar al pico de emisiones de CO2. El compromiso en el ámbito de la Cumbre de París sobre Cambio Climático para alcanzar este nivel estaba fijado para el año 2030. Sin embargo, ha sido en la intervención del presidente chino cuando se ha expresado la determinación de que este objetivo se cumpla antes de 2030. Y, en segundo lugar, se ha fijado el año 2060 como la fecha en la que se alcanzará la neutralidad de carbono. Esto supone alcanzar el nivel de emisiones cero en un tiempo menor que Europa, que ya alcanzó ese objetivo pico en la década de 1990 contando, por lo tanto, con más tiempo para conseguir la neutralidad climática.

La posición de China como el país más contaminante del mundo, suponiendo el 28,8% de las emisiones de CO2 globales, según el último informe Statistical Review of World Energy publicado por BP, se compensa con el que hecho de ser referente mundial en renovables. En el mix de consumo energético, el consumo de combustibles no fósiles creció un 29% en 2018, y supone el 27,9% de la electricidad total generada en el país en 2019. De modo que este nuevo anuncio no solamente refuerza la posición del gigante asiático como actor relevante en la lucha contra el cambio climático, sino que aporta una fecha de referencia para el resto de países emisores. Un anuncio que, en definitiva, muestra la planificación que contempla China para estructurar el desarrollo energético del país para los próximos 40 años y que anima a fortalecer la confianza mundial en la lucha por el cambio climático. En la práctica, el objetivo de China se traducirá en que solamente la acción del gigante asiático promoverá la reducción del calentamiento global entre 0,2 y 0,3 grados, según Climate Action Tracker (CAT).

El anuncio de China se produce poco después de que la Unión Europea (UE) incremente hasta al menos un 55% el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 como parte del Pacto Verde Europeo (Green Deal). La falta de concreción en la última Cumbre UE-China no aplica, sin embargo, a la visión compartida que tiene Europa y el gigante asiático de trabajar conjuntamente para cumplir con los acuerdos que conduzcan a una neutralidad climática. El compromiso de fijar una fecha concreta en la que se alcance el fin de las emisiones contaminantes se ha convertido en un hecho histórico que ayudará a que otros grandes países emisores se unan a un proyecto de dimensión mundial en la lucha contra el cambio climático.

Entre las medidas que China ha venido contemplando para neutralizar las emisiones de CO2 durante los últimos años destaca la estrategia de abordar grandes plantaciones de árboles. El proyecto, que contempla incrementar la cobertura forestal del país del 21,7% al 23% entre 2016-2020, ha contado con iniciativas como la de replantar un área equivalente a la superficie de Irlanda. Sin embargo, el gobierno chino considera que estas medidas no van a ser suficientes para cumplir ambos objetivos.

Habrá que esperar a la publicación del próximo Plan Quinquenal para conocer los objetivos concretos de “recuperación verde” que plantea China para después de la pandemia del COVID-19. El anuncio en sí mismo ya se considera un paso imprescindible para reducir la huella de carbono del país, que enfrenta efectos del cambio climático sin precedentes que van desde inundaciones de magnitudes históricas a períodos de tifones irregulares. De ahí que la inversión en fabricar baterías para conseguir la implantación masiva de coches eléctricos esté en el punto de mira de los objetivos energéticos verdes de China más inminentes.

THE ASIAN DOOR: China y la emergencia climática. Águeda Parra

Las cumbres sobre el cambio climático recuerdan una realidad con la que convivimos y ante la que las economías de todo el mundo reaccionan con políticas dispares. La posición de China y Estados Unidos, primer y segundo país más contaminante del mundo, es bien distinta. Mientras el primero ha incorporado políticas gubernamentales para reducir las emisiones de dióxido de carbono según el compromiso adquirido como país firmante del Acuerdo de París, el segundo ha decidido retirarse del tratado mundial del clima con efectividad 2020.

Los años de uso intensivo del carbón sobre los que Estados Unidos y Europa han basado su crecimiento económico, y que han propiciado un historial de emisión de gases de efecto invernadero considerable, es la razón por la que algunos grupos ecologistas consideren que estas dos regiones deberían asumir la mitad del coste de reparar los efectos nocivos causados al medioambiente. China también se suma a esta petición, ya que considera que los países desarrollados están haciendo muy poco por detener el calentamiento global, en especial Estados Unidos.

La falta de un compromiso mayor a nivel mundial ha motivado que 2018 haya marcado un nuevo récord de emisiones de gases de efecto invernadero, aunque la aportación de los países al cambio climático ha sido desigual. Europa es la única región que ha reducido sus emisiones de dióxido de carbono, hasta un 1,3% entre 2017-2018, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). En el resto del mundo, existen tres focos contaminantes situados en India, que incrementó sus emisiones un 4,8%, Estados Unidos, que creció un 3,1%, mientras China aumentó un 2,5%. De los tres países, solamente China e India están comprometidos por ajustarse a los compromisos del acuerdo de París con políticas que contemplan, entre otras medidas, la reducción de la dependencia del carbón para la generación de energía. China e India son el reflejo de que Asia concentra un número elevado de este tipo de plantas, con antigüedad media de 12 años, frente a los 40-50 años de vida estimada de este tipo de instalaciones, dificultando aún más si cabe la transición hacia la generación de energía limpia.

China afronta el sexto año de lucha contra la polución con el compromiso de que las emisiones de dióxido de carbono alcancen su punto máximo en 2030, reflejando un descenso significativo desde ese momento. De esta forma, el gigante asiático aborda la lucha contra el cambio climático a la vez como un desafío y una oportunidad. El gigante asiático se enfrenta a una población que envejece rápidamente y que acumula problemas respiratorios crónicos que afectan directamente a la esperanza de vida de la población. De ahí que el desafío para China sea mejorar la calidad del aire que conlleve una mejora en los estándares de salud medioambiental. En los últimos años, China ha conseguido reducir la concentración de partículas contaminantes en el aire una media del 32%, teniendo impacto directo sobre el incremento de la esperanza de vida, que podría aumentar hasta en 2,4 años la expectativa actual de mantenerse estos niveles de reducción de polución del aire. Un valor que podría incrementarse en 1,7 años adicionales cuando China alcance los estándares que se ha marcado, y que podrían convertirse en 4,1 años si se alcanzaran los estrictos niveles que ha propuesto la Organización Mundial de Salud. Iniciativas del tipo como la plantación de árboles en una extensión del tamaño de Irlanda son medidas adicionales que está abordando China y que corresponden al objetivo de incrementar su superficie forestal en un 23% en esta década.

Desde el punto de vista de la oportunidad, China está apostando por la innovación en renovables como medio de reducir progresivamente las emisiones industriales que se generan por la excesiva dependencia del carbón. El gigante asiático es a la vez el país más contaminante del mundo, pero también el que más inversión destina a la generación de energía limpia, además de ser el país que dispone de mayor capacidad de energía renovable. Por sexto año consecutivo, China lidera la inversión mundial en renovables, hasta los 91.200 millones de dólares en 2018, una cifra un 37% inferior a la alcanzada en 2017 principalmente motivada por el efecto de la supresión de ciertos subsidios gubernamentales, siendo la más baja desde 2014. Por su parte, la inversión en Europa se situó en 61.200 millones de dólares, mientras Estados Unidos alcanzó los 48.500 millones de dólares, lo que implica que en cuestión de renovables China invierte casi dos dólares por cada dólar que aporta Estados Unidos.

Las políticas por fomentar las renovables en China están favoreciendo la inversión extranjera en el mayor mercado del mundo y cuyos ritmos de crecimiento son testimonio de cómo evoluciona la implementación de nuevas formas de energía a nivel mundial. En el caso de las multinacionales españolas, destaca la presencia de Siemens Gamesa en el despliegue de los parques eólicos en la región china de Xinjiang, un proyecto que refuerza su presencia en el mercado del gigante asiático y que además afianza la tercera posición en el Top de principales fabricantes de turbinas eólicas del mundo en 2018, según Ren21, detrás de la danesa Vestas y la china Goldwind, en primera y segunda posición, respectivamente. Solamente un año antes Siemens Gamesa ocupaba la segunda posición mundial, pero el impulso de la iniciativa Made in China 2025 comienza a dar sus resultados y las empresas chinas en el sector de las renovables están compitiendo por conseguir una mayor cuota de mercado que les haga líderes del mercado de las renovables en las próximas décadas.

THE ASIAN DOOR: Las empresas chinas compiten globalmente. Águeda Parra

La capacidad demostrada por China para crear crecimiento económico ha contribuido significativamente a que las empresas del país ocupen actualmente importantes posiciones en la clasificación mundial, pasando a competir al mismo nivel en los negocios internacionales que sus rivales más directos. El crecimiento de las empresas chinas que compiten globalmente no ha dejado de crecer en la última década. En 2008, China incorporaba 29 empresas en la clasificación Fortune Global 500, ocupando el sexto puesto por detrás de Estados Unidos, que lideraba la lista incorporando 153 empresas. La diferencia, casi dos décadas después, es que en 2019 China ya ocupa la segunda posición, incorporando 119 empresas, frente a las 121 que aporta Estados Unidos, de las cuales 83 son empresas públicas, el 69,7% del total.

Con la incorporación de las empresas chinas se produce el desplazamiento de otras grandes empresas en la clasificación, provocando modificaciones en los primeros puestos. Si en 2008 China quedaba fuera del Top 5, formado por Estados Unidos, Japón, Francia, Alemania y Reino Unido, su incorporación en la lista en 2019 genera una nueva clasificación. Estados Unidos sigue liderando la clasificación con 121 empresas, seguido muy de cerca por China (119), mientras que a gran distancia se sitúa Japón (52), y se mantiene la presencia de las grandes corporaciones europeas, representadas por Francia (31), Alemania (29) y Reino Unido (17).

Entre las 500 empresas más importantes del mundo por ingresos, Wallmart ha conseguido mantener su posición de liderazgo en el período 2000-2019, ocupando la china Sinopec y la holandesa Royal Dutch Shell la segunda y tercera posición, respectivamente. La presencia de empresas chinas que compiten globalmente se ha intensificado en estos últimos años, incorporando el gigante asiático tres corporaciones en el Top 10 Global 500: Sinopec (2), China National Petroleum (4) y State Grid (5).

Si en 2008 eran apenas 29 empresas chinas las que formaban parte del Fortune Global 500, consiguiendo una valoración conjunta de 1,1 billón de dólares, apenas el 5% del total de empresas, las 119 empresas que conforman el grupo en 2019 alcanzan una valoración de 7,9 billones de dólares, casi una cuarta parte de los 32,7 billones de dólares que representan las 500 empresas que forman la lista. La incorporación de un número significativo de empresas chinas ha supuesto que las empresas americanas pasen de representar el 30,6% de los ingresos en 2008, con una valoración conjunta de 7,7 billones de dólares, a suponer el 28,7%, generando unos ingresos totales de 9,5 billones de dólares.

La ambiciosa apuesta por la I+D que ha desplegado China en las últimas dos décadas ha hecho que las empresas chinas consigan situarse en los puestos de cabeza en la clasificación Fortune Global 500, justo por detrás del líder, Estados Unidos. Las compañías estadounidenses y chinas dominan ampliamente la clasificación, situándose a cierta distancia del resto de potencias, poniendo de manifiesto el crecimiento económico que ha protagonizado el gigante asiático en estos años. Por número de empresas, China incorpora más del doble de compañías que Japón (52), y cuatro veces más que Francia (31) y Alemania (29). A nivel de generación de ingresos, el valor en conjunto de las empresas chinas resulta dos veces y media superior al de las compañías japonesas, y cuatro veces superior al de alemanas y francesas que forman parte de esta lista.

La revolución tecnológica que vive China se aprecia claramente en la composición sectorial de las 119 empresas chinas que entran en la clasificación Fortune Global 500 de 2019. Destaca como principal sector el financiero, gracias al espectacular desarrollo de las empresas FinTech y su impacto en los medios de pagos en China, representando las 26 empresas de este grupo el 21,8% de la composición sectorial. El sector de energía es el segundo gran grupo, donde las 17 empresas que lo conforman representan el 17,6% de la composición sectorial. El compromiso de China por convertirse en un referente en la industria de renovables tiene su reflejo en la dimensión de sus empresas, con las que el gigante asiático se ha posicionado como líder mundial en renovables, invirtiendo el doble que las empresas estadounidenses y europeas juntas. El siguiente sector en importancia es el de materiales, siendo las empresas chinas las que dominan este apartado entre las corporaciones internacionales, contabilizándose 15 empresas chinas entre las 24 grandes firmas del sector de materiales en el Global 500, donde además China Minmetals, Amer International Group y China Baowu Steel Group forman parte del Top 5 de las compañías de materiales más importantes del mundo.

Las empresas tecnológicas tienen igualmente una representación importante en el Fortune Global 500, un ámbito dominado por el grupo de las 12 compañías que aporta Estados Unidos. En esta clasificación, Apple figura como la mayor empresa tecnológica, generando unos ingresos de 265.600 millones de dólares, casi el doble del valor de los cinco titanes tecnológicos chinos, que de forma conjunta suponen 266.800 millones de dólares. Aunque en cuestión de ingresos las empresas chinas todavía no compiten en la misma liga que las tecnológicas americanas, China, sin embargo, aporta a la lista Global 500 un número similar de titanes que Japón (7) y Taiwán (6), poniendo de manifiesto el impacto que suponen los BAT (Baidu, Alibaba y Tencent) en el desarrollo de la economía digital. En el caso de China, Huawei destaca como el mayor gigante tecnológico con unos ingresos de 109.000 millones de dólares, propulsor del despliegue de la tecnología 5G con la que China se va a posicionar como referente tecnológico mundial en ámbitos como la inteligencia artificial, el cloud computing, la robótica y la Internet de las Cosas.