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¿A las puertas de una guerra entre China y Estados Unidos? Nieves C. Pérez Rodríguez

“Estados Unidos estará en guerra con China en dos años”, fue la predicción hecha por Mike Minihan, un general en activo de la Fuerza aérea estadounidense y jefe del Comando de Movilidad Aérea, en un memorándum enviado el pasado viernes a los oficiales bajo su cargo.

La comunicación estaba dirigida a todos los comandantes del Comando de Movilidad Aérea y otros comandantes operativos de la Fuerza Aérea, en el que les ordena que informen sobre los esfuerzos para prepararse para la lucha contra China. Valga mencionar que este comando tiene cerca de 50.000 miembros en servicio y cerca de 500 aviones vinculados al mismo.

El general Minihan explica en la misiva que tanto Taiwán como EE.UU. tendrán elecciones presidenciales en 2024, por lo que Washington estará distraído y el presidente chino tendrá una oportunidad de avanzar con sus planes en Taiwán, Aunque en el mismo memorándum expresa su deseo por estar equivocado, explica que su instinto le dice que peleará en 2025.

El Pentágono confirmó la autenticidad del memorándum mientras que afirmó que no ha cambiado nada en la política exterior estadounidense. Aunque cabe recordar que ya en el 2021 el ex comandante y cabeza del Comando unificado de combate estadounidense responsable por la región del Indo-Pacífico, el malmirante Phil Davidson, señaló que China podría invadir Taiwán en el 2027.

Por su parte, la comunidad de inteligencia de EE. UU. cree que China está activamente intentando construir un ejército capaz de apoderarse de Taiwán, a pesar del reiterado apoyo público brindado por Washington a la isla. En tal sentido, Avril Haines, directora de inteligencia nacional dijo en el Senado en mayo del 2022 que “Nosotros vemos que China está trabajando duro y eficientemente para encontrarse en una posición en que sus militares tengan la capacidad de tomar control de Taiwán a pesar de nuestra intervención”.

El actual director de la CIA, Bill Burns, dijo en julio que el presidente chino está decidido a tomar el control de Taiwán, pero que está estudiando las lecciones de las deficiencias rusas en Ucrania antes de tomar medidas.  Agregó además que “no se puede subestimar la determinación del Sr. Xi Jinping de conseguir el control sobre Taiwán a través de acciones militares en los próximos años. Está trabajando para asegurarse de que el Ejército Popular de Liberación tenga las capacidades para una invasión exitosa de la isla democrática”.

Lloyd Austin, el secretario de Defensa de los Estados Unidos explicaba frente al Congreso en mayo del año pasado que “si bien Rusia es peligrosa, China sigue siendo la amenaza que marca el ritmo de los Estados Unidos”.  Y justificaba la solicitud presupuestaria para el 2023 de su institución en la que solicitó 6 mil millones de dólares en la “Iniciativa de Disuasión del Pacífico”. De acuerdo con la nueva estrategia de Defensa Nacional, El secretario Austin afirmaba “vamos a mejorar nuestra postura de fuerza, infraestructura, presencia y preparación en el Indo-Pacífico, incluida la defensa antimisiles de Guam”.

Justo un día antes de que el General Minihan  enviara el memorándum alertando de la amenaza de guerra entre China y los Estados Unido salió un interesante episodio del One Decision Podcast en el que el exdirector de la CIA y exjefe del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, el general, Michael Hayden, intercambiaba sus opiniones con Sir Richard Dearlove, exjefe del MI6 inglés, sobre cómo ha cambiado la geopolítica internacional y sus valoraciones sobre los riesgos de esta era.

En la profunda discusión entre ambos ex espías admiten que a pesar de que Putin se encuentre en este momento detonando armamento de guerra cada día en Europa y que Rusia parezca ser la amenaza latente, ambos coinciden en que la verdadera amenaza para las democracias es China. Rusia está destruyendo Ucrania indudablemente, tiene atemorizados a los europeos, pero “Rusia está de caída”. Explican que en su opinión Putin se atrevió a invadir Ucrania en un intento por proyectar una imagen de mayor fortaleza de la que verdaderamente tiene en este momento.

Ambos exjefes de inteligencia aceptan que hay muchos riesgos latentes, pero ninguno del calibre de China. En el análisis manifestaron su convicción de que India jugará un rol clave para equilibrar el poder de China. Un cambio que comenzó en la era de Bush, cuándo Washington modificó su comportamiento hacia India y se embarcó en unas relaciones bilaterales con Delhi distintas y más apacibles.

A pesar del carácter nacionalista de gobierno de Modi, India ha apoyado este cambio y aceptado el acercamiento, basado probablemente en sus grandes preocupaciones domésticas como Pakistán, pero entendiendo que su gran problema es China, por lo que India servirá de equilibrio internacional. Y tal y como afirmó Sir Dearlove “a pesar de las imperfecciones del Estado indio es una democracia funcional, la democracia más grande del mundo”.

En tal sentido, valoraron como muy probable que Estados Unidos comience a vender y distribuir equipo bélico y militar a India pues no tiene ninguna lógica en el contexto actual que siga comprándole su arsenal a Rusia.

Los ex directores de inteligencia valoran los cambios recientes, como el de Australia que ha comenzado a aumentar su capacidad militar a pesar de que venía de ser verdaderamente pequeña en el pasado, y el cambio de Japón en duplicar su gasto d defensa en los próximos cuatro años y reforzar su armamento para conseguir dotarse de capacidad para alcanzar bases enemigas son el claro reflejo de una realidad que amenaza cada día más a las democracias.

Otra prueba de ese cambio de patrones internacionales es la visita del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg este domingo a Corea del Sur, quien hizo su primera escala en Seúl y continuará con otra parada en Tokio. “Necesitamos fortalecer la asociación entre Corea y la OTAN porque la seguridad está cada vez más interconectada, lo que sucede en Asia, el Indo-Pacífico, es importante para Europa, para la OTAN y viceversa”.

Insistió en que la “necesitamos abordar las amenazas y desafíos globales, incluidos los provenientes de China, y para ello hay que trabajar de cerca con los socios en la región”. Las palabras de Stoltenberg resumen bien el sentimiento global de los aliados y la necesidad de prepararse ante la amenaza que representa Beijing para las democracias, el comercio, la libre circulación de los mares, la salud pública, libertad de culto, privacidad de data, libertad de expresión… y lo vulnerable y cercana que tenemos la amenaza…

 

China, amenaza real

Soplan vientos de preparación para la guerra en el Pacífico, como señala en esta edición desde Washington nuestra colaboradora Nieves C. Pérez,y Estados unidos y sus aliados no han bajado ni un punto la alerta sobre los movimientos chinos, sus proclamadas ambiciones de neutralizar la democracia en Taiwán y anexarse el territorio y la expansión de su influencia regional.

Pero para lanzar ese desafío, China necesita, de momento, tiempo. El parón económico provocado por sus errores con la pandemia y los desajusten en la economía mundial provocados por la agresión rusa a Ucrania, son elementos a tener en cuenta por Pekín antes de embarcarse en una aventura militar que exigirá un inmenso coste en vida humanas y en recursos.

Pero en cualquier caso, los estrategas aliados conocen la historia de los conflictos y saben que cuando un país tiene voluntad y discurso de agredir, la agresión puede producirse al margen de las posibilidades reales del agresor de obtener una victoria. Y ese riesgo es el que está en origen de los planes de alerta, del reforzamiento de los lazos con los aliados en la zona, fundamentalmente Australia, Japón y Corea del Sur, sin olvidar un acercamiento a India que tiene un enorme valor estratégico y la creación de un ambiente de explicación de la amenaza china que evite sorpresas y, desgraciadamente, prepare a las sociedades por si se produjera un conflicto que puede llegar a tener dimensiones desconocidas.

La guerra de Ucrania ha revelado que ante una amenaza grave y tangible, la Europa democrática tiende a estrechar lazos, entre sí y con Estados Unidos y esa es una buena señal, pero no deben descuidarse las señales de debilidad que se perciben, los signos de agotamiento y las cada vez menos sutiles sugerencias de que tal vez sea ahora de presionar a Ucrania para que llegue a algún acuerdo con Rusia para una paz vergonzosa a costa de su propio territorio nacional. En este sentido son especialmente relevantes los argumentos del ex ministro de Pedro Sánchez y ex dirigente comunista, Manuel Castell expresados hace unos días en que intentando justificar una cesión ante Putin llega a sostener que la cesión de Chamberlain ante Hitler que convenció al dictador alemán de que podía comenzar la guerra, fue un acierto.

Atención. Ante un conflicto con China, las presiones para ceder antes de luchar, la comodidad y el comprensible miedo, serán armas poderosas en manos de Pekín y accionadas en nuestras propias sociedades.

Tokio y Washington más amigos que nunca. Nieves C. Pérez Rodríguez

La visita del primer ministro japonés, Fumio Kishida, junto con altos funcionarios de su gobierno a Washington la semana pasada, a menos de un mes del anuncio hecho por Tokio de su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, prueba el nivel de alerta en materia de seguridad  en la que se encuentra Japón en su entorno, con una Corea del Norte que se ha empecinado en desarrollarse nuclearmente como una vía de supervivencia probando misiles cada pocos días, con un Taiwán amenazada con perder su autonomía y libertades y una China cada más poderosa militarmente cuya expansión en cuanto a territorio y valores representa el mayor de los riesgo para la región y el mundo.

El equilibrio de poderes a nivel global está en entredicho. La seguridad y la paz internacional se han visto violentadas con hechos como la invasión rusa a Ucrania que ha despertado a muchos románticos que cosecharon la esperanza de una Rusia más civilizada y en mayor consonancia con los valores democráticos. La cercanía de Beijing y Moscú justo en medio del padecimiento de Europa en territorio propio de una guerra y las consecuencias de esta ha revivido la posibilidad de una guerra a mayor escala y ha acelerado acercamientos pragmáticos.

En este sentido, la visita de las autoridades japonesa a Estados Unidos sirvió para mucho más que apretones de manos y fotos, pues hubo anuncio de acuerdos estratégicos. En cuanto al encuentro en materia de seguridad llamado 2+2 entre el secretario de Estado y su homólogo japonés y el ministro de Defensa nipón y el secretario de Defensa se acordó fortalecer la cooperación bilateral para un uso efectivo de las capacidades de contraataque de Japón. Por lo que los japoneses están duplicando su gasto de Defensa en los próximos cuatro años y reforzando su armamento para tener capacidad de alcanzar bases enemigas. El paraguas nuclear estadounidense que protege a Japón se expandirá también al espacio para incluir satélites nipones, lo que es otro reflejo del profundo nivel de cooperación que ha alcanzado esta alianza bilateral.

El secretario de Defensa estadounidense anunció que los marinos designados en Okinawa, en la parte más al sur de las islas japonesas cercanas a Taiwán, contarán con más capacitación y rapidez de reacción ante una potencial crisis. Mientras se van preparando para responder frente a un ataque real, de momento sirve como un efecto disuasorio para minimizar las provocaciones de Beijing que cada vez son más constantes. También se informó que Tokio se equipará con misiles de largo alcance. Todo esto mientras los aliados intentan navegar los avances tecnológicos chinos que representan per se otro grandísimo riesgo.

Tokio ya contaba con una Estrategia de Seguridad Nacional elaborada en el año 2013 pero este nuevo relanzamiento se debe a que “la comunidad internacional ha pasado por cambios rápidos, sobre todo el centro de gravedad del poder global que se traslada a la región del Indo- Pacífico”. Y continúa el documento oficial “es probable que estos cambios continúen a mediano o largo plazo y acarreen consecuencias históricas que transformarán la naturaleza de la comunidad internacional”.

De igual forma, la estrategia explica como los dominios cibernéticos, marítimos, espaciales y electromagnéticos muestran más riesgos para el libre acceso. En particular la amenaza de los ciberataques que es cada vez mayor pues se han venido utilizando para inhabilitar o destruir infraestructuras, interferir en elecciones extranjeras, exigir rescates y robar información confidencial, siendo en muchos casos patrocinados por Estados. Por lo que predicen que las guerras futuras serán híbridas, en las que se combinen medios militares y no militares, haciendo uso de la desinformación mediática generando por tanto confusión antes de un ataque armado.

Tanto para Japón como para Estados Unidos la región del Indo-Pacífico es el núcleo de la actividad global y hogar de más de la mitad de la población del planeta. Su dinamismo económico por tanto es inmenso, por ser la intersección del Pacífico y el Índico, ambos océanos son motores de crecimiento mundial. Y además la región tiene también el reto de contar con Estados con grandes capacidades militares, armas nucleares y valores humanos opuestos a lo establecido por el derecho internacional que representan un gran riesgo para el bienestar del mundo.

China es, sin lugar a duda, la mayor de todas las amenazas, razón por la que el QUAD (Estados Unidos, India, Australia y Japón) aunque cuenta con más de 15 años de creado, ha sido reforzado por la Administración de Biden, mientras crearon el AUKUS a finales del 2021 en busca de fortalecer y dotar de capacidad y respaldo a Australia y reforzar la cooperación en tecnología avanzada de defensa, como inteligencia artificial y vigilancia de larga distancia. Por lo que ambas organizaciones junto con la cercanía de la relación bilateral nipón-americana vienen a robustecer aún más la defensa del estado de derecho y el desequilibrio en la región del Indo- Pacífico.

Biden dijo en febrero del 2021 que “las alianzas de Estados Unidos son nuestro mayor activo y liderar con diplomacia significa estar hombre con hombro con nuestros aliados y socios claves”. El siglo XXI ha mostrado nuevas retos y amenazas, el progreso tecnológico y la globalización unieron y ayudaron tremendamente al mundo en el siglo XX, pero hoy es el detonante de la división que estamos viviendo y la razón de los nuevos equilibrios de poder global que están marcando el curso de la historia.

THE ASIAN DOOR: Filipinas, bisagra geopolítica del Pacífico. Águeda Parra

La geopolítica del gasto en infraestructuras ha pasado a formar parte del soft power de las grandes potencias que buscan afianzar su posicionamiento internacional mientras estrechan los vínculos de cooperación con países cuyo déficit en infraestructuras se ha ido acrecentando en las últimas décadas. La iniciativa china de la nueva Ruta de la Seda, pero también la versión europea Global Gateway y la apuesta estadounidense Build Back Better, representan una nueva era en el despliegue de diplomacia global.

El gasto en desarrollo de infraestructuras ha sido una de las principales palancas de China para desplegar influencia en la región del Indo-Pacífico. El buque insignia del puerto de Gwadar en Pakistán, los gaseoductos y oleoductos que atraviesan Myanmar hasta conectar con el suroeste de China, y la conexión ferroviaria en alta velocidad con Laos son algunos de los grandes proyectos promovidos por la geopolítica del gasto en infraestructuras en los últimos años. En la última década, muchos países de la región se han incorporado al esquema de la nueva Ruta de la Seda buscando impulsar su desarrollo económico e integración regional. Éste es el caso también de Filipinas, que busca dar respuesta a la grave crisis de infraestructuras públicas y cortes de energía que padece el país.

Ferdinand Marcos Jr. ha elegido Pekín como el primer viaje fuera del Sudeste Asiático desde que se convirtiera en presidente del país el pasado mes de junio, buscando mantener las buenas relaciones entre Pekín y Manila que ya iniciara su predecesor Rodrigo Duterte. A pesar de que Filipinas registró uno de los mayores crecimientos económicos de la región, alcanzando un crecimiento del 6,7% del PIB, con una previsión para 2023 que se sitúa en el 5% del PIB, la falta de disponibilidad de recursos energéticos requiere de una importante búsqueda de nueva inversión extranjera que financie el programa económico del nuevo presidente.

Acelerar el desarrollo de infraestructuras es una necesidad ampliamente compartida en una región que alcanza un déficit de gasto anual de 459.000 millones de dólares, según el Banco Asiático de Desarrollo, de los cuales 11.000 millones de dólares corresponderían a las necesidades de gasto anual en infraestructuras que necesita Filipinas. De ahí, que la grave crisis de infraestructuras públicas que padece Filipinas se haya convertido en el gran desafío del país para seguir impulsando desarrollo económico.

Conectividad de infraestructuras y generación de energía son, por tanto, una parte de las grandes demandas de inversión extranjera que el presidente Marcos ha abordado en su reunión con Xi durante su viaje a Pekín a principios de año. Una visita que tiene la doble intención de mejorar las relaciones bilaterales después de la cancelación de tres importantes proyectos chinos por falta de financiación ordenados por el presidente filipino al iniciar su mandato.

La visita ha concluido con la firma de 14 acuerdos de cooperación que suponen el compromiso de inversión china por valor de 22.800 millones de dólares y que permitirán reducir la tensión por las reivindicaciones territoriales entre Pekín y Manila en el Mar del Sur de China, para lo cual se creará además un canal de comunicación directo para gestionar la disputa de forma pacífica.

En esta nueva fase de crear oportunidades de paz y desarrollo entre ambos países, la visita también ha propiciado la reapertura del diálogo para explorar conjuntamente la cuenca marítima en busca de petróleo y gas para así poder explotar los recursos energéticos de la región para beneficio de ambas economías. Todo ello en un escenario de cooperación activo de Filipinas con Washington para la construcción de cinco nuevos puestos militares en el Estrecho de Luzón que separa Filipinas de Taiwán, un enclave estratégico ante un eventual conflicto en la zona, y que remarca el perfil de Filipinas como socio de las dos mayores potencias de la región en el momento de mayor rivalidad geopolítica.

 

Nuevos gestos, viejas amenazas

China sigue empeñada en asumir todo el protagonismo mundial que es capaz de generar. En pocos días ha perpetrado un simulacro de agresión contra Taiwán sin precedentes y ha tomado, por presión popular la medida de pasar del todo dictatorial a la nada irresponsable en su control del COVID trasladando al mundo una nueva ola de temor aunque esta vez la mayoría de los países está mejor preparada para hacer frente a nuevas infecciones de este coronavirus. Y, en medio de esta nueva tormenta, una entrevista Xi-Putin en la que los dos países más desestabilizadores del panorama internacional han jurado apoyarse aunque Pekín sigue marcando distancias evidentes respecto a la agresión rusa a Ucrania.

China sigue dando una enorme importancia a la defensa de su imagen internacional, sobre todo cara a países del segundo y tercer mundo donde busca hacer negocios, ampliar su espacio de influencia e ir colocando puntos de avance en su estrategia de ganar presencia en cada punto de importancia comercial y política. Pero el modelo chino, su nacionalismo y sus gestos arrogantes no facilitan estas operaciones, a pesar de los lobbies y de las enormes cantidades gastadas en generar lealtades corruptas.

Mucho se dice que Occidente desconoce los resortes de la cultura china y las concepciones filosóficas y religiosas instaladas en su realidad colectiva. Y es verdad. Pero tampoco en China se  conoce tanto como se aparenta la realidad occidental y a veces desde Pekín se actúa con suficiencia y torpeza solo apenas efectivas por la ingenuidad, que esa sí que la manejan bien los estrategas chinos, de que hacen gala numerosos políticos occidentales, en su mayor parte europeos.

Esto plantea un reto a las sociedades democráticas, a sus gobernantes a sus instituciones y a sus medios de comunicación, muchos de ellos ignorantes o beneficiados de la profundidad de las operaciones chinas (como de otros países con posibilidades financieras y necesitados de aumentar su influencia y mejorar su imagen). Armar una sociedad con mecanismos de defensa no implica ni debe implicar recortar libertades ni requiere intervenciones que limiten el libre mercado, dos tentaciones que siempre aparecen al calor de las crisis y en beneficio de las doctrinas populistas que, con coartadas de izquierdas o de derechas acaban pareciéndose a los argumentos de Pekín. Y esto a va estar presente en un año, 2023, que llega cargado de incertidumbre.

China: que la tensión no se relaje

China sigue aumentando a tensión en el Mar de la China Meridional dando cada día más pasos, se supone que controlados y muy medidos, para recordar sus ambiciones de control total de las rutas comerciales y de anulación del régimen democrático de Taiwán ocupando la isla. Ahora, Pekín desarrolla nuevas maniobras aeronavales con Rusia en aquellas aguas desplegando en las mismas lo mejor de su armada, aún muy lejos de las capacidades de EEUU y sus aliados en la región.

Según observadores de varios países  de la zona, al menos nueve buques se encuentran ya navegando en la zona, si bien no han trascendido detalles sobre la posibilidad de que todos ellos participen en los ejercicios, según informaciones del diario ‘South China Morning Post’. Las autoridades japonesas han confirmado, a su vez, que el portaaeronaves ‘Liaoning’ ha atravesado el estrecho de Miyako, que separa las islas de Okinawa de la de Miyako. La embarcación se ha visto escoltada por varios destructores de la Armada china.

China sigue exhibiendo músculo en un contexto en que EEUU está recomponiendo, no sin dificultades y desconfianzas de algunos de sus aliados, las alianzas en la región en la que el Aukus, el acuerdo político militar entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos, refuerza en sistema de seguridad regional con proyectos de desliegue de nuevas capacidades militares pensadas para hacer frente a las amenazas chinas.

Rusia, por su parte, está de visitante en el terreno militar. Aunque provee a China de recursos energéticos y tecnología, la flota rusa del Pacífico esta en un grado bajo de operatividad y mantenimiento y los planes de Putin de comenzar a actualizarla se han visto truncados por la invasión y los fracasos en Ucrania y la incapacidad actual de contar con presupuesto suficiente.

El apretón de mano de Biden y Xi en Bali. Nieves C. Pérez Rodríguez

El encuentro en persona de Biden y Xi finalmente tuvo lugar en el marco de la cumbre del G20 en Bali, Indonesia. Viejos conocidos que la política ha unido en varias ocasiones desde hace unos diez años. Los primeros encuentros fueron cuando ambos se desempañaban como vicepresidentes de sus respectivos países y este lunes ambos líderes se daban la mano como presidentes de ambas naciones que acaban de ser fortificados en sus posiciones.

Las relaciones entre ambos siempre han sido cordiales, la veteranía se nota y los intereses han sido el timón de esa cortesía. Quienes han tenido ocasión de compartir con Xi en el plano más personal lo describen como un líder encantador. En el caso de Biden es aún más evidente su cercanía y calidez. Con ver imágenes del encuentro vemos un Biden extraordinariamente sonriente que se acerca a Xi con seguridad, pero a su vez expresando complacencia.

Biden recibió las relaciones más deterioradas en la historia de los últimos 30 años entre Beijing y Washington y ha expresado desde que tomó posesión que China es la prioridad número uno de la agenda exterior estadounidense. La estrategia de Seguridad Nacional del 2022 de la Administración Biden tenía contemplaba como prioridad central a China, aunque la guerra de Ucrania produjo una alteración de las prioridades y se direccionaran masivamente recursos hacia Kiev para contener las ambiciones rusas y con ello enviar a Moscú un mensaje directo de no tolerancia a la violación de la soberanía de un Estado independiente. Mientras, China mantuvo un comportamiento de complacencia con Moscú y de no interferencia pública para prevenir un efecto boomerang, es decir que luego vengan a ellos terceros a darles lecciones.

Muchos analistas valoran como positivo el encuentro debido a que podría producir cambios positivos o al menos algún tipo de acercamiento. Sin embargo, si se analizan los puntos tratados en las tres horas de reunión no hubo ningún avance significativo en ninguno de ellos.

Se abordó la necesidad de contención de Corea del Norte, ya que el único que puede conseguir algo de moderación en la postura de Kim Jon-un es China, que es su vecino y principal proveedor y aliado. Y que desde que se ha dedicado a hacer pruebas misilísticas ha incrementado la inestabilidad de la región y con ello del resto del mundo.

La guerra de Ucrania fue otro punto neurálgico y, aunque se sabe que la economía china por primera vez en 20 años va a sufrir un crecimiento de casi la mitad de lo que estimaban, verán más de los efectos  de esa guerra afectando negocios, intercambios y la estabilidad y la economía internacional.

Se trató de los derechos humanos en China, algo de lo que se ha hablado tanto en Washington, y que cada principio de año sale recitado en el informe del Departamento de Estado sobre Derechos Humanos, que además, en el caso de las minorías musulmanas chinas en Xinjiang, se ha reportado con datos fiables y fotografías satelitales que existen violaciones consistentes y permanentes, así como centros de detención por los que se sabe que han pasado cientos de miles de uigures.

Y por supuesto, Taiwán, la joya del pacífico. Valga resaltar que el propio presidente Biden en cuatro ocasiones distintas ha afirmado literalmente: “Nosotros tenemos un compromiso con Taiwán” e incluso cuando ha sido cuestionado directamente sobre si defendería militarmente la isla ha dicho sí, sin titubeo alguno.

Xi, por su parte, dijo que la línea roja en Taiwán no debe ser traspasada. Haciendo una clara declaración de autodeterminación y llamando a la detención a cualquier aspiración contraria a su posición.

Por su parte, el equipo de la Casa Blanca salió del encuentro con la convicción de que Beijing no tiene planes apremiantes de invadir Taiwán, a pesar de que el mismo Xi no fuera tan explícito ni directo acerca del tema.

Las palabras de Biden de “yo creo absolutamente que no hay necesidad de una guerra fría” podrían interpretarse como blandas, porque aun cuando es cierto que la tensión de guerra fría no beneficia a ninguna de las partes, hay razones de peso para que las relaciones entre ambos se encuentren en el punto en el que están.

Tal y como afirmaba Katie Rogers y Chris Buckley en una columna del New York Times, “en lugar de que el encuentro fuera una especie de momento de confrontación entre democracia y autocracia, cada uno pareció estar más de acuerdo con en que sus intereses nacionales se habían vuelto vulnerables por la pandemia, el cambio climático, la guerra de Ucrania y la crisis económica”

Biden, en su discurso posterior al encuentro, fue diplomático y no mencionó puntos clave como el futuro de Taiwán, la rivalidad militar y tecnológica entre los dos países más poderosos del planeta o los mismos centros masivos de detenciones en Xinjiang. Por el contrario, como resultado del encuentro se acordó que el Secretario de Estado Anthony Blinken visitará China en el futuro…

INTERREGNUM: Otoño multilateral. Fernando Delage

Como cada año por estas fechas, se concentran en unos pocos días las cumbres anuales de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN) con sus socios externos, la Cumbre de Asia Oriental, y la del foro de Cooperación Económica del Asia-Pacífico (APEC). Al ser este año Indonesia anfitrión de la reunión del G20, se suma un encuentro multilateral más en la región. No repiten los mismos participantes en todos los casos, pero buena parte de ellos se irán trasladando de Camboya—país anfitrión de los dos primeros encuentros—, a Bali—donde se celebra la cumbre del G20—, para terminar el próximo fin de semana en Tailandia, donde se reunirán los líderes de APEC. Tampoco la agenda es la misma, pero sí el contexto de fondo, marcado por el enfrentamiento entre Estados Unidos y China. Para la mayoría de los observadores lo más relevante de esta intensa semana es en consecuencia el encuentro de Joe Biden y Xi Jinping el lunes 14 en Indonesia.

En realidad, sólo en el G20 van a coincidir ambos mandatarios: Xi no estuvo en Camboya—le representó su primer ministro, Li Keqiang—, y Biden no estará en Bangkok: le sustituirá la vicepresidenta Kamala Harris. Pero las relaciones entre los dos países condicionan todos los encuentros. Para Biden, el principal objetivo de su viaje consiste precisamente en enviar una clara señal de su compromiso con las naciones del Indo-Pacífico (y, por tanto, de su intención de contrarrestar la creciente influencia china). En Phnom Penh, Biden declaró que la ASEAN es un pilar central de su política asiática, y anunció la puesta en marcha de una “asociación estratégica integral” con la organización. En el que fue su tercer encuentro bilateral con el grupo, el presidente norteamericano ofreció asimismo una partida de 850 millones de dólares en asistencia al sureste asiático, para promover—entre otros asuntos—la cooperación marítima, vehículos eléctricos y la conectividad digital.

La situación en Myanmar también formó parte de la discusión en Camboya, con el fin de reforzar de manera coordinada la presión sobre la junta militar, así como Corea del Norte, asunto sobre el que Biden mantuvo una reunión separada con el presidente surcoreano y el primer ministro de Japón. Los tres líderes, que ya mantuvieron un encuentro con ocasión de la cumbre de la OTAN en Madrid el pasado mes de junio, tratan de articular una posición común frente a la reciente oleada de lanzamiento de misiles por parte de Pyongyang, y la posibilidad de un séptimo ensayo nuclear. También trataba Biden de preparar con sus dos más importante aliados asiáticos la reunión bilateral con Xi.

Aunque Biden y Xi se conocieron cuando eran ambos vicepresidentes, no han coincidido presencialmente desde la llegada del primero a la Casa Blanca. Han hablado por teléfono cinco veces desde entonces, y llegaron a Bali poco después de obtener (Biden) unos resultados mejores de los esperados en las elecciones de medio mandato, y (Xi) un tercer mandato en el XX Congreso del Partido Comunista. Por las dos partes se aspiraba a explicar en persona sus respectivas prioridades—incluyendo Taiwán, Corea del Norte y Ucrania—, restaurando un contacto directo que pueda contribuir a mitigar la espiral de rivalidad.

Es innegable, no obstante, que—pese a su encuentro formal—tanto Washington como Pekín continuarán intentando orientar la dinámica regional a su favor, ya se trate del entorno de seguridad o de acuerdos económicos. En Tailandia, China podría dar algún paso hacia su adhesión al CPTPP—el antiguo TTP que Trump abandonó—, mientras que la alternativa que Biden promueve—el “Indo-Pacific Economic Framework”—puede resultar redundante con la propia función de APEC, foro que la corresponde presidir a Estados Unidos en 2023.

La interacción entre las dos grandes potencias y la división geopolítica resultante marca, como se ve, esta sucesión de encuentros multilaterales, que lleva a algunos a reconsiderar por lo demás el futuro de la ASEAN, justamente cuando celebra su 55 aniversario. Desde fuera de la región, habría también que preguntarse por la ausencia—salvo en el G20—del Viejo Continente, en la región que se ha convertido en el epicentro de la economía y la seguridad global.

China-Estados Unidos: perimetrar el conflicto

Se llama perimetrar un incendio al proceso de delimitar la zona del mismo, aislarlo de puntos de extensión, contenerlo dentro de esos límites y poner en marcha planes de extinción.

Algo parecido han ensayado Biden y Xi en Bali. Sin abandonar el lenguaje duro, sin ocultar las amenazas chinas sobre Taiwán, sin atenuar Biden las denuncias sobre las agresiones chinas a los derechos humanos y sin rebajar un punto el compromiso estadounidense con reforzar la defensa militar aliadas en el Pacífico, China y Estados Unidos han subrayado la necesidad de mantener abiertas vías de comunicación sobre cada conflicto, negociar los contenciosos comerciales y deplorar las amenazas de Putin, socio de China en muchos aspectos, de utilizar armas nucleares para endr3zar su fracaso en Ucrania.

Pero el encuentro entre los dos mandatarios proporciona beneficios an amas potencias. China gana tiempo en un escenario de menor crecimiento económico y proporciona tiempo a Estados Unidos al reducir teóricamente la amenaza de invasión (por el momento) a Taiwán; Biden tras su derrota limitada en las elecciones americanas gana imagen de liderazgo internacional y ofrece a China la imagen de segunda potencia mundial con Rusia contra las cuerdas.

Sin embargo apenas hay margen para acuerdos reales. Respecto a Taiwán y a la política china sobre los derechos humanos en su país no puede haber avances con la autocracia de Pekín y respecto a los contenciosos comerciales tampoco por cuanto China, cuya economía no existe sin una fuerte dosis de intervencionismo estatal hala cínicamente de respetar el libre comercio y las leyes que Pekín viola a diario. Sí hay margen, a pesar de todo, para acuerdos parciales sobre aspectos económicos en que ambos países jueguen al gato y al ratón conteniendo Estados Unidos algunas prácticas chinas y obteniendo China algunos compromisos de no interferir mucho sus negocios crecientes en África y América Latina.

Y el dossier Ucrania. Aunque se ha publicitado menos, una parte importante de las tres horas de reunión entre Biden y Xi se dedicaron a analizar las posibilidades de presionar o convencer a Putin de que acepte unas conversaciones de paz respetando la integridad territorial de Ucrania (así lo proclama China). Pero no ha habido avances. Ambas partes reconocen internamente que la arrogancia rusa le impide reconocer su derrota y abrir negociaciones y que Ucrania, en pleno avance militar cree que negociar ahora sin explotar su ventaja sería un favor a Rusia. Pero Estados Unidos y China han pactado seguir en contacto sobre este asunto buscando un clima de distensión que ambas economías necesitan-

Y en este contexto sorprende la arrogancia del presidente español, Pedro Sánchez, que antes de su propia entrevista con Xi para ofrecer oportunidades de inversión a empresas chinas ha anunciado pomposamente que insistirá a Pekín en la necesidad de convencer a Putin para ceder. Vivir para ver. Aunque, si se abre la vía chino estadounidense sobre Ucrania veremos repartir medallas en La Moncloa.

THE ASIAN DOOR: Los cuellos de botella en la carrera tecnológica de Estados Unidos. Águeda Parra.

El tweet del presidente Biden anunciando que “Estados Unidos va a liderar el camino en la fabricación de microchips” pone el énfasis en una industria que resulta vital para mantener la hegemonía mundial. Y es que la escasez de semiconductores puede convertirse en uno de los mayores problemas de seguridad nacional para cualquier país y, en el caso de Estados Unidos, la excesiva dependencia extranjera en la fabricación de chips convierte el dilema de los chips en una cuestión geoestratégica.

Los cuellos de botella por una creciente demanda global de chips avanzados podrían tener un fuerte impacto en las cadenas de suministro, así como las tensiones geopolíticas en el Indo-Pacífico podrían generar disrupciones que terminen impactando sobre la producción industrial, de la que no quedaría exenta la industria armamentística. La creciente rivalidad con China se suma a un tablero geopolítico donde la geopolítica de la tecnología está ganando enteros a marchas forzadas.

En este escenario, las iniciativas lanzadas por la administración Biden para contrarrestar el ascenso tecnológico de China se han intensificado en el último año. Recuperar el protagonismo de décadas pasadas en la fabricación de semiconductores, y no sólo ser líderes en el diseño, es uno de los objetivos de la Ley Chips y Ciencia aprobada por el Congreso de Estados Unidos el pasado 28 de julio que contará con una dotación de 52.000 millones de dólares para fomentar la producción de semiconductores.

Las subvenciones anunciadas en el paraguas de medidas contempladas en la Ley Chips y Ciencia buscan fomentar la construcción de nuevas fábricas de semiconductores en territorio estadounidense. Entre las empresas interesadas en esta iniciativa figuran la taiwanesa Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), que invertirá unos 12.000 millones de dólares en la construcción de una nueva fábrica en Arizona que podría estar operativa a principios de 2024, además de la estadounidense Intel, con una inversión de 20.000 millones de dólares en una planta en Ohio, y la fábrica que construirá Micron en el norte del estado de Nueva York con una inversión de 100.000 millones de dólares.

Las nuevas instalaciones no son susceptibles que incrementen la participación de Estados Unidos en la producción mundial de chips de forma significativa, ya que estas empresas han anunciado planes de ampliar su capacidad en otros lugares. Estados Unidos actualmente representa un 12% en la capacidad global de fabricación de semiconductores, según la Asociación de la Industria de Semiconductores, mientras las grandes élites tecnológicas de Asia Oriental concentran hasta el 75% de la producción mundial. A este grupo pertenece Taiwán que, de forma individual, produce más del 90% de los chips más sofisticados. Un dominio por parte de las empresas asiáticas que será difícil reducir en el corto plazo.

Sin embargo, dentro del amplio rango de tipos de chips, Estados Unidos aspira a expandir la producción de los más directamente relacionados con la seguridad nacional. De ahí que, como complemento a la Ley Chips y Ciencia, la administración Biden anunciara el pasado 7 de octubre restricciones a la exportación de tecnología de semiconductores estadounidense a China, orientadas a frenar el ascenso tecnológico del gigante asiático, principalmente en relación a la mejora de sus capacidades militares.

Frenar las aspiraciones de supremacía a las que aspira China y recuperar el protagonismo en la producción de chips pasa, asimismo, por desarrollar una cadena de suministro con proveedores ubicados en las proximidades de las nuevas fábricas de semiconductores. Disponer de estos recursos resulta vital para que las fábricas se abastezcan de los elementos críticos y los productos químicos puros que necesitan para estar operativas. Una cadena de suministro creada con proveedores fiables que todavía no se encuentra disponible donde se ubicarán las nuevas instalaciones en Arizona y Ohio.

La disponibilidad de equipamiento avanzado, como las máquinas de litografía ultravioleta que se utilizan para mapear los circuitos en los chips, y que cuestan alrededor de 150 millones de dólares, son otra parte crítica en la construcción de las fábricas de semiconductores. Sin embargo, la escasez de nuevos graduados en ingeniería puede convertirse en el mayor desafío en la carrera por la rivalidad tecnológica ante la creciente demanda de talento y capacidades tecnológicas que va a generar la construcción de las nuevas fábricas anunciadas.