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Terremotos y geopolítica

Las terribles consecuencias de los temblores de tierra que han asolado el Mediterráneo oriental van más allá de los miles de muertos que han causado y que ponen de relieve la importancia de tener buenas infraestructuras, edificaciones de calidad y servicios públicos eficientes.

Los terremotos, además. Van a impactar en la política interna de Turquía y las relaciones con sus vecinos y aflorar la debilidad de la situación en Siria, con zonas donde la guerra se mantiene, zonas sin control estatal ni nadie que haga llegar ayudas con lo que la contribución internacional corre grave riesgo de pillaje.

Pero, además, los seísmos han introducido una variante económica que puede tener un efecto profundo en el escenario internacional, dese Ucrania a China. Y es que la catástrofe ha destruido casi en su totalidad los oleoductos que suministran petróleo y gas desde Asia Central a Europa. Por esa vía ha venido llegando energía a Europa, en sustitución de los recursos rusos (aunque también gas y petróleo ruso de contrabando) y obteniendo así aquellas repúblicas ex soviéticas, sobre todo Azerbaijan, ingresos occidentales imprescindibles para su desarrollo y culminar el proceso de desligamiento de los lazos económicos con Rusia, que en estos momentos no está en una buena situación ni para ayudar ni para invertir. Y ahí juega un papel importante China, que venía financiando infraestructuras en su estrategia de reconstruir una Ruta de la Seda terrestre hacia Europa.

Todo este escenario ha quedado del revés y va a afectar profundamente una región tradicionalmente inestable, política, económica y militarmente, y al juego de la influencia de las grandes potencia en una región tan estratégica como Asia Central. La naturaleza y sus reajustes internos ha introducido un elemento nuevo que va a tener que ser incluido en los planes a corto, medio y largo plazo de los que intentan adivinar y planificar el futuro.

China cambia el paso económico

Al calor del parón económico general y de las dificultades económicas chinas, las inversiones procedentes de la potencia asiática están cambiando de perfil y de objetivos en Europa y concretamente en España. Según la Secretaría de Estado de Comercio Exterior, las inversiones chinas en el primer semestre del 2022 se situaron en apenas 49 millones de euros. Equivalen a una fracción de los 435 millones del conjunto del 2021, los más de 3.000 millones alcanzados en el 2017 o los 9.585 millones de la suma de los últimos diez años.

El periódico La Vanguardia ha venido informando de que La firma GBS Finance, que ha acompañado a inversores chinos en operaciones en España como la de Mediapro o GBFoods, detecta varias causas para la drástica caída de la inversión. Tienen que ver con un cambio de actitud tanto de China como de los países occidentales.

“Antes venían a invertir en todos los sectores, pero con la nueva estrategia one belt one road algunos sectores han entrado en la lista negra”, al considerarse “especulativos”, entre ellos el inmobiliario y los relacionados con el ocio. “Además, Europa y Estados Unidos están protegiendo sus activos estratégicos” en áreas como la infraestructura, la defensa, el agua o la tecnología, que es lo que más gusta a China, indican desde GBS.

La consecuencia es que el inversor chino “ha cambiado el paso” y ahora, más que en comprar un negocio, “piensa en un socio estratégico, con equipos de gestión local, que le abra el mercado europeo y al que pueda abrir el mercado chino”.

China ya no crece como antes y mide más sus alegrías económicas y el uso de sus inversiones para ganar, además de áreas de negocio, influencia, poder y planes de futuro. La pandemia y los errores chinos en su gestión, las consecuencias de la agresión rusa en Ucrania que desestabiliza los planes chinos aunque Pekín tenga que seguir sonriendo a su aliado Putin y la reacción de cohesión de las sociedades democráticas están configurando un escenario mundial al que China está intentando adaptarse y obtener beneficios y ventajas.

Esto  condiciona la estrategia global china, sus gastos en Defensa, los compromisos de inversiones sin más beneficio que su influencia en Asia Central y en el Índico. Son datos a tener en cuenta.

INTERREGNUM: La ruptura China-Occidente. Fernando Delage

La percepción occidental de China ha cambiado radicalmente en pocos años. La realidad de una República Popular más asertiva, que recurre a la coerción económica y la desinformación, y que no oculta su ambición de convertirse en una gran potencia militar, ha llevado al abandono de una política de acercamiento mantenida durante décadas, y basada en la convicción de que la interdependencia económica y un intercambio más estrecho entre sus respectivas sociedades conducirían gradualmente a una China más abierta y plural. Por el contrario, el sistema político se ha vuelto más represivo, la economía más intervencionista y la política exterior más beligerante, obligando a un giro en la estrategia occidental.

¿Cómo se ha pasado del entusiasmo por China como oportunidad económica y socio frente a los problemas globales a la preocupación por China como competidor y potencia rival? ¿Cuáles han sido las causas? ¿Ha sido Xi Jinping el principal responsable de esa evolución, o es la consecuencia inevitable de una China más poderosa? Aunque el comportamiento de Pekín en un número cada vez mayor de frentes hacía de la República Popular un desafío para los intereses y valores del mundo democrático, la crisis del Covid-19, primero, y el apoyo de Pekín a Moscú tras la invasión de Ucrania por esta última, después, sirvieron de señales definitiva de alarma.

La historia de esta ruptura es el objeto de un imprescindible libro de Andrew Small, investigador del German Marshall Fund. En No Limits: The Inside Story of China’s War with the West (Melville, 2022), Small describe con todo detalle por qué y cómo los gobiernos europeos y norteamericanos (sin olvidar a Japón y Australia) concluyeron que había que frenar los planes de dominio chino; un esfuerzo que requería ante todo una estrategia coordinada. Mediante su acceso a docenas de dirigentes políticos y expertos en distintos puntos del planeta, el autor reconstruye paso a paso el cambio de percepción occidental y la formación de su respuesta.

Dos ideas fundamentales inspiraron la reacción frente a China. La primera fue la apreciación de que economía y seguridad son indivisibles en el mundo contemporáneo. La competición con la República Popular es simultáneamente económica, tecnológica y militar, por lo que el recurso a sanciones comerciales convencionales es del todo insuficiente. En segundo lugar, se extendió la conclusión de que continuar permitiendo a China el libre acceso a sus mercados y a determinados sectores estratégicos, no haría sino facilitar su superioridad tecnológica en el futuro, dañando de manera irreversible la posición de Occidente en la economía global.

El análisis del plan “Made in China 2025” y la reflexión sobre las implicaciones estratégicas de la telefonía 5G son identificados por Small como los hechos decisivos que causaron el cambio de opinión sobre China entre las elites políticas y económicas occidentales. De repente, todo un abanico de áreas que nunca habían estado implicadas en relación con este país—normas de competencia, derecho a la privacidad, política industrial, supervisión de inversiones, etc—adquirieron una nueva dimensión. El 5G en particular planteaba riesgos de seguridad de un alcance mayor: la cesión de infraestructuras críticas a empresas chinas supondría una amenaza existencial a la soberanía tecnológica occidental, además de ser un instrumento a través del cual China podía imponer su concepción iliberal del orden social.

Con anécdotas reveladoras, y al ritmo de una novela de acción, Small describe cómo China dejó de ser un asunto importante para convertirse en una cuestión urgente. Después de discutir durante una larga década sobre la necesidad de reajustar la estrategia hacia China, la decisión finalmente se precipitó. La seguridad de las telecomunicaciones o la vulnerabilidad de las cadenas de suministro, entre otros riesgos, se vieron de otra manera al adquirirse una mejor comprensión de la dirección a la que Xi Jinping estaba conduciendo al país bajo su liderazgo. La gestión de la pandemia, originada en la ciudad de Wuhan, y el apoyo a Rusia tras invadir ésta Ucrania y atacar el orden de seguridad europeo, eliminaron cualquier duda que aún pudiera quedar. La confrontación se hizo inevitable.

Biden, África, Rusia y China. Nieves C. Pérez Rodríguez

La semana pasada Washington recibió a unas 50 prominentes figuras de África entre líderes políticos y económicos quienes atendieron la invitación del presidente Biden a la Cumbre africana. El evento, que paralizó en parte la ciudad. tuvo una duración de tres días y destacó el compromiso de Estados Unidos de expandir y profundizar su alianza con países, instituciones y ciudadanos de África.

El mundo está cambiando rápidamente y en esos cambios la participación de los Estados Unidos en África debe cambiar y profundizarse, decía el documento oficial de la Casa Blanca. Así mismo están apoyando a la Unión Africana para que se incorpore al G20 como miembro permanente y también expresaron su apoyo al deseo de África de tener un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

África es el hogar de mil millones de personas y la inversión de China en África es aproximadamente cuatro veces mayor que la de Estados Unidos, por lo que parece que la Administración Biden ha comenzado a dar prioridad a actores que puedan ser determinantes en mantener cierto equilibrio internacional. En tal sentido, la cumbre comenzó con el anuncio de que Washington destinará 55.000 millones de dólares a África en los próximos tres años.

Es de destacar que las relaciones entre China y África han sido profundas, no en vano Beijing tiene una base militar en Yibuti y en las últimas dos décadas ha tenido mucha influencia en la toma de decisiones; mantiene cercanía con los líderes, y, en efecto, el ministro de Exteriores chino tiene como tradición visitar los países africanos al comienzo de cada año, cosa muy distinta a las visitas oficiales de estadounidenses, que más que escasas son casi inexistentes. Sin embargo, durante la cumbre también se anunció que la primera dama y la vicepresidenta junto con otras personalidades planifican visitas a distintas partes del continente durante 2023.

Rusia también ha invertido muchos esfuerzos en abrir y mantener relaciones comerciales con África y de hecho han desarrollado proyectos de infraestructuras allí y ha ampliado su influencia militar incluso a través de mercenarios como el grupo Wagner, afirma Kevin Liptak, corresponsal de CNN para la Casa Blanca.

El secretario de Defensa Lloyd Austin, durante la cumbre, afirmó que “Estados Unidos sabe que Rusia sigue vendiendo armas baratas a lo largo y ancho del continente africano, así como que emplean mercenarios, lo que es desestabilizador”.

Dada la creciente preocupación de la inseguridad alimentaria internacional, agudizada con la invasión rusa a Ucrania, la Administración Biden está explorando opciones para crear un sistema de seguridad alimentario sostenible más resiliente, que pasa por mejorar el sistema de cultivo, venta y distribución de alimentos, por lo que hay que aseguran que invertirán en infraestructura de riesgo, carreteras, almacenamiento de granos, etc. Así como en fertilizantes que ayuden a la mejora de los cultivos africanos.

Otra prioridad en la agenda de la Casa Blanca es el cambio climático y la implementación de políticas ambientales en el continente junto con la mejora de intercambio comercial que, ya muchos países han estado buscando explorar la ley de oportunidades y crecimiento africano de EE. UU que vence en 2025 y que permite el acceso al mercado estadounidense bajo condiciones favorables que, en efecto ha ayudado al crecimiento de países como Etiopía.

Y, como era de esperar, los defensores de derechos humanos condenaron la decisión de Biden de invitar a líderes africanos autocráticos, como Teodoro Obiang de Guinea Ecuatorial o como Abiy Ahmed de Etiopía, cuyo gobierno está acusado de crímenes de guerra generalizados en el conflicto en la región del Tigray. Pero al final, el pragmatismo económico parece estar dirigiendo la agenda demócrata estos días.

Está claro que Washington ve con preocupación la influencia rusa y china por el mundo, por lo que poner el foco en África parece ser parte de su estrategia, pero no es un hecho aislado, sino que también se suman las reacciones de algunas naciones africanas que han expresado su preocupación ante la invasión de Ucrania, o que han visto los desastres de obras de infraestructura chinas en el continente, o la manipulación con la que son tratados por Beijing cuando no se pliegan a sus deseos, o, como se ha podido ver durante la pandemia, la escasez de productos básicos y alimentos, lo que parece estar animando a los líderes a entender que no siempre el mejor aliado es el que más ofrece a priori sino el que responde cuando se pide sin imponer costosas cargas para la nación receptora.

 

China: que la tensión no se relaje

China sigue aumentando a tensión en el Mar de la China Meridional dando cada día más pasos, se supone que controlados y muy medidos, para recordar sus ambiciones de control total de las rutas comerciales y de anulación del régimen democrático de Taiwán ocupando la isla. Ahora, Pekín desarrolla nuevas maniobras aeronavales con Rusia en aquellas aguas desplegando en las mismas lo mejor de su armada, aún muy lejos de las capacidades de EEUU y sus aliados en la región.

Según observadores de varios países  de la zona, al menos nueve buques se encuentran ya navegando en la zona, si bien no han trascendido detalles sobre la posibilidad de que todos ellos participen en los ejercicios, según informaciones del diario ‘South China Morning Post’. Las autoridades japonesas han confirmado, a su vez, que el portaaeronaves ‘Liaoning’ ha atravesado el estrecho de Miyako, que separa las islas de Okinawa de la de Miyako. La embarcación se ha visto escoltada por varios destructores de la Armada china.

China sigue exhibiendo músculo en un contexto en que EEUU está recomponiendo, no sin dificultades y desconfianzas de algunos de sus aliados, las alianzas en la región en la que el Aukus, el acuerdo político militar entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos, refuerza en sistema de seguridad regional con proyectos de desliegue de nuevas capacidades militares pensadas para hacer frente a las amenazas chinas.

Rusia, por su parte, está de visitante en el terreno militar. Aunque provee a China de recursos energéticos y tecnología, la flota rusa del Pacífico esta en un grado bajo de operatividad y mantenimiento y los planes de Putin de comenzar a actualizarla se han visto truncados por la invasión y los fracasos en Ucrania y la incapacidad actual de contar con presupuesto suficiente.

China visita Oriente Próximo

La visita del presidente chino a Arabia Saudí y sus conversaciones con dirigentes de los Emiratos Árabes Unidos señalan bien a las claras la  estrategia china (como detalla el profesor Fernando Delage en esta edición) de ir tejiendo nuevas alianzas en otras áreas geográficas, asegurarse el suministro energético diversificado y ganar espacio en áreas donde Estados Unidos está pero no avanza y Rusia no puede aumentar su presencia.

Tras el desencuentro entre los saudíes y EEUU por negarse aquellos a aumentar la colocación de petróleo en los mercados y contribuir a una bajada de precios, Ryad y Pekín han precisado en un comunicado conjunto que ““La República Popular China acogió con satisfacción el papel del reino como promotor del equilibrio y la estabilidad en los mercados mundiales del petróleo y como uno de los principales exportadores de crudo a China”.

Arabia Saudí lleva años en un programa de diversificación económica que le permita reducir su dependencia del petróleo y en ese plan es vital el capital chino que a su vez obtendría más crudo y más barato para las necesidades chinas. Hay que recodar que China ya tiene un sustancioso acuerdo con Irán y otro con Qatar para la obtención de gas natural. Y eso, sin descuidar las relaciones chinas con Israel donde ya gestiona parte de la gestión del puerto de Haifa y pugna por contratos de desarrollo industrial en áreas del transporte y en programas de investigación en tecnología de energías renovables.

En esta reconfiguración del mundo y de reformulación de los equilibrios de poder que la agresión rusa a Ucrania está acelerando, China, a pesar de sus errores con el Covid y su ralentización económica, está demostrando más audacia y mas iniciativa que nadie y eso, a veces, no parece ser entendido del todo por occidente y EEUU, más allá de sus ácidas críticas a China, no parece estar dispuesto a disputar influencias sobre el terreno al margen de demostrar su disposición a implicarse militarmente en la defensa de Taiwán si fuera necesario. ¿Y Europa? Ni está ni se le espera por el momento.

China-Estados Unidos: perimetrar el conflicto

Se llama perimetrar un incendio al proceso de delimitar la zona del mismo, aislarlo de puntos de extensión, contenerlo dentro de esos límites y poner en marcha planes de extinción.

Algo parecido han ensayado Biden y Xi en Bali. Sin abandonar el lenguaje duro, sin ocultar las amenazas chinas sobre Taiwán, sin atenuar Biden las denuncias sobre las agresiones chinas a los derechos humanos y sin rebajar un punto el compromiso estadounidense con reforzar la defensa militar aliadas en el Pacífico, China y Estados Unidos han subrayado la necesidad de mantener abiertas vías de comunicación sobre cada conflicto, negociar los contenciosos comerciales y deplorar las amenazas de Putin, socio de China en muchos aspectos, de utilizar armas nucleares para endr3zar su fracaso en Ucrania.

Pero el encuentro entre los dos mandatarios proporciona beneficios an amas potencias. China gana tiempo en un escenario de menor crecimiento económico y proporciona tiempo a Estados Unidos al reducir teóricamente la amenaza de invasión (por el momento) a Taiwán; Biden tras su derrota limitada en las elecciones americanas gana imagen de liderazgo internacional y ofrece a China la imagen de segunda potencia mundial con Rusia contra las cuerdas.

Sin embargo apenas hay margen para acuerdos reales. Respecto a Taiwán y a la política china sobre los derechos humanos en su país no puede haber avances con la autocracia de Pekín y respecto a los contenciosos comerciales tampoco por cuanto China, cuya economía no existe sin una fuerte dosis de intervencionismo estatal hala cínicamente de respetar el libre comercio y las leyes que Pekín viola a diario. Sí hay margen, a pesar de todo, para acuerdos parciales sobre aspectos económicos en que ambos países jueguen al gato y al ratón conteniendo Estados Unidos algunas prácticas chinas y obteniendo China algunos compromisos de no interferir mucho sus negocios crecientes en África y América Latina.

Y el dossier Ucrania. Aunque se ha publicitado menos, una parte importante de las tres horas de reunión entre Biden y Xi se dedicaron a analizar las posibilidades de presionar o convencer a Putin de que acepte unas conversaciones de paz respetando la integridad territorial de Ucrania (así lo proclama China). Pero no ha habido avances. Ambas partes reconocen internamente que la arrogancia rusa le impide reconocer su derrota y abrir negociaciones y que Ucrania, en pleno avance militar cree que negociar ahora sin explotar su ventaja sería un favor a Rusia. Pero Estados Unidos y China han pactado seguir en contacto sobre este asunto buscando un clima de distensión que ambas economías necesitan-

Y en este contexto sorprende la arrogancia del presidente español, Pedro Sánchez, que antes de su propia entrevista con Xi para ofrecer oportunidades de inversión a empresas chinas ha anunciado pomposamente que insistirá a Pekín en la necesidad de convencer a Putin para ceder. Vivir para ver. Aunque, si se abre la vía chino estadounidense sobre Ucrania veremos repartir medallas en La Moncloa.

China-Ucrania: se estrechan los márgenes de maniobra

China ha vuelto a advertir a Moscú, indirectamente y sin romper formalmente su defensa del régimen de Putin, de que le conviene y con urgencia iniciar y promover una desescalada de la guerra en Ucrania. El bombardeo masivo de ciudades ucranianas tras la explosión en el puente de Kerch que une a Crimea con el territorio ruso (de la que no existen pruebas de que ha sido obra de Ucrania aunque a Kiev le hubiera encantado hacerlo y como tal lo ha celebrado) Pekín ha sentido, como en casi todo el mundo, el temor a una guerra más amplia, con mas protagonistas y armas de destrucción más masiva en la que China no puede ganar mucho. En la misma posición aunque por razones ligeramente diferentes está India. El frenazo económico chino, sus propios planes estratégicos a medio y largo plazo están en el origen de los argumentos chinos.

La pretensión de lograr un acuerdo de paz cuanto antes es una bandera que cada vez levantan con más brío los hasta ahora aliados de Putin, señal de que piensan que en la situación actual sus intereses y los de Moscú pueden lograr más alcanzando un acuerdo ahora porque una derrota puede producirse, lo que hasta hace un mes la posibilidad de que Ucrania logre frenar o incluso derrotar a las tropas rusas no estaba sobre el terreno.

El escenario internacional sigue evolucionando a ritmo ucraniano, con el chantaje nuclear movido por Rusia y sus instrumentos de propaganda, con una Europa Unida a pesar de algunas ligeras brechas originadas por el temor a la crisis energética y por recelos alimentados por la historia europea, las mentiras rusas y el populismo barato.

Rusia: Las anexiones refuerzan el frente interno y debilitan el externo

No parece que el balance de las anexiones de cuatro regiones ucranianas por parte de Moscú sea positivo para Vladimir Putin y su proyecto neoimperiaista. La operación de apropiarse de nuevos territorios por la fuerza, que tiene su más grave precedente en Europa con la anexión por parte de Hitler de los Sudetes y de Austria en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial, ha satisfecho al creciente nacionalismo ruso (que nunca ha sido escaso) pero ha significado un mayor aislamiento ruso en el plano internacional con significativo distanciamiento de China y Rusia. Y además, el acto de piratería ruso se produce en el marco de un retroceso  militar de las tropas de Putin precisamente en las regiones proclamadas como nuevos territorios rusos.

No hay que olvidar que prácticamente todos los países del mundo tienen  contenciosos territoriales con sus vecinos (con mayor o menor tensión) y estos focos de conflictos están contenidos en base a unas pocas convenciones internacionales en las que la regla de oro hasta ahora tras la criminal agresión de la Alemania de Hitler es renunciar a la rectificación de fronteras por la vía de las armas. De ahí que las burdas maniobras criminales de Putin hayan llevado el nerviosismo a todo el planeta.

Desde Pekín han precisado: “Siempre hemos sido claros. Hay que hacer todos los esfuerzos posibles por la paz, respetar la integridad territorial de todos los países  y prestar atención a las legítimas preocupaciones de todos los países” y el gobierno de India se ha manifestado en términos similares a la vez se han ofrecido una vez más a mediar para encontrar un marco de conversaciones de paz entre rusos y ucranianos.

Como ya hemos subrayado en ediciones anteriores, China necesita restablecer la estabilidad en los mercados cuanto antes y evitar un mayor deterioro de las economías europeas donde Pekín tiene algunos de sus socios más importantes. La economía china lleva varios meses desacelerando y aún retrocediendo en sectores importantes.

Rusia puede haber dado un paso más en falso aunque su régimen insiste en cerrar los ojos a la realidad y aún amenazar con escenario bélico nuclear que es un riesgo improbable pero un riesgo hay que responder aguantando el tipo, la serenidad y la voluntad de no ceder primero y vencer después al proyecto imperial ruso.

China busca más protagonismo en medio de la crisis

China se debate entre un menor crecimiento económico y unas mayores necesidades financieras derivadas de exigencias políticas derivadas de la cambiante situación internacional.

El primer semestre del año no ha resultado, desde el punto de vista económico, como preveían las autoridades de Pekín. La combinación de la perturbación del comercio internacional provocada por las medidas contra la pandemia (en la que ha tenido un papel especial el cierre durante bastante tiempo del puerto de Shanghai), la invasión de Ucrania y la convulsión del panorama internacional y las consecuentes oscilaciones de los recursos energéticos y sus precios con gran impacto en las economías europeas (importantes mercados para China) han creado una situación delicada para Pekín. Y esto tiene lugar cuando China lleva años preparándose para anunciar una nueva etapa que ha de consolidar su papel de protagonista principal del planeta.

Así, China está recortando sus inversiones internacionales y repatriando capitales y empresas para volcarse en gastos comprometidos en su sus planes estratégicos de impulso de la Ruta de la Seda en sus diversas versiones terrestres y marítimas. Entre otras cosas porque necesita reforzar presencia e influencias en Asia Central, sur y occidental y aprovechar la debilidad rusa derivada del empantanamiento de Moscú en la guerra en Ucrania.

Y precisamente en relación con Ucrania China ha ofrecido su mediación en la ONU buscando el equilibrio entre su apoyo oficial a Rusia y su necesidad de que la guerra acabe para llegar a una estabilidad que favorezca sus negocios. La posición de China ante la agresión rusa ha sido la de proclamar su alianza con Moscú y, a la vez, recordar la necesidad de respetar la integridad territorial de las naciones que es precisamente lo que está llevando a cabo Rusia en un remake más torpe militarmente que el de Hitler en los años 30 y 40. Un ejemplo de  la contradicción china es que no ha acompañado su oferta de mediar con una condena con la anexión planificada por Rusia de varias regiones de Ucrania Oriental.

Estos movimientos chinos y sus paralelas provocaciones a Taiwán está siendo respondidos por EEUU con distanciamiento respecto a Ucrania y reforzamiento de alianzas en el Indo Pacífico. Biden se acerca a India (con mucha cautela por sus relaciones con Rusia), la vicepresidenta Kamala Harris se encuentra de gira diplomática por Japón y Corea del Sur y prosigue a buen ritmo el reforzamiento militar de Australia en el marco del Aukus como instrumento para disuadir a China de aventuras peligrosas.